36117(24-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso nº 36117  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 303  

          Bogotá   D.C.,   veinticuatro  (24)  de  agosto  de  dos  mil  once  (2011).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  el  procesado, doctor HÁROLD GAMBOA  VELÁSQUEZ,  contra  la  sentencia del 4 de febrero de  2011  proferida  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Buga, por cuyo medio  lo    condenó,   en   su  condición  de  ex  Juez  Primero  Laboral del Circuito de Buenaventura, a cinco  años  y  seis  meses  de  prisión  como  autor  del  delito  de  peculado  por  apropiación en concurso homogéneo y sucesivo.   

HECHOS  

Se   atribuye   al   doctor   HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  la comisión  del  punible  de  peculado por apropiación en favor de terceros con ocasión de  dos  fallos que profirió contra la empresa Puertos de  Colombia  mientras  se  desempeñó  como Juez Primero  Laboral   del   Circuito   de   Buenaventura   (Valle),   según   la  siguiente  discriminación:   

1. En el proceso ordinario laboral promovido  por  Félix Antonio Perea, en  sentencia    del    18    de    enero    de   19931  adicionada  mediante auto del  15      de      abril     del     mismo     año2,  declaró  que la pensión de  jubilación  debía  ascender a $49.500,90 y no a $40.066,32 valor liquidado por  la  empresa  mediante  Resolución  No.  493 de abril 30 de 1980; estableció el  reajuste  pensional  para  cada  uno  de  los  años3   en   cuantía   total   de  $3’304.666,72 y condenó a  la  demandada  a  pagar  al  demandante  la  diferencia existente entre el valor  pagado  y  el  de los reajustes pensionales reconocidos en esa providencia, pero  sólo  a  partir  del  5  de julio de 1989, ante la prescripción de las mesadas  anteriores.   

          El  2 de agosto del mismo año, libró mandamiento ejecutivo de pago  en    contra    de    la    empresa    Puertos   de  Colombia          por          $3’304.666,72     y     $1’058.555   por   capital   y   costas  procesales,  respectivamente; así mismo, dispuso el embargo y retención de las  sumas de dinero necesarias para cancelar tales rubros.   

Mediante  auto del 30 de septiembre de 1993,  aprobó  la  liquidación  presentada  por  el ejecutante, declaró terminado el  proceso    y    ordenó    la    entrega    de   la   suma   de   $6’588.163.   

2.  En el proceso promovido por Manuel  Adriano  Meneses, en sentencia del  13  de  septiembre  de  1993  declaró  que  la  pensión  de jubilación debía  ascender  a  $4.438,07  y no a $3.443,57 valor liquidado por la empresa mediante  Resolución  No.  27586 de julio 11 de 1974 y condenó a la demandada a pagar al  demandante  la  diferencia existente entre el valor pagado y el de los reajustes  pensionales  reconocidos  en esa providencia en cuantía total de $2’408.419,48.   

El  3  de  noviembre  del mismo año, libró  mandamiento   ejecutivo   de   pago   en   contra  de  la  empresa  Puertos  de  Colombia  por $2’448.383,61  y  $686.399  por capital y  costas  procesales,  ordenó  el  embargo y retención de las sumas de dinero de  propiedad de la ejecutada necesarias para cancelar esos conceptos.   

En providencia del 9 de diciembre de 1993, el  Juzgado   aprobó   la  liquidación  presentada  por  el  ejecutante,  declaró  terminado   el   proceso  y  dispuso  la  entrega  de  dineros  en  cuantía  de  $4’169.259.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Surtido  por orden de la Sala Administrativa del Consejo Superior de  la  Judicatura el grado jurisdiccional de consulta sobre las citadas sentencias,  la  Sala Laboral del Tribunal Superior de Pereira las revocó y compulsó copias  para   investigar  penalmente  al  mencionado  funcionario  judicial4.   

          Con  sustento  en  tal  antecedente,  la  fiscalía delegada ante el  Tribunal   Superior   de   Bogotá   inició,   por  separado,  las  respectivas  investigaciones  penales;  sin  embargo,  mediante resolución del 3 de marzo de  2005 dispuso tramitarlas bajo una misma actuación.   

          Mediante   resolución   del  15  de  julio  de  2004  la  fiscalía  instructora  declaró  persona  ausente al implicado y decretó la prescripción  de  la  acción  penal  en  relación  al punible de prevaricato por acción. De  igual  modo,  con  decisión  del  30  de  abril  de  2007  resolvió situación  jurídica,  profiriendo  medida de aseguramiento de detención preventiva por el  concurso  de  conductas  punibles de peculado por apropiación agravado en favor  de terceros.   

          Clausurada  la  fase  instructiva, el 30 de agosto de 2007 el fiscal  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en contra de  HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ,  por los delitos referidos.   

En  firme el pliego acusatorio la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de  Buga  llevó  a  cabo las audiencias preparatoria y  pública  de  juzgamiento,  emitiendo  sentencia condenatoria el 4 de febrero de  2011, decisión apelada por el procesado.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

          El  Tribunal  Superior  de  Buga  encontró demostrada la calidad de  servidor   público   del  acusado  con  la  prueba  documental  atinente  a  su  nombramiento  y posesión como Juez Primero Laboral del Circuito de Buenaventura  desde el 1 de junio de 1991.   

          Consideró  que,  contrario  a  lo  aseverado  por  la  defensa, sí  existió  investigación  integral  porque la fiscalía adelantó la indagación  con  base  en  copiosa  prueba  documental  contenida  en los procesos laborales  cuestionados,  y,  de  otra  parte,  los  procesos  acumulados  guardan estrecha  relación  por  su  homogeneidad y por haber sido fallados por el acusado cuando  se  desempeñó  como  juez  Primero Laboral de Buenaventura, razón por la cual  existía conexidad entre ellas.   

          Encontró      demostrado     que     el     doctor     HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ, en ejercicio  de    sus   funciones,   profirió   sentencias   en   favor   de   Félix   Antonio   Perea   y  Manuel  Adriano Meneses reconociéndoles  prerrogativas  contendidas  en la Convención Colectiva de Trabajo de la empresa  Puertos  de Colombia sin ser  procedente  porque  los demandantes no acreditaron su pertenencia al sindicato o  la  aplicabilidad  de los beneficios allí consagrados, situación que las torna  ostensiblemente  contrarias  a la ley, al punto que fueron revocadas por la Sala  Laboral del Tribunal Superior de Pereira.   

         

De  otra  parte  el  cúmulo  de  demandas  instauradas  contra  Puertos  de Colombia,  consideró el tribunal, evidencia la existencia de una orquestada  intervención  de  los  actores  de  esos procesos y de los jueces encargados de  definirlos,  orientada  a  impedir  que  la empresa se defendiera con idoneidad,  logrando  la  rápida  ejecutoria de los fallos porque no se apelaban y el grado  de consulta era considerado inexistente.   

Además,    agregó    el   a  quo,  la  Sala Laboral del Tribunal de  Pereira   encontró   bien  liquidado  el  salario  del  último  año  de  este  pensionado,  ante  lo  cual  el  funcionario  acusado  no  tenía ninguna razón  admisible  para  reconocer  otros  conceptos  salariales a favor del demandante,  pues   aparece   probado   que  todas  las  sumas  devengadas  por  Félix     Antonio     Perea     fueron  justipreciadas al reconocerle la pensión de jubilación.   

De  otro  lado,  agregó,  el  ex trabajador  conoció  los  conceptos  y  montos  que  sirvieron  de base para reconocerle la  pensión  en el año 1980 y, sin embargo, no interpuso recurso de reposición en  señal de desacuerdo.   

El  propósito delictivo del ex funcionario,  señaló,  también  se  extrae  del  hecho  de  haber  cambiado el monto de los  jornales   haciéndolo  pasar  de  $351.126,95  a  $373.129,22  sin  tener  base  probatoria   para   ello.   Así  mismo,  porque  incorporó  como  factor  para  incrementar  la  pensión,  una  indemnización  por  pérdida  de  la capacidad  laboral,  vacaciones  al  retiro  y  prima  proporcional,  rubros  cancelados  a  Félix Perea en virtud de la  Resolución  No.  0848  del  14  de  agosto de 1980, sin que conformaran la base  salarial para liquidar la pensión.   

          A  las  anteriores  irregularidades  se  suma  haber  modificado  la  sentencia  pasados  tres  meses  de su emisión, lo cual constituye un exabrupto  jurídico porque no se trataba de una corrección aritmética.   

          En    relación    al    proceso    instaurado    por   Manuel   Adriano   Meneses,  resaltó  el  Tribunal,  el  ex  funcionario  incluyó  como  factor  de liquidación el valor  reconocido  por  vacaciones, concepto no previsto legal o convencionalmente para  esos  efectos,  situación reveladora de la finalidad de incrementar ilegalmente  el  monto de dicha pensión. Ello porque con las sentencias ilegales compelió a  la  empresa demandada a pagar las condenas impuestas, incurriendo en la conducta  de apropiarse en provecho de terceros de dineros del Estado.   

          La  relación funcional entre el acusado y los dineros oficiales, se  argumenta  en  la  providencia,  surgió  de  la  fuerza ejecutiva de los fallos  proferidos,  siendo  innecesario  su  contacto  material  con ellos, pues con el  vínculo jurídico logró su designio.   

          Descartó    el   a   quo   la  tesis  defensiva  según  la cual en las sentencias se plasmaron  las  conquistas laborales de los trabajadores de esa empresa, pues en ninguno de  los  procesos  se  demostró  que  les fuera aplicable la convención colectiva.   

Para  el  Tribunal  de instancia, el acusado  ejecutó  con  dolo  los  peculados, aspecto deducible de actuaciones tales como  “…la   reiterada   emisión  de  sentencias  con  contenido  y  finalidad  similar, esto es, contrarias de manera grosera a la ley  laboral  y  construidas  con  la  finalidad  de  malversar los dineros públicos  dispuestos  por  la  nación  para  adelantar  el  proceso  de  liquidación  de  FONCOLPUERTOS”5.   

          Por  último,  dosificó  la  pena  con  base  en lo dispuesto en el  Decreto  Ley  100  de  1980  que  para  el  peculado  por  apropiación agravado  establecía  prisión  de 4 a 15 años, multa de veinte a quinientos mil pesos e  interdicción  de  derechos y funciones públicas de 2 a 10 años. En el caso de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  se  ubicó  en el primer cuarto, pero no  partió  del  mínimo  en  razón  a la mayor gravedad de la conducta y al daño  real  causado  a  las  finanzas  públicas.  Por  ello, fijó la pena en 5 años  agregándole  seis  meses  en razón del concurso de conductas punibles, para un  total  de  5  años y seis meses de prisión. La multa la fijó en cincuenta mil  pesos    y   en   3   años   la   interdicción   en   derechos   y   funciones  públicas.   

          Por  no  encontrar  reunidos  los  presupuestos  para su concesión,  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

LA IMPUGNACIÓN  

         

El  doctor  HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ sustentó la apelación con variados  argumentos que agrupó de la siguiente manera:   

1.    Prescripción    de   la   acción  penal.   

En  los  fallos  cuestionados  se impusieron  obligaciones   a   la   empresa   demandada   en   cuantías  de  $3’304.666,72  en el caso de Félix  Antonio  Perea y de $2’408.419,48   en  el  de  Manuel  Adriano  Meneses,  cifras  que no  alcanzan  los  50  salarios mínimos legales mensuales exigidos por el artículo  133  del Decreto Ley 100 de 1980, norma aplicable al caso, razón por la cual ha  prescrito la acción penal.   

Además,  si  como  lo  sostiene el tribunal  a  quo, se debió surtir el  grado  jurisdiccional de consulta, no es posible imputar al acusado la comisión  del  punible  de  peculado  por  apropiación  en  tanto  las  órdenes  por él  impartidas  en  los fallos censurados no adquirieron ejecutoria, por cuya razón  la entidad demandada no debió pagarlos.   

2.    El    grado    jurisdiccional   de  consulta   

En   la   fecha   de   emisión   de   las  determinaciones  investigadas,  el  legislador  no  había  contemplado el grado  jurisdiccional  de  consulta  para  las  sentencias  adversas  a  las  entidades  descentralizadas,   empresas   comerciales   del   Estado   o   establecimientos  públicos.   

Además,  la orden de la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  de desarchivar todos los procesos de  Foncolpuertos    para  someterlos  a  la consulta, proferida con base en la sentencia SU-962 de 1999 de  la  Corte  Constitucional,  desconoció que esa providencia aplicaba únicamente  al caso allí resuelto y regía hacia el futuro.   

Al  reactivar  todos los procesos archivados  con  antelación  a  ese pronunciamiento, se quebrantaron los principios de cosa  juzgada  y  debido  proceso,  razón  por  la  cual la Sala Laboral del Tribunal  Superior  de  Pereira  no  estaba  legitimada  para  conocer  acerca  del  grado  jurisdiccional   de   consulta,   menos  aún  cuando  carecía  de  competencia  territorial.   

Esto porque las facultades conferidas por el  artículo  63  de  la  Ley  270  de  1996  a  la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la Judicatura debían armonizarse con las demás disposiciones del  ordenamiento  jurídico,  en particular con el artículo 10 del Código Procesal  Laboral  que  asigna  la  competencia  de  los  juicios  contra establecimientos  públicos  al  juez  del  domicilio  del  demandado  o  del  lugar donde se haya  prestado  el  servicio  a  elección  del  demandante,  en  virtud de lo cual el  Tribunal  de  Buga  era  el  competente,  porque  Buenaventura  pertenece  a ese  distrito.   

3. Análisis probatorio.  

Controvirtió la afirmación del a  quo  según  la  cual  a  Félix  Antonio  Perea no le era aplicable  la  convención  colectiva  de  trabajo,  pues variada jurisprudencia de la Sala  Laboral  de  la Corte Suprema de Justicia ha señalado que si a un trabajador se  le  reconoce  un derecho contenido en la Convención Colectiva de Trabajo, no es  necesario  demostrar  su  afiliación  al  sindicato,  tal  como ocurrió en ese  evento.   

Así, en la resolución por cuyo medio se le  concedió  pensión  de  jubilación,  se  consignó  que reunía los requisitos  exigidos  por  la convención colectiva para acceder a ese beneficio, de lo cual  se   colige   que   el   reconocimiento  pensional  se  hizo  con  base  en  ese  acuerdo.   

Contrario  a  lo  señalado  en  el  fallo  impugnado,  indicó el censor, el salario del último año de servicio del actor  no  se  liquidó  correctamente,  por  cuya  razón debió ajustarlo conforme al  material  probatorio  recaudado para reconocer otros factores salarias excluidos  por  la  empresa  demandada, precisamente porque lo solicitado en la demanda fue  reliquidar  la  pensión  por no haberse realizado conforme a la convención y a  la ley.   

En  el  mismo  sentido,  las  nuevas  cifras  incluidas  en  la  liquidación no carecían de base probatoria por cuanto en la  Resolución  493  de  abril  30  de  1980,  correspondiente al reconocimiento de  cesantías   de   Félix  Antonio  Perea,  se pagaron rubros por vacaciones, prima proporcional de servicios  e  indemnización,  valores  que  según  los  artículos 73 del Decreto 1848 de  1969,  45  del  Decreto 1045 de 1976 y 130 numeral 6 de la Convención Colectiva  del    Trabajo    constituyen    factores   para   liquidar   la   pensión   de  jubilación.   

Además,  la  modificación  efectuada en la  sentencia  al  monto del jornal de $351.126,95 a $373.129,22, obedeció a que la  sumatoria  de  los factores contenidos en la tarjeta de control de tiempo arroja  ese    guarismo   y   no   el   equivocadamente   señalado   por   Puertos  de  Colombia, corrigiéndose así  el error detectado.   

El artículo 130 numeral 6 de la Convención  Colectiva  de  Trabajo  permitía la inclusión, para efectos de liquidación de  la  pensión de jubilación, de los valores pagados al actor en el último año,  aún  después  de  su  retiro, tesis ratificada en varias decisiones de la Sala  Laboral  de  la Corte Suprema de Justicia. Como los rubros contenidos en el pago  de  cesantías  definitivas  fueron  devengados en el último año de servicios,  los incluyó en la liquidación pensional.   

De otra parte, la corrección de la sentencia  se  fundó  en  la facultad otorgada al juez por el artículo 310 del Código de  Procedimiento  Civil,  aplicable al proceso laboral, para corregir, en cualquier  tiempo,  errores  aritméticos. No se trató de la reforma de la sentencia, como  señaló  el  a quo, sino de  subsanar  la  falencia  configurada  en  la  no  aplicación  de los porcentajes  previstos  en  las  leyes  4  de  1976  y  71 de 1988, sin variar el fondo de la  decisión.   

Así mismo, opinó, la no interposición del  recurso  de  reposición  por  parte de Félix Antonio  Perea  contra  la liquidación pensional efectuada por  la  empresa  demandada  en  el  año  1980, no lo inhabilitaba para solicitar la  reliquidación  de  su  pensión  si no se ajustaba a la convención o a la ley.   

Controvirtió  la  tesis  del  a   quo   según  la  cual  el  pago  de  prerrogativas   convencionales   a   Manuel  Adriano  Meneses obedeció a error o liberalidad de la empresa,  pues  en  la  contestación  de la demanda y en la resolución de reconocimiento  pensional  la  empresa  aceptó  que  el  demandante cumplía con los requisitos  previstos en ese convenio.   

La anterior situación, agregó, corrobora la  condición  de  beneficiario de la convención del demandante, pero si en algún  momento  existió  duda  al  respecto,  la  parte  demandada debió alegar dicha  situación,  sin  que  se  pudiera  señalar  de manera oficiosa por el Tribunal  Superior de Pereira.   

Contrario  a lo afirmado por el Tribunal, en  atención  a  la  autorización  dada  por  el  artículo  127  numeral  6 de la  Convención  Colectiva  de  Trabajo,  sí  era  procedente  tener  en cuenta las  vacaciones  para  la liquidación pensional porque esa norma ordenaba realizarla  conforme  al promedio recibido en el último año, incluyendo salarios básicos,  primas,  bonificaciones,  viáticos,  etc., pues esta última locución comporta  la  inserción de los demás rubros, interpretación avalada por la Sala Laboral  del  Tribunal  Superior  de  Cali  en  sentencia  del 30 de julio de 1992, entre  otras.   

En   síntesis,   afirmó,  la  ley  o  la  convención  regulan el tema; por ello, aplicó el artículo 45 del Decreto 1845  de  1978 para incluir los auxilios de alimentación y transporte y las primas de  servicios  como factores para establecer el monto de la pensión, y el artículo  127 numeral 6 para las bonificaciones y las vacaciones.   

Y  si  bien  esos  rubros  no  conforman  el  concepto  de  salario,  hecho ratificado expresamente por el artículo 138 de la  convención,  sí  podían  ser tenidos en cuenta para liquidar la pensión, por  disposición de las referidas normas.   

4. Ausencia de responsabilidad  

Sobre este tópico el impugnante aseguró que  en  el  proceso  no  existe  prueba  demostrativa,  en  grado  de certeza, de su  connivencia  o  confabulación con las partes para cometer el delito de peculado  por  apropiación. Por el contrario, la evidencia señala que los fallos por él  proferidos se ajustan a derecho.   

Además,  agregó,  el  planteamiento  del  tribunal  de  primera  instancia comporta la tesis según la cual la revocatoria  de  una sentencia por el superior jerárquico implica la condena automática del  funcionario  que  la  profirió,  tesis  contraria al postulado del ordenamiento  jurídico  patrio  que  impone la obligación de demostrar el dolo en cada caso.   

De otro lado, razonó, si fue condenado el 12  de  marzo  de  2002  por  el  Tribunal Superior de Buga como autor del delito de  enriquecimiento  ilícito derivado del punible de peculado, no puede ser juzgado  ahora  por  este último delito so pena de afectar el principio del non bis in ídem.   

         

          Con  sustento  en  las  anteriores  razones,  el doctor GAMBOA  VELÁSQUEZ  solicitó  revocar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolverlo de todos los cargos.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La Sala es competente para resolver la alzada  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el numeral 3º del artículo 75 de la Ley  600  de  2000,  pues  la  acción  penal  es  ejercida contra el ex Juez Primero  Laboral  del  Circuito  de  Buenaventura,  juzgado  en  primera instancia por el  Tribunal   Superior   de   Buga   por  actos  realizados  en  ejercicio  de  sus  funciones.   

Con  apego  a lo normado en el artículo 204  del  estatuto  procesal  penal en mención, la labor de la Corte se contraerá a  examinar  los  aspectos  sobre  los cuales se expresa inconformidad, incluyendo,  como  lo  autoriza  esa  preceptiva,  los  temas inescindiblemente vinculados al  objeto de la censura.   

En   orden   a  definir  la  impugnación  propuesta,  la Sala abordará el análisis de los siguientes tópicos planteados  por  el recurrente: (i) La prescripción de la acción;  (ii)   El  grado  jurisdiccional  de  consulta  y  las  facultades  de  la  Sala  Administrativa   del   Consejo  Superior  de  la  Judicatura;  (iii)  Si  a  los  demandantes  les  era  aplicable la Convención Colectiva de Trabajo; (iv) Si la  reliquidación  pensional  ordenada  incluyó factores legal y convencionalmente  permitidos;  (v) Si procedía la corrección de la sentencia dispuesta por el ex  juez;  (vi)  Sobre  la  existencia  de prueba del actuar doloso del procesado, y  (vii)  Si  la  condena  por  enriquecimiento ilícito enervaba la posibilidad de  juzgar  al  ex  juez  por  el  punible  de  peculado por apropiación a favor de  terceros.   

     

i. La prescripción de la acción.     

Según       el      recurrente,  la  cuantía  de  las  obligaciones  impuestas en los  fallos      cuestionados      de     $3’304.666,72   y   de   $2’408.419,48 no alcanzan los 50 salarios  mínimos  legales mensuales exigidos por el artículo 133 del Decreto Ley 100 de  1980,  modificado por la Ley 190 de 1995, por cuya razón la acción penal está  prescrita.   

Pues bien, encuentra la Sala que las cifras a  considerar  no  son las indicadas por el doctor GAMBOA  VELÁSQUEZ   sino   las   siguientes:  $7’417.476,926  para  el caso de Félix  Antonio  Perea  y  $5’329.130,437   para   el  de  Manuel  Adriano  Meneses, por cuanto esas  fueron  las cuantías recibidas por cada uno de ellos una vez surtido el proceso  ejecutivo  dentro  del  cual  se  liquidó  el  crédito con intereses y costas.   

         De  conformidad  con  lo establecido en el Decreto 2061 de 1992, el  salario  mínimo  legal  mensual  vigente para     el     año     1993  era  de  $81.510,  por  manera  que cincuenta salarios mínimos  equivalían  a la suma de $4.075.500, evidenciándose  que  la  apropiación  de recursos públicos realizada  en   cada   uno  de  los  casos  atribuidos  al  acusado  supera  ese  valor,  razón  por la cual la pena a  imponer  no  es  la  disminuida  por  la  cuantía sino la sanción prevista en el tipo básico.   

Atendidas   las  diferentes    sanciones    asignadas   al   punible  de  peculado  (artículo 133  del  Decreto  100  de  1980,  art.  19  Ley  190  de  1995  y  397  Ley  599  de  2000),   se  colige  que  de    manera   uniforme  ha  ostentado  una  pena  máxima  de quince años de  prisión, lapso que no transcurrió desde la fecha de  la      apropiación      de     los     recursos     estatales     (septiembre   30   y  diciembre  16  de  1993)8  a  la  de  emisión  de la resolución de acusación (30   de   agosto  de  2007),  con       mayor       razón       considerando  el  incremento  punitivo de  una  tercera parte previsto en el canon 83 del Código  Penal   para  los  delitos  cometidos        por        servidores          públicos.   

(ii)  Grado  Jurisdiccional  de  Consulta  y  facultades   de   la   Sala   Administrativa   del   Consejo   Superior   de  la  Judicatura   

1.     El     doctor     HÁROLD   GAMBOA  VELÁSQUEZ  censura  al  a  quo haber mencionado como  soporte  de  la  sentencia la inobservancia del grado jurisdiccional de consulta  por  cuanto  en  la  fecha  de  emisión de las determinaciones investigadas, el  legislador  no  lo  había previsto para las sentencias adversas a las entidades  descentralizadas,   empresas   comerciales   del   Estado   o   establecimientos  públicos.   

Revisada  la  sentencia  confutada  la Sala  encuentra  que  la misma no incluye como uno de sus fundamentos el relativo a la  ausencia  de  trámite  del  grado  jurisdiccional  de consulta por parte del ex  funcionario, motivo por el cual no hay lugar a tratar ese aspecto.   

En  efecto,  en el fallo impugnado sobre el  punto    únicamente    se    expresó:   “…pues  habitualmente   no  se  apelaban  y  el  grado  jurisdiccional  de  consulta  se  consideraba             inexistente…”9, por  manera  que  en  este  tópico  el  a quo se  apartó de las consideraciones expuestas por la Sala Laboral del  Tribunal Superior de Pereira, quien sí reprochó tal proceder.   

2. De otra parte, el impugnante cuestiona el  proceso  de  descongestión  ordenado  por  la  Sala  Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  respecto  de  los  trámites laborales adelantados  contra  Foncolpuertos,  por  considerar  que  la  sentencia  SU-962  de  1999  de  la  Corte  Constitucional,  fundamento  de  ese  programa,  sólo  aplicaba  hacia  el  futuro y no en forma  retroactiva.   

Con  todo,  esta  Corporación en   reiterados   pronunciamientos  ha  señalado  que  el  Consejo  Superior  de  la Judicatura está facultado para la implementación de programas  de  descongestión y refiriéndose a la designación de jueces o tribunales para  atender    los    casos    asociados   a   la   liquidación   de   Foncolpuertos, estableció   

“En efecto, la  Carta  Política  de  1991  al  crear  el  Consejo Superior de la Judicatura, lo  revistió   de  facultades  que  se  plasmaron  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia  (Ley  270  de  1996),  disposiciones  que  fueron  sometidas  a  control  constitucional,  dentro  de  las  cuales  se encuentra el  artículo  85-5  ibídem,  del  siguiente tenor: “Crear, ubicar, redistribuir,  fusionar,  trasladar,  transformar  y suprimir tribunales, las salas de éstos y  los   juzgados,   cuando  así  se  requiera  para  la  más  rápida  y  eficaz  administración  de  justicia,  así  como para crear salas de descongestión en  ciudades  diferentes  de  las  sedes de los distritos judiciales, de acuerdo con  las  necesidades  de  estos”. Consecuente con lo anterior, el Consejo Superior  de  la  Judicatura  – Sala  Administrativa  – dispuso la integración de Juzgados de Descongestión para que  cumplieran  las  funciones  de juez a-quo en el presente caso; por consiguiente,  la  decisiones  adoptadas  por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura  no  comportan,  en  manera  alguna, como lo piensa el recurrente, la  violación  del  principio  del  juez  natural  derivada  de  la  ausencia de la  preexistencia   del   juez   o   tribunal  al  hecho  que  se  juzga”10.   

De    otro  lado,   esta  Colegiatura  encuentra que el  programa  de descongestión ordenado por la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la Judicatura no tuvo como  sustento   la   determinación  de  la  Corte  Constitucional  referida  por  el  impugnante  (SU-962/99)  y  por   ello   resulta   impertinente   la   asociación   que   de   ella  hace con las decisiones adoptadas  por   la   Sala   Laboral   del   Tribunal   Superior   de   Pereira.   

En  efecto,  el  programa de descongestión  encaminado       a      atender      los      procesos      de      Foncolpuertos  se  estableció  mediante  Acuerdo  No.  524  de  junio  21 de 1999 mientras que la sentencia SU 962/99 fue  proferida  el 1 de diciembre del mismo año. Es decir, el Consejo Superior de la  Judicatura  lo  implementó 6 meses antes de emitirse el citado fallo de tutela,  motivo   suficiente   para  descartar  que  fuese  el  fundamento  de  tal  acto  administrativo.   

Adicionalmente,  el  referido  Acuerdo  se  afianza  exclusivamente en el artículo 63 de la Ley 270 de 1996, cuyo texto, en  esa época, era el siguiente   

“ARTÍCULO  63. DESCONGESTIÓN. La Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura, en caso de congestión de  los  Despachos Judiciales, podrá regular la forma como las Corporaciones pueden  redistribuir  los asuntos que tengan para fallo entre los Tribunales y Despachos  Judiciales  que  se  encuentren al día; seleccionar los procesos cuyas pruebas,  incluso  inspecciones,  puedan  ser practicadas mediante comisión conferida por  el  Juez  de  conocimiento,  y determinar los jueces que deban trasladarse fuera  del  lugar  de  su sede para instruir y practicar pruebas en procesos que estén  conociendo otros jueces”.   

La  anterior  regla  autorizaba  a  la Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura para redistribuir los  asuntos   entre   los  diferentes  tribunales  y  despachos  judiciales  que  se  encontraran al día, tal como acaeció en el caso bajo examen.   

Con posterioridad esa Corporación continuó  el  programa  de  descongestión  de  los  procesos de  Foncolpuertos,  renovándolo y ampliándolo por varios  años  a  través de diversos actos administrativos, entre ellos, el Acuerdo No.  839  de 2000, aportado por el procesado, el cual en su artículo cuarto menciona  la         sentencia         SU        962/9911,  no como su fundamento sino  a modo de ejemplo para sugerir el actuar de los jueces laborales.   

Obviamente, la facultad de redistribuir los  asuntos  entre  los  diferentes  tribunales  y despachos judiciales comportó su  traslado  momentáneo  a  otra  sede territorial, luego de lo cual regresaron al  juzgado  de  origen  para surtir la notificación y actuación subsiguiente, sin  que  ello  comporte vulneración al debido proceso porque el traslado se ordenó  para  adoptar  decisiones  puntuales,  con  el  propósito  de lograr agilidad y  eficiencia  en  la  administración  de justicia, descartándose el quebranto de  las reglas de competencia sugerido por el recurrente.   

Por  tanto,  si  la  sentencia SU 962/99 no  ostenta  los  alcances  que  el apelante le atribuye en relación al programa de  descongestión  implementado por la Sala Administrativa del Consejo Seccional de  la  Judicatura,  resulta  innecesario  profundizar,  como lo pretende, sobre los  efectos en el tiempo de dicho fallo de tutela.   

(iii) A los demandantes les era aplicable la  Convención Colectiva de Trabajo   

Sostiene  el  censor  que,  contrario  a lo  consignado  en  el  fallo  de  primera  instancia,  las  reliquidaciones por él  ordenadas  sí podían hacerse con fundamento en los parámetros establecidos en  la  Convención  Colectiva  de Trabajo porque conforme a variada jurisprudencia,  cuando  el  empleador  le reconoce a un trabajador un derecho convencional no es  necesario  demostrar  su  afiliación  al sindicato para ser beneficiario de las  prerrogativas allí dispuestas.   

Con  todo,  la  Sala  encuentra  que en los  eventos  bajo  examen  no  aplica  la  tesis esbozada por el doctor GAMBOA  VELÁSQUEZ por cuanto al interior  de  los  procesos  laborales  no  se  demostró  que a los señores Perea        y        Meneses   se   les   hubiese  reconocido  derechos convencionales por parte de la empresa demandada.   

En  efecto,  la  Convención  Colectiva  de  Trabajo  suscrita  entre  la  Empresa  Puertos  de  Colombia  y  el Sindicato de  Trabajadores  del Terminal Marítimo de Buenaventura12, precisaba   

“La  Convención  Colectiva  de Trabajo  presente   sólo  se  aplica  a  los  afiliados  al  Sindicato.  Los  trabajadores  no sindicalizados que  quieran  beneficiarse  de  ella  deberán pagar al Sindicato durante su vigencia  una  suma  igual  a  la  cuota  ordinaria con que contribuyen los afiliados a la  organización.  La  empresa  deberá  retener  del  valor  del  salario de tales  trabajadores    la    cuota    correspondiente”13. (subrayas fuera de texto)   

Ninguna prueba se aportó a las actuaciones  laborales  cuestionadas sobre la condición de afiliados al sindicato o sobre el  pago  posterior  de  la  cuota  ordinaria con que contribuyen los miembros de la  organización,    por    cuyo    medio    se    les    hiciera   extensible   el  convenio.   

De  otro  lado, el artículo 38 del Decreto  2351  de  1965  establece  la  posibilidad  de  ampliar  a  los  trabajadores no  sindicalizados  los  beneficios de la Convención Colectiva de Trabajo cuando la  misma  fuese  suscrita  por un sindicato mayoritario, entendiéndose por tal, el  que   aglutina   más   de   la   tercera   parte  de  los  trabajadores  de  la  empresa.   

Sin  embargo,  en  los  procesos  laborales  cuestionados  tampoco  se  contaban  con elementos probatorios por cuyo medio se  evidenciara  el carácter mayoritario del Sindicato de Trabajadores del Terminal  Marítimo  de Buenaventura (SINTERMARIT),  pues el texto convencional no lo indica, no se efectuó confesión  de  la  accionada en este sentido ni se aportó información sobre el porcentaje  de afiliados que permitiera deducir tal situación.   

Ahora,  el  impugnante  argumenta  que  era  posible     aplicar    la    convención    a    los    señores    Perea        y        Meneses   porque  conforme  al  criterio  jurisprudencial  vigente  para  la  época,  cuando  el  empleador reconoce a un  trabajador un beneficio convencional habilita su empleo extensivo.   

No obstante lo anterior, la Corte encuentra  que  si  bien  en  las  resoluciones de reconocimiento pensional de Félix   Antonio   Perea  y  Manuel  Adriano  Meneses se mencionó que  reunían  los  requisitos  previstos  en la convención y en la ley para obtener  ese   derecho,   tal  situación  per  se   no  demuestra  que  fuesen  beneficiarios  de  las  prerrogativas  convencionales.   

Lo anterior porque la línea jurisprudencial  invocada  por  el recurrente establece la posibilidad de extender la aplicación  de  los  beneficios  contenidos  en  la  Convención  Colectiva de Trabajo a los  trabajadores  no  sindicalizados,  cuando:  i)  la  empresa  ha  reconocido  una  prerrogativa  convencional  y  b) existe prueba de tal situación en el proceso.  Así,    obsérvese    lo    señalado    por    la    Sala    Laboral   de   la  Corporación   

“La  Corte de tiempo atrás ha aceptado  que    el   reconocimiento   de   una   prestación  convencional  es indicativa de que el trabajador fue  beneficiario           de          ella”14.        (subrayas fuera de texto)   

En  otro  pronunciamiento,  razonó  de  la  siguiente forma   

“Es   así,   entonces,  como  si  un  trabajador  demandante logra probar en el proceso que  la  empleadora  le  reconoció  en  distintas  ocasiones  una  o  varias  de las  prerrogativas   convencionales,  debe  leerse  como  establecido,  en  principio,  su  carácter  de  beneficiario de la convención,  pues  lo  que  expresa  este  carácter  es  el goce  concreto  de  los  derechos correspondientes. Y si el  empleador,   supuesta  la  mencionada  circunstancia  del  otorgamiento  de  los  beneficios  al  trabajador,  no  acepta  sin  embargo  que  ello se debiera a un  derecho  cierto,  sino  a  su  benevolencia,  a  su liberalidad o a su error, le  corresponde  la  carga  procesal de acreditarlo debidamente, pues en ausencia de  tal  prueba  es  absolutamente  necesario  aceptar  que aquel derecho existía y  debía,  por  tanto  cumplirse  con  el obligado”15.        (subrayas fuera de texto)   

De esta manera, lo que permite extensión de  la  convención  a  los  trabajadores no afiliados al sindicato es la concesión  real  y concreta de un beneficio convencional por parte de la empresa, hecho que  debe estar debidamente probado en el proceso.   

En el caso bajo examen, el reconocimiento de  prerrogativas  convencionales  no  fue  demostrado  en  ninguno  de los procesos  laborales  cuestionados,  de forma que no se reunían los presupuestos referidos  para   aplicar   de  manera  extensiva  la  Convención  Colectiva  de  Trabajo,  situación que imponía absolver a la empresa demandada.   

Así, en ninguno de los libelos se precisó  qué    prerrogativa    convencional    le   fue   reconocida   a   Félix  Antonio  Perea  o  a Manuel  Adriano  Meneses  por parte de la  Empresa   Puertos   de   Colombia  ni  se  aportó  documento  especificando  el  reconocimiento y pago de algún beneficio contenido en ese acuerdo.   

De esta manera, la manifestación consignada  en  las  resoluciones  por  cuyo medio se concedió la pensión de jubilación a  los   señores   Perea  y  Meneses,  según  la  cual  “…reúnen  todos  los  requisitos  que  sobre  el  particular   señala   la   Convención   Colectiva  de  Trabajo  vigente  y  la  Ley”16  no constituye el reconocimiento concreto  de  una  prerrogativa  convencional.  Tal  atestación,  huérfana  de contenido  material,  no  satisface  la  exigencia  jurisprudencial  referida,  pues  ésta  demanda necesariamente otorgar un derecho específico.   

En  suma,  en  ninguno  de  los  procesos  laborales  se  indicó  por  el  demandante  o por el juez al proferir el fallo,  cuál  fue  la  prerrogativa convencional concreta que habilitaba la aplicación  extensiva de la Convención Colectiva de Trabajo.   

Por tanto, no podía el doctor HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  aceptar  una  postulación  que  no  estaba probada en el proceso y, menos aún, derivar de un  hecho  no demostrado consecuencias negativas de connotación patrimonial para la  demandada,   pues  con  ello  generaba  la  apropiación  indebida  de  recursos  estatales a favor de los demandantes.   

(iv)  La  reliquidación ordenada por el ex  juez   incluyó   los   factores   legal  y  convencionalmente  permitidos    

1.  Si  como quedó expuesto en el acápite  anterior,  los  demandantes  no  probaron  al  interior  del proceso laboral ser  destinatarios  de  las  prerrogativas consagradas en la Convención Colectiva de  Trabajo,  no  había  lugar  a  efectuar  la  reliquidación pensional impetrada  porque  dicha  petición se fundó exclusivamente en la no inclusión de algunos  factores convencionales.   

De  esta  manera, rubros como vacaciones al  retiro   e   indemnización   por   desgaste   físico,   de  estirpe  netamente  convencional,  no  podían  reconocerse,  no obstante lo cual el juez accedió a  reliquidar  la  pensión  incluyendo  esos  factores,  comportamiento con el que  ignoró las disposiciones legales vigentes para esa época.   

Por tanto, si la convención no era el marco  normativo  llamado  a  regular las demandas en cuestión, resulta intrascendente  discurrir,  como  lo  propone  el  impugnante,  sobre  los  alcances del vocablo  etc  incluido en las reglas  convencionales 127-6 y 130-6.   

2.  De  otra  parte,  el  supuesto  error  aritmético  en la liquidación efectuada por la empresa demandada no podía ser  abordado  de manera oficiosa (nunca fue propuesto por  el   demandante   Félix  Antonio  Perea  ni  debatido  en  el proceso) porque la  facultad  de  fallar  extra o ultra petita,  según  las  voces  del artículo 50 del Código de Procedimiento  Laboral,   procede   cuando  “los  hechos  que  los  originen  hayan  sido  discutidos en el juicio y estén debidamente probados”,  sin  que ello comporte autorización para apartarse de  la  causa petendi, es decir,  no  es  una  carta  abierta  para  que  el  juzgador  resuelva sobre aspectos no  planteados   en   la  demanda  y,  menos  aún,  no  debatidos  en  el  proceso.   

3.   Según   el   doctor   GAMBOA  VELÁSQUEZ, aún sin considerar la  Convención  Colectiva  de Trabajo, los artículos 73 del Decreto 1848 de 1969 y  45  del  Decreto  1045  de  1976  le  autorizaban  para  utilizar los rubros que  incluyó en la reliquidación.   

No  obstante, la Sala encuentra que si bien  esas  normas regulan los factores salariales a tener en cuenta para liquidación  pensional  de los trabajadores oficiales, lo cierto es que no incluyen conceptos  como   vacaciones   (aunque   sí   la   prima   de  vacaciones)  o  indemnización  por  pérdida  de  la  capacidad  laboral,  de  suerte  que  esa  tesis  defensiva  tampoco  explica la  inclusión de esos rubros en las sentencias cuestionadas.   

(v)  Si  procedía  la  corrección  de  la  sentencia dispuesta por el ex juez   

El  recurrente  afirma  la  inexistencia de  irregularidad  alguna  en  la modificación de la sentencia realizada dentro del  proceso  laboral  instaurado  por  el  señor  Félix  Antonio   Perea,  porque  se  fundó  en  la  facultad  otorgada  al  juez  por  el artículo 310 del Código de Procedimiento Civil y a  través  de  ese  mecanismo subsanó la falencia configurada en la inaplicación  de  los  porcentajes  previstos en las leyes 4 de 1976 y 71 de 1988, con lo cual  no afectó el fondo de la decisión.   

No  obstante  lo anterior, nótese cómo la  petición   del  apoderado  del  demandante,  radicada  dos  meses  después  de  ejecutoriada  la  sentencia,  exigía  “modificar el  contenido   de   la  sentencia”,  para  aplicar  los  reajustes  desde  el  año 1981 y no desde 1982 como lo hizo el juzgado. De ello  se  colige  sin  ninguna  dificultad  que  la  solicitud comportaba modificar la  sentencia.   

Sin embargo, como el término para incoar la  adición  de  la  sentencia  había  fenecido,  se  invocó  por el litigante la  corrección   aritmética,   figura   jurídica   no  idónea  para  obtener  la  modificación  del  fallo,  petición  inexplicablemente  aceptada por el doctor  GAMBOA VELÁSQUEZ cuando era  evidente  que  no  se  trataba de la corrección de una operación aritmética o  del orden de algún guarismo.   

Según  el  artículo  310  del  Código de  Procedimiento Civil   

“toda  providencia  en  que  se  haya  incurrido  en  error  puramente  aritmético,  es  corregible por el juez que la  dictó,    en    cualquier    tiempo,    de    oficio    o    a   solicitud   de  parte…”.   

Por  el  contrario,  la  adición  de  la  sentencia, conforme al canon 311 del mismo estatuto, procede   

“Cuando   la   sentencia   omita   la  resolución  de cualquiera de los extremos de a litis, o de cualquier otro punto  que  de  conformidad  con  la  ley debía ser objeto de pronunciamiento, deberá  adicionarse    por    medio    de    sentencia    complementaria,   dentro  del  término de ejecutoria, de  oficio o a solicitud de parte…”.   

Por tanto, la corrección de la sentencia no  aplicaba  al  caso por cuanto esa figura jurídica está prevista exclusivamente  para  los eventos de error en las operaciones matemáticas o numéricas, más no  así  frente  a  las  omisiones  del operador judicial, como la planteada por el  demandante  quien  claramente señaló que el juez olvidó reajustar la pensión  desde el año 1981 como correspondía.   

En  conclusión, contrario a lo manifestado  por  el apelante, la Sala encuentra que el auto No. 1276 del 15 de abril de 1993  sí  modificó  el  fallo,  sólo que el doctor GAMBOA  VELÁSQUEZ  se  escudó en la figura de la corrección  aritmética  porque  la oportunidad para adicionar la sentencia había expirado.   

Por demás, tal modificación implicó pasar  de  una  mesada  pensional  para  el  año  1993  de  $388.373,81 a $443.568,39,  situación  que  no  constituye corrección aritmética sino modificación de la  sentencia,   con   la   consecuente   afectación   patrimonial  de  la  empresa  demandada.   

En síntesis, como el contenido material de  lo  solicitado  encajaba  en  la adición de la sentencia, pero la petición fue  presentada  extemporáneamente,  el  operador  judicial  debió  rechazarla.  No  obstante,  continuando  con  su  actuar  orientado  a  sacar avante las demandas  contra  la  empresa  Puertos de Colombia,  el  doctor GAMBOA VELÁSQUEZ   acogió  la  figura  jurídica  de  la  corrección  aritmética,  improcedente  para  el  caso,  para  modificar  la  sentencia,  una vez más, en  beneficio de la parte demandante.   

(vi)  Sobre  la  existencia  de  prueba del  actuar doloso del procesado   

Si  bien  el impugnante considera que en el  proceso  no  existe  prueba demostrativa en grado de certeza de su connivencia o  confabulación   con   las  partes  para  cometer  el  delito  de  peculado  por  apropiación,  la  Sala  encuentra  que  las  actuaciones por él desplegadas al  interior  de  cada uno de los proceso laborales sí evidencian un comportamiento  doloso,  esto  es,  orientado  a  favorecer  la  postura  de  los demandantes en  detrimento  de  la  parte  demandada  y,  sobre  todo, de los recursos de ésta.   

Ciertamente,  el  dolo  no  emerge  de  las  manifestaciones  del  procesado  sino  de  las  actuaciones  reflejadas  en cada  decisión  proferida  porque  no  consultan  la  realidad  fáctica y jurídica,  situación  indicativa  de  la  consciencia del operador judicial de vulnerar la  ley  al  emitir decisiones manifiestamente contrarias a derecho, medio a través  del  cual  obtuvo  la  apropiación de recursos del Estado por parte de terceros  que no tenían derecho a ellos.   

          Así,  acceder  a  las  pretensiones de los demandantes Perea    y  Meneses  fundadas en su calidad de beneficiarios de la  Convención  Colectiva  de  Trabajo  sin  que esa situación se acreditara en el  proceso;  acudir  a la figura de la corrección aritmética, sin ser procedente,  para  modificar  en  favor  de  la  parte demandante la sentencia; incluir en la  reliquidación  pensional  factores no previstos legalmente, son comportamientos  que  otorgan  elementos  suficientes  para  considerar  que  la finalidad del ex  funcionario  no  era otra que obtener un beneficio económico ilegítimo a favor  de  la  parte  actora  en  detrimento del erario público, habida cuenta que las  condenas   emitida   en   contra   de   Puertos   de  Colombia,  como  era de conocimiento de los operadores  judiciales de la época, las asumía el Estado colombiano.   

Aún  más,  reflejando  el  propósito  de  defraudar  los  recursos  públicos  la  Corporación  observa  cómo  el doctor  HÁROLD     GAMBOA     VELÁSQUEZ     ordenó  la  entrega  de  la  totalidad  de las sumas embargadas sin  considerar  que  la  liquidación  del  crédito  en  cada  uno de los casos fue  inferior a ese guarismo.   

Así,   en  el  proceso  de  Félix  Antonio  Perea  la  suma  gravada  ascendió  a  $7´417.476,92,  misma que fuera ordenada entregar mediante oficio  No.    2.003    de    septiembre    30   de   199317,   no   obstante   que   la  liquidación  del  crédito  elaborada  por  la parte demandante más las costas  asignadas      por      el      juzgado     ascendieron     a     $6’588.163,  de  suerte  que el remanente  debía devolverse a la parte demandada.   

Algo   similar  ocurrió  en  el  proceso  instaurado  por  Manuel  Adriano Meneses,     donde     se    embargaron    recursos    por    $5’329.130,43, cifra entregada a la parte  demandante  sin  reparar  que  la liquidación del crédito junto con las costas  sólo      ascendió      a      $4’169.25918.   

vii)  Si  la  condena  por  enriquecimiento  ilícito  enervaba  la  posibilidad  de  juzgar  al  ex  juez  por el punible de  peculado por apropiación a favor de terceros.   

Considera    el   doctor   HÁROLD  GAMBOA  VELÁSQUEZ  que por haber  sido  condenado  como autor del punible de enriquecimiento ilícito derivado del  delito             de            peculado19,  no puede ser juzgado ahora  por  este  último  tipo  penal so pena de afectar el principio del non bis in ídem.   

Pues  bien,  en  el  evento bajo examen, la  Corporación  colige que no se afecta el postulado invocado porque las conductas  sancionadas  en  los referidos tipos penales son ontológicamente diversas, pues  el  enriquecimiento  ilícito  comporta necesariamente el incremento patrimonial  injustificado  del  servidor  público, elemento no requerido en el peculado por  apropiación ejecutado en favor de terceros.   

Así mismo, porque el acto de apropiarse de  recursos  públicos  es  pluriofensivo,  siendo  posible  que  encaje  en varias  descripciones  típicas,  dependiendo de las circunstancias particulares de cada  caso,  pues las conductas pueden ejecutarse de manera independiente en el tiempo  y  el  espacio  y los recursos provenir de diversas fuentes, de forma que cuando  se  consolide  el  incremento  patrimonial  es  factible  que  el  atentado a la  administración pública ya se haya agotado.   

En tal sentido, la Corporación ha señalado  la  procedencia  del concurso entre el peculado y el enriquecimiento ilícito en  los siguientes términos:   

“2. Es incuestionable que entre esos dos  hechos  punibles  puede  existir concurso, que se da  cuando  lo apropiado y lo que ha enriquecido ilícitamente al servidor público,  corresponda    a    haberes    provenientes   de   distinta   fuente,  esto  es,  cuando  además  de  lo  obtenido  como producto del  peculado,  en el incremento del patrimonio del servidor público aparezcan otros  fondos  diferentes, adicionales, de procedencia no justificada pero relacionable  con  el  ejercicio  de  las funciones, o por razón del cargo, que se establezca  como  ilícita  pero  no  exista  demostración  de haber sido generada por otro  delito”20.(subrayas fuera de texto)   

Aún   más,   revisado   el   fallo   de  condena21  emitido  por  el  Tribunal Superior de Buga el 12 de marzo de 2002  contra   el   doctor   GAMBOA  VELÁSQUEZ  por  el  punible de enriquecimiento ilícito, la Sala colige cómo  en  él  se  establece un incremento patrimonial injustificado pero no se indica  que  provenga específicamente del punible de peculado y, menos aún, se señala  una  apropiación  de  recursos  en  particular,  razón  por  la cual carece de  fundamento la postulación defensiva analizada en este acápite.   

De acuerdo con lo anterior, es evidente que  los  argumentos  esbozados  no  logran  persuadir  a la Sala de la inocencia del  doctor    HÁROLD   GAMBOA   VELÁSQUEZ,  razón  por  la  cual  se impone confirmar la sentencia impugnada  respecto de los motivos de inconformidad.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  4 de febrero de 2011 proferida por el Tribunal Superior de Buga,  conforme con lo expuesto.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                           JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                      SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  240   del   proceso   Laboral   de   Félix   Antonio   Perea,   anexo   a  este  expediente.   

2 Folio  261   del   proceso   Laboral   de   Félix   Antonio   Perea,   anexo   a  este  expediente   

3  La  liquidación  contenida en la sentencia y el auto modificatorio es la siguiente:  Conforme  a  la  Ley 4 de 1976, para el año 1982, $56.699,37; 1983, $66.059,28;  1984,  $75.242,19;  1985, $84.537,33; 1986, $94.120,86: 1987, $107.042,26; 1988,  $120.666,11.  Y  con los criterios de la ley 71 de 1988, a partir de 1989, así:  $153.245,96;  1990,  $193.089,91;  1991,  $244.644,92; 1992, $310.699,05 y 1993,  $388.373,81,    última    cifra    fijada    en    el    auto    referido    en  $443.568,39.   

4 Cfr.  Providencias  proferidas  por  esa  Corporación,  así:  Octubre 28 de 2003, en  relación   a   Félix   Antonio   Perea   y  enero  30  de  2004,  respecto  al  proceso  de  Manuel Adriano Meneses.   

5 Cfr.  Folio 294 cuaderno original No. 2.   

6 Cfr.  Folio    284    proceso   laboral   Félix   Antonio  Perea.   

7 Cfr.  Folio    180    proceso   laboral   Manuel   Adriano  Meneses.   

8  Fechas  en  que  se  cobraron  en  el  Banco  Popular  de Buenaventura las sumas  ordenadas por el Juzgado.   

9 Cfr.  Folio   288   del   cuaderno   original   No.   2   y   11   de   la   sentencia  impugnada.   

10 Cfr.  Sentencia de 19 de octubre de 2006, radicación No. 25804.   

11 El  texto  de  ese artículo es el siguiente: “Sobre las  sentencias  que no fueron consultadas, debiendo serlo, y en virtud de las cuales  se  ha  iniciado  proceso ejecutivo, los respectivos jueces tomarán las medidas  pertinentes  para  que  se  surta el grado jurisdiccional de consulta y se logre  constituir  en  debida  forma  el título ejecutivo, de conformidad con la ley y  con la sentencia SU-962/99 de la Corte Constitucional”.   

12  Para    Félix    Antonio    Perea    aplicaba  la  convención  1979-1970,  artículo 2-3 y en relación  a Manuel Adriano Meneses la  de 1973-1974, canon 2-3, redactados en idénticos términos.   

13  Cfr.  Fl 42 del proceso laboral de Félix Antonio Perea y 45 del correspondiente  a Manuel Adriano Meneses.   

14  Cfr.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala Labora, providencia del 27 de junio de  2002, Rad. No. 17900.   

15  Cfr.   Corte   Suprema  de  Justicia,  Sala  Labora,  providencia del 5 de diciembre de 1991, Rad. No. 4606.   

16  Folio  27  cuaderno  anexo  proceso laboral de Félix  Antonio Perea.   

17  Cfr. Folio 284 anexo proceso laboral de Félix Antonio Perea.   

18  Cfr. Folio 179 anexo proceso laboral de Manuel Adriano Meneses.   

19  Sentencia  del  12  de marzo de 2002 proferida por el Tribunal Superior de Buga,  confirmada  por  esta  Corporación  mediante  proveído  del  21  de  enero  de  2003.   

20  Cfr.  Providencia  del  19  de mayo de 2000, Rad. No. 8067. En igual sentido, la  Corte  ha  avalado  la  posibilidad  del  concurso material entre los delitos de  cohecho  y  enriquecimiento  ilícito  en decisión del 28 de mayo de 2008, Rad.  No. 29705.   

21  Cfr.  La  sentencia  y  su  confirmación  por parte de esta Corporación (21 de  enero  de  2003,  Rad. 19489) se anexaron al proceso y pueden verse a partir del  folio    138    del    cuaderno    anexo    identificado    como    “anexo hoja de vida”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *