35171(18-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 35171  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  373  

Bogotá,  D.C.,  dieciocho (18) de noviembre  dos mil diez (2010).   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor  del procesado CARLOS ANDRÉS APONTE  TRIANA  en contra del fallo de segundo grado proferido  el  5  de  mayo  de 2010 por el Tribunal Superior Militar con ocasión del grado  jurisdiccional  de  consulta,  el  cual  revocó en su  integridad      la      decisión     absolutoria  de primera instancia proferida  el  18 de diciembre de 2009 por la Corte Marcial de la Policía Metropolitana de  Valle  de  Aburrá  y,  en  su lugar, condenó al acusado a pena de arresto como  responsable  de  la  conducta  punible  de  peculado  culposo (artículo 182 del  Código Penal Militar).   

H    E   C   H   O  S   

Fueron  resumidos  por  los  juzgadores  de  instancia, así:   

“Son puestos en  conocimiento,  mediante  informe  signado  por  el  señor  Subteniente  Ricardo  Salinas  Talero, Comandante de la Estación de Policía Caribe Norte del Segundo  Distrito  de la Policía Metropolitana de Cartagena, donde manifiesta que siendo  las  04:00  horas  aproximadamente  del 27 de junio de 2007, al llegar el señor  Patrullero  Carlos  Andrés  Aponte  Triana  al  CAI  del  Bosque  donde  estaba  adscrito,  se  percató que las esposas número 40938 que tenía dotadas para el  servicio  se  le  habían  extraviado  y que tal situación aconteció cuando el  antes  citado  practicó una requisa en la bomba de gasolina Junín al vehículo  camión de placas SFU-818.”   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.  Por los hechos reseñados, el Fiscal 143  Penal  Militar  Delegado  ante  el  Juzgado  de Primera Instancia de la Policía  Metropolitana   del   Vallé   de  Aburrá  acusó  al  Patrullero  CARLOS  ANDRÉS  APONTE  LARA por el delito  de peculado culposo (artículo 182 del Código Penal Militar).   

El mentado juez de primera instancia declaró  la  iniciación  del  juicio a través de auto del 24 de julio de 2009, mediante  el  cual  simultáneamente  corrió  el  traslado del artículo 563 del estatuto  penal  militar,  destinado  a la formulación de solicitudes probatorias por los  sujetos  procesales.  Así,  la  Corte Marcial se celebró el 17 de diciembre de  2009;  en  ella,  la  fiscal elevó al juez petición de absolución a favor del  acusado,   en   razón  a  que  la  conducta  atribuida  fue  típica,  más  no  antijurídica.   

Con  estos  antecedentes, el Juez de Primera  Instancia,  acogiendo  la  tesis  de  la  acusadora,  absolvió al procesado del  delito  de  peculado  culposo,  a  través  de  sentencia del 18 de diciembre de  2009.   

Así las cosas, con ocasión del trámite del  grado    jurisdiccional    de   consulta  (artículo  367  de  la  Ley  522  de  1999), el Tribunal Superior  Militar,   en   fallo   del   5   de   mayo   de   2010  resolvió  revocar  la decisión absolutoria y, en su  lugar,  condenar  al  procesado  a  las penas principales de 6 meses de arresto,  multa  por  cuantía  equivalente  al  valor  de  10  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a la interdicción de derechos y funciones públicas por  término  igual  al  de  la  pena  privativa  de  la  libertad  como  autor  del  comportamiento  punible  de  peculado  culposo,  al  tiempo  que le concedió el  subrogado de suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

El  defensor  del  procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  lo sustento oportunamente mediante la  presentación   de   la  correspondiente  demanda.        

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Cargo único: nulidad.  

Al  amparo  de  la  causal  de casación que  describe  el  numeral  3  del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el demandante  denuncia  que  la sentencia fue proferida dentro de un juicio viciado de nulidad  por  violación  al  debido proceso, conforme lo dispuesto en el artículo 306-2  del mismo estatuto.   

En sustento de su reproche, el censor asegura  que  se  dictó una sentencia condenatoria sin que existiera acusación, pues en  la  audiencia  pública  la fiscal se retractó del único cargo por el cual fue  llamado  a  juicio  el  procesado,  y  fue  por ello que la sentencia de primera  instancia  fue  absolutoria.  Así  las cosas, sostiene que el Tribunal Superior  Militar  erró  al  haber  revocado  el  fallo absolutorio por uno condenatorio,  “sin  analizar  lo  que  evidentemente  pasó en la  Corte Marcial”.   

Por  lo  anterior,  el  recurrente pide a la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y,  en  su lugar, declare la nulidad del  proceso.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Competencia.  

1.  Sea lo primero advertir que a la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia le asiste competencia para  resolver  sobre  los  requisitos  de  admisibilidad  de  la demanda, conforme la  competencia  que  le  asigna el artículo 234-1 de la Ley 522 de 1999 (idéntico  al  75-1  de  la  Ley  600  de  2000),  en asocio con el 368 del mismo estatuto.   

Es relevante aclarar que el trámite de este  recurso  extraordinario  y los requisitos de la demanda de casación son asuntos  se  rigen por lo dispuesto en la Ley 600 de 2000, conforme remisión expresa del  artículo 372 del Código Penal Militar, Ley 522 de 1999.   

Presupuestos  de  la  casación  por  vía  discrecional     y     carga     argumentativa    que    le    corresponde    al  demandante.   

2. Vale destacar, además, que en el presente  asunto    solamente    procede    la   casación  discrecional, en los términos  del  inciso  3º  del  artículo 368  del Código Penal Militar  (que  corresponde  con el mismo inciso del artículo 205 de la Ley  600  de  2000),  toda  vez  que no se cumple el presupuesto de la cuantía de la  pena  correspondiente  al  delito  por  el que fue condenado el procesado.   Así,  aún  cuando  es  cierto  que  el  fallo  impugnado  fue proferido por el  Tribunal  Superior Militar, de todos modos el comportamiento punible de peculado  culposo  (artículo  182  del  Código Penal Militar1) tiene legalmente fijada   una  pena  de  prisión que oscila entre un mínimo de 6 meses y un máximo de 2  años.   

3.  Ahora  bien,  antes  de  entrar  a  la  verificación  de  los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la demanda, se hace  imperioso  recordar  que, como de antaño lo tiene dicho la Sala, cuando se  trata  de  derribar  la  presunción  de  acierto  y legalidad de la sentencia a  través  del  mecanismo  de  la  casación  discrecional, el  libelista,  en  estricto  acatamiento  de  la  ley  y  la  jurisprudencia  de la  Corporación,  debe  cumplir  con  las  especiales  cargas establecidas para ese  especial medio de impugnación.   

Así, recuérdese que, cuando de la casación  excepcional  se  trata,  el  demandante debe exponer, así sea de manera sucinta  pero  clara  y  suficiente,  qué es lo que pretende con el recurso, teniendo en  cuenta  que  solamente  procede  para  el desarrollo de la jurisprudencia o para  garantizar los derechos fundamentales.   

En tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo    de    la    jurisprudencia,   el   casacionista  debe  mencionar  en  la  demanda  si  con  la  impugnación  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  persigue  que  la Corte   

unifique posturas conceptuales, actualice la  doctrina  o aborde un tópico aún no desarrollado, precisando, en todo caso, la  manera  en  que la decisión solicitada tiene la utilidad simultánea de brindar  solución  al  asunto  y,  al  mismo  tiempo,  servir  de  guía  a la actividad  judicial.   

Y,    respecto    de   la   protección  de los derechos fundamentales,  el  demandante  en  casación  está  obligado  a desarrollar una argumentación  lógica,  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo necesario, por una parte,  que  identifique  con precisión la garantía que estima vulnerada e indique las  normas  constitucionales  que  la  contienen  y,  por  la otra, que demuestre su  violación  en  la  sentencia,  a  través  del quebrantamiento de la estructura  básica del proceso o la violación de un derecho fundamental.   

Es  así  que  a  la  Sala,  al estudiar los  presupuestos  de  admisibilidad de la demanda de casación, le compete constatar  que  el  recurrente  formule  el  reparo  con estricta  sujeción  a las exigencias de lógica y argumentación suficiente definidas por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con el propósito de  evitar  que  esta  herramienta  excepcional  se  convierta en una instancia más  dentro  del  proceso,  o  bien  que  se  desnaturalice  la finalidad del recurso  extraordinario, más aún, cuando éste se intenta por  la vía excepcional.    

Los   mencionados   requerimientos  están  encaminados  a  que  el desarrollo de los cargos formulados en la demanda estén  apoyados  sobre unos mínimos parámetros de lógica y coherencia, de manera que  resulten  inteligibles  en cuanto a precisión y claridad, pues de lo contrario,  como  ya  se  advirtió, no puede la Corte entrar a subsanar tales falencias, en  atención al principio de limitación.   

Es necesario insistir en que para la correcta  demostración  de  los  presupuestos  de  la  casación  excepcional  no  basta  con  adobar  el  planteamiento  casacional  con  frases  de  cajón  alusivos  a  la  violación de los derechos  fundamentales  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia; por el contrario, es  obligatorio  consultar  y  desarrollar  los  precisos presupuestos que autorizan  acudir  a  dicho instituto y diferenciarlos con nitidez de aquellos que permiten  el recurso extraordinario de casación por la vía común.    

Por   lo  tanto,  no  se  cumple  con  una  debida  fundamentación  del  instituto  excepcional  a  través  de  argumentos que cabrían en una casación  ordinaria,  o  bien  que  no  denotan  nada  diferente a una discrepancia con el  contenido  y  sentido  del  fallo,  menos  aún si se  limitan    a   dejar   enunciada   una   particular   situación   o   anomalía  procesal.  Tampoco el hecho de que se acuda al recurso  extraordinario  en su modalidad excepcional  relega  al demandante de su deber de mostrar claramente los yerros  que  pregona,  como  tampoco  de  los  deberes  de precisión, claridad y debida  fundamentación.   

El caso concreto.  

3.  Desde  ahora la Corporación anticipa su  conclusión   en   el   sentido   de  que  inadmitirá  el   cargo   único   formulado,   toda  vez  que  su  postulación  y  sustento se apartan notoriamente de los lineamientos reseñados  en  precedencia,  pues  se  limita a enunciar un determinado hecho procesal, sin  acreditar la existencia de un vicio relevante.   

En  efecto,  el casacionista es del criterio  que  el Tribunal Superior Militar violó al debido proceso porque no respetó el  pedido  de  absolución  de  la  fiscalía, ni la sentencia en ese mismo sentido  proferida     por     el     a     quo.   

Dígase en primer lugar que el censor olvida  que  en  este caso solamente procede la casación discrecional, y es por eso que  pasa  por  alto  el  cumplimiento  de  los  requisitos  que  exige esta especial  modalidad  del  recurso  extraordinario.  Por lo tanto, el reproche tal como fue  formulado   apenas   se  dejó  enunciado,  pues  el  censor  se  quedó  en  la  descripción  del  curso  procesal  de la actuación, es decir, que el procesado  fue  acusado  por  el  delito  de  peculado  culposo, que la fiscalía pidió la  absolución  en la audiencia pública, que en tal sentido falló el a  quo  y,  por  último, que el Tribunal  Superior  de  Militar  revocó dicha determinación: hasta ahí avanza el cargo.   

Pero  por  parte alguna enseña a la Sala de  qué  manera  allí  hay  una  violación  al  debido  proceso;  es  así que el  razonamiento  casacional,  por  carecer  ostensiblemente  de  sustento,  resulta  inidóneo     para    satisfacer    los    presupuestos    de    la    casación  discrecional.   

Ahora bien, visto que el impugnante ensaya la  nulidad  como  causal  de  ataque  contra el fallo recurrido, la Corte encuentra  necesario   recavar   en   los   requisitos  que,  según  lo  ha  decantado  su  jurisprudencia, exige este particular motivo de casación:    

“La postulación  de  vicios  de  nulidad  en  sede de casación no escapa al cumplimiento de unas  exigencias  básicas  que  permitan  a  la  Corte  abordar el estudio técnico y  jurídico  de  un  fallo  o  de una actuación, según el caso, con un margen de  movilidad  relativo,  de  manera  que  la  rigidez  formal  no haga nugatoria la  posibilidad  de reajustar la estructura del proceso o la actividad de los jueces  a  la  legalidad  sin  que  este medio extraordinario de impugnación pierda sus  características   esenciales   y   principalmente   su   finalidad.”   

“Dentro  de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como el  demandante  en  una  propuesta  de  nulidad  debe  identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”2   

Y  si bien es cierto que cuando se trata de  la  causal  de  nulidad  la  jurisprudencia  de la Sala ha sido laxa en torno al  cumplimiento  de  los  requisitos formales para su admisión, de todos modos tal  liberalidad  no permite que la censura se quede en el simple enunciado ni que la  Corte   entre   a   suplir   al   casacionista,   puesto  que  ello  implicaría  desnaturalizar    el    carácter    de    extraordinario   y   rogado   de   la  impugnación.   En  tal  virtud,  el casacionista  debe  cumplir  con las exigencias de lógica y debida fundamentación necesarias  para  pretender  desvirtuar  la doble presunción de acierto y legalidad con que  las sentencias impugnadas llegan a esta sede.   

Frente a la citada hipótesis, una vez más,  la  Sala  debe  reiterar que, en atención al principio  de  trascendencia, no basta con postular la existencia  de  la  irregularidad que se denuncia sino que es necesario acreditar que incide  de  manera  concreta  en  el  quebranto  de  los   derechos   de   los   sujetos   procesales.   Significa  lo anterior que el actor  debe   hacer  evidente  un   perjuicio   generado  en  el   yerro  in  procedendo  denunciado,  pues,  caso  contrario,  la Corte, por  razón del principio  de   limitación,  no  puede entrar a  complementar  o interpretar al   censor.   

4. Pues bien, visto el motivo de discrepancia  con  el fallo recurrido, la Corporación encuentra que el libelista no alcanza a  demostrar  la  materialidad  de  la  anomalía  que  pregona, razón que permite  afirmar         que         su        razonamiento        es        intrascendente.    

El aserto anterior encuentra apoyo en que, al  contrario  de  lo que acontece en los procesos regidos por el sistema acusatorio  que  desarrolla  la Ley 906 de 2004, en aquellos que se surten con la Ley 600 de  2000  o,  en  este  caso  particular,  por  la  522 de 1999  (Código Penal  Militar),  la petición de absolución que formula la  fiscalía  en  la  vista  pública  no  obliga  al  juez  de la causa a proferir  decisión  absolutoria,  en  el  entendido  de  que,  dadas las características  mixtas  de  dichos  estatutos  procesales, al funcionario judicial le está dado  retomar  o  sostener la acusación que en su momento formuló la fiscalía, aún  cuando   ésta  haya  requerido  un  pronunciamiento  absolutorio  en  la  vista  pública.   

La  postura que se viene de reseñar ha sido  sostenida  y  reiterada  por  esta  Colegiatura.   Así,  en  auto del 7 de  septiembre   de  2005  (rad,  23700),  se  resolvió  sobre  los  requisitos  de  admisibilidad   de   una   demanda   de   casación   en   la  que  –al  igual que ahora- se planteó, como  cargo  único  de  nulidad,  que  “se  incurrió en  irregularidad  sustancial  que  afecta el debido proceso en la medida en que, no  obstante  que  en desarrollo de la vista pública el Fiscal como sujeto procesal  solicitó  la  absolución  de los procesados, el fallo de primer grado por cuyo  medio   se   acogió   su   pretensión   fue   revocado   por  el  Ad-Quem.”   

Ante   dicha   situación  procesal,  esta  Colegiatura   respondió   con   el   siguiente  argumento  que,  por  estimarlo  pertinente,   lo  reitera  en  el  caso  que  aquí  ocupa  su  atención:    

“Luego,  en  el  evento  sub lite no es que no haya habido acusación, o que el Fiscal la hubiese  retirado  en  razón de su postura absolutoria asumida en la vista pública. No,  el  Juzgador  simplemente,  en  su  tarea de estimación probatoria como Órgano  imparcial,  autónomo  e  independiente,  y  conforme  con el principio de libre  persuasión  racional  que  impera  en  nuestro  ordenamiento,  con sujeción al  debido  proceso  profirió  el  fallo  al  que había lugar, en la medida en que  dirimió  el conflicto aplicando el derecho al caso concreto, con respeto de los  postulados  constitucionales  y  de  los preceptos rectores de la ley sustantiva  penal, procesal penal y de garantía.”   

Más adelante, la Corte al resolver un asunto  idéntico reiteró lo dicho en precedencia, en estos términos:   

“La solicitud de  absolución  que entonces hizo el fiscal en el curso de la audiencia pública no  constituía  en  el  régimen legal aplicado al asunto, ni tampoco en la Ley 600  de    2.000,    una    desaparición    de   los   cargos   formulados   en   la  acusación,   porque   ésta   formal,   material  y  legalmente  existía  con  los  efectos  que  le  eran propios, por ende ninguna  vulneración  al debido proceso cabe predicar por ese respecto y en consecuencia  el cargo carece de prosperidad.   

No ha de olvidarse que si bien –en  todo  caso-  el  titular  de  la  acción  penal  es  el  Estado,  en vigencia tanto del Decreto 2700/91 (art. 24)  como   de  la  Ley  600/00  (art.  26)  era  a  la  Fiscalía  en  la  etapa  de  investigación  y a los jueces en la de la causa, a quienes competía el impulso  o  el  ejercicio de la misma, a diferencia de lo previsto en la ley 906/04 (art.  66)  que  le  atribuye exclusivamente  a la Fiscalía General de la Nación  la carga del impulso de la acción penal.   

De  esa diferencia nace la posibilidad para  el  respectivo  fiscal  de  retirar  o  no  los cargos, como que en trámite del  Decreto  2700  y la ley 600 está inhabilitado para hacerlo, porque de cara a la  resolución  acusatoria  ejecutoriada ésta se convierte en ley del proceso y en  marco  dentro  del  cual  se  desarrolla  el  juicio  y se pronuncia el juez, no  pudiendo  asimilarse a tal retiro la petición que de absolución haga el fiscal  porque  surja  prueba  conclusiva  en  contrario (art  142-11  ley  600/00)  o  porque  la tenida en cuenta para acusar no satisface el  grado  de  certeza  que  exigen  el  Decreto  2700  (art. 247 y la ley 600 (art.  232).   

En  cambio, en aplicación de la ley 906/04  cuando  el  fiscal  abandona  su  rol  de acusador para demandar absolución sí  puede  entenderse  tal  actitud como un verdadero retiro de los cargos, como que  al  fin  y al cabo es el titular de la acción penal, siendo ello tan cierto que  el  juez  en  ningún  caso  puede  condenar  por delitos por los que no se haya  solicitado  condena  por  el  fiscal (independientemente de lo que el Ministerio  Público  y  el  defensor  soliciten), tal como paladinamente lo señala el art.  448  de  la  ley  906  al  establecer  que  (entre  otro caso) la congruencia se  establece       sobre       el       trípode       acusación      –petición       de      condena-  sentencia.”   

Así,  una  gran diferencia se encuentra en  este  campo  respecto  de  la  ley  600  y  el  Decreto 2700 en la medida en que  –en  contra  de  lo  que  ocurre  en  la  ley 906- un juez de conocimiento puede  condenar  a  un acusado aún mediando petición expresa de absolución por parte  del    fiscal,    ministerio   Público,   sindicado   y   defensor.”   Subraya   la  Corporación  en  esta  oportunidad)3   

Basta   lo  dicho  para  afirmar  que  los  planteamientos   del  recurrente  extraordinario  carecen  de  la  capacidad  de  demostración  en  cuanto  a  la  necesidad  de  que la Corte intervenga en este  asunto  en  procura de la garantía del debido proceso, porque de acuerdo con el  esquema  procesal aún vigente que desarrollan el Código Penal Militar y la Ley  600  de  2000,  bajo  cuyo  imperio  se surtió la actuación censurada, resulta  imposible  demostrar  que  se  afectó  la estructura lógica del proceso.    

5.       Como       conclusión  lógica  de los razonamientos  precedentes la demanda de casación no debe ser inadmitida.   

6.  Por último, se advierte que del estudio  del  proceso  no  se vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que  al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  para  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del procesado CARLOS  ANDRÉS APONTE TRIANA.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso, y cobra ejecutoria en la fecha de su suscripción.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

         Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                          JULIO  ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA                                                         

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  “   ARTÍCULO  182.  PECULADO  CULPOSO. El que respecto a bienes  del  Estado  o  empresas  o  instituciones en que éste tenga parte, o bienes de  particulares  cuya administración, custodia o tenencia se le hayan confiado por  razón  o  con  ocasión  de  sus  funciones,  por  culpa  dé  lugar  a  que se  extravíen,  pierdan o dañen, incurrirá en arresto de seis (6) meses a dos (2)  años  y multa de diez (10) a cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas por tiempo igual al  de la pena principal impuesta.”   

2  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No. 21850   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia  del  13  de  julio  de  2006,  radicación  No.  15643.  En esta  providencia,  la  Sala  resolvió  un  argumento  de  nulidad que resumió así:  “que  la  sentencia  impugnada se halla afectada de  invalidez  por  violación  al  debido  proceso  en  tanto  fue  dictada sin que  existiera  por  parte  de  la  Fiscalía acusación por la complicidad que se le  imputa  a  Erazo Montilla toda vez que a pesar de que formalmente fue proferida,  la  misma  se  hizo  objeto  de  revocatoria  en  el  desarrollo de la audiencia  pública   al   solicitar   el   propio   ente   acusador   la  absolución  del  acusado…”     

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