34686(02-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 34686  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                 Magistrado Ponente:   

                                          ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

                                           Aprobado acta N°. 69   

Bogotá  D. C., dos (2) de marzo de dos mil  once (2011)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso de apelación  interpuesto  por  la  apoderada  de  la  Parte  Civil  contra  la  sentencia del  veintitrés  (23) de junio de dos mil diez (2010), por  medio de la cual la  Sala  Penal de Decisión del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán  absolvió  a la doctora PATRICIA MARÍA OROZCO URRUTIA, de los cargos formulados  por el delito de Prevaricato por Acción.   

HECHOS  

         En  el  año  1999  la  señora  LUCY SUSANA CAICEDO SARRIA inició  proceso  ejecutivo  singular de menor cuantía con medidas previas y cautelares,  en  contra  de  los señores GUSTAVO ADOLFO VÉLEZ MARÍN y ALEYDA PERAFÁN PAZ,  que  correspondió  por  reparto  al  Juzgado Quinto Civil Municipal de Popayán  (Cauca),  despacho  que  libró mandamiento de pago mediante auto del 7 de abril  del mismo año.   

         De  otro  lado en memorial adjunto a la demanda, el apoderado de la  parte  demandante  solicitó  se  decretaran las medidas cautelares y para dicho  efecto  anexó  la póliza de seguros (Seguros ATLAS S.A.) fechada el 3 de marzo  de  1999,  en  cumplimiento  de la exigencia de prestar caución impuesta por el  despacho.   

         El  7  de abril de 1999, el juzgado decretó el embargo y secuestro  previo  de  los  bienes  muebles  de propiedad de la señora ALEYDA PERAFAN PAZ,  motivo  por  el cual envió el Despacho Comisorio No. 154, al Inspector Superior  de  la  Policía  Municipal  (Oficina  de  Reparto),  para  que  procediera a la  realización  de  la mencionada diligencia, la que se cumplió el 21 de mayo del  mismo  año  por  la  Inspección  Tercera  Superior  de  Policía  Municipal de  Popayán.   

         El  día  15  de  febrero  de  2001, se le comunicó al Juez Quinto  Civil  Municipal  de  Popayán  que el proceso había sido seleccionado para ser  enviado, por descongestión, al Juzgado Sexto Civil Municipal.   

         En  memorial posterior dirigido al Juzgado Sexto Civil Municipal de  Popayán,   la   abogada   sustituta   de   la  parte  ejecutante  solicitó  la  continuación  del  proceso  toda vez que los demandados incumplieron el acuerdo  conciliatorio realizado el 29 de junio.   

         Mediante  escrito  del 29 de abril de 2004, radicado por el abogado  de  la  parte  demandada,  se  pidió  LEVANTAMIENTO  DE  LAS MEDIDAS CAUTELARES  solicitadas  en  la  demanda,  argumentando  varios hechos y razones de derecho.   

         De  acuerdo  con  lo  anterior, el Juzgado Sexto Civil Municipal de  Popayán  a  través  de AUTO CALENDADO EL 3 DE MAYO DE  2004  y  notificado  por  estado  No. 072 de la misma  fecha,   resolvió  LEVANTAR  LAS  MEDIDAS  CAUTELARES  DECRETADAS  sobre  los  bienes  de  la señora ALEYDA  PERAFÁN  PAZ, y ordenó al secuestre hacer entrega de los bienes a la demandada  o  a  quien  representara  sus  derechos, condenando en costas y perjuicios a la  parte demandante.   

         El  12  de  mayo  de  2004 el apoderado de los demandados solicitó  iniciar  el trámite del INCIDENTE DE REGULACIÓN DE PERJUICIOS aduciendo, entre  otras  cosas,  que  aunque  la  póliza  de  seguro que exige la ley para que se  decreten  las  medidas  cautelares  se  presentó en tiempo y en debida forma al  despacho  de la Juez Sexta Civil Municipal, aquella carecía de legalidad por no  haberse  cancelado  el  valor de la prima para que el contrato de seguro tuviera  eficacia  a  la  hora  de  hacer  efectivo  su  cobro (artículo 1068 Código de  Comercio).   

         El  13 de mayo de 2004 el despacho judicial estimó el monto de las  agencias  en  derecho  a  favor de la parte demandada y ordenó que se llevara a  cabo el resto de la liquidación de las costas procesales.   

         En  decisión  del  7 de octubre de 2004, se condenó a LUCY SUSANA  CAICEDO  SARRIA  dentro  del  incidente de REGULACIÓN DE PERJUICIOS a pagar las  sumas  de  cuarenta  y  siete millones doscientos cuarenta y dos mil ochocientos  treinta        pesos        ($47’242.830)  por concepto de lucro cesante y de siete millones ochenta  y     seis     mil     cuatrocientos     veinticinco    pesos    ($7’086.425)   por   daño   emergente.   

         Con  base en tal decisión que definía el monto de los perjuicios,  el  15  de octubre de 2004 el apoderado de la parte demandada inició el proceso  ejecutivo  tendiente  a  obtener  el  pago  de  las costas y la ejecución de la  sentencia.  Así  mismo,  presentó  demanda  y  solicitó  decretar las medidas  cautelares  en  once  inmuebles  de  propiedad  de  LUCY  SUSANA CAICEDO SARRIA.   

         El  1  de  diciembre  de  2004,  por  intermedio  de  apoderado, la  mencionada  CAICEDO  SARRIA propuso incidente de nulidad, que el fue resuelto en  forma negativa el 27 de junio de 2005.   

         Inconforme  con  la decisión la recurrió y el 25 de enero de 2006  el  Juzgado  Tercero Civil del Circuito de Popayán, decretó la nulidad de todo  lo actuado a partir del 3 de mayo de 2004.   

ANTECEDENTES  

         El  17  de  octubre  de 2006 la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Popayán profirió resolución de preclusión de la investigación  a   favor   de   PATRICIA   MARÍA   OROZCO  URRUTIA  (folios  532  –  546  /  2),  la  que  apelada  fue  revocada  por  la  Unidad  de  la  Fiscalía  Delegada  ante la Corte Suprema de  Justicia  el  30  de  abril  de 2007, y en su lugar  emitió Resolución de  Acusación  por  el delito de prevaricato por acción, de que trata el artículo  413  del  Código  Penal  (folios  571 –  608  /  2).  Tramitado  el juicio, el 23 de junio de 2010 la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Popayán  profirió  sentencia  de  primera  instancia  (folios  319  –  373  / 3), cuya impugnación  presentada  de  manera  oportuna por la apoderada de la Parte Civil, corresponde  dirimir a la Sala de Casación Penal de la Corte.    

IDENTIDAD DE LA PROCESADA  

PATRICIA MARÍA OROZCO URRUTIA, identificada  con cédula de ciudadanía N°34.527.484 de Popayán,  natural  de Popayán  (Cauca), nacida el día 14 de diciembre de 1956, hija  de  MARÍA TERESA URRUTIA y ABSALÓN OROZCO (fallecido), madre de GABRIEL y EDNA  PATRICIA  de  8  y  16  años  de  edad  respectivamente, de profesión abogada,  egresada  de la Universidad del Cauca, especialista en Derecho Procesal Penal de  la  Universidad  Cooperativa  de  Colombia  y  en  Derecho  Administrativo de la  Universidad  del  Cauca;  actualmente,  se  desempeña  como  Juez Promiscuo del  Circuito  de  Caloto  (Cauca);  ingresó  a  la  Rama  Judicial en 1984; en 1987  empezó  a  laborar  como Juez Segunda Promiscuo Municipal de Bolívar (Cauca) y  en   el   año  2001,  fue  trasladada  al  Juzgado  Sexto  Civil  Municipal  de  Popayán.    

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

         

         El  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Popayán, Sala de  Decisión  Penal,  absolvió  a  la  procesada al llegar al convencimiento   acerca  de la ausencia de tipicidad en la actuación de la Jueza PATRICIA MARÍA  OROZCO  URRUTIA,  toda  vez  que  la decisión adoptada por auto de 3 de mayo de  2004 no es manifiestamente contraria a derecho.   

         Indica      que      “el  acto  producido  por  la  juez  acusada  no  es manifiestamente  injusto  como  se  pretende hacer creer”,  por  tanto  no se cumple la exigencia de tipicidad objetiva como  presupuesto  para  declarar  la  responsabilidad penal de la procesada.  Se  advierte  que  “cuando hay  confrontación  de  tesis  jurídicas razonables, no se presenta el prevaricato,  tal  como  lo han sostenido al unísono la doctrina y la jurisprudencia nacional  e        internacionales        (…)”.1   

         Sostiene      que     “La  tesis  sostenida  por  la  juez cuestionada es plausible, no es  irracional  y  consulta la ley desde el punto de vista sistemático, porque ella  echa  mano  del Código de Comercio, para sostener con un argumento sólido, que  de  acuerdo  con la normatividad comercial, si no se cancelaba la póliza dentro  del  término  mencionado  por  la  norma  comercial,  de  manera automática se  deshacía  el  contrato,  y  devenía  indefectiblemente el levantamiento de las  medidas            cautelares”,2  y  por ello no existió una decisión manifiestamente contraria a  derecho  como  lo  exige  el  artículo  413  de  la  Ley  599 de 2000, sino una  disparidad en los criterios jurídicos.   

         Para   respaldar   su   dicho,   el   a  quo realizó un análisis minucioso de la providencia  de  3  de  mayo  de  2004,  concluyendo  que  la funcionaria consultó criterios  legales  y  jurisprudenciales verídicos y pertinentes. Se aduce que el contrato  de  seguros, utilizado en el proceso ejecutivo para prestar la caución, se rige  por  la  ley  comercial,  la  cual establece un plazo máximo para el pago de la  prima  (artículo  1066 Código de Comercio) y la terminación de aquel por mora  en el pago (artículo 1068 Código de Comercio).    

         Puntualizó  que  en  el expediente sometido a la consideración de  la  procesada  en su calidad de Juez Sexta Civil Municipal, no se hallaba prueba  del  pago  de  la prima respectiva y en consecuencia era correcta la aplicación  de  los artículos citados en la providencia que decretó el levantamiento de la  medida    cautelar.    Así   las   cosas   se   manifestó   que   “La   tesis  sostenida  por  la  juez  cuestionada  es  plausible, no es irracional y consulta la ley desde el punto de  vista  sistemático,  porque  ella  echa  mano  del  Código  de  Comercio, para  sostener   con  un  argumento  sólido,  que  de  acuerdo  con  la  normatividad  comercial,  si  no se cancelaba la póliza dentro del término mencionado por la  norma  comercial,  de  manera  automática  se deshacía el contrato, y devenía  indefectiblemente   el   levantamiento  de  las  medidas  cautelares”.3   

Afirmó  que la dra. PATRICIA MARÍA OROZCO  debía  acatar  el precedente horizontal que fue puesto a consideración por los  demandados,  según  el  cual el Juzgado Tercero Civil Municipal de Popayán, en  auto  de  16  de  enero  de  2004  ordenó levantar las medidas cautelares en un  proceso  ejecutivo  por  existir  ilegalidad del embargo, y donde se indicó que  los  efectos  de la póliza están sujetos a que se aporte prueba del pago de la  misma.    

         Ante   el   cuestionamiento   hecho  por  la  parte  civil  por  no  haberse   utilizado  los medios con que cuenta el Juez para averiguar si el  pago  de  la  prima  se había efectuado o no, la sentencia de primera instancia  precisò   que   “en  el  documento  no  aparecía  la palabra cancelado, y por otro lado se tiene que, el  Código  de  Procedimiento  Civil,  indica que es potestativo ordenar pruebas de  oficio,  más  no,  obligatorio  al  señalar:  el  juez  podrá  llevar  a cabo  diligencias  probatorias,  ya que en dicho sistema rige el principio dispositivo  referente  al  impulso  procesal  que deben dar las partes al asunto”.4   

         La  providencia  materia  de  apelación  añade  que  existió  un  desinterés  demostrado  por  parte  de  la demandante ALEYDA PERAFÁN, conducta  descuidada  que  permitió la solicitud de levantamiento de la medida cautelar y  por  la  cual  nunca  se  cuestionó  o  impugnó  la  decisión de 3 de mayo de  2004.     Indica   el  a  quo  que   “la  parte  denunciante  descuidó  el  proceso civil, cuando de acuerdo al principio  dispositivo  debía  estar  pendiente  del  trámite,  ya que de lo contrario se  hacía  acreedora  a  las consecuencias legales, y lo cierto es que el documento  en  proforma  llamado  POLIZA  JUDICIAL  Y  FACTURA  DE  VENTA  no  contiene  la  constancia  de  CANCELADO. Además, si tardíamente se pidió una constancia del  3  de  diciembre de 2004, lo cierto es que este documento no es equivalente a un  comprobante  de pago o el sello de cancelado, que definitivamente no apareció y  dio     pie     para     levantar     las     medidas     cautelares”.5   

         Tras  el  análisis  de  los  elementos probatorios expuestos y con  base  en  los  argumentos reseñados, el Tribunal Superior de Popayán concluyó  que  no  existìa responsabilidad penal en la conducta de PATRICIA MARÍA OROZCO  URRUTIA  por  la  ausencia  de  tipicidad como elemento normativo del injusto de  prevaricato.    

LA IMPUGNACIÓN  

         En  el  escrito  de  apelación  presentado  por la apoderada de la  Parte  Civil,  se  hace  un recuento de los hechos objeto de investigación y se  cuestionan  los  argumentos  esgrimidos  por  el  Tribunal Superior de Popayán.   

         Alega  que  la  decisión de levantamiento de medidas cautelares se  profirió  un  día  hábil después de haber sido presentada la solicitud. Para  la  parte  civil  la  actitud  de la Dra. OROZCO URRUTIA se explica porque ésta  “había    perdido  objetividad  en  el  asunto  y  decidió  apresurar  el  paso para eventualmente  aprovechar  que  la  parte demandante había perdido interés y habían relajado  la     vigilancia     del    proceso”.  Arguye el apelante que en esa época no existían las figuras de  la  perención  ni  de la terminación por desistimiento tácito que hoy obligan  al  impulso  del proceso ejecutivo. En contraste, la obligación del juzgador es  mantener  el  trámite de la actuación proceso y de los bienes asegurados hasta  tanto se logre el recaudo de la obligación.   

         Adiciona   que   en  el  trascurso  del  proceso  se  demostró  la  existencia  de  la  obligación e incluso se intentó la diligencia de remate de  los  bienes  ofrecidos  como  dación  en pago. En consecuencia la caución para  mantener  las  medidas  cautelares  ya  no era necesaria en esta etapa procesal.   

         Se   cuestiona  la  utilización  del  precedente  horizontal  como  argumento  de  la  providencia  de  3  de mayo de 2004, toda vez que el trámite  procesal  se  encontraba  en  una etapa totalmente distinta y se refería a otro  tipo de ilegalidad en el embargo.   

         Hizo  alusión  a  la  decisión  proferida  por el Juzgado Tercero  Civil  del  Circuito  de Popayán indicando que la póliza judicial expedida por  Seguros  Atlas es un documento privado que se presume auténtico y veraz. En ese  sentido  la  carga  de probar cualquier inconsistencia, irregularidad o falta de  los  requisitos,  estaba  en  cabeza  de  quien solicitó el levantamiento de la  medida  cautelar.  Lo  anterior se acentúa con el certificado de 3 de diciembre  de  2004  en  el  cual  la  Aseguradora  manifiesta  que  la póliza había sido  cancelada  el  mismo  día  en que fue expedida, esto es, el 3 de marzo de 1999.   

         Sostuvo  que  la sentencia de tutela de segunda instancia proferida  por  la  Sala Civil de la Honorable Corte Suprema de Justicia para mostrar   “que la póliza judicial  jamás  fue cuestionada, que el espacio en blanco no era suficiente para mostrar  la  falta  de  pago  y  que  el  juzgado  debía  tener  como  válida  la misma  concluyendo  que  resultó  errado  acceder  a la solicitud del levantamiento de  embargo  y  consecuentemente  a la condena en costas a su poderdante”.   

         Manifiesta  que  el  juzgado  Sexto  Civil  Municipal  no  ha  sido  diligente  y  eficiente  en  el impulso del proceso ejecutivo al punto de tardar  casi  tres  años  para  decidir  las  excepciones de mérito, y sin embargo, la  petición  de levantamiento de las medidas cautelares fue resuelta con celeridad  (2  días  hábiles)  lo  que  constituye un indicio en contra de la Dra. OROZCO  URRUTIA.   

         Precisa  que  es  evidente el dolo en cabeza de la procesada ya que  fundamentó   su   decisión  en  un  “supuesto     precedente”  el  que no era aplicable por las profundas diferencias existentes  en  ambos  casos.  Asimismo  se  alegó  que  la  intención  de la procesada se  evidencia  en  los perjuicios causados ya que de bienes avaluados en $ 5.525.000  se  decretaron  perjuicios por $ 47.242.830, aumento exagerado que fue propuesto  en  el  peritaje  y  avalado por la sindicada por medio de auto que decretó los  perjuicios, y que fue desacreditado por la fiscalía.   

         Recuerda  que en escrito del 9 de octubre de 2001, una de las   demandadas  ALEYDA  PERAFÁN  PAZ  ofreció  entregar  los  bienes embargados en  dación  en  pago, razón por la que la existencia de la obligación era clara y  evidente  para  la funcionaria y en consecuencia resultaba improcedente levantar  las medidas cautelares.   

         Argumenta  que  la  antijuridicidad de la conducta es evidente ante  la  vulneración  de  los derechos de la señora LUCY SUSANA CAICEDO SARRIA y la  consecuente  violación del bien jurídico tutelado, a lo que se suma la nulidad  declarada por el Juez Tercero Civil del Circuito de Popayán.   

INTERVENCIÓN      DE     LOS     NO  RECURRENTES   

         La  defensa  se opuso a la solicitud elevada por la apoderada de la  Parte   Civil.  En  su  alegato  se  indica  que  la  impugnación  “no ataca la ratio decidendi del fallo  de  primera  instancia”, e  incurre      en      errores      de      argumentación      y     “colocando  en la boca del tribunal lo  que     este     no     ha     dicho”.   

         En  consecuencia,  adhirió  a  los  argumentos  esgrimidos  por el  Tribunal  Superior  enfatizando  que  la  Dra.  OROZCO URRUTIA actuó dentro del  riesgo  permitido,  según  la  teoría  de la imputación objetiva del profesor  GUNTHER  JACKOBS,  para  concluir  que  no  existe  tipicidad en el actuar de su  defendida.    

LA CORTE CONSIDERA  

         Es  competente  la  Corte  Suprema  de  Justicia  para  resolver el  recurso  de  apelación  propuesto  por el apoderado de la parte civil contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán  al  tenor  de los dispuesto en el artículo 75 numeral 3° de la Ley 600 de 2000  (Código de Procedimiento Penal).   

         De  conformidad  con el artículo 204 ibídem la presente decisión  se  concretará  a  los  asuntos  objeto  de  impugnación  y a aquellos que les  resulten indivisiblemente vinculados.   

         La  Sala  debe  abordar  los  siguientes  temas  y  con  ello   resolver  los   problemas  jurídicos  propuestos  por la parte civil en el  escrito  mediante  el cual sustentó el recurso de apelación: (i) la estructura  del  delito  de  prevaricato y los elementos constitutivos del tipo  y (II)  establecer   si  la  decisión  proferida  por  la  procesada  fue  “manifiestamente   ilegal”  y  en  consecuencia  determinar  la  tipicidad de la conducta desplegada por la acusada.   

Respuesta    a    los   argumentos   del  apelante.   

Dentro  de  márgenes  razonables  en  la  interpretación  de  la  ley sustantiva en relación con la labor de decidir (de  decir  el  derecho), lo que el ordenamiento jurídico espera de los funcionarios  de  las  distintas  Ramas  del  poder público, entre ellas la rama judicial por  antonomasia  (fiscales, jueces, unidos los agentes del Ministerio Público) y en  general  de  quienes  cumplen funciones que tienen que ver con la contemplación  probatoria  y  la  aplicación  del ordenamiento jurídico, es que acierten a la  hora  de  la valoración material y jurídica de las pruebas del proceso y en la  aplicación  del derecho vigente al caso específico.  Así, cuatro son los  referentes de exigibilidad:   

Acierto  en  la contemplación material de las pruebas   

Acierto  en  la contemplación jurídica de las pruebas   

Acierto     en     la    legalidad de los procedimientos   

Acierto     en     la    aplicación      de      las     normas     sustantivas.   

Ello  es  lo  que  se conoce como el amparo  presuntivo   de   acierto   y  legalidad  del  que  gozan  las  decisiones  judiciales;   el delito de  prevaricato  por  acción se estructura cuando el servidor público en ejercicio  de   sus   funciones   profiere   dictamen,  resolución,  acto  administrativo,  providencia  judicial  o concepto que de manera manifiesta se aparte del sentido  de  la  norma  jurídica  llamada a regular el caso, con lo cual afecta tanto la  credibilidad   y   la   integridad   de  la  administración  pública  como  el  funcionamiento     del     sistema     jurídico6.   

Del Prevaricato por acción  

La  conducta  punible  de  prevaricato  por  acción  por la cual se acusó a la doctora PATRICIA MARÍA OROZCO URRUTIA en su  condición  de  Jueza  6  Civil  Municipal  de  Popayán está consagrada en los  siguientes términos:     

                

              Ley 599 de 2000.   

         

         Artículo  413.-  El  servidor  público  que profiera resolución,  dictamen  o  concepto manifiestamente contrario a la ley, incurrirá en prisión  de  tres  (3)  a  ocho  (8)  años,  multa  de cincuenta (50) a doscientos (200)  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de funciones públicas de cinco (5) a ocho (8) años.    

De  acuerdo  con  lo anterior los supuestos  normativos  para que se estructure el tipo objetivo son la concurrencia de   un     sujeto    activo  calificado, es decir, tener  la  calidad  servidor  público;  como  sujeto  pasivo  el   Estado   y   la   Sociedad;   el   bien  jurídico  que  este delito viola o  pone  en  peligro  es la administración pública en su especifica versión  de  exigir  el  respeto  de  la  autoridad  a  la ley y el Derecho; la   conducta  consiste  en  conceptuar,  proferir   el   dictamen   o   la   resolución   ilegal   y  como  elemento   normativo,   además  de  los  anteriores,     la    expresión    “manifiestamente       contrario      a      la      Ley”.7       

Esta Sala ha reiterado que cuando se imputa  el  delito  de  prevaricato  a  un  servidor  judicial  porque  se  cuestiona la  interpretación o aplicación de una norma, se exige   

       “(…)  que  dicha  conducta  prohibida se  realiza,   desde   su   aspecto  objetivo,  cuando  se  presenta  un  ostensible  distanciamiento  entre  la  decisión  adoptada  por el servidor público y las normas de derecho llamadas a  gobernar la solución del asunto sometido a su conocimiento.   

     

       También   ha  señalado  la  Sala  que al incluir el legislador en la referida descripción un  elemento   normativo   que   califica   la  conducta,  el  juicio  de  tipicidad  correspondiente  no  se  limita a la simple y llana constatación objetiva entre  lo  que  la ley manda o prohíbe y lo que con base en ella se decidió, sino que  involucra  una  labor  más  compleja, en tanto supone  efectuar  un  juicio  de  valor  a  partir  del  cual  ha  de establecerse si la  ilegalidad   denunciada   resiste   el  calificativo  de  ostensible  por  lo  cual,  como  es apenas natural, quedan excluidas de esta  tipicidad   aquellas   decisiones   que  puedan  ofrecerse  discutibles  en  sus  fundamentos  pero en todo caso razonadas, como también las que por versar sobre  preceptos  legales complejos, oscuros o ambiguos, admiten diversas posibilidades  interpretativas  por  manera que no se revelan como manifiestamente contrarias a  la ley.8   

Tiene  dicho la Sala que  a la hora de  hacer  el  examen  de  la  conducta  prevaricadora  se  ha  de  observar  que su  concurrencia   puede   inferirse  a  partir  de  la  mayor  o  menor  dificultad  interpretativa  de  la  ley  inaplicada  o tergiversada, así como de la mayor o  menor  divergencia de criterios doctrinales y jurisprudenciales sobre su sentido  o  alcance,  elementos  de  juicio  que  no  obstante su importancia, no son los  únicos  que  han  de  auscultarse,  imponiéndose avanzar en cada caso hacia la  reconstrucción  del  derecho verdaderamente conocido y aplicado por el servidor  judicial  en  su  desempeño  como  tal,  así  como  en  el  contexto en que la  decisión  se  produce,  mediante  una  evaluación ex  ante   de  su  conducta9.   

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es  el  referido  a  las simples diferencias de criterios respecto de un determinado  punto  de derecho, especialmente frente a materias que por su enorme complejidad  o  por  su  misma  ambigüedad  admiten  diversas  interpretaciones u opiniones,  situaciones  en  las  que  no  es factible considerar la decisión judicial como  propia  del  prevaricato,  pues  no puede ignorarse que en el universo jurídico  suelen  ser  comunes  las  discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución10.   

         Como  se  dijo  atrás,  el delito de prevaricato por acción tiene  como   sujeto pasivo la  sociedad y por ese camino el  Estado   porque,  si  bien  es  cierto  que  el particular puede padecer las  consecuencias  de  una   conducta de tal naturaleza, no es menos cierto que  cuando   la  administración  pública  como  bien  jurídicamente  tutelado  se  resquebraja,  se  modifica o altera y, por tanto se torna en disfuncional, dicha  afectación  individual  la  sufre  el  ciudadano  pero como miembro de un grupo  social   que   espera   probidad   y  rectitud  de  los  administradores  de  la  justicia,  por esa razón la Ley 270 de 1995    dispone    en    el    articulo    1    que   “La  administración de justicia es la  parte   de   la  función  pública  que  cumple  el  Estado  encargada  por  la  Constitución  Política y la ley de hacer efectivos los derechos, obligaciones,  garantías  y  libertades  consagrados  en  ellas,  con  el  fin  de realizar la  convivencia   social  y  lograr  y  mantener  la  concordia  nacional”.           

La  Jurisprudencia  de  esta  Sala  ha  precisado que:   

        “En  general, como importante punto de  partida,  se  puede  admitir  que  el  bien jurídico tutelado que se estudia es  ofendido  cuando  se  atenta  contra  la  buena  marcha  de  la  administración  pública,  es  decir,  cuando  su  organización, estructura o funcionalidad son  distorsionadas o víctimas de otros rumbos.   

      Desde  luego  que  dada  la  amplitud del concepto administración pública, íntimamente vinculada  con  los  intereses  y derechos ciudadanos, se hace menester especificar, según  la conducta concretamente desplegada.   

      En  el  delito de  prevaricato,   no   hay   duda   alguna   en  cuanto  la sociedad, y por esa vía  el  Estado,  sufre  las  consecuencias del funcionario  que  se aparta de la Constitución cuando da preeminencia al interés particular  -así  sea  el suyo, aparte del de uno o varios de los sujetos procesales- sobre  el  general;  olvida  que  debe  cumplir con una de las funciones esenciales del  Estado  cual es la de servir a la comunidad y mantener un orden justo; se aparta  de  las  normas  superiores  y  de la ley; en las actuaciones judiciales deja de  lado  el  debido  proceso  o proceso justo; se aleja de su obligación que, como  persona  y  ciudadano,  tiene  de  colaborar  con  el  buen funcionamiento de la  administración  de  justicia; tacha con su conducta el juramento por el cual ha  prometido  cumplir sus deberes y defender la Carta; no  recuerda  que  está  al  servicio  del  Estado  y  de  la comunidad;  se  le  escapa  que su intervención o actuación en los asuntos  penales  -que se integran al proceso- tienen que estar sometida al imperio de la  ley.11   

         Por  su  parte,  si  el  particular  resulta  desfavorecido  con la  decisión    prevaricadora     tiene    la   condición   de   perjudicado  directo  lo cual lo habilita  para  instaurar  la demanda civil dentro del proceso penal (artículo 45 Ley 600  de  2000),  máxime  cuando  los  móviles  de la parte civil no se limitan a la  indemnización   de   los   perjuicios  sino  que  pueden  extenderse  hasta  la  averiguación  de  la  verdad  determinante  del  ilícito  y,  por  ende, de la  realización    de    la    justicia    material.12   

Naturaleza   y   fin   de   las   medidas  ejecutivas   

         El  comportamiento  atribuido a la incriminada,  de acuerdo con la  preceptiva   transcrita,   consiste   en   proferir   resolución,   dictamen  o  concepto   manifiestamente   contrario   a   la  ley  y  para  establecer  el cumplimiento de este elemento  normativo   del   tipo  penal  de  prevaricato  resulta  necesario  precisar  la  naturaleza,  fin  y  aplicación  de  las  medidas cautelares dentro del proceso  civil ejecutivo.    

         Las  medidas cautelares dispuestas sobre bienes del demandado, como  lo  señaló  la fiscalía Delegada ante la Corte, son garantías que se otorgan  previamente  a  la iniciación de los procesos o durante el curso de los mismos,  con  el  único  objeto de responder por los perjuicios que se causen durante su  trámite  y  en  el  evento de exigirse previamente a la orden de embargo de que  trata  el  artículo  513  del  C.  de  P.C.;   la misión de la póliza de  garantía  es  la  de  conjurar  ocasionales  perjuicios  que  genere  la medida  adoptada;   tales  garantías  se  pueden  satisfacer  con  prestaciones en  dinero,  reales,  bancarias,  o seguros ofertados por compañías o entidades de  crédito     autorizadas     (artículo    678    Código    de    Procedimiento  Civil).   

         La        ley       –además  de  la  práctica  judicial-  enseña  que  el funcionario  judicial  examina  la  suficiencia de la garantía en el momento de ser prestada  por  la  parte  interesada  en que el decreto de la medida cautelar, instante en  que  puede ser aceptada o rechazada (Artículos 679 y 685 C.P. de C.), es decir,  si  la  póliza  no reúne los requisitos establecidos en la ley, la caución se  califica  como  no  prestada  y  por  consiguiente  la medida cautelar sobre los  bienes  que  persigue  el acreedor para satisfacer su crédito no se decreta por  insuficiencia       de       la       garantía13.   

         Una  perspectiva  del  asunto permite afirmar que si no se califica  de  manera  adecuada  la  caución  prestada  en  el  momento en el cual se va a  decretar  la medida cautelar, entrañaría la probable afectación al patrimonio  del titular de los bienes cautelados.   

         A   su   vez,   el   artículo  513  inciso  10°  del  Código  de  Procedimiento Civil dispone:   

Art. 513 Embargo y  Secuestro previos   

Para  que  pueda  decretarse  el  embargo o  secuestro  de  bienes  antes  de  la  ejecutoria  del  mandamiento  de  pago, el  ejecutante  deberá  prestar  caución  en  dinero,  bancaria o de compañía de  seguros,  equivalente al diez por ciento del valor actual de la ejecución, para  responder  por  los  perjuicios que se causen con la práctica de dichas medidas  cautelares.  Esta caución se cancelará una vez el ejecutante pague el valor de  los  perjuicios  liquidados,  o  precluya  la  oportunidad  para  liquidarlos, o  consigne  el  valor  de  la  caución  a  órdenes  del  juzgado  o el de dichos  perjuicios, si fuere inferior.   

         Por  su  parte  el  Libro  Cuarto  del mismo estatuto procedimental  regula  las  medidas  cautelares  y  en  especial  el título XXXIV establece lo  concerniente a las cauciones. El artículo 679 respectivo indica:   

“Art.  679.  Calificación y cancelación   

Prestada la caución, el juez calificará su  suficiencia  y  la  aceptará  o  rechazará,  para  lo  cual  se observará las  siguientes reglas   

(…)   

3.  Si la caución no reúne los anteriores  requisitos,  el  juez  negará su aprobación y se tendrá por no constituida, y  si se trata de hipoteca procederá su cancelación.   

4.  Salvo  disposición  en  contrario, las  cauciones  se  cancelarán  mediante  auto  apelable en el efecto diferido si el  proceso  está  en curso, o en el suspensivo si concluyó, una vez extinguido el  riesgo  que  amparen,  o  cumplida  la  obligación  que  de  él  se  derive, o  consignado el valor de la caución a órdenes del juez.    

Frente  al  levantamiento  del  embargo  y  secuestro,  medidas  cautelares  que  son  objeto  de  estudio  en  la  presente  decisión, se han previsto unas causales  en el artículo 687:   

Artículo     687.     Levantamiento del embargo y secuestro.   

   

Se levantarán el embargo y secuestro en los  siguientes casos:   

1. Si se pide por quien solicitó la medida,  cuando  no  haya  litisconsortes  o  terceristas;  si  los hubiere, por aquél y  éstos,  y  si  se  tratare  de  proceso  de  sucesión  por todos los herederos  reconocidos  y  el  cónyuge sobreviviente. El auto que resuelva la petición es  apelable en el efecto diferido.   

2. Si se desiste de la demanda que originó  el proceso, en los mismos casos del numeral anterior.   

3.  Si  el  demandado  en proceso ordinario  presta  caución  para  garantizar lo que se pretende, sus frutos o productos si  se  trata de secuestro, y el pago de las costas; en el proceso ejecutivo, en los  casos contemplados en el artículo 519.   

4. Si se ordena la terminación del proceso  ejecutivo  por  la  revocatoria  del  mandamiento  de pago o porque prospere una  excepción previa o de mérito.   

5.  Si  se absuelve al demandado en proceso  declarativo.   

6. Si se declara la perención en la primera  instancia  o  se  ordena,  en lugar de aquélla, el levantamiento de las medidas  cautelares en proceso ejecutivo.   

7. Si se trata de embargo sujeto a registro,  cuando  del  certificado  del  registrador aparezca que la parte contra quien se  profirió   la   medida   no   es   la   titular   del  dominio  del  respectivo  bien.   

8. Si un tercero poseedor que no se opuso a  la  práctica  de la diligencia de secuestro, solicita al juez del conocimiento,  dentro  de  los  veinte días siguientes, que se declare que tenía la posesión  material  del  bien  al tiempo en que aquélla se practicó, y obtiene decisión  favorable.  La solicitud se tramitará como incidente, en el cual el solicitante  deberá probar su posesión.   

Para  que  el  incidente pueda iniciarse es  indispensable  que  el peticionario preste caución que garantice el pago de las  costas  y  la  multa  que lleguen a causarse, y si se trata de proceso ejecutivo  además que no se haya efectuado el remate del bien.   

9.  Cuando  exista otro embargo o secuestro  anterior,  salvo  lo dispuesto en el artículo 558. Si se levanta el secuestro y  se  trata de proceso de ejecución, se aplicará lo dispuesto en el parágrafo 3  del artículo precedente.   

10.  En los casos de los numerales 1., 2. y  8.,  para  resolver  la  respectiva  solicitud  no  será  necesario que se haya  notificado  al  demandado  el  auto  admisorio  de  la demanda o del mandamiento  ejecutivo.   

Siempre  que  se  levante  el  embargo  o  secuestro  en  los  casos  de  los  numerales  1.,  2.  y  4.  a 8. del presente  artículo,  se  condenará  de  oficio  o  a  solicitud  de  parte  en  costas y  perjuicios  a  quienes  pidieron tal medida, salvo que las partes convengan otra  cosa.  Si  el  juez no impone dicha condena, el auto será apelable en el efecto  devolutivo.   

         Como  se  desprende  de  las  normas  transcritas,  el  Código  de  Procedimiento  Civil  establece un tratamiento especial para el levantamiento de  las  medidas  cautelares en un proceso judicial. No obstante, a diferencia de lo  sugerido  en  la  resolución  de  acusación,  esta  normatividad  no logra ser  taxativa  y en consecuencia no se puede indicar que las únicas causales para el  levantamiento  del  embargo  sean  aquellas establecidas en el artículo citado,  afirmación  que  puede sustentarse en el artículo 679 ibid. que establece otro  tipo de cancelación o levantamiento del embargo.   

         El  auto  acusado  de  ilicitud  fue  emitido  como respuesta a una  solicitud  de  la  parte  pasiva  en  el  proceso  ejecutivo  y  no fue expedido  oficiosamente  por  la  funcionaria  procesada;  su motivación (amplia) guardó  estrecha  relación  con  los  temas  planteados  por el apoderado de la persona  afectada  con las medidas cautelares que incluyeron una causal de levantamiento,  diferente a las enlistadas en el art. 687.   

         Asimismo   la   petición  obligaba  a  la  funcionaria  acusada  a  estudiar,  interpretar  y  seleccionar  unas  normas de otra codificación, pero  ligadas  directamente  a las garantías de las medidas cautelares, circunstancia  que  exigía  la  exposición de criterios sistémicos para resolver un problema  jurídico que por su naturaleza ofrece algún grado de dificultad.   

         Posiblemente  la  providencia  cuestionada  en  el proceso penal no  resulte  acertada,  por  algunas de las razones aducidas por el impugnador, pero  no   por   ello,  indefectiblemente,  debe  ser  calificada  de  manifiestamente  contraria  a  la  ley,  lo  cual  de ser aceptado, conduciría a tesis extremas,  extrañas  a  la  autonomía  e  independencia de los jueces, pues bastaría una  razonable  disparidad  de criterios en la interpretación de las normas legales,  para  dar  por estructurado el elemento normativo del tipo penal de prevaricato.  Obsérvese  además  que  la parte actora bien pudo cuestionar la determinación  adoptada  y  se  abstuvo  de  hacerlo  dentro de la secuencia de inactividad que  caracterizó  su actuación dentro de los dos años anteriores a la petición de  levantamiento de las medidas cautelares.   

Del Precedente Horizontal  

         En  su  escrito  de  impugnación  el recurrente alega una indebida  aplicación  del  precedente  horizontal  por  parte de la acusada, toda vez que  sustentó  su  decisión  en una providencia fallada en igual sentido pero cuyos  aspectos  fácticos  eran  totalmente distintos. La aplicación y obligatoriedad  del  precedente  logra  tener  diferencias  si  se  trata  del  tipo  vertical y  horizontal.  De  igual forma la existencia del precedente presupone la similitud  en  los  aspectos  fácticos  objeto  de  las  decisiones. Ha esgrimido la Corte  Constitucional que:   

“En   sus  pronunciamientos  sobre el tema esta corporación ha resaltado que en desarrollo  de  lo  previsto  en  los artículos 228 a 230 de la Constitución Política, la  regla  general  es  el  respeto  a  la independencia y autonomía de los jueces,  cuyas  providencias  sólo  están  sometidas  al  imperio de la ley14.   Sin  embargo,  como  también  lo ha explicado esta Corte, esa regla no es absoluta y  su  aplicación  debe  armonizarse  con  otros  valores  y principios igualmente  importantes dentro de nuestro sistema constitucional.   

Uno de tales principios es, naturalmente, el  relacionado  con  la  estructura  jerarquizada  de la Rama Judicial, conforme al  cual  los  jueces  que  integran  los niveles inferiores de dicho sistema están  sujetos  a la eventual revocación de sus decisiones por parte de los que ocupan  una  escala superior, a quienes se encuentran funcionalmente subordinados. Otros  aspectos  más  complejos  incluyen  valores  como  la  seguridad  jurídica, la  confianza  legítima  de  los asociados y particularmente la igualdad, todos los  cuales  podrían  verse  afectados  en caso de que, so pretexto de la autonomía  judicial  y  sin  razón  suficiente, asuntos fácticamente idénticos o de alta  similitud  fueran fallados en forma abiertamente divergente, ya sea por el mismo  juez,  o  por distintos jueces, ubicados dentro de la misma escala jerárquica o  en diferentes niveles de ella.   

A  partir  de  estos  elementos,  el  juez  constitucional  ha relievado la importancia de los precedentes judiciales, desde  cuyo  conocimiento  el ciudadano puede albergar una expectativa razonable acerca  de  cómo  resolverán  los  jueces  un  caso  concreto  que  tiene  identidad o  similitud  fáctica con otros anteriores. La jurisprudencia ha distinguido entre  precedente  horizontal,  que  es  aquel  que debe observarse por el mismo juez o  corporación  que  lo  generó  o  por  otro(a) de igual jerarquía funcional, y  precedente  vertical, que es el que proviene de un funcionario o corporación de  superior  jerarquía,  particularmente  de  aquellas  que  en  cada  uno  de los  distintos   ámbitos   de   la   jurisdicción   se  desempeñan  como  órganos  límite.   

De  lo  anterior resulta que, al emitir sus  providencias,  los  jueces  deben  tomar en cuenta los precedentes existentes en  relación  con el tema, que pudieren resultar aplicables, especialmente aquellos  que  han  sido trazados por las altas corporaciones judiciales que, en relación  con  los  distintos  temas,  tienen la misión de procurar la unificación de la  jurisprudencia.  Hacer caso omiso de esta consideración puede implicar entonces  la  afectación  de  derechos  fundamentales  de  las  personas  que de buena fe  confiaban   en   la   aplicación   de   los  precedentes  conocidos”.15   

         Dentro  del contexto jurisprudencial citado, puede afirmarse que el  auto  del  Juzgado  3  Civil  Municipal de Popayán utilizado por la funcionaria  encausada   para  apoyar  su tesis, no constituía un precedente en sentido  estricto  debido a las diferencias fácticas entre los dos procesos. Sin embargo  debe  anotarse que la decisión de fondo, esto es el levantamiento de una medida  cautelar  debido  a  la  posible  ilegalidad  o  ausencia de la caución, era un  escenario  idéntico en ambas providencias. De allí que el auto allegado por el  apoderado  de la demandada con el cual sustentó su pretensión de levantamiento  del  embargo,  generó  una  posibilidad  interpretativa  en  el  criterio de la  encausada  que  razonablemente  acogió  e  incluyò  en  la  parte motiva de la  providencia criticada.   

Atipicidad de la actuación  

         Es  menester indicar que en opinión de esta Sala, la actuación de  la  procesada  pudo  llegar  a  ser  equivocada pero no constituye una decisión  manifiestamente contraria a  derecho.   La  decisión  adoptada por PATRICIA MARÍA OROZCO responde a la  aplicación  e  interpretación  de normas comerciales en un asunto que no tiene  regulación   exhaustiva   en   el   procedimiento  civil.  En  ese  sentido  la  inconformidad  aludida  por  el  recurrente  responde  a  un  desacuerdo  con la  interpretación  realizada  por  la juez, circunstancia que descarta de plano la  existencia del prevaricato.   

         La  acusada acudió a la aplicación del artículo 1068 del Código  de   Comercio   para   indicar   que  “la  mora en el pago de la prima de la póliza o de los certificados  o  anexos  que  se  expidan  con  fundamento en ella, producirá la terminación  automática  del  contrato  y dará derecho al asegurador para exigir el pago de  la  prima  devengada y de los gastos causados con ocasión de la expedición del  contrato”.   En  forma  razonada   la  providencia  tachada  de  prevaricadora  señala  que  en el  expediente  no existía prueba alguna de haberse pagado la prima del contrato de  seguro  y  por  tanto,  el  riesgo  de  perjuicios no se encontraba cubierto por  caución  alguna.  Esta motivación la llevó a decretar el levantamiento de las  medidas  cautelares  apoyada  en una decisión adoptada, en la misma dirección,  por un Juez de su misma categoría en el mismo circuito judicial.   

         Ha  manifestado  esta  Sala  que  la  actuación de quien comete el  injusto    de    prevaricato    debe   ser   evidente   y   manifiestamente  ilegal:   

“(…)   a   propósito  del  ingrediente  normativo  manifiestamente  contrario  a  la ley, es nutrida sobre el alcance de  las  palabras de la ley. Así, por ejemplo, ha dicho que la contradicción entre  lo  hecho  por  el  autor  y  la  ley  debe ser ostensible (26 de febrero y 3 de  septiembre  de  1981; que cuando el sentido literal de la norma y la específica  finalidad  de  un  texto  legal no son suficientemente claros, mientras éste es  complejo,  o  por su confusa redacción admite interpretaciones discordantes, no  es  posible  hablar  de  un  comportamiento  manifiestamente  ilegal  ;  que  la  actuación  adjetivada  de  prevaricante  debe  ser ostensible y manifiestamente  ilegal,   “es   decir,  violentar  de  manera  inequívoca el texto y el sentido de la norma”;  que  cuando  lo  plasmado  por  el  servidor     se    ha    fundado    “en  concienzudo  examen  del  material probatorio y en el análisis  jurídico   de   las   normas   aplicables  al  caso,  no  puede  pregonarse  la  comisión” de prevaricato  (ibídem);   que   no   constituye   prevaricato  la  interpretación   desafortunada   de   las   normas  ni  el  desacierto  de  una  determinación,  pues  ese  delito  implica  la  existencia objetiva de un texto  abiertamente  opuesto  a  lo  ordenado  o  autorizado  por  la  ley (2  de  marzo  de  1993);  que  el  tipo de prevaricato exige, como  elemento  normativo, que la contradicción entre lo demandado  por la ley y  lo  resuelto  sea  notoria,  grosera o “de  tal  grado  ostensible  que  se  muestre  de  bulto con la sola  comparación     de     la     norma     que     debía    aplicarse”;  que  para hablar de prevaricato es  necesario  establecer  cuándo  los  argumentos del servidor, dentro de un campo  determinado,  resultan  aceptables, pues una interpretación loable frente a las  singulares  trazas  que ofrece un caso puede permitir el rechazo del prevaricato  (28  de  agosto  de  1997;  que  si  el  comportamiento del funcionario no está  acompañado  de  razones justificatorias, es decir, acordes con los hechos y con  el  precepto  legal,  si  obedece a su mero capricho, el acto es manifiestamente  contrario  a  la  ley  (ibídem);  y  que tal delito se configura si el servidor  público   profiere   concepto,   dictamen,   resolución,   auto   o  sentencia  manifiestamente  apartado  de  la  norma  jurídica  aplicable al caso, haciendo  prevalecer  su  capricho  sobre  la  voluntad  de  la disposición legal, lo que  significa  comparar  el mandato legal contentivo de la norma con lo hecho por el  funcionario    (14    de    marzo   y   15   de   mayo   del   2002)”16.   

         De  las  pruebas  existentes  en el expediente no se puede deducir,  contrario  a  lo sostenido por la resolución de acusación, que PATRICIA MARÍA  OROZCO  hubiese  proferido  decisión  manifiestamente  contraria  a derecho. Es  sustancial  entender  que  los  hechos  puestos  de  la  acusada  no  tienen una  regulación  completa  en el estatuto de procedimiento civil. En otras palabras,  existe  allí  un  vacío  normativo que obliga al Juez encargado de resolver el  tema  a  hacer  una  interpretación sistemática con el Código de Comercio. En  efecto,  en  ninguna  norma  del  sistema  procesal  colombiano se le indica con  precisión  al  juez  la  forma  de  actuar en el caso de encontrar una caución  ilegal   o  inexistente  luego  de  haber  sido  aprobada  la  medida  cautelar.   

         En  aplicación  del  mencionado  criterio  hermenéutico  la  Dra.  OROZCO  URRUTIA  decidió  dar  aplicación  a  la  normatividad comercial en lo  referente  al  contrato  de  seguro. Para esta Corporación la aplicación de la  norma  comercial,  la  cual  se encarga de regular lo concerniente al mencionado  contrato,  no  se aparta de la lógica jurídica con que debe actuar el operador  judicial.   Debido  a  que  la  caución  se  presta  para suplir cualquier  perjuicio  causado al propietario del bien embargado, la juez debía decidir con  base  en  las pautas del convenio asegurador, en cuyo caso se explica así no se  comparta, la decisión adoptada en el proceso ejecutivo.   

         De  lo  anterior  se infiere que en el evento examinado se presenta  una  inconformidad  de  la  parte  demandante con la interpretación dada por la  juez,  circunstancia  que  debe ser controvertida por los mecanismos pertinentes  previstos  en  el ordenamiento jurídico. La falta de actividad y vigilancia del  proceso  por  parte  de  la  demandante  impidió  que  ésta  se opusiera a las  decisiones  adoptadas  por  el  despacho,  situación  que  no  puede resolverse  mediante  los  instrumentos  del  derecho  penal.  Sería  incompatible  con  la  independencia   y  autonomía  de  los  Jueces que toda decisión que fuese  opuesta  a  los  intereses  de alguna parte del proceso generaran una actuación  penal por prevaricato.    

         De  otro  lado,  la  celeridad con que fue resuelta la petición de  levantamiento  de  las medidas cautelares no constituye de manera alguna indicio  de  responsabilidad penal, toda vez que el legislador colombiano, de vieja data,  ha  querido  que  en  atención a la naturaleza de aquéllas todo lo relacionado  con  su  constitución,  decreto, garantías etc. se decida prontamente, como lo  dispone, el artículo 685 del C.P.C.:   

“ARTÍCULO 685.  TERMINO   PARA   RESOLVER.   El  juez  resolverá  las  solicitudes  de  medidas  cautelares,     a     más    tardar    al    día  siguiente  del  reparto  o  de  la  presentación  de  ellas”.   

         Así  mismo  se  debe aclarar que no se presenta incoherencia en la  decisión  de  la funcionaria toda vez que no fue ella quien decretó el embargo  y  aceptó  las  cauciones  allegadas,  de  manera  que  una  vez se realizó la  petición  por la parte demandada, la juez entró a estudiar la caución y optó  por la decisión cuestionada.   

         En  conclusión,  el auto de 3 de mayo de 2004, al margen del grado  de  acierto  que  contenga,  no  es  ostensiblemente  contrario  a  derecho;  la  controversia  que  pueda  generar su expedición encuentra explicación  en  distintas  condiciones  que  rodearon  la  decisión  como  son   la  total  inactividad  de  la  parte  demandante,  la posible aplicación de un precedente  horizontal  y  la existencia de vacíos normativos frente a los hechos objeto de  la providencia.   

La ausencia del elemento normativo del tipo  penal   objeto   de   la   acusación,   esto  es  la  calidad  de  manifiestamente      contrario      a     derecho,     desvirtúa  la tipicidad objetiva  y obliga a la confirmación  de la sentencia impugnada.   

Ante la carencia de tipicidad de la conducta  atribuida  a la procesada, es improcedente pronunciarse sobre la antijuridicidad  y culpabilidad aducidos por el recurrente.   

Así,      la      decisión     se  confirmará.     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por la  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR  la  sentencia  de  veintitrés  (23)  de junio de dos mil diez (2010) emitida por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Popayán, Sala de Decisión Penal,  por la cual se absolvió a  PATRICIA MARÍA OROZCO URRUTIA.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ             LEONIDAS             BUSTOS  MARTÍNEZ               FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                 Cita medica   

SIGIFREDO                     ESPINOSA  PÉREZ                                 ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                          

AUGUSTO              J.              IBAÑEZ  GUZMÁN                         JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                       

JULIO              ENRIQUE              SOCHA  SALAMANCA                     MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

        

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Visible a Folio 335 Cuaderno 3 Original.   

2  Visible a Folio 356 Cuaderno 3 Original.   

3  Visible a Folio 336 Cuaderno 3 original.   

4  Visible a Folio 369 Cuaderno 3 original.   

5  Visible a folio 358 Cuaderno 3 original   

6CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sentencia  del  18  de  junio  de  2008,  rad.  núm.  23051.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia de 13 de mayo de 2009.  Exp. 31.391   

8  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  Sentencia de 13 de julio de 2006, Exp. 25.627.   

9  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  Sentencia de 25 de mayo de 2005, Rad. 22.855   

10  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Sentencia de 23 de febrero  de 2006, Rad. 23.901   

11  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal.  Sentencia  de  25  de  febrero  de  2003,  Rad. 17.871.   

12  Corte Constitucional, Sentencia C- 570 de junio 15 de  2003.   

13  “ARTÍCULO    679.  CALIFICACION  Y  CANCELACION.  Prestada  la  caución,  el  juez  calificará su  suficiencia  y la aceptará o rechazará, para lo cual observará las siguientes  reglas:   

1.  La  caución hipotecaria se otorgará a  favor  del  respectivo  juzgado o tribunal, y dentro del término señalado para  prestarla  deberá  presentarse  un certificado del notario sobre la fecha de la  escritura  de  hipoteca,  copia  de  la minuta de ésta autenticada por el mismo  funcionario,  el  título  de  propiedad  del  inmueble,  un  certificado  de su  tradición  y  libertad  en  un  período de veinte años si fuere posible, y el  certificado  de  avalúo  catastral.  Los  notarios  darán  prelación  a estas  escrituras,  y  su  copia  registrada  se presentará al juez dentro de los seis  días siguientes al registro.   

2.  Cuando  se trate de caución prendaria,  deberá  acompañarse  el  certificado  de  la  cotización  de los bienes en la  última  operación  que  sobre  ellos  haya  habido en una bolsa de valores que  funcione  legalmente,  o  su  avalúo por dos peritos que figuren en la lista de  auxiliares  de  la  justicia, autenticado ante juez o notario, que se entenderá  rendido bajo juramento por la sola firma del escrito.   

Los   bienes  dados  en  prenda  deberán  entregarse  al juez junto con la solicitud para que se acepte la caución, si su  naturaleza  lo  permite,  y  aquél ordenará el depósito en un establecimiento  bancario  u  otro  que  preste  tal  servicio;  en los demás casos, en la misma  solicitud  se  indicará  el  lugar  donde  se encuentren los bienes para que se  proceda  al  secuestro,  que  el  juez  decretará y practicará inmediatamente,  previa  designación  del  secuestre  y  señalamiento  de  fecha y hora para la  diligencia;   si  en  esta  se  presenta  oposición  y  el  juez  la  considera  justificada, se prescindirá del secuestro.   

3. Si la caución  no  reúne  los  anteriores  requisitos,  el  juez  negará  su aprobación y se  tendrá   por   no  constituida,  y  si  se  trata  de  hipoteca  procederá  su  cancelación.   

4.  Salvo  disposición  en  contrario, las  cauciones  se  cancelarán  mediante  auto  apelable en el efecto diferido si el  proceso  está  en curso, o en el suspensivo si concluyó, una vez extinguido el  riesgo  que  amparen,  o  cumplida  la  obligación  que  de  él  se  derive, o  consignando   el   valor   de   la  caución  a  órdenes  del  juez”.   

ARTÍCULO 685. TERMINO PARA RESOLVER. El juez resolverá las  solicitudes  de  medidas  cautelares, a más tardar al  día  siguiente  del reparto o de la presentación de  ellas”.   

14   Cfr. sobre estos temas,  las sentencias  C-104 de  1993  (M.  P.  Alejandro  Martínez  Caballero),  T-698  de  2004 (M. P. Rodrigo  Uprimny  Yepes),  T-571  de  2007 y T-687 de 2007 (en ambas M. P. Jaime Córdoba  Triviño).   

15  Corte  Constitucional.  Sentencia  T  – 014 de 2009.   

16  Sentencia del 27 de septiembre del 2002, radicado 17.680.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *