35521(30-11-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35521  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado   Acta:  425.      

Bogotá,  D.  C, treinta (30) de noviembre de  dos mil once (2011).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada por el  defensor   de   WILLIAM   AMAYA   VILLOTA,    contra    el    fallo    proferido    por    el    Tribunal        de        Popayán1,  el  cual  revocó  la   sentencia  absolutoria  adoptada  por  el Juzgado Tercero Penal del  Circuito   de  la  misma  ciudad,  para  en  su  lugar  condenarlo a la pena de seis  (6)  años   tres  (3)    meses    de    prisión,  como  autor de  del  delito  de  concusión.   

H    E    C    H   O   S   

El   9   de  marzo  de  2005,  Luciano  Alzate  Rubiano,  presentó en la  Personería    Municipal    de    Popayán,    denuncia    contra   WILLIAM  AMAYA  VILLOTA,  por cuanto éste  arribó  al  hotel  Panorama  el  13  de  diciembre de 2004, donde él tenía su  oficina,  en  su  búsqueda, con el fin de informarle que le iban a rechazar los  permisos  para  el  uso  y  goce  del suelo de sus establecimientos públicos de  nombres  “Whiskería  El  Paraíso” y “Taberna los  Arrieros”.   

Por  tal  motivo,  el implicado le ofreció a  Luciano  Alzate  Rubiano, sus  servicios    profesionales   por   $2’000.000,  para  que  las  autorizaciones  que  estaba  esperando  no  tuvieran  ninguna  traba  en  la  oficina  de  Planeación  donde él trabajaba;  renegociaron  el  precio  anterior,  para  dejarlo  finalmente  en  la  suma  de  $800.000,  con el fin de entregarle al aquí quejoso los permisos; de los cuales  le  adelantó  ese mismo día, la suma de quinientos $500.000, con el fin de que  aquél  los  utilizara  para  agilizar  las  gestiones,  restando  un  saldo  de  $300.000;  mismos  que debían ser cancelados después de aprobados los permisos  señalados.    

Igualmente, se allegó a la investigación un  recibo  informal  de  pago por el valor acordado, el dinero que le entregó y el  que  aún le debía; documento al decir del denunciante, que fue elaborado tanto  por el inculpado como por él, en respaldo de sus compromisos.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.    El    16  de     febrero    de    2006,    la    Fiscalía  Seccional,  dictó resolución    de    acusación   contra  WILLIAM AMAYA VILLOTA, por el  punible  de  concusión.    

  2.  El  16  de  junio  de  2009,  el Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito Especializado de Popayán,  absolvió al inculpado por el  cargo imputado.   

3.  El  4  de  agosto  de 2010, El   Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  la  misma  ciudad,  revocó  la decisión recurrida por la Procuradora 156 Judicial II y, en su  lugar,  le  impuso  una sanción de seis (6) años tres  (3)  meses  de  prisión,  lo multó en cincuenta (50)  smlmv  e  inhabilitó  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  término  de cinco (5) años. Así mismo, le negó la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

4.   El   nuevo  defensor,   inconforme  con  la  decisión de segundo grado, la impugnó en  casación; libelo que hoy califica la Sala.   

D   E   M   A   N   D  A    

Bajo   la   égida   de   la   Ley   600   de  2000,  artículo  207,  el  libelista,  una  vez se refirió a los hechos, las partes (solo identificó a su  prohijado),  al  fallo recurrido y a la actuación procesal, atacó la sentencia  expedida   por   el  Juez  Colegiado,  en  diez  (10)  cargos;   mismos  que  se  resumen  de  la  siguiente  manera:    

1)  Nulidad.   

La  Procuraduría dejó de motivar el recurso  de  apelación  contra  el fallo absolutorio, como lo ordena el artículo 194 de  la   Ley   600   de   2000,   “Cuando  no  se  sustente el recurso se declarará  desierto”,  siendo  ello así, debe tenerse presente  que   “en  realidad  el  discurso  del  disenso  fue apenas de tres párrafos en veintitrés renglones…  el  resto  fue  un  resumen  de  los hechos y transcripción de un concepto suyo  rendido    en    otro    proceso    contra    el   mismo   sindicado”.   

Para apoyar su tesis citó un auto de la Sala  Civil  de  la  Corte  y luego indicó que no entendía como la representante del  Ministerio  Público realizó la argumentación en pocos renglones y para él lo  más  sorprendente  fue  que  el  Tribunal  aceptará unas explicaciones en esas  condiciones.   

La solución para el memorialista consiste en  que  se  case  el  fallo,  anulando  desde  el  auto que concedió la apelación  “incluida  la  sentencia  de segunda instancia… y  dictando  el  de  remplazo  manteniendo  incólume  la  sentencia absolutoria de  primera instancia”.   

2)  Nulidad.   

Una  vez  enumeró las actuaciones realizadas  por  la  Fiscalía,  tales  como  la  indagatoria,  la  situación jurídica, la  detención  preventiva  y la calificación del sumario, indicó que “no   hubo   sustentación   alguna”.   

Citó las sentencias C-774/01 y C-805/02 de la  Corte  Constitucional,  para  corroborar las pautas didácticas y los requisitos  que  se deben acopiar cuando se resuelve la situación jurídica. Para demostrar  sus   asertos,   trajo   a  colación  un  párrafo  de  la  decisión  por  él  cuestionada.   

Bajo esa perspectiva anunció que ilustraría  a  la  Sala  con  algunos  pasajes de un libro, escrito por él en el año 2003,  sobre  la detención preventiva y la libertad, en donde, acopla su pensamiento a  estándares  universales  en  atención  al  tema  tratado y deja al descubierto  algunos  postulados  que  se  deben  tener en cuenta al momento de intervenir el  derecho  de  locomoción,  como  los  de  excepcionalidad, proporcionalidad, fin  procesal de la privación de la libertad, entre otros.   

Igualmente,  se  refirió  a  las  reglas  de  Mallorca,  a  los  informes  de la Comisión Interamericana de derechos Humanos,  como  el  número  12  suscrito  en  el  año  de 1996 y la visita in loco a las  cárceles  colombianas,  la  cual  arribó a la conclusión, en relación con la  medida  preventiva,  que  debía  ser  excepcional  y  aplicada  a  casos  donde  existiera  una  “sospecha razonable”.   

En  el  párrafo  siguiente,  relacionó  las  Reglas  de  Tokio,  para  destacar  que  la  prisión  preventiva, es el último  recurso  al  que  debe  acudir  el procedimiento penal. Con idéntica finalidad,  habló  del  Manual de Normas Internacionales en Materia de Prisión Preventiva,  haciendo  énfasis  en  el  hecho  que  el acusado debería gozar de la libertad  hasta que se le venza en juicio.   

Finiquitó  esta  censura, sosteniendo que se  violentó  “el derecho de  defensa  del  sindicado  y se arrasó así el debido proceso, si la decisión se  hubiera  adoptado  en el momento procesal exigido por la ley y fuera debidamente  motivada  la  detención, el ejercicio de los recursos ordinarios habría podido  conjurar  el  desenlace de una afectación que resultó irreversible”  y,  a renglón seguido, aseguró que  su     mandante     vivió     un     “viacrucis  interminable” por continuas irregularidades, las que  identificó  como  la  negativa  de  la  Fiscalía  a  una  solicitud de nulidad  denegada “en un párrafo”.   

Remató   anunciando   que   “al  procesado  ni  a  la  defensa les  interesa   a   estas  alturas  que  la  honorable  Corte  anule  la  actuación,  sencillamente  que se sumen tantas inconsistencias e irregularidades cometidas y  determine   el   fallo  de  reemplazo  manteniendo  la  absolución  de  primera  instancia”, con base en el  artículo 217 de la Ley 600 de 2000.   

3) Falso juicio de identidad.   

Uno  de los fundamentos probatorios que tuvo  presente  el  Tribunal para condenar al ex  funcionario,  fue  el  hecho  que él le firmó al denunciante un  recibo  de  pago contentivo del sitio donde se creaba el documento y del número  del  celular;  este  medio  fue  atacado  por  el  censor,  por  cuanto,  en  su  sentir,  el  perito  nunca  dijo  que el implicado hubiese rubricado ese escrito, con lo cual, desfiguró el  medio, imprimiéndole unos efectos que no tiene.   

Con  base en el dictamen 04640 de julio 5 de  2005,  su prohijado no elaboró, ni “confeccionó el  documento  en las partes vertebrales, lo único que es  de  su autoría es el guarismo del documento de identificación y la abreviatura  de  Popayán”, grafía sin  ninguna  connotación  sobre  la responsabilidad de su  prohijado,   como   sí   lo   hizo   el   Tribunal,  edificándole una sentencia condenatoria en su contra.    

4)    Falso  raciocinio.   

Luego de precisar algunas pautas referidas al  sentido   aludido  y  de  traer  a  colación  varias  decisiones   de   esta  Sala  sobre  el  particular,  atacó el dictamen pericial, aduciendo que el acusado  le   comunicó   a   la   justicia   que  el  mentado  recibo  era  un   montaje,   pues  ningún  abogado  firmaría  un  escrito  que  lo auto incriminara; en la  diligencia  de  descargos  recibida  ante  la  Personería Municipal,  aseguró  su prohijado que la rúbrica  no  era  de él, sin embargo, aceptó que los números si se parecían, incluso,  aclaró  que  tiempo  atrás  realizó  negocios con el denunciante Luciano Alzate.   

En  la  audiencia  pública, en opinión del  memorialista,    se   le  interrogó   “de  forma  impropia”  respecto  a  la pericia grafológica que  según      ellos      lo      comprometía     en     el     delito;  sin que se  entendiera   que  ese  era  un  “aspecto tangencial”  del   documento;   motivo  por  el  cual,   su   prohijado  sostuvo  que  la  firma  no  era  la de  él  “y  que  algunos  rasgos  de  mis  números  de  cédula  por que (sic) no  son  todos  y  la  abreviatura  (Pop)  (sic)   pertenecen  a  la  mía”;        además,       agregó   el   hoy   condenado,   que  en  su  sentir  “se  valieron  de  algún  escrito de mi cédula en un papel para  montar   el   precitado  recibo”.     

Estos  argumentos,  le  indican  al  censor,  primero, que las reglas de  la  experiencia  enseñan  que  ninguna  persona  deja  ninguna  evidencia en su  contra,  aunado  a  lo  anterior, el denunciante, manifestó que el documento lo  hahía  confeccionado  el  implicado,  después,  en  ampliación  de  diligencia,  dijo  que él escribió  algunos  apartes pero “la  firma  del  documento y el número de la cédula y el lugar de la expedición de  la  cédula  corresponde  al  señor  WILLIAM  AMAYA.  Yo  elaboré el documento  delante  de  él  allí  en  el  Hotel  Panorama,  le  entregué  la plata… de  eso   se   dio   cuenta  una  secretaria   mía  o  sea  la  recepcionista  del  hotel  de  nombre  ROCIO  MENDOZA  (sic).  Yo  lo  elaboré  de  una  agenda  mía  de  donde  se  sacó  copia  para  llevar  a la  Personería…  y  lo  hice  para  asegurarme  o  hacer constar el dinero que le  había              dado”.     

La   aludida  testigo  no  reconoció  al  acriminado   en   la  audiencia,  contrario  a  lo  aseverado  por  ella  en  la  declaración   del   18   de   enero   de  2006,  cuando  sostuvo:  “me  di  cuenta  que  don LUCIANO le  contaba  la  plata  pero  no en qué cantidad y se la entregó a WILLIAM  la  contó  y  la  metió  en el  bolsillo    y    le   firmó   a   don   LUCIANO   en   una   agenda”,  que  se le puso de presente; sin  embargo,  no  afirmó  saber  si  ese documento fue el que le signó  el  implicado,  pero  de  lo  que sí  estuvo  segura  es  que  el  inculpado  sí firmó en la agenda del denunciante.   

Después  el  memorialista  transcribe otro  aparte   de   la   audiencia   pública   en   donde   la  testigo  Rocío   Mendoza,   informó   a   la  justicia,  que  su  patrón  sacó  la  agenda  de  la  habitación, hizo firmar  WILLIAM, también se dio  cuenta  que  estaba  contando  una  cantidad  de  dinero, no sabe cuánto, ellos  estaban como a dos metros  de    distancia    y    que    Luciano había elaborado el comprobante.   

Pero  no  fue capaz de reconocerlo, como lo  aceptó  en  la audiencia, porque según la testigo, ese día él llevaba puesto  un   casco,  no  lo  vio  bien  porque  estaba  ocupada en su trabajo. Para el  impugnante,  este solo hecho derriba toda la prueba de cargo, sin contar con las  innumerables   contradicciones  entre  el  denunciante  y  su  secretaria,  como  anunciar  que  recibió  llamadas  del  implicado y después no acordarse de las  mismas.   

Así  mismo,  trajo a colación otro aparte  del   testimonio   de   Rocío  Mendoza,  donde  expuso  que  el  día  de  los  hechos estaba lloviendo,  “y  como  este WILLIAM  fue  en  una moto se sentó a esperar allí que escampara y se estuvo allí como  unos  veinte minutos y ya se fue porque don LUCIANO luego de entregarle la plata  y    que    WILLIAM    le   firmara   se   entró   a   su   oficina”.   

Para el recurrente, se vulneraron las reglas  de  la  experiencia  que  enseñan:  “que  cuando  alguien llega a un sitio acordado previamente para la  celebración  de  un  negoció  (lícito o Ilícito), el motociclista se despoja  de la inconformidad de su  casco,   se  desestreza  (sic),  se  sienta, se  solaza,   con   mayor   razón   cuando   la   lluvia  le  impide  continuar  su  marcha”.   

A     renglón    seguido       sostuvo       que las damas se acuerdan mejor de los  rostros:  “aspecto que  las  mujeres rememoran mejor que los hombres según la cotidianidad lo demuestra  y  lo  predican  las  crónicas  científicas  actuales  en el sentido que ellas  tienen  mejor  memoria que los hombres”,   para   lo   cual   citó     un     estudio     publicado    por    la    Academia          Nacional      de      Ciencias  sobre  esta clase de procesos,  en    donde    se    determinó    que    “las    reacciones   naturales  de  las  mujeres  a  las  escenas  eran  mucho  más  activas  que  las de los  hombres”.   

No  entiende como, en estas circunstancias,  el  Tribunal  haya  expresado  que  la testigo Rocío  Mendoza, sea rigurosa en su relato, mismo catalogado  como  creíble  y  serio;  para  lo  cual, plasmó el memorialista, las       valoraciones  del  Juez  colegiado,  respecto  de  ella,  aseverando  que  la  declarante  no  quiso favorecer al denunciante, que  hizo      un      relato     detallado de los hechos, habló de la reunión  que  sostuvieron su jefe y el procesado, observó cuando le entregó el dinero A  WILLIAM     AMAYA  VILLOTA,  describió  cómo  estaba  vestido  y qué  portaba,  recordó  circunstancias vitales; entre otras motivaciones propias del  fallo   condenatorio,   resaltadas   por   el   jurista.     

La           segunda  hipótesis del recurrente, la  propuso  sobre  la  base  que  su  prohijado  pudo  ser  objeto  de “un   complot   por  parte  de  los  funcionarios  que  indebidamente  tramitaron  los permisos de los suelos… para  perjudicarlo  y haber puesto su número de cédula y la abreviatura ‘Pop’  en  el  documento  apócrifo para  perjudicarlo  como  lamentablemente ocurrió con un daño irreparable para él y  su               familia”.  Acto  seguido,  indicó  que  tales  apreciaciones   no  son  un  invento  “loable  del  casacionista”,   para  defender  a  su  prohijado,  como  sucedió  “en el  proceso  tramitado  contra el Contraalmirante Gabriel  Ernesto  Arango  Bacci”,  del cual transcribe varios apartes, con el ánimo de  mostrar  que  esa motivación se acopla en un todo al presente asunto, en tanto,  ninguna  persona  firmaría  una  autoincriminación, o plasmaría su huella con  tal finalidad.      

5) Falso raciocinio.   

Propuesto      por     “inferencias        que        desconocieron       la       duda  probatoria”,  contra  las valoraciones probatorias  realizadas  por  el Juez Colegiado, en tanto, el Juez  Colegiado,   le  brindó  credibilidad  a  un  grupo  testimonial,  que  lo  orientó  por  el  camino  de  la certeza, por ser medios  sólidos,  contundentes  e  imbatibles,  que demostraban que el aquí condenado,  tenía  pleno  conocimiento  de los permisos requeridos para la utilización del  suelo,  discernimiento que  lo llevó a buscar al denunciante.   

Para  apoyar  su  tesis, citó y  transcribió  diversos apartes          de         una  jurisprudencia2  sobre  el  limitado ejercicio de los  funcionarios     en     su     tarea     de     apreciar     las    pruebas,        donde        se  acreditan   -entre  varios  temas  allí   tratados-,   los  sentidos  de  ataque  propios   de  la  vía  indirecta  de  violación    de    la    ley,    previstos   dentro   de   la   causal  primera  de  casación, en la ley  600 de 2000.   

Lo   precedente,  para  indicar  que  las  contradicciones  e  inconsistencias  a  la  lógica,  le demostraban al Tribunal  “que    no    había    plena    prueba    para  condenar”     y  es  mejor –afirmó  el  demandante-, absolver a un  culpable que condenar a un inocente.   

Finalmente,  en  lo  que  concierne  a esta  censura,  transcribió  también  otra  decisión de  esta   Sala3  en  la  cual  se aplicó el postulado de in dubio pro reo, en un  tema de indicios.   

6) Falso raciocinio.   

Planteado  con  base  en  “una  testigo  que  jamás fue llamada a  declarar”     de  nombre   Jenny  Lucero  Muñoz,  empleada  del  denunciante,  que  el  ente  instructor  dejo  de  lado,  ni fue peticionada su práctica por la defensa sino  hasta  antes  de  la audiencia; “el Juzgado omitió  referirse   a   esa  petición  y  tampoco  la  decretó  de  oficio…  omisión que al parecer la Defensa  no      echó      de      menos”.    

En el siguiente párrafo el memorialista le  explicó  a  la  Sala,  por  qué  motivos  no  elevó  el  ataque por las otras  vertientes  de  la  vía  indirecta,  “porque  tal  vez  hubiera  mentido  impunemente  como  lo  hizo su  patrón   y  compañera  de  trabajo”,  o  quizás la nulidad; pero definitivamente el recurrente piensa  que   esa   “negligencia   oficial”    y   errores   de   la   defensa   técnica   de   la      época,      no  avalan  el  silencio  de  la  instancia superior, “porque  el  Tribunal no le mereció tampoco ninguna reflexión,  no  obstante  quedó  en el aire ese sinsabor equivalente a que el procesado sí  resultó  afectado por dicha falencia, situación que  desde  ahora  debe  serle  favorable  al aumentar la duda a su favor”;  por  tanto,  peticionó que se  absolviera a su prohijado  por  “la  sumatoria de  errores”  .   

7) Falso raciocinio.   

Elevado  por falencias en la inferencia  de la prueba pericial, por cuanto el Juez Plural generó  a  partir  de  ella el indicio de presencia del inculpado en el lugar de trabajo  del  denunciante, aduciendo que la instancia no había sopesado en su integridad  tal  medio  grafológico;  no obstante, en el fallo condenatorio se advierte una  contradicción  al  decir  que  la  grafología  no  era  una ciencia exacta, ni  consecuente  para arribar a una verdadera conclusión por la inexactitud alejada  de la precisión que requiere una responsabilidad penal.   

El dislate alegado, en su criterio, se hace  evidente, porque sin ese  rigor  probatorio  respecto  al  medio  aludido,  no  se  podía  condenar  a su  prohijado;   citó   y  transcribió     al     Tribunal     varias      veces,     en   especial   cuando   afirmó  que  el   recibo   quedó   en   manos  de  la  víctima  o          denunciante          “y  si  bien  en  grafología  no se  determinó  su  firma,  no  podemos  hacer una valoración aislada de la prueba,  porque  al  fin y al cabo, el denunciante tenía el documento donde constaba que  ya   le   había  entregado  quinientos  mil  pesos  al  delincuente”.   

Entonces  la  autoridad  de  segundo nivel,  tenía  que  haber  absuelto  a su mandante, por cuanto, el referido concepto no  era  prueba  de  convicción  y  la  Corte  tendrá  que enmendarlos, casando la  sentencia condenatoria.   

8) Falso raciocinio.   

Por   desconocimiento   de   “los  efectos  probatorios  de  la  ausencia  de  la  cadena  de  custodia”,  pues no se  tuvo  presente,  que  los  elementos materiales señalados, según el perito que  los   valoró,   arribaron   a   sus   manos   sin  el  registro  debido  de  cadena  de  custodia.  En Ley  600  de  2000  se debía  garantizar  la  autenticidad  de  los  mismos,  certificándose su originalidad,  conservación,  manejo  y  análisis;  como  ello  no  se  hizo,  tampoco, en su  criterio,   existe  un  documento  ni  prueba  que  lo  vincule  con  el  delito  de concusión, a tono con  lo   disciplinado   por  esta  Sala  en  el  proceso  de Arango Bacci,  según  reprodujo  algunos  otros  párrafos.      

9) Falso raciocinio.   

Elevado      por      “los  permisos,  denuncia  después  de concedidos y sospecha de  complot”   contra  el     procesado,  puesto que el dueño de los negocios indicó que él  no  le  cumplió  con  las  autorizaciones  y por eso acudió a la justicia; sin  embargo,  en  la  audiencia  el  defensor  insistió  en  que  él si los había  recibido,    pero    Luciano    Alzate,    dijo   no   acordarse   de   la   fecha   exacta.   

Las  resoluciones  104  y 105 de febrero de  2005,  formalizadas  por  la  Alcaldía de Popayán,  “mediante    las    cuales    y    sin  argumentación  alguna  le concedieron los permisos al señor  Luciano  Alzate  Rubiano por los establecimientos de  comercio   ‘Wiskería  Paraíso  y ‘Taberna Los  Arrieros”,  notificadas en forma personal al usuario el 28 de febrero y el 9  de   marzo  presentó  la  denuncia.  Acto  seguido,  afirmó  que  el  Tribunal  dejó  de  valorar  los  testimonios de Derly  Gutiérrez  Vidal (Jefe oficina  Asesora   de   Planeación   Nacional   de   Popayán)   y  el  de  Oscar        Felipe        Bravo  (Ingeniero).   

Por  lo  expuesto,  consideró  el  profesional  del  derecho,  que  la narración de los hechos  realizada  por  el  denunciante no puede ser creíble, en tanto, si el procesado  había  rechazado la viabilidad de tales permisos, no es de recibo que lo busque  para  hacer todo lo contrario en presencia de testigos y firmando como evidencia  en  su  contra  un  recibo. Si de verdad su mandante hubiese querido consumar el  delito  de  concusión, otras circunstancias, medirían su acción: “en  un  sitio  neutro,  sin  testigos  y  menos  delante de los  subalternos   de   su   contertulio”   y   jamás  habría     firmado  algún                  documento         “y  en  muy  poco tiempo sin tanta vuelta le habría llevado los  permisos  como prueba de  la  vuelta  y  para  recibir  el resto del dinero”.   

Según   el   denunciante  y  la  testigo  Rocío  las resoluciones  se  las  hicieron  llegar  a las oficinas del hotel; notificación que en sentir  del  libelista  “no es  normal,  no  es propio de la ortodoxia en las oficinas municipales… no habría  razón  por  lo tanto para  tanta           complacencia”.    

A  continuación  expuso que no le parecía  sensato  que  una  persona  como  su  prohijado,  con sus estudios, experiencia,  familia,  “fuera tan torpe como para entregarle la  suerte  a  su  verdugo  por  $500.000”,  con tanta  ingenuidad,  delante  de  testigos y suscribiendo un recibo como garantía de su  concusión.   

Su  mandante  ejerció  las  funciones (era  supervisor   de   la   oficina   asesora   de  planeación  municipal)  como  lo  demandaban  las  normas administrativas;  por  tal  motivo,  realizó  el  memorialista, un listado de sus  actividades  con  relación  a  los  actos aquí juzgados y transcribió algunos  preceptos4   

del  Acuerdo  06  de  2002  del  Concejo  Municipal  de  Popayán,  Plan  de  Ordenamiento  Territorial,  aclarando que el  14 de octubre de ese año  le  negaron  los permisos para el uso del suelo, para  luego  concluir,  que  el  procesado  “sí cumplió  debidamente   con   sus  funciones”;  vulnerándose  las  reglas  de  la  experiencia cuando después de  ejecutar      sus      quehaceres      buscara      al     denunciante     para     por    “una   suma   irrisoria  de  dinero”,  cometer  un  delito,  arruinando  su  vida  profesional.    

10) Falso juicio de existencia.   

Elevado por omisión probatoria en    relación    con   el   proceso  administrativo  de cara a los permisos de los suelos  y   respecto   a   la  declaración  del  Supervisor de la Oficina Asesora de Planeación de la Alcaldía  de   Popayán,   José  Antonio      Jaén      Urbano,     que       presentó       informe  positivo.   

El     relato     de     José  Antonio  Jaen  Urbano, dejado de  analizar  por  el  Tribunal, demuestra, en concepto del recurrente, “la  corrupción  espantosa  que se manejaba en esa dependencias  (sic)  de  la Alcaldía de Popayán, la narración puso de presente la comisión  de   delitos   de  falsedad  en  documento  público  al  haberse  alterado  los  originales”  de  algunas  solicitudes;  trafico de  influencias,  sin  que  le importara a la segunda instancia, pero sí condenó a  una  persona  inocente  y “víctima de ese mundo de  descomposición”.    

Prosiguió  el  libelista  escrutando  el  referido   testimonio  para  ampliar  los  comportamientos  punibles  anunciados  allí  y, como el denunciante por ese trabajo estaba  ofreciendo  $2’000.000  “dinero   que   recibieron   otros”    su    defendido,    al    final,   resultó   ser   el   chivo  expiatorio.   

Así  mismo,  afirmó que estuvo de acuerdo  con  los  alegatos  finales  previos  al fallo de primer grado, expuestos por el  Fiscal,  funcionario que peticionó la absolución de  su  hoy  defendido,  por  las  inmensas dudas  percibidas  por él en  el  plenario, por tanto, estimó el  censor,  que  si  el  Tribunal  hubiera  analizado  el  testimonio de marras, su  decisión  hubiese sido contraria a la condena que le  impuso.   

Finalmente,      solicitó  casar la sentencia recurrida y en  su  lugar dictar fallo de remplazo absolviendo del cargo imputado a su mandante.   

N  O         R             E             C             U             R             R             E             N             T             E   

La  Procuradora  156     Judicial     II     Penal,    mismo  sujeto procesal que recurrió      la     absolución        decretada   a  favor  de  WILLIAM    AMAYA    VILLOTA,   logró  decisión        de        condena,   por   parte  del  Tribunal,  contra  el  enjuiciado  aludido,   conforme  al  delito   imputado;  y,  ahora,   en   sede   extraordinaria,   insta  e invita a la Sala para que admita el recurso de casación,  pues  en  su particular y exclusivo criterio, consideró que la demanda cumplía  los  requisitos  de ley para tales fines; así remató su petición:   

… el  Ministerio  Público,  estima  que  el  demandante  le  asiste  interés  jurídico y tiene legitimación para interponer el recurso, además la  demanda,  salvo mejor criterio, reúne los requisitos establecidos en el Código  de  Procedimiento  Penal…  vigente para la fecha de los hechos, para que pueda  ser  ADMITIDA5.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  La Corte  advierte que los ataques formulados  contra   la   sentencia   de   segundo   nivel   expedida  por  el  Tribunal   de  Popayán,  no  reúnen  los  mínimos  presupuestos  de  coherencia  y lógica-argumentativa descritos por la  jurisprudencia  para  admitir la demanda, pues si bien alegó el profesional del  derecho   en   nombre   del  inculpado  WILLIAM  AMAYA  VILLOTA,      (diez  cargos),  discriminados  en  dos  nulidades,  un falso  juicio  de  existencia,  un falso juicio de identidad y seis falsos raciocinios,  propios  –éstos últimos-  de  la  vía  indirecta de violación de la ley sustancial como punto de partida  para  lograr  su  infirmación; en el desarrollo y demostración de las censuras  incurrió  el defensor en graves, múltiples y exacerbadas falencias, las cuales  atentan   contra   la  filosofía  que  inspira  el  recurso  extraordinario  de  casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  los  reproches  como  nueva ruta para confeccionar escritos de libre  importe  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó la recurrente.    

3.  Por  otro lado,  resulta  exótico  y  extraño  a  sus funciones, que la Procuradora Judicial de  Popayán,     Maribell    Luna    Geller,  haya  presentado concepto invitando a la Corte para que admita la  demanda,   sin   adentrarse   en  la  temática  jurídica  propia  del  recurso  extraordinario,  obviando  mínimos  presupuestos  de  lógica  argumentativa  y  generándole  expectativas  al  sujeto  procesal  recurrente,  cuando  -como  se  verá-,  no  las  tiene; e incluso, sin ningún interés jurídico para ello, en  tanto,  fue  por la apelación suscrita por la misma funcionaria, que se generó  la revocatoria del fallo absolutorio.   

4. Como metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio  del  libelo  en bloque, estableciendo aquellos  puntos  más preponderantes, a fin de determinar de manera precisa los desatinos  de  mayor  impacto, con el objeto de brindarle al jurista suficiente claridad en  torno a los dislates presentados en su inconformidad.    

5.  Son  múltiples  y  complejos los yerros detectados en la demanda.   

5.1.  Nulidad.   

Los fallos de instancia pueden ser censurados  por    nulidad   en   sede  extraordinaria  en  atención  a  la  transgresión  del  debido  proceso  y  el  menoscabo    al    derecho    de   defensa,   en   punto   a   su   motivación,    en    cuatro   sentidos:   

i) Por ausencia  absoluta  en virtud de ella, las  instancias    omiten    pormenorizar    por    completo    la    fundamentación  fáctica-jurídica de la sentencia.   

ii) Por deficiencias  parciales  de los necesarios  elementos   probatorios  y  normativos,  los  que  al  desconocerse,  tornan  la  decisión       precaria,       insuficiente       e      incompleta,   

iii)    Por  ambigua  argumentación,  la  cual  se  traduce, en contradictoria, equívoca, confusa, ambivalente, dilógica  e  imprecisa,  razón principal para que colapsen sus proposiciones al revelarse  incoherentes,    excluyentes   e   ininteligibles6.   

iv) Por sofística   sustentación,  circunstancia  que  se  presenta  cuando de  verdad   existe   fundamentación   pero   los   argumentos  expuestos  por  los  funcionarios  que  administran  justicia,  fueron  sopesados  contra  la  verdad  probada         en         el        proceso7.   

Primero: el dislate  del  recurrente  es  mayúsculo  por cuanto no atacó el fallo de segundo nivel,  como  era  su  deber  jurídico  y  esencia  del  recurso de casación; además,  limitó  su  discurrir  en  punto  del  recurso  de  apelación  suscrito por la  representante  de  la sociedad de Popayán y sobre el proveído que le resolvió  la  situación  jurídica  a  su  hoy  prohijado,  con  lo cual su desacierto se  complementa,  aún  más,  con  su insustancial arremetida al exhibir en las dos  nulidades  propuestas  por  la  misma  línea,  falencias de motivación como si  fuese  un  escrito  de libre factura, obviando las pautas descritas desde tiempo  atrás por la jurisprudencia.   

Segundo:  Trajo  a  colación    su   libro,   escrito   –según  expresó-,  sobre  la  libertad  y la detención preventiva;  habló  de  las  Reglas  de Mallorca como de Tokio y de algunas decisiones de la  Comisión   Interamericana   de   Derechos   Humanos   que   dan  cuenta  de  la  excepcionalidad  para  interferir  en el derecho de locomoción por parte de los  Estados  y, ser admitida, solo en casos de “sospecha  razonable”.    

Tercero: a más de  ser   concedida   la   demanda   en   sede   extraordinaria   como   un  alegato  indeterminado,  confuso  y  genérico,  se  quedó  el  memorialista  exclusivamente en la presentación del  supuesto  problema  jurídico,  sin  comunicarle  a  la  Sala,  por  qué motivo  aplicaban  al  caso  los  instrumentos  internacionales  por  él señalados, en  dónde  se  ubicaba  la  falencia  con  relación  a  su  pupilo,  cuál  fue la  actuación  contraria  realizada  por  los  funcionarios  respecto  al  concepto  de    “sospecha   razonable”   y  cuáles  eran  los  correctivos que pretendía se ordenaran; esto  pues,  de  haberla  elevado  por  algún otro sentido de ataque, pues la nulidad  impetrada,  en nada opaca la actuación de la instancia superior y menos tenían  la  virtualidad  de  hacerlo  con  la  decisión  tomada  por  la  fiscal que le  resolvió la situación jurídica a su mandante.    

Cuarto: como es de  simple  lógica,  la acometida en casación debe circunscribirse al fallo objeto  de  censura,  pues  en todos los sentidos dispuestos por la ley para tal efecto,  es  allí donde al inicio o final (nulidades, vía directa e indirecta) concurre  cualquier  discurso  que  pretenda una decisión diversa; sin que sea de recibo,  alegar  una nulidad por alguna de las hipótesis de falta de motivación, que no  germine,  nazca  o concluya en la sentencia cuestionada: concepto dejado de lado  por el libelista.   

Quinto:  por  otra  parte,    con    tal    actuación,   el   actor   violentó   el   principio  de  no  contradicción, toda vez  que  la motivación plasmada en la demanda debe guardar una unidad conceptual de  tal  modo  que  en  una  misma  línea hermenéutica, no es lógico afirmar   y   a   la   vez   negar   alguna   circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso  -como  en el caso en estudio-, pues  aseveró   que   el   escrito  de  apelación  elaborado  por  la  Procuraduría  “fue  apenas  de  tres  párrafos  en  veintitrés  renglones… el resto fue un resumen de los hechos y  transcripción  de  un  concepto  suyo  rendido  en otro proceso contra el mismo  sindicado   en  las  páginas  3  a  8”,   motivo   por  el  cual,  afirmó,  se  infringió  el  artículo  194  de  la Ley 600 de 2000,  que  transcribió sin entrever su contenido: “Cuando  no  se  sustente el recurso  se  declarará  desierto,  mediante  providencia de sustentación”,  aquí  como  el mismo memorialista lo aceptó si hubo motivación  de     “disenso8; por otro lado, en el apartado  final  de  esta  censura,  sostuvo que no le interesaba a él ni a su defendido,  ninguna  declaración de nulidad, en franca oposición a toda su arremetida que,  precisamente, fue construida con ese exclusivo fin.   

   

5.2.  Falso  juicio  de identidad.   

Este  yerro  debe  ser  motivado teniendo en  cuenta,    precisamente,    la   identidad   de   las  pruebas;        las       que       –por  esta  vía-  pueden  socavarse de  tres  formas distintas e incompatibles: a) por   falso   juicio   de  identidad  por  tergiversación,  al  cambiarle el juzgador el sentido literal al medio probatorio,  b)  falso juicio de identidad  por  adición, consistente  en  que  se  le  añade  a la prueba aspectos fácticos no comprendidos en ella,  c)  falso juicio de identidad  por             cercenamiento,               exteriorizándose  cuando  se exime del contexto probatorio hechos o  circunstancias      esenciales     –incluidos  ,  como es obvio, objetivamente en el medio- que al haber  sido suprimidos, desquician la decisión del juzgador.   

En las tres modalidades se muda textualmente  la  prueba  para  ponerla a decir lo que ella, en su propia naturaleza no dice o  enuncia;  vicio  que conlleva a la declaratoria de una verdad fáctica diversa a  la  revelada por los juzgadores; este supuesto fue olvidado por el actor en toda  su  amplitud,  pues no se trata de extraer conjeturas con el fin de constatar un  desatino  judicial  sino  demostrarle  a  la  judicatura  el  error en su exacta  dimensión objetiva, para luego explicitar la trascendencia.   

Indicó el libelista que el Tribunal dio por  sentado  que  su  mandante  signó  el  recibo  de  pago, para responsabilizarlo  penalmente  del  delito de concusión, cuando lo que se precisó en las páginas  finales   del   fallo   condenatorio,   desde  luego,  fue  todo  lo  contrario:   

Otro aspecto, es el concerniente a la prueba  documental.  El  juez  de  primera  instancia deduce, a partir del informe de la  experticia  grafológica  allegada al sumario, que el procesado no participó en  la  elaboración  del  texto  manuscrito  que  conforma el lleno del recibo, sin  tomar  en  consideración  la  conclusión  del estudio en su integridad, que de  haberse  llevado  a  cabo  le  habría conducido a deducir inequívocamente que,  si  bien  WILLIAM  AMAYA VILLOTA, no participó en la  confección  de  la  totalidad  del  documento,  el  hecho  de que en los trazos  grafológicos  correspondientes  a  los  dígitos  de  la  cédula  de  la (sic)  ciudadanía  No.  76.305.994  y  la  abreviatura  del lugar de expedición de la  misma,  se  hubiesen encontrado analogías con relación a las muestras patrones  del  precitado,  nos coloca frente a un indicio de presencia del encartado en el  sitio     de     trabajo     del     denunciante9.   

Sexto: el recurrente  se  alejó ostensiblemente de las pautas que rigen esta clase de ataque, a pesar  que  citó  algunas  decisiones  de  esta  Sala  en  las  que se exponen algunos  criterios orientadores.   

          5.3.  Falso  juicio de existencia.   

Séptimo: Un nuevo  yerro  es  detectado  en  el  libelo,  pues  el  profesional del derecho olvidó  sustentar  la demanda como lo tiene establecido la jurisprudencia desde antaño,  en   punto  de  este  ataque,  el  cual,  debió  ser  elevado  en  atención  a  específicos  patrones,  sin  ellos,  la  censura  se muda en un alegato ligero,  general   y   espontáneo,  de  ningún  recibo  en  sede  extraordinaria.    

El   error  de  hecho  aludido,  se presenta cuando los juzgadores omiten  apreciar  un  determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al proceso o  suponen   uno,  que  por  el  contrario,  no  fue  válidamente  incorporado  al  expediente  y,  en esas condiciones, fundamentan la decisión de responsabilidad  penal   o   inocencia.   Siendo   ello   así  es  imprescindible:  (i)   determinar   la  prueba  dejada  de  apreciar   o   imaginada   por   los   funcionarios  que  administran  justicia,  (ii)   sopesarla   en   su  integridad,  sin fraccionarla  o  limitar su contexto hermenéutico, (iii)  sopesarla  en cuanto a su convergencia o divergencia junto con los  demás    medios   probatorios   y   (iv)  acreditar  la  trascendencia  del  daño expresando los motivos de  manera  objetiva del por qué la ausencia de valoración de ese medio de prueba,  presentada  como tal o aquella objeto de fantasía, incidieron de forma decisiva  en el sentido del fallo.   

Esta  censura  fue  presentada por  omisión  probatoria del  proceso administrativo sobre el estudio de los suelos como de  la    declaración    de    José   Antonio   Jaén  Urbano  (Supervisor de la  Oficina  Asesora  de  Planeación); sin mencionar el  memorialista  a cuáles de los medios mencionados les  asignó   consecuencias   definitivas   para   remover   la  decisión  atacada;  simplemente        optó        –retomando  las  palabras  del declarante- por relatar la galopante  corrupción  de  la  Alcaldía  de  Popayán  y  se  lamentó  que  al    Tribunal    no    le    importara   nada   sobre    lo   narrado   por   aquél.   

Y  respecto  a  las  diligencias que debió  analizar,  jamás expresó el jurista qué pretendía demostrar con ese  ataque,  ni  se  percató  que  la  segunda   instancia,   sí  observó  la  actuación  traída  a  colación  por  él,   para   de  ahí  concluir  que la primera instancia se equivocó en su  juicio,  cuando  expresó  el  Tribunal: “La prueba  hay  que  mirarla  en  el  contexto,  esto  es,  de manera global”;  en otras palabras, aunque no se haya  hecho  mención  expresa  de  la  prueba  ella quedó  comprendida    en    su    valoración.   

   

5.4. Falso raciocinio.   

No se percató el libelista, por ejemplo, que  el  yerro  aludido  con sólo enunciarlo no suple la debida argumentación ni se  entiende  vulnerada  la  ley  sustancial; además de ello, es su deber constatar  que  los  medios  probatorios  allegados al proceso legalmente, al ser sopesados  por  los funcionarios judiciales en su precisa dimensión fáctica, le asignaron  un  mérito  persuasivo jamás confrontado en la demanda, pues solo realizó una  creación  subjetiva  e  individual  con  el  fin  de  resolver  el  caso  a  su  favor.    

   

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  demandante  determinar:  a)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   b)  qué  infirió  de  él  el  juzgador,  c) cuál valor persuasivo le  fue  otorgado,  d) enseñar la  regla  de  la  lógica omitida o apropiada al caso y, en último lugar, señalar  la  máxima  de la experiencia que debió valorarse, si hay lugar a ello en cada  caso,  con  el  objetivo  de probar que el fallo motivo de impugnación tuvo que  ser     sustancialmente     opuesto     como     se     pretende     por    vía  extraordinaria.   

Por   último,  es  deber  intelectual  del  profesional  del  derecho mostrar cuál es el aporte científico correcto y, por  supuesto,   la   trascendencia  del  error,  para  lo  cual  tiene  que  presentar un nuevo panorama fáctico,  contrario  al  declarado  en  instancias;  el  defensor  olvidó desarrollar las  seis  censuras  elevadas por  falso raciocinio como lo tiene establecido la jurisprudencia.   

Octavo:   Los  seis ataques se responderán  en bloque, con base en los siguientes presupuestos:   

1)  Expuso  tres  reglas de la experiencia, que  en su criterio fueron violentadas por la instancia superior:   

Una,  aseguró  que  ningún  abogado  firmaría  un  documento  auto  incriminatorio;  sin  embargo,  ignoró  que  en  el caso de estudio se determinó que él no lo signó sino que  plasmó  su  número de cédula y la abreviatura (Pop); elementos reconocidos en  el  dictamen  grafológico  como  de  su  autoria y, entre otras cosas, también  aceptado  por el inculpado; entonces, su reflexión se cae de su peso; amén que  con solo proponerla no se refuta cierta.   

Dos, si una persona  va    a    realizar    un    “negocio   licito   o  ilícito”  y  llega  a  la reunión con “casco”,  se  lo quita, se sienta, se  solaza,  se “desestreza”;  proposición  que  jamás  demostró, ni informó por qué en todos los casos el  sujeto  con  “casco” deba  quitárselo,  mucho  menos, se verifica esa situación cuando la negociación es  ilegal  –como en el caso en  estudio-;  incluso,  por qué ha de sentirse tan satisfecho como si estuviese en  un  salón  de  descanso  en  plena  transacción  ilícita,  si  quizás el que  delinque  está mas nervioso y, justamente, por eso, quiere ocultar –a       toda       costa-      su  identidad.   

Tres, afirmó que las  mujeres   tienen   mejor   “memoria”  que  los  hombres,  según  un estudio de la Academias Nacional de  Ciencias,  documento  del que transcribió un aparte y, contrario a lo sostenido  por   él,   allí   se   dice   todo   lo   inverso:   las  damas  reaccionan   más  activamente  que  los  hombres,     en     donde     equipara    los    conceptos    de    “memoria”      y     reacción,  sin  explicar  por qué en su  concepto  los asimila a sinónimos; por un lado, si con esa aserción pretendía  demostrar       contradicción       de       la       testigo      Rocío             Mendoza,      al      sostener    que   ella   identificó  plenamente    al   aquí   condenado   en  la  instrucción  y  en  el juicio  no;  su  ataque  se  quedó en el vacío pues lo que  expresó    el    Tribunal    y   ella   sostuvo   fue   diverso,   pues jamás  se   retractó   de  su  testimonio  anterior  sino  que  como lo evidenció la magistratura, le fue más  difícil              reconocerlo  por  el  casco  que  no  se  lo  quitó,  pero  en  su  relato  se refiere a él como  WILLIAM.   

2) Sin explicar nada  sustancial  indicó que con base en inferencias la instancia desconoció la duda  a  favor  de  su  prohijado,  pero  lo  que  dejó  en el tintero es por qué el  Tribunal  no podía realizar razonamientos lógicos con fundamento en los demás  medios  probatorios  y  en  qué  medida  las  contradicciones e inconsistencias  advertidas  por  él, cambiarían el sentido del fallo condenatorio.     

3)   Ese   nuevo  falso  raciocinio  lo  hizo  consistir  en  el hecho de la no comparecencia de Jenny  Lucero  Muñoz, también secretaria del denunciante, a  quien  supuestamente  le  constaba lo ocurrido; proyectándole, en principio, el  censor,  la  culpa  al  defensor  de la época y luego a los funcionarios por no  practicarla;  sin  embargo,  advirtió que este cargo no lo presentó por alguna  otra  vía  de  ataque  porque ella “hubiera mentido  impunemente    como    lo    hizo    su    patrón     y    compañera   de  trabajo”.     

Aquí como es costumbre del impugnante en sede  extraordinaria,   se   alejó   ostensiblemente   de  los  presupuestos  lógico  argumentativos  que  requiere  una  embestida de este calibre y dejó de lado la  violación    al    principio    de   investigación  integral, que era la ruta más eficaz para acercarse a  su pretensión.   

4)  Confrontó  el indicio de presencia en el  lugar  de  los  hechos  inferido  por  el  Juez  Plural, con aquella valoración  plasmada   en   la   sentencia  que  le  restó  poder  persuasivo  al  dictamen  grafológico  pero  –a su  turno-  con  él  lo  condena;  sin  embargo,  no advirtió el demandante que la  magistratura  también  expuso  que  el  referido  concepto no lo podía estimar  aisladamente,  sino  en conjunto, con los otros medios que consolidaron la   responsabilidad penal atribuida a su prohijado.   

5) El recibo aportado  por  el  denunciante,  lo  atacó  por cuanto no cumplió la cadena de custodia,  trayendo  a  colación grandes apartes del caso del Contraalmirante Gabriel  Ernesto  Arango Bacci; proceso que  sostuvo,  era  idéntico  al  aquí  juzgado,  con  los mismos yerros, errores e  infortunios  judiciales, motivo por el cual, debía seguir la misma suerte final  que su mandante: absuelto.   

No se percató que en el fallo condenatorio se  plasmó  que  el  recibo  de  pago  era  un  documento  informal allegado por el  denunciante  y,  menos  aún, precisó cómo una actuación se puede resolver de  forma  idéntica  que  otra,  en  tanto,  los  hechos  y  pruebas los dos casos,  difieren  sustancialmente,  por  ejemplo,  con  la  declaración  de  la testigo  directa  Rocío  Mendoza, la  aceptación  del  inculpado  al  confirmar  que  en  el documento cuestionado si  aparecían  algunas  de  sus  grafías,  el  dinero  que  ella  vio cuando se lo  entregó  su  jefe,  entre  otras circunstancias que originaron la decisión hoy  atacada.   

6)   La  última  censura,  la  motivó  por  los permisos de los suelos, la denuncia y el complot  que  le  hicieron  algunas  personas  a su protegido jurídico; combinado con el  hecho   que   el   Tribunal   no   valoró   los   testimonios  de  Derly   Gutiérrez  Vidal  y  Oscar Felipe Bravo.   

Aquí las falencias como en los otros reparos  son  múltiples,  pues el dislate se identifica con la evidente vulneración del  postulado  de  autonomía que  rige  el  recurso  de  casación  al  sustentar  el recurrente en un mismo texto  argumentativo  un  falso juicio de existencia con el falso raciocinio,  por  tal  razón,  la  motivación  se  muestra confusa, vaga e imprecisa, dejando de  contera,    sin    ilación    la   censura.         

5.5.   Errores  comunes a todos los ataques:   

Noveno:  este desafuero identifica el escrito con  un  cúmulo  de  suposiciones, conjeturas, presunciones e hipótesis alejadas de  una  verdadera  sustentación  en sede extraordinaria, como cuando, verbigracia,  indicó  que: (i) su prohijado  vivió  un  viacrucis, (ii) no  le   importo   al   Tribunal   la  pluralidad  de  delitos  mencionados  por  el  declarante  José  Antonio  Jaén  Urbano,   (iii)   su  mandante  fue “víctima de  un   mundo   de  descomposición”,  (iv)  en  la  audiencia  pública  se  lo  interrogó de forma impropia,  (v) las grafías halladas en  el  recibo  de  pago  entregado  por el denunciante a la justicia, es un aspecto  tangencial  sin  ninguna  relevancia  jurídica, (viii)  su      protegido      jurídico      “pudo  ser  objeto de un complot por parte de funcionarios que si  se      dedican      a      estas      labores     ilegales”,     (ix)   al   hoy   condenado  lo  querían  perjudicar  por  eso  escribieron  el número de su cédula de ciudadanía en el  recibo    como    la    abreviatura    de    Popayán   (Pop)   y   x) si su mandante hubiera querido consumar  el  delito,  tendría  a  la  mano  otros  procedimientos como buscarse un sitio  neutral,  sin  testigos,  le  hubiese  llevado  todos  los  permisos debidamente  diligenciados y, por supuesto, recibido el dinero.     

Como  se puede apreciar son innumerables los  desatinos  del  demandante,  al presentar como argumentos opiniones subjetivas y  abstractas  sin  ninguna  posibilidad  de  transformar  el  fondo  del asunto de  acuerdo  a sus pretensiones. La Sala tiene el deber jurídico de recordar que en  temas  de  casación  ningún  supuesto de hecho o de derecho puede ser abordado  desconociendo  la  ley  y  los  presupuestos  jurisprudenciales  que  la  vienen  desarrollando,  pues  hacerlo  así desquicia el sentido, existencia y finalidad  del  recurso  extraordinario,  precisamente,  porque  en  los  postulados que lo  rigen,  se  encuentran  los  de  claridad,  taxatividad, coherencia, precisión,  objetividad,  transcendencia, entre otros, los cuales, fueron ignorados en forma  absoluta por el censor.   

Décimo:  un nuevo desatino tiene que ver con  el    principio   de   trascendencia,   puesto  que  a través de él, se  constata  la  importancia,  lesividad  y  gravedad  del  error denunciado. No es factible, por  ende,   repetir  o transcribir iguales formulaciones jurídicas tanto en la  motivación  del  cargo como en el apartado destinado a la misma: con el primero  la  violación  a  la ley sustancial se identifica, detecta y se acopla a lo que  debió  ser y no se hizo; bajo el segundo rasero, el yerro alegado se demuestra,  verifica  y  constata  señalando  en  forma  concreta  el  efecto perjudicial y  dañino  de  éste  en la decisión atacada; por tanto, el axioma en estudio, no  fue  ni  enunciado  por  el  defensor, con lo cual, toda su arremetida contra la  sentencia de segunda instancia es insustancial y efímera.    

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los juzgadores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los   postulados   del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica” por si misma tenga como fin  enervar  los  derechos  adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales, ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto   casacional;   circunstancia   por   la  cual,  la  Corte  inadmitirá  el libelo presentado por el  defensor   a   nombre   de  WILLIAM        AMAYA        VILLOTA.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero: inadmitir  la     demanda    de    casación    presentada  a  nombre  de WILLIAM  AMAYA  VILLOTA,  en  virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:  contra  la presente decisión no procede  recurso alguno.   

Tercero:             cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER       ZAPATA   ORTIZ   

                    

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                              JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                            AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    Comisión de servicio   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                                                    JULIO           ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA                                                                                                    

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

                            Secretaria   

    

1 Las  decisiones  de  primera  y  segunda  instancia fueron signadas el 16  de  junio  de 2009 y el 4 de agosto de  2010, respectivamente.   

2  C.S.J., radicado 32.863 de 3 de febrero de 2010.   

3  Radicado 28.267 de 3 de diciembre de 2009.   

4  Entre  otros,  también  se  refirió a los siguientes cánones administrativos:  61, 67, 69, 88, 90, 94, 95, 259 y 260.   

5 Ver  folio 95, c.o., Tribunal.   

6  Este  último  vicio,  es un yerro de juicio, luego debe demostrarse por la ruta  de la causal primera, cuerpo segundo.   

7  Corte  Suprema  de  Justicia,  mismo  sentido  en  los  radicados:  20.756    (22-5-03),    17.738    (31-3-04),    28.880   (20-2-08)   y   26.818 (19-2-09).   

8  Como  también  respecto  de  su otro ataque promovido contra la providencia que  resolvió    la   situación   jurídica,   el   cual,   contiene   las   mismas  falencias.   

9 Ver  folio 15, ibídem.     

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