33878(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33878  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.  120   

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de abril de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad de  la   demanda   de   revisión   presentada  por  el  apoderado  de  JOSÉ  ANTONIO  HERRERA  CUERO  contra  la  sentencia  dictada en el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá, Sala  Penal  de  Descongestión,  mediante  la  cual confirmó, excepto en cuanto a la  pena,  la  dictada en el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Descongestión de  esta  ciudad,  por  la  cual  fue  condenado  como  autor  del  delito de estafa  agravada.   

HECHOS  

En  las  sentencias fueron compendiados de la  siguiente manera:   

“JOSÉ  ANTONIO  HERRERA  CUERO presentó, el 30 de julio de 1992, ante  la  Caja  Nacional  de Previsión Social (C.A.J.A.N.A.L.), solicitud de pensión  vitalicia  de  jubilación,  acompañándola  de certificaciones emitidas por el  Ministerio  de  Justicia  y  el  Ministerio  de  Educación Nacional; al efecto,  presentó  la resolución número 14589 de 30 de diciembre de 1.991, mediante la  cual  ésta  última  entidad  aceptó  su  renuncia  al  cargo  de  Profesional  Universitario  3020-06  de  la  División Intermedia Profesional, a partir de la  misma fecha.   

”Con base en tales  soportes  C.A.J.A.N.A.L  profirió  la  resolución 24377 de 19 de mayo de 1993,  mediante   la   cual   reconoció   y   ordenó  el  pago  de  pensión  mensual  vitalicia     de  jubilación  en  cuantía  de  $137.912.50,  a  favor del enjuiciado, efectiva a  partir  del  1º  de  enero  de 1992. Tal decisión se motivó en que consideró  demostrado  que  el  acusado laboró a órdenes del Ministerio de Justicia entre  el  1º  de  diciembre de 1.970 hasta el 10 de octubre de 1.972, además, porque  laboró  para  el  Ministerio de Educación Nacional entre el 20 de diciembre de  1.972, hasta el 30 de diciembre de 1.991.   

”C.A.J.A.N.A.L  consideró  que  la  resolución  número  14589  de  30  de diciembre de 1.991,  supuestamente  expedida  por el Ministerio de Educación Nacional (que acreditó  la  fecha  de  desvinculación del procesado), es falsa y, por tanto, ilegítimo  el  reconocimiento  y pago de la pensión que se verificó a partir del período  de  enero  de  1.992,  en  adelante,  por  lo que suspendió el pago a partir de  agosto          de         2.001”.   

ACTUACION PROCESAL RELEVANTE  

1. Por los anteriores  hechos,  tras  la apertura formal de la etapa instructiva el 19 de septiembre de  2001  y  la  vinculación mediante indagatoria de JOSÉ  ANTONIO  HERRERA  CUERO,  en  su  favor  se  profirió  preclusión  de  la  investigación  respecto  de  los  delitos  de  falsedad en  documento  público  y  fraude  procesal,  de  acuerdo con resoluciones de 30 de  enero  y  10  de  mayo de 2002, respectivamente, por prescripción de la acción  penal.   

2. El 18 de diciembre  del  citado  año la Fiscalía profirió contra HERRERA  CUERO resolución de acusación en calidad de autor de  la  conducta  punible de estafa en modalidad agravada por razón de la cuantía,  pliego  de  cargos  que  en  virtud  del  recurso de apelación formulado por el  procesado  y  su defensor, recibió confirmación integral el 20 de noviembre de  2003.   

3.  La  causa  fue  tramitada  ante  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Descongestión de  Bogotá,   cuyo   titular,   el  29  de  noviembre  de  2006,  dictó  sentencia  condenatoria    contra    JOSÉ    ANTONIO   HERRERA  CUERO por los cargos atribuidos en la acusación, y en  consecuencia   le   impuso   las   penas  principales  de  sesenta  (60)  meses de prisión y multa de ciento  dieciocho  mil quinientos pesos ($188.500),  así  como  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término,  y  le  concedió  el subrogado de prisión  domiciliaria.   

4. Apelado el fallo  por   la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  en  su  Sala  Penal  de  Descongestión  para los procesos de CAJANAL, mediante el suyo de 15 de abril de  2009,  lo  confirmó,  excepto en cuanto a la magnitud de pena impuesta, la cual  redujo  a  cincuenta  y  siete  (57)  meses  de prisión, al estimar que para su  dosificación  se debía tener en cuenta el mínimo previsto en el artículo 356  del Decreto Ley 100 de 1980, por favorabilidad.   

LA DEMANDA  

El  defensor de HERRERA CUERO, con base en la  causal  segunda  del  artículo 220 de la Ley 600 de 2000, pretende la revisión  de  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia, aduciendo que el presente  asunto  no  podía  proseguirse  por  la  configuración  del  fenómeno  de  la  prescripción de la acción penal.   

Luego de relacionar la actuación procesal, de  identificar  los  despachos  que profirieron las sentencias de primera y segunda  instancia,  así  como  de  precisar  que  la  resolución  de acusación cobró  ejecutoria  el  20  de  noviembre  de 2003, concluye el actor que en el presente  asunto  es  evidente  que  se  ha  cumplido  el  término  para  que  operara la  prescripción  de  la acción penal de acuerdo con el artículo 83 de la Ley 599  de 2000, pues,   

“…la  pena  máxima  fijada para éste delito [estafa]  en  la presente investigación, es de ocho (8) años de prisión,  además  la condena impuesta fue de cinco (5) años de prisión incluso de menos  de  cinco  años  ya que el Juez de segunda instancia impuso la pena de 57 meses  de  prisión.  Así las cosas con la interrupción del término prescriptivo con  la  Resolución de acusación, dicho término será entonces del 50% al término  prescriptivo      máximo      fijado      por      la     ley     (…)   si   contamos   el  término  de  ejecutoria  de  la Resolución acusatoria (20 de noviembre de 2003), es evidente  que  han  transcurrido  seis (6) años tres (3) meses; es decir la acción penal  en     el     presente     proceso     se     encuentra    prescrita…”   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Corte  es  competente  para conocer de la acción propuesta, de acuerdo con lo dispuesto en  el  artículo  75  numeral 2 de la Ley 600 de 2000, por hallarse dirigida contra  una  sentencia  dictada  en segunda instancia por un Tribunal Superior, que hizo  tránsito a cosa juzgada.   

La acción de revisión está consagrada como  un  mecanismo para remover, con base en las causales taxativamente señaladas en  el  ordenamiento  procesal,  el  carácter  definitivo de las sentencias y otras  decisiones  (preclusión  de  la  investigación  y/o  cesación  de  procedimiento)  ejecutoriadas que hacen  tránsito  a cosa juzgada, es decir, de aquellas que por voluntad del legislador  son inmutables e irrevocables.   

Desde  esa  perspectiva,  de  acuerdo  con  jurisprudencia               decantada1,  la  acción  de revisión no  constituye  una  prolongación  del  juicio,  ni  corresponde  a  un instrumento  ordinario  que  permita  dar  cabida a particulares consideraciones tendientes a  cuestionar  los soportes de la declaración de justicia que ha hecho tránsito a  cosa  juzgada,  y  que  se halla amparada por el doble carácter de definitiva e  inmutable,  sino  que  su fundamento estriba en la posibilidad real de lograr un  fallo  rescisorio, en orden a remediar la injusticia material en que haya podido  incurrir  el  órgano  jurisdicente,  por  la configuración de precisos motivos  establecidos  en la ley, cuya demostración corre a cargo del actor, en quien el  ordenamiento  radica,  además,  la carga de presentar la demanda acorde con los  requisitos  establecidos  en  el  estatuto  procesal2.   

En  atención  a  que  esta  acción  procede  exclusivamente       contra      decisiones      ejecutoriadas      (sentencias,  resoluciones  de  preclusión  de la investigación o  autos  de cesación de procedimiento), es deber inicial  del  actor  allegar copia de las providencias de primera y segunda instancia con  su  respectiva  constancia  de  ejecutoria,  condición  acatada  en el presente  evento,  según  constancia  suscrita  por  el secretario del Juzgado Cuarenta y  Ocho  Penal  del  Circuito  de Bogotá, en la que da cuenta de la firmeza de los  fallos  condenatorios  emitidos  contra  JOSE  ANTONIO  HERRERA  CUERO,  por  el delito de estafa agravada, en  razón de los hechos inicialmente precisados.   

La  normatividad  en  materia  de  revisión  también  tiene  previsto como carga del actor, la de seleccionar cuidadosamente  la  causal  que  pretenda  aducir  en  apoyo de la pretensión, al igual que las  pruebas  en  que  se  funde,  y la exposición racional tendiente a demostrar el  motivo  que  escoja,  de  modo  que los fundamentos fácticos y jurídicos de la  solicitud queden nítidamente expresados.   

2.  En el presente  evento  la  casual invocada es la prevista en el artículo 220, numeral 2, de la  Ley      600      de      2000     —esencialmente  idéntica  en  su  contenido  a  la  prevista en los  numeral  2°,  de los artículos 232 y 190 del Decreto 2700 de 1991 y la Ley 906  de  2004, respectivamente—,  de   acuerdo  con  la  cual  la  acción  de  revisión  procede  contra  fallos  condenatorios ejecutoriados, dictados   

“…en  proceso que no podía iniciarse o proseguirse por prescripción  de  la  acción, por falta de querella o petición válidamente formulada, o por  cualquier   otra   causal   de   extinción   de  la  acción  penal”.   

En relación con el citado motivo de revisión  se  ofrece  oportuno  recordar  que  su fundamento no puede derivar en un juicio  crítico  acerca de lo declarado en los fallos, en aras de cuestionar nuevamente  en  esta  sede  aspectos  inherentes  a  la  adecuación  típica,  la  forma de  culpabilidad  o  participación,  las circunstancias del hecho, o cualquier otro  elemento  que  pudiese  incidir  en  la  punibilidad  de la conducta3,   pues  la  discusión  que  con  base  en  ella  se  propone  debe tener una argumentación  marcadamente    objetiva    que    permita   comprender   el   problema   y   su  alcance4   

Dicho  de otra manera, cuando se plantea esta  causal  de  revisión,  es indispensable, para la procedencia de la acción, que  la  hipótesis  aducida  en  su  apoyo  surja nítida de la confrontación de la  realidad  fáctico procesal con la normatividad legal, de suerte que, ab initio,  la  sentencia  revele un contenido injusto que reclame la intervención del juez  de revisión para su enmienda.   

Esta exigencia deriva de dos consideraciones:  (i)  el  carácter excepcional de la acción de revisión, que hace que solo sea  procedente  su  apertura  a  trámite  en  caso  de  evidente  injusticia  de la  decisión,  y  (ii)  la naturaleza objetiva de las hipótesis contempladas en la  causal,  que  repele  cualquier  consideración de orden subjetivo, y que exige,  para  su  admisión,  que  la  eventualidad  que  se plantea fluya nítida de la  simple confrontación de los supuestos fácticos normativos.   

3.  Cotejada  la  realidad  fáctica  declarada  en los fallos de primero y segundo grado, con los  fundamentos  de  hecho  expuestos  en  el  libelo  en  procura  de  acreditar la  ocurrencia  de  la causal alegada, resulta palmario que el memorialista incumple  el  deber  objetivo  que  demandaba  la  proposición  del  motivo  de revisión  alegado,  dado  que  su  pretensión se halla estructurada a partir presupuestos  jurídicos  y  materiales  equivocados,  es  decir,  que  no  corresponden a los  fijados procesalmente.   

3.1. Obsérvese, en  primer  lugar,  que  la conducta punible atribuida al acusado desde el inicio de  la  actuación  —con los  otros  dos  delitos  por  los  que se le precluyó la investigación—,   consiste   en   una  estafa            agravada,  cuya  pena,  para  efectos del  cómputo  de la prescripción que alega el actor como fundamento de la causal de  revisión  invocada,  es  la prevista en el artículo 246 de la Ley 599 de 2000,  en  armonía  con el 267-1°, de la misma obra, normas de acuerdo con las cuales  la   sanción   privativa   de   la   libertad   máxima  sería  de  doce  (12)  años.   

No  está de más advertir que se acude a la  señalada  legislación,  en aplicación del principio de favorabilidad, pues si  se  tiene  en cuenta el Decreto Ley 100 de 1980, Código Penal vigente al tiempo  de  los  hechos,  de  acuerdo  con sus artículos 356 y 372-1°, la pena máxima  para  la  estafa agravada    sería   de   quince   (15)  años.   

3.2. Ahora bien, de  conformidad  con  los artículos 80 y 84 del Decreto Ley 100 de 1980, la acción  penal  durante  la  fase  de  investigación  prescribe  en  un  tiempo igual al  previsto  como  pena  máxima  para  la  correspondiente conducta punible, si es  privativa  de  la  libertad,  sin  que  en  todo caso pueda ser inferior a cinco  (5)  años  ni  superior  a  veinte  (20), término que se  interrumpe   con   la  emisión  de  la  providencia  calificatoria  debidamente  ejecutoriada,  y  comienza  a  correr  nuevamente  por un lapso equivalente a la  mitad  del  antes  señalado  (al  de la pena máxima  contemplada  para  el  delito),  sin que pueda en este  evento   ser   inferior   a   cinco   (5) años.   

Si, como quedó precisado en los antecedentes  y  lo  reconoce el demandante, el pliego de cargos por el delito de estafa            agravada  emitido  contra  el  procesado  HERRERA    CUERO   cobró  ejecutoria  el  20  de  noviembre  de  2003, y la sentencia de segunda instancia  dictada  contra  éste  por esa conducta punible quedó en firme el 8 de octubre  de  2009,  de  acuerdo  con  constancia  del  correspondiente  despacho, resulta  nítido  que entre una y otra fecha no alcanzó a transcurrir el lapso necesario  para  que  en  el juicio operara la prescripción de la acción penal, es decir,  seis  (6)  años,  dado  que  la  pena  privativa de la libertad máxima para la  conducta punible en cuestión es de doce (12) años.   

Pero  es  más,  la  Sala,  proyectando  su  análisis  a  ámbitos  no  referidos por el actor, observa que en la fase de la  instrucción     tampoco     se     configuró     el     fenómeno     de    la  prescripción.   

Si se tiene en cuenta que el primer pago de la  pensión  de jubilación, ordenada con base la inducción en error provocada con  los  documentos apócrifos esgrimidos para tal efecto, ocurrió en enero de 1992  y  el  último en julio del año 2001, al descubrirse la acción fraudulenta del  procesado,  bien  sea  que  se  tenga  en  cuenta  una u otra fecha como momento  consumativo  del  delito  continuado  de estafa agravada, es igualmente evidente  que  para cuando quedó ejecutoriado el respectivo pliego de cargos —el     20    de    noviembre    de  2003—  no  había  aún  transcurrido  un  lapso  de  doce  (12)  años, tiempo que corresponde a la pena  máxima,  se  reitera,  con la que esta sancionada la citada conducta punible, y  que  es el necesario para que en la fase instructiva se extinga la acción penal  por prescripción respecto de la misma.   

4. La equivocación  del   actor  estriba,  en  primer  lugar,  en  que  hizo  los  cómputos  de  la  prescripción  por  el  delito del que fue hallado responsable su prohijado, sin  tener  en  cuenta  la  circunstancia  de  agravación  deducida  en el pliego de  cargos,  es  decir,  se atuvo a la pena máxima prevista para el delito básico,  que  es  de  ocho  (8) años,  sin  considerar  la  causal  de  intensificación  referida  a  la  cuantía que  alcanzó  la defraudación económica (aproximadamente  $  56’000.000),  de  acuerdo  con  la  cual el citado guarismo se incrementa en la  mitad,     obteniendo     así     el     rubro     de     doce     (12)  años  para  efectuar los cálculos  inherentes al citado fenómeno.   

Y en segundo lugar, el desorden argumental del  actor  se  torna  aún más grave al aludir que, atendida la sanción impuesta a  su  prohijado,  es  también  evidente  la  configuración  de  la prescripción  alegada,  aserto  con el que equivocadamente mezcla el término extinción de la  acción  penal  y  el de la pena, institutos regidos por normas diferentes y con  distintos  efectos:  el  primero  enerva  la potestad del Estado para fenecer un  proceso  con  sentencia  de  mérito, el segundo impide al mismo Estado ejecutar  una  sanción  válida y legalmente impuesta a través de un fallo ejecutoriado,  y  únicamente  aquél es susceptible de alegar como causal de revisión, motivo  que  como se precisó en las consideraciones que anteceden no se configura en el  presente asunto.   

En conclusión, como quiera que la demanda con  la  que  se  pretende  ejercer  la  revisión contra las sentencias de primera y  segunda  instancia  no  cumple  los  presupuestos  formales, pues las razones de  hecho  y  de  derecho  para  sustentar  la objetividad de la causal invocada son  fallidas, se impone su inadmisión.   

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  revisión presentada a través de apoderado por JOSÉ ANTONIO HERRERA CUERO,  de acuerdo con lo razonado en la anterior motivación.   

Contra esta providencia, procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                      JAVIER         ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Fallo   de   revisión   de   24   de   septiembre   de  2002,  Radicación  Nº  12585.   

2 Cfr.  Autos  de  6  y  19  de  diciembre  de  2001,  Radicaciones  Nº  18432 y 18176,  respectivamente.   

3 Cfr.  Fallo de revisión de 5 de marzo de 1996, Radicación Nº 8336.   

4 Cfr.  Auto de julio 6 de 2005, Radicación Nº 23791.     

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