34764(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34764  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                       

                                      Magistrado ponente:   

                                      FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

Aprobado Acta N° 078  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011).   

VISTOS:  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación excepcional presentada por el defensor del procesado  Orlando  Lucas  Cabezas,  contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior  de  Tunja por medio de la cual confirmó la dictada por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  Chiquinquirá  que  lo  condenó como autor responsable de la  conducta punible de homicidio culposo simple.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Los primeros fueron tratados en el fallo  impugnado de la siguiente manera:   

El  6  de  junio de 2005 por la vía que de  Chiquinquirá  conduce  a  la  Inspección  de  Nariño, del Municipio de Caldas  (Boyacá),  transitaba la moto Yamaha, serie DT 125, modelo 1993, placas MNA 36,  conducida  por  Juan Agustín Pineda Cubillos, y como  parrillero  Celimo  Augusto  García  Pulido.  En sentido contrario lo hacía el  microbús  IVECO, modelo 1997, placas SOB 726, afiliado a Taxis Furatena, guiado  por  el  procesado  Orlando  Lucas  Cabezas,  que  estaba siendo halado por otro  automotor  debido  a  que  tenía  averías en su motor. A eso de las 7:00 de la  noche,  en  la  Inspección de Nariño, Municipio de Caldas, kilómetro 76 + 850  metros,  la  buseta  que ascendía, tomó una curva a la derecha, desplazándose  por  fuerza  de  la inercia hacia la izquierda e invadiendo el carril por el que  transitaba  la moto, impactándola. Como consecuencia de la colisión se produce  el  deceso inmediato de Juan Agustín Pineda Cubillos y lesiones en  Celimo  Augusto García Pulido.   

2.  Por  los  anteriores  episodios, una vez  cerrada  la  investigación, la Fiscalía 24 Seccional de Chiquinquirá mediante  providencia  de  agosto 13 de 2007 profirió resolución de acusación contra el  sindicado   Orlando  Lucas  Cabezas como presunto autor del delito  de  homicidio  culposo simple, decisión que alcanzó ejecutoria el 21 de septiembre  siguiente  cuando  quedó  en  firme el proveído por medio del cual se declaró  desierto  el  recurso  de  apelación interpuesto por el defensor del procesado,  debido a falta de sustentación.   

3. Correspondió al Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  esa  misma  ciudad  adelantar  el  juicio  y  llevadas  a cabo las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  el 2 de junio de 2009 condenó al  acusado  como  autor  responsable de la conducta punible materia de acusación a  las  penas de veinticuatro (24) meses de prisión, multa de veinte (20) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  sanción privativa de la libertad,  privación  del derecho a conducir vehículos automotores durante tres (3) años  y  seis  (6)  meses,  al  pago de indemnización de perjuicios y le concedió la  condena de ejecución condicional.   

4.  Ese fallo fue apelado por la defensa del  procesado  y  el 26 de marzo de 2010 el Tribunal Superior de Tunja lo confirmó,  decisión  contra  la cual el mismo recurrente en primera instancia interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA:  

El   impugnante  acudió  a  la  casación  discrecional  en  protección  de los derechos fundamentales de su prohijado, en  concreto,  frente  al  principio  del  in  dubio  pro  reo  que establece que toda duda se debe resolver  a  su  favor.  Y,  con  finalidad  de  que  exista  un  pronunciamiento  de esta  Corporación  que  en  desarrollo  de  la  jurisprudencia  sirva  de faro en los  “accidentes     de  tránsito”,  no solo para  los  litigantes,  sino  también para los funcionarios encargados de administrar  justicia  y  para  todas  las  personas  que  tienen  relación con la actividad  peligrosa de la conducción de vehículos automotores.    

Con  el  anterior  preámbulo,  el libelista  formuló      un      cargo     único   contra  la  sentencia  proferida  por  el  ad  quem  con  fundamento  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de  la ley 600 de 2000, decisión que calificó de  incurrir  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho  derivado  de falso raciocinio que conculcó los artículos 209 y 23 del cp, y 7,  16,  24,  169,  170, 207, 232, 233, 238, 244, 245, 246, 247, 249, 251, 252, 254,  257, 263, 266, 273, 275, 276 y 277 de la ley 600 de 2000.   

Luego  de referirse a algunas de las pruebas  allegadas  al  proceso  y de transcribir apartes del fallo de segunda instancia,  expresó   que   la   decisión  impugnada  se  basó  en  testigos  de  oídas,  “que    ni   siquiera  declararon,     en     el    proceso”,  solo  fueron mencionados por el declarante Celimo Augusto García  Pulido,   “desechando  la  prueba  testimonial directa, en contra de las reglas  de  la sana crítica y de la establecida particularmente en el artículo 277 del  cpp.”   

El testigo de cargo García Pulido -precisó  el  demandante-  no  fue  coherente  en su relato, al punto que no pudo decir si  llovía  o  no  la noche de los hechos, aspecto notorio mas cuando se transitaba  en motocicleta.   

En    relación    con    “la          niña” que dijo haber visto el accidente, no  precisó  el  sitio  donde  ocurrió  porque  si  hubiese  sido  en  el que ella  describió,  la  motocicleta  estaría  en  el  pasto  y  no  en  el  pavimento.   

Es   del   parecer   que  si  el  Tribunal  “hubiese tenido el estudio  probatorio     sobre     la     totalidad     de     las     pruebas”,   el   fallo   sería   complemente  diferente,    al    extremo    que   “los  testigos presenciales se les valora más en sus testimonios que  los  de  oídas y muchísimo más que a los comentarios de terceros.”   

Hizo énfasis en que contrario a lo sostenido  por  los  jueces  de  instancia,  la  motocicleta  donde  iba la víctima no fue  arrastrada  por  la  buseta,  toda vez que si bien se afirmó una huella de 49.6  metros,  no  se  demostró  que  ese vehículo presentara raspaduras que así lo  indicaran.   

Por  lo  anterior,  solicitó casar el fallo  para en su lugar absolver al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  De  conformidad  con  lo  previsto en el  inciso  1° del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, aplicable al presente  asunto,  el recurso extraordinario de casación procede contra las sentencias de  segundo  grado  proferidas  por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y  por  el  Tribunal  Superior  Militar, en los procesos que se hubieren adelantado  “por  delitos que tengan  señalada   pena   privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años”.   

2. Tratándose de fallos de segunda instancia  no  proferidos  por los mencionados tribunales, o cuando la conducta punible por  la  cual se procede tiene pena privativa de la libertad inferior al quántum    punitivo    señalado    en  precedencia  o  sanción  no  restrictiva  de  la  libertad,  el  inciso 3° del  artículo  205  del mencionado estatuto procesal faculta a la Corte para admitir  discrecionalmente la demanda de casación,   

cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos por la ley.   

3.   Cuando   se   acude  a  la  casación  excepcional,  el  demandante  debe  cumplir dos exigencias: (i) demostrar que la  intervención  de  la  Corte  es necesaria para la protección de las garantías  fundamentales  o  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  y  (ii) presentar una  demanda  que cumpla las condiciones mínimas de forma y contenido requeridas por  la ley y la lógica casacional para su estudio.   

4.  En  el  primer  evento,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha venido  sosteniendo  que  se hace necesario que el recurrente exponga así sea de manera  sucinta  pero  clara  qué  es  lo que pretende con la impugnación excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya  garantía persigue o el tema  jurídico  sobre  el  cual considera se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad por parte de esta Corporación.   

En  relación  con la casación discrecional  compete  al  libelista  expresar  con  claridad y precisión los motivos por los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por  quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

5.  Además,  las  razones  que  aduce  el  demandante  para  persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda,  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia.  Lo   anterior   porque   no   podría   entenderse   cumplido  el  requisito  de  sustentación,  de  manera que si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre  la  protección  de  los derechos fundamentales o un específico tema, es apenas  elemental  que  la  censura  le permita a esta Corporación examinar en concreto  uno  o  los  dos puntos que la habilitan. En otras palabras, debe haber perfecta  conformidad  entre  el  fundamento de la casación excepcional (desarrollo de la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que  se  formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de  los mismos.   

6.  Es  pertinente  recordar  que,  en  lo  relacionado  con  el  desarrollo  jurisprudencial,  la  Sala ha sostenido que es  deber   del   casacionista   indicar  si  lo  pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo  de  alguna  disposición,  o la unificación de  posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente   no   ha   sido   suficientemente   desarrollado,   o   la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros   de   interpretación   con   criterios   de   autoridad1.   

7.  La  segunda condición presupone cumplir  con  los requerimientos mínimos de forma y contenido señalados en el artículo  212  de  la  ley  600  de  2000,  a  saber:  (i)  identificación de los sujetos  procesales  y  de  la  sentencia  impugnada,  (ii) resumen de los hechos y de la  actuación  procesal,  y  (iii)  demostración  del cargo, exigencia que implica  señalar   la   causal   invocada,   las   normas   procesales   y  sustanciales  transgredidas,  y  las  razones  del  reparo,  todo  dentro  del  marco  de  los  principios  que  rigen  la  casación  y  la  lógica  de  la  causal planteada.   

8.  Las  siguientes  son  las  falencias que  ofrece  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado Orlando  Lucas Cabezas, que impiden su admisibilidad.   

8.1.  Si  bien  al  interponer el recurso de  casación  excepcional  el  demandante  manifestó  que  uno  de los motivos que  hacían   necesaria  la  admisión  del  libelo  lo  era  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia   en   torno   a  los  “accidentes   de  tránsito”,  no  así  frente a la conducta punible aquí investigada, en todo  caso  en  tal  aspecto  no  sólo faltó al deber de claridad y precisión en la  medida  que omitió señalar si es que sobre el tipo penal del homicidio culposo  se  carece  de  doctrina  sobre  los  elementos  que  lo  configuran,  o existen  pronunciamientos  de  esta Corporación disímiles o que requieran de actualidad  y  su  trascendencia  favorable  en el presente asunto, sino que el cargo único  formulado   contra  el  fallo  de  segundo  grado  no  guarda  ilación  con  el  pronunciamiento   jurisprudencial   pretendido  en  tanto  que,  como  se  verá  adelante,  el reparo ofrece una desordenada inconformidad del censor con el tema  probatorio.   

En   otras   palabras:   la  demanda  cuya  admisibilidad  se  pretende  no  guarda  correspondencia  con  los cargos que se  formularon  contra  el  fallo  en  la pretensión del desarrollo jurisprudencial  apenas anunciada.   

8.2.  En  relación con la protección de la  garantía  del  in  dubio   pro  reo  que  llevó  al  casacionista  a  formular  un  cargo  único  por  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho derivado de falso  raciocinio,  la  falta  de  coherencia y argumentación no es menos evidente. En  efecto:   

8.2.1.  Cuando  se  denuncia  la  violación  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho derivado de falso raciocinio,  se  debe precisar qué dice de manera objetiva el medio de prueba, qué infirió  de  él  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la ciencia o máxima de la experiencia fue  desconocida,  y  cuál  el  aporte  científico correcto, la regla de la lógica  apropiada,  la  máxima de la experiencia que debió tomarse en consideración y  de  qué  manera; y, finalmente, demostrar la consecuencia del dislate indicando  cuál  debe ser la apreciación correcta de la prueba o pruebas que cuestiona, y  que  habría  dado  lugar  a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  al  impugnado2.   

8.2.2.   Ninguna   de   estas  elementales  exigencias  acató el libelista que como quedó visto omitió señalar la prueba  o  pruebas  sobre  las cuales recayó el desacierto, qué dijeron las mismas, la  valoración  que  de  ellas  hizo  el  Tribunal,  cuál  fue  el postulado de la  lógica,  ley  de la ciencia o máxima de la experiencia que se aplicó en forma  incorrecta  y  la  que  se  debió tener en cuenta, y tampoco  demostró la  trascendencia  del  desacierto  en el sentido de justicia declarado en el fallo.   

8.2.3.  En  materia casacionista imperan los  postulados  de autonomía y razón suficiente en la enunciación y demostración  de los cargos.   

En relación con el primero, se ha dicho por  la   Sala   que   en   la  formulación  de  los  reparos  orientados  hacia  el  desquiciamiento  del  fallo  deben  ser  planteados  de forma independiente, con  miras  a  evitar  que  se  incurra  en  entremezclas  argumentativas  que  en la  práctica  llevan  a  que la Corte no pueda entender qué es lo que se pretende.   

Y,  en  lo  que  respecta  al segundo, se ha  expuesto  que  la  censura debe bastarse a sí misma, esto es, que debe contener  el   mínimo   de   argumentación  indispensable  para  derruir  la  sentencia,  propósito  que  difícilmente  se  consigue si se involucra diferentes aspectos  cuya demostración se debió acometer por separado.   

La pretermisión de los referidos principios  atenta  contra  la coherencia lógica y argumentativa que debe exhibir el libelo  casacional  para  dar  lugar  a  su estudio de fondo3.   

8.2.4.  Tal  fue  la  falta  de  cuidado del  demandante  en  esta materia, que habiendo propuesto un error de hecho por falso  raciocinio  que implica la existencia de la prueba, su valoración y el yerro en  los  postulados  de  la sana crítica, pasó en el mismo contexto de ataque a la  sentencia  del  Tribunal a errores de hecho por falso juicio de existencia, esto  es,  reparos  que  involucran  la  existencia o no de los medios de convicción,  cuando  hizo alusión a que en el fallo no se tuvieron en cuenta la totalidad de  pruebas  acopiadas, sin decir cuál o cuáles, la parte del proceso donde obran,  el  desconocimiento de ellas y su incidencia en el sentido de justicia declarado  en la providencia impugnada.   

8.2.5.  Al  margen de estas deficiencias, de  por  si  suficientes  para  inadmitir el libelo, ha de decirse que los jueces de  instancia  sí  valoraron  la  totalidad  de  las pruebas acopiadas, incluido el  testimonio  de  la  menor Francy Carvajal, recepcionado en inspección judicial,  el  croquis  levantado en el lugar del accidente y las pruebas técnicas, medios  que  valorados  en su conjunto llevaron a inferir de manera razonada y razonable  que  la  conducta  del  procesado  al  momento  de  los hechos fue imprudente en  atención  a  que  invadió el carril por donde transitaba la motocicleta guiada  por  la  víctima, vehículo que luego del impacto fue arrastrado varios metros,  y  que  el  incremento  de ese riesgo se tradujo en la producción del resultado  antijurídico  que  le  era  imputable  a  título  de  culpa al violar el deber  objetivo  de  cuidado,  sin  que  en  la  sentencia  se vislumbrara duda, por el  contrario,  la certeza sobre la autoría y responsabilidad del procesado se hizo  evidente  a  través  de  decisiones  que  amparadas por la doble presunción de  acierto    y    legalidad    el    censor    no    logró    descalificar.    Y,  finalmente,   

8.3.  En  consideración  a  que  la demanda  presentada  no  cumple  las  exigencias mínimas requeridas para abrir paso a la  casación   excepcional,   y  la  Sala  no  advierte  violación  de  garantías  fundamentales   que   deba   proteger   de   manera  oficiosa,  se  inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1°.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado Orlando Lucas Cabezas.   

2°.  Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                                         ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                                             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO  J. IBÁÑEZ  GUZMÁN                      

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                    JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                           

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Auto   de   26   de  febrero  de  2000,  radicación 18447, entre otros.    

2 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal, Auto  agosto 10 de 2005, radicado 23.503.   

3  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,  auto  noviembre 11 de 2009,  radicado 32388, entre otros.     

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