33054(19-01-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     n.º  33054   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Aprobado acta No. 8  

Bogotá D. C.,  enero  diecinueve (19) de dos mil once (2011).   

I.   OBJETO   DE   LA  DECISIÓN:   

1.  Se  pronuncia la Sala en relación con su  competencia  para reasumir el conocimiento de este proceso, y acerca del recurso  de  apelación interpuesto por la Fiscalía General de la Nación respecto de la  sentencia  absolutoria  emitida  por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito  Especializado    de    Bogotá    en   favor   del   ex   Senador   WILLIAM  ALFONSO MONTES MEDINA, acusado por  el delito de concierto para delinquir agravado.      

II.    ANTECEDENTES  PROCESALES:   

2.  La  Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de  Justicia,  tras  múltiples informaciones en torno al compromiso de congresistas  de  la  República  con  grupos  paramilitares,  el  21  de marzo de 2007 abrió  investigación  criminal  en  contra  de  los  senadores  MIGUEL  ALFONSO  DE LA  ESPRIELLA  BURGOS, JUAN MANUEL LÓPEZ CABRALES, WILLIAM  ALFONSO  MONTES  MEDINA, REGINALDO MONTES ÁLVAREZ y el  Representante  JOSÉ  DE  LOS  SANTOS  NEGRETE  por  el delito de concierto para  delinquir  agravado, a quienes luego vinculó al proceso mediante diligencias de  indagatoria (Fls. 14, 30-44 c.o. No. 4)   

3.   El  14  de  mayo  de  2007 la Sala  resolvió  la  situación  jurídica  provisional de los congresistas indagados,  profiriendo  en  su  contra medida de aseguramiento de detención preventiva sin  beneficios  liberatorios, por el delito de concierto para delinquir agravado, al  tiempo  que  ordenó  sus  capturas;  en  esa misma fecha fue detenido el doctor  WILLIAM ALFONSO MONTES MEDINA  (Fls. 15 y 91 c.o. No. 8)   

4.  El  11  de septiembre siguiente la Corte  cerró  la  investigación  y luego, el 8 de noviembre del mismo año, profirió  resolución  de acusación por el delito de concierto para delinquir agravado en  contra  de  los  senadores  MIGUEL  DE  LA  ESPRIELLA BURGOS, JUAN MANUEL LÓPEZ  CABRALES,  WILLIAM  ALFONSO  MONTES MEDINA  y  REGINALDO  MONTES  ÁLVAREZ, favoreciendo con preclusión de la  investigación  al  Representante  JOSÉ  DE  LOS SANTOS NEGRETE (Fls. 70 vuelto  c.o. No. 14, y  60 vuelto c.o. No. 16).   

5. El 23 de enero de 2008, tras el hecho que  el  Senado  de  la República aceptó la renuncia al cargo de senador presentada  por     el    doctor    WILLIAM    ALFONSO    MONTES  MEDINA,  la  Corte  rompió  la  unidad procesal y por  competencia   remitió   lo   correspondiente  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Montería-Córdoba, donde el expediente quedó a disposición  de  las partes para que pidieran pruebas, nulidades, y prepararan las audiencias  (Fls. 76, 78 c.o. No. 17;  y 9 c.o. No. 18).   

6.  El 6 de marzo de 2008, por petición  de  la  Fiscalía General de la Nación, la Corte ordenó cambiar la radicación  del  proceso  de  Montería-Córdoba a Bogotá-Cundinamarca, donde correspondió  por  reparto  al  Juzgado Sétimo Penal del Circuito Especializado, que de nuevo  corrió  el  traslado  previsto  en la norma 400 de la Ley 600 de 2000. El 22 de  mayo  del  mismo  año  tuvo  lugar  la  audiencia  preparatoria; la pública se  desarrolló  entre el 7 y el 18 de julio siguiente (Fls. 16 c.o. No. 18; 12 y 82  c.o. No. 19; y 29 c.o. No. 20).     

7.  El  19  de  agosto  de  2008, el Juzgado  Séptimo   Penal   del  Circuito  Especializado  de  Bogotá  emitió  sentencia  absolutoria  por  el  cargo de concierto para delinquir agravado en favor del ex  Senador     WILLIAM   ALFONSO   MONTES   MEDINA,  y  al  día  siguiente,  luego de constituida caución  prendaria,   materializó   su   libertad   (Fls.   89,   93   y  100  c.o.  No.  21).     

8. La Fiscalía General de la Nación pidió  revocar  la  sentencia  absolutoria  emitida  en  favor  del doctor WILLIAM  ALFONSO  MONTES  MEDINA, a través  de  recurso de apelación concedido en efecto suspensivo para ante la Sala Penal  del   Tribunal  Superior  de  Bogotá  de  donde,  sin  haberse  desatado  dicha  impugnación,  se  remitió  el expediente por competencia a la Corte Suprema de  Justicia,  teniendo  como  fundamento  el  auto  de  1°  de  septiembre de 2009  proferido  dentro  del radicado 31.653, conforme con el cual esta Sala le fijó,  por   mayoría,   nuevos   alcances  al  parágrafo  del  artículo  235  de  la  Constitución  Política  (Fls.  108  y  184  c.o. No. 21; 6 c.o. del Tribunal).  Sigue  decidir  si  la  Corte  tiene competencia para conocer el proceso; de ser  así,  si la sentencia apelada cobró firmeza, o ante el recurso pendiente puede  ser revisada por la Sala.    

III. CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

1. De la competencia:  

          9. Por la memoria precedente se sabe que  la  Corte  Suprema  de  Justicia conoció de este proceso hasta cuando el doctor  WILLIAM ALFONSO MONTES MEDINA  renunció  a  su  curul  de senador,  que se desprendió de su conocimiento  interpretando  que  la  simple  dejación  del  cargo enervaba sus atribuciones,  porque  el  delito  de concierto para delinquir por el cual se procede no tenía  relación   con   la  función  congresional,  en  tanto  “impropio”  de  la  misma1;  así  fue como un Juez Penal del Circuito Especializado presidió  el juicio y emitió la sentencia apelada.     

          10.  Pero  en tanto el Tribunal Superior se aprestaba a emitir fallo  de  segundo  grado la Corte cambió su jurisprudencia2, para desde entonces sostener,  por  mayoría,  que a pesar de que se haya perdido la calidad de congresista, se  mantiene  el  fuero  y se prorroga la competencia, no sólo en relación con los  delitos  propios  de  la  función sino de todos los demás que tengan relación  con  ella,   de  modo  que “[no hay campo a la  vacilación   respecto   de   que   en   los   eventos   en   que   –de  acuerdo  con  lo  señalado-  se  establezca   el  vínculo  entre  la  función  como  congresista  y  el  delito  atribuido,  la  Corte  debe  mantener  o (para el caso específico) recuperar la  competencia   de   la   que   hubiere  podido  desprenderse  en  virtud  de  una  interpretación  que  a  la  fecha  ha  sido  reconsiderada,  en ejercicio de su  facultad   constitucional   de   ser  la  unificadora  de  la  jurisprudencia”  3   

.  

         

          11.    En    esas   condiciones,   agregó   la   Corte,  “cuando  la  infracción  imputada es de aquellas que de alguna  manera  pudieran  dar  cabida a una conclusión diversa o dubitativa, como fruto  de  la  valoración  de  la  prueba,  del  desarrollo  de  la  función,  de las  actividades  desplegadas en el ejercicio del cargo, etc, y que por ello hubieren  originado  la  remisión  del  expediente  a  la  Fiscalía  (o  a  juzgados  de  conocimiento),  como  sucedió  con  los  procesos fundados en el concierto para  delinquir   agravado   en   un  comienzo  atribuido  por  la  Corte  a  diversos  congresistas,   tampoco   hay  lugar  a  discusión  que  en  tales  situaciones  particulares  la  fijación  definitiva  de  la  competencia (que normativamente  está   reglamentada   en   la  Constitución)  se  hará  en  últimas  por  la  interpretación  que  haga con criterio de autoridad la Sala de Casación Pernal  de  la  Corte,  como  órgano máximo de la jurisdicción ordinaria y en calidad  –como   también   se  adelantó-   de   ente   unificador   de   la  jurisprudencia  que  le  reconoce  explícitamente        la       Carta”       4.   

          12.  En  tal sentido, como el cargo atribuido por la Corte al doctor  WILLIAM ALFONSO MONTES MEDINA  consiste  en  señalarlo  de  ser  autor  del delito de concierto para delinquir  agravado  para  promover  grupos  armados  al  margen  de la ley, al tenor de lo  dispuesto  en  el  inciso  2º,  del  artículo  340  de  la  ley  599  de 2000,  poniéndose  de  manifiesto  que  la  base  fáctica  necesaria para tal efecto,  según  la  resolución  de  acusación, consistió en reunirse y hacer acuerdos  con  grupos  paramilitares  en  perspectiva  de  fortalecerse  políticamente  y  mantener  su  hegemonía,  queda  evidenciada  su  relación  con  el  cargo  de  congresista  que  por  entonces  ostentaba  y con ello la competencia de la Sala  para  su  procesamiento,  en  términos  de  lo previsto en los artículos 186 y  235-3  de la Constitución Política; por eso la Corte avoca el conocimiento del  proceso.       

          13.  Precisa  la  Sala eso sí, como se hiciera en eventos análogos  precedentes,   que   “las  actuaciones  adelantadas  (entre  ellas el acopio de pruebas), al igual que las decisiones adoptadas hasta  ahora  por  los  diversos órganos, tanto de investigación como de juzgamiento,  vale  decir  la Fiscalía y jueces especializados, mantienen plena validez, pues  todas  ellas  se ejecutaron dentro del ejercicio de una competencia que la Corte  en  su  momento  señaló  en desarrollo de su legítimo deber constitucional de  interpretación  del  orden  jurídico  y particularmente de aquellas normas que  tienen   que   ver   con   el   proceso   penal”5, teniendo por marco normativo  el  artículo  40 de la Ley 153 de 1887, porque aunque en estricto no se alude a  la  aplicación  de  una  ley,  se  trata  de  jurisprudencia que “comporta la  aplicación  de  una  ley, derivada de la interpretación que con autoridad hace  la   Sala   y   que   proyecta   efectos  inmediatos  e  indubitables  sobre  la  sustanciación  y  ritualidad  de  la actuación” 6.         

2. De la impugnación   

14.  En atención a que la Fiscalía General  de  la Nación interpuso recurso de apelación contra la sentencia que absolvió  del  cargo  de  concierto  para  delinquir  agravado  al ex Senador WILLIAM  ALFONSO MONTES MEDINA, emitida por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá  bajo el  régimen  procesal  de  los  no  aforados  (Ley  600/00),  corresponde a la Sala  determinar  si sobrevenida su competencia a partir de un giro jurisprudencial en  torno  al  fuero congresional, impera decidir la impugnación pendiente, o dicho  fallo  cobró  firmeza;  ese  es  el  problema del orden jurídico-formal que se  resolverá.      

15.   En   ese   sentido,  no  se  suscita  controversia  respecto  de que las sentencias emitidas  por  la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, por  razón  del  fuero  de  los  procesados, sea constitucional o legal, dado que la  Corporación  es órgano límite de la jurisdicción ordinaria y por lo mismo no  tiene  superior  funcional,  no  son pasibles del recurso de apelación; por eso  son   de   única   instancia  y  en  términos  de  lo  absoluto,  no  admiten   impugnación alguna. Ni  siquiera  son  dables  al  recurso  de reposición reservado por la ley para los  autos  interlocutorios  y  los de sustanciación que deben notificarse (Art. 199  Ley  600  de  2000), vedado expresamente a las sentencias en tanto proscrito que  sean  reformadas  o  revocadas  por  el  mismo  juez o sala de decisión que las  produce  (Art.  412  ib)  7.     

16.  El  problema  se  presenta  cuando  por  razones  de  fuero,  procesos penales que cursan bajo la competencia de jueces o  Fiscales  a  quo, de manera  súbita,  en  el  estado en que se encuentren, llegan al conocimiento de la Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, sin que previamente se hayan resuelto  recursos  legal  y  oportunamente  interpuestos;  porque  la  letra de la ley no  señala  claramente  el  camino  para  que  con  respecto  a  esas impugnaciones  irresolutas, el debido proceso se realice.   

17.  Entonces  es  preciso  acudir  a  los  principios,  a  las  normas rectoras, a la axiología constitucional y legal. En  esa  parte  del  derecho  la  Corte  encuentra que, según el artículo 31 de la  Carta   Fundamental,   “[t]oda   sentencia   judicial  podrá  ser  apelada  o  consultada,  salvo  las  excepciones  que consagre la  ley”.  Y  la  norma  18  de  la  Ley  600  de  2000,  refiriendo  al mismo principio, recaba en que “[l]as sentencias y providencias  interlocutorias  podrán ser apeladas (…), salvo las  excepciones  que  consagre  la  Ley”.  Entonces,  por  virtud  constitucional  y  legal,  la  máxima  o  principio general es que  “toda  sentencia”, toda,  más  allá  de  su sentido, sea absolutoria o condenatoria, puede ser apelada o  consultada;  y  las  excepciones  tienen  que estar previstas en la Ley, o en la  misma Constitución Política.     

18. Es así como en la parte orgánica de la  Carta  Política, artículo 235-3, se dispone que [s]on atribuciones de la Corte  Suprema  de  Justicia,  entre otras, “[i]nvestigar y juzgar a los miembros del  Congreso”,  aún  habiendo cesado en el ejercicio del cargo “respecto de las  conductas  punibles  que tengan relación con las funciones desempeñadas”; lo  que  en  similar  lenguaje  desarrolla  el  Código de Procedimiento Penal en su  artículo  75 (Ley 600 de 2000), al señalar que “[l]a Sala de Casación Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  conoce,  entre  otros  asuntos, “[d]e la  investigación  y  el  juzgamiento  de  los  Senadores  y  Representantes  a  la  Cámara”,  incluso  después  de  la dejación del cargo si los delitos tienen  relación con las funciones congresionales.   

19.  En  búsqueda  de  las  excepciones  al  principio  de  la doble instancia, por virtud de la Carta Política y de la Ley,  se  llega a los fueros de procesamiento, erigidos como prerrogativas emanadas de  la  función  o  el  cargo  dentro  de la estructura del Estado, a partir de los  cuales  la  investigación  y juzgamiento de sus titulares corresponde a la más  alta  jerarquía judicial en la materia penal, por encima de las demás personas  que  son  procesadas  bajo  facultades  ordinarias,  lo  que  conlleva a que las  decisiones  en  su  respecto,  cuando  las  adopta la Corte Suprema de Justicia,  máximo   poder  de  la  jurisdicción  y  por  tanto  desprovista  de  superior  funcional   (Arts.  186  y 234 C.N.), son de única instancia; por lo mismo  inapelables.       

20.  Es así como según el artículo 186 de  la  Constitución  Política,  “[d]e los delitos que cometen los congresistas,  conocerá  en forma privativa  la   Corte   Suprema  de  Justicia,  única  autoridad  que  podrá  ordenar  su  detención”,  significándose  conforme  la  norma  235-3 también de la Carta  Fundamental,   que   su   investigación   y  juzgamiento  es  de  su  exclusiva  competencia.  Si  se  trata  de  Senadores  o Representantes, desde su posesión  hasta  su  retiro,  más  allá de cualquiera otra consideración, por la simple  razón  del  cargo,  su procesamiento corresponde a la Sala y sus decisiones son  de única instancia; la alzada no es posible.   

21. En esos términos, si de las normas 235-3  de  la  Constitución  Política  y  75-7 del Estatuto Instrumental Penal, surge  diáfano  que  las  providencias jurisdiccionales adoptadas por la Corte Suprema  de  Justicia,  en  ejercicio  de  las atribuciones Constitucionales y legales de  investigar  y  juzgar  a los Congresistas de la República, por la excepción de  su  competencia  privativa  y  la ausencia de superior devienen inapelables, con  ese  mismo  argumento  como reflejo, por contraste, cuando tales determinaciones  emanan  de  otras  jerarquías  jurisdiccionales, como los juzgados de instancia  que  sí tienen superior y no tienen esa competencia exclusiva, se ubican dentro  del principio general y por lo mismo son apelables.   

22.   Reconoce la Sala que el derecho a  la  doble  instancia  consagrado  en el artículo 31 de la Carta Política no es  absoluto,   en   tanto   que  el  legislador  está  facultado  para  establecer  excepciones,  de  acuerdo con estándares internaciones, pero llama la atención  en  que  ni  siquiera  éste puede erigirlas de manera caprichosa, desconociendo  los  principios,  valores  y  derechos  fundamentales  constitucionales,  lo que  significa  que  con  mayor  razón,  no  es  dable  a  la  Corte  por vía de la  hermenéutica,  salirse de ese marco general y fijar excepciones ilegítimas, en  cuanto  injustificadas,  amen  de su “finalidad, racionalidad, razonabilidad y  proporcionalidad”,      como      lo      establece      la     jurisprudencia  constitucional8; para hacerlo debe tener motivos suficientes.   

23. Por eso es preciso insistir en que ni la  Ley  ni  la  Constitución  Política  prevén,  ni  puede  interpretarse de sus  principios,  que  autos  o sentencias de primera instancia, pasibles del recurso  de  alzada, puedan convertirse en providencias de única instancia, a partir del  cambio  de  competencias  sobrevinientes  emanadas del fuero congresional. Desde  esa  perspectiva, sería incorrecto abstraerse de una realidad inocultable, como  asumir  que la Corte Suprema de Justicia profirió una decisión judicial que en  realidad  no  fue  suya,  para de ahí desembocar en la carencia de instancias y  fijar  en ella un carácter que le es extraño, como lo es el de inapelable o de  “única  instancia”;  ese  sería  un sofisma inaceptable.      

24. En esos casos, por régimen de excepción  previsto  en  la parte orgánica de la Constitución Política (Arts. 186, 234 y  235),  que  recaba  la  Ley  del  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000), son de  única  instancia, solamente, los autos y las sentencias proferidos por la Corte  Suprema   de   Justicia.   Jamás  las  providencias  emitidas  por  autoridades  judiciales  de  menor  jerarquía, como los jueces de instancia, entre ellos los  Penales  del  Circuito Especializado, que siguen el principio general fijado por  la  Constitución  y  la  Ley  en  su  conjunto  axiológico,  especialmente  el  artículo  31  de  la  primera, que hace parte de Título I “De los Principios  Fundamentales”,   Capítulo   I,   “De  los  Derechos  Fundamentales”,  de  primacía  hermenéutica,  retomado  en su sentido por la norma 18 de la Ley 600  de 2000.         

25.  En  dichos términos, la Carta Superior  irradia  un  régimen penal que reafirma como principio, dentro del catálogo de  las   garantías   procesales,   el   de   la   doble  instancia, donde no se conciben sentencias inapelables  emitidas  por juzgados penales municipales, de los circuitos, o de los circuitos  especializados,  que  se erigen en el nivel básico de la organización judicial  (Art.  21  Ley 270 de 1996), pues en esa jerarquía dicho axioma está integrado  a  un  deber  ser  ineludible  dentro  del  proceso,  porque  a  través suyo se  garantiza  de  forma  plena y eficaz el ejercicio de otros derechos afines, como  el  de  defensa  y  contradicción;  dicho  escenario  es  ajeno al catálogo de  excepciones al memorado principio.   

          26.  Si  de  la  única instancia en los procesos adelantados contra  los  congresistas  de la República se dice que se justifica en la Constitución  Política  y no contradice lo dispuesto en instrumentos internacionales anejos a  las           garantías          judiciales9, al amparo de que los adelanta  la  más  alta  jerarquía  de  la jurisdicción penal, la de mayor experiencia,  trayectoria  e idoneidad “en el suelo colombiano”10,   esa  razón,  considerada  suficiente  para justificar la ausencia de alzada, quedaría vacía de contenido  si  se  acepta,  al pretexto del cambio de competencias, que sentencias emitidas  por jueces de menor rango se tornen inimpugnables.   

          27.  Las prerrogativas que también la jurisprudencia constitucional  atribuye  a  la  única  instancia  en  el  procesamiento  de congresistas, como  justificación  de  la  excepción  al  derecho  constitucional  al doble examen  jurisdiccional,  no  aplican  y  se  mutarían  a simple quimera, si se aceptara  respecto  de sentencias proferidas por jueces distintos al colegiado de la Corte  Suprema  de  Justicia.  Sería  una falacia sostener que dicho procedimiento, de  única  instancia,  genera  a favor del aforado “dos  ventajas:  “la  primera,  la  economía  procesal; la segunda, el escapar a la  posibilidad  de  los errores cometidos por los jueces o tribunales inferiores. A  las  cuales  se  suma la posibilidad de ejercer la acción de revisión, una vez  ejecutoriada       la       sentencia.”      11 No  aplicaría   el  decir  que  ser  juzgado  por  el  más  alto  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria “es la mayor aspiración de  todo           sindicado”            12.   

          28.  En  ese  mismo sentido, cuando la Corte Constitucional examinó  la  exequibilidad  de  la  Ley  5ª  de  1992,  reglamento  del  Congreso  de la  República,  recabó  en que la competencia de la Corte Suprema de Justicia para  investigar  y  juzgar  a  los Congresistas de la República no es significado de  retracción  de  garantías, porque esa jerarquía especial en la dirección del  procesamiento   le   viene   de   contrapeso   y  la  compensa.  Dijo  la  Corte  Constitucional:   “De  otra  parte, la reserva  expresa  y  absoluta de competencia para ordenar la privación de la libertad de  un  Congresista que la Constitución atribuye única y exclusivamente a la Corte  Suprema  de  Justicia  –  máximo  Tribunal  de  la  Jurisdicción  Ordinaria -,  independientemente  de  la  etapa de investigación o juzgamiento y de la época  de  la  comisión  del  delito,  constituye suficiente  garantía  para  el  Congreso como institución y para cada uno de sus miembros,  que  no  se  interferirá  de  manera  arbitraria e inconveniente en su correcto  funcionamiento  y  en  el  ejercicio  de  sus deberes y derechos” 13  (distinción  no original) .   

29. De ese modo, dispone el artículo 185 de  la  Ley  600  de  2000  como  parámetro  general  que  contra  las providencias  judiciales,   clasificadas   en  sentencias,  autos  interlocutorios,  autos  de  sustanciación  y  resoluciones  (Art.  169  C  de  P.P),  proferidas dentro del  proceso  penal,  proceden los recursos de reposición, apelación y de queja. En  eso  insiste  la  norma  191  del  mismo  Estatuto,  según  la cual, “[s]alvo  disposición  en contrario, el recurso de apelación procede contra la sentencia  y  las  providencias  interlocutorias de primera instancia”. Tanto es así que  esas  decisiones  solo  cobran  firmeza  después de agotadas las impugnaciones,  pues  el  canon  187  de  la Ley comentada fija el imperativo de que solo “…  quedan   ejecutoriadas   tres   días   después  de  notificadas,  si    no    se    han    interpuesto    los   recursos   legalmente  procedentes”.      

30.  Así pues que si contra las sentencias,  los  autos  o  las resoluciones de la Fiscalía que hagan parte de la estructura  fundamental  del  proceso,  se han interpuesto oportunamente los recursos que la  ley  prevé  como  procedentes,  su  ejecutoria, que se erige del tipo material,  solo  tiene lugar después de desatada la controversia, independientemente de la  instancia  o  autoridad  que  deba  zanjarla.  La  Ley  del Procedimiento Penal,  nutrida  de  axiología  constitucional,  no  admite la firmeza de una decisión  judicial  de ese carácter, cuando deja irresoluto un problema jurídico legal y  oportunamente  planteado,  porque  eso  impide su conclusión cuando se trata de  sentencias,  o  dar curso al acto siguiente de la sucesión teleológica en caso  de autos o resoluciones.   

31.  La  función  judicial  existe para, al  baremo  de  la  Constitución  Política y la Ley del Estado, resolver problemas  sociales,  reconociendo el derecho a quien legítimamente le corresponda, con el  trazo  de  una  línea entre lo justo y lo injusto. Y si es en la materia penal,  de  igual  modo,  zanjar  las  controversias  de  tal  estirpe, condenando a los  culpables  y  absolviendo  a  los  inocentes.  Pero con método; no de cualquier  manera  o  a  toda costa. Es imperativo seguir las reglas del debido proceso, en  el  que  está inmerso todo el catálogo de las garantías judiciales; esa es la  hoja  de  ruta  que  demarca lo que se puede y lo que no se puede hacer, en cada  momento  de la progresión procesal. Sin que sea dable modificar esos protocolos  sobre  la  marcha,  defraudando  las expectativas creadas en torno a los mismos.  Todos  los  actores  siguen  el  mismo guión, hablan el mismo idioma, y saben a  qué atenerse con respecto a él; sin sorpresas.     

32.  Por  ese  motivo,  si  el deber ser del  proceso  penal  dispensa  con  respecto  a  todas  las partes sin excepciones el  derecho  a  la  doble  instancia,  bajo  el  plus  de las garantías judiciales,  deviene  trasgresor  de lo debido, por solo decir eso, que se impida o niegue su  ejercicio  sobre la marcha. Es contrario a la razón que dentro de las reglas de  proceder  se  ofrezca un derecho a las partes y luego se niegue, justo al umbral  de  su materialización; eso no parece un juego limpio y leal. En esos casos, un  segundo  juez,  colegiado  y  de  mayor  jerarquía,  es  un  derecho  adquirido  legítimamente,  amén  de las expectativas previamente fijadas por la Ley; más  cuando  ya  se ha trabado la controversia y concedido la impugnación, ad portas  de su resolución.   

33. La negación de la doble instancia en el  proceso  penal  por fuera de las excepciones legales y constitucionales, a pesar  del  hecho  que no es un principio absoluto, puede tomar matiz de arbitrariedad.  Cuando  se  “impide  dar  trámite  al  recurso  de  apelación  (…)  al  exigir  requisitos  adicionales  a  los estipulados en la  ley”,      negándose     el     “derecho  a  la  segunda  instancia”,  se  rompe  el  equilibrio  procesal “haciendo que contra  lo  dispuesto  en la Constitución y en el pertinente ordenamiento legal, una de  las  partes  quede  en  absoluta  indefensión  frente a las determinaciones que  adoptó   el   juez”.   Y  tal  “irregularidad  implica  violación  del debido proceso e impide que  la  parte afectada acceda materialmente a la administración de justicia, luego,  lo  que  se  tiene  entonces  es  un  acto  judicial  arbitrario” 14.   

34.  Lo anterior, más allá de que se trate  de  sentencias,  absolutorias  o  condenatorias.  La posibilidad de acudir a los  recursos  judiciales  no  dice  relación solamente con los procesados, sino con  las  legítimas  aspiraciones  de  los  demás  sujetos  procesales,  todos  sin  excepción  amparados  por  el  principio de la doble instancia, particularmente  las  víctimas,  evidente  como  surge  que  las  decisiones judiciales también  generan   en   ellos   interés   de  recurrentes,  amén  de  sus  particulares  controversias.  Los  derechos  a  la  verdad,  la  justicia  y  reparación  les  proporciona  legitimidad,  para  que  ante decisiones judiciales que  no se  los  garantice,  conforme  con el principio de igualdad de armas, tener acceso a  recursos efectivos.      

35. Estos son motivos adecuados y suficientes  para  que  la  Sala imprima un cambio a su propia jurisprudencia, insistiendo en  que  sus  sentencias  son  inapelables,  pero nunca las  proferidas  por  jueces de menor jerarquía como quedó  sentado  en  el  auto  del 4 de febrero de 2009, cuando en un caso donde un Juez  del  Circuito  emitió el fallo devenida la calidad de congresista del procesado  se  declaró  firmeza  de la sentencia, sin que previamente se haya decidido una  impugnación  legal  y  oportunamente  interpuesta,  aduciendo  que “cuando  se  trata  de sentencias dictadas por jueces que actúan  como  primera  instancia,  no  le  queda alternativa distinta a la Corte a la de  declarar  su  ejecutoria,  en  la  medida en que al hacer el asunto tránsito al  trámite   de   única  instancia,  no  admite  este  medio  de  impugnación”  15.      

36.   Volviendo  a  estudiar  el  problema  jurídico  planteado,  la  Sala encontró que tratándose de sentencias emitidas  en  primera instancia, impugnadas oportunamente, cuando los procesados adquieren  calidad   de   aforados,   o   recuperan   su   reconocimiento,  e  ipso  facto  la Corte Suprema de Justicia  se  convierte  o  asume  como   Juez natural, sin que la alzada haya tenido  lugar,  aunque  la  Ley no traza un camino claro, la Constitución Política sí  ofrece  un  método  para  que  el  derecho  a la segunda instancia no sea letra  muerta o simple quimera.     

37.  La  alternativa  procesal que otrora se  extrañó  se  halla  en  la  coherencia del sistema jurídico y el principio de  plena  competencia,  del  que  da  cuenta  el  artículo 186 de la Constitución  Política  y  en  el  que recabó la norma 267 de la Ley 5ª de 1992 (Reglamento  del  Congreso),  respecto  de  los  titulares  de la colegiatura legislativa del  poder   público,   al  disponer  bajo  la  titulación  de  “FUERO  PARA  LOS  CONGRESISTAS”,  la  máxima  de  que  “[d]e  los  delitos  que  cometan  los  congresistas,       conocerá       en      forma  privativa   la  Corte  Suprema  de  Justicia,  única  autoridad  que  podrá  ordenar  su  detención”,  más allá de instancias, u  otros matices.   

38.  Por  modo  que  si  la Corte, de manera  exclusiva  y  excluyente,  “privativa”  como  lo  señala  la  Constitución  Política,  es  el  juez  natural  de  los  congresistas de la República, tiene  facultades  superiores  y  plenas  para  conocer  de esos asuntos, más allá de  otras  instancias,  aplicando  la  máxima  de  que quien puede lo más puede lo  menos.  Si  la Sala tiene atribuciones para conocer privativamente esos casos, o  sea,  sin más instancias, en honor al derecho a la doble instancia, previamente  adquirido   y   consolidado,   también   está   facultada   para  decidir  las  impugnaciones  legales  interpuestas  oportunamente, que no hayan sido decididas  por niveles inferiores de la jurisdicción.   

       

39.  Es cierto, como lo viene sosteniendo la  jurisprudencia  de  la  Sala, que en casos de cambio de competencias, por razón  del  fuero,  de instancias ordinarias a la de la Corte Suprema de Justicia, debe  hacerse  “un  ajuste”  o  adecuación.  Pero  esto  no puede ser más que un  ejercicio  de  simple  método,  que no signifique el desconocimiento abrupto de  derechos  procesales previamente adquiridos. Hasta entonces las partes tienen un  derecho,  el de los recursos, lo “sustantivo”, y el problema es solamente lo  “adjetivo”;  ¿cómo  garantizar  debidamente su ejercicio? Y es ahí cuando  la  Constitución  Política  no  solo otorga el derecho en su parte axiológica  (Art.  31),  sino  que  también  señala  el  camino  a  materializarlo  en  su  componente  orgánico,  al  disponer  que  en  esos  casos  la Corte tiene plena  competencia  (Art.  186); “privativa” es la palabra.       

40.  De esa forma, bien puede decirse que en  tratándose  de  procesos  contra  aforados,  que  en  principio  son  de única  instancia,  la  Corte Suprema de Justicia en su Sala Penal está facultada sobre  plenas  atribuciones  constitucionales,  para  cumplir  esa  fase de transición  generada  ipso  jure tras el  reconocimiento  del  fuero,  de  una  competencia inferior a la del mayor nivel,  acabando  lo  iniciado  sin  dejar  indefiniciones  en  la jurisdicción, lo que  significa   resolver   las   impugnaciones  pendientes,  legal  y  oportunamente  presentadas,  sea  horizontales  o de alzada, trátese de autos o de sentencias,  al  punto de que en esa fase de adecuación el proceso quede saneado, listo para  asumir su nueva dinámica.   

41.  Todo lo anterior sin contradecir reglas  del  derecho  (600  de  2000),  en cuya estructura no se prevé, pero tampoco se  prohíbe,  que  la Corte Suprema, que es la mayor jerarquía de la jurisdicción  ordinaria,   conozca  por  reposición  o  apelación,  de  autos  o  sentencias  proferidos  por los jueces de base, o aún de las resoluciones judiciales de los  fiscales.  En  cambio  sí  se  reafirma  su  competencia  “privativa”,  que  significa  el  poder para decidir plenamente, todos los problemas jurídicos que  dispense  esa  especial  categoría  de casos (Art. 75-7 ib), amén de que esté  pendiente  su conclusión, ya por firmeza de la sentencia o de preclusión de la  investigación;  que  no  podrán  darse  hasta  tanto  se  desaten con poder de  autoridad  las  controversias  contenidas  en recursos legales pendientes.    

42.  Por  eso se torna imperioso corregir la  doctrina  de  la  Sala según la cual, “para los casos de los congresistas que  antes  de  adquirir  el  fuero  constitucional  de  investigación y juzgamiento  tuvieren  actuaciones penales en contra con recursos pendientes por resolver”,  para   decidir  como  si  todas  las  impugnaciones  contra   autos  fueran  reposición   y   dejar   en  firme  las  sentencias16, y en adelante, simplemente,  sin   esa  odiosa  distinción  que  en  estos  últimos  casos  aniquilaba  sin  justificación  el  principio de doble instancia, con plena competencia resolver  los  recursos  conforme  a  la  naturaleza  jurídica  que  les  dio aliento, ya  horizontal, ora vertical.   

43. De ese modo, si se trata de sentencias  será  necesariamente  de  apelación, pues con respecto a ellas no existe en el  ordenamiento  jurídico posibilidad de reposición, y si son autos de los jueces  o  resoluciones de la Fiscalía, los que se hayan interpuesto legalmente, con el  agregado  que si es uno principal y el otro subsidiario, ambos en indefinición,  por  fuerza  natural de las cosas, coincidiendo la competencia en un mismo nivel  de  jurisdicción, se decidirán bajo la connotación formal de la alzada, sobre  la  base  de  que  quien  decide  es  una  jerarquía  diversa, la máxima de la  jurisdicción  ordinaria, con plenas facultades; y la controversia propia de esa  instancia, quedará zanjada definitivamente.    

     

44.  Por conclusión, la Sala declara que la  sentencia  emitida por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Bogotá, dentro  del    proceso    adelantado    contra    el    ex    congresista   WILLIAM   ALFONSO  MONTES  MEDINA,  no  ha  cobrado  ejecutoria,  en  tanto  que  está  pendiente de resolver un recurso de  apelación  legal  y  oportunamente  interpuesto  por la Fiscalía General de la  Nación;  además,  en  ejercicio  de  la  plena  competencia  que  le otorga la  Constitución   Política,   que  la  Corte  tiene  facultad  para  decidir  esa  impugnación.         

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE:  

PRIMERO:  DECLARAR  que  la Corte Suprema de Justicia tiene atribuciones para conocer este proceso y  que  está  pendiente  de  resolver  recurso  de  apelación  interpuesto por la  Fiscalía  General   de  la  Nación,  contra  la  sentencia emitida por el  Juzgado  Séptimo Penal del Circuito Especializado de Bogotá; por consecuencia,  avocase su conocimiento y resuélvase la referida impugnación.   

SEGUNDO: Contra esta  decisión procede el recurso de reposición.    

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                  FERNANDO          A.          CASTRO          CABALLERO                 

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO            

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                         Salvamento de voto   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                         Salvamento de voto   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Auto  18/04/2007. Rad. 26.942.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  de  Casación  Penal. Auto de 1° de septiembre de  2009. Rad: 31.653.   

3  .  Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal.  Auto del 28 de octubre de 2009. Rad: 27.941   

4  .  Ibídem.   

5  .  Ibídem.   

6.  Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal.  Auto del 15 de septiembre de 2009. Rad: 27.032   

7  .  Así  lo  ha dicho la Corte en las siguientes providencias: auto del 12 de junio  de  2009,  radicado  29.769; del 5 de noviembre de 2007, radicado 26.450; del 21  de  julio de 2000, radicado 15.003. A través de esas providencias se rechazaron  recursos  pretendidos  contra  sentencias emitidas por la Sala Penal de la Corte  Suprema de Justicia.    

8   Sentencia C-153 de 1995.   

9   Como  el  numeral  5º  del  artículo  14  del  Pacto Internacional de Derechos  Civiles  y  Políticos  de  la ONU y el literal h) del numeral 2º del artículo  8º de la Convención Interamericana de Derechos Humanos.   

10   Corte  Suprema  de  Justicia. Sala de Casación Penal. Auto  del 1º de octubre de 2009, radicado 27.032.   

11  Corte  Constitucional,  sentencia  C-142 de abril 20 de 1993, M. P. Jorge Arango  Mejía,  citada  en  la  sentencia  C-548  de  2008.  M.P.   NILSON PINILLA  PINILLA.    

12 .  Ibidem.   

13 .  Sentencia 025 de 1994; retomada en la sentencia SU047 de 1999.   

14  Corte Constitucional. Sentencia T 443 de 2000.   

15 .  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala de Casación Penal. Auto del 4 de febrero de  2009. Proceso 30.879.   

16 .  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala de Casación Penal. Auto del 10 de agosto de  2006,  radicado  24.934;  del  9  de  abril  de 2008, radicado 29.099; del 18 de  noviembre  de 2008, radicado 29.990; del 4 de febrero de 2009; del 9 de abril de  2008, radicado 29.427; entre otros.     

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