33264(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33264  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 114  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de abril de dos  mil diez (2010)   

V I S T O S  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por el Procurador 113 Judicial en lo Penal II contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Medellín,  el   7  de  septiembre  de  2009, mediante la cual confirmó la  dictada  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  Girardota  (Antioquia),  el  25 de marzo del mismo año, que condenó a Aída de  Jesús  Carmona  Henao  a  la  pena  principal  de  52  meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  plazo  de  la sanción privativa de la libertad, como  autora del delito de homicidio simple en grado de tentativa.   

H E C H O S  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El día 14 de  mayo  de  2006,  en  la  residencia  ubicada en la carrera 49 número 48-44, del  municipio  de Copacabana (Antioquia), se encontraba el señor Jhon Jaime Vergara  Cardona,  durmiendo  en  compañía de su amiga Luz Marina Acevedo Puerta, luego  de  una  noche  de copas. La señora Aída de Jesús Carmona Henao (compañera o  ex  compañera  del  citado),  en  compañía  de  su  hija  Geraldine,  una vez  enterada,  procedió  a  dirigirse  hasta  dicha  dirección,  una  vez  Vergara  Cardona,  abrió  la  puerta, la menor procedió a solicitarle un dinero para la  compra  de  unos  zapatos, en forma simultánea Aída al percatarse que éste se  encontraba  acompañado  de  una  dama, tomó el arma corto-punzante (cuchillo),  que  halló  en  la  poceta del inmueble y procedió en el acto a lesionar a Luz  Marina  Acevedo  (gravemente  en  el  tórax  y  rostro  – deformidad física de  carácter  permanente),  como  también  a  Jhon  Jaime  Vergara  (herida flanco  izquierdo       del       abdomen)”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los  anteriores  hechos,  el  12 de  noviembre  de  2008,  se  llevó a cabo ante el juez de control de garantías la  legalización  de  la  captura  y  la  formulación  de  imputación, acto en el  cual   Aída  de Jesús Carmona Henao aceptó de manera libre, voluntaria y  debidamente  asistida  los  cargos  por   el  delito de homicidio simple en  grado de tentativa.   

2.  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Girardota  (Antioquia), el 25 de marzo de 2009,  dictó  fallo  de primera instancia en la que condenó a Aída de Jesús Carmona  Henao  a  la  pena  principal  de  52  meses  de  prisión  y  a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  plazo  de la sanción privativa de la libertad, como autora del delito de  homicidio simple en grado de tentativa.   

3. Apelado el fallo por la defensa técnica,  el  Tribunal  Superior de Medellín, el 7 de septiembre de 2009, lo confirmó en  su integridad.   

Contra  la anterior decisión, el Procurador  113 Judicial en lo Penal II  interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El  Delegado  del  Procurador  General de la  Nación,  al  amparo de la causal segunda de casación, presenta un único cargo  contra  el  fallo  del  Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

Único cargo  

Acusa  al  sentenciador  de haber violado el  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa,  por  cuanto  a la procesada se le  atribuyó  el  cargo  de  homicidio  simple  en grado de tentativa sin que se le  hubiese  reconocido  el  estado emotivo de la ira y, por lo mismo, no se hizo la  rebaja de pena correspondiente.   

Reconoce que en el presente asunto si bien es  cierto  la  procesada,  de  manera  libre  y  voluntaria, se allanó al cargo de  homicidio  sin  el reconocimiento de aquella atenuante, de todos modos considera  que   en  la  imputación  del  cargo  se  vulneró  el  principio  de  estricta  tipicidad.   

Estima  que en este caso la fiscalía pese a  contar  con  los  elementos probatorios necesarios a fin de establecer el móvil  de   la  conducta  punible  desplegada  por  la  acusada,  omitió  “a la hora de formular la imputación,  hacerlo  de  conformidad  con  el  principio  de la legalidad estricta, esto es,  reconociendo  la existencia  de una causal diminuente de la responsabilidad  penal”.   

Manifiesta  que  el  juzgador  de  primera  instancia  inicialmente  declaró  la nulidad de lo actuado a partir del acto de  formulación  de la imputación, providencia que ulteriormente fue descalificada  por  el  Tribunal con el argumento de que se trataba de una simple especulación  y no de la prueba clara de una circunstancia atenuante.   

A  continuación  reitera  que  el  fiscal  reconoció  la  existencia  del  vicio  en  la  diligencia  de sustentación del  recurso  de  apelación interpuesto contra la sentencia de primera instancia, en  la  medida  en  que  estuvo de acuerdo con la tesis de la defensa consistente en  que       la       acusada       “reaccionó  ante la negativa del padre de su hija para comprar unos  zapatos,  insistiendo  en  la  circunstancia  de que la ciudadana Carmona había  acudido  al  escenario  de  los  hechos  desprovista  de  armas,  por lo cual el  reconocimiento  de  dicha atenuante no violaba el principio de congruencia entre  la  formulación de la acusación y la sentencia. Razón por la cual consideraba  dable  el  reconcomiendo  de  la diminuente de la pena establecida en el art. 57  del          C.          Penal”.   

Empero,  afirma que dicha argumentación fue  desestimada  por  el  Tribunal  no obstante que se trataba del representante del  Fiscal  General,  con  el  raciocinio  que la acusada estuvo movida “por   un   ánimo   impulsivo  y  de  agresividad  inmotivado  y que, además, ingresó sin autorización alguna a los  aposentos  a  donde se hallaba la víctima, habida cuenta de la fragilidad de la  cerradura      de     la     puerta”.   

Califica  como desatinada la conclusión del  juzgador  de  segunda instancia, puesto que de manera simultanea sostiene que la  acusada  no  actuó  motivada por un dolo de ímpetu y, seguidamente, afirma que  el    motor   de   la   conducta   fue   el   temperamento   impulsivo   de   la  procesada.   

Aduce  que dentro del diligenciamiento obran  dos  circunstancias  que  indican  que  Carmona Henao actuó impulsivamente y de  manera emotiva, a saber:   

1. Los celos, en tanto que encontró a su ex  pareja  acompañado  por  una  mujer  “en  paños menores y con evidentes signos de haber pasado una noche  de farra”.   

Dice que la infidelidad constituye un motivo  suficiente       para       desencadenar       un       estado      “de  conturbación  y  alteración  de  psiquis…”.   

Agrega  que esa circunstancia se presenta en  todo  tipo  de  sociedades,  puesto  que  el amor o la pasión entrañan ciertos  sentimientos de posesión.   

2. “La  comprobación  anterior  se  hizo  en  forma  simultanea con la  negativa   del   ciudadano   Vergara  Cardona  a  cumplir  con  sus  elementales  obligaciones  de  padre,  pues  éste  omitió  en  su presencia darle a su hija  Geraldine   para   comprar   unos   zapatos   que   ella  necesitaba”.   

Concluye   que   los  dos  comportamientos  enunciados  anteriormente, se encuentran debidamente acreditados por su gravedad  e   injustificación   situación   que   tenía   la   fuerza  suficiente  para  desestabilizar gravemente a la procesada.   

Por  lo  expuesto,  eleva  las  siguientes  peticiones a la Corte:   

a) Que en el evento que se considere que hubo  una  afectación  de  las garantías de la acusada se declare la nulidad de todo  lo  actuado  con  el  objeto  que  la  fiscalía  proceda, de manera correcta, a  formular  la  imputación  ante  el  juez  de control de garantías.      

b)   O,  que  se  dicte  un  fallo  de  sustitución   reconociéndose   a   la   acusada   el   estado  emotivo  de  la  ira.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,          “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de      la     casación”.1   

El   recurso  extraordinario   no    es    un  instrumento   que   permita   continuar  con    el   debate   fáctico   y  jurídico   llevado   a   cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es  procedente  realizar  toda clase de cuestionamientos  a manera de instancia  adicional  a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe ser un  escrito   claro,  lógico,  coherente  y  sistemático   en   el   que,   al   tenor   de   los   motivos   expresa y  taxativamente  señalados  en  la ley, se denuncian errores bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente y evidenciando su trascendencia,  para   de  esa  manera  concluir  que  la  sentencia  no  es acorde con el ordenamiento  jurídico, cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2.  En  primer  lugar,  se  hace  necesario  establecer  si  el  Procurador  113  Judicial en lo Penal II tiene interés para  acudir  a  esta sede, en tanto la sentencia tuvo como génesis un allanamiento a  cargos.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Corte,  el  representante del Procurador General de la Nación  tiene interés para  recurrir la sentencia en los siguientes eventos:   

a)  Cuando  el  superior haya desmejorada la  situación  de  un  sujeto  procesal  en  desarrollo  del  recurso de apelación  interpuesto por éste.   

b)  Cuando se plantee una causal de nulidad;  y   

c)  Cuando el agravio sea el resultado de un  pronunciamiento  vertido  en  el grado jurisdiccional de consulta y, además, se  acredite  la  afectación  de  los  derechos  y  garantías fundamentales con la  decisión impugnada.   

De  manera  que  en  el  presente  asunto el  Procurador  113  Judicial  en lo Penal II tiene interés para acudir a esta sede  así  no  haya  impugnado  el  fallo  de  primera  instancia,  por  cuanto está  planteando  la  transgresión  de los postulados del debido proceso, del derecho  defensa y el principio de la estricta tipicidad.    

3.  La  demanda presentada por el Procurador  113  Judicial  en  lo Penal II no cumple con los parámetros de lógica y debida  fundamentación  reglados  para  su  admisibilidad,  en  tanto  no  demostró la  existencia  del  vicio  y,  menos,  los  conectó  con los fines que informan la  casación  de  acuerdo  con  el  nuevo  sistema  consagrado  en  la  Ley  906 de  2004.   

Resulta  oportuno recordar que el recurso de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso.  De ahí que le compete al casacionista que postule el yerro a través  de  las  causales de casación contempladas para el efecto, demostrando cómo el  mismo  logra  resquebrajar el fallo, al punto que se impone su casación, con el  objeto  de cumplir con los fines estatuidos en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

La  Sala  ha  puntualizado  que  si  bien la  acreditación  de  la  causal  segunda  de  casación  es  menos exigente que la  demostración  de  las otras, lo cierto es que impone al demandante proceder con  precisión,   claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación, plantear sus fundamentos fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y expresar la razón de su  quebranto,  especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad, evidenciar que procesalmente no  existe  manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo más importante,  comprobar  que la anomalía denunciada tuvo injerencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede fundarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones ausentes de quebranto.   

En   lo   que   atañe   al   único   cargo  que  el  actor  postula, entre otros, bajo la  supuesta  violación  del debido proceso  por  cuanto  a  la  acusada  no  se  le  reconoció el estado emotivo de la ira,  resulta  evidente  que  el  presunto  vicio  que  se le atribuye al sentenciador  radica  en  una simple discrepancia de criterios frente al mérito que ha debido  reconocérsele  a  los elementos materiales probatorios con los que se fundó la  imputación por el delito de homicidio en grado de tentativa.   

Argumenta  el  libelista  que  el acto de la  imputación  de los cargos es contrario al debido proceso, en la medida en que a  la  acusada  no se le degradó la responsabilidad por haber actuado en estado de  ira.  Sin  embargo,  revisados  los registros técnicos se advierte con claridad  que  dicho  tema  fue  discutido  a  lo largo del proceso reconociéndose que el  comportamiento de Carmona Henao no provino de un acto injusto.   

En   tales  condiciones,   fácil  es  concluir  que  el  libelista  se quedó en la simple postulación de la censura,  habida  cuenta  que  no  demuestra  en qué consistió el error de actividad del  juzgador,  al  punto  que  lleve a la intervención de la Corte como tribunal de  casación    en    procura    de    reparar    el   agravio   sufrido   por   la  acusada.      

De otro lado, como se anotó en precedencia,  el  juzgador  de  segunda  instancia analizó el instituto de la ira concluyendo  que  en este evento no procedía, toda vez que no hubo un acto injustificado por  parte de las víctimas en contra de su agresora.   

De    manera    textual    el   Tribunal  anotó:   

“Por lo tanto,  la  decisión  del  a-quo,  no  es producto de la convicción subjetiva ni de la  valoración  insular de la prueba, pues como lo predica la defensa en referencia  a  la  jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, cada caso debe analizarse  en  forma  particular  y  concreta  como  efectivamente  acaeció; y así, es el  propio  letrado,  quien señala ese temperamento violento de la señora Aída de  Jesús  Carmona  Henao,  contrario  a  lo  aducido  por el Agente del Ministerio  Público  para que se dé su reconocimiento, dijo en lo atinente a un salvamento  de    voto,    como    requisitos   fundamentales   del   respectivo   atenuante  que:   

“i) sean  provocados de manera injustificada,  la  inasistencia  alimentaría  que conlleva el dar vestido a sus descendientes,  es  un  delito,  razón  por  la  cual,  la acusada debió acudir a la autoridad  competente  para  que Jhon Jairo Vergara, cumpliera con su obligación legal, no  pudiendo   tomar   la   justicia   por   sus  propias  manos;  ii)  no  tengan  explicación  patológica, la  celotipia,  realmente  es una patología que permitiría ubicarnos en el dolo de  ímpetu,  pero  se  refirió en este investigativo, que la reacción de Aída de  Jesús,  fue  por  la negativa de entregar el dinero para los zapatos de su hija  Geraldine,  ‘debiéndose  tener  una  razón  real’,  preguntándose  la  Sala,  ¿cuál  entonces era la razón real que llevó a tal  acción  delictiva?;  y  iii)  no  se  origina en una  personalidad  impulsiva,  reiteramos  que  la defensa  adujo   de   su   pupila,   que   tenía  poca  escolaridad  y  es  ‘una persona temperamental’, trayendo en referencia un aparte de  la   entrevista  a  Edgar  Antonio  Botero  Cano,  quien  afirmó:  ‘Alda,  se  localiza  en  Yarumito,  por  El Recreo, cerca al  comando,    ella    es    muy   violenta,   agresiva   y   reacciona’,   circunstancia  que  conforme  al  tercer  requisito,  no  favorece  a  la  señora  Carmona  Henao, que la Sala lo  entiende  en  el  efecto  opuesto  al  pretendido por el profesional del derecho  encargado de la defensa.   

“Nada hay pues,  de  censurable  en  la  valoración  que  el señor Juez, le dio a la pretendida  atenuante,  conforme  a  las  pruebas  allegadas  en legal y oportuna forma a la  causa,  para  no dar lugar a ella, (artículo 57 código penal – estado de ira o  intenso   dolor);   así,   acorde   a   los   hechos  investigados,  mal  puede  reprochársele  a  la primera instancia la adecuada apreciación que al respecto  se hizo frente al conjunto de pruebas.   

“Considera  la  Sala,  que  la  argumentación  referida  al  reconocimiento de la atenuante, se  torna  en  una  retractación  de  la defensa (defensor-defendido), respecto del  delito  de  Homicidio Simple, al cual se allanó en audiencia de formulación de  imputación  ante  Juez  de  Control de Garantías, para lo cual no se encuentra  legitimada  en  este estadio procesal; pues acorde al artículo 293, inciso 2°,  del  estatuto  procesal  penal,  una  vez  aprobada la aceptación unilateral de  responsabilidad  por el juez competente, no es dable la recantación”.   

Así,  se  impone  la  inadmisión  de  la  demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda de casación presentada por el Procurador 113 Judicial en  lo  Penal  II  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el   Procurador 113 Judicial en lo  Penal II, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO    J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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