33499(03-02-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 33499  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Aprobado   Acta   Nº  31.   

Bogotá  D.C.,  tres  de  febrero de dos mil nueve.   

V    I    S   T   O  S   

Se pronuncia la Sala sobre la recusación que  de  los  Magistrados  del  Tribunal Superior de Buga (Valle del Cauca), doctores  Héctor  Hugo  Torres  Vargas  y  José  Jaime  Valencia  Castro,  presentara el  defensor  de  GINA  ESCOBAR  LÓPEZ,  con  el  objeto  de que sean separados del  conocimiento  de  la  apelación  de la sentencia dictada por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  Especializado con Funciones de Conocimiento de esa ciudad,  en  contra  de  su  prohijada  y  ÁNGEL OCTAVIO POSADA CHAVARRÍA, JULIO CÉSAR  ARANGO  ECHEVERRY,  SALVADOR  PULIDO  CORTÉS,  FABIO ANTONIO JARAMILLO ZAPATA y  ÓSCAR IVÁN LONDOÑO GALVIS.   

A  los  cuatro  primeros  mencionados,  vale  aclarar,  se  les vinculó por los delitos de homicidio agravado, concierto para  delinquir  agravado  y  porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa personal, en  tanto  que,  a  los  dos  últimos,  por  la  conducta punible de concierto para  delinquir agravado.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en  el  fallo  de  primera  instancia, de la siguiente manera:   

“Se  conoció  que  aproximadamente a las  09:30  horas  del  22  de  enero de 2006, en la calle 6 frente a la nomenclatura  5-02  del  perímetro  urbano  del  municipio de Alcalá fue asesinado el señor  WILLIAN  DE  JESÚS  GRAJALES  ROJAS,  líder  cívico y político, quien había  desempeñado  varios  cargos en la administración pública. Persona a la que le  propinaron  cuatro  impactos  con  arma de fuego. Se estableció que el anterior  crimen  fue  cometido,  por  un  grupo armado ilegal auspiciado por las AUC y el  narcotráfico.  Homicidio  por  el cual se vinculó a GINA ESCOBAR LÓPEZ, en su  condición  de  determinadora  de  dicho  homicidio y a SALVADOR PULIDO CORTÉS,  FABIO  ANTONIO JARAMILLO ZAPATA, ÁNGEL OCTAVIO POSADA CHAVARRÍA y JULIO CÉSAR  ARANGO  ECHEVERRY en calidad de coautores de tal homicidio. Mientras que a OSCAR  IVÁN  LONDOÑO,  se  le vinculó por concierto para delinquir agravado. Dijo la  Fiscalía  que  todos  los antes mencionados hacían parte de dicho grupo armado  ilegal”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  el auto del 30 de septiembre de 2009  (Radicado  32.727), en el cual se declaró fundado el impedimento presentado por  el  Magistrado  Luis  Alberto  Peralta  Rojas,  integrante  de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Buga,  la  Corte  sintetizó el decurso procesal de esta  forma:   

“El  día  9  de  noviembre  de 2006, fue  repartido  el  escrito de acusación presentado por la Fiscalía 41 de la Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  y  Derecho  Internacional  Humanitario de Cali.  Consecuentemente,  el  día  15 de diciembre de 2006, ante el Juez Tercero Penal  del  Circuito  Especializado  de  Buga,  Doctor  Carlos  Alberto Cruz Moreno, se  llevó a cabo la audiencia de formulación de acusación.   

La  audiencia  preparatoria  se realizó en  tres sesiones, los días 19 de enero, 9 y 21 de febrero de 2007.   

La  audiencia de juicio oral comenzó el 12  de  marzo  de  2007, con la dirección del Doctor Carlos Alberto Cruz Moreno, en  calidad  de  titular  del  despacho.  Después  se realizaron varias sesiones de  audiencia  en  las  cuales se evacuó la mayor parte de la prueba solicitada por  la Fiscalía.   

Sin que culminara la diligencia, ya que aún  faltaban  varias pruebas por practicar de la Fiscalía y la totalidad del acopio  suasorio  reclamado  por  la  defensa,  el titular del despacho fue removido del  cargo,  una  vez culminada la licencia por él solicitada para desempeñarlo (el  profesional  del  derecho  poseía  la  propiedad en un Juzgado de Ejecución de  Penas).   

En  su  reemplazo  se designó a la Doctora  María Eugenia Correa Restrepo.   

Empero, el día 21 de diciembre de 2007, la  Doctora  Correa  Restrepo,  manifestó  su impedimento para conocer del restante  trámite  del  asunto,  aduciendo  que  se  desempeñó como Jueza de Control de  Garantías    en    una   de   las   audiencias   preliminares   que   el   caso  ameritó.   

De   esa   manifestación   conoció   la  correspondiente  Sala  de Decisión Penal del Tribunal de Buga, organismo que en  decisión  del  18  de enero de 2008, aceptó el impedimento de la funcionaria y  ordenó  que  el  proceso  se  repartiera  a  otro  de  igual  categoría y sede  territorial.   

El asunto le fue repartido, por ocasión de  lo  anotado,  al  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Buga, en  cabeza  del  Doctor Mariano Zapata Esquivel, quien continuó con las diligencias  y  practicó  las  pruebas  restantes  de  la fiscalía y las solicitadas por la  defensa,  hasta  que el 24 de febrero de 2009, a la culminación de la audiencia  de  juicio  oral,  anunció  el  sentido  del fallo mixto, condenatorio por unas  conductas y absolutorio respecto de otras.   

El  23  de  junio  de  2009,  después  de  realizado  el  incidente  de  reparación  integral,  se  emitió formalmente la  sentencia,  que  allí  mismo  fue  apelada  por  la  Fiscalía  y  los abogados  defensores.   

El día 2 de julio de 2009, el asunto le fue  repartido,  como  Magistrada  Ponente  para  desatar la apelación, a la Doctora  Martha  Liliana Bertín Gallego, quien fijó fecha para la realización  de  la audiencia de argumentación oral.   

No obstante, previo a la realización de esa  audiencia  allegó  el  Magistrado  Luis Alberto Peralta Rojas, un escrito en el  cual  advierte  hallarse  impedido  para  conformar  la  correspondiente Sala de  Decisión”.   

2.  Aceptado,  por  la Corte, el impedimento  presentado  por el doctor Peralta Rojas, la funcionaria ponente integró la Sala  con   el   Magistrado   José   Jaime  Valencia  Castro,  el  9  de  octubre  de  2009.   

3.  Realizada  la audiencia de sustentación  oral,  el  defensor  de  la  procesada  GINA  ESCOBAR  LÓPEZ, mediante memorial  allegado  el  22  de  enero  de  2010,  solicitó que los Magistrados revisores,  doctores   Héctor  Hugo  Torres  Vargas  y  José  Jaime  Valencia  Castro,  se  declarasen  impedidos  para  seguir conociendo del proceso, con fundamento en la  causal sexta del artículo 56 del Código de Procedimiento Penal.   

Al efecto, argumentó que dichos funcionarios  tomaron  parte  activa  en  la  decisión  de  segunda  instancia,  de carácter  condenatorio,  que  se  adoptó  “dentro del evento  judicial  radicado  bajo idéntico número, en cuya investigación y juzgamiento  existió  comunidad  de  hechos  y  de  pruebas (conexidad) frente a la presente  acción  penal,  donde  aparece  juzgada  la  Doctora  CAROLINA  CARRASQUILLA  y  OTRO”.   

Los   Magistrados   recusados,  agrega  el  libelista,     “ya     evaluaron    el    acopio  probatorio”,  lo  cual  equivale  a una “típica    intervención    o    participación    dentro    del  proceso”, suficiente para afectar su imparcialidad y  estructurar la causal invocada.   

4.  Los  funcionarios  recusados  emitieron  pronunciamiento  el  25  de  enero  siguiente,  en  el  que  se apartaron de las  consideraciones del defensor recusante.   

En   efecto,   luego   de   resumir   los  planteamientos  del  memorialista,  aludir a la naturaleza de los impedimentos y  citar  providencias  de la Sala sobre el tópico, concluyeron que ninguna causal  de  impedimento  se configura en el presente asunto, como quiera que no tuvieron  participación  en  la  sentencia  de  primer  grado  a revisar, pues, su única  intervención  en  el  proceso  se  limitó  a  la  asistencia a la audiencia de  argumentación   del  recurso  de  apelación  contra  dicho  fallo,     “cuyo     proyecto    no    ha    sido    presentado    para  estudio”.   

Admiten,  a  renglón  seguido,  que en Sala  anterior  confirmaron  la  sentencia condenatoria dictada contra Martha Carolina  Carrasquilla  y  Wilmer  Loaiza  López,  por  los  ilícitos  de concierto para  delinquir     agravado     y    desplazamiento    forzado,    en    “donde    algunos    de   los   testigos   de   cargo   son   los  mismos”,  pero  aclaran  que  fue en el curso de ese  proceso  en  el  que  se  analizaron  la  pruebas,  y no en el adelantado contra  ESCOBAR  LÓPEZ  y  otros,  lo  cual,  estiman,  no  implica que su “imparcialidad,    objetividad   e   independencia” estén comprometidas.   

Incluso, añaden, la Sala Penal del Tribunal  Superior    de    Buga    desestimó    la    declaración    de    “incompatibilidad”  que  expresó  el  juez  de  conocimiento,  quien la fundamentó en los mismos argumentos que ahora  trae a colación el libelista, los cuales, se itera, no comparten.   

Como  soporte a sus asertos, aportaron copia  de la providencia condenatoria en comento.   

5.  Por  lo  anterior, la Magistrada Ponente  emitió  auto  el  27  de enero último, en el cual ordenó remitir el proceso a  esta Corporación, para los fines de rigor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De acuerdo a lo establecido en los artículos  57,  60  y  341  de  la  Ley  906  de 2004, a la Sala le asiste atribución para  pronunciarse  sobre  la recusación propuesta dentro de una actuación que se ha  venido   rigiendo   por  los  lineamientos  del  sistema  penal  acusatorio,  en  tratándose  de la solicitud que eleva uno de los defensores, respecto de dos de  los  integrantes  de la respectiva Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior  de  Buga  (Valle del Cauca), para que se les separe del conocimiento del asunto,  encontrándose  el mismo en el trámite de apelación de la sentencia de primera  instancia.   

Respecto   de   lo   que   es  materia  de  controversia,  la  Sala  en diversas oportunidades ha expresado que el instituto  de  los  impedimentos  y las recusaciones tiene una clara fuente constitucional,  pues,  de  un  lado,  el  artículo  228  de  la  Carta Política dispone que la  administración  de  justicia  es  función  pública  y  que sus decisiones son  independientes,  y,  de  otro,  el  artículo  230 de la misma prevé que en sus  providencias   los   jueces   sólo   están   sometidos   al   imperio   de  la  ley.   

En    desarrollo    del    principio   de   imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales, la legislación procesal ha previsto una  serie  de  causales  de  orden  objetivo y subjetivo por virtud de las cuales el  juez   debe  declararse  impedido  para  decidir,  garantizando  a  las  partes,  terceros,  demás  intervinientes  e  incluso  a  la  comunidad  en  general, la  transparencia   y   rigor   que   deben   presidir   la   tarea  de  administrar  justicia.   

Empero,  como  a  los  jueces  no  les está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras  las  circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por     un    tribunal    imparcial1.   

Son,  estos,  los  parámetros  que  han de  gobernar  el examen de lo postulado por el libelista y  los   funcionarios   adscritos   al   Tribunal   de  Buga,   conforme  los  hechos  que  sustentan  la  solicitud de recusación del  primero   y  la  causal  que  aduce  para  que  los segundos se separen         del        conocimiento del asunto.   

En  efecto, de acuerdo con lo sostenido por  el  defensor,  se  configura  la  causal  6°  del  artículo  56 del Código de  Procedimiento   Penal,   por   cuanto   los   Magistrados  recusados     “ya    evaluaron    el    acopio  probatorio”,  lo  cual  equivale  a una “típica    intervención    o    participación    dentro    del  proceso”, suficiente para afectar su imparcialidad y  estructurar la causal invocada.   

Como puede apreciarse, el memorialista invoca  el   numeral   6°   del  artículo  56  citado  que  consagra  como  causal  de  impedimento   

“Que  el  funcionario  haya  dictado  la  providencia  de  cuya  revisión  se  trata, o hubiere  participado  dentro  del  proceso,  o  sea cónyuge o  compañero  o  compañera  permanente  o  pariente  dentro  del  cuarto grado de  consanguinidad  o  civil,  o  segundo de afinidad, del funcionario que dictó la  providencia a revisar” (se resalta).   

Pero  desarrolla su argumentación con apoyo  en   la   causal   4ª  del  mismo  precepto,  la  cual  contempla  como  motivo  impediente   

“Que  el  funcionario  judicial haya sido  apoderado   o  defensor  de  alguna  de  las  partes,  o  sea  o  haya sido  contraparte  de  cualquiera  de  ellos,  o  haya dado  consejo    o   manifestado   su   opinión   sobre   el   asunto   materia   del  proceso”  (se resalta).   

Sin  embargo,  al  margen de la desacertada  argumentación  de  la  defensa,  es  lo cierto que de  entrada    se    observa    cómo    las    razones  expuestas para sustentar la necesidad de que    los    funcionarios    judiciales   se   aparten  del  conocimiento  del  asunto,  ninguna relación guarda con los  hechos  que  soportan  esa manifestación, en tanto, si de lo que se trata es de  relacionar    que   en  otra     providencia  diferente se analizaron los  mismos   elementos   de   juicio  y  se  determinó  la  responsabilidad  penal  de  dos procesados,  es  claro  que  lo realizado por los  funcionarios  se  limita  al  estricto  cumplimiento de sus funciones, en cuanto  encargados  de  verificar  en segunda instancia la justeza de lo decidido por el  A quo.   

De  ninguna  manera  esa decisión judicial  puede    siquiera    por    analogía    definirse    como    una   “participación     dentro     del  proceso”,  para  aludir  a  la  terminología de la  causal  invocada,  como tampoco de una “opinión”      o      “consejo”,   para   utilizar   los  términos      consignados      en      la      causal      4°     desarrollada.   

Entonces,  ninguna  de  las  dos  causales  referidas,  la  invocada  directamente  por  el memorialista y la lacónicamente  argumentada, se estructura en el evento del rubro.   

La  decisión  de  confirmar  una sentencia  condenatoria,  como  se desprende de los antecedentes del caso y de los alegatos  de  recusante  y  recusados,  fue emitida en el curso de un proceso diferente al  presente,   en   el   que   se  juzga  el  múltiple  comportamiento  delictivo que se imputa a GINA ESCOBAR  LÓPEZ y otros.   

Lo que allí se determinó, lo hicieron los  Magistrados,  como  se dijo antes, en estricto cumplimiento de sus funciones, en  cuanto   encargados   de   revisar   en   segunda   instancia   lo  decidido     por    el    juzgado    de    conocimiento,    analizaron    los    elementos  de  juicio  allegados  a  ese  proceso,  a  partir  de  los cuales determinaron la responsabilidad penal de los  procesados,   ninguno   de  los  cuales  ostenta  esa  calidad  en  el  presente  juicio.   

Dicho   análisis,  además  de  que  fue  realizado  en  un proceso diferente, tampoco puede considerarse como  opinión  o consejo previos,      lo      cual     necesariamente  remite a un tipo de actuación extraprocesal, ajeno  al  estricto  cumplimiento  de la labor de administrar  justicia  deferido  a  los  jueces  por  razón de su  cargo,  pues,  si  lo  manifestado  se  consigna  formal  y materialmente en una  decisión,  ello  supera con mucho esa informalidad a la que remite la causal en  cita  y  cuyo fin es precisamente evitar que lo expresado por fuera del proceso,  sea  reiterado en este, poniendo en entredicho la seriedad e imparcialidad   de quien así ha actuado.   

Sobre  el  tópico,  la Sala ha considerado  que   

“…[n]o toda opinión emitida por el juez  sobre  el  objeto  del  proceso  da lugar a la declaratoria de impedimento, sino  sólo   aquélla   que   se  produce  extraprocesalmente  puede  conducir  a  la  separación  del  asunto.  Además,  la  opinión  con  poder suficiente para la  separación  del  conocimiento  del  proceso,  debe ser de fondo, sustancial, es  decir,  que  vincule  al  funcionario  judicial  con  el  asunto  sometido  a su  consideración   al   punto   que  le  impida  actuar  con  la  imparcialidad  y  ponderación  que  de  él  espera el conglomerado social, y particularmente los  sujetos procesales que intervienen en la actuación.   

Pero   no   se   trata   de   cualquier  pronunciamiento  u  opinión  abstracta  y  general, en tanto que la que resulta  impediente  debe  tener  estrecha  relación con el asunto que ha de resolver el  funcionario,  como  reiteradamente lo ha señalado la jurisprudencia de la Sala,  a  la  cual  acudieron  los integrantes del Tribunal Superior de Valledupar para  inadmitir el impedimento,   

“no  toda  opinión  o  concepto sobre el  objeto  del  proceso  origina causal impediente, pues la que adquiere relevancia  jurídica  en  esta materia es la emitida por fuera del proceso y de tal entidad  y  naturaleza  que  vincule al funcionario sobre el aspecto que ha de ser objeto  de decisión…”,   

tema sobre el cual agregó:  

“Además  ese  concepto extraprocesal del  que  se  exige  identidad  absoluta  sobre  el  objeto  del  conocimiento,  debe  presuponer   un   razonamiento   con   entidad   suficiente  para  sustentar  la  manifestación  de  impedimento, esto es, que traduzca una motivación profunda,  un  compromiso  intelectual  que  lo  vincule  a  los  hechos que son materia de  juzgamiento   o,   como   lo  ha  señalado  recientemente  la  Sala,  debe  ser  ‘sustancial, vinculante,  de  fondo,  que  constituya  una  barrera  que cerca el juicio del juzgador y le  impide     actuar    con    libertad’    (Auto   de   julio   19/2000)”2.   

No    se    materializan,  entonces,  en el asunto examinado,  las  causales        de        recusación     aducidas   respecto  de  los  Magistrados  de  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Buga,  para separarse del conocimiento  del asunto ahora sometido a su consideración en segunda instancia.   

Y,  como  las  causales  de  impedimento  y    recusación   se  advierten  expresas, en cuanto excepción a la competencia legalmente deferida a  los  funcionarios,  motivo  suficiente  para  que  no  quepan analogías o interpretaciones subjetivas, debe  concluirse    carente    de    asidero   legal   la  manifestación    del  defensor de GINA ESCOBAR LÓPEZ.   

Pero,  si  se  dijera que por fuera de la  taxatividad  legal,  pueden  existir factores materiales que en un caso concreto  conduzcan  a  significar periclitante la independencia o imparcialidad del juez,  así  ello  no  se  compadezca  con las causales definidas en el texto legal, es  menester  advertir  que  tampoco  en  los  hechos  puestos  de  presente  por el  libelista  en  el escrito ahora examinado, se advierte la existencia de un dicho  compromiso de la justicia.   

En efecto, se aduce que en el otro proceso  fue   analizada  la  que,  en  este,  es  prueba  de  cargo.   

Sucede,  sin  embargo,  que  los procesos  seguidos  contra  Martha  Carrasquilla  y  otro,  y GINA ESCOBAR LÓPEZ y otros,  operaron independientes.   

Además,   dentro  de  la  sistemática  acusatoria  que gobernó ambos procesos en primera instancia, independientemente  de  los  informes  o entrevistas previamente recabados por la Fiscalía, solo es  posible,  para  hacer actuantes los principios de inmediación y concentración,  tomar  en  cuenta  para la emisión del correspondiente fallo, el testimonio que  directamente   entrega   el   testigo  en  la  respectiva  audiencia  de  juicio  oral.   

Por  ello,  no es posible hablar ahora de  prueba  trasladada  ni  hacer  producir  efectos  suasorios válidos a lo que el  declarante  mencionó  en  otra  oportunidad  o ante diferente estrado judicial,  respecto  de su conocimiento directo, simplemente porque ello entraña prueba de  referencia     no     admisible    –desde  luego,  partiendo de la base de que no se cumple ninguna de  las  exigencias que la hace admisible, aunque, si se trata de prueba única, con  ella  no  puede emitirse sentencia de condena, dada la tarifa legal negativa que  al  efecto  consagra  el artículo el inciso segundo del artículo 381 de la Ley  906 de 2004-.   

Busca  la  entronización  profunda  del  principio  de  inmediación,  que la decisión de los funcionarios venga mediada  exclusivamente  por  la  percepción  que esa declaración, para lo que ahora se  estudia,  produjo  en ellos, de conformidad con la credibilidad del testigo y lo  que   este   afirmó   en  ese  momento  concreto  de  la  audiencia  de  juicio  oral.   

Entonces,  independientemente  de  que en  otro  momento  procesal  similar, el declarante se hubiese manifestado sobre los  mismos  hechos,  es lo cierto que ello ninguna influencia debe tener respecto de  su  ulterior  deponencia  en  asunto diferente, pues, se reitera, no son iguales  los  factores  que  gobiernan  ambas  evaluaciones,  aunque,  desde luego, si el  testigo  es  creíble  y  narra  aspectos  trascendentes  de responsabilidad, lo  lógico   y   deseable   es   que   en   ambos   procesos   el   resultado   sea  similar.   

Para el caso analizado, el memorialista ni  siquiera    indica   cuál   es   esa   prueba   de  cargo   –testimonios-    que   habiendo   sido  analizada     en     el     otro     proceso,     habrá    de    ser  estudiada en el presente  asunto.  De todos modos, tratándose  de  dos  diferentes trámites y, además, de distintos acusados, está claro que  las  incidencias  probatorias  no  son  exactamente  iguales,  y  ni siquiera es  posible   afirmar  que  lo  manifestado  por  “los  testigos  de  cargo”,  operó  igual  en todas sus  aristas,  o  que el comportamiento durante el interrogatorio no varió, o que el  contrainterrogatorio  se  realizó en los mismos términos, o en fin, que lo uno  es  calco  de lo otro y no amerita de nueva evaluación o tampoco comporta otras  aristas menesterosas de consideración.   

Incluso,  para  ser  exhaustivos,  si  el  análisis  reclamado  de  la  segunda  instancia  implica  no  solo verificar el  contenido  y  alcance  de  las  pruebas,  sino  responder  adecuadamente  a  los  argumentos  de  las  partes,  tampoco  es  dable  señalar  que  en este caso lo  discutido   por   la   defensa,   así   busque   desvirtuarse  la  credibilidad  de    los  dichos  de   los   testigos  de  cargo,  se  funde en los mismos supuestos fácticos,  jurídicos y probatorios de aquella ya resuelta por el Tribunal.   

En reciente pronunciamiento, dijo la Corte  sobre        el        tópico       debatido3:   

“Precisamente,  en punto del impedimento  manifestado  por  el  juez,  no  puede  pasar  por  alto la Corte, dentro de las  funciones  pedagógicas  que  le  competen,    cómo el funcionario no  sólo  reitera una cuestión que ya había sido planteada y resuelta previamente  por  el  Tribunal,  sin que los hechos que dieron lugar al pronunciamiento hayan  cambiado  al presente, sino que lo hace a través de manifestaciones genéricas,  obviando  definir  concretamente  por qué en cabeza suya se cubre alguna de las  causales taxativamente enunciadas en el artículo 56 del C. de P.P.   

No  es,  debe  relevarse,  a  través  de  enunciados  abstractos,  de  ninguna  manera  consagrados  en la ley como causal  específica  de  impedimento,  que  la cuestión puede ser planteada y resuelta,  dado  que,  en  ausencia  de  esa  expresa  delimitación  legal, corresponde al  funcionario,  en  sede  de  impedimento,  o  a  las partes, si de recusación se  trata,  establecer  cuáles  son  las circunstancias específicas que determinan  afectado  el  principio  de  imparcialidad  y  cómo  ello  incide  en  el  caso  concreto.   

Porque,  es  preciso anotarlo, si se trata  apenas  de  significar que la causal se deriva inferida de que el Juez Penal del  Circuito  Especializado,  previo al adelantamiento de la actuación que ocupa la  atención    de   la   Sala,   emitió   sentencia   de   condena   –por  las  vías  extraordinaria,  del  allanamiento  a  cargos, y ordinaria-, en contra de otros de los involucrados en  los  hechos, ello por sí mismo no puede conducir, sin referente individual a un  tipo  de actuación precisa y a un compromiso concreto con la imparcialidad o el  adelantamiento   de  una  opinión  o  concepto,  a  significar  automática  la  existencia  de  una  circunstancia  de  separación del conocimiento del proceso  que,   se   repite,   ni   siquiera   aparece   taxativamente  enunciada  en  la  ley.   

Debe  recordarse,  además,  que  sobre el  tópico  específico  de  la  actuación  del  juez  de conocimiento en sede del  trámite  dispuesto  en  la  Ley 906 de 2004, respecto de eventualidades como la  tratada,  ya la Corte se pronunció, en decisión de la cual se resalta su plena  vigencia,       del       siguiente      tenor4:   

“Frente    al   nuevo   modelo   de  enjuiciamiento,  tales  exigencias  decantadas  por  la  jurisprudencia  para la  configuración  del  aludido  motivo  de  impedimento,  conservan  su  alcance y  validez,  ya  que  en  el  juicio,  oral,  público y concentrado los hechos son  llevados  al  conocimiento  del  juez  por  las  partes (acusador – imputado), a  través  de  los medios de prueba previamente descubiertos y aceptados, y por lo  tanto  es el juicio el escenario en el que  las partes ejercen su derecho a  controvertir   y  participar  en  formación  de  las  pruebas,  teniéndose  en  consecuencia  por  pruebas  en  las  que  se  basará  la  sentencia únicamente  aquellas  producidas  o  incorporadas  en  forma  oral,  concentrada  y sujeta a  contradicción  ante  el  juez  de  conocimiento  (sólo excepcionalmente en los  específicos  casos  señalados  por  la  ley son válidas las recogidas ante el  juez  de  control de garantías), razones por las que resulta menos probable que  el  juzgador  se  vea  afectado  por  preconceptos  que  puedan afectar su recto  criterio en la decisión de un caso.   

“La  consagración del específico  motivo  de  impedimento  invocado  por  la Sala del Tribunal, es conteste con la  política  legislativa, evidente tanto en anteriores (Decreto 2700 de 1991) como  en  los  coexistentes  ordenamientos de procedimiento penal (Leyes 600 de 2000 y  906  de  2004),  de  evitar  a  toda  costa  que  el funcionario judicial que ha  prefijado  conceptos, o proferido decisiones dentro de un determinado asunto, no  deba  resolverlo, ni revisarlas, con el fin de garantizar la total imparcialidad  de  la decisión, voluntad que se revela manifiesta en la causal que se estudia,  así  como  en  la  sexta  (haber  dictado  la  providencia de cuya revisión se  trata),  la  catorce (que el juez haya negado la solicitud de preclusión y deba  conocer  del asunto en el juicio) y la especial del artículo 97 (haber suscrito  la decisión objeto de la acción de revisión), entre otras.   

(…..)  

“No  encuentra  la  Corte  que  la  valoración  de  los  específicos  medios  de prueba, que es en lo que cifra la  sala  del  tribunal  su  temor  de  parcialidad,  consignada  en la sentencia de  segunda  instancia  emitida  en  contra  de  Cáceres  Cáceres,  constituya  un  prejuzgamiento  anticipado  acerca  de  la responsabilidad de Solano Benavides y  Manrique  Bernal,  que sería lo que en verdad y en estricto rigor configuraría  la  causal  inhibitoria invocada, por cuanto esa estimación no sólo se produjo  dentro  de  los  marcos  de competencia que la oportunidad procesal le ofrecía,  sino   referida   a  un  conjunto  probatorio  cuya  formación,  producción  e  incorporación   en   el   juicio  estuvo  regentada  por  unas  condiciones  de  inmediación,  concentración  y  controversia  sustancialmente  distintas a las  verificadas   en   el   caso   de   los    otros  procesados”.   

Suficiente, lo transcrito en precedencia,  para  fijar el sentido que para la Corte tiene hoy la  manifestación     de    impedimentos     y     recusaciones, su naturaleza y forma de demostración.   

A  la  par, esos hechos analizados por la  Sala  en  la  sentencia  traída  a  colación,  permiten  advertir, sin mayores  preámbulos,  que  en  los  magistrados  de  la  Sala  de Decisión del  Tribunal  Superior  de Buga, no se  configura  ninguna  de las causales de impedimento consagradas en la ley, razón  por  la  cual  se declarará infundada la recusación  promovida  la defensa de  uno   de   los   acusados.   Vale   decir,   están  revestidos,        los       funcionarios  recusados,   de   plena  competencia     para     abordar     el   análisis   del   asunto   que   en  segunda  instancia,  por  impugnación   del   fallo   proferido   por   el  A  quo, ha llegado a sus manos.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

DECLARAR INFUNDADA  la  recusación  promovida  por  el defensor de GINA ESCOBAR LÓPEZ, respecto de  los  doctores  Héctor  Hugo  Torres  Vargas  y  José  Jaime  Valencia  Castro,  Magistrados  del  Tribunal  Superior de Buga (Valle del Cauca), conforme con las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Auto  de  19  de  octubre de 2006, Rad. 26.246, entre  otros.   

2 Auto  del 19 de diciembre de 2000, Radicado 17.844.   

3  Auto del 9 de mayo de 2007, radicado 27.308   

4 Auto  del 7 de marzo de 2007, Radicado 26.853.     

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