33420(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33420  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 152  

Bogotá,  D.  C.,  doce (12) de mayo de  dos mil diez (2010).   

VISTOS:  

Se procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado Nelson  Farley  Cuervo  Murillo,  contra  la  sentencia  del  Tribunal  de Antioquia que  confirmó  la proferida por el Juzgado 2 Penal del Circuito Especializado de ese  departamento,  mediante  el cual se le condenó por los delitos de desaparición  forzada y secuestro simple.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.- Los primeros fueron tratados en el fallo  impugnado de la siguiente manera:   

El lunes catorce (14) de mayo de 2007, siendo  las  5:20  de  la  tarde  se  encontraba en su residencia ubicada en la calle de  Guamos  21  No  8-20  del  Municipio  de San Carlos (Antioquia), el joven Carlos  Edilio  García  Puerta,  cuando  llegó a su residencia un muchacho a quien él  llama  Andrés,  quien  es  reinsertado  y  a  la  cual  conoce  por el alias de  “muelas”  y  le  dijo  que  lo  acompañara al  sector  de  la Natalia. Como éste lo conoce desde niño no presintió nada malo  y  se  dirigieron  a  ese  lugar  en  sendas bicicletas, de manera que cuando se  encontraban     por     la     parte     conocida    como    los    “Charcos”  salió  del  monte un hombre con una  pistola  apuntándole  y  lo  hizo  tirar  al  piso  boca abajo, y en asocio con  “muelas”  procedieron  a  amarrarlo  de pies y  manos,  mientras  le anunciaban que el “patrón” iba a  hablar   con   él,   explicándole   que   aquél   se   llamaba   “Zaragoza”.  De manera subsiguiente el sujeto le  entrega     la     pistola     a    “muelas”, y se  viene      a     buscar     al     “patrón”, para  llegar  momentos después con otro sujeto, quien no era el supuesto “patrón”  que  habían anunciado, pero a quien  Carlos  Edilio  García  Puerta  distinguía,  ya que lo había visto el sábado  anterior    en    compañía    de   “muelas”. Justo  en  ese  momento pasaba por el lugar el señor Carlos Enod Montoya Giraldo quien  venía   de   trabajar   en   su   finca   a   quien   interceptó  “muelas” y lo cogió y lo amarró, no obstante  que  el  señor  les decía que él vivía en esa población y que iba todos los  días  a  trabajar a su finca y que era conocido por todo el pueblo, por lo cual  pedía   que   lo   soltaran,   pero  “muelas”  le  replicó  que  él  era  muy  de  malas pasar en ese momento por allá. Segundos  después  llega  el  sujeto  que  se  había  marchado  a  buscar el patrón, en  compañía  de  otro, informando que éste no había podido ir y que por tanto a  los      retenidos     los     tenía     que     llevar     al     “popo”  por  lo cual procedieron a soltar de  los  pies a Carlos Edilio García Puerta para que caminara, pero lo amarraron al  lazo  que  prensaba  a  la  otra  persona  inmovilizada  y no obstante continuar  amarrado  de  las  manos, en un momento determinado cuando iban por el puente de  la   “Natalia”  se  logró  liberar  del lazo que lo  ataba           al           “viejito”  y  escapar  corriendo,  llegando  hasta su casa donde su padre lo desató, mientras  le  anunciaba  que lo habían retenido para matarlo. De conformidad con denuncia  formulada  por la señora Luz Marina Montoya Giraldo en la Fiscalía 40 Local de  San  Carlos,  su  hermano  Carlos Enod Montoya Giraldo no ha regresado desde esa  fecha  desconociendo  su  paradero  en la actualidad. Ante ese mismo despacho el  señor  Carlos  Edilio  García  Puerta  denunció la conducta punible de la que  fuera   víctima,  siendo  testigo  presencial  además  de  la  retención  del  ciudadano  Carlos  Enod  Montoya  Giraldo, por cuya razón se unificaron las dos  investigaciones, originadas en las respectivas denuncias.   

2.-  El  28  de  julio de 2007 en el Juzgado  Primero   Promiscuo   Municipal  de  El  Peñol  con  funciones  de  control  de  garantías,  se  llevó  a  cabo  la  diligencia  de  legalización  de captura,  formulación  de  la  imputación,  y  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en detención preventiva por los delitos de desaparición forzada y  secuestro simple.   

3.- El 28 de febrero de 2008 ante el Juzgado  Segundo   Penal   del   Circuito  de  Antioquia  se  realizó  la  audiencia  de  formulación   de  acusación  por  las  conductas  punibles  atribuidas  en  la  definición de situación jurídica.   

4.-  Realizado el juicio oral el 22 de abril  de  2009,  ese  despacho  condenó a Nelson Farley Cuervo Murillo a las penas de  treinta  y  dos (32) años de prisión, multa de mil novecientos (1900) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por veinte (20) años como autor de los delitos  por los que se le convocó a juicio oral.   

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5.-  La  anterior  decisión  fue apelada el  defensor  de  Cuervo  Murillo  y  el  18  de  septiembre  de 2009 el Tribunal de  Antioquia  la  confirmó,  providencia  que  ahora  es  objeto  del  recurso  de  casación   

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LA DEMANDA:  

1.-  En  el  cargo  primero     al    amparo    de    la    “causal       primera”  del  artículo  181  de  la  ley 906  acusó   al   ad  quem  de  incurrir  en  error  de  hecho  derivado  de  falso  juicio  de  identidad,  por  desconocer el postulado de inmediación del artículo 379 ejusdem.   

Adujo   que   el   Tribunal   “tomó”  las  declaraciones  de Carlos Edilio  García  Puerta,  Ramón  Alberto  Montoya  Giraldo  y Héctor Luis Taborda como  fundamento  de  la  coautoría  impropia en la comisión del concurso de delitos  atribuidos   al   procesado,   cuando  aquellas  demuestran  la  existencia  del  secuestro,  mas  no  revelan la estructura típica, antijurídica y culpable del  delito de desaparición forzada.   

De otra parte, manifestó que se “tomó”  la  sentencia C-317 del 2 de mayo de  2007           como           “prueba”  del  punible    en    cita,   la   cual   “no  fue  sometida  a controversia en el juicio oral ni fue propuesta  por      la      Fiscalía      en      la      etapa     probatoria”.   

1.1.-  En  lo  que  corresponde a los falsos  juicios    de    identidad   denunciados,   manifestó   que   el   ad         quem        “recogió   del   proceso”  sin  que  sean medios de convicción  producidos   en   el   juicio  oral,  “anotaciones   y   asertos”  dejados  por  algunos  de  los  intervinientes  en las diligencias  sumarias.   

Expresó   que  el  Tribunal  “especuló”  con  el  argumento  de  que  Cuervo  Murillo  “al  regresar de  donde  dejó  a  Carlos  Edilio García Puerta, encontró amarrado a Carlos Enod  Montoya  Giraldo,  y  por ello, asumió como propios los actos de quien realizó  ese  comportamiento”, hasta  considerar  que  “no  dar  información     sobre     el     paradero     de     la    víctima”  era requisito suficiente para asumir  la  existencia  de esa conducta punible en los términos de la sentencia citada,  olvidando  que la jurisprudencia es criterio auxiliar de la actividad judicial y  apenas  constituye  doctrina  probable,  falencia que conllevó a distorsionar y  desfigurar      la      prueba     “recogida  en el juicio oral”    la    cual    dice   “otras  cosas”  que muestran la inocencia del acusado.   

De  otra  parte,  planteó  que  la  segunda  instancia  incurrió  en  error  al  dar  por  cumplido el requisito procesal de  “probar  la  teoría  del  caso” al considerar que el  procesado  tenía  la  obligación  de  informar  el  paradero del desaparecido,  cuando  para el evento la Fiscalía no demostró que Cuervo Murillo “supiese” donde está o estaba el desaparecido,  “deducción  externa a la  cual    no    era    dable    arribar”.  En  esa  medida,  considera  que  el  Tribunal  supuso los hechos  demostrativos   de   ese  comportamiento  incurriendo  en  un  falso  juicio  de  identidad.   

1.2.-  Expresó  que no es cierto que Cuervo  Murillo  hubiese  amarrado  a  las  víctimas, pues Carlos Edilio García Puerta  testigo  presencial  de  los  hechos  narró  en  el juicio oral que quienes los  “amarraron”   fueron   el   sujeto   denominado  “Muelas”  y  otro no identificado “que  llegó  con  quien  regresaba  su  defendido”   

Consideró    que    el    ad  quem se inventó lo relativo a que el  acusado    en    compañía    de    “otro”   se  “repartieron    las  funciones,  sirvieron  de  escolta a sus víctimas y tenían la misma intención  de     no     librar     a     Carlos     Enod    Montoya    Giraldo”,   incurriendo  en  un  “falso   juicio  de  identidad  de  su  raciocinio”.   

Adujo  que al no estar demostrada la teoría  del  caso  referida  a  la  coautoría  impropia  de la desaparición forzada se  configura  una  “creación  errónea       por       falso       juicio      de      convicción”     dadas     las     suposiciones  referidas.   

1.3.- En el aparte que intituló “afectación de los errores en el fallo  condenatorio”  manifestó  que  Carlos  Edilio García Puerta cuando se voló de sus secuestradores no dijo  nada  acerca  de  si  Nelson Farley Cuervo Murillo luego de su partida se quedó  vigilando  al  otro secuestrado y posterior desaparecido, por lo que infiere que  división  del  trabajo “de  pronto” si existió en los  secuestros,  pero no en la otra conducta punible derivada, y que para el caso la  sentencia       C-317       referida,      constituye      una      “prueba        ilegal”.   

Afirmó que debió aplicarse la duda a favor  del   acusado,  la  cual  surge  del  “haz  de  pruebas recaudadas”  pues  ninguna  de  ellas “habla     con    certeza”  del  comportamiento  punible  referido,  motivo  que  conducía  a  absolverlo.   

Manifestó  que  ese  delito  se  dio  por  demostrado  por  la  circunstancia  de que uno de los imputados se allanó a los  cargos,  y  ello  sirvió  para  deducirlo  de  manera  indiciaria lo cual no es  permitido.   

Refirió  que  el  procesado  “volvió  veinte  minutos  después  de  haberse  ido  al  lugar  donde  estaba amarrado Carlos Edilio García Puerta con  otra  persona”,  pero que  “esa  información”  no  indica  nada   “respecto  de  la  prueba     de    la    desaparición”  y  no  se  podía  deducir  por  indicios,  porque  este instituto  “ya  no hace parte de los  mecanismos       probatorios       del       sistema      acusatorio”.   

Adujo  que  se  consumó  un falso juicio de  convicción  cuando  se  dedujo  que  “las  conductas  fueron  compartidas  de  manera  voluntaria  por  el  procesado       para      conformar      un      cuadro      punible”,  y  todo  ello  derivó  en un falso  juicio de identidad.   

Por lo anterior, solicitó a la Sala casar de  manera  parcial  la  sentencia,  y  proferir la sustitutiva absolviendo a Nelson  Farley Cuervo Murillo del delito de desaparición forzada.   

2.-  En  el  cargo  segundo   acusó   al   ad  quem  de  incurrir  en  violación indirecta de la ley  sustancial   al   haber   otorgado   “alcance      probatorio”  a  una  jurisprudencia  “arrimada    al    proceso    que    no   fue   decretada”.   

Adujo que el Tribunal no podía “motu        propio”  recoger  la  prueba  dejada  en  la  sentencia  C-317  del “2 de  mayo  de  2007” de la Corte  Constitucional   en   la   que   se   trató  los  elementos  constitutivos  del  comportamiento  en  cita,  pues  aquella no fue practicada en el juicio oral, no  tiene    “tintes   de  legalidad”,  “ni  fue  solicitada en la audiencia de  formulación  de  cargos  por el Fiscal” y solo sirve como auxilio de la actividad judicial.   

Manifestó  que se incurrió en “error     de     hecho”,  y  que el Fiscal al aducirla debió  presentarla  en  “concurso  con      otras      dos      sentencias      del     mismo     tenor”,  lo  cual derivó en un falso juicio  de identidad.   

Expresó  que  la coautoría impropia es una  empresa  criminal  en  la  cual  hay  división  del  trabajo programado por los  autores   con  “derrotero  finalista”  y que con esa  decisión     no     se     demuestra     que    su    defendido    “esté   negando  el  hecho  ni  esté  omitiendo  dar  información  sobre  el  paradero  del  desaparecido”.   

Adujo       que       “la  muestra  jurisprudencial  es  una  clara     manifestación     de     las     pruebas     de    oficio”,  que  están  prohibidas  en  la ley  procesal.   

Por lo anterior, solicitó a la Sala casar la  sentencia  de manera parcial y proferir una de reemplazo en la que se revoque la  condena   impuesta   a   Cuervo   Murillo   por   el   delito  de  desaparición  forzada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.-  El  recurso extraordinario de casación  entendido  como  control  de  constitucionalidad  y  legalidad de las sentencias  proferidas  en  segundo  grado  se  halla  des-formalizado  en lo relativo a las  exigencias  rigurosas  de  debida técnica que en el pasado se demandaban, a las  que  ahora  no  se  les  debe otorgar tanta preponderancia pues ello implicaría  contrariar  el principio constitucional de prevalencia de lo sustancial sobre lo  formal.   

Pero    debe    resaltarse    que    la  des-formalización  no  convierte  a la casación penal en una tercera instancia  para  prolongar  en libre discurso los debates dados en las instancias sobre una  convergencia  de  errores  de  hecho  derivados  de  falso  juicio de identidad,  existencia   por  suposición,  raciocinio,  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción  y  legalidad  recayente  en  una  jurisprudencia,  como  fueron las  entremezclas  sin  coherencia  y  sin  medida a las que aludió el casacionista.   

En  esta  sede extraordinaria a efecto de la  prosperidad  de  los  cargos antes que exigencias formales de debida técnica lo  que  se  demandan  son  requerimientos lógicos, jurídicos y contundentes en la  finalidad   de   demostrar   con   efectiva   trascendencia  sustancial  que  la  declaración  de  justicia  objeto  de  impugnación,  la cual llega a esta sede  extraordinaria  amparada  por  el  principio  de  la  doble  unidad jurídica de  decisión,  se  fundó  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  manifiestos o se  profirió  al interior de un juicio viciado por irregularidades sustanciales que  afectaron  la  estructura  o  la  garantía  del debido proceso o del derecho de  defensa,  falencias  claramente  diferenciadas  en  sus alcances que reclaman el  correspondiente    control    legal    o   constitucional   y   los   necesarios  correctivos.   

2.-   En   lo   que   corresponde   a  los  requerimientos  de  coherencia  argumentativos y de conclusión que debe cumplir  la  demanda  con  la  que  se  sustenta  la  impugnación  extraordinaria, se ha  señalado  que si bien el nuevo estatuto procesal no enumeró de manera singular  las  exigencias  que debe cumplir la misma como en efecto y de manera puntual lo  hacía  el  anterior  artículo  212, habrá de observarse que de los artículos  183 y 184 de la Ley 906 de 2004 se derivan las siguientes:   

(i).-  Que  se  señalen de manera precisa y  concisa las causales invocadas.   

(ii).-  Que  se desarrollen los cargos, esto  es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación mínima.  Y,   

(iii).-  Que  se  demuestre  que el fallo es  necesario para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

Lo anterior porque de correspondencia con lo  establecido  en  el  184  inciso  2°,  no  será seleccionada la demanda que se  encuentre en cualquiera de los siguientes supuestos:   

(i).-  Si  el  demandante carece de interés  jurídico.   

(ii).-   Si   prescinde   de  señalar  la  causal.   

(iii).-  Si  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación, y   

(iv).-  Cuando  de  su  contexto se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

3.-  Las siguientes son las falencias que se  advierten   en   la   impugnación   presentada   por   el  defensor  de  Cuervo  Murillo:   

3.1.-   Tratándose  de  una  demanda  de  casación  presentada  contra una sentencia proferida que corresponda al sistema  acusatorio,  la  Sala  ha  precisado  que  el censor debe orientar lo acusado en  orden   a   demostrar   con  trascendencia  argumentativa  que  en  el  trámite  instrumental  o  en  el  fallo  de segundo grado se consolidaron afectaciones de  principios,  derechos  o  garantías  fundamentales  de  incidencia sustancial o  procesal,  para lo cual habrá de invocar la causal de que se trate para el caso  señalándola  de  manera  expresa e indicando las razones con las cuales estima  se  ha  materializado  la  modalidad  de  error  o  violación,  sin  olvidar de  referirse  así  sea  de  manera  abreviada  pero  puntual  cuál  de  los fines  consagrados  para  la  casación  en  los  términos  del  artículo 180 ejusdem  amerita   la   necesaria  intervención  de  la  Corte,  esto  es,  si  se  hace  indispensable  para  lograr  la  efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios inferidos  a ellos, o lo relativo a la unificación de la jurisprudencia.   

Como  la  casación  penal  es rogada y por  esencia   se   constituye   en   un   juicio  objetivo  y  lógico-jurídico  de  confrontación  con el que se pretende la ruptura sustancial total o aminorada o  la  invalidación  procesal que se eleva contra las sentencias objeto de control  de  constitucionalidad  y  legalidad,  resulta  de utilidad metodológica que el  impugnante  acoja  los lineamientos dados por la jurisprudencia de la Sala Penal  los  cuales  poseen  valor  normativo  en los términos de la Sentencia C-836 de  2001,  para  de  esa  forma  adentrarse  en  ésta  sede  extraordinaria  en  el  desarrollo  y  sustentación  de los diferentes motivos de casación consagrados  en   el   artículo  181  ibídem,  pautas  que  como  eslabones  armónicos  se  constituyen  en  un  conjunto  de  directrices  orientados  a  conseguir  que el  casacionista  argumente  los  objetos  de  censura  de acuerdo con unos dictados  mínimos  que  sean  lógicos  y  coherentes,  más  no  difusos  como  aquí ha  ocurrido.   

3.2.- Respecto de los fines de la casación  del  artículo  180  de la Ley 906 de 2004, el impugnante no dijo nada acerca de  si  la  demanda  estaba  orientada a lograr la efectividad del derecho material,  concreción  de  garantías fundamentales de Cuervo Murillo o la necesidad de la  unificación  de  la  jurisprudencia,  omisión que de por sí daría lugar a la  inadmisión de la misma.   

No obstante, en el desarrollo de los cargos  a  los que se dará respuesta conjunta por integrar cuestionamientos comunes, al  amparo   de   la  causal  primera  del  artículo  181  ejusdem  acusó  que  el  ad quem incurrió en errores  de  hecho  derivados de falso juicio de identidad, existencia por suposición de  medios   probatorios,   raciocinio,   error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción  y  legalidad  que  condujeron  a  condenar  a Cuervo Murillo por el  delito  de desaparición forzada sin existir la certeza para ello, de lo cual se  puede  inferir  de  manera tácita que el libelo se presentó en búsqueda de la  efectividad  del  derecho material, acusaciones que se inadmitirán pues lo así  censurado y ocurrido no constituyen ningún vicio sustancial.   

3.3.-  En  la  censura  extraordinaria  es  permitido  formular  cargos conforme a las distintas causales de casación, pero  atendiendo  a  la  precisión y claridad con la que se debe elaborar la demanda,  cuando  se  plantean  errores  de  hecho  o derecho en sus concretas modalidades  deberán  efectuarse  por separado sin que sea dable por virtud de la coherencia  argumentativa   entremezclar  al  interior  de  uno  de  aquellos  impugnaciones  enredadas  y  difusas  que correspondan a falsos juicio de identidad, existencia  por  suposición  probatoria,  falso  juicio  de  convicción  y legalidad, como  fueron   las   mixturas   apenas   enunciativas,  carentes  de  demostración  e  intrascendentes en un todo a las que aludió el censor.   

3.4.-  En  esa  medida, al adentrarse en la  impugnación  de  una  sentencia  por violación indirecta de la ley sustancial,  como  se  formulara  por  el  libelista,  constituye un desacierto con el que se  infringe     sin    medida    el    “postulado          de          no         contradicción” plantear con referencia a unos mismos  soportes  fácticos  la  convergencia  de  distorsiones  y  tergiversaciones por  agregados  y  cercenamientos  efectuados a ellos, y a su vez predicar que fueron  objeto  de  suposición por parte de los jueces, y que además sobre aquellos se  consolidaron falsos juicios de convicción.   

3.5.-  Las anteriores fusiones las efectuó  el  casacionista  en  discurso  libre  y  sin  medida al estilo de un alegato de  instancia  y  se  dedicó  a oponer sus personales apreciaciones a las plasmadas  por el Tribunal.   

3.6.-  Tan visibles son las falencias en la  demanda  que  lo conllevaron a plantear que la aplicación de la Sentencia C-317  del  2  de  mayo  de 2002 de la Corte Constitucional estaba viciada de legalidad  porque  no  había  sido objeto de descubrimiento probatorio, ni peticionada por  ninguno  de  los sujetos procesales, ni practicada y debatida en el juicio oral,  lo  cual  a  su  juicio era contrario al postulado de inmediación del artículo  379  de la ley 906 de 2004, inconsistencia suma que se advierte sin dificultad y  conlleva  a  la  inadmisión  de lo así censurado, pues el casacionista olvidó  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  como  de  la Corte Constitucional, no son simples criterios auxiliares  de  la actividad judicial, sino que por el contrario se integran al postulado de  imperio de la ley y  tienen fuerza vinculante.   

En  esa medida, equiparar los contenidos de  la  jurisprudencia  con  los  fácticos  propios  de  los medios de prueba es un  equívoco  mayúsculo,  y  máxime  cuando  de  manera  insistente  adujo que la  Sentencia  en  cita,  estaba  viciada  de  ilegalidad, porque no fue decretada y  practicada  al  interior  del  juicio  oral, argumento inane sobre el cual no ha  lugar    a    desarrollar    mayores    consideraciones    en    orden    a   su  desestimación   

   3.7.-  En  lo  que corresponde a la  impugnación  de  errores  de  hecho  derivados  de  falso  juicio de identidad,  enunció    que    el    ad    quem    “tomó”  las  declaraciones  de Carlos Edilio  García  Puerta,  Ramón  Alberto  Montoya  Giraldo  y Héctor Luis Taborda como  fundamento  de  la coautoría impropia atribuida a Cuervo Murillo en los delitos  de   secuestro  y  desaparición  forzada,  cuando  aquellas  no  evidencian  la  estructura  típica,  antijurídica y culpable de la última conducta punible en  cita,   y  que  “recogió  asertos   y  anotaciones”  dejadas   por  algunos  de  los  intervinientes  en  las  diligencias  sumarias,  planteamientos   que   se   quedaron   como   predicados  sin  demostración  ni  trascendencia alguna.   

El  error de hecho en la modalidad de falso  juicio  de  identidad,  cuya incursión de manera escasa enunció el demandante,  en  aras  de  proyectarse  como  un  juicio lógico-jurídico contundente con la  potencialidad  de  socavar en forma total o parcial lo sustancialmente decidido,  comporta unas pautas de forma y contenido a saber:   

(i).-  Exige  que  el  censor  señale  la  existencia   material   del  medio  de  prueba  de  que  se  trate,  sean  estos  individuales o plurales.   

(ii).-  Implica  que  el casacionista en el  libelo  se  detenga  en  objetivar  los  contenidos, es decir, en identificar de  manera  puntual  las expresiones referidas a los aspectos sustanciales objeto de  discusión  mediante  los cuales los juzgadores desfiguraron o distorsionaron el  cuerpo  o  identidad  íntegra  de la prueba, haciéndole decir lo que expresaba  por  agregados  o  impidiéndole  expresar lo que aquél en forma integra revela  por cercenamientos.   

(iii).-  Además,  se hace necesario que el  impugnante  a  partir de esos referentes probatorios, demuestre la trascendencia  de  los  agregados  o de las mutaciones fácticas, de modo que sin su influjo se  constate   que   el   fallo   se   habría   producido   de   manera  sustancial  diferente.   

(iv).- La impugnación no puede elevarse de  manera  solitaria  o  incompleta  como en efecto se hizo en la demanda, sino que  además  corresponde  relacionarla  con  los otros medios de convicción para el  caso  en  concreto  sí  valorados,  incluidos  los  juicios  valorativos  o  de  inferencia  realizados,  demostrando en vía de la concreción que con la prueba  vista   en   su   identidad   corpórea   sin  afectaciones  de  extensiones  ni  restricciones  al  haberse  integrado  a  los  restantes  medios  de  prueba, la  sentencia  no  se  sostendría  y  conllevaría  unos  efectos  diferentes, como  podrían ser:   

(a).-                los   de   exclusión  de  la  adecuación típica,   

(b).-  eliminación  de  las  modalidades  autoría o de participación,   

(c).-      ausencia   de   la  antijuridicidad o de las expresiones de culpabilidad atribuidas,   

(d).- modificación del tipo objetivo hacia  otro  especial  o alternativo o ubicado al interior de un nomen juris diferente,   

(e).- cambio del tipo subjetivo hacia uno de  menor reprochabilidad,   

(f).-  eliminación  de  una  circunstancia  agravante  genérica  o  específica,  inclusión  de  una  atenuante  general o  especial,   

(g).-  aplicación  del  in  dubio pro reo,  etc.,   

Aspectos  que harán parte de las indebidas  aplicaciones  de  la  ley  de  que  se  trate  y además identificar la falta de  aplicación  de normativas llamadas en forma legal y constitucional a regular el  caso,  aspectos  que  constituyen  temas  jurídico sustanciales contundentes en  orden  a  la  ruptura  parcial del fallo, demostrando que respecto del delito de  desaparición  forzada la única decisión es la de absolución, aspectos de los  que no se ocupó el demandante.   

3.8.-  En  lo  que  corresponde al error de  derecho  derivado de falso juicio de convicción, adujo que se consolidó porque  la  Fiscalía no demostró la teoría del caso referida a la coautoría impropia  deducida en el comportamiento punible en cita.   

El  casacionista olvidó que la teoría del  caso  como  hipótesis  a  fin  de su verificación o infirmación no traduce un  medio  de  prueba  en  especial,  de lo cual se infiere que sobre la misma no es  dable  que  recaiga el error de derecho en cita, el cual se evidencia cuando los  jueces   niegan   o   sobrepasan  el  valor  probatorio  que  el  legislador  ha  preestablecido  a  una  prueba  en especial, error in iudicando que opera en los  sistemas  procesales  tarifados  más  no  en los que adoptan la apreciación de  aquellas conforme a los postulados de la sana crítica.   

3.9.- El demandante afirmó que el Tribunal  se  inventó  lo  relativo a que el acusado en compañía de otro se repartieron  las  funciones  y sirvieron de escolta a sus víctimas, habiendo incurrido en un  “falso juicio de identidad  de    su   raciocinio”,  concepto  equívoco  así  formulado  que  no  existe como modalidad de error de  hecho.   

No   obstante,  si  la  propuesta  estuvo  encaminada   a   denotar  la  consolidación  de  falencias  incurridas  en  las  inferencias   deductivas  al  desconocer  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  cuanto tiene que ver con la  atribución  de  la  coautoría  referida al delito de desaparición forzada, se  hacía  necesario  acudir  a  una  metodología  especial  de  impugnación.  En  efecto:   

Desde  la  perspectiva  de  las  exigencias  lógico-jurídicas  contundentes  y  sustanciales  dirigidas  a socavar en forma  total  o  parcial  lo  resuelto  en  las  instancias,  debe  insistirse  que las  impugnaciones  que en casación penal se efectúen por la modalidad del error de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual  se  materializa  por la violación que  efectúan  los  juzgadores  a  los  postulados  de  la  sana crítica, no pueden  quedarse en el plano de lo precario como en este cargo ha ocurrido.   

La  sana  crítica  se  identifica  con los  ejercicios  de  verificabilidad  del  conocimiento  hacia  la aprehensión de la  verdad,  proceso  en  el que los jueces deberán ser respetuosos de las máximas  generales  de experiencia, leyes de la lógica, la ciencia y criterios técnicos  y   científicos   de   apreciación  de  pruebas  en  particular,  que  al  ser  correctamente  aplicados  permiten  efectuar  inferencias  acertadas,  llegar  a  conclusiones  y  otorgar  credibilidad  a  los  distintos  medios de convicción  habida    razón    de    la    verosimilitud    de    los    mismos.   

Tratándose  de  esta  clase de censura, es  decir,  de  los errores de hecho derivados de falsos raciocinios, corresponde al  casacionista  no quedarse en meras afirmaciones pregonando genéricamente que se  incurrió  en  un  “falso  juicio  de  identidad  de su raciocinio”,  como  fueron  los  términos  expresados por el aquí demandante,  sino  que  por  el contrario se torna obligatorio identificar con puntualidad si  la  trasgresión  se dio de manera específica en una máxima de experiencia, en  una  ley  de  la  lógica  formal  o  dialéctica,  en  una  ley de la ciencia y  determinarla,  o  en  algún  criterio  técnico  o  científico de apreciación  probatoria,  además  penetrar  en  la  incidencia  de  dichos  errores  en  las  disposiciones  del  fallo, demostrando que de no haber ocurrido dichas falencias  valorativas  otro  habría  sido  o  podido ser el sentido de lo sustancialmente  decidido,  aspectos  estos  que  omitió  el casacionista quien se limitó en su  discurso  a descalificar la forma de intervención en el delito en cita deducida  a  Cuervo  Murillo,  habida  razón  de  la  duda  probatoria,  la  cual  apenas  enunció.   

3.10.-  El  casacionista  en  otro  de  los  apartes  de  la demanda afirmó que la prueba de la desaparición forzada no era  dable  deducirla  a partir de lo declarado por Carlos Edilio García Puerta pues  la  información  dada por éste apenas constituía indicios, instituto que a su  juicio  “ya no hace parte  de    los    mecanismos    probatorios    del   sistema   acusatorio”.   

Frente  a  lo  así  censurado,  se  hace  necesario  recordar  al impugnante lo que la Sala sobre el tema dijo1:   

Los indicios en el Código de Procedimiento  Penal, ley 906 de 2004.   

Se recuerda que el Código de Procedimiento  Penal,  Decreto 2700 de 1991, no incluía a los indicios como un medio de prueba  autónomo,  pues  su  artículo  248  estipulaba  acertadamente que “Los indicios se tendrán en cuenta al  momento  de  realizar  la apreciación de las pruebas siguiendo las normas de la  sana crítica.”   

En  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  adoptado  con  la  Ley  600 de 2000, quizá por confusión conceptual y precaria  técnica  legislativa,  su  artículo  233  incluye  al indicio como un medio de  prueba  autónomo, sin serlo en realidad. Esta inclusión mereció pluralidad de  críticas  desde la doctrina y la jurisprudencia, que no tardaron en recordar la  naturaleza  lógico  jurídica del indicio como una operación mental, a través  de  la  cual  de un hecho probado se infiere la existencia de otro hecho, con la  guía  de  los parámetros de la sana crítica, vale decir, los principios de la  lógica, las máximas de la experiencia y los aportes científicos.   

En   la   Ley   906   de  2004,  también  atinadamente,  el  indicio  no aparece en la lista de las pruebas -elevadas a la  categoría  de  medios  de  conocimiento-  que  trae  el  artículo 382. Ello no  significa,   empero,  que  las  inferencias  lógico  jurídicas  a  través  de  operaciones    indiciarias    se   hubieren   prohibido   o   hubiesen   quedado  proscritas.   

En   el   texto  que  lleva  por  título  “Proceso Penal Acusatorio  Ensayos  y Actas”, autoría  de  los  doctores Luis Camilo Osorio Isaza y Gustavo Morales Marín, que analiza  varios  aspectos  del  sistema  con  tendencia  acusatoria,  se hace claridad en  cuanto  a  la  naturaleza del indicio y la posibilidad práctica de acudir a ese  tipo  de  reflexiones  sobre los medios de prueba en el procedimiento penal para  el sistema acusatorio, adoptado con la Ley 906 de 2004:   

La  idea  de  que  las  pruebas son medios  aparece  consagrada  en  el nuevo Código de Procedimiento Penal, que afirma que  la  inspección,  la  peritación,  el  documento,  el testimonio, los elementos  materiales  probatorios,  o,  cualquier  otro  medio  técnico,  que no viole el  ordenamiento jurídico son medios de conocimiento…   

Si las premisas anteriores son verdad, como  la  experiencia  ha  indicado que lo son, la prueba es percepción…Ahora bien,  la  percepción,  definida  de  la  manera  más  sencilla,  se entiende como un  proceso  cognoscitivo  sensorial  y  su  resultado es un conocimiento sensorial,  más  o  menos empírico, fundamento del conocimiento racional,  conceptual  y  esencial. Por esto es por lo que el indicio no se puede considerar como medio  de  prueba,  sino  más  bien  como  una reflexión lógico semiótica sobre los  medios  de  prueba…”2   

El      denominado     “método            técnico  científico”  en cuanto a  la  producción  probatoria,  auspiciado  en  la  academia  especialmente por el  segundo   de   los  autores  mencionados,  tiende  a  que  el  camino  hacia  la  reconstrucción  de  la  verdad histórica (hechos) se recorra de la manera más  acertada  posible y del modo menos subjetivo posible, utilizando para ello todos  los  recursos  que  las ciencias y las técnicas ofrecen. Así mismo, el método  técnico  científico, en lo relativo a la apreciación de los medios de prueba,  persigue  eliminar  en  la  mayor  medida posible el empirismo y la subjetividad  personalísima  del  Juez,  efecto  para  el cual, deberá a la vez analizar con  perspectiva   técnico  científica  las  condiciones  del  sujeto  que  percibe  (por  ejemplo,  el  testigo  y el perito),  del  objeto percibido (por ejemplo, las  evidencias  y  los  elementos materiales probatorios) y  de  la  manera  cómo  se  trasmite  lo percibido (por  ejemplo, la declaración y la experticia).   

El anterior es el sentido en el cual podría  admitirse  que  el  Código  de  Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, trató de  perfeccionar  o  dar  más  realce  a  la metodología técnico científica para  producir     y     apreciar     las    pruebas,    estableciendo    “reglas”  relativas  a los distintos medios de  conocimiento.  Y se dice que trató de poner en relieve el aporte científico en  la   materia   probatoria,   porque  no  se  trata  de  un  aporte  ex   novo,  pues  es  innegable  que  los  regímenes  procedimentales  anteriores  ya  contenían  parámetros  de arraigo  científico  para  la  producción  y apreciación de las pruebas, con el fin de  evitar  que  la  sana  crítica  se  confundiera  con arbitrariedad, o que fuera  reemplazada  con  la  convicción subjetiva íntima desligada de cualquier regla  de discernimiento.   

En el sistema acusatorio, como en el debate  oral  se  practican  todas  las  pruebas,  salvo las excepciones atinentes a las  pruebas  anticipadas,  el Juez se convierte en el sujeto que percibe lo indicado  por las pruebas.   

Con  base  en  esa percepción el Juez debe  elaborar  juicios y raciocinios que le servirán para estructurar el sentido del  fallo.  En  ese  conjunto de ejercicios mentales de reflexión e inteligencia el  Juez  no  puede apartarse de los postulados de la lógica, de las máximas de la  experiencia,  ni,  por  supuesto, de las reglas de las ciencias. Es por ello que  no  resulta correcto afirmar radicalmente que la sana crítica quedó abolida en  la sistemática probatoria de la Ley 906 de 2004.   

De  ahí,  también el equívoco de quienes  piensan,  como  al  parecer  el  libelista  en  la presente casación, que no es  factible  aplicar  inferencias  indiciarias,  por  haberse  adoptado  un método  técnico científico en materia probatoria.   

4.-   No   puede   la  Sala  superar  las  deficiencias  ni corregir las imprecisiones de la demanda, luego se ve avocada a  inadmitirla  de  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 184, inciso 2°,  de  la ley 906 de 2004 y, además, porque no encuentra afectación de derechos o  garantías  fundamentales  o  falencias de legalidad de la pena ni de otro tenor  que  justifiquen  salvar  tales obstáculos, según autorización del inciso 3°  de    la    misma    normativa,   en   concordancia   con   el   artículo   180  ibídem.   

5.-  La  declaratoria  de  inadmisibilidad  anunciada   tan   sólo   admite  el  “recurso  de  insistencia presentado por alguno de los Magistrados de  la  Sala  o  por el Ministerio Público”,  según  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del artículo 184  ejusdem.   

En  el  citado ordenamiento procesal no fue  incluida  la  manera concreta de utilizar dicho instituto, razón por la cual la  Sala,  previa  definición  de  su  naturaleza, se vio impelida a establecer las  reglas que habrán de seguirse, en los siguientes términos:   

         5.1.-    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  medio  de la cual la Corte decida no seleccionar la demanda de  casación,  con  el  fin  de provocar que reconsidere lo decido. También podrá  ser  propuesto oficiosamente por alguno de los Delegados del Ministerio Público  para    la    Casación    Penal    –siempre  que el recurso de casación no haya sido interpuesto por un  Procurador  Judicial–, el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates y  suscrito la providencia inadmisoria.   

         5.2.-  La solicitud se puede presentar ante el Ministerio Público a  través  de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a la decisión mayoritaria de inadmitir la  demanda   o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en  la  discusión.   

         5.3.-  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino  en  los  debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         5.4.-  El  auto  a  través  del cual no se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.-   Inadmitir  la  demanda de casación presentada por el defensor de  Nelson Farley Cuervo Murillo.   

2.-          Advertir   que   de  conformidad  con  lo  dispuesto   en   el  artículo  184  de  la  ley  906  de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo de insistencia en los términos precisados atrás  por la Sala.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                             SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                            AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                     

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                                             

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                Secretaria   

         

    

1  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal.  Sentencia  del 30 de marzo  de 2006, Radicado. 24.468   

2  Osorio  Isaza  Luis  Camilo.  Morales Marín Gustavo.  Proceso     Penal     Acusatorio.     Ensayos    y  Actas.   Ediciones   Jurídicas   Gustavo  Ibáñez.  Bogotá, 2005, pág.22.     

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