35819(27-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35819  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 260-  

Bogotá,  D.C., veintisiete (27) de julio de  dos mil once (2011)   

MOTIVO DE LA DECISION  

La  Sala  examina  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda de casación presentada por la defensa de Blanca  Cecilia  Ordóñez  Castillo contra  la  sentencia proferida el 25 de noviembre de 2010, por medio de la cual la Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Bogotá revocó el fallo absolutorio dictado el  20  de agosto de 2010 por el Juzgado 14 Penal del Circuito de la misma ciudad y,  en  su  lugar,  la  condenó,  junto  con  Miguel Leonidas Quiroga Téllez, como  coautores  del  delito  de estafa agravada. Les impuso 50 meses de prisión ,100  salarios  mínimos legales mensuales vigentes de multa e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo tiempo de la pena  principal.  Les  negó  la condena de ejecución condicional y la sustitutiva de  prisión domiciliaria.   

HECHOS   Y  ACTUACION  PROCESAL   

1.  En  el  mes  de  marzo de 2007 el señor  Miguel  Leonidas  Quiroga Téllez invitó a Andrés Octavio Cardozo Valderrama a  participar  en  un  lucrativo  negocio  de comercialización de gel “baba  de  caracol”,  que la Sociedad  Inversiones   La   Fortuna,   de  la  que  era  su  propietario  y  Blanca   Cecilia   Ordóñez  Castillo  su  representante legal, había suscrito con AGROSEL LTDA.   

Motivado  por  la alta rentabilidad, Cardozo  Valderrama   entregó   entre  el  5  de  marzo  de  2007  y  el  30  del  mismo  mes,                     $  95.000.000,  dinero  cuya  devolución  le  fue  garantizada  con  19 cheques  posfechados que a la postre resultaron sin fondos.   

Al   indagar  Cardozo  Valderrama  por  su  inversión,  se  enteró  que  el  contrato de comercialización del producto se  había cancelado antes de que desembolsara el dinero.   

2.  Con  fundamento  en  las  previsiones de  la   Ley  906  del 2004, el 4 de octubre de 2007 el Juez 37 Penal Municipal  con  función  de  Control de Garantías de esta ciudad legalizó la imputación  de  Miguel  Leonidas  Quiroga  Téllez y Blanca Cecilia  Ordóñez  Castillo,  como  coautores  del  delito  de  estafa  agravada1.   

3.  El  25  de  octubre  del  mismo  año la  Fiscalía    137   Seccional   presentó   escrito   de   acusación2,   y   la  audiencia  tuvo  lugar  ante  el  Juez  35  Penal  del Circuito con funciones de  Conocimiento.  Dicha autoridad adelantó las audiencias preparatoria y de juicio  oral3.   

Luego  fueron  proferidas  las sentencias ya  indicadas.   

La     apoderada    de    Blanca    Cecilia    Ordóñez   Castillo  interpuso  y  sustentó  el  recurso  extraordinario  de  casación  que  le fue  concedido.   

LA  DEMANDA   

Al  amparo de las causales segunda y tercera  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004 la casacionista formuló dos cargos  contra  la sentencia de segunda instancia. El primero (principal) por vía de la  causal  segunda –nulidad- y  el  segundo  (subsidiario)  al  amparo  de  la  causal  tercera  por  violación  indirecta de la ley sustancial.   

Primer cargo  (principal): nulidad por  incompleta motivación.   

El  fallador  no  expuso  las razones que lo  llevaron  al  convencimiento  de  la  responsabilidad de la señora Ordóñez  Castillo. Este error vulneró el  artículo   29   de  la  Carta  Política,  pues  el  Tribunal  desconoció  que  “todas  las  decisiones sobre aspectos sustanciales  deben   consignar   las   razones   jurídicas   y   de   hecho  que  funden  su  pronunciamiento4”.   

Se desconoció el contenido del artículo 162  de  la Ley 906 de 2004, que consagra los requisitos comunes para toda sentencia,  como  son  la  fundamentación  fáctica,  probatoria y jurídica, así como los  motivos  de estimación y desestimación de las pruebas validamente admitidas en  el juicio oral.   

Después de transcribir apartes del fallo de  segundo  grado,  concluyó  que “El Tribunal omitió  exponer  las  razones  por  las cuales encuentra que en esos hechos que señaló  demostrativos  de  la  estafa,  intervino  BLANCA  CECILIA  ORDOÑEZ5”;  y  que:  “no hay ningún referente dialéctico que pueda ser  comentado  para  presentar  ante  la  Corte Suprema de Justicia, alguna clase de  yerro  sencillamente  porque no hay ni error ni acierto, sino que la conclusión  está  del todo alejada de las premisas que en estricta lógica deben preceder a  un  remate  de  semejante envergadura para la suerte de la procesada6.”   

Más   adelante,   dijo  que  “en  ninguna  parte hay motivación probatoria ni jurídica en la  que  el  Tribunal  exponga, como era su deber, a que actuación o comportamiento  de   la  acusada  acomoda  la  norma  sustancial  que  le  aplica”.   

Todo ello le permite deducir que la sentencia  “omitió  analizar  los  aspectos  relativos  a  la  responsabilidad  y  las  razones para vincular a ORDOÑEZ CASTILLO con el delito  son  tan  insuficientes  que  ni siquiera identifica las causas fácticas en las  que   sustenta  la  declaratoria  de  autoría  con  culpabilidad  a  titulo  de  dolo7.   

Como  una  crítica  más a la decisión del  Tribunal advirtió:   

“Se  ha evidenciado así la existencia de  un  error in procedendo generador de nulidad porque la motivación de la condena  es   incompleta”;   y  a  renglón   seguido   destaca   que   “la  falta  de  motivación  se  postula  como  violación  al  debido proceso, pero también la  ausencia  de  sustentación  fáctica y jurídica sobre la responsabilidad de la  acusada8”.   

Como  parte  de la fundamentación del cargo  citó  extensos  apartes  de  la  sentencia  y,  bajo el rótulo de “COMENTARIO9”  expuso sus  propias  conclusiones  frente  al  raciocinio  que  ha  debido  impartirse a las  pruebas  recaudadas  en  juicio  como  que: i) la carencia de fondos al girar un  cheque    “no    informa    nada   distinto   que  eso”;  ii)  renunciar  a una representación legal o  vender   un   bien   de   su  propiedad  “no  es  determinante  del  error  en que pudo haber incurrido el  ofendido”; iii) el uso del  contrato  fallido  por  Quiroga  Téllez “no implica  que  BLANCA  CECILIA  quede  vinculada  como  autora  o  siquiera  participe del  punible”.   

Agregó  que si lo pretendido era desvirtuar  el  fallo  absolutorio,  que  fue la conclusión a la que llegó el A   quo,  al  Tribunal  se  le  imponía  desvirtuar    la    presunción    de    inocencia10  con  la demostración de los  elementos  jurídicos  y  las  pruebas que le expliquen con claridad por qué es  responsable y merece la condena.   

Solicitó  que  de  prosperar  el  cargo  se  declare  la  nulidad de la sentencia de segundo grado para que el Tribunal dicte  el   fallo  conforme  a  derecho.  Como  “petición  marginal11”  suplicó  que  por  economía procesal se profiera sentencia de  reemplazo absolviendo a su representada.   

                 Segundo   cargo   (subsidiario):   falso  juicio  de  identidad   

Lo  formuló con apoyo en la causal tercera,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por errores de hecho en la  apreciación  de  la prueba que derivan en la violación de los artículos 29 de  la  Constitución  Política, 6, 9 y 12 del Código Penal y 6, 7, 246 y 267.1 de  la Ley 906 de 2004. Así lo desarrolla:   

El  precario trabajo argumentativo llevó al  Tribunal,  a  “desconocer  los  hechos que informan la ninguna participación de BLANCA CECILIA ORDOÑEZ en  los     hechos     constitutivos    del    delito12”,  por  lo que extrajo conclusiones erróneas que lo condujeron a encontrar probada  la responsabilidad de la acusada.   

La  condena  fue  producto  de  errores  de  apreciación  de  la  prueba que motivaron la imposición de una pena que atenta  contra  los  principios  de  culpabilidad  y  legalidad  que van aparejados a la  prohibición    de    la    imputación   objetiva   del   resultado13.   

Sostuvo  que  el  declarante  Edgar  Espinel  Medellín  “no  se refirió para nada a la conducta  de  BLANCA  CECILIA ORDOÑEZ porque su conocimiento llegó hasta la celebración  y        cancelación       del       contrato14”,   en   tanto   que  del  testimonio  de  Andrés  Octavio  Cardozo Valderrama el Tribunal “omitió  considerar, valga decir ignoró las que mencionan a BLANCA  CECILIA     ORDOÑEZ,    siendo    todas    ellas    manifestaciones    de    su  inocencia15”.  Con  la  pretensión  de  probarlo  transcribió  distintos  apartes de la providencia y concluyó que lo que indica  la  prueba  es  su  ajeneidad  en  los  actos  que estaba protagonizando Quiroga  Téllez.   

Frente  a  este  testimonio, destacó que no  sirve  para  fundar  la  condena  pues  sólo  se  prueba  que  su  representada  constituyó   una   empresa   unipersonal   y  fungió  como  su  representante;  actividades  que  de  suyo  son inocuas para la justicia penal y que únicamente  cobraron  relevancia  jurídica  con  el  provecho  doloso que de tal plataforma  aprovechó   Quiroga   Téllez.   De  manera  que  al  condenar  a  Ordóñez  Castillo se está desconociendo  la   teoría   de   la   prohibición   de   regreso.   

Sostuvo    además    que   “ninguna  de  las  pruebas mencionadas por el sentenciador llevan  lógicamente  a  pensar  que  BLANCA  CECILIA ORDOÑEZ obrara por sí sola, o de  común  acuerdo con MIGUEL LEONIDAS QUIROGA TELLEZ, para convencer a la víctima  de  invertir  en  un  jugoso  negocio  de  producción y exportación de baba de  caracol.16”   

Señaló  que  si  algún  medio  probatorio  pudiera   generar  duda  sobre  la  colaboración  de  la  señora  Ordóñez   Castillo   en   la   conducta  ejecutada   por   Quiroga   Téllez,   esa  incertidumbre  debió  ser  resuelta  favorablemente  en  atención  al  artículo  7  del Código Procesal, porque el  Estado no logró quebrar la presunción de inocencia.   

Por  todo  lo  anterior  pidió,  se  case  parcialmente  la  sentencia  recurrida  y,  en  su  lugar,  se confirme el fallo  absolutorio.   

CONSIDERACIONES   

Las exigencias de la Casación.  

Acorde con lo previsto en el artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004,  el recurso de casación es un mecanismo de control  constitucional17  y  legal  que procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia, y que,  de  acuerdo  con  lo señalado en el artículo 180 del mismo ordenamiento, tiene  como   finalidad   (i)  la  efectividad  del  derecho  material,  (ii)   el   respeto   de   las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos   y   (iv)   la  unificación de la jurisprudencia.   

Por  dirigirse a cuestionar una sentencia de  segunda  instancia  es  imprescindible  que  la  demanda  contenga  un  discurso  ordenado,  claro,  lógico  y  racional,  a  través del cual con suficiencia se  planteen  los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento en que pudo incurrir el  fallador  y  se  resalte su trascendencia. Por manera que de no cumplir con esos  presupuestos, será inadmitida.   

La  Sala  no  dará  curso  a  la  demanda  presentada  en  esta  ocasión  porque  no  reúne los presupuestos exigidos, ni  cumple  con  las  exigencias  previstas  en  el  artículo  184  del  Código de  Procedimiento Penal del 2004.   

Primer cargo  (principal): nulidad por  incompleta motivación.   

Sea  lo primero recordar que la declaración  de  nulidad  constituye  un remedio extremo   para   sanear  la  estructura  del  proceso  o  salvaguardar  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales.  De ésta manera, quien  pretenda  la  anulación de la actuación, además de acreditar la existencia de  alguna  irregularidad  atendiendo  las taxativas causales de nulidad consagradas  en  el  artículo  306  del  Código  de  Procedimiento Penal, debe comprobar su  carácter  sustancial, pues no  cualquier   defecto   tiene   la   entidad  necesaria  para  atentar  contra  la  consistencia del proceso.   

Debe demostrarse, entonces, la relevancia del  vicio  en el resquebrajamiento de la actuación, de tal forma que la única ruta  posible  para  garantizar los derechos esenciales de las partes e intervinientes  y  restablecer  la plenitud de las formas propias del juicio sea la declaratoria  de  nulidad  como  mecanismo idóneo para obtener la realización de la justicia  material.   

Ahora bien, la motivación insuficiente de la  sentencia,  desconoce  a todas luces el debido proceso y amerita la declaratoria  de  nulidad  por  cuanto  un  fallo  condenatorio  cuya, fundamentación resulte  incompleta,  contraría  las  garantías  de los procesados quienes frente a tal  circunstancia  se  quedan  sin  saber  con  suficiencia  las razones que tuvo el  sentenciador  para  proferir el fallo condenatorio, y genera la imposibilidad de  atacarlo mediante los recursos que proceden en su contra.   

Ahora bien, cuando ese es el motivo escogido  para  atacar  el fallo es indispensable que el censor identifique cuáles fueron  los  asuntos  planteados en la apelación o inescindiblemente ligados a aquellos  que  no fueron resueltos de forma integral por el fallador, y cómo ese silencio  resquebraja  la  realidad  contenida en la sentencia porque las materias dejadas  de   considerar  o  insuficientemente  tratadas  resultan  trascendentales  para  resolver el problema jurídico concreto.   

Sin  embargo  la  demandante no cumplió con  tales  previsiones  pues  los  argumentos  con los cuales desarrolla el cargo no  satisfacen  los  presupuestos que permiten su admisión, toda vez que desconocen  los  principios  de  debida argumentación,  trascendencia y  autonomía   de las causales de casación.   

La  Sala  ha  dicho que: “los defectos  de  motivación de la sentencia,  como    efectos    invalidantes,    pueden   consistir   en:   i)   ausencia  absoluta  de motivación, que se  presenta  cuando  no  se  precisan  los  fundamentos  fácticos y jurídicos que  soportan  el  fallo;  ii)  motivación  incompleta  o  deficiente,    que   ocurre   cuando   la   precaria  sustentación  impide  saber  cuál  es el sustento de la decisión o no analiza  sus     fundamentos     fácticos     o     jurídicos;     iii)    motivación       equívoca,       ambigua,       dilógica       o  ambivalente,  cuando la providencia contiene conceptos  o  argumentos  que  se excluyen entre sí, de manera que finalmente se ignora el  sentido  de la motivación, o cuando las razones expuestas en la parte motiva no  explican   la   decisión   contenida  en  la  resolutiva;  y  iv)  motivación  sofística, aparente o falsa,  cuando  no  está  respaldada  en  la  verdad  probada en el proceso18”.   

También  ha  señalado la jurisprudencia la  forma   en   que   deben   ser   atacados   en   sede  de  casación19.   

Resulta  evidente  que el cargo no satisface  las  exigencias  puestas  de presente, pues a pesar de que la libelista orientó  el   reparo   por   la  incompleta  motivación  de  la  sentencia,  incurre  en  yerros    trascendentes    de    lógica,  como  quiera  que los defectos de motivación no pueden invocarse  de  manera simultánea, en la medida que algunos pueden ser excluyentes respecto  de  otros;  por ejemplo, una ausencia total de motivación se repele con una que  resulta equívoca dilógica o ambivalente.   

En  tal  sentido  la  libelista  critica  la  ausencia      de     motivación     en     la     sentencia     “sencillamente  porque  no  hay  ni  error  ni  acierto, sino que la  conclusión   está   del   todo   alejada  de  las  premisas  que  en  estricta  lógica deben preceder a un  remate  de  semejante  envergadura”,  pero  al mismo  tiempo   destaca   que   en  la  decisión  “Se  ha  evidenciado  así  la  existencia de un error in procedendo generador de nulidad  porque    la   motivación   de   la   condena   es   incompleta,   tales           posturas  resultan  contradictorias,  lo  que  lleva a quebrantar un  principio  básico  de  la  técnica casacional como es el de no contradicción.   

La Sala destaca que si la censura se encamina  por  motivación incompleta,  como  consecuencia de errores  en     la     apreciación    probatoria,   se  está  confundiendo  la  vía  de  ataque  porque  en tal caso lo que se pregona es una  falsa  motivación de la sentencia, que es diferente a la motivación incompleta  o   deficiente,   ya   que   aquella  –la  falsa  motivación- tiene lugar cuando  la   fundamentación   existe,  es  decir,  cuando  la  decisión  se  encuentra  formalmente  motivada  y  es inteligible, pero sin respaldo en la verdad probada  en   el   proceso,  caso  en  el  cual  se  erige  como  un  error  in  iudicando, susceptible de ser atacado  solo  por vía de las causales primera y tercera (violación directa e indirecta  de  la  ley  sustancial).  Tal  postura quebranta el principio de autonomía que  gobierna la casación.   

De manera que ante una postulación ilógica  del   vicio   acusado,   la   demandante  no  puede  edificar  una  debida  argumentación que resulte idónea  para  desvirtuar  la presunción de acierto y legalidad del fallo, y, por razón  del  principio de limitación,  esta  Corporación  no  puede  entrar  a  corregir  el  yerro  de argumentación  evidenciado.   

Aun  cuando  se  hiciera  caso  omiso de las  falencias  que se vienen de poner de presente, los argumentos que desarrollan el  cargo  se  muestran  no menos relevantes, puesto que, de una parte, no consultan  el  verdadero  contenido  y alcance de la sentencia impugnada y, por la otra, se  limitan  a recavar sobre inconsistencias que carecen de  trascendencia.   

Contrario a lo sugerido por la impugnante, la  Sala  encuentra  que  el  Tribunal  sí desarrolló el juicio del que derivó la  responsabilidad   de   Ordóñez  Castillo  y,  de  manera conjunta, dio respuesta a las inquietudes que ahora  plantea en esta sede.   

En  efecto,  el  fallador  de  segundo grado  rebatió  las razones que tuvo el Ad quem para   absolver   a   los   señores   Quiroga   Téllez   y  Ordóñez  Castillo   y,   a  través  de  un  razonamiento  que  involucró,  la  constatación  de la existencia de una transacción espuria, el  fundamento  de  la  materialidad del delito, la manera en que la conducta de los  procesados  se  hizo  evidente  y  el  consecuente  detrimento patrimonial de la  víctima,  llegó a la conclusión de que se encontraban reunidos los requisitos  para  elevar  un  juicio de responsabilidad. En el caso concreto de Ordóñez Castillo indicó:   

“Además  no  es  gratuito  que  aquél y  ORDOÑEZ  CASTILLO   se hayan sucedido en la representación de INVERSIONES  LA  FORTUNA,  tal  como  consta en los registros mercantiles que hacen parte del  proceso  y  con los que se acredita que para abril de 2007 la representación la  asumía  aquella  y  que  para  septiembre  de  ese  año  lo haya hecho QUIROGA  TELLEZ.   

Por   otra  parte,  es  significativa  la  información  suministrada por la victima en el sentido de que ORDOÑEZ CASTILLO  haya  hecho  traspaso de un inmueble para eludir responsabilidades patrimoniales  y  que  haya entrado en contacto con 5 personas más, dos de ellas identificadas  procesalmente  que corrieron la misma suerte que él20”   

Los razonamientos del sentenciador de segundo  grado  permiten  ver  a  las  claras los fundamentos que sirvieron de plataforma  para  revocar  el  fallo de primera instancia, razón por la cual el reproche de  la  casacionista,  no  consulta el verdadero contenido y alcance de la decisión  recurrida,   y   aquello   que   la   demandante  acusa  como  una  incompleta  motivación,  no  es  sino  la  manifestación   de  la  facultad  razonada  de  libre  apreciación  probatoria  que  le  asiste al Tribunal.   

La  censura  avanza  a través de argumentos  encaminados  a  demostrar  la  existencia  de  inconsistencias  que  en realidad  no  tienen  fundamento o son  intrascendentes    para  desvirtuar  las  pruebas  que  valoró  el  Tribunal  al  elevar  el  juicio  de  responsabilidad,  de  donde  se  concluye que los reparos formulados no muestran  sino  la  personal  apreciación probatoria  de  la  demandante  distinta  a  la  del  sentenciador,  reproches  admisibles en las instancias pero refractarios en casación.   

En           conclusión, los razonamientos con los que  la   casacionista   desarrolla  el  cargo  principal,  además  de  contradictorios,  carecen  de trascendencia  para  demostrar  el  yerro  pregonado, por lo que la demanda se habrá de inadmitir.   

Segundo   cargo   (subsidiario):  falso juicio de identidad   

La jurisprudencia de la Corte insistentemente  ha  sostenido  que  los  errores de hecho en la apreciación probatoria, que dan  lugar  a  configurar la causal tercera de casación, por violación indirecta de  la  ley  sustancial,  se  presentan  ante  el  manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y  apreciación  de las pruebas, a través del error de  hecho  (falsos  juicios  de  existencia,  identidad  y  raciocinio) y de derecho  (falsos juicios de legalidad y convicción).   

Cuando  la  censura  se orienta por el falso  juicio  de  identidad,  el  libelista debe indicar en concreto que dice el medio  probatorio,  qué  exactamente  dijo  el  juzgador,  cómo  se  le  tergiversó,  cercenó  o  adicionó  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se  establecen   de   él,  y  la  repercusión  definitiva  del  desacierto  en  el  fallo.   

Aunque  la  casacionista intenta cumplir con  esta  labor  al  identificar la prueba testimonial sobre la que habría recaído  el  yerro  efectuando  la  trascripción  de  algunos  de  sus  apartes  de  las  controvertidas  declaraciones,  omitió  identificar la valoración que de ellas  hizo  el  Tribunal  para  confrontar  su real contenido, poniendo de presente la  equivocación  del  juzgador  y  la  manera  en  que  ésta incidió en la norma  sustancial.   

En  el desarrollo de la censura se limitó a  oponer  el  dicho  de  los testigos con la pretensión de que se privilegien sus  apreciaciones  subjetivas  frente  a  tales  declaraciones, sin que demuestre de  qué  manera  se  falseó el contenido material de los elementos de convicción,  poniéndolos a decir lo que no dicen en su contexto.   

En  ese  orden, el desatino es patente, pues  aunque  sostiene  que  Edgar  Espinel  Medellín  no  se refirió para nada a la  conducta     de     Blanca     Cecilia    Ordóñez  Castillo, es claro que por parte alguna el Tribunal le  puso  a  decir  a  la prueba lo que el testigo no refirió. Por el contrario, su  valoración   le   permitió   establecer   al   fallador  :   “Existe  fundamento  para advertir que  el  contrato  de  25  de  enero  de  2007,  suscrito entre los representantes de  INVERSIONES  LA  FORTUNA  y  AGROSEL LTDA, no daba cuenta del surgimiento de una  relación  de  derecho  sustancial  verdaderamente existente pues no hay ningún  elemento  de  juicio que permita inferir la legitimidad de esa negociación. Por  ello  no  es  gratuito  el  cuidado  con  el que declara EDGAR ESPINEL MEDELLIN,  representante  de  la  segunda  de  tales  sociedades,  y  tampoco  que, como lo  evidenció  el  denunciante,  las  sedes  de éstas funcionen la una frente a la  otra21.”   

También acusa la sentencia de haber ignorado  apartes  importantes  de  la declaración de Andrés Octavio Cardozo Valderrama,  en   los  que  menciona  a  Blanca  Cecilia  Ordóñez  Castillo, siendo todas ellas  manifestaciones   a   favor   de  su  inocencia.  Para  sustentarlo,  en  forma  deshilvanada se limitó a realizar una trascripción de  su  dicho,  resaltando los aspectos que en su sentir se debieron valorar, con la  pretensión  de  que  la  Corte  se  convierta  en  una  instancia adicional que  privilegie sus deducciones.   

El desarrollo del cargo muestra el desacierto  de  su  enunciado,  como  que  la  defensa  acude,  en  táctica  propia  de las  instancias,  a  oponer  su forma de estimar el medio de prueba, pues el reproche  radica   exclusivamente   en  considerar  que  el  análisis  probatorio  debió  plantearse  como  ella  lo  deduce en contraposición con las conclusiones a las  que arribó el Tribunal.   

Nótese    como    la    libelista    se  limitó   a   parcelar  la  declaración   del   testigo  de  cargos  Andrés   Octavio   Cardozo  Valderrama,  para  concluir,  bajo  sus  particulares  consideraciones,  lo  que  debió  entender el Tribunal, cuando lo  cierto  es  que  los  falladores  al  valorar  su  testimonio extractaron lo que  consideraron relevante de su dicho:   

“Por  otra  parte  es  significativa  la  información  suministrada  por  la víctima en el sentido que ORDOÑEZ CASTILLO  haya  hecho  traspaso de un inmueble para eludir responsabilidades patrimoniales  y  que  haya entrado en contacto con 5 personas más, dos de ellas identificadas  procesalmente,    que   corrieron   la   misma   suerte   que   él.22”   

No  advierte  la  actora  que  los  apartes  aparentemente  excluidos  de  la declaración de Cardozo Valderrama, relativos a  que    el   contacto   con   la   señora   Ordóñez  Castillo fue posterior a la entrega que hizo aquél de  los  dineros,  en nada modifican su responsabilidad, ya que para el Tribunal tal  circunstancia  se ofrece irrelevante. Lo trascendente fue el escenario que junto  con  Quiroga  Téllez construyeron para inducir en error a la víctima y a otras  personas         por         razón         del        mismo        “contrato”;  así  como  su  intento fallido por evadir la obligación, cediendo –sin  ninguna explicación-  la  representación  legal  de  la  empresa y trasladando por esa  misma  época,  la  titularidad  de  su  finca  a  manos de terceros23.   

En el mismo cargo acusa la sentencia porque,  a  su  juicio,  “ninguna de las pruebas mencionadas  por  el  sentenciador  llevan  lógicamente a pensar que BLANCA CECILIA ORDOÑEZ  obrara  por  sí  sola  o  de común acuerdo con MIGUEL LEONIDAS QUIROGA TELLEZ,  para  convencer  a la víctima de invertir en un jugoso negocio de producción y  exportación      de     baba     de     caracol24”,  réplica  propia de las instancias pero inadmisible en casación.   

Una  vez más falla en su censura pues de un  lado,  si  lo  que  se  quebrantó fue una ley de la lógica, debía plantear el  reparo  por  vía  de un falso raciocinio; y, de otro lado, si consideró que de  “ninguna” de las pruebas  se  infiere  la  responsabilidad  de  su  representada,  omitió  cuestionar  la  totalidad  de  elementos  de  juicio  considerados  por  la sentencia de segunda  instancia,  sin  que  la cita que realiza sobre parte de la documental ingresada  al   juicio25  pueda  remplazar  el  deber que tenía de enunciar lo que de ellas  dijo  el  Tribunal para así estructurar el pretendido yerro en que se incurrió  en su apreciación y la trascendencia de aquel en el fallo.   

Si  lo  que  buscaba  era  que se absolviera  porque  no  se  acreditó el convencimiento mas allá de toda duda razonable, la  censura  debió postularse de manera separada, con la demostración, tratándose  de  la  falta  de  aplicación  del  artículo 7° de la Ley 906 de 2004, que el  Tribunal  tuvo  por  probada  la  existencia  de  la duda, a pesar de lo cual se  abstuvo de dar cabida a la disposición.   

Si por el contrario la queja estaba dirigida  a  señalar  que  las pruebas dilucidaban sólo dudas, lo lógico era cuestionar  el  proceso  de  estimación  judicial,  lo  que  debió  hacer  por  vía de la  violación  indirecta de la ley sustancial, señalando cuales fueron los errores  de   hecho   o   derecho   en  que  incurrió  el  Ad  quem  en  su  valoración26.   

De  manera  que  al argumentar de esta forma  abandonó  las obligaciones que se le imponían para probar la causal escogida y  pretendió  en  forma  equivocada  imponer  su  criterio  sobre el del Tribunal,  consideraciones que conducen a inadmitir la demanda.   

Finalmente, no resulta procedente darle curso  al  libelo  porque  tampoco se constata la existencia de causales ostensibles de  nulidad, ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos27:   

(ii)   La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

         (iii)   La   solicitud   de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público, a través de sus delegados para la casación penal, o ante  alguno  de  los Magistrados integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo  decida el demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede tener dos finalidades: la de  rebatir  los  argumentos  con  fundamento  en  los  cuales  la  Sala decidió no  seleccionar  la  demanda, o para demostrar por qué no empece las incorrecciones  del  libelo,  es  preciso  que la Corte haga uso de su facultad para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado discidente o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004,  esto  es  “mediante  comunicación escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  Blanca Cecilia Ordóñez Castillo.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ    LUIS   BARCELÓ  CAMACHO   

            

               JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO             

               SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

            

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS  

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

            

             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Nubia Yolanda Nova García   

Secretaria  

         

    

1 Cfr  fl 18 cuaderno 1   

2 Cfr.  fl 29 a 38 de la carpeta.   

3 Cfr  fl  35 y ss cuaderno 1. Posteriormente el Juzgado 35 se convirtió en el Juzgado  14 Penal del Circuito con funciones de Conocimiento de esta ciudad.   

4 Cfr  fl 50 cuaderno segunda instancia.   

5 Cfr.  fl 51 cuaderno del Tribunal.   

6 Cfr.  fl 58 ibídem   

7 Cfr.  fl 58 Ibídem   

8 Cfr.  fl 59 cuaderno del Tribunal.   

9 Cfr  fl 52,53, 54, 56 y 57 Ibídem   

10 Cfr.  fl 58 Ibídem.   

11 Cfr  fl 60 cuaderno del Tribunal. Así rotula su pretensión.   

12 Cfr  fl 60 Ibídem   

13  Consagrados  en los artículos 6, 9 y 12 de la ley 599 de 2000 y 6 y 7 de la Ley  906 de 2004   

14  Cfr. fl 62 cuaderno del Tribunal.   

15  Cfr. fl 63 Ibídem.   

16  Cfr. fl 70 Ibídem.   

17  Articulo      235     numeral     1     de     la  Constitución.   

18  Sentencia 20944 del 13 de octubre de 2004.   

19  Auto del 2 de diciembre de 2008, radicado 29822.   

20  Cfr. fl 34 cuaderno del Tribunal.   

21  Cfr. fl 33 cuaderno del Tribunal.   

22  Cfr. fl 34 cuaderno del Tribunal.   

23 Cfr  fl  61  del  cuaderno  del Tribunal  Al desarrollar el ataque cita en forma  incompleta  la reseña que  de  la  acusación  hizo el Tribunal en un acápite previo al capitulo en el que  realiza tanto la valoración probatoria como su responsabilidad.   

24  Cfr. fl 70 cuaderno del Tribunal.   

25 Cfr  fl 71 cuaderno del Tribunal.   

26  Como   cuando   al  enunciar  el  cargo  invocó  la  falta  de  aplicación  de  la  teoría de la prohibición de regreso, que supone  un análisis critico del proceso de valoración judicial.   

27  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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