34986(02-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34986  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta N° 028  

Bogotá, D. C., dos (2) de febrero de dos mil  once (2011).   

VISTOS:  

          Decide  la  Sala  sobre  la  procedencia  del  recurso  de casación  interpuesto   por  el  defensor  de  la  condenada,  doctora  Amparo  Rodríguez  Fernández,  contra  la sentencia de segunda instancia proferida por la Corte el  14 de diciembre de 2010.   

ANTECEDENTES:  

          1.   Mediante  sentencia  de  primera  instancia  del  8  de  junio  de  2010  la  Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Popayán condenó a la doctora Amparo Rodríguez Fernández, en su  condición  de Juez Segunda Laboral del Circuito de la misma ciudad, como autora  responsable  de  los delitos de prevaricato por acción y peculado culposo a las  penas  principales de 3 años de prisión, multa de 50 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  un  mil  pesos  e  interdicción de derechos y funciones  públicas,  esta  última  por  un  lapso  idéntico  al  de  la privativa de la  libertad.   

          A  su  vez declaró que no era procedente la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena   impuesta   a   la   doctora   Rodríguez  Fernández.   

          2.  Dentro del término de ejecutoria  del  fallo  la  apoderada de la Nación —Rama  Judicial—  Consejo  Superior  de  la Judicatura y el abogado del Hospital Universitario San  José  de Popayán solicitaron a la Sala de Decisión Penal su complementación,  de  conformidad  con  lo  previsto en el artículo 311 del C de P. C, por cuanto  era  necesario  pronunciarse  acerca  de  las  pretensiones  formuladas  en  las  demandas   de  parte  civil,  en  concreto  sobre  la  condena  al  pago  de  la  indemnización  de los perjuicios causados con las conductas punibles atribuidas  a  la  doctora  Amparo Rodríguez Fernández según lo dispuesto en el artículo  56 de la Ley 600 de 2000.   

          3.   El  Tribunal  admitió  que  de  manera  involuntaria  no  hizo  ningún  pronunciamiento  sobre  la  condena  en  perjuicios,  de modo que acudió al artículo 311 del C. de P. C. y adicionó el  fallo  con providencia del 30 de junio de 2010, en la cual condenó a la doctora  Rodríguez  Fernández  a  pagar a favor del Hospital Universitario San José de  Popayán  por  concepto  de  perjuicios  materiales  la  suma de $52.449.379.25,  derivados  directamente  del  delito  de  prevaricato  por acción, esto es, con  fundamento  en  los  mandamientos  de  pago  dictados  dentro  de  los  procesos  promovidos  por  María  Natividad Juaqui, Floresmira Tucue, Blanca Elisa Hoyos,  Olga  Navarro  Martínez,  Agustina  Obando  y Luz Stella Castillo; a los que le  adicionó  la  suma  de  $19.503.644.80 por razón del peculado culposo, para un  total  de $71.953.023.43 por concepto de perjuicios materiales, los que precisó  era  necesario actualizar a la fecha del pago. Además la obligó a cancelar las  agencias  en derecho y las costas del proceso, mismas que se han de liquidar por  Secretaría una vez cobre firmeza la sentencia y su adición.   

          4.   Contra  la anterior decisión la  procesada  solicitó  al  Tribunal  declarar  la  nulidad  de la actuación, por  cuanto  en  la  sentencia de primer grado no se resolvió sobre las pretensiones  contenidas  en  las  demandas  de  parte civil y para el efecto adujo que no era  posible  adicionar  el fallo pues se contravenía lo preceptuado en el artículo  412  del  C.  de  P.  P.  que predica la irreformabilidad de la sentencia por el  juzgador que la haya proferido.   

          5.   En  proveído  de 30 de julio de  2010  el  a  quo  negó  la  nulidad  invocada  al  considerar  que procedía la  aplicación  de  lo dispuesto por el artículo 311 del C. de P. C. por remisión  del artículo 23 del C. de P. P.   

6. Contra el fallo  interpusieron  recurso  de  apelación la doctora Amparo Rodríguez Fernández y  su  defensor  de  confianza; de igual manera lo hicieron respecto del auto de 30  de  julio de 2010 mediante el cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Popayán no decretó la nulidad invocada por la procesada.   

Por su parte la Procuradora Judicial Segunda  impugnó  el  fallo  de  8  de junio de 2010 al advertir ausencia de congruencia  entre  la  acusación y la sentencia, toda vez que en la primera se imputó a la  procesada  un concurso real, homogéneo y sucesivo de prevaricatos por acción y  el  delito  de  peculado  culposo,  sin  embargo  en el fallo no se dosificó la  sanción en punto del concurso de prevaricatos por acción.   

          7.   La Corte por decisión del 14 de  diciembre  de 2010 resolvió los recursos interpuestos contra la sentencia del 8  de  junio de 2010 y el auto del 30 de julio del mismo año y declaró la nulidad  parcial  de  la actuación a partir, inclusive, de la resolución de acusación,  específicamente frente al cargo de peculado culposo.   

          Así  mismo  confirmó el auto que negó la nulidad reclamada por la  doctora  Rodríguez  Fernández y la sentencia condenatoria dictada en su contra  por  la  Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán al  hallarla  autora  responsable  de  las  conductas  punibles  de  prevaricato por  acción   en   concurso  real,  homogéneo  y  sucesivo,  empero  la  modificó en el sentido de fijar la pena  principal  en  72  meses  de prisión, mismo tiempo durante el que debe regir la  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas. Además le  impuso  una  multa  de  $10.000.000  y  fijó  el  pago  de la indemnización de  perjuicios  en  la  suma  de  $52.449.379.25  por  el  concurso  de  delitos  de  prevaricato por acción.   

8.   Mediante  lacónico  escrito presentado el 11 de enero de 2011 el apoderado judicial de la  doctora     Amparo     Rodríguez     Fernández     manifiesta     “interponer  recurso extraordinario de  CASACIÓN   contra   la   sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  esa  Corporación  el  día  catorce  (14)  de  diciembre  de  dos  mil diez (2010) y  mediante  el cual se decretó una nulidad y se condenó a mi defendida a la pena  principal  de SETENTA Y DOS MESES DE PRISIÓN, multa de diez millones de pesos y  al      pago      de      indemnización      de      $52.449.379.25”  y agregó  que   en  “su  oportunidad  expondré  y  sustentaré  los  motivos  que hacen  viable  la  escogencia  para  la  tramitación  del  recurso  y las causales que  propondré    a   su   consideración”.  En  memorial  separado  solicita  copia íntegra de la actuación  cumplida en segunda instancia por esta Corporación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  En principio  es  necesario  puntualizar  que  la  sentencia  que esta Sala de Casación Penal  profirió  el  14  de diciembre de 2010 dentro del presente proceso, mediante la  cual  confirmó  en parte el fallo condenatorio dictado por el Tribunal Superior  del  Distrito Judicial de Popayán, la dictó en su condición de juez colegiado  de  segunda  instancia  y  como  máxima  autoridad jurisdiccional del país, de  conformidad  con lo preceptuado en el numeral 3° del artículo 75 de la Ley 599  de 2000, normatividad que gobierna este diligenciamiento.   

2.    Además  tratándose  de personas aforadas como sucede en este caso, el estatuto procesal  penal  establece  que  le  corresponde  a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de Justicia resolver el recurso de apelación como superior jerárquico  del  funcionario  que  dictó  la  providencia en primera instancia, es decir el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Popayán, siendo claro que al ser  desatada  la  impugnación  por  la  máxima  Corporación  de  la jurisdicción  ordinaria, su decisión pone fin a la correspondiente actuación.   

En  esas  condiciones  y frente al asunto que  ocupa  la atención, surge evidente que el 14 de diciembre de 2010, fecha en que  la  Corte  dictó  sentencia  de  segunda instancia en este proceso, culminó el  trámite    procesal    y    por   consiguiente   se   finiquitó   la   acción  penal.   

3. De otro lado, esta  Corporación   basada   en  argumentos  legales  y  constitucionales  ha  venido  reiterando  la  improcedibilidad  del  recurso  de  casación  en  contra de sus  propias  sentencias  dictadas  en  segunda  o en única instancia, razón por la  cual   se   hace   necesario   recordar   lo   dicho  de  vieja  data  sobre  el  particular:   

“Al señalar el  Constituyente  que  «La  Corte Suprema de Justicia es el máximo tribunal de la  jurisdicción  ordinaria» (art. 234 C.N.), quiso que sus decisiones no tuvieran  la  posibilidad  de ser revisadas por una instancia superior. Así lo reconoció  la  Corte Constitucional al ejercer la revisión previa de constitucionalidad de  la  Ley  Estatutaria de la Administración de Justicia, mediante Sentencia C-037  de 5 de febrero de 1996:   

«Esta  norma  señala  que  la Corte será  dividida  por  la  ley  en  salas, las cuales conocerán de sus asuntos en forma  ‘separada’,  salvo  que  se  determine  que  en  algunas  oportunidades  se estudiarán materias por la Corporación en pleno. En  ese  orden  de  ideas,  las  atribuciones  que  el  artículo 235 de la Carta le  atribuye  a la Corte, en particular la de actuar como tribunal de casación y la  de  juzgar  a  los  funcionarios  con  fuero constitucional, debe entenderse que  serán  ejercidas  en  forma  independiente  por  cada una de sus salas, en este  caso,  por  la Sala de Casación Penal. De lo anterior se infieren, pues, varias  conclusiones:   en  primer  lugar,  que  cada  sala  de  casación  —penal,  civil  o  laboral—  actúa,  dentro  del  ámbito de su  competencia,  como  máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria; en segundo  lugar,  que cada una de ellas es autónoma para la toma de las decisiones y, por  lo  mismo,  no  puede  inferirse en momento alguno que la Constitución definió  una  jerarquización  entre  las  salas; en tercer lugar, que el hecho de que la  Carta  Política  hubiese  facultado al legislador para señalar los asuntos que  deba  conocer la Corte en pleno, no significa que las salas de casación pierdan  su  competencia o que la Sala Plena sea superior jerárquico de alguna de ellas.  En  otras  palabras,  la  redacción del artículo 234 constitucional lleva a la  conclusión  evidente  de  que  bajo ningún aspecto puede señalarse que exista  una  jerarquía  superior,  ni  dentro  ni  fuera,  de  lo que la misma Carta ha  calificado  como  ’máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria’.   

En igual sentido, esta Corporación comparte  los  argumentos  expuestos  por  el  señor  presidente  de  la Corte Suprema de  Justicia,  cuando,  a propósito del análisis de constitucionalidad del numeral  que  se revisa, y en particular respecto de los fundamentos para determinar como  de  única  instancia  los  procesos  de  juzgamiento  a  funcionarios  de fuero  constitucional,      señaló:     ‘De  igual  forma,  si  se acude al fundamento de la doble instancia  como  sistema  concebido  para  disminuir  los  riesgos  que  consigo  lleva  la  falibilidad  humana,  se aprecia que ésta es ineluctable, pero que precisamente  se  procura  que  la segunda instancia esté a cargo de un órgano más versado,  docto  y  especializado  en  la ciencia específica, lo cual resulta francamente  inconsecuente  cuando  la  decisión de quienes han sido escogidos como expertos  en  la  materia,  pasa  a  ser  revisada  por  funcionarios  cuya  versación  y  entrenamiento   no   son   los  mismos’.   

Así las cosas, al suponerse que el recurso  de  apelación  contra  sentencias,  medidas  cautelares,  providencias  y autos  interlocutorios  que  profiera  un  funcionario judicial, implica que un juez de  mayor  grado  revisará  esas  decisiones,  y al haberse establecido que la Sala  Plena  de  la Corte Suprema de Justicia no es superior jerárquico de la Sala de  Casación  Penal,  se  hace  entonces  necesario declarar la inexequibilidad del  numeral    6o.    del   artículo   17».   

Este  principio  constitucional,  de ser la  Corte  el  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria,  fue  cabalmente  desarrollado  por el legislador al establecer en el artículo 218 del Código de  Procedimiento  Penal, modificado por el 35 de la Ley 81 de 1993 (hoy art. 205 de  la  Ley  600  de  2000),  que  el  recurso  extraordinario de casación procede,  únicamente,  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por el  Tribunal  Nacional,  los  Tribunales Superiores y el Tribunal Penal Militar, por  delitos  que  tengan  prevista  pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o  exceda  de  seis  años, de donde no puede menos que concluirse la improcedencia  de la figura que ahora se invoca.   

Otro tanto sucede con el recurso excepcional  de  casación  referido en el inciso tercero ejusdem, por virtud del cual, puede  discrecionalmente  la  Corte aceptar un recurso de casación, en casos distintos  a    los    establecidos    para    la    casación    ordinaria,   ‘cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales’, pues esta  Sala  ha  sido  reiterativa en disponer que tal facultad se halla limitada a las  sentencias  de  segunda instancia respecto de las cuales no proceda la casación  ordinaria,  ora  porque  fueron  proferidas por un Juzgado Penal del Circuito, o  porque,  habiendo  sido  emitidas por el Tribunal Nacional, un Tribunal Superior  de  Distrito  Judicial  o  el Tribunal Superior Militar, el delito por el que se  procede  tiene  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo es inferior  a seis años.   

En  torno  a  la procedencia del recurso de  casación  contra las sentencias proferidas por la Sala de Casación Penal de la  Corte   Suprema   de   Justicia,   el   tema  ya  ha  sido  objeto  de  diversos  pronunciamientos  por  esta  Corporación,  en  términos que resulta pertinente  recordar:   

«El  primer  inciso del artículo 31 de la  Constitución    Política   dice:   ‘Toda  sentencia judicial podrá ser apelada o consultada, salvo las  excepciones   que   consagre   la  ley’.  Esto  significa  que el principio de la doble instancia no está  consagrado  de  manera  absoluta, sino que la propia Carta faculta al legislador  para  que  mediante  ley  establezca  los  casos  en  que  no  es  procedente la  apelación  o  la  consulta,  sin  que  con  ello  se esté vulnerando garantía  alguna.   

Así  las  cosas, como el estatuto procesal  establece  que le corresponde resolver el recurso de apelación o la consulta al  superior  jerárquico del funcionario que dictó la providencia, es obvio que ni  la  impugnación ni el grado jurisdiccional son posibles cuando la decisión fue  proferida     por     la     Corte    Suprema    de    Justicia,    ‘máximo  tribunal de la jurisdicción  ordinaria’, pues quiso la  misma  Constitución que ya no existiera otra instancia superior, de modo que al  asignarle  la  competencia  para  la  investigación  y  juzgamiento,  o el solo  juzgamiento  de personas aforadas, el trámite se realiza en única instancia».  (Auto  del  noviembre  18  de 1993, M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel)”1.   

Más     recientemente     la     Corte  insistió:   

“La  Sala  ha  venido  reiterando  la  improcedibilidad del recurso extraordinario de casación  en  contra  de  sus  propios fallos de segunda o de única instancia, expresando  razones constitucionales y legales para el efecto.   

La  primera  y principalísima razón es la  caracterización     constitucional    de    la    Corporación:    ‘Es   el   máximo   Tribunal  de  la  jurisdicción       ordinaria’.  La segunda motivación es la naturaleza del juicio de casación,  que  es  un  juicio  realizado  por  la  máxima  autoridad  de la jurisdicción  ordinaria  para  controlar  la  legalidad de la sentencia que expresa, como  unidad   jurídica   inescindible   con  la  de  primera  instancia,  una  forma  determinada de solución de un problema jurídico concreto.   

Surge  de  lo  expuesto  la  imposibilidad  fáctica  y  jurídica de que las sentencias de única y de segunda instancia de  la  Corte  Suprema  de  Justicia puedan ser sometidas al juicio de casación, lo  primero  por  cuanto no hay Tribunal superior a la Corporación que pueda asumir  el  juzgamiento  de sus fallos; lo segundo, por cuanto su naturaleza preeminente  dentro  de la jurisdicción ordinaria, dota los fallos que ella emite, del valor  agregado  que significa ser juzgado en única o segunda instancia por la máxima  autoridad  jurisdiccional  del  país, con valor tal que purga anticipadamente y  con   fuerza  de  presunción   los  vicios  que  serían  demandables  por  vía        de      casación”2.   

5.   Así las  cosas  es  evidente  que contrario a lo pretendido por el defensor de la doctora  Amparo  Rodríguez  Fernández,  no  procede el recurso de casación respecto de  las  sentencias  dictadas  en  segunda  instancia por la Corte y en ese sentido,  como  se  indicó en el numeral séptimo de la parte resolutiva de la dictada en  este     asunto     el     14     de    diciembre    de    2010:    “Contra  esta  providencia  no  procede  recurso              alguno”.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          PRIMERO.-  Por  improcedente  ABSTENERSE  de  dar trámite al recurso de  casación   interpuesto   por  el  defensor  de  la  doctora  Amparo  Rodríguez  Fernández  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  14  de  diciembre de 2010 por la Corte.   

SEGUNDO.- Expídanse  las copias solicitadas por el apoderado judicial de la condenada.   

TERCERO.-  Contra  esta determinación no procede recurso alguno.   

COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ             FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Excusa justificada  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS          AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

Cita medica  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA.    Sala    de    Casación    Penal,    auto  de  única  instancia  del  5  de  diciembre de 1996, radicado N° 9579.   

2 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Sala  de Casación Penal, auto  de  Segunda  instancia  del  12 de diciembre de 2003,  Radicado       N°      19630.      En      igual      sentido      autos   de segunda instancia del 10  de  noviembre  de 2004, radicado N°16023; del 6 de septiembre de 2007, radicado  N°25801;  del  4  de  abril  de  2008, radicado N° 27472 y; del 31 de julio de  2008, Radicado N° 29933, entre otros.     

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