33289(24-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33289  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 089.   

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de marzo de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación  de  la demanda de casación presentada por la defensora  de    NICOLÁS   JAVIER   OBANDO   GALVIS  contra  la  sentencia  del 23 de julio de 2009 mediante la cual el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Bogotá confirmó el fallo proferido el 12  de  mayo  de  2009  por el Juzgado Veintinueve Penal Municipal de la misma sede,  que  condenó  al  procesado  a  las penas principales de 24 meses de prisión y  multa   equivalente  a  24  salarios  mínimos  legales  mensuales,  como  autor  responsable del delito de lesiones personales dolosas.   

HECHOS  

          Se  vienen  resumiendo  en  la  actuación  de  la siguiente manera:   

          “Dieron    origen   a   la   presente  investigación,  los  hechos  acaecidos  a  la  madrugada del 20 de diciembre de  2003,  siendo  aproximadamente  las  2  de  la  mañana  en  el  bar restaurante  Compostela  ubicado  en  el  km.  5.5  de  la  vía  al  municipio  de la Calera  –Cundinamarca-.   

          En  este  sitio  el señor Marlon Márquez Vidal, departía con unos  compañeros  y  amigos; cuando observó que en la mesa contigua a la de ellos se  encontraba  un hombre que según versión del denunciante, los miró mal durante  el  tiempo  que  permanecieron  en  el  bar  y  luego insistió en bailar con la  señora    Catalina    Rojas,    compañera    del    señor   Marlon   Márquez  Vidal.   

          Ella   no  aceptó  dicha  solicitud,  (y)  ante  la insistencia del sujeto, el denunciante Marlon  Márquez  Vidal  decidió  de  manera cortés pedirle que no molestara más a su  amiga,  que  ésta  no quería bailar con él. Ante tal petición, el agresor de  nombre  NICOLÁS  OBANDO  arremetió  contra  la  integridad  de Márquez Vidal,  rompiendo  en la cabeza de éste una botella, provocándole heridas en el rostro  y  cuello, que le ocasionó lesiones que le determinaron una incapacidad médico  legal  definitiva  de  18  días  y  como secuelas una deformidad física que le  afecta       el       rostro       de      carácter      permanente”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.   Con   base   en   la   denuncia   formulada   por  Marlon  Márquez  Vidal,  la  Fiscalía 32  Seccional  de  esta  ciudad  decretó  el  11 de marzo de 2004 la iniciación de  investigación  previa.  La  actuación  luego  la  remitió  a la Fiscalía 177  Local,   cuyo   titular  el  16  de  junio  siguiente  dispuso  la  apertura  de  instrucción  penal,  en  cuyo desarrollo escuchó en indagatoria a NICOLÁS JAVIER OBANDO GALVIS.   

          2.  El  19  de  abril  de  2005  el fiscal dispuso la clausura de la  instrucción,  tras  lo cual, el 20 de septiembre postrero, calificó el mérito  del   sumario   con   resolución   de  acusación  en  contra  de  OBANDO  GALVIS,  como  autor del delito de  lesiones  personales  con  deformidad  física que afecta el rostro de carácter  permanente.   

          3.  Por  apelación interpuesta por la defensa, el pliego acusatorio  fue  objeto de confirmación por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de Bogotá, en decisión del 29 de agosto de 2007.   

          4.  El  trámite  de la fase de juzgamiento correspondió al Juzgado  Veintinueve  Penal  Municipal  de  la  citada  ciudad. Después de celebrarse la  audiencia  preparatoria,  la defensa allegó acuerdo transaccional a través del  cual  el procesado reparó los perjuicios causados a la víctima con la conducta  objeto  de  juzgamiento,  así como el desistimiento presentado por esta última  respecto  de  las acciones civil y penal, con cuyo fundamento solicitó decretar  la cesación de procedimiento.   

          5.  Mediante  auto del 20 de octubre de 2008, el Juzgado de la causa  negó  dicho  pedimento,  decisión  confirmada  por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito de Bogotá el 13 de enero de 2009.   

          6.  Surtida  la  audiencia pública, el juzgado municipal puso fin a  la  instancia  con  la  sentencia  del 12 de mayo de 2009, en la cual condenó a  NICOLÁS     JAVIER    OBANDO    GALVIS,  providencia  confirmada  por el Juzgado Quinto Penal del Circuito  el  23  de  julio  siguiente,  en  virtud  de  la  apelación interpuesta por su  defensora.   

          7.  Contra  la  sentencia  de  segundo grado, la letrada en mención  promovió   el   recurso   extraordinario   de   casación,  el  cual  sustentó  oportunamente.   

LA DEMANDA  

          La  impugnante  formula  tres  cargos contra la sentencia de segunda  instancia, según el siguiente resumen:   

          Primer cargo:   

          Invocando  la  causal  primera  de  casación de la Ley 600 de 2000,  señala     que     el    ad    quem    interpretó   erróneamente  el  artículo  75  del  Código  Penal,  “en  relación  con  los  incisos  primero  y  segundo  del  artículo  112  de la Ley 599 de 2000, con el  artículo  29  de la Constitución Política y con los artículos 6º del C.P.P.  y     6º    del    Código    Penal”.   

          Al  desarrollar  el  cargo  sostiene  que  el  fallador vulneró los  principios   de   favorabilidad  y  legalidad  cuando  desatendió  las  pruebas  documentales  recaudadas,  en  especial  la  valoración  sobre alcohol etílico  acumulado  en  la  sangre del procesado, cuya cantidad ascendió a 195.67 mg/dl,  que   corresponde   al   segundo   período   de   embriaguez,  grado  3.  Dicha  documentación,  según el censor, establece que el procesado se encontraba bajo  un trastorno mental transitorio sin base patológica.   

          Tras  citar  doctrina  acerca de los efectos de la embriaguez en las  personas,  concluye afirmando que el juzgador de segunda instancia violó la ley  sustancial,  esta  vez  por  selección  indebida  del  artículo 75 del Código  Penal,  por cuya razón solicita su aplicación teniendo en cuenta, además, que  el  acusado  no  se  predispuso  para  la  comisión  de  un delito, como que ni  siquiera conocía al lesionado.   

          Segundo cargo:   

          Al  amparo  también de la causal primera de casación, la libelista  acusa  al  sentenciador  de  inaplicar  el  artículo  37 de la Ley 600 de 2000,  “en  relación  con  los  incisos  primero  y  segundo  del  artículo  112  de la Ley 599 de 2000, con el  artículo  113 de la Ley 509 de 2000, en relación con los artículos 35 y 38 de  la  Ley  600  de  2000, con el artículo 28 y 29 de la Constitución Política y  con   los   artículo  6º  del  C.P.P.  y  6º  del  Código  Penal”.   

          Lo  anterior porque, en su criterio, el fallador de segundo grado se  abstuvo  de aceptar el desistimiento de la querella presentado como consecuencia  del  acuerdo  transaccional  suscrito  entre  la  defensa y el denunciante, y de  ordenar  la  cesación  de  procedimiento  de la acción penal, desconociendo el  artículo  42  de  la Ley 600 de 2000 y dejando de aplicar el artículo 74 de la  Ley  906 de 2004, modificado por el artículo 4º de la Ley 1142 de 2007, acorde  con  el  cual  el delito de lesiones personales dolosas es querellable cuando la  deformidad  física  es  de  carácter  transitoria,  aplicable en este caso por  razón del principio de favorabilidad.   

          Según  la  demandante,  la  indemnización  cancelada  al afectado,  conforme  consta  en  el  acuerdo transaccional, cuyo texto se dio a la tarea de  transcribir,  cubrió  los procedimientos quirúrgicos necesarios para poner fin  a  las  secuelas  generadas  por  las lesiones, que en este caso consistieron en  “deformidad  reparable”, acorde con la  clasificación   efectuada   por   el   tratadista   ROBERTO  SOLÓRZONO  NIÑO,  eventualidad  en  la cual la deformidad desaparece con la intervención médica,  tornándola     en     transitoria     y,     por     ende,    susceptible    de  desistimiento.   

          Tercer cargo:   

          Denuncia   la   violación   indirecta   por   aplicación  indebida  “de  los artículos 237 y  238,  266  y  ss., 280 y ss. de la Ley 600 de 2000, en relación con los incisos  primero  y segundo del artículo 112 de la Ley 599 de 2000, con el artículo 113  de  la  Ley  599  de 2000, en relación con los artículos 35, 37 y 38 de la Ley  600  de  2000,  con el artículo 28 y 29 de la Constitución Política y con los  artículo    6º    del    C.P.P.    y   6º   del   Código   Penal”.   

          Para  sustentar  el  reproche empieza señalando que la sentencia se  encuentra  basada  en  hechos  que  no corresponden a la verdad procesal y mucho  menos  a la verdad real. Al respecto, afirma no ser cierto que el procesado haya  llegado   al  establecimiento  donde  ocurrieron  los  hechos  a  importunar  al  denunciante    y    a    su   acompañante   Catalina  Rojas, pues la situación ocurrió en forma contraria.  El   error,   en   su   concepto,   radicó  en  haberse  omitido  encaminar  la  investigación  hacia  la búsqueda de la verdad, vulnerándose de esa forma los  principios  de  igualdad  y  presunción  de  inocencia,  pues  los funcionarios  judiciales  ni  efectuaron  esfuerzo  alguno  por  establecer  que  OBANDO  GALVIS también resultó lesionado  la  noche  de  los hechos, ni realizaron diligencia investigativa en el sitio de  los   mismos,  como  tampoco  adelantaron  actuación  alguna  para  obtener  la  declaración  de la testigo Catalina Rojas.    

          Luego   adujo   que   la  providencia  se  fundamentó  “en  prueba  no producida o no allegada  oportunamente”.  Sobre   el  particular,  argumenta  que  el  dictamen  pericial  en  el  cual  se  determinaron las secuelas médico legales se allegó  después  de  decretado  el  cierre  de  la  instrucción. Ese dictamen, añade,  aparte  de  no  reunir los requisitos contenidos en el artículo 251 del Código  de   Procedimiento   Penal,   no  fue  puesto  a  disposición  de  las  partes,  impidiéndose  ejercer  respecto  del  mismo  el  derecho de defensa mediante su  objeción  o  a  través  de  aclaración  o  adición,  no obstante lo cual fue  utilizado  para fijar la materialidad del delito, sin que, además, se efectuara  análisis  alguno “sobre la  concordancia  de  este  medio  probatorio  con  el  resto del acervo…,  ni sobre el valor probatorio que le  merece”.   

          A  renglón  seguido  manifiesta que el análisis de la prueba no se  realizó  conforme  a  las  reglas  de  la  sana crítica. Para fundamentar esta  afirmación  se refiere al tema del testigo sospechoso y luego a la necesidad de  analizar  el testimonio en relación con el sujeto. Con estas premisas, sostiene  que  los  declarantes  de  cargo,  dadas las lagunas de memoria que presentaban,  generadas  por  la hora en la cual ocurrieron los hechos (2 de la madrugada), la  luz  tenue  de  la  discoteca,  el  alto  volumen  de  la  música y el grado de  alcoholemia  que todos registraban, fueron objeto de manipulación por parte del  denunciante  en  aspectos  que la censora examina bajo la siguiente titulación:  “la      mirada  matadora”,  “los          celos”,             “forma   de   percepción”,             “la    botella    vacía”,             “el    intento    de    cortar    la  garganta”    y    el  “testigo  estrella”.   

          Sobre  los  dos  primeros  aspectos  en mención, insiste en que fue  Marlon quien arribó al lugar  a  importunar  al  procesado  y  a Catalina,  por cuya razón los celos y la mala mirada provinieron de aquél,  provocando  su  reacción  violenta  contra  Nicolás.  En   criterio  de  la  demandante,  los  testigos  no  suministran  las razones que los llevaron a percibir esos dos aspectos, frente a  lo  cual  la  única  explicación  que  surge  es  la  atinente  a la comentada  manipulación,  como  igual  ocurre  cuando  declararon  sobre  la  “botella       vacía”     y  “el  intento de cortar la  garganta”.  Considera que  lo  relatado al respecto es inconsistente a la luz de las normas de la lógica y  de  las reglas de la experiencia, porque aparte de las condiciones del lugar, no  resulta  razonable que el afectado no se hubiera defendido del furioso ataque de  su agresor, al menos con las manos.   

          En   ese   sentido,  estima  que  la  declaración  de  Javier  Eduardo  Martínez Vela, denominado  “testigo  estrella”,   carece  de  credibilidad  y tan solo se allegó un año después de los hechos con el único  objetivo  de  tornar  creíble la película inventada por el denunciante, cuando  afirmó  que  quedó prácticamente inconsciente producto del golpe que recibió  con la botella.   

          Según  la  censora, a diferencia de los testigos de cargo, el joven  Juan    Carlos    Quintero    Caldas    depuso  en  forma  franca  sobre  lo  ocurrido,  coincidiendo  en la  mayoría  de  los  aspectos  con  lo  dicho  por  el procesado, respecto de cuya  versión se duele por haber sido desestimada sin mayor reflexión.   

          La  casacionista,  de otra parte, reprocha al fallador por omitir el  análisis  de  la  prueba documental. Se refiere, en particular, a las distintas  valoraciones  médicas  efectuadas  a lo largo de la actuación al ofendido, las  cuales,  en  su sentir, desmienten a los testigos. Al respecto, destaca cómo en  dichas  valoraciones se encontraron heridas producidas con elemento cortante, lo  cual  se  opone  a  la  afirmación según la cual aquél recibió un botellazo,  pues  un golpe de esa naturaleza, por provenir de elemento contundente, ocasiona  un hematoma o un edema.   

          Tampoco,  agrega,  las lesiones pudieron ser causadas con el pico de  la  botella,  pues  en  ese  caso  el  elemento  productor  de las mismas sería  “punto  cortante”,   pero   las  heridas  recibidas  por  el  denunciante son de poca profundidad, lo cual indica  que   provinieron   de  un  elemento  “cortante”.   

          Contrariamente,  considera  que las valoraciones médicas realizadas  al    procesado   confirman   que   Marlon   Márquez  y  sus  amigos no dicen la verdad, pues en aquellas se  consigna    que    NICOLÁS    OBANDO   presentó  edema en cuero cabelludo y herida profunda en la mano que  le  seccionó  el  nervio colateral radial del meñique, ocasionada esta última  con   elemento   “punto  cortante”.    Estos  hallazgos,  en su sentir, demuestran que el acusado fue agredido con un elemento  contundente  y,  además,  que  estaba  imposibilitado  de empuñar un arma para  agredir a otro.   

          En  criterio  de  la  actora, el acervo probatorio recaudado permite  realmente  “concluir  que  cuando  NICOLÁS  OBANDO  GALVIS  en la madrugada del 20 de diciembre de 2003 se  encontraban  en  la  discoteca  COMPOSTELA  en  momentos  en  que  departía con  CATALINA  ROJAS,  el señor MARLON MÁRQUEZ VIDAL, se sobresaltó y lo agredió,  suscitándose  una  riña,  que una botella, muy seguramente la que tenía en su  poder  NICOLÁS,  se  rompió  muy  posiblemente  contra  el suelo y sobre cuyos  vidrios  cayeron  accidentalmente  después  los dos contendientes, causándoles  las  heridas  ya  conocidas.  Que  tales  heridas  en  momento alguno pueden ser  atribuidas  a  mi  defendido  ni a título de dolo ni a título de culpa, puesto  que  no  fue  él quien creó el riesgo y que por lo tanto, no se han traspasado  los   límites   del   Código   Penal”.   

          A  modo de observación final, la impugnante atribuye a la Fiscalía  y  al  juzgado  incurrir  en vía de hecho, porque no realizaron esfuerzo alguno  para  practicar  las  pruebas  decretadas,  como  ocurrió  con el testimonio de  Catalina Rojas.   

         

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

El  recurso  extraordinario de casación, de  acuerdo  con  lo previsto el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar,  cuando  se  trata  de delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo máximo exceda de ocho años.   

Ahora  bien,  el inciso tercero de la citada  disposición  faculta  a  la  Sala  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia para  admitir  de  manera  excepcional  las  demandas de casación interpuestas contra  sentencias   de   segunda   instancia   proferidas  por  autoridades  judiciales  diferentes  a las ya mencionadas o relativas a delitos que tengan señalada pena  de  prisión  inferior  a la prevista por el legislador para acceder a esta vía  de  impugnación  extraordinaria o para los no sancionados con pena privativa de  la   libertad,   cuando   ello   fuese   necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  o  para garantizar derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley.   

         

          En  relación  con  lo  anterior,  la  Sala  ha  sido  insistente en  señalar  que  cuando  se  trata  de  casación  discrecional  al  demandante le  corresponde  exponer  con  claridad y precisión los motivos por los cuales debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento  con  criterio de  autoridad  respecto  de  un  tema jurídico especial, ora para unificar posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  bien para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  dual  utilidad  de brindar solución al asunto y servir de guía a la  actividad  judicial. Por su parte, si la pretensión del casacionista se orienta  a  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales, tiene la obligación de  demostrar  la  violación  e  indicar  las normas constitucionales o legales que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido1.   

          En  el  caso materia de estudio, el recurso sólo procedía por vía  discrecional  o  excepcional, pues la sentencia de segunda instancia fue emitida  por  un  juzgado penal del circuito, es decir, por una autoridad diferente a las  mencionadas en el inciso primero del artículo 205 arriba citado.   

          La  demandante  no  advirtió  la anterior situación e interpuso la  impugnación  sin  invocar,  como  era  de  rigor,  la  casación  excepcional o  discrecional.  Consecuencialmente,  omitió  explicar si acudía al recurso para  buscar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para preservar las garantías  fundamentales.    

          Desde  luego,  no  puede  pasarse  por  alto  la postura de la Sala,  conforme  a  la cual podría admitirse la impugnación si el demandante, a pesar  de  no  señalarlo expresamente, ofrece razones a través de las cuales se pueda  inferir  claramente  que  su intención es fundamentar alguno de los dos motivos  que    habilitan    la    casación    excepcional2.   

          Se  examinará,  por tanto, cada una de las censuras para determinar  si  en  su  desarrollo  se cumple o no tal exigencia. En caso de ser así, será  necesario  analizar  si, conforme lo establece el inciso final del artículo 205  de  la  Ley  600  de  2000,  la  libelista  cumple los demás requisitos legales  indispensables  para  admitir  la demanda, entre los cuales está el de enunciar  la  causal  y  formular  el  cargo,  con  expresión  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos  y  de  las normas que se estima infringidas, según lo determina el  numeral  3º  del  artículo  212  ibídem, para cuya satisfacción se requiere,  además,  seguir  las  pautas  de sustentación que la Corte ha fijado cuando se  trata de elaborar una demanda de casación.   

          Primer cargo.   

          Aunque  la  demandante  aduce  la  vulneración de los principios de  favorabilidad  y  legalidad, con lo cual podría inferirse que su pretensión es  obtener  la  protección  de  esas garantías fundamentales, lo cierto es que el  desarrollo  del  reproche  no se corresponde con tal argumentación, pues en vez  de  emprender  la  fundamentación de rigor, mencionando la norma que se aplicó  en  forma  desfavorable  o  sin  ostentar  la condición de preexistente al acto  objeto  de  imputación,  se  dedicó  a plantear una controversia de naturaleza  probatoria,   al   señalar   que   el   sentenciador  desatendió  las  pruebas  documentales  recaudadas,  en  particular  la valoración sobre alcohol etílico  acumulado en la sangre del procesado.   

          Por  lo  demás,  el  error  in  iudicando  así  esbozado  tampoco  lo  fundamenta adecuadamente,  pues  al  vincularlo  a  un  problema  de apreciación suasoria, pareciera estar  denunciando  una  violación  indirecta  de  la  ley.  Sin  embargo,  de  manera  desatinada  señala  que  el quebranto proviene de la errada interpretación del  artículo  75  del  Código  Penal,  olvidando  que  esa  modalidad  no  resulta  compatible  con  el  sentido de la violación aducido, pues, como lo tiene dicho  la  jurisprudencia de la Sala, a la infracción indirecta de la ley solamente es  factible   arribar   a   través  de  la  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida3.   

          Claro   que  la  censora  más  adelante  atribuye  al  fallador  la  aplicación  indebida  del mismo artículo 75 del estatuto punitivo, con lo cual  pareciera  corregir  el  desatino  inicial. No obstante, esta postulación va en  contravía  con el enfoque del cargo, pues recuérdese que con el mismo pretende  demostrar  el  estado de inimputabilidad del procesado, proveniente de trastorno  mental  transitorio  sin  base  patológica,  figura precisamente regulada en la  norma  sustancial  mencionada por la impugnante, luego lo correcto resultaba, no  afirmar su indebida aplicación, sino su falta de aplicación.   

          En  la  perspectiva del reproche formulado, se observa que la actora  omitió  también  precisar  si  se  trató de error de hecho o de derecho, así  como  la  modalidad  de  cada  uno  de esos yerros, es decir, en el primer caso,  falso  juicio  de existencia, falso juicio de legalidad y falso raciocinio y, en  el  segundo,  falso  juicio  de  legalidad  y falso juicio de convicción. En la  medida  en  que  plantea la desatención de la prueba documental recaudada, bien  puede  inferirse  que  aludió  a un falso juicio de existencia por omisión, el  cual  se  estructura  cuando  el  juzgador  deja  de  apreciar  algún  medio de  convicción de naturaleza trascendente.   

          Pese  a  lo anterior, resulta evidente la defectuosa fundamentación  del  mencionado  yerro,  pues  se abstuvo de explicar su incidencia frente a las  conclusiones  del fallo, omitiendo así atacar el soporte probatorio a partir de  la  cual  el  sentenciador  desechó  la alegada inimputabilidad, como lo fue la  lucidez  demostrada  por  el  acusado  al  relatar  en  su  injurada con lujo de  detalles lo ocurrido la noche de los hechos.   

          Atendidos,  pues, las múltiples falencias de sustentación, la Sala  inadmitirá la censura objeto de examen.   

          Segundo cargo:   

          Este   reproche   se  admitirá,  pues  la  demandante  satisface  a  cabalidad  los requisitos exigidos al respecto. En efecto, refirió el quebranto  del  principio de favorabilidad, indicando como inaplicado el artículo 74 de la  Ley  906  de  2004,  modificado por el artículo 4º de la Ley 1142 de 2007, por  cuanto  esa  norma,  al asignar a las lesiones personales con deformidad física  de  carácter  transitorio  la  naturaleza  de  delito querellable y, por tanto,  susceptible    de    desistimiento,    resulta    más    benéfica    para   el  procesado.   

          La   impugnante  entonces  invocó  la  protección  de  la  aludida  garantía   fundamental,   ofreciendo   la   fundamentación   inherente  a  esa  propuesta.   

          De  otra  parte,  si bien no lo señaló expresamente, del contenido  del  reproche se deduce que acudió a la violación directa de la ley sustancial  por  falta  de  aplicación  del  propio  artículo 37 de la Ley 600 de 2000 que  consagra  el desistimiento de la querella, planteando la discusión jurídica de  rigor, como se exige jurisprudencialmente en estos casos.    

          Es  de  anotar  que  la  Sala  advierte necesario admitir la censura  también  para desarrollar la jurisprudencia, en orden a dilucidar la viabilidad  de  aceptar  el  desistimiento  de  la acción penal cuando se trata de lesiones  personales  con  deformidad  física  definitiva que pueden mutar en transitoria  por  efecto  de  la  realización  de  una  cirugía  plástica, cubierta con la  indemnización  cancelada  por  el  sujeto  activo  del  delito,  circunstancias  referidas  por  el  propio  ofendido  en  declaración juramentada rendida en el  curso             del             juicio4.   

          Tercer cargo:   

          A  lo  largo  de  la  censura, con una excepción a la cual se hará  referencia  más  adelante,  la  libelista  omite  por  completo  toda  alusión  relacionada  con la casación excepcional. Es así como se dedica a plantear una  controversia  de  naturaleza  puramente  probatoria,  acusando  al  juzgador  de  incurrir  en  violación  indirecta  de la ley, en primer lugar, por apreciar el  dictamen  médico  legal en el cual se dictaminaron al afectado las secuelas que  le  ocasionaron  las  lesiones  recibidas, pese a allegarse con posterioridad al  cierre  de  la  instrucción  y  sin que se hubiese dado traslado del mismo para  efectos  de  su  objeción,  aclaración  o  adición.  En segundo lugar, por no  analizar  el  caudal probatorio conforme a los principios de la sana crítica y,  finalmente, por no ponderar las pruebas documentales recaudadas.   

          La  actora,  por  tanto, postuló el cargo como si se tratara de una  casación  ordinaria o común, olvidando que la sentencia impugnada la dictó un  juez  penal  del  circuito, razón por la cual, como se señaló en precedencia,  le  correspondía fundamentar, al menos tácitamente, la procedencia del recurso  por  alguno  de  los dos motivos contemplados en el inciso tercero del artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, es decir, protección de garantías fundamentales o  desarrollo de la jurisprudencia.   

          Sobre  el particular, es preciso adicionalmente recordar el criterio  jurisprudencial  de  la  Sala  acorde  con el cual no constituye vulneración de  garantías   fundamentales   la   apreciación   de   una  prueba  allegada  con  posterioridad  a  la  clausura  de  la  instrucción,  siempre  y  cuando,  como  aconteció  en  este  caso,  se  haya  decretado  con  anterioridad  a  ese acto  procesal5;  como  tampoco  omitir dar traslado del dictamen pericial, pues el  interesado  cuenta  con  la posibilidad de objetarlo hasta antes de finalizar la  audiencia  pública,  de acuerdo con lo establecido el artículo 255 del Código  de           Procedimiento           Penal6.            

          La  impugnante  solamente  intenta cumplir la carga de sustentación  propia  de  la casación excepcional cuando reprocha al juzgador no encaminar la  investigación  hacia  la  búsqueda  de  la verdad, pues entonces habla que esa  omisión  desconoce  los principios de igualdad y presunción de inocencia, como  quiera  que  ni  se  efectuó  esfuerzo  alguno  por establecer que el procesado  también  resultó  lesionado  la noche de los hechos, ni se realizó diligencia  investigativa  en  el  sitio de los mismos, como tampoco se adelantó actuación  alguna    para    obtener   la   declaración   de   la   testigo   Catalina Rojas.    

          Aparte   de  que  el  comentado  cuestionamiento  comporta  de  suyo  desatender  el  principio  de  autonomía  de las causales regente en esta sede,  pues  a  la  censura  en  la  cual  postula errores de valoración probatoria le  entremezcla  un motivo de casación que propende por la nulidad de la actuación  por   violación  del  principio  de  investigación  integral,  la  censora  se  abstiene,   en   todo  caso,  de  estructurar  adecuadamente  el  reproche  así  planteado,  pues en ningún momento fundamentó la trascendencia de la anomalía  denunciada,  explicando  la  manera  como  las pruebas echadas de menos hubieran  cambiado  el  sentido  de  la  decisión,  a lo cual estaba obligado conforme lo  tiene   dicho   la   jurisprudencia   de   la  Sala7.   

          Es  de  tal  grado el desconocimiento de las reglas de la casación,  que  al  final  del  cargo  la  actora  atribuye a la Fiscalía y al juzgador de  primer  grado  la  incursión  en  vía  de  hecho  por no practicar las pruebas  decretadas  oportunamente,  deslizando  el  discurso  una  vez  más  hacia  los  terrenos  de  un  motivo  de  casación  diverso  al inicialmente planteado, con  desatención     nuevamente    del    principio    de    autonomía    de    las  causales.   

Surge así claro que detrás de la violación  indirecta  de la ley denunciada por el recurrente, subyace un típico alegato de  instancia,  en  el cual pretende anteponer su propia valoración de las pruebas,  como  lo confirma el hecho de insistir a lo largo de la referida postulación en  señalar   que   quien  inició  la  agresión  no  fue  el  procesado  sino  el  denunciante,  actitud  ciertamente  incompatible  con  la naturaleza del recurso  extraordinario de casación.   

          En   consecuencia,   el   tercer   cargo  se  inadmitirá  también.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.-  INADMITIR  los  cargos  primero  y  tercero  de  la  demanda  instaurada  por  la  defensora  de  NICOLÁS     JAVIER    OBANDO    GALVIS,    conforme    a   las   razones   expresadas   en   la   presente  decisión.   

2.- ADMITIR el cargo  segundo  del  mencionado  libelo,  acorde  con  los  motivos  referidos  en esta  determinación.   

         

En  consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a  la Procuraduría Delegada para que emita concepto, de conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 del Código de Procedimiento Penal de  2000.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria   

    

1 Cfr.  Entre   otros,   auto  del  18  de  abril  de  2007,  radicación  26916,  entre  otros.   

2 Cfr. Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

3 Cfr.  Auto del 30 de septiembre de 2009, radicación 32202.   

4 Fl.  218 cuaderno de primera instancia.   

5 Cfr.  Auto del 11 de noviembre de 2009, radicación 32314.   

6  Casación  del  2 de diciembre de 2008 y 7 de febrero y 14 de noviembre de 2007,  radicaciones 28497, 22098 y 24867, respectivamente, entre otras.   

7 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009, radicación 31975.     

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