34688(14-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 34688  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  331  

Bogotá, D.C., catorce (14) de septiembre de  dos mil once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  José Luis Medina Pabón  contra el fallo del 14 de abril de 2010, por medio del  cual  la  Sala  Penal del Tribunal Superior de Valledupar confirmó la sentencia  de  primer  grado  emitida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  que  condenó  al  mencionado  por los delitos de concierto para  delinquir agravado y extorsión.   

H E C H O S  

El  Tribunal  los  resumió  de la siguiente  manera:   

“Por información telefónica, la Policía  de  Codazzi-Cesar  se  enteró de que en el mercado público se hallaba un menor  que  de  tiempo atrás recaudaba dineros a varios comerciantes del lugar y de La  Loma,  persona  que  fue  retenida  el  21  de mayo de 2008, e identificada como  Heiner Olmedo de León.   

Las  investigaciones  que sucedieron a estos  hechos  involucraron  también  a  Víctor Alfonso Guevara Contreras, a quien el  menor  sustituyó  en esa actividad ilícita, a Pedro Arístides Flórez, porque  en  la residencia de su compañera sentimental, Marta Patricia Estrada, a. “la  bruja”,  en  el  grupo  criminal  realizaba reuniones periódicas, y a Claudia  Milena  Cantillo,  porque  la  madre  del  menor  Heiner  debió girarle dineros  producto de las extorsiones.”   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  A  solicitud  del  Fiscal  Seccional 8º  Especializado  de  Valledupar,  el  Juez Tercero Penal Municipal con Función de  Control  de  Garantías de la misma ciudad, en audiencia del 30 de mayo de 2008,  ordenó   la   captura   de  Claudia  Milena  Cantillo  González,  José  Luis Medina Pabón, Pedro Arístides  Flórez  Navarro  y  Víctor  Alfonso  Guevara  Contreras.  Los mencionados  fueron  aprehendidos  el  4 de junio del mismo año, de manera que el 5 de igual  mes,  ante  el Juzgado 2º de la misma denominación y comprensión territorial,  se   celebró   la   audiencia  de  legalización  de  captura,  allanamiento  e  incautación  de  evidencia,  al  tiempo  que  la  fiscalía  les formuló a los  indiciados  imputación  por  las conductas punibles de concierto para delinquir  agravado  y  extorsión,  la  cual  no  aceptaron.  Así  mismo, a solicitud del  fiscal,   el  funcionario  judicial  afectó  a  los  imputados  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva intramural.   

El  4  de  julio  de  2008,  el  Fiscal  8º  Especializado  de  Valledupar  radicó el escrito de acusación en contra de los  imputados,  el  cual  adicionó  el  14 del mismo mes; así, ante el Juez Único  Penal  del Circuito Especializado de Valledupar con función de conocimiento, el  fiscal  formuló  acusación  en  contra  de  Pedro  Arístides Flórez Navarro,  José  Luis  Medina  Pabón,  Víctor  Alfonso  Guevara  Contreras y Claudia Milena Cantillo González por los  delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado  y extorsión (artículos 340,  inciso  2º, del Código Penal, modificado por la Ley 1121 de 2006, artículo 19  y  244  del  mismo  estatuto,  modificado por la Ley 733 de 2002, artículo 5º,  modificados por el 14 de la Ley 890 de 2004).   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 29 de  octubre  de  2008  y  la del juicio oral se inició el 3 de diciembre siguiente,  fecha  en  que  el  defensor  de  Víctor Alfonso Guevara anunció el preacuerdo  entre  éste  y la fiscalía, motivo por el cual el juez de conocimiento dispuso  la  ruptura  de la unidad procesal; la vista pública se surtió en sesiones del  19  y  20  de  febrero,  6  de marzo, 15 de mayo, 18 de junio, 6 de julio, 21 de  agosto, 16 se septiembre y 1º de octubre de 2009.   

Una  vez  concluida, la funcionaria judicial  anunció  que  el  fallo  sería absolutorio respecto de Claudia Milena Cantillo  González   y   Pedro   Arístides  Flórez  y  condenatorio  para  José  Luis  Medina  Pabón.  Cumplido  lo  anterior,  en sesión de audiencia pública del 7 de octubre de 2009, corrió el  traslado del artículo 447 de la Ley 906 de 2004.    

Así las cosas, en audiencia del 11 de marzo  de  2010, la Juez Penal del Circuito Especializado de Valledupar profirió y dio  lectura  al  fallo  por  medio  del  cual  absolvió  a  Claudia Milena Cantillo  González  y  Pedro  Arístides  Flórez  de  los  delitos  por  los  que fueron  acusados,   al   tiempo   que   por   los   mismos   condenó   a   Pabón  Medina  a las penas principales de  272  meses  de  prisión,  multa  de  3500  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por término de 20 años. De igual manera, le  negó  el subrogado de la ejecución condicional de la pena y el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  y  se  abstuvo  de condenarlo al pago de los perjuicios  civiles derivados de la ejecución de las conductas punibles.   

El defensor de José  Luis   Medina   Pabón   apeló   la   decisión  del  a  quo,  la  cual  recibió  confirmación  por parte del Tribunal Superior de Valledupar en fallo de segunda  instancia del 14 de abril de 2010.   

Inconforme con lo resuelto, el apoderado del  condenado   formuló  el  recurso  extraordinario  de  casación  y,  de  manera  oportuna, presentó la correspondiente demanda.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

En  un  escrito  confuso  y  carente de toda  metodología  expositiva,  el  censor  propone  un conjunto de reproches bajo el  epígrafe  de  cargos, con una  nomenclatura   desordenada   e   interrumpida   que  impide  identificarlos  con  claridad.    Sus  argumentos,  en  lo  escasamente  comprensible,  son  los  siguientes:   

Cargo  

El  demandante  reprocha que el sentenciador  incurrió    en    “falso   rasocinio”    (sic)  al  apreciar los testimonios de Heiner Olmedo de León  Bustamante  y  de  su  madre  Nolfa  María Bustamante Ortiz, lo cual condujo al  fallador  a  violar  los  artículos  372,  379,  380  y  381  de  la Ley 906 de  2004.   

En  sustento  del  reproche,  alega  que  el  tribunal     aprecio    “bajo    error”  dichas  declaraciones, las cuales no pueden ser creíbles, toda  vez  que  adolecen  de  contradicciones  e imprecisiones y, en particular, la de  León  Bustamante  debió  tenerse  como  sospechosa  e  interesada, pues aquél  solamente  pretendió  disfrazar su propia responsabilidad con mentiras, como se  observa  cuando  trató  de  justificar  su presencia en la sede de la Policía.  Dice  el  casacionista,  que  si  el  sentenciador  no  le  creyó al mencionado  deponente   en  cuanto  a  las  incriminaciones  formuladas  contra  los  demás  procesados  Claudia Milena Cantillo González y Pedro Aristides Flórez Navarro,  entonces  su  dicho  no  puede  generar certeza de responsabilidad del procesado  Medina  Potes  por  el  delito  de  concierto para delinquir, toda vez que no se  probó con quién se concertó para integrar la empresa criminal.   

Sostiene  que  el  sentido  de  la decisión  habría  sido  distinto  si  el sentenciador hubiera apreciado el dicho de León  Bustamante  frente  al  de Albeiro Jaime Ascanio, de cuyo dicho se desprende que  el  procesado  no  fue  capturado  con  elementos  indicativos  de una actividad  ilícita;  así mismo, alega que el ad quem  ha  debido apreciar que Víctor Guevara Contreras expresó que él  y    el   joven   de   Heiner   de   León   fueron   quienes   realizaron   las  extorsiones.   

En   conclusión,   explica,  el  juzgador  desconoció   la   regla  de  producción  y  apreciación  de  le  prueba  como  consecuencia  de  afirmar  que  sí  se apreció el dicho de  Albeiro Jaime  Ascanio,  mas  no  con  el  mérito  que le otorgó la defensa, como también al  aplicar   la   regla   de   experiencia,   según   la   cual,   “los  grandes  delincuentes  utilizan  fachada  para esconderse de su  trabajo     ilícito”,    pues,    según    dice,  “un  aserrador  requiere  para  su labor en horas de  día  y no puede simultáneamente desarrollar una actividad ilícita”  (sic).  Agrega que el informe policivo sobre la captura permite  una inferencia probatoria diferente a la que utilizó el tribunal.   

Cargo  

Dice  que el sentenciador incurrió en falso  juicio  de  identidad,  como  consecuencia  de  otorgarle  una  fuerza de la que  carecen  los  testimonios  de  Heiner  Olmedo  de León Bustamante y de su madre  Nolfa  María  Bustamante  Ortiz. De manera confusa y errática, el casacionista  cita  algunos  apartes  de  la  decisión  recurrida  y agrega que el declarante  Víctor  Guevara  dijo  que él y León Bustamante realizaban las extorsiones, y  que  la  policía  le  prometió  dinero  al  primero  para delatar a inocentes;  menciona  que  de  la entrevista del último de los mencionados se desprende que  no  estaba  amenazado  y  que “antes de esta presunta  llamada  ya  se  venían  cobrando  las  extorsiones desde enero como lo afirmó  Víctor Guevara Contreras”.   

Cargo  

El  impugnante  denuncia  que  el  juzgador  incurrió  en  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, toda vez que no  analizó    de    manera    integral    los    testimonios    de:   i)  Albeiro  Ascanio,  quien  afirmó  que  trabajaba   y  “andaba  con  José  Luis”,   lo   que,  en  su  sentir,  desestima  la  empresa  criminal;  ii)    Víctor   Guevara  Contreras,  en  cuanto  aseguró que “solo con Heiner  realizaba     las    extorsiones”;    iii)  Martha  Ligia  Franco Arias, persona  que  dijo  no  haber  identificado  a nadie cuando le solicitaron la extorsión;  iv)  Omar  David  Sánchez  Palacio,  quien declaró que no pudo reconocer a la persona que lo extorsionaba;  v)  Martín Tapias, en tanto  manifestó   haber   firmado  un  papel  sin  saber  qué  decía;  vi)   Pedro   Julio,  quien  aseguró  no  acordarse  de  nada  y  vii)  Nolfa  María Bustamante, declarante que dijo no acordarse de aquello por lo que  la  indagó  la  defensa,  pero  se mostró lúcida al responder a la fiscalía.  Sostiene  que  de no haber incurrido en el vicio reseñado, otro hubiera sido el  sentido de la sentencia.    

El  recurrente  reprocha  que muchas pruebas  fueron  mutiladas,  adicionadas  y  distorsionadas,  como  también  que  no  se  tuvieron en cuenta todas las reglas que conforman la sana crítica.   

Por último, insiste en que los funcionarios  de  instancia  incurrieron  en  falso  juicio  de  existencia por omisión, como  consecuencia  de  no  apreciar  los  testimonios  de  Albeiro  Ascanio y Víctor  Guevara  Contreras.  Así  mismo,  sostiene  que  en  este  caso se demostró la  mentira  en  el dicho de los deponentes, se utilizaron testigos sospechosos y se  condenó  al  procesado  en  contra  de  toda  prueba. Por último, cita algunas  reflexiones  del  ad quem, en  cuanto  halló  dudas  que  fundaron  las  absoluciones  decretadas  en  primera  instancia.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  el  libelista  le  pide  a  la  Colegiatura  que  case  el fallo  impugnado  y,  en su lugar, absuelva al procesado José  Luis Medina Pabón.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Naturaleza del recurso extraordinario de  casación y deberes del demandante   

Antes  de  ocuparse  la  Corporación de los  requisitos  formales  de  la  demanda de casación, estima necesario insistir en  que  en  el  nuevo  sistema procesal, la casación es un medio extraordinario de  control   constitucional   y  legal  con  origen  en  el  artículo  235  de  la  Constitución  Política  y  desarrollado  en  la  Ley  906 de 2004, que procede  contra   las   sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  al  juzgamiento  de  comportamientos  punibles,  y  tiene  por  finalidad  lograr la  efectividad  del  derecho  material desconocido, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos que, como lo tiene dicho esta  última, son los mismos del proceso penal.   

Respecto  de las exigencias que debe cumplir  la  demanda  que  sustenta  la  impugnación  extraordinaria, la Corporación ha  señalado  que  de  los  artículos  183 y 184 se pueden deducir las siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se  demuestre  la  necesidad  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

En  contraste,  el  inciso 2° del artículo  últimamente  citado  dispone  que  no  será  seleccionada  la  demanda  que no  demuestre   interés   jurídico   del   impugnante  para  acudir  a  esta  sede  extraordinaria;  prescinda  de  señalar la causal; omita desarrollar los cargos  de  manera  adecuada, o bien cuando de su contexto se advierta que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

El libelista debe, entonces, demostrar que la  intervención  de la Corte es necesaria para materializar los fines del medio de  impugnación  extraordinario;  para ello debe elaborar un discurso que se sujete  a los lineamientos que ha decantado la jurisprudencia de la Sala.   

No  debe  olvidar  el  recurrente  que  la  casación  no  es  un  instrumento para continuar el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado proceso y, por lo tanto, no le está permitido  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del  trámite;  por  el  contrario,  la  demanda  debe  contener  un  razonamiento  claro,  lógico,  coherente  y  sistemático que, con apoyo en las  causales  consagradas  en la ley, demuestre los errores, bien sea de juicio o de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador, conforme a los  parámetros   que   la   jurisprudencia   de   la   Sala  ha  fijado  de  tiempo  atrás.   

3. El caso concreto  

Luego  de  confrontar  las  consideraciones  reseñadas  frente  a  la postulación y sustento de los argumentos plasmados en  la  demanda de casación, desde ya la Corporación adelanta su conclusión en el  sentido    de    que    la    inadmitirá,  toda  vez  que adolece de evidente falta de claridad y precisión  en su postulación y fundamentación.    

El recurrente olvida que la demostración en  esta  sede de cualquiera de las modalidades del error de hecho -vicio que, junto  el  de  derecho,  es  una  de  las  formas  en  que  se manifiesta la violación  indirecta  de  la  ley sustancial- exige la acreditación de la materialidad del  dislate  cometido  por  el  juzgador,  es  decir,  la  omisión o la suposición  probatoria,  en  el  caso del falso juicio de existencia, la tergiversación del  medio  de  convicción,  si  se  trata  del falso juicio de identidad, o bien la  violación  de  las  máximas  de la experiencia, la lógica o la ciencia en los  casos  en que se acude al falso raciocinio.  Tanto o más importante que lo  anterior,  es  la demostración de la trascendencia de la equivocación, lo cual  solamente  se  logra  tras  enseñar  de  qué  manera  la  decisión  no  puede  lógicamente  subsistir  al  lado  del  vicio,  siempre al margen de la personal  apreciación  del casacionista, pues el recurso extraordinario no está previsto  para  enfrentar  diversas  interpretaciones  probatorias,  por viables que estas  sean.   

Las  falencias  de  la  demanda que ocupa la  atención  de  la  Corporación  surgen  nítidas,  pues,  en  primer  lugar, el  impugnante  ni  siquiera  atina  a ordenar sus argumentos de modo que le resulte  claro  a  la  Sala entender cuántos son los cargos, menos aún cuáles de ellos  son   principales  y  cuáles  subsidiarios.  Dicha  falta  de  claridad  en  la  postulación  y desarrollo de los argumentos lleva al recurrente a denunciar una  y  otra vez los mismos reproches bajo diferente etiqueta, y a denunciar respecto  de   la  misma  prueba  errores  que  son  naturalmente  excluyentes.  Semejante  confusión  aumenta  tras constatar la Corporación que el libelista ni siquiera  atina  a  identificar  una  norma  sustancial  de  la  cual  se  pueda  predicar  violación   por   el   sentenciador,   requisito   argumentativo  de  elemental  cumplimiento,  si lo que se pretende es demostrar la violación indirecta de una  ley sustancial.   

En  últimas,  el  libelo  no es más que un  conjunto  de  desordenadas  críticas  contra  la  apreciación  probatoria  del  fallador,  así  como  la exposición de la personal ponderación del recurrente  -como  si  de  una instancia se tratara- y su opinión de cuáles han debido ser  las conclusiones de la sentencia.   

En  el  inicio  del  escrito  de demanda, el  censor  reprocha  un  falso  raciocinio en la apreciación de los testimonios de  Heiner  Olmedo  de León Bustamante y de su madre Nolfa María Bustamante Ortiz,  pero  ni siquiera acierta a identificar cuál fue la máxima de la sana crítica  vulnerada  por  el  fallador  o  cuál  regla de la experiencia, la lógica o la  ciencia  ha  debido  observar, sino que se queda en criticar que los testigos no  son creíbles y su dicho contiene contradicciones.   

Solamente expresa su discrepancia respecto de  la   regla  plasmada  por  el  sentenciador,  según  la  cual,  “los  grandes  delincuentes  utilizan  fachada  para esconderse de su  trabajo   ilícito”,  sin  precisar  por  qué  fue  indebidamente  aplicada,  cuál fue su trascendencia o qué regla debió aplicar  el  fallador; además, pide que en esta sede se aprecie que, según lo dicho por  Albeiro  Jaime  Ascanio,  el procesado no incurrió en actividad ilícita alguna  por  cuanto no fue capturado con elementos indicativos de ella, razonamiento que  no  es  de  recibo  en  casación,  pues  la  inconformidad  con la apreciación  probatoria plasmada en la sentencia no es una de sus causales.   

En  un cargo separado, el libelista reprocha  que  al  apreciar  los  mismos  testimonios  antes  reseñados,  el sentenciador  incurrió,  además,  en  un falso juicio de identidad, sin advertir que las dos  censuras  no  pueden  concurrir  respecto  de  la  misma prueba, a no ser que se  propongan  de  manera  subsidiaria,  precisión  que el libelista omite. En todo  caso,  no acierta al sustentar el cargo, porque en lugar de demostrar qué es lo  que  materialmente  dice  la  prueba  y  cómo  el  sentenciador  tergiversó su  contenido  con incidencia en el sentido de la decisión, desvía su razonamiento  para  reclamar  que  del dicho de Víctor Guevara se debe concluir que el delito  fue  cometido por él y el joven León Bustamante, y que la policía le ofreció  dádivas  para  incriminar a terceros inocentes, argumento que en esta sede nada  demuestra   y   aún   ante  las  instancias  difícilmente  sería  de  recibo.   

En       otro       cargo,   denuncia   que  el  sentenciador  incurrió  en  falsos  juicios  de existencia por omisión de los testimonios de  Albeiro  Ascanio,  Víctor  Guevara  Contreras,  Marta  Ligia Franco, Omar David  Sánchez  Palacio,  Martín  Tapias  y Nolfa Bustamante, pero rápidamente surge  evidente  que  el reproche carece de materialidad, pues las declaraciones de los  dos  primeros  y  la última fueron apreciadas por el a  quo  (pág.  15,  17  y  19  de la decisión de primer  grado)   y   también   por   el  ad  quem  (pág  5,  sentencia  de  segunda  instancia)  para  respaldar  la  responsabilidad  del  procesado,  mientras que las restantes fueron consideradas  por  el  juez  (páginas 11 y 12 de la decisión de primer grado), en el sentido  de  que  “dan  cuenta al unísono del pago de cuotas  extorsivas      en      el      primer     trimestre     de     2008”.   

Por  lo tanto, el falso juicio de existencia  por  omisión alegado carece de materialidad; y aún cuando a la Sala -en franco  desconocimiento  del  principio  de  limitación-  le  fuera dado interpretar el  sentido  del  reproche  y abordarlo como un falso juicio de identidad, como así  parece  sugerirlo  el demandante, tampoco en ello tiene éxito, pues se limita a  enfrentar  su personal apreciación a la del sentenciador, pero sin demostrar en  esta última un yerro evidente y trascendente.   

En           conclusión,  los cargos formulados por el  demandante   adolecen  de  una  debida fundamentación, motivo por el cual,  como  ya  se  anunció,  la  Corte  dispondrá  su indamisión sin que, por otra  parte,  observe  razones  que  ameriten  superar  las  falencias reseñadas para  cumplir con algunos de los fines del recurso extraordinario.   

4. Cuestión adicional  

El Tribunal Superior de Valledupar llamó la  atención  sobre  las posibles irregularidades en el cumplimiento de los deberes  funcionales  atribuibles  al  fiscal  acusador  y  su,  al parecer, complaciente  inactividad  en  esta  actuación.  Fue  así que el ad  quem    expresó   lo   siguiente:   “Lo  que  debió  exigírsele a la fiscalía es la razón por la cual  no  dedujo el concurso en las extorsiones para que las penas fueran mayores, por  qué  tanta  tolerancia  con  la dueña de la casa donde se reunían los actores  delictivos;  por  qué  no  recurrió  alguna  de las absoluciones y por qué si  Claudia  Milena  puede  ser  encubridora  de  un  concierto  para delinquir o de  extorsión  -como tímidamente lo aceptó la jueza- nada ha hecho por investigar  esas conductas.”   

Por  lo tanto, consecuente con la postura de  la  corporación  de instancia, la Corte dispondrá la compulsación de copia de  esta  determinación,  de  la  sentencia  de  segundo  grado  y  del  escrito de  acusación  con  destino  a  la  Fiscalía General de la Nación y Procuraduría  General  de  la Nación, con el fin de que se investiguen las posibles conductas  punibles  o  disciplinariamente relevantes en que haya podido incurrir el Fiscal  8º  Especializado  de  Valledupar, doctor Juan Carlos Linero Mora, con ocasión  del trámite de este proceso.   

5. Acotación final  

Toda vez que contra la decisión de inadmitir  la   demanda   de   casación   procede  el  mecanismo  de  insistencia  según  lo  establece  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es  necesario  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite que ha de  regir  ese  instituto  procesal,  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha fijado los  siguientes                lineamientos1:   

a) La insistencia es  un  mecanismo  especial  que sólo puede ser promovido por el demandante, dentro  de  los cinco días siguientes a la notificación del auto pro medio del cual la  inadmite  la  demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decidido.  También  podrá  ser  promovido  oficiosamente  dentro del mismo  término   por   alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación      Penal      –siempre      que     el     recurso     no   hubiera     sido     interpuesto    por     el    Procurador  Judicial–,  el   Magistrado    disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya  participado en los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la  demanda,  o  bien  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia, someter  el  asunto  a consideración de la Sala o no hacerlo, evento este último que se  informará al peticionario en un plazo de quince días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del   proceso   José   Luis  Medina Pabón.   

SEGUNDO:   A  través  de  la  Secretaría  de  esta  Corporación,  y  para  los fines arriba  indicados,  compúlsense  las  copias a las que se hace alusión en el cuerpo de  esta   providencia,  con  destino  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y  Procuraduría General de la Nación.   

TERCERO:   De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, contra  la  determinación  adoptada en el numeral primero de esta providencia es viable  la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                            JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ             

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                      MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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