35082(18-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35082  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrados Ponentes:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 373.   

Bogotá, D. C., dieciocho de noviembre de dos  mil diez.   

                                   

                                    VISTOS   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado WILLIAM GIOVANNI  LADINO  PUERTAS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  29  de  junio  de 2010, confirmatoria de la  proferida  el  11  de mayo del mismo año por el Juzgado Doce Penal del Circuito  con  Función de Conocimiento de esa ciudad, condenando al citado procesado a la  pena  principal  de  55  meses  de prisión e inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, como coautor del delito  de hurto agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Los primeros fueron reseñados así en el  fallo impugnado:   

“De acuerdo con las constancias procesales,  aproximadamente  a  las 09:30 horas del 4 de abril de 2009, el jefe de seguridad  de  la  Compañía Transportadora de Valores Prosegur de Colombia S.A., recibió  llamada  del  supervisor  de  la  empresa  informándole  de la desaparición de  varias  tulas  con  dinero  el  cual era transportado en el vehículo No. 602 de  placa  IBB-042  a  cargo  de  los  empleados  Rodrigo  Andrés  Barriga Clavijo,  Anderson  Chamucero  Garzón y William Giovanni Ladino Puertas, dinero destinado  a   los   cajeros  automáticos  del  Centro  Comercial  Imperial  de  Suba.  Se  estableció  que  dicho  dinero  en  cuantía  de  $921.000.000.oo  había  sido  entregado  por el conductor LADINO PUERTAS a dos personas, quienes al parecer lo  habían presionado bajo amenazas contra su familia”.   

A  la  investigación  por  tales  hechos se  vinculó  al  mencionado  conductor  WILLIAM GIOVANNI LADINO PUERTAS, a quien en  audiencia  preliminar  llevada  a  cabo  el 17 de junio de 2009, ante el Juez 58  Penal   Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías,  se  le  formuló  imputación  por  el  delito  de  hurto  agravado  por las circunstancias de los  numerales  2º  y  10º  del artículo 241 del Código Penal y 267, numeral 1º,  íbidem, cargo al cual se allanó el imputado.   

En audiencia celebrada el 27 de octubre de  2009,  el  Juez  Catorce  Penal  del Circuito de Descongestión con Funciones de  Conocimiento,  le  impartió  aprobación  al  allanamiento y, consecuentemente,  anunció  el sentido condenatorio del fallo, disponiendo adelantar el respectivo  incidente  de  reparación  de  perjuicios,  que se llevó a cabo por el Juzgado  Doce de la misma especialidad.   

La  sentencia de primera instancia se dictó  el  11  de mayo de 2009, en la que se condenó a WILLIAM GIOVANNI LADINO PUERTAS  a  la  pena  de  55  meses de prisión y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas como coautor del delito de hurto  agravado,   negándole  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  la  prisión domiciliaria. Igualmente, se condenó a pagar al procesado  la  suma  de  $814.907.000,  por concepto de perjuicios materiales a favor de la  empresa Prosegur Ltda.   

La anterior determinación fue impugnada por  la  defensa  del  acusado,  dando  lugar al fallo de segunda instancia del 29 de  junio  de  2010,  que  la  confirmó con modificaciones en el monto  de los  perjuicios,  para  señalar  que  estos  ascendían  a  la suma de $810.300.000.   

SÍNTESIS  DE LA DEMANDA   

         

Al  amparo de la causal primera, el defensor  del  procesado  WILLIAM  GIOVANNI LADINO PUERTAS acusa la sentencia condenatoria  de    haber    incurrido    en    un   “error   de  derecho”  por  aplicación  indebida  de  la  norma.   

En orden a fundamentar el cargo, esgrime que  a  su cliente se le condenó por infracción al artículo 239 del Código Penal,  modificado  por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, con las circunstancias de  agravación  determinadas en los numerales 2 y 10 del artículo 241 íbidem,   y   en  el  numeral  1º  del  artículo 267 de la misma normatividad.   

Sostiene  que  como  no  le fueron deducidas  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  la  pena debió determinarse dentro del  primer  cuarto  medio,  partiendo  de 64 meses, monto a partir del cual debieron  hacerse los descuentos por allanamiento a cargos.   

No obstante, dice, el Tribunal incurre en un  yerro,  porque  contabilizó  dos  veces  el  aumento  por  el  agravante  de la  cuantía,  de  tal  forma que en lugar de partir de 64 meses, parte de 110 meses  de  prisión, y de ahí hace los descuentos por allanamiento, lo cual genera una  pena mayor, que afecta la libertad de su representado.   

De  otro  lado,  acusa  al juzgador de haber  desconocido  las garantías procesales de su representado al negar la existencia  de  los requisitos para la concesión de subrogados penales, específicamente de  la   prisión  domiciliaria,  pues  no  se  tuvo  en  cuenta  que  se  presentó  voluntariamente  al  interrogatorio  cuando  no  se  sabía  quién  era;  se ha  presentado  voluntariamente  a  todas y cada una de las diligencias programadas,  compareciendo  sin  la  compañía  del  INPEC,  que  no  se ha apersonado de su  vigilancia  para  tales  efectos; no existe una sola queja de mala conducta o de  violación   a  su  régimen  de  detención,  trabaja  desde  el  lugar  de  su  residencia;  no  tiene antecedentes; se encuentra en tratos con la justicia para  colaborar  eficazmente  en  el  esclarecimiento  de  los  hechos; lleva 17 meses  detenido en su domicilio y jamás se ha fugado.   

Aduce que por favorabilidad de la ley penal,  debe  aplicarse  el  artículo  314  de  la  Ley 906 de 2004, en cuanto no exige  quantum   punitivo   alguno  para  la  concesión   de  la  “gracia  domiciliaria”, como si lo exige  el artículo 38 de la ley 599 de 2000.   

De   esa  manera,  superado  el  requisito  objetivo,  su representado también cumple el requisito subjetivo, puesto que si  en  relación  con  la  libertad  condicional,  la jurisprudencia ha dicho que a  nadie  se  le  puede  negar aduciendo que requiere tratamiento penitenciario, la  misma argumentación sirve para otorgar la prisión domiciliaria.   

Finalmente,    bajo    lo   que   titula  “sustentación  de  la  causal  cuarta”,   alega  que  en  el  incidente  de  reparación  integral,  el  representante  de  la  víctima  tuvo dudas sobre el monto de los perjuicios, al  punto   que   inicialmente   los  tasó  en  más  de  mil  millones  de  pesos,  posteriormente  en novecientos millones y finalmente hizo alusión a ochocientos  millones,  por lo que fue el juzgador quien decidió, oficiosamente, señalarlos  en  la  suma  de  $814.907.000,  cifra  modificada  en  la  sentencia de segunda  instancia.   

Esa  determinación  se  constituye  en  una  violación  directa  de la norma, porque el juez siempre debe someterse a lo que  solicite la vícitima.   

Además,  su  cliente  fue condenado a pagar  todos  los  perjuicios,  sin  considerar  que  en  el  hecho  intervinieron tres  sujetos,  por lo que el monto total debió dividirse en tres, para evitar que la  empresa afectada reciba el triple de lo solicitado.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  sentencia,  y  se  profiera  el  fallo  que  corresponde, beneficiando a WILLIAM  GIOVANNI LADINO PUERTAS.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De entrada advierte la Sala que la propuesta  casacional   no   justifica   un   estudio   de   fondo,   por   las  siguientes  razones:   

1. Al dosificar la  pena,    el    fallador    tuvo    en    cuenta   los   siguientes   parámetros  legales:   

“De  acuerdo  al  artículo  239  del C.P.  modificado  por  el 14 de la Ley 890 de 2004, la pena contemplada para el delito  de  hurto  oscila  entre 32 y 108 meses de prisión, que aumentada de la mitad a  las  tres  cuartas  partes,  de  acuerdo  con  las circunstancias de agravación  imputadas  previstas  en  el  artículo  241  numerales  2º  y  10º  del  C.P.  modificado  por  el  artículo  51 de la Ley 1142 de 2007, arroja entre 48 y 189  meses de prisión.   

“Adicionalmente,   la  circunstancia  de  agravación  genérica para los delitos contra el patrimonio económico prevista  en  el  numeral  1º  del artículo 267 del C.P., aumenta la pena de una tercera  parte  a  la mitad cuando la conducta se cometa sobre una cosa cuyo valor supere  los  100  SMLMV,  por  lo  que  los  nuevos  extremos  son  64  y 283.5 meses de  prisión.   

“Teniendo en cuenta que en el presente caso  no  fueron  imputadas  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  el  Despacho  se  ubicará  dentro del primer cuarto de dosificación punitiva, es decir, entre 64  y  118.8 meses de prisión y entre tales extremos impondrá la pena de 110 meses  de  prisión,  habida  cuenta la gravedad de la cuantía por la cuantía hurtada  que  supera  los  $900.000.000,  además  de que concurren dos circunstancias de  agravación genéricas.   

“Ahora bien, dicho quantum se disminuirá a  la   mitad,   atendiendo   la   aceptación   de   cargos   durante  la  primera  audiencia…”    

En   su  alegación,  el  libelista  omite  enfrentar  los  criterios  orientadores  del  inciso  3°  del  artículo 61 del  Código  Penal  y  es claro que confunde la circunstancias agravantes con las de  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta,  cuya finalidad es, junto con otros  factores,  dotar  de herramientas al juzgador para delimitar la sanción, en los  términos del referido inciso 3° del citado precepto.   

En efecto, se evidencia en los razonamientos  que   acaban   de  transcribirse  que  sin  desconocer  los  límites  punitivos  señalados  por el legislador en los artículos 241 y 267 del Código Penal para  el  hurto  agravado,  tanto por las circunstancias específicas de los numerales  2º  y  10º  de la primera norma, como por la genérica señalada en el numeral  1º  de  la segunda, el juzgador optó por el cuarto mínimo, según lo reconoce  el   propio   impugnante,   de   tal   suerte  que  el  paso  siguiente  era  la  individualización  de  la  pena  dentro  de ese cuarto mínimo, con base en los  criterios   orientadores   del   inciso   3º   del  artículo  61  íbidem,  atendiendo  la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  conducta, el daño real o potencial causado, las naturaleza de  las  causales  que agraven o atenúen la punibilidad, la intensidad del dolo, la  preterintención  o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y la función  que ella ha de cumplir en el caso concreto.   

Atendiendo  esos  criterios,  el  juzgador  consideró   la   “gravedad   de   la  conducta”  -no  sólo  porque  el valor de lo hurtado superó los  $900.000.000,   sino,   además,   porque  concurrieron  dos  circunstancias  de  agravación-,  para  alejarse  del  extremo mínimo del cuarto aplicado, aspecto  que  se  fundamenta en el carácter discrecional de la labor mesuradora, sin que  la  mayor  gravedad  de  la  conducta  que  se  tuvo  en cuenta para tal efecto,  considerando  las  circunstancias reales que rodearon el hecho, implique revivir  el tema superado de la pena básica.   

De  ahí  que  la  sanción  se  ajusta a la  legalidad, lo cual excluye la intervención de la Sala.   

2. En segundo lugar,  el  censor  se  queja  porque  se  negó  a  su representado la concesión de la  prisión  domiciliaria, a pesar de que el artículo 314 de la Ley 906 de 2004 no  exige  un  quantum punitivo  para tales efectos, norma que debe aplicarse por favorabilidad.   

En  esta argumentación, el censor desconoce  la  pacifica  y  reiterada  jurisprudencia  de  la Sala, en cuanto diferencia la  prisión domiciliaria de la detención domiciliaria, así:   

“…cuando  se  cambia  de la posición de  procesado  a  la  de  condenado,  se  produce  también  una  variación  en  la  naturaleza  y finalidades de la privación de libertad, que de medida preventiva  para  asegurar  el  cumplimiento  de los fines previstos en el artículo 355 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se torna en pena cuya efectiva ejecución se  condiciona  al  cumplimiento de las funciones señaladas en el artículo 4º del  Código Penal.   

“Quizás  por  ello  el  nuevo  estatuto  procesal  no  remite  al Código Penal cuando regula la detención domiciliaria,  eliminando  el requisito objetivo de la cantidad de pena prevista para el delito  y  limitando  la  exigencia  respecto  de  la causal general del numeral 1º del  artículo  314  -precepto  que consagra otros motivos de detención domiciliaria  para  situaciones  específicas-  a  que  el juez estime que la reclusión en el  lugar  de  residencia sea suficiente para el cumplimiento de los fines previstos  para la medida de aseguramiento.   

“La  prisión  domiciliaria,  en  cambio,  regida  por  el  artículo  38 del Código Penal, sólo es viable cuando la pena  mínima  señalada para la conducta punible por la que se procede, no supere los  5       años       de       prisión”.      1   

Por  esa  razón,  las  condiciones  para la  concesión  de  la  prisión  domiciliaria son diferentes a las de la detención  domiciliaria,  pues  mientras  la  primera  sustituye  la  pena  impuesta  en la  sentencia,  la  segunda  sustituye la detención preventiva. Por lo mismo, haber  gozado  de  detención  domiciliaria  durante  el  proceso  en  ninguna forma se  encuentra  previsto  en la ley como circunstancia que obligue a la concesión de  la prisión domiciliaria en la sentencia condenatoria.   

“Precisamente, por cuanto la definición del  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria  compete  al juez en la sentencia, las  precedentes  determinaciones sobre detención domiciliaria, aunque fundamentadas  en   requisitos   propios  del  instituto,  siempre  tendrán  el  carácter  de  provisionales    y    esencialmente    removibles”2   

          Por  esas  razones,  se excluye, de entrada, la existencia de algún  error del fallador.   

          3.   Finalmente,   el  último  argumento  aducido  en  la  demanda  no  se  compadece  con  un  cargo en casación y menos  acredita  la  existencia  de error atribuible al fallador. Además, desconoce el  censor  en  este punto que la condena a pagar perjuicios siempre es solidaria   cuando   son   varios   los  responsables,  lo  que  significa  que  todos los condenados están obligados al  pago  total  de  la  obligación,  la  cual se suple sea porque cada uno paga un  porcentaje o porque alguno cancele el total.   

Todo lo anterior conduce, inexorablemente, al  rechazo  del  cargo y, por consiguiente, de la demanda de casación presentada a  nombre  del  acusado  WILLIAM  GIOVANNI  LADINO  PUERTAS,  pues  además  no  se  evidencia  la  violación  de alguna garantía fundamental que haga necesaria la  intervención de la Corte.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  186  de  la  Ley  906 de 2004, impera precisar que como dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a seguir para que se aplique el referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse para  su  aplicación3, como sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo para su revisión, evento   

Página que contiene  parte resolutiva y firma de la Presidenta de la Sala   

Casación    sistema   acusatorio   N°  35.082  -Inadmite demanda-  

último  en  que  informará  de  ello  al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.           INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada a nombre del procesado WILLIAM GIOVANNI LADINO  PUERTAS.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, es facultad de éste demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Página que contiene  parte resolutiva y firma de la Presidenta de la Sala   

Casación    sistema   acusatorio   N°  35.082  -Inadmite demanda-  

Página que contiene  firma de 7 Magistrados   

Casación    sistema   acusatorio   N°  35.082  -Inadmite demanda-  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                               AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 23 de marzo de 2006. Rad. 24927   

2  Providencia del 03-12-03, Rdo. 21.523.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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