34005(05-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso n.º 34005  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobada Acta N° 137  

                             

Bogotá, D. C., mayo cinco (5) de dos mil diez  (2010).   

VISTOS:  

Define  la  Corte el impedimento manifestado  por  el  doctor  Víctor  Ramón  Diz  Castro,  Magistrado  de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Montería, para conocer en segunda instancia del proceso  que  se  adelanta  contra  Luis  Miguel  Rivera Murillo y otros por el delito de  concierto  para  delinquir.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   Luego   de  cumplidas  diferentes  actividades  investigativas  bajo  la  dirección  de  la  Fiscalía,  el 9 de noviembre de 2009 ante el Juzgado Primero Penal Municipal de  Montería  se celebraron las audiencias de legalización de captura, imputación  e  imposición  de  medida de aseguramiento intramural contra Luis Miguel Rivera  Murillo  y  otros  por  el  delito  de  concierto para  delinquir.   

2. El 4 de diciembre  de  2009  la Fiscalía presentó escrito de acusación contra Luis Miguel Rivera  Murillo,  Richard  Gregorio  Narváez  Paternina,  Carlos Emilio Arango Camargo,  Leonardo  Loruso  Santos  Rada,  Ismael Antonio Cuava, Jorge Luis Argumedo Lobo,  Jair  Selim Cabrera Rodríguez y Mónica María Pérez Restrepo, correspondiendo  el asunto al Juzgado Penal del Circuito Especializado de Montería.   

3.  La audiencia de  acusación  se  inició  el  6  de  abril  de  2010 y en el curso de la misma el  defensor  de  Carlos  Emilio  Arango Camargo impugnó la competencia del juez de  conocimiento,  motivo  por  el cual el proceso fue remitido al Tribunal Superior  de Montería.   

5. Una vez arribó  la  actuación  al  Tribunal  el doctor Víctor Ramón Diz Castro, miembro de la  sala  de  decisión  a  la que le fue repartido el asunto, manifestó que tenía  amistad   íntima   con   uno   de   los   defensores   que   interviene  en  el  proceso.   

Por  lo anterior, se dispuso el envío de la  actuación  a  esta  Sala  de  la  Corte  para  que  se  resuelva el impedimento  planteado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. De acuerdo con lo  previsto  en los artículos 57 y 341 de la Ley 906 de 2004, esta Corporación es  competente  para  resolver  el  impedimento  propuesto  por versar en un proceso  adelantado  bajo  el  trámite del sistema penal acusatorio y por tratarse de la  manifestación  que  hace  un  Magistrado  del  Tribunal  Superior de Montería.   

2. Las instituciones  de   los  impedimentos  y  las  recusaciones  están  fijadas  constitucional  y  legalmente  para  la  preservación  y  defensa  del  derecho  a ser juzgado por  funcionarios  imparciales,  alcanzando  la  categoría  de  derecho  fundamental  porque   hace  parte  del  derecho  a  un  proceso  con  todas  las  garantías,  también   previsto  en  el  artículo  10  de la Declaración Universal de  Derechos  Humanos  y  en  el  artículo 14.1 del Pacto Internacional de Derechos  Civiles     y     Políticos    de    New    York1.   

3.  En esta materia  rige  el principio de taxatividad según el cual solo integra motivo de excusa o  de  recusación  aquel  que  de manera expresa se señala en la ley, lo que hace  exclusión  de la analogía, además que a los jueces les está vedado separarse  por  su  propia  voluntad  de  sus  funciones  jurisdiccionales  y a los sujetos  procesales  no les está permitido escoger a su arbitrio la persona del juez, de  manera  que  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del  conocimiento  de  un  determinado  asunto  a un funcionario judicial no pueden deducirse por similitud  ni  ser  objeto  de  interpretaciones subjetivas, en tanto se trata de reglas de  garantía   de  la  independencia  judicial  y  de  vigencia  del  principio  de  imparcialidad del juez.   

4.  Este axioma -o  derecho  a  un  tribunal  imparcial-  derivado  de los artículos 209 y 13 de la  Constitución  Política  en cuanto la función pública de administrar justicia  así  lo reclama lo mismo que el trato igual para todas las personas de parte de  las  autoridades, se ha concebido como esencial del debido proceso en el sentido  que  junto a dos partes parciales, tiene que existir un tercero imparcial,   extraño  a  la  causa y ajeno a las posiciones de intereses de ellas -el juez-,  principio  de alcance general puesto que tiene aplicación en todos los tipos de  procesos      y     sistemáticas     procesales2.   

En  correlación  con  que la jurisdicción  juzga  sobre  asuntos  de otros, la primera  exigencia respecto del juez es  la  que éste no puede ser, al mismo tiempo, parte en el conflicto que se somete  a       su        decisión.       La       llamada       impartialidad, el que juzga no puede ser  parte,  es  una  exigencia elemental que hace más a la noción de jurisdicción  que  a  la  de  proceso, aunque éste implique siempre también la existencia de  dos  partes parciales enfrentadas entre sí que acuden a un tercero impartial,  esto  es, que no es parte, y  que  es  el  titular de la potestad jurisdiccional. Por lo mismo la impartialidad   es  algo  objetivo  que  atiende,  más  que  a la imparcialidad y al ánimo del juez, a la misma esencia  de  la  función  jurisdiccional, al reparto de funciones en la actuación de la  misma.  En  el  drama  que  es el proceso no se pueden representar por una misma  persona  el  papel de juez y el papel de parte. Es que si el juez fuera también  parte  no  implicaría principalmente negar la imparcialidad, sino desconocer la  esencia  misma  de  lo  que  es  la  actuación  del  derecho  objetivo  por  la  jurisdicción     en     un     caso     concreto3.   

5.  Con  razón ha  dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos que   

la  imparcialidad  exige  que  el  juez que  interviene  en  una  contienda  particular  se aproxime a los hechos de la causa  careciendo,  de  manera  subjetiva,  de  todo  prejuicio y, asimismo, ofreciendo  garantías  suficientes de índole objetiva que permitan desterrar toda duda que  el  justiciable  o  la  comunidad  puedan  albergar  respecto  de la ausencia de  imparcialidad4.   

6. Para asegurar ese  apotegma  con  el  fin que las decisiones que se adopten durante el curso de los  procesos   que   conocen   los   jueces  respondan  a  la  independencia  de  la  administración  de justicia y el derecho fundamental de los asociados a obtener  un  fallo  proferido por un tribunal imparcial, se han instituido los mecanismos  del  impedimento  y  las  recusaciones  en  virtud  de  los  cuales el juez debe  separarse  del  conocimiento  de aquellos casos en donde por entrar en conflicto  sus  propios intereses o haber conocido en el fondo del asunto, se pierde el fin  de la recta administración de justicia.   

7.  La  Ley 906 de  2004  ha  establecido causales impeditivas que se refieren a posibles relaciones  del  funcionario  judicial  y  el objeto del proceso5   como   la   del   juez  que  cumpliendo  funciones de control de garantía quedará impedido para conocer del  fondo  del  asunto (arts. 39 y 56, numeral 13, Ley 906 de 2004) o cuando el juez  haya  conocido  de  la  solicitud de preclusión formulada por la Fiscalía y la  haya  negado,  caso  en  el cual quedará impedido para conocer del juicio (art.  56,  numeral  14, y art. 335) o la de los Magistrados para conocer la acción de  revisión   cuando  hayan  suscrito  la  decisión  objeto  de  la  misma  (art.  197)6. Como dice Montero Aroca,   

se trata de una lista cerrada de situaciones  objetivadas  que  convierten  al operador judicial en sospechoso, de modo que la  concurrencia  de  una  de ellas obliga al juez a abstenerse de conocer el asunto  en  aras  de  la  imparcialidad  que  debe  imperar  en  las  decisiones  de  la  justicia7.   

8.  La  causal  de  impedimento  invocada  en  el  sub examine,  está  prevista  en  el  artículo  56 numeral 5° del Código de  Procedimiento Penal, en los siguientes términos:   

Que exista amistad íntima o enemistad grave  entre   alguna   de  las  partes,  denunciante,  víctima  o  perjudicado  y  el  funcionario judicial.   

9. El Magistrado que  manifestó su impedimento lo basó en que mantiene   

lazos  de  amistad  íntima con quien funge  como  defensor de uno de los encausados, doctor Eduardo Altamiranda, con quien a  través  del  tiempo  por  los  momentos  familiares y sociales compartidos, han  surgido  sentimientos de aprecio y solidaridad. Estas circunstancias comprometen  mi criterio para intervenir en el asunto.   

10.  Frente a esta  causal  impeditiva  la Corte ha precisado que el motivo de amistad íntima alude  a  un  vínculo  entre  personas  que  además  de dispensarse trato y confianza  recíprocos,  comparten  sentimientos  y  pensamientos que hacen parte del fuero  interno  de  los  relacionados.  En este sentido la Corporación ha manejado con  amplitud  la  admisión  de  esta  clase de expresiones impeditivas, merced a su  marcado  raigambre  subjetivo,  pero  se  exige  que  el funcionario exponga con  claridad  los  fundamentos  del  sentimiento  de  transparencia  y seguridad que  quiere  transmitir  a  las  partes  y  a la comunidad, a fin de que el examen de  quien  deba  resolver  no  sea  un  mero acto de cortesía sino la aceptación o  negación  de  circunstancias  que  supuestamente ponen en vilo la imparcialidad  del   juicio8.   

11. Ciertamente el  Magistrado  que se declara impedido enuncia la causal, genéricamente señala la  existencia          de         “sentimientos      de      aprecio     y     solidaridad”  con  el  defensor  de  uno  de  los  encausados  y enseguida refiere que su “criterio     para     intervenir     en    el    asunto”  se encuentra comprometido, sin hacer  ninguna  referencia  a actos o razones de las cuales se infiera la existencia de  la      “amistad  íntima”  y diferenciarla  del     trato     personal     y     social    propio    de    las    relaciones  interpersonales9,  que no perturban el ánimo ni colocan en peligro la imparcialidad  y   la   ponderación   del   funcionario  judicial10.   

12.  De acuerdo con  lo  expuesto  en precedencia y como quiera que no se configuran los presupuestos  exigidos  por  la causal invocada por el Magistrado para declararse impedido, se  tiene  por  infundado  el  motivo  alegado  para  separarse del conocimiento del  proceso.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1°.    DECLARAR   INFUNDADO  el  impedimento  manifestado  por el Magistrado Víctor Ramón Diz  Castro,  del  Tribunal Superior de Montería, para conocer de la impugnación de  competencia  presentada  ante  el Juzgado Penal del Circuito Especializado de la  misma ciudad.   

2°.  DEVOLVER  INMEDIATAMENTE  las  diligencias  al Tribunal de origen a fin de que continúe con  el trámite del proceso.   

3°.  ADVERTIR    que   contra   la   presente  providencia no proceden recursos.   

Cópiese y cúmplase.  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                                                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1 Por  ejemplo,  María  del  Carmen  Calvo  Sánchez,  «Imparcialidad:  abstención y  recusación  en  la  nueva  Ley de Enjuiciamiento Civil 1/2000, de 7 de enero»,  Responsa     iurisperitorum    digesta,  volumen II, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2001,  p. 90.   

2 Art.  73,  Ley  94  de  1938;  art.  78, Decreto 409 de 1971; art. 103, Decreto 050 de  1987;  art.  103, 

Decreto 2700 de 1991, modificado  por  el  art.  15 de la Ley 81 de 1993; art. 99, Ley 600 de 2000; y art. 56, Ley  906  de  2004.  Y,  providencias  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación  Penal,  20 de agosto de 1992, radicación 5044, 23 de marzo de 2000, radicación  14536,  8  de  noviembre  de  2000,  radicación  14078,  7  de  mayo  de  2002,  radicación  19300,  18  de  febrero  de 2004, radicación 21921, 16 de marzo de  2005,  radicación  23374,  30  de  noviembre  de 2006, radicación 26453, entre  otras.   

3  “Es  evidente  que si un  juez  puede  ser  también  parte  en  un  proceso que ha de tramitar y decidir,  aquél  no  actuaría  con  imparcialidad,  pero  con  todo  lo  que resultaría  vulnerado,  en primer lugar, no sería la imparcialidad, sino el requisito de la  jurisdicción  que  ha  de conocer de asuntos de  otros. Naturalmente no es  lo  mismo  referir la alinieta a la jurisdicción, como función del Estado, que  al  juez, considerado éste como persona, pero también en este segundo supuesto  lo  que   entra  en  juego  no es tanto la parcialidad como la negación de  algo   que   hace   a  la  esencia  de  la   jurisdicción,  la  denominada  imparcialidad.  La  verdadera  imparcialidad,  en  tanto  que  desinterés   subjetivo,   no  puede  simplemente  suponer  que  el  titular  de  la  potestad  jurisdiccional  no  puede ser parte en el proceso de que está  conociendo,  sino  que  implica, sobre todo, que el juez no sirve a la finalidad subjetiva de  alguna  de  las  partes  en  un  proceso,  esto  es,  que  su juicio ha de estar  determinado  sólo  por  el  correcto  cumplimiento  de  la  función  que tiene  encomendada,  es  decir,  por  la  actuación  del  derecho  objetivo en el caso  concreto,  sin  que  circunstancia  alguna  ajena  al  ejercicio de esa función  influya  en su decisión”.  Juan  Montero Aroca, Sobre la imparcialidad del juez y  la   incompatibilidad   de   funciones   procesales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo  blanch,  1999,  p. 186-188.  “Desde luego la imparcialidad no puede  asimilarse  a  neutralidad,  porque   al  contrario  de otras actividades o  disciplinas,  la del juez exige un compromiso con la verdad y la justicia, que a  la  postre  se  expresa  en  juicio  de  valor que cuestionan o controvierten la  posición  de las partes”.  José    Fernando    Ramírez   Gómez,   Principios  Constitucionales  del  Derecho  Procesal  colombiano,  Medellín, Señal Editora, p. 130.   

4 Corte  Interamericana   de   Derechos  Humanos,  Caso  Apitz  Barbera  y  otros  (“Corte  Primera        de        lo        Contencioso        Administrativo”)     vs.    Venezuela,    Sentencia   de   5   de   agosto   de   2008.   Consultar   en  http://www.corteidh.or.cr/   

5 Otras  causales  de  impedimento  tienen  que  ver  con las relaciones del juez con las  partes   del   proceso   (art.   56-1-2-3-4-5-9-10-11-15   de   la  Ley  906  de  2004).   

6 Esta  causal  se  refiere  a la posibilidad de error judicial y a la inconveniencia de  que  un  mismo  asunto  sea  examinado  por el juez que profirió la decisión a  revisar.   

7 Juan  Montero     Aroca,     Principios    del    proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1997, p.  88.   

8 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, auto de 13 de abril de 2005,  radicación 23213.   

9 Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de única instancia de 4 de  marzo de 2009, radicación 24997.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, auto de 28 de abril de  2010,  radicación  34012, conforme el cual se declaró infundado un impedimento  alegado, entre otros, por el Magistrado Diz Castro.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *