32407(22-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  32407   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 209.  

Bogotá D.C., junio veintidós (22) de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Decide  la  Corte  la  acción  de revisión  promovida  por  el  Fiscal  Cincuenta  y  Tres de la Unidad Nacional de Derechos  Humanos  y  Derecho Internacional Humanitario, actuando para ello con base en la  designación  especial  otorgada  por  la Coordinación de dicha Unidad mediante  Resolución  0333 del 11 de agosto de 2008, a su vez sustentada en la variación  de  asignaciones  dispuesta  por  el  Fiscal  General  de  la  Nación  mediante  Resolución  0-4407 del 21 de julio de 2008, contra el sobreseimiento definitivo  proferido  el  12  de  marzo  de  1987  por  el Inspector General de la Policía  Nacional  en  calidad  de  juez  de primer grado a favor del Coronel     NACÍN     YANINE    DÍAZ,    los  Mayores   ERNESTO   CONDIA   GARZÓN,   y    JORGE   ALIPIO   VANEGAS   TORRES,  los  Capitanes  LUIS ÁNGEL  PERDOMO  PERDOMO,  JAIRO  OTÁLORA DURÁN y  MIGUEL  RODRIGO  TORRADO  BADILLO,  los  Sargentos  segundos  JOSÉ ALIRIO VELÁSQUEZ GARZÓN,  JORGE   ENRIQUE   ORTIZ  PARRADO,  JAIME  HELI  COLMENARES  BOTERO  y JOSUÉ RAFAEL COBOS SILVA, y   los   Agentes  JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes   José   Dolores  Quezada,  se precisa), JORGE  ELIECER     BARBOSA     SÁNCHEZ,    PEDRO    JESÚS    RAMÍREZ    (fallecido), BENEDICTO LARA, LUIS EDUARDO  AGUIRRE      BARRAGÁN      (fallecido),  ADRIAN  VILLAMIZAR  JAIMES,  HENRY  ESPITIA  DÍAZ  y      LUIS      ERNESTO      SUÁREZ  CEBALLOS,  por  el delito de secuestro de Orlando y Edgar  Helmut  García  Villamizar,  Pedro Pablo Silva Bejarano, Rafael Guillermo Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez, Alfredo Rafael y  Samuel  Humberto  Sanjuan  Arévalo,  Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya  Gómez,  Hernando  Ospina Rincón, Francisco Antonio  Medina  Londoño,  y Bernardo  Helí  y Manuel Darío Acosta  Rojas,  decisión  a  la  postre confirmada en segunda  instancia  por el Tribunal Superior Militar, mediante providencia del 6 de julio  del mismo año.   

  HECHOS  

          El   6   de   octubre   de  1981,  cuando  los  niños  Zuleika    Adied   Álvarez   Rojas,   y  Yadid    y  Yoluk Álvarez Murillo, de siete, seis y  cinco  años  de edad, respectivamente, hijos de José  Jader  Álvarez Moreno (extraditado a Estados Unidos en  mayo   de  1985  donde  fue  condenado),  eran  trasportados  por  el  conductor  particular  de  la  familia  con  destino a su colegio, fueron interceptados por  cuatro  individuos  en  la  autopista  norte  de Bogotá, a la altura del tercer  puente,  uno  de ellos con uniforme de agente de tránsito y los otros simulando  ser miembros del F-2.   

          Por  el rescate de los menores secuestrados los plagiarios exigieron  diversas  sumas  de  dinero,  cuya  entrega no logró concretarse, pero el 18 de  septiembre  de  1982  fueron  hallados  los  cuerpos  sin  vida  de  los niños,  enterrados  entre  costales  en las veredas Murcas y Patio Bonito, jurisdicción  del  Municipio  de  Gachalá  (Cundinamarca),  estableciéndose que su muerte se  produjo  aproximadamente  a finales de mayo o principios de julio de la referida  anualidad.   

Ahora,  entre  el  4  de  marzo  y  el 13 de  septiembre  de  1982,  fueron  retenidas  y  desaparecidas  trece (13) personas,  así:   

El  4  de  marzo  de  1982,  cerca  de  la  Universidad  Nacional donde cursaban sus estudios, fueron retenidos Pedro  Pablo Silva Bejarano (estudiante de  medicina)  y  Orlando  García Villamizar  (estudiante  de  derecho),  quienes fueron obligados a abordar una  camioneta tipo panel.   

          El  8  de  los  mismos  mes  y  año se produjo la retención de los  hermanos   Samuel  Humberto  (estudiante    de    antropología   de   la   U.   Nacional)   y   Alfredo   Rafael   San   Juan   Arévalo  (estudiante de ingeniería catastral en la Universidad Distrital).   

          El  18 de agosto de 1982 tuvo lugar la desaparición de Edgar    Helmut    García    Villamizar  (estudiante  de sociología de la U. Nacional), quien salió de su residencia en  compañía  de  su  sobrino Camilo Andrés  de tres años y medio de edad, el cual fue ulteriormente entregado  por  la  Agente  de  la  Policía  Gladys Marina Ramos  García en la Estación XV de de Bogotá.   

          El  mismo  día  se  produjo  el  desaparecimiento  de  Rodolfo  Espitia  Rodríguez (ayudante de  sastrería)     en    la    carrera    18    B    No.    56    A    – 35 sur de Bogotá.   

El  23  de  agosto  de 1982 fue desaparecido  Gustavo   Campos   Guevara  (estudiante de ingeniería de sistemas de la U. Nacional).   

El   11   de   septiembre   siguiente  fue  retenido  Hernando  Ospina  Rincón (latonero) por individuos que se transportaban  en  un vehículo Mercedes Benz color vino tinto, los cuales se presentaron en su  taller   de   mecánica  ubicado  en  la  transversal  63  No.  74  –  78  de  Bogotá, quienes lo subieron  contra su voluntad a una camioneta tipo panel.   

Al día siguiente se produjo la aprehensión  de   Rafael   Guillermo   Prado   Useche  (estudiante  de  derecho  de  la U. Nacional) quien fue obligado a  abordar  un  vehículo  Mercedes Benz de color vino tinto en el Barrio Polo Club  de Bogotá.   

El 13 de septiembre de 1982, fueron retenidos  Edilbrando   Joya   Gómez  (estudiante  de  la  U.  Nacional) y Francisco Antonio  Medina  Londoño  (agricultor).  Aquél fue obligado a  abordar  un  campero  carpado  de  color  rojo,  mientras que éste salió de su  residencia  en  la  mañana  y  luego  apareció  muerto  en el desarrollo de un  operativo antisecuestro realizado en el municipio de Anolaima.   

El 15 de septiembre de 1982 fueron retenidos  en   la  plaza  de  Gachalá  los  hermanos  Bernardo  Helí y Manuel Darío Acosta  Rojas (campesinos). El primero resultó muerto el 7 de  octubre  de  1982  en desarrollo de un operativo policial realizado por miembros  del F-2.   

Dentro  del  diligenciamiento  seguido en el  Juzgado  Décimo  Superior  de  Bogotá por el secuestro y ulterior homicidio de  los  hijos  de José Jader Álvarez Moreno,  fueron  vinculados  Pedro  Pablo Silva  Bejarano,   Edgar  Helmut  García  Villamizar, Orlando  García  Villamizar  y Rafael  Guillermo   Prado  Useche.  Los  dos  primeros  fueron  condenados  por  tales  comportamientos  con  posterioridad  a su desaparición,  mientras los otros dos fueron exonerados de responsabilidad.   

          Cronológicamente  se  observa  que las desapariciones se realizaron  en  dos tiempos: El primero, en marzo de 1982 y las otras en agosto y septiembre  del  mismo  año,  circunstancia a partir de la cual se presume que las primeras  se  orientaron  a  saber el paradero de los niños secuestrados, y las últimas,  acaecidas  luego  de  la  muerte  de  los  infantes,  tuvieron  como  motivo  la  retaliación.   

  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con   fundamento   en  la  denuncia  presentada  por  la  esposa  de  Hernando  Ospina  Rincón en  septiembre  de  1982,  se  dio  curso  a  la  respectiva investigación, la cual  correspondió  al  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  en sede de  conocimiento  y  al Juzgado Treinta y Siete de Instrucción Criminal de la misma  ciudad como investigador.   

En  diciembre  del  mismo  año  comenzó la  averiguación   de   los   hechos   en   los  cuales  resultaron  víctimas  los  hermanos      Bernardo     Helí     y  Manuel Darío Acosta Rojas,  adelantada  por  el  Juzgado Promiscuo Municipal de Gachalá como  instructor  y  el  Juzgado  Veintiocho  Superior  de  Bogotá  en  condición de  funcionario de conocimiento.   

A  su  vez,  en  diciembre  de  1982 tuvo su  génesis    la    investigación    por    el    secuestro    de    Guillermo  Prado Useche, en la cual actuó  como  Juez  de  conocimiento  el Veintiocho Penal del Circuito de Bogotá y como  investigador  el  Juzgado  Cincuenta y Seis de Instrucción Criminal de la misma  ciudad.   

A  instancia  de  la  Dirección Nacional de  Instrucción  Criminal,  estas  investigaciones  y  las  demás relacionadas con  estos  hechos  fueron  tramitadas  en un mismo diligenciamiento por parte de los  Juzgados  Noveno  de Instrucción Criminal Ambulante y Treinta y Cinco Penal del  Circuito de esta Capital.   

          Una  vez  suscitada colisión de competencias en razón del vínculo  oficial  de  los implicados, se determinó que la competencia correspondía a la  justicia  penal  militar,  motivo por el cual las diligencias fueron enviadas el  29  de  octubre  de  1984  a  la  Inspección  General  de  la Policía para que  continuara el trámite como Juez de Primera Instancia.   

El  26  de  septiembre  de  1985, el Comando  General  de las Fuerzas Militares designó como Juez Único de Primera Instancia  al  Inspector General de la Policía Nacional. En ese mismo mes se designó como  juez   investigador   al   Juzgado   Cincuenta  y  Tres  de  Instrucción  Penal  Militar.   

El  12 de marzo de 1987 el Inspector General  de  la  Policía  Nacional  calificó  el mérito del sumario con sobreseimiento  definitivo  a  favor  del Coronel NACÍN YANINE DÍAZ,  los  Mayores ERNESTO CONDIA  GARZÓN,   y  JORGE  ALIPIO  VANEGAS    TORRES,    los   Capitanes   LUIS  ÁNGEL  PERDOMO  PERDOMO,  JAIRO OTÁLORA DURÁN y   MIGUEL   RODRIGO   TORRADO  BADILLO,  los Sargentos segundos JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN,  JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO, JAIME HELI COLMENARES  BOTERO  y JOSUÉ RAFAEL COBOS  SILVA,  y  los Agentes JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes José  Dolores   Quezada),  JORGE  ELIECER     BARBOSA     SÁNCHEZ,    PEDRO    JESÚS    RAMÍREZ    (fallecido), BENEDICTO LARA, LUIS EDUARDO  AGUIRRE      BARRAGÁN      (fallecido),  ADRIAN  VILLAMIZAR  JAIMES,  HENRY  ESPITIA  DÍAZ  y      LUIS      ERNESTO      SUÁREZ  CEBALLOS,  por  el delito de secuestro de Orlando y Edgar  Helmut  García  Villamizar,  Pedro Pablo Silva Bejarano, Rafael Guillermo Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez, Alfredo Rafael y  Samuel  Humberto  Sanjuan  Arévalo,  Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya  Gómez,  Hernando  Ospina Rincón, Francisco Antonio  Medina  Londoño,  y Bernardo  Helí  y Manuel Darío Acosta  Rojas,  decisión  que al ser consultada fue objeto de  confirmación  por  parte del Tribunal Superior Militar mediante proveído del 6  de julio de 1987.   

  LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  revisión  establecida  en  el  artículo  220  de la Ley 600 de 2000, el Fiscal  Cincuenta  y  Tres  Delegado de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario,  actuando  con  base  en  la  designación  especial  otorgada  por la Coordinación de tal Unidad mediante Resolución 0333 del 11 de  agosto  de  2008,  aduce  que de conformidad con el alcance que a dicho precepto  fijó  la Corte Constitucional mediante sentencia C-004 del 20 de enero de 2003,  se  impone  revisar  el  sobreseimiento  definitivo  proferido,  toda vez que se  advierte sesgo y parcialidad en la valoración de las pruebas.   

          Cita  apartes  del  referido  fallo  de  constitucionalidad,  en los  cuales  se  destaca  la  posibilidad de “reabrir las  investigaciones   por   violaciones   a   los  derechos  humanos  y  por  graves  afectaciones  al  derecho internacional humanitario en aquellos casos en que con  posterioridad  a  la  absolución se muestre que dicha absolución deriva de una  omisión  protuberante  del  deber  del  Estado  de investigar, en forma seria e  imparcial,  esos  comportamientos  (…)  En  tal  contexto,  esta  Corporación  considera  que  en  los  casos de negligencia protuberante del Estado en brindar  justicia  a  las  víctimas  de  violaciones a los derechos humanos y al derecho  internacional   humanitario,   para  que  proceda  la  revisión,  sin  que  aparezca un hecho nuevo o una prueba no conocida al tiempo  del  proceso,  es  necesario  que  exista  una  declaración  de  una  instancia  competente  que  constate  que el Estado incumplió en forma protuberante con la  obligación  de  investigar seriamente esa violación.  A   fin  de  asegurar  una  adecuada  protección  a  la  persona  absuelta,  la  constatación  de  esa omisión de las autoridades deberá ser adelantada por un  organismo  imparcial e independiente” (subrayas fuera  de texto).   

Advierte  que  el  referido  trámite  fue  adelantado  por  la  justicia  penal  militar,  pese  a  que  de manera evidente  comportaba la violación de derechos humanos.   

Agrega   que  como  pruebas  nuevas  deben  ponderarse,  de  una parte, el libro “Operación pez  espada”  del  periodista estadounidense David   McClintick  quien  adelantó  una  investigación  privada  sobre  los  hechos  motivo  de  este averiguatorio y se  ratificó  sobre  lo escrito mediante declaración ante el consulado de Colombia  en Nueva York.   

Y  de  otra,  el  informe  rendido el 1º de  agosto  de  2000  por  el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  en  el cual se  corrobora lo expuesto en el libro mencionado.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el actor solicita a la Sala disponer la  revisión  del  sobreseimiento  definitivo cuestionado, en el sentido de dejarlo  sin  valor,  y  por  tanto,  disponer  que  el  trámite  se  rehaga  en  debida  forma.   

  TRÁMITE   EN   LA  CORTE   

Admitida la demanda de revisión, se dispuso  allegar  el  proceso  que  culminó  con  el  citado  sobreseimiento definitivo.  Posteriormente  los  sobreseídos  fueron requeridos para que designaran abogado  de  confianza,  y  a  quienes no procedieron a ello les fue nombrado defensor de  oficio.   

          El  apoderado  de  la  parte  civil  allegó  un  escrito dentro del  trámite  objeto  de  esta  acción,  por  cuyo  medio  coadyuva  la  acción de  revisión  promovida  por la Fiscalía, en el que resalta las conclusiones de la  Comisión  Interamericana  de Derechos Humanos en el Informe Anual de 1991 sobre  el  caso  10235,  entre las cuales se declaró que el Gobierno de Colombia dejó  de  cumplir  con su obligación de respetar y garantizar los derechos a la vida,  integridad  personal,  libertad personal y protección judicial de las víctimas  en   este   asunto;   también  se  recomendó  en  dicho  informe  revisar  los  “graves  y  no desvirtuados cargos que pesan contra  los  oficiales  sobreseídos,  tomando  en consideración el principio de que no  hace   tránsito   a   cosa   juzgada   un   grave   error  judicial”.   

          A  su  vez,  con  base en abundante jurisprudencia patria abordó el  tema  de  la  vulneración  del derecho al juez natural, en cuanto la actuación  fue  adelantada  por  la justicia penal militar, pese a que se trataba de graves  violaciones  de  los derechos humanos, y señaló que se procede por punibles de  desaparición  forzada,  los  cuales  son  de  carácter  permanente y tienen la  condición de delitos de lesa humanidad.   

          Acto  seguido, el apoderado de la parte civil orientó su esfuerzo a  ponderar  las  pruebas  obrantes  en  la  actuación,  todo  ello  en procura de  establecer  la improcedencia del sobreseimiento definitivo proferido en el curso  de las instancias.   

Surtido el término legal para que las partes  solicitaran  la  práctica  de  pruebas,  únicamente  el defensor del Agente ®  BENEDICTO   LARA  deprecó  algunos  medios  probatorios,  petición  que  fue  negada  en  atención  a  su  impertinencia.  En  la  misma  oportunidad,  la  Corporación  ordenó de manera  oficiosa  allegar copia auténtica del informe de la Comisión Interamericana de  Derechos  Humanos  respecto  de los hechos motivo de este averiguatorio, la cual  fue   en  efecto  enviada  por  la  Directora  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional Humanitario del Ministerio de Relaciones Exteriores.   

Es importante recordar que en escrito del 28  de  octubre  de  2009,  el  defensor del señor YANINE  DÍAZ,  ya  había  solicitado allegar “copia  de  la  decisión  judicial  interna  o  de  la decisión de  instancia  internacional  de supervisión y control de derechos humanos aceptada  formalmente  por  nuestro  país  que  constate  incumplimiento protuberante del  Estado  colombiano  de  investigar  en  forma  seria e imparcial las mencionadas  violaciones”.   

          En  el  curso  del  traslado dispuesto en la ley para que las partes  formularan  sus  alegaciones,  presentaron escrito la Fiscalía en su condición  de  demandante,  el apoderado de la parte civil, la Procuradora Tercera Delegada  para  la  Casación  Penal  y  los  defensores  de  los sobreseídos  NACÍN  YANINE  DÍAZ,  JOSUÉ RAFAEL COBOS SILVA, MIGUEL RODRIGO  TORRADO  BADILLO,  JOSÉ ALIRIO VELÁSQUEZ GARZÓN, JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO,  JAIME  HELI  COLMENARES  BOTERO,  HENRY ESPITIA DÍAZ, ADRIAN VILLAMIZAR JAIMES,  ERNESTO  CONDIA  GARZÓN,  BENEDICTO  LARA,  LUIS  ÁNGEL PERDOMO PERDOMO, JAIRO  OTÁLORA   DURÁN,   JORGE  ALIPIO  VANEGAS  TORRES,  JOSÉ  DAVID  QUEZADA (antes  José  Dolores  Quezada, se  precisa)  y JORGE ELIECER BARBOSA SÁNCHEZ.   

  ALEGATOS  DE LOS SUJETOS  PROCESALES   

          Fiscalía    de    Derechos    Humanos   y   Derecho   Internacional  Humanitario   

          De   manera   breve  el  Delegado  propugna  por  la  revisión  del  sobreseimiento  cuestionado,  para  lo  cual  invoca  el alcance que a la causal  tercera  otorgó  la  Corte Constitucional en sentencia C-004 del 20 de enero de  2003,   en  la  medida  que  se  trate  de  la  afectación  de  “bienes   jurídicos   con   connotación  humanitaria  o  aparezcan  pronunciamientos  de  instancias  internacionales  de  supervisión y control de  derechos    humanos”,    como   ocurre   en   este  asunto.   

          A   partir  de  ello  depreca  reiniciar  la  investigación  en  la  jurisdicción ordinaria.   

Parte civil  

          Luego   de   efectuar   un  resumen  de  los  hechos,  del  trámite  adelantado,  del  pronunciamiento  de  la  Comisión  Interamericana de Derechos  Humanos  sobre  el  particular,  el apoderado de la parte civil refiere que  se  ha  vulnerado el derecho al juez natural, pues por tratarse de la violación  de  derechos humanos no opera el fuero militar, de modo que el asunto debió ser  conocido por la jurisdicción ordinaria.   

Puntualiza que la Comisión Interamericana de  Derechos  Humanos  en el Informe Anual de 1991 sobre el caso 10235, declaró que  el  Gobierno  de  Colombia  dejó  de  cumplir  con su obligación de respetar y  garantizar  los  derechos  a  la  vida, integridad personal, libertad personal y  protección  judicial  de  las  víctimas en este asunto; también se recomendó  revisar  los  “graves  y no desvirtuados cargos que  pesan  contra los oficiales sobreseídos, tomando en consideración el principio  de  que  no  hace  tránsito  a cosa juzgada un grave error judicial”.   

          Adicionalmente,  aborda desarrollos jurisprudenciales para acreditar  la  vulneración  del  derecho  al  juez  natural,  en  cuanto la actuación fue  adelantada  por  la  justicia  penal militar, pese a que se procedía por graves  violaciones  de  los  derechos  humanos,  y  señala que se trata de punibles de  desaparición  forzada,  los  cuales  son  de  carácter  permanente,  tienen la  condición  de  delitos  de  lesa humanidad, son imprescriptibles y es necesario  evitar su impunidad.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  solicita  a  la  Sala revisar la  decisión  atacada  en  el sentido de dejarla sin valor, y por ello, se disponga  el     adelantamiento     de    la    instrucción    por    la    jurisdicción  ordinaria.   

Procuradora   Tercera   Delegada  para  la  Casación Penal   

          Considera  el  Ministerio  Público  que asiste legitimidad al actor  para  demandar  en revisión de acuerdo con las facultades generales regladas en  el  artículo 250 de la Carta Política para la Fiscalía General de la Nación,  máxime  si  el  Delegado  contó  con  la  designación  expresa de atribución  funcional  a  través  de la Resolución 0333 del 11 de agosto de 2008, expedida  por  la  Coordinación  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos Humanos y Derecho  Internacional Humanitario.   

          De  otra  parte  aduce  que de conformidad con la sentencia C-004 de  2003,  se  cumplen  en  este asunto las exigencias para disponer la revisión de  los  sobreseimientos  contra los cuales se dirige la acción, en cuanto media el  pronunciamiento  de  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acerca del  incumplimiento  grave  de  las obligaciones contraídas por el Estado colombiano  en  punto  de  investigar  seria  e  imparcialmente  las violaciones de derechos  humanos  y las infracciones al derecho internacional humanitario, además de que  se recomienda reabrir las investigaciones ya concluidas.   

          Precisa   que   si   bien   las   recomendaciones  de  la  Comisión  Interamericana  carecen  de  fuerza  vinculante para las autoridades judiciales,  “sí  comportan  el  impulso suficiente y necesario  para  que  la  Corte  Suprema,  en  sede  del  recurso extraordinario, verifique  objetivamente  las  incidencias  procesales  y,  de  percatarse  que se violaron  derechos   humanos,   el   principio  del  juez  natural,  o  que  no  hubo  una  investigación  seria e imparcial, tome los correctivos pertinentes para que, en  este   caso,  la  sentencia  absolutoria  aparentemente  injusta  no  permanezca  incólume  en el tiempo, en detrimento de los principios que informan el derecho  penal y procesal penal”.   

          Una  vez  precisado  lo anterior, la Delegada refiere que los hechos  acaecidos  entre  el  4  de marzo y el 15 de septiembre en Bogotá y Gachalá no  corresponden  a  actos  propios  del  servicio  policial, pues les correspondía  poner  a disposición de las autoridades judiciales a las personas implicadas en  el   secuestro  de  los  niños  Álvarez, y no proceder a desaparecerlas.   

Resalta que más de dos décadas después de  ocurridos  los  cruentos actos violatorios de derechos humanos, las víctimas no  han  sido  indemnizadas,  no se ha impartido justicia y ni siquiera se conoce la  verdad  de  lo  acontecido,  circunstancia  que, como lo recomendó la Comisión  Interamericana,  impone  adelantar  una  investigación  seria  e imparcial, por  parte  del  juez natural, esto es, la jurisdicción ordinaria, pues no hay lugar  a   invocar   el   fuero   militar   (artículos   221   y   250   de  la  Carta  Política).   

          Indica  que  secuestrar  a ciudadanos supuestamente implicados en el  plagio    de    los    hijos    de    José   Jader  Álvarez,  para luego desaparecerlos, es una actividad  sin  relación  alguna  con  la  función o el servicio policial, de modo que se  violó  el  presupuesto  del  juez  natural  al permitir que el diligenciamiento  fuera   adelantado   por  la  jurisdicción  penal  militar,  cuando  en  verdad  correspondía a la ordinaria.   

          Con  fundamento en lo anotado, la Procuradora Delegada considera que  la  causal  invocada  por  el  demandante  se debe declarar fundada, y por ello,  corresponde  a  la  Sala definir la adecuación a la ritualidad pertinente en la  cual debe quedar el expediente.   

Defensor de NACÍN  YANINE DÍAZ   

          Luego  de  sintetizar  la demanda, el defensor afirma que se echa de  menos  la  decisión de autoridad judicial que haya constatado el incumplimiento  protuberante  del  Estado  de  investigar  seriamente  la violación de derechos  humanos y Derecho Internacional Humanitario.   

          De  otra parte asevera que la demanda de revisión simplemente está  sustentada  en  una  diversa  ponderación  de  las pruebas por parte del actor,  proceder  inadmisible  en  este  trámite,  según  lo ha puntualizado de tiempo  atrás  esta  Colegiatura,  máxime  si los sobreseimientos hicieron tránsito a  cosa juzgada.   

          En  los  términos  indicados, el defensor se opone a la pretensión  del demandante.   

Defensora de JOSUÉ  RAFAEL COBOS SILVA   

          Argumenta  que  si  bien  el  actor invoca la violación de derechos  humanos,  no  demuestra  que  la  prueba nueva (un informe de policía judicial)  haya  sido constatada en su existencia por un órgano judicial interno o por una  instancia   internacional,   razón   suficiente   para   que   no   proceda  la  revisión.   

          Precisa  que  en la sentencia C-004 de 2003, la Corte Constitucional  creó  otra causal de revisión, cuando una instancia internacional ha declarado  el  incumplimiento  protuberante  de  las obligaciones contraídas por el Estado  colombiano  de  investigar  seria  e  imparcialmente las violaciones de derechos  humanos  o las infracciones graves al Derecho Internacional Humanitario, sin que  en  este  caso  se  necesite  acreditar  hechos nuevos o pruebas no conocidas al  tiempo  de  los debates, de manera que esta causal es diversa de la invocada por  el  demandante,  la cual no se puede aplicar de manera oficiosa, toda vez que la  acción de revisión es de naturaleza eminentemente rogada.   

          Finalmente  expone que la causal mencionada en precedencia apareció  jurisprudencialmente  en  el año 2003 y legalmente en el año 2004, de modo que  no puede ser aplicada retroactivamente a hechos acaecidos en 1982.   

          Apoyada  en  lo anterior, la defensora solicita a la Sala no revisar  el proceso solicitado por la Fiscalía.   

Defensor de MIGUEL  RODRIGO TORRADO BADILLO   

          Luego  se  establecer  la  génesis  de esta acción, identificar la  normatividad  sustancial  aplicable,  precisar  los  cargos formulados contra su  asistido,  sintetizar  los  motivos  de  la  demanda  de revisión, señalar los  principios  que  rigen  esta  acción  especial, traer a colación apartes de la  actuación  y las decisiones cuestionadas, el defensor manifiesta que la demanda  presentada  por  la  Fiscalía no cumple con las exigencias requeridas cuando se  alega  la  causal  tercera  de  revisión,  pues  no señala los hechos nuevos o  pruebas  nuevas  no  conocidas  al tiempo de los debates, y por el contrario, se  limita a efectuar una nueva ponderación de los medios probatorios.   

Considera  que  el  trámite se ajustó a la  legalidad  y  que  se  cumplió con las exigencias legales de la época en punto  del  fuero  militar,  máxime  si  no  existía  en  aquél  tiempo el delito de  desaparición   forzada   de  personas,  el  cual  aparece  en  la  legislación  colombiana  a  partir  de  1998, de modo que se impone preservar el principio de  legalidad.   

También  advierte que fueron respetados los  derechos  de las víctimas, pues se garantizó el acceso de sus apoderados a las  diligencias y actuaciones judiciales.   

Indica  que  el  Informe  de  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos no corresponde a una condena del Estado, y  por  ello,  no  satisface  las exigencias dispuestas por la Corte Constitucional  para que se configure la causal de revisión invocada.   

Para  concluir  advera  que en todo caso, la  conducta  de  su  representado  no  fue  diferente  a la de trasladarse el 18 de  septiembre  de 1982 al municipio de Gachalá en cumplimiento de una orden, a fin  de  buscar  el  lugar  donde  se  encontraban  los  niños secuestrados, los que  finalmente   fueron   hallados  sepultados  en  la  tierra,  sin  que  realizara  procedimientos tales como allanamientos, capturas o registros.   

Añade   que   respecto   de  Bernardo  Helí Acosta Rojas se probó que  resultó  muerto  en  un  procedimiento  acaecido  el  7  de  octubre de 1982 en  Bogotá,  al  enfrentarse  a miembros del F-2 de la DIPEC, a la cual pertenecía  su  representado,  pero  por  tal hecho rindió indagatoria y fue favorecido con  sobreseimiento definitivo en primera y segunda instancia.   

          A  partir de los anteriores razonamientos, el defensor solicita a la  Sala   declarar   infundada   la   acción   de   revisión   promovida  por  la  Fiscalía.   

Defensor  de JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN, JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO, JAIME HELÍ COLMENARES  BOTERO   y  HENRY  ESPITIA  DÍAZ   

          El  defensor  depreca  no acceder a las pretensiones del actor, para  lo cual ofrece las siguientes argumentaciones:   

          La   Convención   Interamericana  sobre  Desaparición  Forzada  de  Personas  fue  incorporada  mediante  Ley 717 de 2001, la cual no estaba vigente  para  el  año 1982, época en la cual ocurrieron los hechos cuya investigación  a  la  postre  culminó  con  el  sobreseimiento  contra  el  que se dirige esta  acción,  luego  de  surtirse  un  debido  proceso  con  participación  de  las  víctimas,  circunstancia  que  impide  aplicarla  retroactivamente,  pues  debe  respetarse   el   principio   de   favorabilidad   y   de  preexistencia  de  la  ley.   

          En  apoyo  de  su  planteamiento  cita los artículos 15-1 del Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, 9º de la Convención Americana  de  Derechos Humanos, 40 de la Ley 137 de 1994, 40 de la Ley 153 de 1887, 6º de  la  Ley  906  de  2004 y 26 de la Constitución Política de 1886, así como las  sentencias  C-581  de  2001 y C-592 de 2005, y jurisprudencia de esta Sala sobre  el    principio    de   favorabilidad,   para   concluir   que   “no  tendría  ningún  sentido  entonces  de llegar a declararse la  procedencia  de  la  acción  de revisión, reabrirse un proceso cuya acción se  encuentra  prescrita”,  máxime si la pena dispuesta  para  el delito de desaparición forzada de personas no puede aplicarse a hechos  acaecidos antes de que dicho precepto entrara en vigencia.   

          Igualmente  afirma  que  en virtud del principio de cosa juzgada las  providencias  tienen  carácter  inmutable,  vinculante  y definitivo en aras de  mantener  la  seguridad  jurídica,  circunstancia que impide a los funcionarios  judiciales  volver  a  ocuparse de situaciones ya resueltas, como ocurre en este  asunto   que   culminó   con   sobreseimiento   definitivo   a   favor  de  los  procesados.   

          Señala  que si bien procede la revisión de decisiones absolutorias  cuando  en  un  pronunciamiento de una instancia internacional se haya declarado  el   incumplimiento   de  la  obligación  del  Estado  de  investigar  seria  e  imparcialmente  las  violaciones  de  derechos  humanos, esa no es la situación  aquí  acontecida,  pues  el delito por el que se procedió no ha sido declarado  de  lesa  humanidad,  la acción penal se encuentra prescrita y el asunto no fue  sometido  a  la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con mayor razón si se  adelantaron  las  correspondientes  investigaciones que arrojaron como resultado  la no responsabilidad penal de los encartados.   

          Afirma  que  el  delito de secuestro simple por el cual se procedió  en  el diligenciamiento es un delito común, sin que haya sido declarado como de  lesa   humanidad,   ni  se  trata  de  un  quebranto  al  Derecho  Internacional  Humanitario.   

          Fundado  en  lo  anterior,  el  defensor solicita a la Sala declarar  infundada la pretensión el demandante.   

Defensor de ADRIAN  VILLAMIZAR JAIMES   

          Manifiesta  el  defensor que la justicia penal militar hace parte de  la  soberanía  de  los  estados  y  de  sus  decisiones,  de  modo  que  si sus  determinaciones  no  son  impugnadas hacen tránsito a cosa juzgada, como ocurre  en  este  asunto  con  el  sobreseimiento  definitivo  cuestionado, el cual, por  voluntad del legislador no es susceptible de recurso de casación.   

          Agrega  que  conforme  a  lo  definido  por esta Sala en materia del  fuero  congresional,  puede concluirse que el fuero militar tampoco se restringe  a  los delitos típicamente militares, sino que se extiende a aquellos cometidos  en  servicio  activo  o  en  relación con el mismo servicio, ámbito dentro del  cual fue procesado y absuelto su asistido.   

          Deplora  que  se  pretenda  aplicar  una  ley  y  una jurisprudencia  posterior  a  los  hechos que dieron lugar al proceso cuya revisión se demanda,  en   violación   del   principio  de  legalidad,  preexistencia  de  la  ley  y  favorabilidad.   

Finalmente   señala   que  en  el  prisma  internacional  la  protección  de  derechos  humanos corresponde a un carácter  declarativo,  no  coercitivo, salvo la competencia subsidiaria de la Corte Penal  Internacional.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  defensor  considera  que  en  derecho  y  justicia, por el bien del principio de seguridad  jurídica, se impone negar la revisión pretendida.   

Defensor de ERNESTO  CONDIA GARZÓN   

          Afirma  que  si  bien  el  demandante  adujo  la presencia de nuevas  pruebas  y  aludió  a  un  informe de policía judicial, lo cierto es que dicho  medio  de  convicción  no  ha sido constatado por un órgano judicial interno o  una   instancia   internacional,   de   modo  que  no  se  configura  la  causal  invocada.   

          Añade  que  la  Corte Constitucional creó una causal diversa de la  anterior,  cuando  sin  necesidad  de  acreditar  la existencia de una prueba no  conocida  al  tiempo  de  los  debates  o  de  un  hecho  nuevo,  una  instancia  internacional  ha  declarado  el incumplimiento protuberante de las obligaciones  del  Estado  en  punto de investigar seria e imparcialmente la violaciones a los  derechos   humanos   o   las   infracciones   graves  al  Derecho  Internacional  Humanitario,  causal  diversa de la invocada por el demandante, la cual no puede  ser  aplicada  de  oficio,  dado el carácter rogado de la acción de revisión,  amén  de  que  esta  causal sólo apareció por vía jurisprudencial en el año  2003  y  legalmente  en  el 2004, de imposible aplicación retroactiva a sucesos  acaecidos en 1982.   

También destaca que es improcedente aplicar  de  manera  retroactiva  una  jurisprudencia  pues  ello quebranta el derecho al  debido  proceso  reconocido  en  la  Carta  Política,  en cuanto se trata de un  pronunciamiento judicial posterior a los hechos.   

Advera  que  el  derecho  es  creación  del  legislador  y  los jueces, correspondiendo a éstos señalar el sentido, efectos  y  alcances  de  la  ley  conforme  a  los  nuevos  factores  de índole social,  política,  económica,  etc.,  y  por  ello,  se  atenta  contra  la  seguridad  jurídica    cuando    los   jueces   reformulan   a  posteriori  situaciones jurídicas consumadas bajo una  legislación  anterior,  de  manera  que  una  jurisprudencia  más  gravosa, en  último  sentido  se  convierte  en  una  ley  más  gravosa  y,  por  tanto, su  aplicación  jamás  podrá  ser retroactiva, como en efecto lo ha reconocido la  doctrina foránea sobre el particular.   

A partir de la argumentación precedente, el  defensor  solicita  a  la  Sala  no  disponer  la  revisión  deprecada  por  el  demandante.   

Defensor   de  BENEDICTO LARA   

De  manera  breve  el  defensor  solicita no  acceder  a  la  revisión solicitada, toda vez que en el trámite no obra prueba  nueva  a  partir  de  la  cual  pudiera  establecerse  la  responsabilidad de su  asistido.   

Defensor  de LUIS  ÁNGEL PERDOMO PERDOMO   

          Luego   de   hacer  una  detallada  relación  de  los  hechos,  sus  antecedentes,  de  las  decisiones  adoptadas por la justicia penal militar, del  trámite  adelantado  ante  la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos que  culminó  con  el Informe Final rendido el 6 de febrero de 1992, y de la acción  de   revisión   promovida   por   la   Fiscalía,  advera  que  “es  alejado  de la juridicidad pretender revivir una investigación  por  hechos según los cuales mi representado participó residualmente, que para  su  momento  se le investigó y juzgó con suficiencia y que como está más que  demostrado,  su  actuar estuvo direccionado por la legalidad y en cumplimiento a  las   órdenes  legítimas  que  le  impartían  sus  superiores,  función  que  consistía   única  y  exclusivamente  en  capturar  a  VÍCTOR  MANUEL  REYES,  GUILLERMO  ALVARADO,  EFRAÍN  CORTÉS  EPIFANIO y el señor GONZÁLEZ, órdenes  que  cumplió,  personas  que  como  está demostrado entregó a la autoridad en  oportunidad,  bajo  los  parámetros de la legalidad y en ningún momento fueron  objeto de secuestro o desaparición”.   

          También  dice  que  en el proceso cuya revisión se demanda no obra  prueba  alguna suficiente para estimar las pretensiones de la Fiscalía, máxime  si  luego  de  ser ejercitada la acción penal por la justicia penal militar fue  sobreseído de manera definitiva en forma legítima y clara.   

          Acto  seguido, el defensor orienta su labor a acreditar que hubo una  investigación   seria   e   imparcial   de   la   autoridad   competente,  como  sigue.   

          Después  de  traer  a  colación  en  forma  detallada  las pruebas  obrantes  en  los casos de Pedro Pablo Silva Bejarano,  Orlando  García  Villamizar,  Edgar  Helmut García Villamizar, Rodolfo Espitia  Rodríguez,  Hernando  Ospina  Rincón,  Guillermo Prado Useche, Edilbrando Joya  Gómez,  Alfredo  Rafael  y  Samuel  Humberto  Sanjuan  Arévalo, Gustavo Campos  Guevara,  Francisco  Antonio  Medina  Londoño,  Bernardo  Helí y Manuel Darío  Acosta   Rojas,   el   defensor   resalta  cómo  las  autoridades   judiciales  militares  no  encontraron  pruebas  suficientes  para  establecer  responsabilidad penal de alguno de los vinculados al proceso, por el  secuestro u homicidio de dichas personas.   

Adicionalmente,  pone  de  presente  que  su  asistido,  LUIS  ÁNGEL  PERDOMO  PERDOMO,  quien para la época de los hechos se desempeñaba como Teniente,  logró  en  relación  con  el  secuestro  y  posterior  homicidio de los niños  Álvarez,  la  captura  de  Víctor  Manuel  Reyes,  Guillermo  Alvarado, Efraín  Cortés,  Epifanio y un señor de apellido González,  quienes  no  aparecen  en  el  listado  de  presuntos  secuestrados y desaparecidos, de todo lo cual se dejaron  las respectivas notas en los libros de policía de Gachalá.   

Igualmente   afirma  que  en  la  denuncia  presentada  ante  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos no se hace  mención   alguna   a   su  representado  respecto  del  secuestro  y  posterior  desaparición  de  las  víctimas;  además,  tampoco en la demanda de revisión  presentada   por  la  Fiscalía  se  alude  al  entonces  Teniente  PERDOMO.   

Con  apoyo  en  lo  expuesto,  el  defensor  concluye  que  no  hay  el  más  mínimo  compromiso  de  responsabilidad de su  procurado  respecto  de  los delitos investigados por los cuales fue sobreseído  dentro   de   una  investigación  seria  e  imparcial,  imponiéndose  declarar  infundada  la  causal de revisión propuesta por el demandante, quien se limitó  a  plantear  una  diversa  apreciación  de  las  pruebas, proceder ajeno a esta  acción especial.   

Defensora de JAIRO  OTÁLORA   DURÁN  y  JORGE  ALIPIO VANEGAS TORRES   

          Comienza  la  defensora por señalar que el Fiscal demandante carece  de  legitimidad,  pues  en  virtud del artículo 221 de la Ley 600 de 2000, para  incoar  esta acción es necesario, además del interés jurídico, que el sujeto  procesal  haya sido legalmente reconocido dentro de la actuación, circunstancia  que no ocurrió en este asunto respecto de la Fiscalía.   

          Por  tanto,  afirma  que  la legitimidad radicaría en el Ministerio  Público,  de  acuerdo  con  lo  expuesto  por esta Sala en decisión del 1º de  noviembre  de  2007 (Rad. 26077), con mayor razón si no aparece la designación  especial    otorgada    al   demandante   para   ejercitar   esta   acción   de  revisión.   

          Acerca  de  la  causal  invocada  en  el  libelo  de  revisión,  la  defensora  aduce  que  el  demandante  no  precisó cuáles son los elementos de  juicio  nuevos  que  sirven de soporte a su pretensión, pues era su obligación  aportar  medios  de  prueba serios, procedentes, idóneos y con suficiente grado  de  credibilidad  y  trascendencia como para imponer la rectificación del error  denunciado, según lo tiene definido la jurisprudencia.   

          Luego  de  apoyarse  en  pronunciamientos  de  esta  Colegiatura, la  defensora  manifiesta  que  la  demanda  es  defectuosa,  pues  en  ella se debe  seleccionar  la  causal,  al  igual  que las pruebas en las cuales se sustenta y  ofrecer  una  exposición racional y lógica orientada a derruir los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la decisión atacada, limitándose el actor en este  asunto  a  remitir  quince  cuadernos del radicado 259A para que la Corporación  defina las pruebas que sirven de soporte a la causal invocada.   

Insiste  en  que  el  libelo  es ajeno a los  lineamientos  dispuestos  por  esta Sala para conseguir su admisión, máxime si  se  sustenta  en  una  obra  periodística, contentiva de relatos de terceros no  detallados  por  el  actor como para establecer qué manifestaciones son pruebas  nuevas  reveladoras  de  hechos  o  pruebas  dejadas  de  debatir  en el proceso  adelantado por la justicia penal militar.   

Resalta  que  ni  en  el  informe del Cuerpo  Técnico  de  Investigación del 1º de agosto del 2000, ni en el libro citado o  en  la  declaración  rendida  por  su  autor  aparecen  acusaciones concretas o  testimonios  relevantes  en  contra  de los sobreseídos, con mayor razón si el  periodista  no  suministra  datos  de  sus  fuentes y la información obrante en  dicho  documento  fue  entregada  por  un  miembro  de la DEA, quien ejecutó la  operación  pez  espada,  con  ocasión  de  infiltrarse  en la organización de  narcotráfico  de  José  Jader  Álvarez,  pero  no  en punto de indagar por el secuestro de sus hijos y sus  captores.   

De  otra parte, afirma que las informaciones  obrantes  fueron  suministradas  por  el doctor Alvear  Restrepo,  quien  tiene interés en un pronunciamiento  judicial sobre su pretensión.   

          En  punto  del  Informe  del  Cuerpo  Técnico de Investigación, la  defensora  expone que su contenido está dirigido a demostrar la responsabilidad  de  José  Jader  Álvarez,  padre   de   los   niños   secuestrados  y  luego  asesinados,  en  los  hechos  investigados.   

Acto    seguido,    transcribe   apartes  jurisprudenciales  sobre  las  nociones  de  prueba  nueva  y  hecho nuevo, para  concluir  que  el demandante no aportó tales elementos novedosos, y por ello se  debe declarar infundada su pretensión.   

          Respecto  del  alcance  que  a la causal tercera de revisión dio la  Corte   Constitucional   mediante   sentencia   C-004   de  2003,  esto  es,  el  incumplimiento   protuberante   del  Estado  respecto  de  sus  obligaciones  de  investigar  seria  e  imparcialmente  las  violaciones  de  derechos humanos, la  defensora  asevera  que  el actor orientó su esfuerzo a deplorar la valoración  de  las  pruebas  por parte de quienes profirieron el sobreseimiento definitivo,  olvidando  que esta acción no se erige en prolongación de las instancias sobre  temas  ya  debatidos,  amén  de que no fue allegada la decisión judicial en la  cual  se  haya  constatado  el  incumplimiento protuberante de la obligación de  investigar seriamente las violaciones de derechos humanos.   

Considera  que  la  decisión cuestionada se  encuentra  apoyada  en  suficientes  medios  probatorios capaces de acreditar la  ausencia  de  responsabilidad  de  los vinculados, sin que la investigación sea  superficial    o    carezca    de    objetividad,    como   lo   manifiesta   el  demandante.   

También  advera  que  la investigación fue  adelantada  por las autoridades competentes, por conductas preexistentes al acto  imputado,  conforme  a  la Carta Política de 1886 y la Convención Americana de  Derechos  Humanos,  pues  para  la  época de los hechos no estaba consagrado el  delito  de desaparición forzada, el cual fue tipificado 18 años después en la  Ley 599 de 2000.   

Finalmente  puntualiza  que  en  virtud  del  principio  de  legalidad  y  de  irretroactividad  de la ley penal, no es viable  aplicar   el   delito   de   desaparición   forzada   a   hechos  acaecidos  en  1982.   

Con  base en las consideraciones anteriores,  la  defensora  solicita  no acceder a la revisión del sobreseimiento definitivo  confirmado por el Tribunal Superior Penal Militar.   

Defensor  de JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes José  Dolores Quezada)   

          El  defensor  de confianza del sobreseído comienza por señalar que  conforme  al  Decreto 1790 del 24 de septiembre de 2000, los agentes de policía  únicamente   obedecen   órdenes   de  sus  superiores,  ya  sean  oficiales  o  suboficiales.   

          Acerca  de  los  vehículos  involucrados  en  la  comisión  de los  delitos  investigados  precisa,  que  no  son  entregados de manera indefinida y  permanente  a  un conductor, pueden circular por diferentes lugares de la ciudad  en  desarrollo  de sus tareas, y en ellos no viaja únicamente quien lo conduce,  pues   siempre   debe   ir   un   suboficial   que   es   el  comandante  de  la  patrulla.   

          Afirma  que  su asistido trabajó en la Policía Nacional desde 1981  hasta 1997 cuando se retiro en forma definitiva.   

          No  ha hallado en el expediente constancia de que para el momento de  los     hechos     denunciados,     JOSÉ    DAVID  QUEZADA  hubiera  estado  en el lugar y hora en que se  dice  tuvieron  ocurrencia  los sucesos, y si hubiese estado, debe aceptarse que  cumplía  órdenes  superiores  relacionadas  con  sus  labores  de  vigilancia;  además,  el conductor se queda en la patrulla, mientras los demás realizan sus  actividades.   

          También  dice que en el parqueadero de los vehículos debió quedar  un registro sobre las entradas y salidas de los mismos.   

          De  otra  parte  señala que su procurado no trabajó a órdenes del  General  NACÍN YANINE ni de  los  oficiales  y  suboficiales  sindicados  del delito de secuestro, pues ellos  pertenecían    a    la    DIPEC,   hoy   DIJIN,   mientras   que   JOSÉ  DAVID  QUEZADA  pertenecía  a  la  SIPEC,   hoy   SIJIN,   amén   de   que   éste   no  conoce  la  localidad  de  Gachalá.   

          Afirma  que  respecto de su defendido no se configura ni siquiera un  indicio  grave  sobre la comisión de delito alguno, quien para la época de los  hechos  se  encargaba  de  la  protección bancaria, sin que pueda afirmarse que  recibió y cumplió órdenes ilegítimas o ilegales.   

          El  defensor solicita que con independencia de la decisión adoptada  sobre   el  sobreseimiento  definitivo  cuestionado,  su  patrocinado  debe  ser  excluido  del trámite, pues no actuó como ordenador, determinador, cómplice o  encubridor   de  la  supuesta  acción  criminosa  investigada,  ya  que  de  no  procederse  en  tal  forma,  ahora,  a  la tercera edad en la cual se halla, con  graves  quebrantos de salud, se haría aún más penosa su situación y la de su  familia.   

Defensor  de JORGE  ELIECER BARBOSA SÁNCHEZ   

          Luego  de  transcribir  apartes del sobreseimiento definitivo contra  el  cual se dirige la acción, el defensor manifiesta que el Agente JORGE  ELIECER  BARBOSA  no tuvo nada que  ver  con  los  hechos  materia  de  investigación,  pues  para  aquella  época  realizaba  labores  de  vigilancia  de  bancos  y  vehículos,  sin que le fuera  confiada la vigilancia de residencias o personas.   

          Precisa  que el sobreseimiento definitivo se sustentó en suficiente  material   probatorio,  con  base  en  el  cual  se  demostró  la  ausencia  de  responsabilidad  de  su  asistido,  lo cual fue explícitamente planteado por el  Fiscal Penal Militar Especial en su concepto.   

          A  partir  de  lo  anterior,  solicita  dejar incólume la decisión  atacada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Cuestión previa  

Habida cuenta que en particular la defensora  de    los   sobreseídos   JAIRO   OTÁLORA   DURÁN  y   JORGE  ALIPIO  VANEGAS  TORRES   considera   que  no  asiste  legitimidad  al  demandante,  planteamiento  que  en caso de prosperar haría nugatorio cualquier  análisis  sobre la procedencia de la revisión propuesta, corresponde a la Sala  abordar  tal  asunto  de manera previa al estudio de fondo del libelo, así como  de  las  alegaciones  presentadas  por los demás sujetos intervinientes en este  trámite especial.   

          En  efecto,  como  el  argumento  central de la referida profesional  radica  en  que  la  Fiscalía  no  fue  reconocida  en  el diligenciamiento que  culminó  con  el  sobreseimiento  definitivo  aquí  cuestionado, y por ello la  legitimidad  para acudir a la acción de revisión correspondería al Ministerio  Público,  baste  señalar  que  ya  tal  temática  ha  sido  dilucidada por la  Corporación     en     un     asunto     similar1,  en  el  cual,  para  cuando  ocurrieron  los hechos no había sido creada la Fiscalía General de la Nación,  y  naturalmente,  el  delegado  a  quien  correspondió demandar en revisión no  podía haber sido reconocido dentro de las diligencias.   

          En la citada decisión se estableció:   

Si  bien  la  Fiscal  Delegada  no intervino  “en  el  curso  de  la  actuación  en  la  cual se  profirieron  las  sentencias  absolutorias de primera y segunda instancia, entre  otras  razones,  por  que  para  aquella época no se había creado la Fiscalía  General  de  la  Nación  y  por consiguiente, en ningún momento fue legalmente  reconocida   durante  la  actuación  procesal”,  lo  cierto  es  que  “la  legitimidad del demandante en  revisión  no  deriva  de las funciones específicas que como sujeto procesal le  asignan  las  Leyes  600 de 2000 y 906 de 2004, sino de las facultades generales  previstas  en  la Carta Política, de manera que si en  su  artículo  250  (modificado por el artículo 2º del Acto Legislativo 003 de  2002)  dispone  que  ‘La  Fiscalía  General  de  la Nación está obligada a adelantar el ejercicio de la  acción  penal  y  realizar  la  investigación  de  los hechos que revistan las  características   de  un  delito  que  lleguen  a  su  conocimiento’,       y      en   desarrollo     de    tales    facultades    puede   deprecar  ‘la comparecencia de los  imputados  al  proceso  penal, la conservación de la prueba y la protección de  la      comunidad,     en     especial,     de     las     víctimas’,  además  de solicitar ‘las  medidas  judiciales  necesarias  para  la  asistencia  a las víctimas, lo mismo que disponer el restablecimiento  del   derecho   y   la   reparación   integral   de   los   afectados   con  el  delito’,  es  evidente  que  le asiste legitimidad para accionar en revisión  con   el   propósito   de   asumir,   entre   otros,  los  referidos  cometidos  constitucionales”     (subrayas     fuera     de  texto).   

          Por  tanto,  si  el Fiscal Cincuenta y Tres de la Unidad Nacional de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional Humanitario presentó la acción de  revisión  que  dio  lugar  a  este  trámite, actuando para ello con base en la  designación  especial otorgada por la Jefe de dicha Unidad mediante Resolución  0333  del  11  de  agosto  de  2008,  a  su  vez  sustentada en la variación de  asignaciones  dispuesta por el Fiscal General de la Nación mediante Resolución  0-4407  del  21  de  julio de 2008, es claro que, como lo destaca la Procuradora  Delegada  en  su  concepto,  cuenta  con legitimidad para promover la acción de  revisión que concita la atención de la Sala.   

Cuestión de fondo  

Como ya ha tenido oportunidad de señalarlo  la  Colegiatura, la acción  de  revisión  excepciona  por  voluntad  del  legislador  el  principio de cosa  juzgada  en  procura  de  enmendar  yerros  judiciales  dentro  de las taxativas  circunstancias  enunciadas  en  la  ley,  amén de los  alcances   fijados   a   ellas   por   la   Corte  Constitucional,  ya  porque  no  fueron conocidas o en cuanto pasaron desapercibidas  para  los  funcionarios judiciales en el curso del diligenciamiento, dando lugar  a  decisiones que pese a estar ejecutoriadas, deben ser removidas para conseguir  la justicia en el caso particular.   

          El  principio  de  la  cosa  juzgada  implica que a quien se le haya  definido  su  situación  jurídica por sentencia ejecutoriada o providencia con  la  misma  fuerza  vinculante, no se le puede someter nuevamente a juicio por la  misma  conducta,  aun  cuando  se           le  dé una denominación jurídica diferente.  Esta  garantía,  que  hace  parte  del  debido proceso y se correlaciona con el  postulado  non bis in ídem,  se   encuentra   consagrada   en  el  inciso  cuarto  del  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  norma  superior  a su vez desarrollada en el estatuto  procesal penal.   

          Dicho  postulado,  sin embargo, puede ser exceptuado a través de la  acción  de revisión, al posibilitar la remoción de la cosa juzgada para hacer  cesar  la  injusticia  material contenida en una decisión, cuya verdad procesal  es  diametralmente  opuesta  a  la  verdad  histórica  del  acontecer objeto de  investigación  o  juzgamiento.  Desde luego, para ello se requiere demostrar la  presencia  de  alguna  de las causales establecidas de manera específica por la  ley y desarrolladas por la jurisprudencia.   

          Alcance de la causal tercera de revisión   

El numeral 3º del artículo 220 de la Ley 600  de  2000,  básicamente  similar  al  numeral  3º  del Decreto 050 de 1987 y al  numeral  3º  del  Decreto 2700 de 1991, establece la posibilidad de revisar las  decisiones judiciales definitivas, entre otros casos:   

“Cuando después  de  la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos  o surjan pruebas, no  conocidas  al tiempo de los debates, que establezcan la inocencia del condenado,  o su inimputabilidad”.   

          Al  pronunciarse  sobre  la  exequibilidad de tal precepto, la Corte  Constitucional,  en  sentencia  C-004 de 2003, condicionó su conformidad con la  Carta en dos sentidos, así:   

En   primer   término,   “la  acción  de  revisión  por esta causal también procede en los  casos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación  de  procedimiento  y  sentencia  absolutoria,  siempre  y  cuando  se trate de violaciones de derechos  humanos  o  infracciones  graves  al  derecho  internacional  humanitario,  y un  pronunciamiento  judicial   interno,  o  una  decisión  de  una  instancia  internacional   de   supervisión   y  control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por  nuestro país, haya constatado la existencia del hecho nuevo o  de    la   prueba   no   conocida   al   tiempo   de   los   debates”.   

Y, en segundo lugar, la acción de revisión  procede    “contra    la    preclusión   de   la  investigación,  la  cesación  de  procedimiento  y  la  sentencia absolutoria,  en  procesos  por  violaciones  de derechos humanos o  infracciones   graves   al   derecho   internacional  humanitario,  incluso  si  no  existe  un hecho nuevo o una prueba no conocida al  tiempo  de los debates, siempre y cuando una decisión  judicial  interna o una decisión de una instancia internacional de supervisión  y   control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por  nuestro  país,  constaten   un  incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones  del  Estado  colombiano   de   investigar   en   forma  seria  e  imparcial  las  mencionadas  violaciones”   (negrillas   y   subrayas  fuera  de  texto).   

          Como  se  observa,  la  sentencia  de  constitucionalidad amplió la  cobertura  de  la  aludida causal para permitir la acción de revisión también  contra  la  preclusión de la investigación, la cesación de procedimiento y la  sentencia  absolutoria, dictadas en procesos por violaciones de derechos humanos  o  infracciones  graves  al  Derecho  Internacional  Humanitario,  incluso si no  existe  un  hecho  nuevo  o  una  prueba  no  conocida al tiempo de los debates,  siempre   y   cuando   una   decisión  judicial  interna  o  de  una  instancia  internacional   de   supervisión   y  control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente  por  nuestro  país, constate la existencia del hecho nuevo o de la  prueba  no  conocida  al  tiempo  de  los  debates  o,  en caso de no darse esos  presupuestos,  advierta  un  incumplimiento protuberante de las obligaciones del  Estado  colombiano  de  investigar  en  forma  seria e imparcial las mencionadas  violaciones.   

          Con  fundamento en la referida decisión de la Corte Constitucional,  el    legislador   erigió   como   causal   independiente   de   revisión   el  condicionamiento  efectuado por dicha Corporación, al establecer como tal en el  numeral 4º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004 lo siguiente:   

“Cuando después  del           fallo           (absolutorio)2  en  procesos por violaciones  de  derechos humanos o infracciones graves al derecho internacional humanitario,  se  establezca mediante decisión de una instancia internacional de supervisión  y  control  de  derechos  humanos,  respecto  de la cual el Estado colombiano ha  aceptado    formalmente    la    competencia,    un  incumplimiento     protuberante     de     las    obligaciones     del           Estado          de     investigar    seria    e   

imparcialmente tales violaciones.  En  este  caso  no será necesario acreditar existencia de hecho  nuevo  o prueba no conocida al tiempo de los debates”  (subrayas fuera de texto).   

De  otra  parte, es oportuno señalar que si  bien  los  hechos  motivo de este diligenciamiento ocurrieron en 1982, es decir,  antes  de   proferirse   la  sentencia  C-004  de   2003,   en  la cual se estableció por primera vez como causal de revisión  la  hipótesis  objeto de análisis en el presente pronunciamiento, lo cierto es  que    sobre    el    particular    ya   la   Sala3  ha  tenido  la oportunidad de  precisar  que  lo  relevante  frente  a  dicha  discusión no es la legislación  vigente  al  momento  de  los  hechos,  sino  el marco constitucional en el cual  ocurrieron  los  mismos  y se impulsó la investigación objeto de la acción de  revisión.   

En tal sentido, se parte de lo establecido en  el  inciso 1° del artículo 93 de la Constitución Política de 1991, según el  cual,  “Los  tratados  y  convenios internacionales  ratificados  por  el Congreso, que reconocen los derechos humanos y prohíben su  limitación   en   los   estados   de   excepción,   prevalecen   en  el  orden  interno”,   norma  que  materializa  el  Bloque  de  Constitucionalidad,  referido  a  los  preceptos superiores que no se encuentran  directamente  contenidos  en  la  Carta, pero que regulan principios y valores a  los cuales ésta remite.   

Así,  se tiene que la Convención Americana  de  Derechos  Humanos  fue aprobada por el Congreso de la República mediante la  Ley  16  de  1972,  instrumento internacional ratificado el 31 de julio de 1973,  mucho  tiempo antes de la ocurrencia de los hechos por los cuales en este asunto  el  Inspector General de la Policía Nacional actuando como juez de primer grado  dictó  el 12 de marzo de 1987 sobreseimiento definitivo, providencia confirmada  en  segunda instancia por el Tribunal Superior Militar, mediante decisión del 6  de julio del mismo año.   

En  dicha  Convención se creó la Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  encargada,  entre  otras  funciones,  de  atender  peticiones  de  personas  o grupos denunciantes de la violación de los  derechos  humanos en países miembros de la Organización de Estados Americanos,  formular  recomendaciones  a  los  Estados,  ofrecer  sus  buenos  oficios  para  propiciar  soluciones  amistosas  en  las controversias entre los denunciantes y  los  Estados,  y publicar sus conclusiones e iniciar acciones contra los Estados  en  representación  de  las  víctimas ante la Corte Interamericana de Derechos  Humanos.   

          En  consecuencia,  se  impone  concluir que la Convención Americana  hace  parte del Bloque de Constitucionalidad, resultando obligatoria en el orden  interno  y  que  sus  disposiciones  estaban  vigentes para los meses de marzo y  septiembre   de   1982,  época  durante  la  cual  tuvieron  lugar  los  hechos  sintetizados al inicio de esta providencia.   

Ahora  bien,  de  conformidad  con la causal  invocada,  la  labor  de  esta  Corporación  al  proferir  fallo dentro de este  trámite se circunscribe a verificar:   

(i)           Que  en  virtud  de  la providencia cuya  autoridad   de  cosa  juzgada  se  pretende  remover,  haya  sido  precluida  la  investigación,  cesado procedimiento o dictado sentencia absolutoria a favor de  los incriminados.   

(ii)            Que   las   conductas   investigadas  correspondan  a violaciones de derechos humanos o infracciones graves al Derecho  Internacional Humanitario, y   

(iii)           Que  una  instancia  internacional  de  supervisión  y  control  de derechos humanos, aceptada formalmente en Colombia,  haya  constatado  el  incumplimiento protuberante de las obligaciones del Estado  de investigar en forma seria e imparcial tales comportamientos.   

          De   lo  expuesto  resulta  evidente  que  la  acreditación  de  la  responsabilidad  penal  o  inocencia  de  los  ciudadanos  beneficiados  con las  decisiones  cuya  revisión  depreca  la  Fiscalía, la Procuraduría y la Parte  Civil,  es un asunto cuyo debate únicamente será pertinente en el curso de las  instancias,  siempre  que  la  causal  invocada  prospere y se ordene rehacer la  actuación.   

          Sobre    tal   aspecto   ya   ha   precisado   la   Sala4:   

“Dada la causal  invocada,  no  será  en  el  curso  de  esta  acción  donde  se  debatirá  la  responsabilidad  de  las personas absueltas en primera  y  segunda instancia por la jurisdicción de orden público, pues de conformidad  con  el  artículo  227  de la Ley 600 de 2000, sólo compete a la Sala declarar  sin  valor  la  sentencia  motivo de la acción y proferir la decisión a la que  haya  lugar,  ‘cuando se  trate  de  la prescripción de la acción penal, de ilegitimidad del querellante  o  caducidad de la querella, o cualquier otra causal de extinción de la acción  penal  y en el evento que la causal aludida sea el cambio favorable del criterio  jurídico      de      sentencia     emanada     de     la     Corte’.   

“Por lo tanto, es  claro  que  en  caso  de  prosperar la causal invocada por la demandante en este  asunto  corresponderá a la Sala de acuerdo con lo establecido en el numeral 2º  del  artículo  227  de  la  Ley 600 de 2000 devolver la actuación ‘a  un  despacho  judicial de la misma  categoría,  diferente  de  aquél  que  profirió la decisión, a fin de que se  tramite  nuevamente  a  partir  del  momento procesal que se indique” (subrayas fuera de texto).   

          No  hay  duda  que  no es en este escenario donde se decide sobre la  responsabilidad   penal  o  inocencia  de  los  procesados  favorecidos  con  el  sobreseimiento   definitivo,  pues  únicamente  corresponde  a  la  Colegiatura  pronunciarse  sobre  la  causal invocada, a fin de disponer, en caso de ser ello  procedente,  se  rehaga  la  actuación,  como  que carecería de sentido que la  Corte  decidiera  definitivamente sobre la responsabilidad de aquellos, y pese a  ello ordenara que el trámite se rehiciera.   

Alcance   de  las  recomendaciones  de  la  Comisión Interamericana de Derechos Humanos   

En   fallos   recientes  ha  precisado  la  Sala5  que mientras las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos  Humanos,  como  órgano  judicial  autónomo,  tienen  carácter  vinculante, en  cuanto  así  lo  establece  la  Convención  Americana  de  Derechos Humanos al  disponer    que   sus   fallos   son   “motivados,  obligatorios,   definitivos   e   inapelables”,  las  recomendaciones  de  la  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos, por su  parte, no revisten fuerza obligatoria.   

En efecto, aunque la Comisión es un órgano  de   protección   de   los   derechos   humanos  que  hace  parte  del  Sistema  Interamericano  de  Derechos  Humanos y tiene como función presentar informes a  los  gobiernos  de  los  Estados  miembros  de  la Convención Americana, con el  propósito   de  que  adopten  medidas  progresivas  tendientes  a  asegurar  la  materialización  de  tales derechos dentro del marco de su legislación interna  y  sus  normas  constitucionales,  amén  de  establecer  preceptos orientados a  fomentar  el  debido  respeto de aquellos, es claro que los informes rendidos no  tienen   la  virtud  de  solucionar  la  violación  de  derechos  humanos   planteada por el solicitante, al punto que en caso   

de no cumplirse los dictados de la Comisión,  es  necesario que el informe sea publicado y el asunto sea entonces conocido por  la  Corte Interamericana, la cual sí está facultada para pronunciarse de fondo  al respecto.   

En  apoyo de su planteamiento, la Sala se ha  soportado  en  pronunciamientos  de  la misma Corte Interamericana, así como en  decisiones  de  la  Corte  Constitucional  colombiana; respecto de la primera se  tiene  que  en  sentencia del 8 de diciembre de 19956,  señaló  que  el  término  “recomendaciones”  utilizado  en  la  Convención  Americana  debe  ser  interpretado conforme a su  sentido   corriente,  pues  tal  instrumento  internacional  no  le  asignó  un  significado  especial,  lo  cual permite concluir que el informe de la Comisión  no  corresponde  a  una decisión jurisdiccional obligatoria cuyo incumplimiento  derive responsabilidad del Estado.   

Con  relación  a  la  segunda,  la  Corte  Constitucional,  se  observa  que, entre otras decisiones, en el fallo T-558 del  10  de julio de 2003, señaló que si bien las recomendaciones constituyen actos  jurídicos  unilaterales,  carecen  de  efecto  vinculante  y se circunscriben a  proponer  a  sus  destinatarios un determinado comportamiento, pero precisó que  en  todo  caso  debe  por lo menos analizarse el caso concreto, de manera que el  operador  jurídico  debe  ponderar: (a) la naturaleza del órgano internacional  que  adoptó  la  recomendación; (b) si se trata de una invitación dirigida al  Estado  para  que  tome  medidas  legislativas  o  administrativas encaminadas a  enfrentar  situaciones generalizadas de violaciones de los derechos humanos o si  por  el  contrario  se alude a un asunto específico; y (c) los principios y las  disposiciones   del   tratado   internacional   con   base   en  los  cuales  la  recomendación fue adoptada.   

De  lo  expuesto  se  ha  concluido que como  las   recomendaciones  de  la  Comisión  Interamericana  carecen de fuerza  vinculante,  no  bastan por sí mismas para tener por acreditado el quebranto de  garantías   fundamentales,   aunque   si  permiten  examinar  el  procedimiento  adelantando  en  el  país,  pero  en  el  entendido de que corresponde única y  exclusivamente  a  esta  Colegiatura  determinar  si  tuvo o no lugar la aducida  violación de derechos.   

          El caso concreto   

(i) Trámite ante la Comisión Interamericana  de Derechos Humanos   

Con  ocasión del sobreseimiento definitivo  proferido  el  12  de  marzo  de  1987  por  el Inspector General de la Policía  Nacional  en calidad de juez de primer grado a favor de los servidores públicos  investigados,  proveído  a  la  postre  confirmado  en segunda instancia por el  Tribunal  Superior  Militar,  mediante  auto  del  6 de julio del mismo año, el  asunto  fue  llevado por los familiares de las víctimas ante la  Comisión  Interamericana.   

El  8 de marzo de 1988 y el 30 de junio del  mismo  año la Comisión recibió una denuncia, posteriormente complementada por  el  peticionario,  en  la  cual  se  hacía referencia a los hechos expuestos en  forma  sucinta al comienzo de esta decisión, esto es, al secuestro de los hijos  de    José   Jader   Álvarez   Moreno,  a su posterior homicidio y su vínculo con la ulterior retención  y       desaparecimiento       de       trece       personas,       Orlando y Edgar  Helmut  García  Villamizar,  Pedro Pablo Silva Bejarano, Rafael Guillermo Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez, Alfredo Rafael y  Samuel  Humberto  Sanjuan  Arévalo,  Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya Gómez, Hernando Ospina Rincón, Manuel Darío Acosta  Rojas,   Francisco   Antonio   Medina   Londoño   y   Bernardo   Helí   Acosta  Rojas;  los  dos  últimos  aparecieron  muertos en el  desarrollo      de     diferentes     operativos     adelantados     por     las  autoridades.   

Una  vez  surtidos  diferentes  traslados y  oportunidades  de  intervención al peticionario y al Gobierno colombiano, en el  curso  del  78  período  de  sesiones,  el 3 de octubre de 1990, el pleno de la  Comisión   Interamericana   de   Derechos   Humanos   escuchó   en  audiencia,  especialmente  concedida  con  tal fin, los alegatos de las partes, manifestando  por  su  lado  el  peticionario,  entre  otras  cosas,  que estaba acreditado el  agotamiento  de  los  recursos  en la jurisdicción interna con el proferimiento  del  sobreseimiento definitivo por parte de la justicia castrense, destacando la  demora  en  el  trámite de la justicia penal ordinaria, lo que, en su criterio,  hacía  evidente el desinterés del Gobierno colombiano en resolver este caso en  forma rápida y efectiva.   

Por  su  parte,  los  representantes  del  Gobierno  de Colombia indicaron en la misma diligencia que el caso se encontraba  en  plena  dinámica  procesal,  según estaba acreditado con la ausencia de una  decisión   en  firme  por  parte  de  la  justicia  penal  ordinaria.  También  expresaron   que   la   Procuraduría   Delegada   había   continuado  con  las  investigaciones   en   contra  de  algunos  de  los  oficiales  sindicados  como  responsables  y  que,  por  tanto,  los  recursos administrativos disciplinarios  venían funcionando así como los de la jurisdicción penal.   

Entonces, en las consideraciones del citado  Informe Anual aseveró la Comisión Interamericana:   

“En el presente  caso   resulta   a   todas  luces  evidente  que  los  peticionarios  no  han  podido  lograr  una protección efectiva de parte de los  organismos   jurisdiccionales   internos,   los   que   pese   a  la  evidencias  incontrovertibles  puestas  a  su  disposición  exoneraron  de todo cargo a los  oficiales     policiales     responsables     decretando    su    sobreseimiento  definitivo,  por  lo cual, además, agotados o no los  recursos  de la jurisdicción interna, éstos no pueden ser alegados en su favor  por  el  Gobierno  de  Colombia  para  suspender  la  tramitación  que se viene  siguiendo  de  este  caso  ante  esta  Comisión,  en  consideración al retardo  injustificado  que ha sufrido la investigación interna de este proceso y porque  además,  el  juicio  que  se tramita ante la jurisdicción penal civil en estos  momentos,  solamente  comprende  a  civiles  pero  no a los oficiales policiales  sindicados  como  responsables  por  todas las evidencias señaladas en la parte  expositiva  del  presente  informe sobreseídos por la justicia militar, como ya  antes   ha   sido   indicado”  (subrayas  fuera  de  texto).   

          También se dijo:   

“Las  investigaciones  serias  que  han  efectuado  las  autoridades  del  Gobierno de  Colombia  a través de la Procuraduría General de la Nación y la Procuraduría  Delegada  para  los Derechos Humanos concurren en sindicar a los miembros de las  fuerzas  policiales  de  Colombia como responsables de los hechos y contrastan   con   lo   resuelto  por  el  fuero  militar,  el  que  desestimando  dichas  investigaciones  sobreseyó  definitivamente  a  todos los  sindicados” (subrayas fuera de texto).   

          A    su    vez,    en    un    aparte    del    mismo   Informe   se  puntualizó:   

“En   el  desarrollo  del  presente  caso ha quedado acreditado y por su parte el Gobierno  de  Colombia no ha negado la participación de agentes de la policía colombiana  en  los  hechos  de captura y posterior desaparición de las personas enumeradas  como  víctimas en el numeral 1º de los antecedentes de este informe, todos los  cuales  fueron  vinculados  real  o presuntamente con el secuestro de los niños  Alvarez  (…)  el  secuestro  y  asesinato a los hijos del señor Jader Alvarez  constituye  un  hecho  atroz,  pero la respuesta de un  estado  de  derecho  a  la comisión de un hecho punible debe de darse dentro de  los  límites  determinados  por el orden jurídico y no es admisible castigar a  quienes  están  llamados  por  la  ley a investigar”  (subrayas fuera de texto).   

          A partir de lo anterior, concluyó la Comisión:   

“Que  el  Gobierno  de Colombia ha dejado de cumplir con su  obligación  de respetar y garantizar los Artículos 4  (derecho  a  la  vida),  5  (derecho  a la integridad personal), 7 (derecho a la  libertad  personal)  y  25  (sobre  protección  judicial),  en conexión con el  Artículo  1.1,  consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos,  de  la  cual  Colombia  es  Estado  Parte,  respecto  del  secuestro y posterior  desaparición”     de     las     víctimas    ya  mencionadas.   

          Luego   de   efectuar  un  pormenorizado  análisis  de  los  medios  probatorios  obrantes  en  el  plenario, la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos resolvió:   

“1. Declarar que  el  Gobierno  de Colombia ha dejado de cumplir con su  obligación  de  respetar  y  garantizar los Artículos 4 (derecho a la vida), 5  (derecho  a  la  integridad  personal),  7 (derecho a la libertad personal) y 25  (sobre  protección judicial), en conexión con el Artículo 1.1, consagrados en  la  Convención  Americana  sobre Derechos Humanos, de  la   cual   Colombia  es  Estado  Parte,  respecto  del  secuestro  y  posterior  desaparición  de  las  siguientes  personas:  Orlando García Villamizar; Pedro  Pablo   Silva   Bejarano;  Rodolfo  Espitia  Rodríguez;  Edgar  Helmut  García  Villamizar;  Gustavo  Campos  Guevara; Hernando Ospina Rincón; Rafael Guillermo  Prado  J.,  Edilbrando  Joya  Gómez;  Francisco  Antonio Medina; Bernardo Helí  Acosta Rojas; y, Manuel Darío Acosta Rojas.   

2.  Que  Colombia  debe  de  (sic)  pagar indemnización compensatoria  a los familiares de las víctimas.   

3. Recomendar al Gobierno de Colombia que,  siguiendo   las   pautas   fijadas  por  las  Comisiones  Investigadoras  de  la  Procuraduría  General  de la Nación y Procuraduría Delegada para los Derechos  Humanos,  ordene  reabrir  una exhaustiva e imparcial  investigación  sobre los hechos denunciados y tomando  en  cuenta  las coincidentes conclusiones acusatorias de los organismos citados,  para  evitar  hechos  de grave impunidad que lesionan  las  bases  mismas  del  orden  jurídico,  disponga  se revisen los graves y no  desvirtuados  cargos  que  pesan  contra  los oficiales sobreseídos,  tomando  en  consideración  el  principio  de  que no hace cosa  juzgada un grave error judicial.   

4.  Solicitar  al Gobierno de Colombia que  garantice  la  seguridad  y  otorgue  la  protección  necesaria  a los testigos  presenciales  de  los  hechos  que,  con  riesgo  de  sus vidas, han prestado su  valiosa    y   valiente   colaboración   para   el   esclarecimiento   de   los  hechos.   

5.  Incluir  este  Informe  en el próximo  Informe  Anual  a  la  Asamblea  General  de  la  Organización  de  los Estados  Americanos” (subrayas fuera de texto).   

          (ii)                      La injerencia del Informe Final en la acción de  revisión.   

Señalado  lo  anterior  se observa, que si  bien  el  Informe  Final  adoptado  por  la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos  carece  de  carácter  vinculante,  lo  cierto  es  que habilita a esta  Colegiatura  para  verificar  si  en  realidad  se  produjo la violación de los  derechos fundamentales referidos en dicho documento.   

          Sobre  el  particular es menester recordar, que la prosperidad de la  acción  de  revisión,  frente  a  una decisión de cesación de procedimiento,  preclusión  de  la  investigación,  absolución  o,  incluso,  acorde  con  la  sentencia  C-979  de  2005,  condenatoria,  requiere  la  demostración  de  los  siguientes aspectos:   

1)            Que  los  hechos  investigados  tengan  relación  con  violaciones de derechos humanos o infracciones graves al Derecho  Internacional Humanitario.   

2)           Que se haya constatado un incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones del Estado colombiano de investigar en forma  seria  e  imparcial las violaciones de derechos humanos o infracciones graves al  Derecho Internacional Humanitario.   

          En  punto  del  primer aspecto  no  se  llama  a  duda  que  el  asunto examinado corresponde a un  episodio  de  violación  de  derechos  humanos,  pues  conforme  a  la doctrina  expuesta  sobre  tal  temática,  tales  derechos  corresponden a un conjunto de  obligaciones  de respeto y garantía por parte del Estado para con las personas,  de  manera  que  solamente  se  consideran  violados con ocasión de actuaciones  realizadas      por      agentes      estatales7.   

          Desde  luego,  la  Corte Interamericana de Derechos Humanos también  ha   dicho   que  le  son  atribuibles  al  Estado  aquellas  conductas  de  los  particulares  cuando,  por  acción  u  omisión de sus agentes, derivadas de su  posición  de  garantes,  incumple las obligaciones internacionales de respeto y  garantía     de     los     derechos     humanos8.   

          En  consecuencia,  si los hechos investigados se circunscriben a las  conductas  de  secuestro,  desaparición  forzada  y  homicidio  de  un  número  importante  de  personas, atribuidas a autoridades del Estado, pero también con  la  participación  y  auspicio  de  particulares,  es claro que se trata de una  ostensible violación de derechos humanos.   

Respecto del segundo  aspecto,  esto es, la constatación del incumplimiento  protuberante  de  las  obligaciones del Estado colombiano de investigar en forma  seria  e imparcial las violaciones de derechos humanos, encuentra la Sala que al  suscribir  la Convención Americana de Derechos Humanos, el Estado colombiano se  comprometió, según lo establece su artículo 1º:   

“A respetar los  derechos  y  libertades  reconocidos  en  ella  y  a garantizar su libre y pleno  ejercicio   a   toda   persona   que   esté  sujeta  a  su  jurisdicción,  sin  discriminación  alguna  por  motivos  de  raza, color, sexo, idioma, religión,  opiniones  políticas  o  de  cualquier  otra índole, origen nacional o social,  posición  económica, nacimiento o cualquier otra condición social”.   

          Además   se  advierte,  que  como  fundamentalmente  las  conductas  realizadas  apuntan  a  la  violación  de  los derechos a la libertad personal,  garantías  judiciales  y vida de las víctimas, pertinente resulta destacar que  en el artículo 7º se reconoce el primero de tales derechos, así:   

“Nadie puede ser  privado  de  su  libertad  física,  salvo  por  las causas y en las condiciones  fijadas  de  antemano  por las Constituciones Políticas de los Estados partes o  por las leyes dictadas conforme a ellas.   

“Nadie puede ser  sometido a detención o encarcelamiento arbitrarios.   

“Toda  persona  detenida  o  retenida  debe  ser  informada  de  las  razones de su detención y  notificada, sin demora, del cargo o cargos formulados contra ella.   

        

“Toda  persona  detenida  o  retenida  debe  ser  llevada,  sin  demora,  ante  un  juez  u otro  funcionario  autorizado  por  la ley para ejercer funciones judiciales y tendrá  derecho  a  ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser puesta en libertad,  sin   perjuicio  de  que  continúe  el  proceso.   Su  libertad  podrá  estar  condicionada    a    garantías    que   aseguren   su   comparecencia   en   el  juicio”.   

Por  su  parte,  en  el  artículo  8º del  mencionado  instrumento  se  reconoce  el  derecho  a las garantías judiciales,  así:   

“Toda  persona  tiene  derecho  a  ser  oída,  con  las debidas garantías y dentro de un plazo  razonable,  por  un  juez  o  tribunal  competente,  independiente  e imparcial,  establecido  con  anterioridad  por  la  ley,  en la sustanciación de cualquier  acusación  penal  formulada  contra  ella,  o  para  la  determinación  de sus  derechos  y  obligaciones  de  orden  civil, laboral, fiscal o de cualquier otro  carácter.   

Toda  persona  inculpada  de  delito  tiene  derecho  a  que  se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su  culpabilidad. Durante   el  proceso,  toda  persona  tiene  derecho,  en  plena  igualdad, a las siguientes garantías mínimas:   

a.          Derecho  del  inculpado de ser asistido  gratuitamente  por  el  traductor  o  intérprete, si no comprende o no habla el  idioma del juzgado o tribunal;   

b.          Comunicación  previa  y  detallada  al  inculpado de la acusación formulada;   

c.          Concesión al inculpado del tiempo y de  los medios adecuados para la preparación de su defensa;   

d.          Derecho  del  inculpado  de  defenderse  personalmente  o  de  ser  asistido  por  un  defensor  de  su  elección  y  de  comunicarse libre y privadamente con su defensor;   

e.          Derecho  irrenunciable  de ser asistido  por  un  defensor  proporcionado  por  el  Estado,  remunerado  o  no  según la  legislación  interna,  si  el  inculpado  no  se  defendiere  por  sí mismo ni  nombrare defensor dentro del plazo establecido por la ley;   

f.          Derecho  de  la defensa de interrogar a  los  testigos  presentes  en  el  tribunal  y  de obtener la comparecencia, como  testigos  o  peritos,  de  otras  personas  que  puedan  arrojar  luz  sobre los  hechos;   

g.          Derecho  a  no  ser obligado a declarar  contra sí mismo ni a declararse culpable, y   

h.          Derecho de recurrir del fallo ante juez  o tribunal superior.   

                  

3.      La  confesión  del  inculpado  solamente    es    válida    si    es    hecha   sin   coacción   de   ninguna  naturaleza.   

   

4.     El  inculpado  absuelto  por  una  sentencia   firme  no  podrá  ser  sometido  a  nuevo  juicio  por  los  mismos  hechos.   

      5.     El  proceso penal debe  ser  público,  salvo en lo que sea necesario para preservar los intereses de la  justicia”.   

A  su  vez,  en  el artículo  4º de la  referida  Convención  se  positiviza  el  derecho  a  la vida en los siguientes  términos:   

“Toda  persona  tiene  derecho  a  que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la  ley  y,  en  general,  a  partir del momento de la concepción. Nadie puede ser  privado de la vida arbitrariamente”.   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  advierte  la  Sala  que  en  el  diligenciamiento culminado con el  sobreseimiento  de  los  servidores  públicos, fue la justicia penal militar la  encargada  de  adelantar  dicha  investigación,  así  como  proferir  la ahora  cuestionada providencia de exoneración de responsabilidad penal.   

En   efecto,   como  ya  se  ha  expuesto  reiteradamente  en  este  proveído, el 12 de marzo de 1987 el Inspector General  de  la  Policía  Nacional en calidad de juez de primer grado decidió sobreseer  definitivamente   al  Coronel  NACÍN  YANINE  DÍAZ,  los  Mayores ERNESTO CONDIA  GARZÓN,   y  JORGE  ALIPIO  VANEGAS    TORRES,    los   Capitanes   LUIS  ÁNGEL  PERDOMO  PERDOMO,  JAIRO OTÁLORA DURÁN y   MIGUEL   RODRIGO   TORRADO  BADILLO,  los Sargentos segundos JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN,  JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO, JAIME HELI COLMENARES  BOTERO  y JOSUÉ RAFAEL COBOS  SILVA,  y  los Agentes JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes José  Dolores     Quezada,     se    precisa),   JORGE   ELIECER   BARBOSA   SÁNCHEZ,   PEDRO  JESÚS  RAMÍREZ  (fallecido), BENEDICTO LARA,  LUIS  EDUARDO AGUIRRE BARRAGÁN (fallecido),  ADRIAN  VILLAMIZAR  JAIMES,  HENRY  ESPITIA  DÍAZ  y      LUIS      ERNESTO      SUÁREZ  CEBALLOS,  por  el delito de secuestro de Orlando y Edgar  Helmut  García  Villamizar,  Pedro Pablo Silva Bejarano, Rafael Guillermo Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez, Alfredo Rafael y  Samuel  Humberto  Sanjuan  Arévalo,  Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya  Gómez,  Hernando  Ospina Rincón, Francisco Antonio  Medina  Londoño,  y Bernardo  Helí  y Manuel Darío Acosta  Rojas.   

La  anterior  determinación  judicial  fue  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  Militar,  mediante providencia del 6 de  julio  del  mismo  año,  al  conocer  de  la consulta de la decisión de primer  grado.   

          Ahora,  según  se  colige  de  la  investigación  culminada con el  sobreseimiento  definitivo  contra  el cual se dirige esta acción, así como de  las  conclusiones  contenidas en el Informe Final de la Comisión Interamericana  de  Derechos Humanos sobre el particular, los hechos investigados corresponden a  la  retención  ilegal  y  posterior desaparición de trece personas, dos de las  cuales  aparecieron  muertas  con  ocasión  de  operativos  adelantados por las  autoridades,  todo  ello  estrechamente  vinculado  con  el secuestro y ulterior  homicidio  de  los  hijos  de  José  Jader  Álvarez  Moreno,  al  punto  que  dentro  del  diligenciamiento  seguido  en el Juzgado Décimo Superior de Bogotá por los delitos de los cuales  fueron   víctimas  los  niños  Álvarez,   se   vinculó  a  Pedro  Pablo  Silva  Bejarano,   Edgar  Helmut  García  Villamizar, Orlando  García  Villamizar  y Rafael  Guillermo   Prado  Useche.  Los  dos  primeros  fueron  condenados  por  tales  comportamientos  con  posterioridad  a su desaparición,  mientras los otros dos fueron exonerados de responsabilidad.   

          Establecido  lo  anterior,  no  hay  duda  que si agentes del Estado  realizan  las  conductas  de retener ilegalmente a personas, para posteriormente  desaparecerlas,  amén  de  que  dos  de  ellas  fueron  luego  reportadas  como  fallecidas  en  operativos de los organismos de seguridad, por creerse de manera  cierta  o  infundada  que participaron en la comisión de delitos de secuestro y  homicidio  de  unos  infantes,  tal proceder corresponde, como ya se expresó en  precedencia,    a    manifiestas   actividades   de   violación   de   derechos  humanos.   

          En  el marco de la acción de revisión promovida, la posibilidad de  remover   una   decisión  con  fuerza  de  cosa  juzgada  dictada  en  procesos  relacionados  con  violaciones  de  derechos  humanos  o  infracciones graves al  Derecho   Internacional  Humanitario,  tiene  como  sustento   la  especial  obligación  a  cargo del Estado de garantizar a las víctimas sus derechos a la  reparación,  verdad  y  justicia,  pues  en tales casos resulta indeclinable su  obligación  de  adelantar  una  investigación  seria  e  imparcial, en orden a  sancionar  a  los  responsables de tales violaciones y a asegurar la reparación  de  las  víctimas;  así  lo  señaló  la Corte Constitucional en la sentencia  C-004 de 2003:   

“La   Corte  concluye  entonces  que  existe  una  afectación particularmente intensa de los  derechos  de las víctimas (CP art. 229), que obstaculiza gravemente la vigencia  de  un  orden  justo  (CP  art.  2°),  cuando existe  impunidad   en   casos   de  afectaciones  a  los  derechos  humanos  o  de  violaciones  graves  al derecho internacional humanitario.  Esta  impunidad  es  aún más grave si ella puede ser atribuida al hecho de que  el  Estado  colombiano  incumplió  con su deber de investigar, en forma seria e  imparcial,  esas  violaciones  a los derechos humanos y al derecho internacional  humanitario,  a  fin de sancionar a los responsables”  (subrayas fuera de texto).   

          Desde   luego,   una   investigación   seria   e  imparcial  supone  necesariamente  como  condición  de legitimidad y validez del diligenciamiento,  que  sea  adelantada  con sujeción estricta al principio del juez natural, esto  es,  que  sea  el funcionario competente, debidamente instituido, el que conozca  de  la  actuación,  y  sea  él, quien se pronuncie adoptando las decisiones de  fondo.    Al    respecto    ha   dicho   la   Sala9:   

“La competencia  para  juzgar  es  uno  de los principios basilares del debido proceso que atañe  con  el  principio  del  juez  natural  y  la organización judicial,  expresamente consagrado en el artículo 29 constitucional cuando  refiere   al   juzgamiento  ante  el  ‘juez           o           tribunal          competente’. Por lo tanto, el desconocimiento de  este  principio  constituye una violación del derecho al debido proceso, ya que  implica  la  ausencia  de  uno  de  sus elementos fundamentales, esto es, que la  valoración  jurídica  sea  llevada  a  cabo  por  quien tiene la facultad y la  autoridad  para hacerlo, de modo que exista un fundamento para asumir las cargas  e  implicaciones  que  de  ella se derivan” (subrayas  fuera de texto).   

En  ese  orden,  para  establecer  si en la  investigación  adelantada  contra  los  servidores  públicos  sobreseídos  se  respetó  o  no  el  principio  del  juez natural, es necesario constatar si los  hechos    imputados    a    aquellos   guardan   relación   con   el   servicio  policial.   

         En   tal   cometido   se   tiene   que   tanto   la   jurisprudencia  constitucional      como       de      esta    Corporación   coinciden  al   

señalar  el  carácter  excepcional  de la  competencia  asignada  a la justicia penal militar para juzgar a los miembros de  las    fuerzas   armadas,   precisando   que   la   expresión   “servicio”  contemplada  en  los  artículos  221  y  250  de  la  Constitución  Política  se refiere a las actividades concretas que, de acuerdo  con  la  misma  codificación  superior,  se  orienten  a cumplir o realizar las  finalidades  propias  de  las  fuerza  militares y de la Policía Nacional, como  son,  en  el  primer  caso,  la  defensa  de la soberanía, la independencia, la  integridad  del  territorio nacional y el orden constitucional y, en el segundo,  el  mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercido de los derechos  y  libertades  públicas  y la convivencia pacífica10.   

         También  se  ha  puntualizado que para admitir configurado el fuero  penal  militar se requiere la existencia de un vínculo próximo y directo entre  el  delito y la actividad del servicio, de modo que el primero corresponda a una  extralimitación  o  abuso  de  poder.  Por  consiguiente,  el nexo no puede ser  hipotético  o  abstracto  y,  en  todo caso, se rompe cuando el agente desde el  inicio  actúa  con  propósitos  criminales  o  se  trata  de un delito de lesa  humanidad11.    

          Si  como ya fue señalado, las conductas motivo de la investigación  primigenia  que  culminó  con  el  sobreseimiento definitivo aquí cuestionado,  corresponden  a  evidentes  violaciones  de  derechos  humanos, pues agentes del  Estado  retuvieron  ilegalmente  y desaparecieron a varios ciudadanos, en cuanto  los  relacionaron  con  el secuestro y posterior homicidio de unos niños, puede  concluirse  sin  dificultad  que  tales  actuaciones  son por completo ajenas al  servicio  público  policial,  y  en  tal medida no podían ser conocidas por la  justicia castrense, sino por la ordinaria.   

La  referida  incorrección  denota  que se  violó  el  principio  del  juez  natural,  lo  cual  comportó el quebranto del  derecho  al  debido  proceso  y,  por  ende,  la  lesión  del derecho de acceso  material  a la justicia, en palmario desmedro de las exigencias de imparcialidad  del   juez  y  seriedad  en  la  investigación,  máxime  si  contrario  a  las  conclusiones  de  la  Comisión  Interamericana de Derechos Humanos se profirió  una   decisión   de   exoneración   de  responsabilidad,  pese  a  encontrarse  suficientes  elementos  de  juicio  para  señalar  a  los  beneficiados  con el  sobreseimiento como responsables de las conductas investigadas.   

          En  suma,  encuentra  la  Sala  que  si la decisión cuestionada fue  proferida  por  jueces  de  la jurisdicción penal militar, quienes carecían de  competencia  para  conocer de este asunto dado que no operaba el fuero en razón  de  la  gravedad de las conductas y en especial porque comportaban la violación  manifiesta  de  derechos  humanos,  no  sólo  se  violó  el principio del juez  natural,  el  debido  proceso y el acceso a la administración de justicia, sino  que  una  decisión  de fondo, en tales condiciones proferida no está llamada a  cobrar  ejecutoria,  pues  no  hay  coincidencia entre la cosa juzgada y la cosa  justa,  circunstancia  que  permite  tener  por  satisfechos los requisitos para  declarar  próspera  la  causal  tercera de revisión, conforme a la ampliación  que  a  su alcance le dio la Corte Constitucional mediante fallo C-004 del 20 de  enero de 2003.   

En  consecuencia, la Sala dejará sin valor  el  sobreseimiento  definitivo proferido el 12 de marzo de 1987 por el Inspector  General  de  la Policía Nacional en calidad de juez de primer grado a favor del  Coronel    NACÍN    YANINE   DÍAZ,   los   Mayores  ERNESTO  CONDIA  GARZÓN,  y  JORGE  ALIPIO  VANEGAS  TORRES,  los  Capitanes LUIS  ÁNGEL     PERDOMO     PERDOMO,     JAIRO     OTÁLORA    DURÁN    y   MIGUEL   RODRIGO   TORRADO  BADILLO,  los Sargentos segundos JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN,  JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO, JAIME HELI COLMENARES  BOTERO  y JOSUÉ RAFAEL COBOS  SILVA,  y  los Agentes JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes José  Dolores     Quezada,     se    precisa),   JORGE   ELIECER   BARBOSA   SÁNCHEZ,  BENEDICTO  LARA,  ADRIAN  VILLAMIZAR  JAIMES,  HENRY  ESPITIA DÍAZ y  LUIS  ERNESTO  SUÁREZ  CEBALLOS, por el  delito    de    secuestro   de   Orlando  y Edgar Helmut García Villamizar, Pedro  Pablo   Silva   Bejarano,   Rafael   Guillermo  Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez,    Alfredo    Rafael    y   Samuel   Humberto   Sanjuan   Arévalo,   Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya  Gómez,  Hernando  Ospina  Rincón,  Francisco  Antonio Medina  Londoño,  y  Bernardo Helí  y  Manuel  Darío  Acosta  Rojas,  decisión  a  la  postre confirmada en segunda  instancia  por el Tribunal Superior Militar, mediante providencia del 6 de julio  del mismo año.   

          Es   pertinente  señalar  que  como  el  mencionado  sobreseimiento  definitivo  tuvo  lugar  al  momento  en  el  cual  se  calificó el mérito del  sumario,  considera  la  Sala  que  para  preservar  los derechos de los sujetos  procesales,  la  actuación se debe retrotraer a la fase de instrucción, siendo  del  resorte  de  la  Fiscalía  a  la  cual corresponda conocer de este asunto,  ordenar  la  práctica  de  pruebas  o  declarar  clausurada  la investigación,  conforme  a  su  criterio,  de acuerdo con lo plasmado en el artículo 393 de la  Ley 600 de 2000.   

          Así  las  cosas,  se  ordenará remitir la presente actuación a la  Fiscalía  General  de  la Nación, para que dentro de su autonomía funcional y  administrativa,  y teniendo en cuenta las resoluciones 0-4407 del 21 de julio de  2000  emitida  por  el  Fiscal General de la Nación, y 0333 del 11 de agosto de  2008  proferida  por  la Fiscal Jefe de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional  Humanitario, sea asignada a la Delegada que se considere  pertinente  dentro  de  la orbita legalmente reglada de sus facultades, a fin de  que  asuma  el  conocimiento  de  este  asunto  y  continúe  la  investigación  correspondiente, según atrás se indicó.   

          Precisiones sobre la prescripción de la acción   

Tiene   sentado  de  manera  unánime  la  Sala12  en  punto  de  la contabilización del término prescriptivo de la  acción  penal,  una  vez  se  dispone  la  revisión de un diligenciamiento, lo  siguiente:   

“1. Ejecutoriada  una  sentencia  condenatoria,  decae cualquier posibilidad de prescripción pues  el  proceso  ha concluido dentro de los lapsos establecidos en la ley. Es decir,  resulta  inocuo,  a  partir  de allí, pensar en la posibilidad de tal fenómeno  extintivo de la acción.   

2.  Si se acude a la acción de revisión,  entonces,  no  opera  el  fenómeno  de  la prescripción por cuanto se trata de  reexaminar un proceso ya terminado.   

3.  Si la acción prospera y se retorna el  asunto  a  una  fase pretérita que incluya la caída de la sentencia, es decir,  anterior  a  la  ejecutoria de la misma, no es posible reanudar, para proseguir,  el  término  de prescripción contando el tiempo utilizado por la justicia para  ocuparse  de  la  acción de revisión, precisamente porque el fallo rescindente  no  ‘prolonga’  el proceso ya finiquitado, sino que  da  lugar  a  un  ‘nuevo  proceso’.   

        4. Por consiguiente:   

4.1.  Si  respecto  del fallo –obviamente  en firme- se interpone la  acción de revisión, no opera para nada la prescripción.   

4.2.  Durante el trámite de la acción en  la  Corte  o  en  el  Tribunal,  tampoco se cuentan términos para efectos de la  prescripción.   

4.3.  Si  la  Corte o el Tribunal declaran  fundada  la  causal  invocada y eliminan la fuerza de la sentencia, con lo cual,  en  general, se dispone el retorno del proceso a un estadio determinado, tampoco  es  posible adicionar el tiempo que ocupó el juez de revisión al tiempo que ya  se  había  obtenido  antes  de  la  firmeza  del  fallo,  para  efectos  de  la  prescripción, como si jamás se hubiera dictado.   

4.4. Recibido el  proceso  por  el  funcionario al cual se le adjudica el adelantamiento del nuevo  proceso,  ahí  sí  se  reinician  los términos, a continuación de los que se  habían  cumplido  hasta el momento de la ejecutoria de la sentencia.   

El  motivo,  se  repite,  es elemental: la  acción  de revisión es un fenómeno jurídico extraordinario que si bien puede  romper  la  inmutabilidad  e  irrevocabilidad  del fallo, no afecta otros temas,  entre  ellos  el de la prescripción” (subrayas fuera  de texto).   

          Conforme  a lo expuesto, se ordenará remitir la presente actuación  a  la  Unidad  Nacional de Fiscalía de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario,  a  efectos de que asuma el conocimiento de este asunto y continúe  la  investigación  correspondiente,  no  sin  antes precisar que a partir de la  recepción  del  proceso  por  parte de la Fiscalía competente se reanudará la  contabilización  del  término  de  prescripción  de la acción penal, sin que  haya   lugar,  en  todo  caso,  a  considerar  para  ese  efecto  ni  el  tiempo  transcurrido  desde  la  ejecutoria  de la providencia en la cual se decretó el  sobreseimiento  definitivo,  ni  el  que tomó la Corte para decidir la presente  acción de revisión.   

Respuesta a los alegatos  

          Acoge   la   Sala   los   sencillos   argumentos  expuestos  por  el  demandante,  en  cuanto  se  refiere    a    disponer    la    revisión    con   base   en   “pronunciamientos  de  instancias  internacionales de supervisión y  control de derechos humanos”.   

         Igualmente   se   consideran   de   recibo  las  alegaciones  de  la  parte  civil,  especialmente  con  relación al quebranto del derecho al juez natural, pues por tratarse de la  violación  de derechos humanos no opera el fuero militar, de modo que el asunto  debió  ser  conocido  por la jurisdicción ordinaria, amén de que la Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos declaró que el Gobierno de Colombia dejó  de  cumplir  con su obligación de respetar y garantizar los derechos a la vida,  integridad  personal,  libertad personal y protección judicial de las víctimas  en este asunto.   

Se  acogen también los razonamientos de la  Procuradora  Tercera  Delgada para la Casación Penal,  específicamente en cuanto atañe a la legitimidad del  demandante,  y  al  pronunciamiento  de  la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos  acerca  del incumplimiento grave de las obligaciones contraídas por el  Estado  colombiano en punto de investigar seria e imparcialmente las violaciones  de  derechos  humanos  y  las infracciones al Derecho Internacional Humanitario,  además  de que se recomienda reabrir las investigaciones ya concluidas, máxime  si  se  violó  el  principio  del  juez  natural,  pues secuestrar a ciudadanos  supuestamente   implicados   en   el   plagio   de  los  hijos  de  José   Jader   Álvarez,   para   luego  desaparecerlos,  es  una  actividad  sin  relación  alguna con la función o el  servicio  policial, de modo que el diligenciamiento no debió ser adelantado por  la jurisdicción penal militar, sino por la ordinaria.   

          No  se acepta el planteamiento del Defensor  del   sobreseído  NACÍN  YANINE  DÍAZ  al  echar  de  menos un pronunciamiento de instancia internacional  sobre  el  incumplimiento de protuberante del Estado de investigar seriamente la  violación  de  derechos  humanos  y  Derecho Internacional Humanitario, pues es  evidente  que  en  el  Informe  Final  rendido  el  6  de febrero de 1992 por la  Comisión   Interamericana   de   Derechos  Humanos  sobre  el  caso  10235,  se  precisó:   

“Las  investigaciones  serias  que  han  efectuado  las  autoridades  del  Gobierno de  Colombia  a través de la Procuraduría General de la Nación y la Procuraduría  Delegada  para  los  Derechos  Humanos  concurren  en  sindicar  a los miembros de las fuerzas policiales de Colombia como responsables  de  los  hechos  y  contrastan  con  lo  resuelto  por  el fuero militar, el que  desestimando  dichas  investigaciones  sobreseyó  definitivamente  a  todos los  sindicados” (subrayas fuera de texto).   

         No  sobra  rememorar  que  en  escrito del 28 de octubre de 2009, el  defensor   del   señor   YANINE   DÍAZ   deprecó   allegar   “copia  de  la  decisión  judicial  interna  o  de  la  decisión de instancia internacional de  supervisión  y  control  de  derechos  humanos aceptada formalmente por nuestro  país   que   constate  incumplimiento  protuberante  el  Estado  colombiano  de  investigar  en  forma  seria e imparcial las mencionadas violaciones”.   

          Es   cierto  que  los  sobreseimientos  hicieron  tránsito  a  cosa  juzgada,  pero  debe  recordarse  que  precisamente conforme a la jurisprudencia  constitucional,  se  impone  la  revisión de aquellas actuaciones en las cuales  una  instancia  internacional de protección de derechos humanos, como ocurre en  este  asunto  con  la  Comisión  Interamericana,  haya  declarado  que Colombia  incumplió  las obligaciones contraídas en la Convención de San José de Costa  Rica,  como  también  aquí  ha  acontecido,  de  modo  que la inconformidad no  encuentra soporte.   

          Adicionalmente  se tiene que no es la ponderación de las pruebas la  que  da  sentido  a la prosperidad de la acción promovida, sino lo declarado en  el  Informe  Final  por la Comisión Interamericana y su constatación por parte  de esta Corporación.   

          Con    relación   a   los   planteamientos   de   la   Defensora   de   JOSUÉ   RAFAEL   COBOS  SILVA  impera  señalar  que  de  conformidad  con  la  sentencia  C-004  del  20 de enero de 2003, tratándose de un pronunciamiento de  instancia  internacional  de supervisión de derechos humanos, no es menester la  existencia  de  prueba  nueva  o  de  hecho  nuevo  no conocido al tiempo de los  debates,    y    tanto    menos    su    verificación    por    un    organismo  internacional.   

          Es  claro  que,  si  bien  la  demanda de revisión no constituye de  manera  alguna  un  paradigma de lo que debe ser un libelo de tal naturaleza, lo  cierto  es  que  el  actor sí se refirió al alcance que a la causal tercera de  revisión  dispuso  la  Corte  Constitucional,  para  lo  cual trajo a colación  varios apartes de dicho proveído, entre ellos, el siguiente:   

“En   tal  contexto,   esta   Corporación  considera  que  en  los  casos  de  negligencia  protuberante  del  Estado  en  brindar justicia a las víctimas de violaciones a  los  derechos  humanos  y al derecho internacional humanitario, para que proceda  la  revisión,  sin  que  aparezca  un  hecho  nuevo o una prueba no conocida al  tiempo  del  proceso,  es  necesario  que  exista una  declaración  de  una instancia competente que constate que el Estado incumplió  en   forma   protuberante  con  la  obligación  de  investigar  seriamente  esa  violación.   A   fin   de   asegurar  una  adecuada  protección  a  la  persona absuelta, la constatación  de  esa  omisión  de  las  autoridades  deberá ser adelantada por un organismo  imparcial   e   independiente”  (subrayas  fuera  de  texto).   

          De  acuerdo  con  lo  expuesto, es palmario que el demandante sí se  refirió  a  la  posibilidad  de  que  una  instancia  internacional  se hubiera  pronunciado  en  los  términos dispuestos por la jurisprudencia constitucional,  proceder   que   no   desnaturaliza   el   carácter   rogado  de  esta  acción  especial.   

          Ahora,   en   punto   de  la  imposibilidad  de  aplicar  la  citada  jurisprudencia  constitucional  del  año 2003 a hechos acaecidos en 1982, baste  señalar  que  ya  con  anterioridad  a  esta  última  fecha  el Congreso de la  República  había  aprobado mediante la Ley 16 de 1972 la Convención Americana  de  Derechos  Humanos,  la  cual  fue ratificada el 31 de julio de 1973 y, desde  luego,  Colombia se había comprometido a cumplir con las obligaciones derivadas  de dicho instrumento.   

          Sobre  tal argumentación defensiva ha tenido la Sala la oportunidad  de  señalar13:   

“De  observarse  esa  temática  con  la  óptica  del  derecho  interno,  sería factible que el  planteamiento  del  defensor  pudiese  tener  acogida  en  algunos  eventos. Sin  embargo,  en tratándose de atentados tan graves contra los derechos humanos, al  punto  que  el  asunto  trascendió al sistema interamericano de justicia, no es  suficiente   la  normatividad  local  para  su  cabal  entendimiento,  sino  que  es  preciso  ubicarse en el paradigma de los derechos  humanos,  del  derecho  internacional  humanitario  y  de  los  derechos  de las  víctimas  a  la  verdad,  a la justicia y a la reparación integral.   

Quiere ello decir que si Colombia es parte  de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos Humanos, firmada en San José de  Costa  Rica  el  22  de  noviembre  de 1969, aprobada mediante la Ley 16 de 1972  (…)  desde entonces el Estado asumió la obligación de garantizar la vigencia  de  los  derechos  humanos  y de asegurar que los procesos penales por atentados  contra    éstos    se    adelanten   por   el   juez   natural,   imparcial   y  competente.   

Por  ello,  con  independencia de que haya  existido  o  no  causal  de  revisión al tiempo de los hechos, lo cierto es que  Colombia  ya  había  asumido  los  anteriores  compromisos internacionales y en  ningún    caso    podría    anteponer   normas   de   derecho   interno   para  deshonrarlos”.   

En   sentido   similar   precisó   esta  Colegiatura:   

“Es admisible la  causal  invocada  en este evento, con fundamento en el numeral 4° del artículo  192  de  la  Ley  906 de 2004, a pesar de que para la fecha de los hechos, y, en  general,  para la época en que la justicia penal militar rituó el trámite que  culminó  con  sentencia  absolutoria,  no  había  entrado  en  vigencia  en el  ordenamiento  interno  colombiano  la  norma en cuestión, en tanto, se reitera,  independientemente  de  la  legislación  interna  regulatoria de la materia, ya  para  ese momento, en el ámbito de los tratados vigentes suscritos por Colombia  y,   en   consecuencia,  con  fuerza  obligacional  que  dimana  del  bloque  de  constitucionalidad,   era   menester   adelantar   una   adecuada  y  suficiente  investigación  que  tutelase  los  derechos  de  las  víctimas a la verdad, la  justicia y la reparación.   

El  soporte  de  la  misma,  se  itera, lo  constituye  el  marco  constitucional  en rigor por ese entonces, que no es otro  que  los  convenios  y  tratados  internacionales  aprobados  y  ratificados por  Colombia”14.   

          Las   razones   expuestas   son  suficientes  para  no  aceptar  los  argumentos de la defensa.   

En   punto   de   los  razonamientos  del  Defensor  de  MIGUEL RODRIGO  TORRADO  BADILLO  reitera  la  Sala lo ya dicho, en el  sentido  de  que  si bien la demanda de revisión presentada por la Fiscalía no  corresponde  a  un  modelo  a  seguir,  y  en  ella  se  alude a pruebas nuevas,  específicamente    al   libro   “Operación   pez  espada”  del  periodista estadounidense David   McClintick  quien  adelantó  una  investigación  privada  sobre  los  hechos  motivo  de  este averiguatorio y se  ratificó  sobre  lo  escrito mediante declaración rendida ante el consulado de  Colombia  en  Nueva York, amén del informe rendido el 1º de agosto de 2000 por  el  Cuerpo Técnico de Investigación, en el cual se corrobora lo expuesto en el  libro  mencionado,  lo  cierto es que el actor se refirió al alcance fijado por  la  Corte  Constitucional  para  la  causal  tercera  de  revisión,  que  fuera  ulteriormente  establecido  expresamente  en el numeral 4º del artículo 192 de  la Ley 906 de 2004.   

          Ahora,  en  cuanto  se refiere al delito de desaparición forzada de  personas,  es  pertinente  señalar  que  no  es este el escenario propicio para  establecer  la  tipicidad  de  las  conductas por las cuales se procede, pues es  evidente  que ello corresponde a la órbita de competencia de los funcionarios a  quienes corresponda rehacer la instrucción y el juzgamiento.   

Con  relación  a  que  se  cumplieron  las  exigencias  legales de la época en punto del fuero militar, debe resaltarse que  la  conducta  de  retener  personas  ilegalmente,  desaparecerlas o causarles la  muerte  por suponerse de forma real o infundada que participaron en la comisión  de  delitos,  no  se  relaciona ni ahora ni antes, con el ejercicio del servicio  policial.   

          Debe  advertirse  que  como lo plantea el defensor, el Informe de la  Comisión  Interamericana  no  corresponde  a una condena del Estado colombiano,  pero  sin  duda  alguna,  se  trata  de  un  pronunciamiento  de  una  instancia  internacional  de  supervisión de derechos humanos aceptada por Colombia, en el  cual  se  declara  que  el Estado ha dejado de cumplir una serie de obligaciones  derivadas   de   la   Convención   Interamericana  en  punto  del  secuestro  y  desaparición de las víctimas.   

Sobre   el   particular   dijo  la  Corte  Constitucional   en   la   ya   citada  sentencia  C-004  del  20  de  enero  de  2003:   

Es      posible     “reabrir  las investigaciones por violaciones a los derechos humanos  y  por  graves  afectaciones  al  derecho  internacional humanitario en aquellos  casos   en  que  con  posterioridad  a  la  absolución  se  muestre  que  dicha  absolución  deriva  de  una  omisión  protuberante  del  deber  del  Estado de  investigar,  en  forma  seria  e  imparcial,  esos  comportamientos (…) En tal  contexto,   esta   Corporación  considera  que  en  los  casos  de  negligencia  protuberante  del  Estado  en  brindar justicia a las víctimas de violaciones a  los  derechos  humanos  y al derecho internacional humanitario, para que proceda  la  revisión,  sin  que  aparezca  un  hecho  nuevo o una prueba no conocida al  tiempo  del  proceso,  es  necesario  que  exista una  declaración  de  una instancia competente que constate que el Estado incumplió  en   forma   protuberante  con  la  obligación  de  investigar  seriamente  esa  violación.   A   fin   de   asegurar  una  adecuada  protección  a  la  persona  absuelta,  la  constatación de esa omisión de las  autoridades    deberá   ser   adelantada   por   un   organismo   imparcial   e  independiente”      (subrayas      fuera      de  texto).   

          Como  viene  de  verse,  la  Corte  Constitucional no condicionó la  procedencia  de  la acción de revisión a la existencia de un fallo judicial de  orden  internacional,  pues  se  refirió fue a “una  declaración  de una instancia competente  que  constate  que el Estado incumplió en forma protuberante con  la  obligación  de  investigar seriamente” (subrayas  fuera de texto).   

Señalado lo anterior, puede constatarse que  en el Informe Final de la Comisión Interamericana se resuelve:   

“1. Declarar  que  el  Gobierno de Colombia ha dejado de cumplir con su  obligación  de respetar y garantizar los Artículos 4  (derecho  a  la  vida),  5  (derecho  a la integridad personal), 7 (derecho a la  libertad  personal)  y  25  (sobre  protección  judicial),  en conexión con el  Artículo  1.1,  consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos,  de  la  cual  Colombia  es  Estado  Parte,  respecto  del  secuestro y posterior  desaparición  de  las  siguientes  personas:  Orlando García Villamizar; Pedro  Pablo   Silva   Bejarano;  Rodolfo  Espitia  Rodríguez;  Edgar  Helmut  García  Villamizar;  Gustavo  Campos  Guevara; Hernando Ospina Rincón; Rafael Guillermo  Prado  J.,  Edilbrando  Joya  Gómez;  Francisco  Antonio  Medina; Bernardo Heli  Acosta  Rojas;  y,  Manuel  Darío  Acosta  Rojas  (…)  Recomendar  al  Estado  colombiano  que (…) disponga se revisen los graves y  no  desvirtuados  cargos que pesan contra los oficiales sobreseídos,  tomando  en  consideración  el  principio  de  que no   hace   cosa   juzgada   un  grave  error  judicial” (subrayas fuera de texto).   

         Finalmente,  en  cuanto  atañe  a  lo alegado por la defensa, en el  sentido   de   que   su  representado  no  realizó  procedimientos  tales  como  allanamientos,   capturas   o  registros,  además  de  que  por  la  muerte  de  Bernardo  Helí Acosta Rojas  rindió  indagatoria y fue favorecido con sobreseimiento definitivo en primera y  segunda  instancia,  reitera  la  Sala  que  conforme a la causal invocada, esta  acción  no se encuentra instituida para definir sobre la responsabilidad de los  sobreseídos,  como que ello corresponde a las autoridades encargadas de rehacer  el trámite.   

          Por  las razones expuestas, no son de recibo los razonamientos de la  defensa.   

          Respecto      de     los     planteamientos     del     Defensor   de  JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN,   JORGE   ENRIQUE   ORTIZ   PARRADO,   JAIME  HELÍ  COLMENARES  BOTERO  y    HENRY    ESPITIA  DÍAZ, reitera la Sala que el ámbito del principio de  favorabilidad  y  de  irretroactividad  de  la  ley penal no rige en este asunto  conforme  a la normativa interna, sino conforme al Bloque de Constitucionalidad,  en  especial,  de acuerdo con la Convención Interamericana de Derechos Humanos,  ya  aprobada  y  ratificada  para cuando tuvieron lugar los hechos investigados.  Además,  la  tipificación de las conductas (desaparición forzada de personas)  será  del  resorte  de  los  funcionarios a los cuales corresponda adelantar la  instrucción y el juzgamiento.   

          En  cuanto  se  refiere  a  que  la  acción  penal  se encontraría  prescrita,  baste  señalar  que  tal  tema fue resuelto en esta decisión en el  acápite    titulado    “precisiones   sobre   la  prescripción de la acción”.   

          Sobre  el  carácter  inmutable  de la cosa juzgada impera señalar,  que  precisamente esta acción fue dispuesta por el legislador como excepción a  tal  firmeza  de  las decisiones judiciales, en aras de asegurar la coincidencia  entre  la  cosa  juzgada  y  la  cosa justa, motivo por el cual la judicatura se  encuentra  facultada  para  que  una vez satisfechas determinadas exigencias, se  ocupe  nuevamente  de  situaciones  ya resueltas, como ocurre en este asunto que  culminó con sobreseimiento definitivo a favor de los procesados.   

          En  punto  de  que  el  delito  por  el cual se procedió no ha sido  declarado  de  lesa  humanidad,  la  acción  penal  se encuentra prescrita y el  asunto  no  fue  sometido  a  la  Corte  Interamericana  de Derechos Humanos, es  oportuno  responder  a  la defensa, en primer lugar, que la tipificación de las  conductas  es de la órbita de los funcionarios a quienes corresponda rehacer el  proceso;  en  segundo término, que la acción no se encuentra prescrita, según  ya  fue  definido en el aparte pertinente, y en tercer lugar, que lo resuelto en  el  Informe Final por la Comisión Interamericana comporta un pronunciamiento de  una  instancia  internacional de supervisión aceptada por Colombia, de modo que  conforme  a  la  Convención  de San José de Costa Rica, en concordancia con el  alcance   que   a   la   causal   tercera  de  revisión  estableció  la  Corte  Constitucional,  se  encuentran  satisfechas  las  exigencias  para  disponer la  revisión de los sobreseimientos aquí cuestionados.   

          De  acuerdo  con  lo  anterior,  no  se aceptan los argumentos de la  defensa.   

Respecto de lo expuesto por el Defensor     de    ADRIAN    VILLAMIZAR  JAIMES  se  impone reiterar que si bien es cierto, las  decisiones  proferidas  por  la  justicia  penal  militar hacen tránsito a cosa  juzgada,   como   ocurre   en  este  asunto  con  el  sobreseimiento  definitivo  cuestionado,  en  verdad  se  tiene  que  la acción de revisión se erige en un  mecanismo   exceptivo   de   tal   carácter   inmutable   de   las   decisiones  ejecutoriadas.   

Además,  el hecho de que el sobreseimiento  definitivo  no  sea  susceptible  de  recurso extraordinario de casación, no lo  priva  de ser objeto de la acción de revisión, pues se trata de dos mecanismos  sustancialmente  diversos,  dentro  de  una  teleología, fundamentos y alcances  completamente  diferentes, que parten de una distinción elemental: La casación  remite  a  decisiones  no  ejecutoriadas,  mientras que la revisión, y de allí  surge  su  especificidad,  busca  derrumbar  el  principio  básico  de  la cosa  juzgada.   

Resulta   lógico   que  ambos  comporten  escenarios  diferentes  en  punto  de  su  trascendencia,  pues en el recurso de  casación  se  busca  atacar  la  legalidad y certeza del fallo, mientras que la  acción  de  revisión  propugna  por  discutir la justicia de la decisión y el  principio de verdad material que ha de animarla.   

          También  es  verdad  que  el  fuero  militar  no se restringe a los  delitos  típicamente  militares,  pues  se  extiende  a  aquellos  cometidos en  servicio  activo  o  en  relación  con  el mismo servicio, pero lo que no puede  perderse  de vista es que, como ya se ha dicho en este proveído, la conducta de  retener  ilegalmente  a  inermes ciudadanos con el propósito de desparecerlos o  matarlos,  todo  ello  porque  se  sospecha  que  participaron en el secuestro y  homicidio  de unos niños, no puede de ninguna manera tenerse como una actividad  propia  o  relacionada  con  el servicio policial, tema abordado a espacio en el  Informe  Final  de  la  Comisión  Interamericana  y  ampliamente  tratado en la  jurisprudencia, tanto nacional como internacional.   

          Según  ya  fue aquí dilucidado, no es viable plantear el principio  de  favorabilidad  o  de  irretroactividad  de  la  ley penal para oponerse a la  procedencia  de  la  acción  de  revisión,  pues ella encuentra sustento en la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  aprobada  por  el Congreso de la  República  mediante  la  Ley 16 de 1972 y ratificada el 31 de julio de 1973, es  decir, tiempo antes de la comisión de las conductas investigadas.   

         Para  concluir  se  tiene,  que  frente al carácter declarativo, no  coercitivo,  de  los  pronunciamientos propios del derecho internacional, día a  día  han cobrado fortaleza y atención, en especial respecto de las violaciones  de  derechos  humanos  y Derecho Internacional Humanitario, al punto que hoy son  capaces  de sustentar una acción de revisión como la que ocupa la atención de  la Colegiatura.   

          Por  lo  anterior,  no es procedente acoger los planteamientos de la  defensa.   

Como el Defensor de  ERNESTO   CONDIA   GARZÓN  centra  sus  alegaciones en tres temas, esto es, que el demandante se refirió a  nuevas   pruebas,   las  cuales  no  han  sido  constatadas  por  una  instancia  internacional;  que  la  Corte  Constitucional  ya definió la procedencia de la  acción  de  revisión  cuando sin nuevas pruebas una instancia internacional ha  declarado  que  Colombia  no ha cumplido su obligación de investigar seriamente  violaciones  de derechos humanos, causal diversa de la invocada que no puede ser  reconocida  de  oficio;  y  que tal motivo de revisión sólo apareció por vía  jurisprudencial  en  el  año 2003 y legalmente en el 2004, el cual no puede ser  aplicado  en  forma  retroactiva a sucesos acaecidos en 1982, resulta suficiente  señalar  que  tales  aspectos  ya  fueron abordados de manera detallada en esta  decisión, sin que estén llamados a prosperar.   

Con relación al argumento del Defensor  de  BENEDICTO  LARA  se  impone  señalar  que  en  este asunto no se precisa de prueba  nueva,  pues  se trata de un pronunciamiento de la Corte Interamericana sobre el  incumplimiento  de  las  obligaciones  contraídas  por Colombia al suscribir la  Convención Americana de Derechos Humanos.   

Acerca  de  lo expuesto por el Defensor    de   LUIS   ÁNGEL   PERDOMO  PERDOMO  encuentra la Corporación que si bien hace un  amplio  análisis  de  los  medios  de  prueba  en  procura  de demostrar que su  asistido   “participó   residualmente”  y  actuó  en  cumplimiento  de  órdenes  legítimas referidas  exclusivamente  a  capturar  a  Víctor Manuel Reyes,  Guillermo  Alvarado,  Efraín  Cortés,  Epifanio y un  señor     de     apellido    González,  quienes  no  aparecen  en  el listado de presuntos secuestrados y  desparecidos,  de todo lo cual se dejaron las respectivas notas en los libros de  policía  de  Gachalá,  la  verdad  es  que  a  partir  de  lo declarado por la  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos  en  su  Informe  Final,  puede  concluirse   que   se  satisfacen  las  exigencias  establecidas  por  la  Corte  Constitucional  y  la  Ley  906  de  2004  para  disponer  la  revisión  de los  sobreseimientos  definitivos  motivo  de  esta  acción, y por ello, será en el  marco   del   trámite   ordinario   que   deberá   la   defensa  acreditar  la  irresponsabilidad penal de su representado.   

          En   cuanto   se   refiere   a   demostrar   que  se  adelantó  una  investigación  seria  e  imparcial  por  parte  de  la autoridad competente, es  pertinente  adverar  que  ello  no  se  corresponde  con  las conclusiones de la  Comisión   Interamericana,   máxime   si   la   naturaleza  de  las  conductas  investigadas  no  permitía  que  su conocimiento fuera de la justicia castrense  por comportar graves violaciones de los derechos humanos.   

En suma, lo que si encontró la Colegiatura  es  que  el  diligenciamiento  culminado  con  sobreseimiento  definitivo por la  justicia  penal  militar  violó  el  principio  del  juez  natural  y  con  tal  quebranto,  es  patente  que  también  se  quebrantó la imparcialidad, como en  efecto lo declaró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.   

Por  los motivos expuestos no se acogen los  planteamientos del defensor.   

          Sobre   lo   dicho   por   la   Defensora  de  JAIRO  OTÁLORA DURÁN y  JORGE  ALIPIO VANEGAS TORRES  en  cuanto se refiere a la ilegitimidad del demandante, es oportuno señalar que  tal     problema     fue     abordado     como     prolegómeno     de     estas  consideraciones.   

          Ahora,  con  relación  a  los  defectos  del  libelo  se  tiene que  también  esa  temática ha sido dilucidada, pues el demandante citó el alcance  que  la  Corte Constitucional dispuso respecto de la causal tercera de revisión  y  en  el  curso  del  trámite  se  demostró  que,  ciertamente, una instancia  internacional   de  supervisión  de  derechos  humanos  declaró  que  Colombia  incumplió  las  obligaciones  derivadas  de  la  Convención  Interamericana de  Derechos Humanos.   

Una vez más debe destacarse que la ausencia  de   imparcialidad   y  seriedad  en  la  investigación  que  culminó  con  el  sobreseimiento  cuestionado  fue declarada por la Comisión Interamericana en su  Informe  Final, en especial a partir de constatar el quebranto del principio del  juez   natural,   circunstancia   que  deja  sin  piso  las  alegaciones  de  la  defensa.   

En   punto  de  las  manifestaciones  del  Defensor  de  JOSÉ  DAVID  QUEZADA (antes José Dolores  Quezada)  encuentra  la  Colegiatura  que  su esfuerzo  está  orientado  a  demostrar  que su representado no estuvo involucrado en los  sucesos  investigados, y si hubiese estado, debe aceptarse que cumplía órdenes  superiores  relacionadas  con sus labores de vigilancia, proceder que como ya se  ha  dicho  resulta  ajeno  a este trámite, en el cual media una declaración de  instancia  internacional  de supervisión de derechos humanos sobre el quebranto  de  las  obligaciones  contraídas  por  el  Estado  colombiano,  de modo que la  irresponsabilidad  del  mencionado  ciudadano deberá ser demostrada en el curso  de las instancias ordinarias al momento de rehacerse la actuación.   

          Lo   expuesto   impide  excluir  de  este  trámite  a  JOSÉ  DAVID  QUEZADA, como lo solicita su  defensor.   

Con  relación  a  las  argumentaciones del  Defensor  de  JORGE ELIECER  BARBOSA  SÁNCHEZ se advierte que también se equivoca  al  pretender acreditar la inocencia de su asistido en el curso de esta acción,  cuando,  se  reitera,  obra una declaración de instancia internacional sobre el  particular.   

          Ahora,  si  fue  proferido sobreseimiento definitivo en su favor, lo  cierto  es  que  en virtud de la acción de revisión se excepciona el principio  de  cosa juzgada y su inmutabilidad, de manera que puede disponerse la revisión  de una tal providencia.   

          Las  razones  anteriores  permiten concluir que no son de recibo las  consideraciones del defensor.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        1.          DECLARAR FUNDADA  la  causal  de revisión invocada por la Fiscalía Cincuenta y Tres de la Unidad  Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.   

                

         2.        DECLARAR   SIN   VALOR  el  sobreseimiento  definitivo  proferido  el  12  de  marzo  de 1987 por el Inspector General de la  Policía   Nacional   en   calidad   de   juez  de  primer  grado  a  favor  del  Coronel    NACÍN    YANINE   DÍAZ,   los   Mayores  ERNESTO  CONDIA  GARZÓN,  y  JORGE  ALIPIO  VANEGAS  TORRES,  los  Capitanes LUIS  ÁNGEL     PERDOMO     PERDOMO,     JAIRO     OTÁLORA    DURÁN    y   MIGUEL   RODRIGO   TORRADO  BADILLO,  los Sargentos segundos JOSÉ  ALIRIO  VELÁSQUEZ  GARZÓN,  JORGE ENRIQUE ORTIZ PARRADO, JAIME HELI COLMENARES  BOTERO  y JOSUÉ RAFAEL COBOS  SILVA,  y  los Agentes JOSÉ  DAVID  QUEZADA  (antes José  Dolores     Quezada,     se    precisa),   JORGE   ELIECER   BARBOSA   SÁNCHEZ,  BENEDICTO  LARA,  ADRIAN  VILLAMIZAR  JAIMES,  HENRY  ESPITIA DÍAZ y  LUIS  ERNESTO  SUÁREZ  CEBALLOS, por el  delito    de    secuestro   de   Orlando  y Edgar Helmut García Villamizar, Pedro  Pablo   Silva   Bejarano,   Rafael   Guillermo  Prado  Useche,  Rodolfo  Espitia  Rodríguez,    Alfredo    Rafael    y   Samuel   Humberto   Sanjuan   Arévalo,   Gustavo  Campos  Guevara,  Edilbrando  Joya  Gómez,  Hernando  Ospina  Rincón,  Francisco  Antonio Medina  Londoño,  y  Bernardo Helí  y  Manuel  Darío  Acosta  Rojas,  decisión  a  la  postre confirmada en segunda  instancia  por el Tribunal Superior Militar, mediante providencia del 6 de julio  del mismo año.   

3.            ORDENAR   la  remisión  del diligenciamiento a la Fiscalía General de la Nación, conforme a  lo señalado en la parte motiva de esta providencia.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

Permiso  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                        JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fallo  de revisión del 22 de septiembre de 2010. Rad. 30380.   

2  La  expresión  entre  paréntesis fue declarada inexequible mediante fallo C-979 de  2005.   

3 Cfr.  Sentencias  del  1º  de noviembre de 2007. Rad. 26077 y del 22 de septiembre de  2010. Rad. 30380, entre otras   

4 Auto  del 23 de abril de 2009. Rad. 30380.   

5 Cfr.  Sentencias  del  6 de marzo de 2008 (Rad. 26703), 1º de noviembre de 2007 (Rad.  26077 y 14 de octubre de 2009 (Rad. 30849).   

6 Caso  Caballero Delgado y Santana contra Colombia.   

7 Cfr.  RODRIGO  UPRIMNY.  Derechos humanos, democracia y desarrollo en América Latina,  Bogotá. 1993.   

8  Sentencia   del   15   de   septiembre  de  2005,  caso  de  la  “Masacre de Mapiripán”.   

9  Sentencias  de  revisión  del  1º de noviembre de 2007. Rad. 26077 y del 19 de  agosto de 2009. Rad. 26657, entre muchas otras.   

10 Cfr.  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA. Sala de Casación Penal. Sentencia del 9 de febrero  de 2005. Rad. 20222.   

11  Cfr. CORTE CONSTITUCIONAL, Sentencia C-358 de 1997.   

12  Sentencia del 15 de junio de 2006. Rad. 18769.   

13  Sentencia del 6 de marzo de 2008. Rad. 24841.   

14  Sentencia del 1º de noviembre de 2007. Rad. 26077.     

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