33021(21-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33021  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 120.  

Bogotá,  D.  C., veintiuno (21) de abril de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación instaurada por el defensor de  BERNARDO      MURCIA     SÁNCHEZ     contra  la  sentencia  del  27  de julio de 2009 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Pereira  confirmó  el fallo proferido el 9 de marzo del  citado  año  por el Juzgado Penal del Circuito de Dosquebradas (Risaralda), que  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de 128 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso, como autor responsable del delito de homicidio  tentado,  en  concurso  con  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego y  municiones.   

HECHOS  

Los  resumió  el  Tribunal  de la siguiente  manera:   

“Dan cuenta los  registros,  que  al  final de la tarde del día diez (10) de mayo de 2008, en la  pesebrera      “Los  Infieles”  ubicada  en la  calle  8  No.  26-30  del  barrio  El Japón de Dosquebradas, varias personas se  reunieron  en  ese  lugar  para  departir  con ocasión del día de la madre, en  cumplimiento  de  la  invitación  que  les  hiciera el señor Bernardo Restrepo  Barco.  Estando  en  ese lugar, el señor Óscar Andrés Rodríguez Hernández y  sus  acompañantes  expresaron algunos piropos a una dama que iba acompañada de  un  sujeto,  persona  ésta  que los miró feo. El citado Óscar reaccionó ante  esa  actitud  y  quiso  averiguar  de quién se trataba, pero otro individuo que  resultó  ser BERNARDO MURCIA, se opuso a ello y le dijo a Óscar que si era que  él  miraba muy bonito, añadió que él respondía por el otro, sacó un arma y  le   hizo   dos  disparos  que  ingresaron  por  el  cuello.  Las  personas  que  acompañaban  a  Óscar  reaccionaron  al  verlo  herido  y se fueron encima del  agresor  quien finalmente resultó herido en un tobillo. En ese instante aparece  en  escena  un  tercer sujeto hasta el momento desconocido, quien les disparó a  los  acompañantes  de  Óscar  por  la  espalda  y  causó lesiones a Ánderson  Hernández,  Ólver  Hernández  y  Geiber  Hernández, de los cuales el último  falleció”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Aprehendido momentos después de ocurridos  los   hechos,   BERNARDO  MURCIA  SÁNCHEZ  fue llevado al día siguiente ante el Juez Segundo Penal Municipal  con  funciones  de  control  de garantías, realizándose así las audiencias de  legalización  de  captura,  formulación de imputación e imposición de medida  de aseguramiento.   

2.  Ante el no allanamiento a los cargos, la  Fiscalía     presentó    escrito    de    acusación    contra    BERNARDO  MURCIA  SÁNCHEZ, con base en el  cual  el Juez Penal del Circuito de Dosquebradas celebró el 28 de julio de 2008  la  respectiva  audiencia,  durante  la cual la Fiscalía atribuyó al procesado  los  ilícitos  de  homicidio,  tentativa  de  homicidio,  lesiones personales y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones.   

3. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  juez  de conocimiento el 29 de agosto del precitado año y el juicio oral lo  evacuó  en  dos  sesiones realizadas el 9 de diciembre de 2008 y el 20 de enero  de  2009,  a  cuyo término anunció el sentido del fallo, precisando que sería  de  carácter  condenatorio  por  los  delitos  de  tentativa de homicidio en la  persona   de   Óscar  Andrés  Rodríguez  Hernández  y   fabricación,   tráfico   y  porte  de  armas  y  municiones,  mientras  de naturaleza absolutoria respecto de los demás punibles  objeto de acusación.   

4.  El  9  de  marzo  de  2009  profirió la  sentencia   anunciada,   decisión   apelada   por  la  defensa  en  el  aspecto  condenatorio,  pero  confirmada por el Tribunal Superior de Pereira con el fallo  del 27 de julio siguiente.   

4. Atendiendo el sentido del pronunciamiento  de   segunda   instancia,   el   mismo   sujeto   procesal  acudió  al  recurso  extraordinario de casación, presentando el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

          Un  cargo  formula  la  impugnante contra la sentencia del Tribunal,  que  apoya  en la causal primera de casación contemplada en el artículo 181 de  la  Ley  906  de 2004. Bajo esa consideración, acusa al juzgador de interpretar  indebidamente  las normas de carácter constitucional y legal, por atribuirse al  procesado  conductas  sin  sustento  probatorio,  empezando  porque  el  testigo  estrella  de  la  Fiscalía,  señor  Diego  Alejandro  Quintero  Hernández,  no  resultó serlo, dado que lo  relatado  por  él  en  el  Hospital  Santa  Mónica  no  fue obra suya sino del  policía  Villota,  quien se  “craneó”  la  falsa acusación a manera de los  “falsos  positivos”  que han hecho carrera en el país.    

          Según  el  actor,  la  mencionada  entrevista  se  recepcionó  sin  fórmula  de  juramento, contrario a lo acontecido con el testimonio que rindió  en  el  juicio  oral,  respecto  del cual refiere el despliegue de maniobras por  parte  del  fiscal  delegado  encaminadas  a  afirmar  que  el declarante estaba  amenazado,  cuando la realidad es que el deponente venía siendo obligado por el  citado  funcionario  para  testificar  en  contra  del acusado. Por eso, añade,  inicialmente  se negó a declarar, pero ya después, cuando no tuvo otra opción  que   hacerlo,   “Diego  Alejandro   no   dijo   lo   que   el   fiscal  quería  que  dijera”.   

         

          También,  en  criterio  del  impugnante,  se ideó la excusa de las  amenazas  para  justificar  la  no  comparencia  al  juicio oral de los testigos  Ánderson,  Óscar  Andrés y  Ólver, cuando en realidad se  negaron  a  rendir declaración, pese a lo cual el juez del conocimiento omitió  ejercer  los  mecanismos  legales  para el efecto, estructurándose una duda que  debió  resolverse  a  favor  del  acusado,  cuyo no reconocimiento comportó la  incursión de un error in procedendo atribuible al juzgador.   

          Denunció,  de  otra  parte, la falta de aplicación de lo dispuesto  en  el  artículo  460 del estatuto procesal penal, pues el fallador no efectuó  una  acumulación  jurídica  de la pena sino una acumulación aritmética de la  misma.   

          Retomando  el  tema  de  la  no  comparecencia al juicio oral de los  testigos   de   cargo,   el  libelista  refiere  como  extraña  la  actitud  de  Ólver porque si fue capaz de  increpar  y  señalar  al  procesado  en el Hospital Santa Mónica, “no  hay  razón  para  que  no hubiera  asistido  a  la audiencia de juzgamiento donde tenía protección de la policía  y   Murcia   estaba   cogido   y  no  podía  atentar  contra  ellos”.  En fin, en  su  concepto, en este caso abundan los errores in procedendo e in iudicando, los  cuales  obligan a concluir que el principio de presunción de inocencia no se ha  desvirtuado,  ni  siquiera  en  relación  con  la  imputación  relativa  a  la  posesión  de  un  arma  de  fuego,  porque  en la actuación no obra prueba que  soporte ese hecho.   

          Finalizó   afirmando  el  desconocimiento  del  artículo  381  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  porque  la  sentencia  se  sustentó  en los  testimonios         de         “oídas” de los  policías    Villota    y  Julián  Valencia, así como  con  las  exposiciones  de  Diego Alejandro, Ánderson  y    Ólver,  a  quienes no se les recepcionó juramento, erigiéndose también  en testigos de referencia.   

          De  esa  manera,  solicitó casar la sentencia impugnada para, en su  lugar, dictar la de reemplazo de carácter absolutorio.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          La  Sala no deja de insistir en señalar que la demanda de casación  no   es   un   escrito  de  libre  elaboración  sino  que,  dado  el  carácter  extraordinario  de  ese  recurso,  debe  cumplir unos presupuestos de adecuada y  lógica   fundamentación,   sin   los   cuales   el   libelo   no   podrá  ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  esas  normas  exige  al  censor  presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Revisada  la  demanda  instaurada  por  el  defensor de BERNARDO  MURCIA  SÁNCHEZ,  necesario  se  hace  concluir  que  la  misma  no  cumple las exigencias de adecuada redacción  indispensables   para   su   admisión  y,  antes  bien,  presenta  numerosos  e  insalvables  defectos  que  la tornan inepta para esos propósitos.            

          En  efecto,  el  único cargo que formula lo apoya en el numeral 1º  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, acusando de esa manera al fallador de  incurrir   en   violación  directa  de  la  ley  sustancial.  No  obstante,  la  enunciación  de la censura no se corresponde con su desarrollo, pues a lo largo  de  la  demanda  se  dedica,  en  general, a referir la existencia de errores de  valoración  probatoria,  desviando  así  el  discurso hacia los terrenos de la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, causal de casación contemplada en  el numeral 3º de la precitada disposición procedimental.   

Recuérdese  que  la  violación  directa se  diferencia  de  la  indirecta  en que en la primera al demandante le corresponde  proponer  una  discusión  netamente  jurídica,  para  lo cual está obligado a  aceptar  los  hechos  tal  como los declaró probados el fallador, sin que pueda  controvertir  el  mérito  asignado por éste a los medios de convicción. En la  violación  indirecta,  en  cambio,  el  ataque  sí  comprende  la  valoración  persuasiva de las pruebas realizada por el juzgador.   

          El   libelista,  salvo  la  afirmación  referente  a  la  falta  de  aplicación  de lo dispuesto en el artículo 460 del estatuto procesal penal por  no  efectuar  el  fallador  una  acumulación  jurídica  de  la  pena  sino una  acumulación  aritmética  de  la  misma,  no postula controversia de naturaleza  netamente  jurídica,  sino  que  se  enfrenta  a  las  conclusiones fácticas y  probatorias   del   Tribunal,  luego  –se  insiste-  la  invocación  que  hace  de  la  causal  primera de  casación resulta desacertada.   

          Y  en  cuanto  al  argumentado  desconocimiento  de  la acumulación  jurídica  de penas, el reproche se quedó en su mera enunciación, pues omitió  señalar  en  qué  consistió  ese  error,  amén  de  resultar infundado dicho  cuestionamiento,   pues   el   a   quo   impuso  al  acusado  una sanción muy inferior a la suma aritmética  de   la   penas   que  determinó  para  cada  uno  de  los  delitos  objeto  de  reproche.   

          Más  aún,  en  la  fundamentación de la censura el actor no sólo  invade  los  terrenos  de  la causal tercera de casación, sino que en muchos de  sus  apartes  resulta  acusando al ad quem de     incurrir     en     errores    in  procedendo,  con lo cual terminó incursionando en los  confines  de  la  causal  segunda, insinuando entonces la existencia de nulidad,  pues  tal  es  el  alcance que jurisprudencialmente se ha dado a esa expresión.  Aun  cuando,  vale  precisar, se abstuvo de acometer fundamentación orientada a  demostrar   la   irregularidad   generadora  del  vicio  procedimental  aducido,  dejándolo también en la simple enunciación.   

          Respecto  de  los cuestionamientos de orden probatorio formulados al  Tribunal,  el impugnante no atinó en estructurar la existencia de alguno de los  yerros  denunciables  por esa vía en casación, de manera que ni precisó si en  la  sentencia se incurrió en error de hecho o en error de derecho, ni ubicó la  censura  en  alguna de las modalidades en las cuales se expresan esos yerros, es  decir,  en  el  primer  caso (error de hecho), falso juicio de existencia, falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio y, en el segundo (error de derecho),  falso juicio de legalidad y falso juicio de convicción.   

          Si  bien  pudiera  decirse, aún a riesgo de desatender el principio  de  limitación  propio  del  recurso de casación, que al sostener el actor que  las  entrevistas  se  recepcionaron  sin  la fórmula del juramento es porque su  intención  se  encaminó  a fundamentar un falso juicio de legalidad, lo cierto  es  que  ni mencionó las reglas normativas desconocidas por el sentenciador, ni  explicó  la  trascendencia  de  la  anomalía, presupuestos de sustentación de  insoslayable  cumplimiento  cuando  se  pretende  acreditar  un  reparo  de  esa  naturaleza, como lo tiene precisado la jurisprudencia de la Sala.   

          De  la  misma  manera,  en  cuanto  argumenta  que  el  ad  quem sustentó el fallo únicamente con  pruebas   de   referencia,   algunas   de   ellas,  según  se  infiere  de  sus  planteamientos,  no  admisibles por la inexistencia de amenazas que impidieran a  los  testigos  acudir  al  juicio  oral,  bien  puede  afirmarse que postuló la  presencia  de  un  falso  juicio  de  convicción  por desconocimiento del valor  menguado que la ley atribuye a esos elementos de prueba.   

          Sin  embargo, observa la Sala que el comentado cuestionamiento no se  corresponde  con  los fundamentos de la sentencia, pues en la edificación de la  condena  el  juzgador  consideró  el  testimonio  rendido en el juicio oral por  Diego   Alejandro   Quintero   Hernández,  el  cual  valoró  en  conjunto  con  la entrevista que ese mismo  declarante  ofreció  inmediatamente  después  de  la ocurrencia de los hechos,  otorgando  credibilidad  a  lo  dicho  en  esa  primera  oportunidad,  para cuyo  propósito  el Tribunal se amparó en la jurisprudencia de la Corte expresada en  las   sentencias   del   9  de  noviembre  de  20061  y  del  8  de  noviembre  de  20072,  ratificada  en  el  fallo  de  casación  del  1º  de  julio  de  20093,  acorde  con la cual las declaraciones previas acceden al juicio a  través  del  interrogatorio y contrainterrogatorio formulados a los respectivos  testigos  en  el  juicio  oral,  pudiendo entonces ser estimadas por el fallador  para cimentar su decisión.   

          Se  aprecia,  de  otra  parte, que el Tribunal también sustentó la  condena   con   la   entrevista   rendida  por  Ólver  Hernández,  considerándola como prueba de referencia  admisible,     con     sustento     en     la     teoría    del    “testigo   no   disponible”   prohijada   por  la  Corte  en  la  sentencia    del    6    de    marzo    de    20084,  atendida  la  imposibilidad  para dar con su paradero.   

          Son,  pues,  múltiples  los defectos de sustentación apreciados en  el  libelo,  sin  que  la Sala encuentre necesario superarlos, máxime cuando el  censor  en ningún momento se esforzó por rebatir los fundamentos contenidos en  las  jurisprudencias con apoyo en las cuales el ad quem  apreció     los    testimonios    base    de    la  condena.           

          En  consecuencia,  se  inadmitirá la demanda de casación objeto de  examen,  como  quiera  que  además  no se observa la vulneración de garantías  fundamentales,   a   cuyo  restablecimiento  deba  acudir  la  Corte  de  manera  oficiosa.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación5,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el  defensor  de  BERNARDO  MURCIA  SÁNCHEZ.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria   

    

1  Radicación 25738.   

2  Radicación 26411.   

3  Radicación 28935.   

4  Radicación 27477.   

5 Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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