34828(15-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  34.828   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No.293  

Bogotá,  D. C., quince (15) de septiembre de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   LIDA  IVONNE  CASTILLO  contra la sentencia  dictada  el  27  de  mayo  de  2010  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

1. A eso de las 10:30 a.m. del 23 de noviembre  de  2009,  al  ingresar  a la Cárcel Distrital de Bogotá, LIDA IVONNE CASTILLO  fue  sometida  a una requisa en la que una guardiana advirtió que la parte baja  de  su  abdomen  tenía  una  consistencia  dura,  razón  por  la  que  al  ser  cuestionada  sobre el particular, procedió a darse la vuelta y a sustraer de su  cavidad  vaginal un objeto cilíndrico envuelto en un preservativo contentivo de  103.6   gramos   de   marihuana   que   voluntariamente,   entregó   de   forma  inmediata.   

2.  El  mismo  día, ante el Juzgado 16 Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de Garantías de Bogotá, se legalizó su  captura  y  la Fiscalía 311 Seccional de la misma ciudad imputó a LIDA   IVONNE   CASTILLO   el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes  agravado  previsto en los artículos 376 y 384.1.b) del  Código Penal.   

El cargo fue aceptado y como quiera que no se  le   impuso   medida   de   aseguramiento  se  ordenó  su  libertad1.   

3.     En   sesiones   del   27   de  enero2  y  24  de  febrero  de  2010,  el Juzgado 12 Penal del Circuito de  Bogotá  celebró  la  audiencia  de  individualización de pena y sentencia. Al  cabo  de  la  misma  condenó  a  LIDA  IVONNE  CASTILLO  en  los  términos del  allanamiento  a  cargos y le impuso la pena principal de cincuenta y cuatro (54)  meses  de  prisión,  multa de 2.66 salarios mínimos legales mensuales vigentes  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad.   De  igual  manera,  le  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria3.   

4.  La  sentencia,  apelada  por  la  defensa  técnica,  fue confirmada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, en  fallo    del   pasado   27   de   mayo   de   20104.   

5.  A  través  de su defensora, dentro de la  oportunidad  legal  la procesada interpuso y sustentó el recurso extraordinario  de   casación5.   

6.   El   asunto   fue   remitido   a   la  Corte.   

LA DEMANDA  

Cargo  Único.  Causal  Primera.  Violación  directa.   

Con invocación de la causal 1ª del artículo  181  de la Ley 906 de 2004, la defensora de LIDA IVONNE  CASTILLO  postula  un  solo  cargo  por  la ruta de la  violación  directa  de la ley sustancial, en el sentido de falta de aplicación  de  los  artículos  1º,  4º  y 5º de la Ley 750 de 2002 y el numeral 5º del  artículo 314 de la Ley 906 de 2004.   

Para  fundamentar  el  disenso, la recurrente  afirmó  que  la  sentencia “que se profirió por el  despacho  12 del Control de Garantías, con fecha de Mayo 27 de 2010”  no  tuvo  en  cuenta las condiciones de la procesada, es decir,  las  de  ser  madre  cabeza  de  familia  y carecer de antecedentes penales, las  cuales   fueron   acreditadas   por   su   defensor,   mediante  “declaraciones         notariales”  “donde  se  demuestra que la misma es la que ve por  sus hijos”.   

Luego  de citar los presupuestos exigidos por  la   Ley   750   de   2002   para   el   reconocimiento  de  la  “detención  domiciliaria” a favor de las  madres  cabeza de familia insistió en que el Tribunal omitió aplicarla, siendo  que  la  procesada  está  a cargo de la manutención y cuidado de sus hijos, lo  cual    a    juicio    de    la    libelista    comporta   una   “injusticia”  y  afecta  los derechos de  los  menores  porque  “al quedar en abandono, sin el  cuido  (sic)  de su progenitora, vendrían a formar en un futuro niños perdidos  en la sociedad”.   

Así  mismo, dijo apoyarse en “varias  jurisprudencias”;  entre  ellas  mencionó:  “ST 978-2003, Ley 750 de 2002, SC 184 de  2003”,  relativas a “los  beneficios  que  se  le  otorgan  a la Madre cabeza De Familia (sic)”.   

Concluyó que la violación directa de la ley  se  produjo  por  “la APLICACIÓN INDEBIDA del art.  314   No   (5º)   Ley   906  de  2004,  en  concordancia  con  la  Ley  750  de  2002”.    En   consecuencia,   solicitó   se  “infirme  el  fallo  recurrido para que en su parte  resolutiva  se  modifique  la  condena  a PRISION (sic) DOMICILIARIA”.   

CONSIDERACIONES  

Cargo Único.  

La  demanda no reúne los requisitos mínimos  que  exige el artículo 184 del Código de Procedimiento Penal para su admisión  y,   por   lo   tanto,   no   puede   ser   aceptada.   Las   razones   son  las  siguientes:   

Bien sabido es, que el recurso extraordinario  de  casación debe ser elaborado respetando las formalidades técnico jurídicas  previstas  en  la  ley, según se trate de cada una de las causales establecidas  en  el  artículo 181 del Código de Procedimiento Penal, pues lo pretendido con  este  mecanismo  extraordinario,  es  socavar  la doble presunción de acierto y  legalidad que reposa sobre el fallo de segundo grado.   

En  ese  sentido,  es claro que no es posible  atacar  directamente  por  vía de casación las providencias proferidas por los  jueces  de  control de garantías como pareciera entenderlo la actora quien dice  atacar  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado 12 de Control de Garantías de  esta ciudad.   

Desde luego, como se advierte que la fecha de  la  providencia  acusada  a  la  que  alude  la defensora corresponde a la de la  sentencia  de  segundo  grado dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  se  asume  que  es ésta y no ningún proveído dictado por el juez de  menor  categoría  mencionado,  que  se  dirige  la demanda sometida a examen de  admisibilidad.   

Ahora bien, cuando se intenta la postulación  de  una  censura  por  la ruta de la violación directa de la ley sustancial, el  libelista  debe  hacer  completa  abstracción de lo fáctico y probatorio y, en  ese  sentido,  admitir los hechos y la apreciación de los medios de convicción  fijados  por los sentenciadores, de manera tal que le corresponde desarrollar el  reproche  a partir de un ejercicio estrictamente jurídico, en el que establezca  la  vulneración  del  precepto  normativo  en  el  caso  concreto, por medio de  cualquiera  de  las tres modalidades de error: falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación errónea y seguidamente, demuestre la trascendencia  del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

Mientras la falta de aplicación opera cuando  el  juzgador  adecua  incorrectamente el asunto sometido a examen en un precepto  que  no  lo  regula, la aplicación indebida, deviene de la errada elección por  el  sentenciador  de  una  disposición  que  no  se  ajusta  al  caso,  con  la  consecuente  inaplicación  de la norma que recoge de forma correcta el supuesto  fáctico.   La  interpretación  errónea,  en  cambio,  parte  de  la  acertada  elección   de   la  norma  aplicable  al  asunto  debatido,  pero  conlleva  un  entendimiento  equivocado  de  la misma, que le hace producir efectos jurídicos  que no emanan de su contenido normativo.   

Para  la  Sala  es  clara  la omisión de la  demandante  acerca  de  las  reglas  de  argumentación  que  rigen  la técnica  casacional,  pues  con violación del principio de no contradicción en un mismo  contexto    argumentativo    al    tiempo    que    postuló   la   falta  de  aplicación  de  los numerales  1º,  4º  y 5º de la Ley 750 de 2002 y del numeral 5º del artículo 314 de la  Ley    906    de    2004,   adujo   la   aplicación  indebida de idénticas normas.   

Evidentemente  las  dos  premisas  a  la vez  formuladas  son  excluyentes  pues  constituiría  un imposible jurídico que el  Tribunal  hubiera  aplicado  e  inaplicado  igual disposición legal en  la  providencia impugnada.   

De  igual modo, se advierte que la modalidad  de     reproche     escogida     para     atacar    el    fallo:    violación           directa  de  la  ley sustancial ya sea por  -aplicación        indebida       o               por  falta  de  aplicación-,  no  es  coherente con la fundamentación del cargo intentado, que  apunta  a  demostrar un presunto error de apreciación de la prueba aportada por  la  defensa  para  acreditar  la  condición  de  madre  cabeza de familia de la  enjuiciada,  estas  son,  las  declaraciones extrajuicio ante notario, pues este  tipo  de  reparo  sólo  habría  sido  posible,  por la ruta de la violación           indirecta.   

Ciertamente,  el censor desconoció que sólo  cuando  el  reparo  recae  sobre  un error de selección o interpretación de la  norma  aplicable  al caso concreto, es posible acudir a la vía de la violación  directa.   

Así  las  cosas, si pretendía demostrar la  infracción  directa  de  alguna norma de derecho, no podía cuestionar de forma  alguna,  la  valoración de los medios de convicción tal como fueron concebidos  por  el  Tribunal,  pues  aquel  tipo  de reproche no busca acreditar errores de  carácter  fáctico, sino en concreto, defectos en la aplicación estricta de la  ley.   

En  cambio,  cuando  lo  que  se  procura  es  criticar  los  juicios de valor que necesariamente recaen sobre los presupuestos  fácticos   o  la  prueba,  es  nítido  que  el  sendero  a  recorrer  para  la  demostración  del  defecto será el de la violación indirecta en cualquiera de  sus  sentidos  de  error  de  hecho  (falsos  juicios de existencia, identidad o  raciocinio)    o    de    derecho    (falsos    juicios    de    convicción   o  legalidad).   

Ninguno  de  estos presupuestos técnicos fue  atendido por la defensora.   

En consecuencia, resulta incuestionable que la  actora  equivocó  la  ruta  de  ataque y por lo tanto, no es posible admitir su  disenso.   

No  obstante,  con  una  estricta  finalidad  pedagógica  que  no  puede  ser  entendida como una contestación de fondo a la  misma,  pertinente  se  ofrece  destacar  que  la  defensora exhibe una profunda  confusión  dogmática  por  cuanto  indistintamente  los institutos aluden a la  detención domiciliaria y la prisión domiciliaria.   

En  verdad,  tal  como  se  desprende  de la  demanda,  la  pretensión  de la recurrente se encamina a que se le conceda a su  prohijada  indistintamente  la  detención o la prisión domiciliaria y la norma  que  estima  inaplicada  o  aplicada  de  forma  indebida  es  la  que regula la  “detención         domiciliaria”   a   favor   de   la   madre  cabeza  de  familia  –numeral  5º  del  artículo 314 de la  Ley 906 de 2004-.   

Así las cosas, para la libelista lo mismo es  la  prisión  domiciliaria, mecanismo sustitutivo de la prisión intramural, que  la  detención  domiciliaria, siendo que esta es una medida de aseguramiento que  está  vigente  en  tanto  no se haya emitido fallo definitivo y aquélla es una  auténtica   pena   impuesta   una   vez  la  persona  adquiere  la  calidad  de  condenada.   

En este punto, es pertinente precisar que si  bien  por  virtud  del  artículo 461 de la Ley 906 de 2004, se ha entendido que  los  requisitos  para  ser  beneficiario  de  la detención domiciliaria son los  mismos  que  deben  verificarse  para  la  prisión  domiciliaria, no es posible  confundir  estos  institutos  porque  responden a fines legales categóricamente  distintos.   

Ciertamente,   la   primera   como  medida  preventiva    busca    asegurar    que    el    imputado    no   “obstruya   el   debido   ejercicio   de   la   justicia”,  comparezca  al  proceso  o cumpla la sentencia o proteger a la  sociedad  o  a  la  víctima del imputado (artículo 308 de la ley 906 de 2004),  mientras  que  la  segunda  busca  garantizar  el  cumplimiento de las funciones  señaladas  en  el artículo 4º del Código Penal, es decir, las de prevención  general      y      especial      –reinserción   social-,   retribución   justa   y   protección  al  condenado.   

Así mismo, es posible afirmar que el disenso  carece  de  idoneidad  sustancial porque ni la predicada falta de aplicación de  la  Ley 750 de 2002 ni la aplicación indebida de la misma norma se advierten en  el   fallo  censurado,  inescindiblemente  ligado  a  la  sentencia  de  segunda  instancia   -por   cuanto   en   ambas,   la   decisión   conserva   el   mismo  sentido-.   

En  verdad,  es  claro  que tanto el juez de  conocimiento  como  el Tribunal verificaron que los presupuestos exigidos por la  Ley  750  de  2002  para  conceder  la prisión domiciliaria a favor de la mujer  cabeza  de familia, no estaban satisfechos en el caso concreto porque si bien la  sentenciada   es   madre   de   3   hijos   menores   de  edad,  “el  último de ellos cuenta con el padre para ser atendido en todas  sus  necesidades”  y  los otros dos, “pueden  y  deben”  ser  cuidados por su  hermana y sobrina, en virtud del principio de solidaridad.   

Siendo ello así, es nítido que contrario a  lo  argüido  en  la  demanda,  la  Ley  750  de  2002  sí fue aplicada por los  falladores  aunque en sentido adverso a las pretensiones de la defensa y por esa  misma  razón  no  cabe  el reproche por indebida aplicación de esa norma, pues  ella era la llamada a regular el asunto.   

De  igual  modo,  la  Corte  observa  que la  demandante  omitió  probar el efecto trascendente de los presuntos yerros en el  sentido  de  la  decisión,  pues  no  basta  con invocar una pretensión que se  ajusta  a  la convicción particular del demandante pero que no logra quebrantar  la  doble  presunción  de acierto y legalidad del fallo impugnado.  Es por  ello,  que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  puede constituir motivo  suficiente para recurrir en casación.   

Como la Sala no observa flagrantes violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales de nulidad, ni motivos que conduzcan a la  necesidad  de  un pronunciamiento profundo frente al expediente en razón de las  finalidades de la casación, la demanda debe ser inadmitida.   

2.     Sobre     el     mecanismo    de  insistencia.   

Al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos6:   

(ii)   La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

(iii)  La  solicitud  de  insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv) La solicitud respectiva puede tener dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la Sala  decidió  no  seleccionar  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad para  superar sus defectos y decidir de fondo.   

(v) Es potestativo del Magistrado disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia,  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no presentarlo para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario. Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia directamente ante la  Sala de manera oficiosa.   

(vi)  El  auto  a  través  del  cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004, esto es “mediante comunicación escrita dirigida por telegrama, correo  certificado,  facsímil,  correo electrónico o cualquier otro medio idóneo que  haya  sido  indicado  por  las partes”, se establecerá el término de cinco (5)  días  contados a partir de la fecha en que se produzca alguna de las anteriores  formas  de  notificación  al  demandante, como plazo para que éste solicite al  Ministerio  Público  o a alguno de los Magistrados integrantes de la Sala, si a  bien lo tiene, insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   LIDA  IVONNE  CASTILLO  contra la sentencia  dictada  el  27  de  mayo  de  2010  por la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior de Bogotá.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                            

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                           JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  folio 8 de la carpeta principal del expediente.   

2 Ver  folio 35 ibídem.   

3 Ver  folios 54-58 ibídem.   

4 Ver  folios 38-52 del cuaderno del Tribunal.   

5 Ver  folios 56-62 ibídem   

6 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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