35965(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  35965   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº188  

Bogotá D. C., primero (1°) de junio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La  Corte resuelve sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado Fernando   Riveros   Tabares   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 9 de diciembre de  2010,  mediante  la  cual confirmó la proferida por el Juzgado Dieciséis Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  la  misma  ciudad, el 17 de  septiembre  del mismo año, que lo condenó como autor de la conducta punible de  actos  sexuales  con  menor  de catorce años agravado, según lo preceptuado en  los artículos 209 y 211, numeral 2°, de la Ley 599 de 2000.   

HECHOS        Y       ACTUACIÓN  PROCESAL        

                              

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal     Superior    de    Bogotá de la siguiente manera:   

Los hechos que originaron el adelantamiento  del  presente  asunto fueron denunciados el 2 de junio del 2009 por las señoras  Heidy  Johann  Vélez  Landinez y Emma Janeth Gómez Castillo, en cuanto que sus  menores  hijas  DSRV  y LAG, respectivamente, fueron víctimas de actos sexuales  cometidos  por  el procesado Fernando Riveros Tabares, tales como tocamientos de  los  senos  y  otras  partes del cuerpo; después, el 8 de junio del mismo año,  Manuel  Alejandro  Briceño  Morales  también formuló denuncia contra el mismo  endilgado  en  cuanto  su  menor hija LVBM, de siete años de edad, también fue  víctima  de  tales  conductas  en  cuanto  le  había levantado la falda por la  espalda,  le  introdujo  la  mano  dentro  del  chicle  y la prenda íntima y la  manoseó  invadiéndole  su  intimidad, y que inmediatamente que la niña llegó  del colegio le comentó lo sucedido a su madre.   

2.  Por  los  anteriores  hechos,  el  7  de  septiembre  de  2009,  la  Fiscalía General de la Nación, presentó escrito de  acusación  contra  Fernando  Riveros  Tabares  por  el  delito  de  actos sexuales con menor de catorce años  agravado.   

3. Cumplidas las formalidades del juicio, el  titular  del Juzgado Dieciséis Penal del Circuito con funciones de conocimiento  de  Bogotá,  el  17 de septiembre de 2010, dictó fallo de primera instancia en  el  que  condenó a Fernando Riveros Tabares a la pena principal de 190 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso de la sanción privativa de la libertad,  como   autor   del   delito  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años  agravado.   

4.  Apelado  el  fallo  por  el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  el  9 de diciembre de 2010, lo  confirmó en su integridad.   

         Contra   la   anterior   decisión,  el  defensor  de  Riveros  Tabares  presentó  demanda  de  casación.   

S  Í  N  T  E  S  I S    D E  L     L I B E L O   

          Al  amparo  de las causales segunda y primera según la sistemática  reglada  en  la  Ley  906  de  2004,  presenta  dos  cargos  contra el fallo del  Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

          Primer cargo   

          Acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia en un juicio viciado  de  nulidad,  en  tanto  se  vulneró  el  debido  proceso  por  cuanto hubo una  imputación incorrecta del delito.   

          Argumenta  que  los  actos  sexuales  que  fueron  atribuidos  a  su  representado  no  existieron,  habida  cuenta  que  el comportamiento no puso en  peligro  el  bien  jurídico de la libertad, integridad y formación sexuales de  las  menores,  en  tanto que de su procurado no hubo acto libidinoso, motivo por  el cual el trámite se encuentra viciado de nulidad.   

          Como  sustento  de su afirmación, indica que los testimonios de las  menores  y  la interpretación posterior de los mismos  presentan  diversas  variaciones, contradicciones y exageraciones que terminaron  por  deformar los hechos ciertos a un punto que llevaron al funcionario judicial  a imputar una conducta equivocada.   

          A  continuación  procede a resaltar lo dicho por una de las menores  agredidas  en  sus  distintas  intervenciones procesales, a partir de las cuales  dice  que no es verdad la afirmación hecha por la fiscal, consistente en que el  acusado  sentaba  a las menores en sus piernas, les tocaba el pecho, las piernas  y  la  vagina,  pues  estas  hipótesis  no  corresponden  a lo expuesto por las  presuntas agredidas.   

          Advierte  que la aseveración del fiscal en los alegatos conclusivos  y  lo  manifestado  por el fallador de primer grado, no se ajusta a la evidencia  probatoria.   

          Así,  procede  a  resaltar lo dicho por las otras menores víctimas  del acusado.   

          En  acápite  posterior,  sostiene  que si se otorga credibilidad al  testimonio  de  las  menores,  tendrá  que  colegirse entonces que su procurado  sólo  tocó  el  pecho  de  una  de  ellas,  las  caderas  y glúteos a otra y,  finalmente,  a  la  restante  le  dio  una  palmadita  en las nalgas después de  ayudarle a acomodar su uniforme.   

          Concluye  que  en  este supuesto no se afectó ni se puso en peligro  el  bien  jurídico tutelado por la conducta punible por la que fue condenado el  acusado.   

          Es  más,  el  casacionista  apoyado  en una decisión de la Sala de  Casación  Penal,  sostiene  que el comportamiento del procesado no se adecua al  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de catorce años sino al de injuria por  vías  de hecho, tal como se dedujo en la citada providencia, la cual se permite  transcribir, explicándolas desde su personal perspectiva.   

          Reconoce  que  el  señor  Fernando  Riveros  Tabares sólo realizó  tocamientos  inapropiados  en  zonas íntimas. Empero, complementa, no  se  efectúo  una  valoración  psicológica de las menores que  permitiera  concluir  con  certeza  que  su  libertad,  integridad  y formación  sexuales  fueron  afectadas  o  siquiera  puestas  en  peligro, a pesar que esta  prueba  había  sido admitida en la audiencia preparatoria pero nunca se hizo en  el juicio oral.   

         De  otro  lado,  insiste  en  que  dos  de  las menores no presentan  ningún  síntoma  de haber sido afectadas sexualmente, simplemente manifestaron  a  las  directivas  del  colegio  y  a  sus  padres  que no les gustó lo que el  profesor les hizo.   

          Dice  que  las  victimas  sí  se  sintieron ofendidas, pero al poco  tiempo  se  fueron  de  vacaciones  y siguieron su vida con plena normalidad. Es  decir, el profesor fue un recuerdo para olvidar.   

          En  otro acápite, el casacionista pretende demostrar que el acusado  no  tuvo  el ánimo requerido en orden a cometer el delito de actos sexuales con  menor   de   catorce   años,   para  lo  cual  cita  varias  decisiones  de  la  Corte.   

          En   efecto,   sostiene   que  Riveros  Tabares  por  razón  de  su  interacción  física  con las estudiantes su comportamiento nunca se dirigió a  satisfacer  su líbido. Él tenía la costumbre, como lo dijo la orientadora del  colegio,  de felicitar a las estudiantes, dándoles una palmada en los glúteos,  dado  su estado paternal, sin que ello constituyera una conducta de connotación  sexual.   

          Reconoce  que  si  bien  es  cierto,  respecto de una de las menores  calificadas  como  víctimas  hubo  tocamientos,  de  todas  maneras  no  estuvo  precedido  de  un ánimo sexual, dado que ésta siempre resaltó que el profesor  era  cariñoso,  tierno  y  amigable,  siendo sus clases divertidas en tanto les  enseñaba música y a tocar flauta.   

          Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente expuesto, cita como norma  infringida el artículo 29 de la Constitución Política.   

          En  consecuencia,  depreca  de la Corte casar la sentencia impugnada  y,  por lo mismo, declarar la nulidad de todo lo actuado a partir, inclusive, de  la     audiencia     de     formulación     de     imputación,    ordenándose    la    libertad    de    su    procurado.   

          Segundo cargo   

          Basado  en  la  causal  primera  de  casación, acusa al Tribunal de  vulnerar   directamente  la  ley sustancial por aplicación indebida de los  artículos  209  y  211, numeral 2°, de la Ley 599 de 2000, yerro que condujo a  la   exclusión   evidente   de   los   artículos   6°   y   9°  del  Código  Penal.   

          Manifiesta   que  hubo  aplicación  indebida  del  tipo  penal  que  consagra  actos  sexuales  con menor de catorce años, en tanto que su defendido  no tuvo ese ánimo sexual requerido en el sujeto activo.   

          Al  igual  que  lo hizo en el cargo anterior, predica que dentro del  proceso   no  emerge  el  grado  de  conocimiento  de  certeza  en  torno  a  la  vulneración  o  puesta  en peligro del bien jurídico tutelado, para lo cual se  apoya en los mismos argumentos expuestos en el anterior cargo.   

            Considera  que  en  este asunto no se respetaron los principios de  legalidad  y  punibilidad  de la conducta. Advierte que en el supuesto que ocupa  la  atención  de la Corporación, se vulneró el primer postulado, toda vez que  el  Tribunal  condenó  a  su  defendido  sin  evidenciar  que en él no hubo un  propósito  de  satisfacer  un apetito sexual en contra de las menores, esto es,  por ausencia del dolo frente al comportamiento atribuido.   

          Respecto  al  principio de punibilidad de la conducta, afirma que en  este  trámite no se demostró que el comportamiento del acusado haya avasallado  o  puesto  en  peligro el bien jurídico protegido, puesto que, insiste, no hubo  dolo en el actuar de éste.   

          En  consecuencia,  depreca a la Corte casar la sentencia impugnada y  otorgar  la  libertad  inmediata  e  incondicional al  señor Fernando Riveros Tabares.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   SALA   

         La casación en la Ley 906 de 2004   

          La  casación  en  la sistemática procesal reglada en la Ley 906 de  2004,  se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede  contra  las sentencias dictadas en segunda instancia en los procesos adelantados  por delitos cuando afecten derechos o garantías procesales.   

          De  ahí  que  deba  concluirse  que este recurso, concebido como un  control  constitucional,  es  consecuencia  natural de la función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y  por  ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

          De   acuerdo   con  lo  que  estatuye   la     citada     Ley    906,    para    que    la  demanda    sea    admitida    se   requiere   que   el   libelista,   además  de  contar con interés, acredite  la  afectación  de  derechos o  garantías fundamentales,  para   lo   cual   también   deberá  formular y desarrollar   los   correspondientes   cargos  y  por  supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la Corte para lograr alguno de los fines establecidos para la  casación  según lo previsto en el artículo 180 de esa normatividad, es decir,  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que  como  lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

          Empero,  la  casación   no   puede  ser interpretada  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus fines, con lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor vinculada con los propósitos del proceso  penal y con el modelo de Estado en el que él se inscribe.   

          Con  otras palabras, las causales determinan la forma en que procede  denunciar  la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y de conducir el  debate   en   sede   extraordinaria,  pero  ellas   no    son    un   fin   en   sí   mismo  para  la  viabilidad  del  recurso,  pues  ésta debe determinarse por la manifiesta   configuración    de   uno   o   varios   de   los  motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

          Sin  embargo,  ello  no  quiere  decir  que  el  recurso  haya  sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo  con su estudio se cumplirá uno o varios de los  fines         de         la        casación.1   

         El   recurso   extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con  el  debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en el agotado  proceso,  por  lo que no es procedente realizar toda clase de cuestionamientos a  manera  de  instancia adicional a las ordinarias del trámite, sino que debe ser  un  escrito  claro, lógico, coherente y sistemático en el que, al tenor de los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados  en la ley, se denuncien errores,  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento,  en  que  haya  podido  incurrir el  sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y evidenciando su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no está acorde con  el   ordenamiento   jurídico,  cuya  desvirtuación,  se  reitera,  compete  al  libelista.     

          Calificación de la demanda   

          1.  En  el  evento  que ocupa la atención de la Sala, surge nítido  que  el  censor  no  cumplió  con  los  anteriores  presupuestos,  en  tanto no  demostró  la  existencia del vicio en los cargos formulados contra la sentencia  de  segunda  instancia  y  menos,  los  conectó  con  los fines que informan la  casación según el sistema consagrado en la Ley 906 de 2004.   

         2.  La  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien la acreditación de la  causal  segunda  de  casación  es  menos  exigente  que la demostración de las  otras,  lo  cierto es que impone al demandante proceder con precisión, claridad  y  nitidez  a  identificar la clase de irregularidad sustancial que determina la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la actuación a partir de la cual se produjo el vicio, así como la  cobertura  de  la nulidad, evidenciar que procesalmente no existe manera diversa  de  restablecer  el  derecho  afectado  y,  lo más importante, comprobar que la  anomalía  denunciada  tuvo injerencia perjudicial y decisiva en la declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado  que   este   recurso   extraordinario   no  puede  fundarse  en  especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones carentes de demostración o en situaciones ausentes de  quebranto.   

         De  otro  lado,  cuando  la  censura  se  postula  por la vía de la  infracción  directa  de  la ley sustancial, el casacionista está aceptando que  los  hechos  y  las  pruebas  declaradas  como  probadas  en la sentencia fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la  cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad de los elementos de juicio y del acontecer fáctico.   

         La  labor  de  demostración  del  vicio deberá estar sustentada en  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó  una  norma  que  no era la llamada a  gobernar  el  asunto,  que  omitió  otra  que  sí resolvía los extremos de la  relación  jurídico  procesal  o, que habiéndola escogido correctamente le dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de la ley.   

        En  consecuencia,  si  la  demanda  de  casación no cumple con los  anteriores  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación,  sin  duda, la  decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

          En   lo   que   atañe   al  primer  cargo  que  el  actor  postula     bajo     la    supuesta  violación  del debido proceso, sin duda equivocó la vía  para  postular  la  censura,  toda  vez  que  no  está  invocando  un  error de  estructura sino un yerro de apreciación probatoria.   

          En  efecto,  el casacionista en vez de indicar en qué consistió el  vicio  que desquició las bases del juzgamiento, como si esta impugnación fuera  una  instancia  más  del  proceso,  arremete  contra  la credibilidad dada a la  unidad  probatoria  que desfiló en el juicio oral, en procura de desvirtuar que  no  se  demostró  el  grado de certeza y la existencia del hecho, habida cuenta  que,  en  su  criterio,  los  actos  desplegados  por el acusado en contra de la  víctima  no  encajan en la descripción típica de la conducta punible de actos  sexuales con menor de catorce años agravado.   

          A  nivel de ejemplo, mírese cómo en la demostración de la censura  pretende  indicar  que  los  tocamientos  que  hizo  el  acusado  a  las menores  constituye  a  lo  menos,  una  injuria  por vías de hecho y no un acto sexual,  dando  una  personal apreciación respecto de las manifestaciones hechas por las  agredidas y por algunas deponentes.   

          Así  las cosas, de toda esa amalgama que presenta como sustento del  primer  cargo,  no  se  evidencia  que  estamos  ante un error in procedendo que  conlleve  a  la  invalidez del juicio, sino, como se advirtió, pretende debatir  las  conclusiones probatorias del sentenciador con relación a la existencia del  hecho.   

          Frente  a  dicho  acontecer,  vale destacar que la sentencia llega a  este  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad, es decir,  los  hechos y las pruebas fueron correctamente apreciadas en la elaboración del  juicio  de  hecho, y el derecho estrictamente aplicado, presunción que sólo se  desvirtúa   a   través   de   las  causales  de  casación  y  demostrando  la  trascendencia  del  yerro  frente  a  las conclusiones adoptadas en la sentencia  recurrida.   

          Del  mismo modo, surge imperioso reiterar que la simple discrepancia  de  criterios  no constituye yerro para ser postulado en casación, en la medida  en  que  el  sentenciador  goza  de  libertad para justipreciar los elementos de  juicio  recaudados en el juicio oral, público y concentrado, sólo limitado por  las  reglas  que  informan  el  método de apreciación de la sana critica, cuya  trasgresión  sí  se  puede  atacar  por  la  vía del error de hecho por falso  raciocinio, evento que aquí no ocurrió.   

          En  síntesis,  la  argumentación  del  censor  no  es  otra que la  cuestionar  la credibilidad dada por el sentenciador a los elementos de juicio y  de  la  cual  dedujo  que  Riveros Tabares cometió la conducta punible de actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  sin  que  de  la misma se advierta la  existencia de un error de actividad o de derecho.   

          Y,     con    relación    al    segundo  cargo  que  el  demandante  postula  por la vía de la  infracción  directa  de  la  ley  sustancial, también incurrió en defectos de  lógica  y debida fundamentación en la elaboración del reproche, toda vez que,  como  era  su  deber,  no  respetó  los  hechos  y  las pruebas valoradas en la  sentencia,  puesto  que en su sentir, de las mismas no se colige la comisión de  la  conducta  punible por la que fue condenado y consecuentemente, se vulneraron  los  principios  de  legalidad  y “punibilidad de la  conducta”,  soportado en el argumento, según el cual  del  comportamiento del   procesado  no emerge la modalidad dolosa ni tampoco se advierte vulneración del  bien jurídico de la libertad, integridad y formación sexuales.   

          De  tal manera que la Sala no avizora en qué consistió el yerro de  aplicación  del  derecho  que  se le señala al Tribunal, habida cuenta que del  discurso  sólo  se  infiere  una particular forma de ver los hechos, obviamente  contrario a lo plasmado en el fallo impugnado.   

          Por tanto, deviene la inadmisión de la demanda.   

          Resta  señalar  que  no  se  observa  que  con  ocasión  del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  hubiesen  violado otros derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos2:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  disidente  o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión a través de la cual no se admite la demanda está contenida en un  auto  a  cuyo  enteramiento  o  publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,   esto   es   “mediante  comunicación  escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   la  demanda  de casación presentada  por     el     defensor    de    Fernando    Riveros  Tabares,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO          SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARIA     DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ    DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                   

                                                                     Secretaria   

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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