32403(03-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32403  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 065  

          Bogotá    D.C.,    tres   (3)   de   marzo   de   dos   mil   nueve  (2010).   

VISTOS  

Procede  la  Sala  a  desatar  el  recurso de  apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  la  sentencia  dictada por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  por cuyo medio condenó al doctor GUSTAVO   HERNÁNDEZ   SIERRA,   en   su  carácter  de  Juez  Segundo  Laboral  del  Circuito  de  esa  ciudad, a la pena  principal  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses de prisión, como autor penalmente  responsable del delito de prevaricato por acción.   

HECHOS  

Motivó    este    diligenciamiento    el  comportamiento   del   doctor   GUSTAVO   HERNÁNDEZ  SIERRA,  quien  en  la  referida  condición  judicial  decidió,  el  17  de  octubre  de  2003,  dentro  del proceso ordinario laboral  promovido  a  través  de  apoderado  por   José  Leonel  Borja  Marín y otros, contra la Caja Nacional  de  Previsión,  condenar  a  la  parte  accionada  a  reconocer el derecho a la  “pensión  gracia” a los demandantes.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  13  de  enero  de 2004, las Procuradoras  Judiciales  para  Asuntos  Administrativos  de  la  Procuraduría  Regional  del  Tolima,  presentaron  queja  disciplinaria  ante  el  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura   del   citado   departamento,   contra   del   doctor   GUSTAVO  HERNÁNDEZ SIERRA, por considerar  que  con  la  referida  decisión  incurrió  en  el  delito  de prevaricato por  acción.   

El  19 de mayo de 2004, la Fiscalía Primera  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Ibagué, abrió investigación previa en  contra   del   doctor  HERNÁNDEZ  SIERRA,   con   fundamento   en   las   copias  compulsadas  por  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura.   

El  9  de  noviembre de 2005 se calificó el  mérito  del sumario con resolución de acusación en contra del sindicado, como  presunto  autor  del  delito  de  prevaricato  por  acción,  decisión  que fue  confirmada  el  30  de  enero  siguiente por la Fiscalía Delegada ante la Corte  Suprema de Justicia.   

El  4 de junio de 2009, el Tribunal Superior  de  Ibagué, profirió fallo, a través del cual condenó al doctor HERNÁNDEZ  SIERRA a la pena principal de  cuarenta  y  ocho (48) meses de prisión, multa de ochenta y cinco (85) salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el término de sesenta y cinco (65) meses, como autor  penalmente responsable del delito de prevaricato por acción.   

En  el  mismo  proveído  le  fue  negado el  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la sentencia, así  como la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Contra  el  fallo  del  Tribunal el defensor  interpuso  recurso  de  apelación,  y  presentó escrito sustentatorio de dicha  impugnación, la cual corresponde desatar en esta providencia.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

          Luego  de  transcribir  fragmentos  de la indagatoria rendida por el  doctor  HERNÁNDEZ  SIERRA,  así  como  los  alegatos  presentados  por  los sujetos procesales, el Tribunal  señaló  que  no  incurría  en  causal  de nulidad que pudiera afectar total o  parcialmente la validez de la actuación.   

          Afirmó  que  la  determinación  asumida por el doctor GUSTAVO  HERNÁNDEZ  SIERRA  como Juez, el  17  de  octubre  de  2003,  dentro  del proceso ordinario laboral adelantado por  cuarenta  docentes en contra de la Caja Nacional de Previsión Social, resultaba  visiblemente  contradictoria  con  lo  dispuesto por el legislador en el numeral  3°  del artículo 4° de la Ley 114 de 1913, pues a pesar de que en tal mandato  se  establece  con  claridad como requisito para otorgar la llamada pensión  gracia,  que el peticionario no  haya  recibido  ni  reciba  otra  pensión  o  recompensa de carácter nacional,  torcidamente  reconoció  tal  prestación,  pese a que el nombramiento de ellos  provenía  del  Gobierno  Nacional,  ente que los remuneraba y por lo tanto, los  alejaba  de  la pretensión que finalmente, con desafiante desconocimiento de la  ley, se les reconoció en la aludida decisión.   

          Añadió  el  Tribunal  que  la claridad del artículo 1° de la Ley  114  de  1913  no llama a confusión, logrando concluir que los destinatarios de  tal  prestación,  son  exclusivamente  los maestros de escuelas primaria de los  municipios  o  departamentos;  situación que se hizo extensiva posteriormente a  empleados  y  profesores  de las escuelas normales e inspectores de instrucción  pública,  según  lo  dispuesto  por  la  Ley  116  de 1928 y a los maestros de  enseñanza secundaria a través de la Ley 37 de 1933.   

De  lo anterior coligió el Tribunal, que la  norma  establece  un  límite  temporal  para  los  destinatarios de la referida  pensión,  pero sin modificar los requisitos de la Ley 114 de 1913, pues a ellos  se  remite  siendo  inclusive  reiterativa  dentro  del  mismo  texto  al exigir  “…la  totalidad de los  requisitos…”  dentro de  los   cuales  está  la  prohibición  de  haber  recibido  o  estar  recibiendo  “otra   pensión   o  recompensa   de   carácter   nacional”.   

          Señaló  aquella  Corporación  que tanto en la indagatoria rendida  ante  la  Fiscalía  como  en  la  versión  ante  el  Consejo  Seccional  de la  Judicatura,  el  doctor  HERNÁNDEZ SIERRA  aceptó  haber  reconocido  la prestación denominada “pensión      gracia”   a   docentes  que  completaron  el  requisito  de  los veinte (20) años de servicio laborado en entidades del orden  nacional,  cincuenta  (50)  años  de  edad  y  estar  vinculado antes del 31 de  diciembre  de  1980,  aduciendo que la norma no había especificado si eran o no  válidos  los  tiempos  servidos  a  la  Nación  y  por  eso  los  servicios no  necesariamente     debían     haber    sido    prestados    en    instituciones  territoriales.   

          Luego,  el  Tribunal  precisó  que así mismo, estaba acreditada la  materialidad  de la conducta con la sentencia proferida por el Juez investigado,  en  la  que  cita  las  resoluciones  de  CAJANAL donde se negó la pensión  gracia  a  cada  uno de los que  luego   presentaron   demanda   ante  su  despacho,  advirtiendo  allí  que  la  improsperidad  del  pedimento  se  basaba  en  la  carencia  de  los  requisitos  contenidos en la Ley 114 de 1913.   

Continuó el a quo  sustentando  que al auscultar la providencia proferida  por    el    Juez    HERNÁNDEZ   SIERRA,  advierte cómo para efectos de presentar un remedo de motivación  con   la   que   pudiera   arribar   al   reconocimiento   de   la  “pensión      gracia”  a  los  accionantes sin derecho a la  misma,  suprimió  la exigencia concerniente a la prohibición de haber recibido  o  estar  recibiendo “otra  pensión      o      recompensa      de      carácter      nacional”,  borrando  tal  dispositivo  del  texto de la ley, lo que le permitió concluir que estaban  satisfechos  los  requisitos  exigidos  para  los  demandantes por la Ley 114 de  1913.   

Indicó  esa Corporación que el funcionario  judicial  al  hacer  el análisis de la Ley 4ª de 1992 y 91 de 1989, le dio una  interpretación  diferente  a su fácil exégesis, ya que esta última permite a  los   docentes   vinculados  hasta  el  31  de  diciembre  de  1980  obtener  la  pensión  gracia, siempre y  cuando  no  reciban  otra pensión o recompensa de carácter nacional, exigencia  que    el    Juez    HERNÁNDEZ   SIERRA  no  quiso  incluir  en su valoración para tener a los demandantes  como  legítimos  destinatarios  de una prestación a la que no tenían derecho,  otorgándosela   a   través  de  providencia  manifiestamente  contraria  a  la  Ley.   

Refirió  el Tribunal que la estructuración  del  prevaricato  no  sólo  se  advierte  en  la  decisión  ya  conocida, sino  también,  al adelantar un proceso ajeno a la jurisdicción laboral a la que él  pertenecía,  por  cuanto  el  legislador  enmarcó  dentro  de  los  regímenes  especiales  el  Sistema  de  Seguridad  Social Integral de los docentes, para lo  cual  creó el Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (Ley 91 de  1989).  Así  las  cosas,  la  jurisdicción  para asumir el conocimiento de los  conflictos  en  que se encuentren comprometidos docentes, como el que desató la  petición     de     pensión    gracia,   es  atribución  exclusiva  y  excluyente  de  la  jurisdicción  Contencioso Administrativa.   

Consideró  el  a  quo   que   al   condenar   el   Juez   HERNÁNDEZ  SIERRA  a la Caja Nacional de  Previsión   a  pagar  a  los  docentes  la  pensión  gracia  sin  tener derecho a ella, lesionó gravemente  el  interés  jurídico  tutelado  por el legislador, porque dicha entidad ya la  había   negado   a   los  demandantes  por  provenir  su  nombramiento  y  pago  del  nivel  nacional. Sin  embargo,  este  funcionario  profirió  a favor de los mismos una decisión para  que  arremetieran  contra  el  tesoro  público  y  consecuentemente  se  vieran  afectados  los  recursos  de  la administración pública, satisfaciendo así el  requisito   de   antijuridicidad  material  que  deben  ostentar  las  conductas  descritas en la ley penal.   

Para  esa  Corporación  el  actuar del Juez  HERNÁNDEZ  SIERRA  estuvo  precedido  de  dolo,  conclusión  a  la  que  se  llegó  a través de precisas  circunstancias materiales acreditadas de la siguiente manera:   

El       doctor       HERNÁNDEZ  SIERRA  tenía  conocimiento,  antes  y después de admitir la demanda, que ese asunto no era de competencia de  la jurisdicción laboral   

Antes,   porque   testimonios   de  varios  funcionarios  entendidos  en el tema manifestaron que luego de haberse promovido  una  colisión  de  competencia  ante  el Consejo Superior de la Judicatura, esa  Corporación  había  señalado  que  los regímenes exceptuados en el artículo  279  de  la  Ley  100  de  1993,  correspondían  a la jurisdicción Contencioso  Administrativa.  Sumado  a  lo  anterior,  para  la época de la admisión de la  demanda,  21de  marzo  de  2003,  y  la fecha de la sentencia, 17 de octubre del  mismo  año,  ya  la Corte Constitucional (C-1027 de 2002) se había manifestado  en el mismo sentido.   

Después, porque la representante de la Caja  Nacional  de  Previsión  se  lo  advirtió a través de la excepción previa de  falta  de  jurisdicción y competencia que le planteó en la contestación de la  demanda,  la  cual  el  Juez dio por no contestada por carecer de la firma de la  apoderada,  situación  en  la que insistió la representante de CAJANAL, cuando  le  propuso  las  mismas  excepciones  al  responder la pretensión acumulada de  treinta y nueve docentes más.   

Además, el Juez desaprovechó la oportunidad  procesal  de  la  audiencia  de  conciliación  y  saneamiento  del litigio para  adentrarse  en  ese estudio, lo cual develó el interés en sustraerse del tema,  retener  a toda costa la competencia y su intención de proferir una providencia  manifiestamente contraria a la ley.   

Afirmó el Tribunal que el Consejo de Estado  desde  1997  unificó  su  criterio  respecto  de  quienes  podían acceder a la  pensión   gracia,  donde  señaló  a  los  docentes de educación primaria, regional o local, empleados y  profesores  de  las  escuelas  normales,  inspectores  de instrucción pública,  maestros  de  enseñanza  secundaria  y  docentes departamentales o regionales y  municipales,  que  de acuerdo a la Ley 43 de 1975 quedaron dentro del proceso de  nacionalización  de  la educación primaria y secundaria oficiales; quienes por  habérseles  sometido  repentinamente  al  cambio  de tratamiento, se les dio la  oportunidad  de  reconocer  la  referida  pensión,  siempre  que  reunieran  la  totalidad  de  los  requisitos previstos en las Leyes 114 de 1913, 116 de 1928 y  37  de  1933. Dentro de ellos no quedaron incluidos los docentes nacionales sino  exclusivamente los nacionalizados.   

Enunció  el  a  quo  que  esa  determinación  de  la  Sala  Plena del  Consejo  de Estado, fue puesta de presente por la representante de CAJANAL en la  contestación      de      la     demanda     y     el     Juez     HERNÁNDEZ   tenía  la  obligación  de  referirse  a  dicho precedente, pues era argumento defensivo atinente al aspecto  sustancial  del  punto  a  decidir,  situación  que le impide manifestar que no  conocía  tal  orientación  jurisprudencial, habiendo mostrado al soslayarlo el  dolo   con   el   que  quiso  otorgar   pensión  gracia a quienes no tenían derecho.   

Esa colegiatura, al estudiar el error de tipo  argumentado   por   el   abogado  defensor,  señaló  que  esta  norma  muestra  abstractamente  al  autor  que  obra voluntariamente, pero no se ha representado  que  su  comportamiento  se subsume en un tipo penal. En el caso del prevaricato  la providencia que dicta es manifiestamente contraria a la ley.   

Indicó que en el error de tipo invencible el  autor  se  equivoca  en  la  interpretación  pero  no  se  le castiga porque ni  siquiera  con diligencia y cuidado habría arribado a otra conclusión y por eso  no  fue  considerado  en  el  caso  materia  de  examen,  pues toda la comunidad  jurídica    que    rodeaba   al   Juez   HERNÁNDEZ  SIERRA  para  la  época  de  los hechos, entendieron,  unos,  que había que entregar los procesos (Jueces Laborales) y otros, el deber  de  asumirlos  (Jueces  Contenciosos  Administrativos),  con  fundamento  en  la  decisión  del  Consejo Superior de la Judicatura que definió la competencia de  la  pensión  gracia  en la  jurisdicción Contencioso Administrativa.   

De igual manera precisó que el error de tipo  vencible  se  concreta  en  la  falsa  representación  que  bien pudiese podido  salvar   el  autor  con esfuerzo, que además le resultaba exigible, por lo  que  podría  pensarse  inicialmente  que sería el caso del doctor HERNÁNDEZ  SIERRA  y como el prevaricato  no  admite  la  modalidad  culposa habría que absolverle, pero ello como no fue  así,  pues  las  evidencias  advertidas  permitieron  arribar a una conclusión  diferente, ese despacho desestimó tal postulación.   

Con  base  en los argumentos precedentes, el  a  quo consideró demostrada  la  materialidad  del  delito de prevaricato, así como la responsabilidad penal  del   doctor  GUSTAVO  HERNÁNDEZ  SIERRA,  como  en  la  vista pública fue planteado por la Fiscalía, y en  consecuencia, dispuso su condena en la forma ya señalada.   

LA IMPUGNACIÓN  

El defensor del acusado impugnó el fallo del  Tribunal  y  allegó el correspondiente escrito sustentatorio con las siguientes  consideraciones:   

1.            Argumenta la ausencia de responsabilidad  del     doctor    GUSTAVO    HERNÁNDEZ   SIERRA,  por  haber  obrado  con  error  invencible  sobre  la  licitud de su conducta, que le  imposibilitó  la  comprensión  de  la  antijuridicidad,  como  lo  dispone  el  artículo 32 numeral 11 de la Ley 599 de 2000.   

2.            Indica  que el artículo 2° numeral 4°  del  Código de Procedimiento Laboral adjudicó a la Justicia Laboral Ordinaria,  sin  excepción  alguna,  el  conocimiento de los conflictos relacionados con la  Seguridad  Social  Integral  dentro de los cuales concurre el relacionado con la  pensión gracia.   

3.            Señala  que  el  proceso  promovido por  cuarenta  docentes contra CAJANAL, fue notificado personalmente al representante  legal  de  la  entidad.  La  demanda  fue  contestada por una funcionaria que no  acreditó  su  condición  de  abogada, pues no exhibió la tarjeta profesional,  razón por la cual se tuvo por no presentada.   

Considera no válido el argumento que debió  otorgársele  5  días  para  enmendar  el  yerro, pues este plazo para corregir  errores    de   la   contestación   “sólo           opera          para          inadmitirla”  y  no  para  superar la ausencia del  ius  postulandi  que se debe  presentar  con  el  memorial  respectivo,  lo cual constituiría una  falla  grave, de conformidad con el artículo 42 del Decreto 196 de 1971.   

4.-  Aduce  que  el  Consejo  Superior de la  Judicatura,  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria, en providencia del 13 de junio  de  2002  resolvió  un  conflicto  negativo de jurisdicción suscitado entre el  Tribunal  Administrativo  del Huila y el Juzgado Tercero Laboral del Circuito de  Neiva  dentro  del proceso promovido por Genaro Gómez  Chavarro   contra   CAJANAL,   donde   solicitaba  el  reconocimiento   de  la  pensión  gracia,  dirimiendo  tal  conflicto  para  conocer  del asunto a favor del  segundo,  y  señala  despachos  judiciales  que  han reconocido esa prestación  amparados en tal providencia.   

5.-   La  decisión  tomada  por  el  Juez  HERNÁNDEZ   se  encuentra  soportada  en  la  sentencia  del  Consejo  de  Estado,  Sala  de lo Contencioso  Administrativo,  Sección  Segunda,  Subsección  b  del  29  de  junio de 2000,  mediante  la  cual revocó la sentencia de 17 de septiembre de 1999 del Tribunal  Administrativo  de Cundinamarca, donde señala que la Ley 114 de 1913 no exige a  los      “servicios  docentes”   para   el  reconocimiento   de  la  pensión  gracia,   que   se   haya   laborado   exclusivamente   en   instituciones  territoriales, pues el texto legal no hace esta distinción.   

Como    conclusiones,    el    recurrente  expone:   

          a)        Se  relieva  la  falta  de dolo en el actuar del doctor HERNÁNDEZ SIERRA.   

          b)        Se    advierte    la    “falta        de        malicia        del        jurista”  como  que  actuó  seguro  de que su  conducta se subsumía en los cánones de la legalidad.   

          c)        Se     impone     la     absolución    por    haber    “actuado   ignorando  la  prohibición  general”  por los cambios  súbitos de jurisprudencia.   

          d)        Se advierte la presencia de un error invencible.   

          e)        Si  la  culpabilidad  es presupuesto de punibilidad, el conocimiento  de  la antijuridicidad es presupuesto de atribución de culpabilidad, pues quien  no  tiene  conciencia  de la prohibición no está en capacidad de abstenerse de  hacer lo que, en último hizo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Sala  es  competente  para  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia dictada en  este  proceso  de conformidad con lo establecido en el numeral 3º del artículo  75  del Código de Procedimiento Penal, pues la acción penal es ejercida contra  un  Juez  Laboral  del  Circuito de Ibagué, juzgado en primera instancia por el  Tribunal Superior de la misma ciudad.   

A  fin de abordar la temática propuesta por  el  recurrente  es  oportuno  recordar  que el delito de prevaricato por acción  precisa    de    una    resolución,    dictamen    o    concepto   –   en   este  caso,  una  providencia  judicial  – ostensiblemente  contraria  a  la  legislación,  es  decir,  que su contenido torna notorio, sin  mayor  dificultad,  la  ausencia  de  fundamento  fáctico  y  jurídico,  y  su  contradicción  con  la  normatividad,  de  manera  que  rompe  abruptamente  la  sujeción   que   en   virtud   del   “imperio    de   la   ley”  (artículo  230  de  la  Carta  Política)  deben los funcionarios  judiciales  al  texto de la misma, garantía que data de la revolución francesa  en   procura   de   evitar   la   arbitrariedad   y   el   capricho   de   quien  decide.   

          Tal  ocurre,  por  ejemplo,  cuando  las  decisiones se sustraen sin  argumento  alguno del texto de preceptos legales claros y precisos, o cuando los  planteamientos  invocados  para  ello no resultan de manera razonable atendibles  en  el  ámbito  jurídico,  v.g.  por  responder  a  una  palmaria  motivación  sofística  grotescamente  ajena  a  los medios de convicción o por tratarse de  una interpretación contraria al nítido texto legal.   

          Con  un tal proceder debe advertirse la arbitrariedad y capricho del  servidor  público  que adopta la decisión, en cuanto producto de su intención  de  contrariar  el ordenamiento jurídico, sin que, desde luego, puedan tildarse  de  prevaricadoras  las  providencias por el único hecho de exponer un criterio  diverso  o novedoso, de manera especial cuando abordan temáticas complejas o se  trata  de  la  aplicación  de  preceptos  ambiguos, susceptibles de análisis y  opiniones                 disímiles1.   

          Es  también  necesario  indicar  que respecto de la apreciación de  las  pruebas  no  es  suficiente  con  la  posibilidad de hallar otra lectura de  ellas,   en  cuanto  es  menester  que  la  tenida  como  prevaricadora  resulte  contundentemente  ajena  a las reglas de la sana crítica al momento de ponderar  los  medios  probatorios, de manera que denote capricho y arbitrariedad de quien  así   procede2.   

          Una  vez  efectuadas  las  anteriores  precisiones  y  en  punto  de  resolver  la  impugnación  presentada,  es oportuno efectuar un recuento de los  hechos  que  motivaron  la  acción  judicial  en  la  cual se profirió el auto  tildado de prevaricador, así:   

          (i)                       El Juzgado Segundo Laboral de Ibagué inició en  marzo  de  2003  proceso  ordinario  laboral de primera instancia, promovido por  José  Leonel  Borja  Marín  contra  la  Caja  Nacional  de  Previsión Social, para que se le reconociera el  derecho    a    la    pensión   gracia.   

          (ii)                      El  30  de  abril  siguiente,  la  apoderada  de  CAJANAL  contestó  la  demanda  en  la  cual  manifestó  que  el reclamante no  cumplía   con   los   requisitos   para   ser   merecedor  de  la  pensión  gracia  y  señaló la falta de  jurisdicción  y  competencia de la Justicia Laboral Ordinaria para adelantar el  proceso.  Fundamento  que  la  misma abogada reiteró el 13 de junio de 2003, al  contestar la adición de la demanda de 39 docentes más.   

          (iii)                     El  2  de  julio  del  mismo  año, en audiencia  obligatoria  de  conciliación,  decisión de excepciones previas, saneamiento y  fijación  del  litigio,  el doctor GUSTAVO HERNÁNDEZ  SIERRA  se abstuvo de pronunciarse sobre la excepción  de  falta  de jurisdicción y competencia señalada y tuvo como no contestada la  demanda por ausencia de la firma de la signataria.   

          (iv)                      El  17 de octubre de 2003, el doctor  HERNÁNDEZ SIERRA profirió decisión de  primera  instancia  dentro  del  proceso  ordinario laboral y condenó a la Caja  Nacional  de  Previsión  Social  a  reconocer  el  derecho  a  la  pensión  gracia a cuarenta (40) docentes,  liquidando  por  secretaria  las costas del proceso en la suma de mil quinientos  noventa  millones  cuatrocientos  treinta  y siete mil quinientos cincuenta y un  pesos ($1.590.437.551.00), a cargo de la entidad demandada.   

          Para  resolver  los  motivos  de  impugnación  presentados  por  el  recurrente,   es   oportuno   señalar   lo   que   ha   dicho   el  Consejo  de  Estado3  sobre  la  pensión  gracia establecida en la Ley 114 de 1913:   

“comenzó siendo  una  prerrogativa  gratuita que reconocía la Nación a cierto grupo de docentes  del  sector  público: los maestros de educación primaria de carácter regional  o  local;  grupo  que  luego, cuando se expidieron las leyes 116 de 1928 y 37 de  1933,  se  amplió  a los empleados y profesores de las escuelas normales, a los  inspectores  de  instrucción pública y a los maestros de enseñanza secundaria  de  ese  mismo  orden,  y  se  dice que constituye privilegio gratuito porque la  Nación  hace el pago sin que el docente hubiese trabajado para ella. El numeral  3  del  artículo  4 de la ley 114 de 1913 prescribe que para gozar de la gracia  de  la  pensión  es  preciso  que  el  interesado, entre otras cosas; compruebe  ‘Que  no  ha recibido ni  recibe  actualmente otra pensión o recompensa de carácter nacional’.  De  lo  anterior  se establece, de  manera  inequívoca,  que  la pensión gracia no puede ser reconocida a favor de  un   docente   nacional,  pues  constituye  requisito  indispensable  para  su  viabilidad que el maestro no reciba retribución alguna  de  la Nación por servicios que le preste, o que no se encuentre pensionado por  cuenta  de  ella.  Por  ende, los únicos beneficiarios de tal prerrogativa eran  los  educadores  locales  o  regionales” (subrayas fuera de texto).   

          A  continuación  procede  la  Sala a pronunciarse sobre cada uno de  los argumentos impugnaticios expuestos por el defensor del acusado.   

1.  Como  aduce  la  defensa  que  el doctor  HERNÁNDEZ  SIERRA  actuó  bajo  error  invencible  sobre la licitud de la conducta, es pertinente recordar  que   sobre  tal  instituto  ha  dicho  esta  Sala:4:   

“El  error  de  prohibición  difiere  del  error de tipo en que el agente conoce la ilicitud de  su  comportamiento pero erradamente asume que el mismo le está permitido y que,  por  lo  tanto,  lo  excluye de responsabilidad penal. En otras palabras, supone  que  hay  unas  condiciones  mínimas  pero  serias  que  en alguna medida hagan  razonable  la inferencia subjetiva que equivocadamente se valora. Luego aquí-en  el  error  de  prohibición-la  falla en el conocimiento del agente no reside en  los  elementos  estructurales  del  modelo de conducta prohibida por la ley, las  cuales    conoce,    sino   en   la   asunción   que   tiene   acerca   de   su  permisibilidad5.   

Encuentra la Corporación, de manera diversa  a  lo  expuesto  por  el  recurrente,  que las pruebas allegadas a la actuación  procesal  tienden  a  desvirtuar  el  referido  argumento  y  por el contrario a  señalar  la  responsabilidad  dolosa del procesado. Muestra de ello es el fallo  que  profirió  contra  CAJANAL,  donde  al  citar  las normas para reconocer el  derecho  de  los  demandantes,  suprimió el requisito establecido en el numeral  3° del artículo 4° de la ley 114 de 1913.   

En    efecto,    dicha    legislación  establece:   

“Artículo     1º.-     Los  Maestros  de Escuelas Primarias oficiales que hayan servido en  el  magisterio  por  un  término no menor de veinte años, tienen derecho a una  pensión  de  jubilación vitalicia, en conformidad con las prescripciones de la  presente    Ley.    Artículo   2º.-   La  cuantía  de la pensión será la mitad del sueldo que hubieren  devengado  en  los  dos  últimos años de servicio. Si en dicho tiempo hubieren  devengado  sueldos  distintos,  para  la  fijación de la pensión se tomará el  promedio  de  los  diversos  sueldos. Artículo 3º.-  Los  veinte  años  de  servicios a que se refiere el  artículo   1  podrán  contarse  computando  servicios  prestados  en  diversas  épocas,  y se tendrá en cuenta los prestados en cualquier tiempo anterior a la  presente    Ley.   Artículo   4º.-   Para  gozar  de  la  gracia  de  la  pensión  será preciso que el  interesado  compruebe:  1.  Que  en  los  empleos  que  ha  desempeñado  se  ha  conducido  con  honradez y  consagración.  2.  (Derogado por la Ley 45 de 1913).  3.  Que  no  ha  recibido  ni recibe actualmente otra  pensión  o  recompensa  de  carácter  nacional. Por  consiguiente,  lo  dispuesto  en  este inciso no obsta para que un Maestro pueda  recibir  a  un mismo tiempo sendas pensiones como tal, concedidas por la Nación  o  por  un Departamento 4. Que observe buena conducta.  1.  (Derogado  artículo 8  Ley  45  de 1913). 2. Que ha cumplido cincuenta años,  o  que  se  halla  en  incapacidad  por  enfermedad  u  otra  causa, de ganar lo  necesario   para   su   sostenimiento” (Subrayas fuera de texto).   

La  anterior  temática fue abordada por el  doctor       GUSTAVO      HERNÁNDEZ   en  los  siguientes  términos,  dentro  de  la providencia  tildada de prevaricadora:   

“La fuente del  derecho  en  que  los  demandantes  apoyan  la  reclamación  la  soportan en lo  dispuesto  por  la  Ley 114 de 1913, la cual dispone como requisitos de tiempo y  edad  el  relativo  a  veinte (20) años de servicio como maestros computados en  diversas  épocas  y  haber cumplido cincuenta (50) años de edad; o que se haye  (sic)  en incapacidad por enfermedad u otra causa, de ganar lo necesario para su  sostenimiento.   

“Independientemente  de  los  anteriores  requisitos la misma ley en  mención  dispuso  que los interesados probaran que en el desempeño de su cargo  lo  hayan  hecho  con  honradez  y consagración, buena conducta, que carezca de  medios   de   subsistencia  y  además  que  si  es  mujer  que  sea  soltera  o  viuda.   

“En  cuanto al  requisito  exigido  para  adquirir  el derecho a la pensión Gracia (sic)  determinado en el numeral 5° del  artículo  4  de  la  ley  114  de 1913, en lo referente a que si es mujer quien  solicita  el  derecho  a  la  pensión gracia debe de ser soltera o viuda, éste  despacho   reflexiona   que  en  primer  lugar  se  debe  tener  en  cuenta  tal  discriminación  fue  abolida por la Ley 28 de 1932 la cual le concedió iguales  derechos y garantías a la mujer al igual que el hombre.   

(…)   

“Respecto  al  caso   sub-lite,  se  considera  que  la  PENSIÓN  GRACIA  solicitada  por  los  demandantes  fue  establecida  por  la  Ley  114  de 1913, inicialmente para los  maestros  de  escuelas  primarias  oficiales, que hubieran servido al magisterio  por  un  termino  no  menor de veinte años, siempre y cuando cumplieran con los  requisitos   establecidos  en  el  art.  4  de  dicha  ley,  pensión  esta  que  posteriormente,  por  medio  de  las  leyes  116  de  1928 y 37 de 1933, se hizo  extensiva  a  los  empleados  y  profesores  de  las  escuelas  normales,  a los  inspectores  de  instrucción  pública y a los maestros que hubieren completado  los  años de servicio señalados por la Ley 114 de 1913, en establecimientos de  secundaria.   

“De acuerdo con  lo  antes  plasmado,  es  menester  determinar  que  la  pensión gracia se debe  reconocer  a  quienes cumplen con los requisitos exigidos en dichas normas, más  sin  embargo  la  ley  91  de  1989 en su artículo 15 numeral 2° limitó dicha  pensión  a  los  docentes  vinculados  hasta el 31 de diciembre de 1980; siendo  este  uno  de  los  argumentos en los cuales se apoyó la entidad accionada para  negar  el  reconocimiento de la pensión gracia de los aquí demandantes; quiere  decir  lo  anterior  que  a  la  fecha tienen derecho al reconocimiento de dicha  pensión  los docentes o quienes se hayan vinculado antes del 31 de diciembre de  1980,  circunstancia  esta  que  opera  para  todos  y  cada  uno  de  los aquí  demandantes,   según   se  colige  de  la  documentación  aportada”.   

Como  se  puede  observar a simple vista, el  Juez  HERNÁNDEZ  SIERRA  no  cita  y  se  desentiende  de manera ostensible del numeral 3° del artículo 4°  que    señala    la    exigencia,   “no   haber   recibido   ni  recibir  actualmente  otra  pensión  o  recompensa   de   carácter   nacional”.  Esa  omisión le permitió llegar a la  conclusión  que  los  accionantes  reunían  los  requisitos  de ley, cuando en  realidad  era  una  prohibición  en  la  que  incurrían todos los demandantes.  Situación  que  lleva  a desestimar el argumento del  recurrente  sobre  el  reconocimiento  de  error  invencible de la licitud de la  conducta adelantada por su asistido (Subrayas fuera de texto).   

2.  En  cuanto se refiere a que el artículo  2°  numeral  4°  del  Código de Procedimiento Laboral adjudicó a la justicia  ordinaria,   sin   excepción   alguna,   el   conocimiento  de  los  conflictos  relacionados  con  la  seguridad  social integral dentro de los cuales estaba la  pensión  gracia, encuentra  la Sala que no le asiste razón al recurrente.   

En efecto, esta demostrado que para cuando el  Juez   HERNÁNDEZ   SIERRA  admitió  la  demanda,  (marzo  de  2003),  ya  la  Corte  Constitucional había  señalado6 lo contrario, así:   

“Los conflictos  relacionados  con  los regímenes de excepción establecidos en el artículo 279  de  la  Ley  100  de  1993  no  fueron  asignados  al  legislador de la justicia  ordinaria   laboral,   por  tratarse  de  regímenes  patronales   de   pensiones  o  prestaciones  que  no  constituyen  un  conjunto  institucional  armónico,  ya  que  los  derechos  allí  regulados no tienen su  fuente  en  cotizaciones  ni  en  solidaridad  social,  ni acatan las exigencias  técnicas  que  informan  el  sistema  de seguridad social integral.”   

(…)   

“Tampoco incurre  el  precepto  acusado  en violación del derecho a acceder a la justicia, ya que  por  el  contrario  está  plenamente  garantizado que cada conflicto atinente a  estos  regímenes  exceptuados  tenga  su  respectivo  juez  en  la legislación  colombiana  en  la forma prevista en el Código Contencioso Administrativo (y en  las  leyes  que lo han reformado) y en el artículo segundo del Código Procesal  del   Trabajo,   sin   que  se  presenten  fundados  motivos  de  conflictos  de  jurisdicciones  entre  la  ordinaria y la contencioso administrativa, ya que los  regímenes  exceptivos  consagrados  en  el  artículo 279 de la Ley 100 de 1993  tienen  en  ellas  inequívocamente  su  respectivo juez natural, conforme a las  reglas   de   la   competencia   señaladas   en   esos   estatutos.”   

(…)   

Por    el    contrario,    lo  que  si  podría  ser  atentatorio contra el eficaz acceso a la  justicia  sería incrementar la actual congestión de la jurisdicción ordinaria  laboral,  pues  con  el  mismo  número de operadores  judiciales  que  tiene  actualmente  tendría  que conocer adicionalmente de los  numerosos  procesos  del  personal  del  magisterio, de la fuerza pública, y en  general  de  los regímenes exceptuados de la aplicación de la ley 100 de 1993,  lo   que   podría   causar  un  inusitado  y  evidente  traumatismo”  (Subrayas  fuera de texto).   

Además,  esta postura jurídica había sido  reiterada  en  el  mes  de  marzo  de  2003,  por  el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura7   al   dirimir  un  conflicto  de  competencia  entre  el  Tribunal  Administrativo  del  Tolima y el Juzgado Primero Laboral de Circuito de Ibagué,  al precisar:   

“…tratándose  específicamente  de  una  controversia  relativa  al  reajuste  pensional de un  docente   del  Magisterio  del  Departamento,  como  es  el  caso,  no  se  sigue  la  regla general de competencia de la jurisdicción  ordinaria,  pues  la  Sala  habrá  de  atenerse a la  excepción  consagrada  en  el  artículo  279 de la ley 100 de 1993 respecto de  dichos    servidores”  (Subrayas fuera de texto).   

Aunado  a  lo anterior, desde 1997 se había  unificado    el    criterio    que    la    pensión  gracia   era   un  reconocimiento  para  docentes  de  carácter  municipal  o  territorial  y  no  a  favor de docentes nacionales. Al  respecto      el      Consejo      de     Estado8 sostuvo:   

“El numeral 3°  del  artículo 4 prescribe que para gozar de la gracia de la pensión es preciso  que  el  interesado,  entre  otras cosas, compruebe que no ha recibido ni recibe  actualmente   otra  pensión  o  recompensa  de  carácter  nacional…”   

“Despréndese de  lo  anterior,  de  manera  inequívoca  que  la  pensión  gracia  no  puede ser  reconocida   a   favor   de  un  docente  nacional,  pues  constituye  requisito  indispensable  para  su  viabilidad que el maestro no reciba retribución alguna  de  la nación por servicios que le preste, o que no se encuentre pensionado por  cuenta  de ella. Por lo tanto, los únicos beneficiarios de la prerrogativa eran  los educadores locales o regionales.   

“El  artículo  6° de la ley 116 de 1928 dispuso:   

“Los empleados y  profesores  de  las Escuelas Normales y los inspectores de Instrucción Pública  tienen  derecho  a  la  jubilación en los términos que contempla la ley 114 de  1913…   

“Destaca la Sala  que  al  sujetarse  la  regla  transcrita a las exigencias de la ley 114 de 1913  para  que  pudiera  tenerse  derecho  a la pensión gracia, dejó vigente lo que  éste   ordenamiento   prescribía   en   el   sentido   de   que   dicha  prerrogativa  no  se  otorgaba  a  docentes  que  recibieran  pensión o recompensa nacional.   

“Y la ley 37 de  1933  (inciso  2°  Art.  3°)  lo que hizo simplemente fue extender la pensión  aludida,  sin cambio alguno de requisitos, a los maestros de establecimientos de  enseñanza secundaria.   

“No es de recibo  el  argumento que en ocasiones se ha expuesto para sostener que con motivo de la  expedición  de esta norma, pueda reconocerse la pensión gracia a todos los que  prestan  sus  servicios a la Nación, por ser los maestros a que ella se refiere  docentes    de   carácter   nacional” (Subrayas fuera de texto).   

Como viene de verse, es evidente que con las  citadas   decisiones  el  asunto  estaba  suficientemente  claro  para  toda  la  comunidad  judicial  del  departamento  del  Tolima,  de la cual hacía parte el  procesado.  Los  fallos  mencionados no fueron ajenos a su conocimiento teniendo  en  cuenta  su  experiencia profesional de más de 20 años en la Rama Judicial,  14  de  ellos  como  Juez de Circuito Laboral, amén de docente universitario en  esta materia y autor de dos libros.   

Además,  sus  homólogos  al  conocer  las  citadas  providencias,  remitieron  por  competencia los procesos respectivos al  Tribunal  Contencioso  Administrativo  del  Departamento  del Tolima, lo que él  voluntariamente no acató.   

Al  respecto declaró el doctor Julián  Galvis Olaya, Juez Cuarto Laboral  del Circuito de Ibagué:   

“Se promovió la  colisión  de  competencia ante el Consejo Superior de la Judicatura, respecto a  los  recibidos  del  Tribunal  Contencioso.  Esta  Corporación,  al resolver el  conflicto,  dispuso inicialmente, que los juzgados laborales si eran competentes  para  conocer  de  dichos  asuntos,  y  fueron devueltos al juzgado los procesos  enviados  allí.  Posteriormente  la  citada Corporación, cambió de criterio e  hizo  la  distinción  de  que  en tratándose de los  regímenes  excepctuados  en  el  artículo 279 de la ley 100 de 1993 o Régimen  Integral  de  Seguridad Social en Salud, estos correspondían a la jurisdicción  Contencioso  Administrativa.  Entre dichos regímenes estaba el de los docentes.  Ante   tal   decisión,  se  resolvió  devolver  por  competencia  al  Tribunal  Contencioso    todos   los   procesos   instaurados   por   docentes9”  (Subrayas  fuera de texto).   

          Las   razones  expuestas  son  suficientes  para  concluir  que  ese  argumento propuesto por el recurrente no tiene éxito.   

          3.  Como  defensor señala que su procurado tuvo la contestación de  la  demanda como no presentada porque había sido respondida por una funcionaria  que  no  presentó  la  tarjeta  profesional,  es  del  caso  indicar  que  esta  situación  era  sencilla  de  superar al tenor de lo dispuesto en el parágrafo  3°  del  artículo  31  del  Código de Procedimiento Laboral, cuyo texto es el  siguiente:   

“Cuando  la  contestación  de  la demanda no reúna los requisitos de  este artículo o  no  esté  acompañada  de  los  anexos,  el  juez le  señalará  los  defectos de que ella adolezca para que el demandado los subsane  en  el  término  de cinco (5) días, si no lo hiciere  se    tendrá    por   no   contestada   en   los   términos   del   parágrafo  anterior”  (Subrayas fuera de texto).   

De la norma transcrita se infiere claramente  la   conducta   dolosa   del  Juez  HERNANDEZ  SIERRA  al  no darle la posibilidad a la abogada de la entidad  accionada  de  corregir  la  contestación de la demanda, con mayor razón si en  ese  escrito  se  le  indicaba  al  procesado  que  carecía  de jurisdicción y  competencia  para  conocer del proceso. Por ello, se abstuvo de hacerlo y por el  contrario,  sin  respaldo  jurídico  declaró  como  no  contestada la demanda.   

El  recurrente  afirma  que  su defendido no  podía  hacer  uso de esa disposición legal, porque podría verse inmerso en lo  dispuesto   por   el   artículo   42   del   Decreto   Ley  196  de  1971,  que  dice:   

“El funcionario  público  que,  fuera  de  los  casos  de excepción señalados en este Título,  admita  como  apoderado,  asesor o vocero de otra persona a quien no sea abogado  inscrito  o tolere la actuación en causa propia de quien no tenga esta calidad,  o  permita examinar los expedientes o actuaciones de su oficina a quien no esté  legalmente  autorizado  para  verlos,  o en cualquier forma facilite, autorice o  patrocine   el   ejercicio   ilegal   de   la  abogacía,  incurrirá  en  falta  disciplinaria  que  será sancionada con la suspensión del cargo por la primera  vez,    y    en   caso   de   reincidencia   con   la   destitución”.   

No comparte la Sala este argumento, porque de  la  lectura  del  texto  se  advierte  que  el proceso disciplinario se adelanta  cuando  el  funcionario  público, fuera de los casos de excepción, admita como  apoderado  dentro  de  un  proceso  a  quien no tenga la calidad de abogado o no  esté  autorizado  para  observarlo. En el presente caso eso no ocurrió ya  que  al  detallar  la  contestación  de  la  demanda, a ella se anexó el poder  conferido  a  la  abogada  y  los  documentos  de la representación legal de la  entidad   demandada;   lo   cual   hace   que   se   desvirtúe   el   argumento  planteado.   

          4.  En  cuanto se refiere a que el Consejo Superior de la Judicatura  en  decisión  del  13  de  junio  de 2002, resolvió conflicto de jurisdicción  entre  el  Tribunal  Administrativo  del  Huila  y el Juzgado Tercero Laboral de  Neiva,  dirimiendo  el  conflicto  a  favor  del segundo y que algunos despachos  judiciales   reconocieron   dicha  prestación  amparados  en  esa  providencia,  considera la Sala que tal planteamiento no es de recibo.   

En primer lugar, porque las providencias que  cita  el recurrente corresponden a decisiones proferidas en los años 2000, 2002  y  los tres primeros meses del 2003, cuyas demandas fueron presentadas con dos o  tres  años  de  antelación  a  la  decisión  cuando  aún  el  tema no estaba  dilucidado.   

En  segundo término, porque se desconoce la  dinámica  de cada uno de los procesos que terminaron con tales decisiones y los  fallos    de    esas    autoridades    no    son    los    que    unifican    la  jurisprudencia.   

5. Respecto a que la decisión tomada por el  Juez   HERNÁNDEZ   SIERRA  estuvo  soportada  en  la  sentencia  del  Consejo  de Estado, Sección Segunda,  Subsección  b  del 29 de junio de 2000, donde señala que la Ley 114 de 1913 no  exige   a   los   docentes   para   el   reconocimiento   de   la   pensión   gracia,  que  hayan  laborado  exclusivamente en instituciones territoriales, no es cierto.   

Para  ello,  es  del  caso  citar  de manera  textual   lo   dicho   por   el   procesado   en   la  parte  pertinente  de  la  providencia:   

“Por   lo  anteriormente  manifestado,  se dará curso a las pretensiones incoadas, por las  razones  esgrimidas  en  la  parte  motiva  de éste proveído, condenándose en  costas a la entidad demandada.   

“Al  respecto  sobre  este  tópico  el  CONSEJO DE ESTADO- SALA CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO, en  sentencia  del  29  de junio de 2000, C. P. Dr. CARLOS A ORJUELA GONGORA, sentó  criterio  respecto  al  reconocimiento  de  la  pensión  gracia  al  manifestar  ‘…Es  claro  entonces,  que  los profesores que hayan prestado servicios de enseñanza secundaria tienen  vocación  a  la  pensión  gracia,  y  que  no es necesario para ello que hayan  laborado  en  la  enseñanza  primaria’,        argumentando        además        que:       ‘…Por  lo  demás, es incuestionable  que  la  pensión gracia debe reconocerse a partir del momento en que el titular  de  la  misma  reúne  los  requisitos  señalados  en  las leyes que regulan la  materia,  a  saber  la  Ley 114 de 1913, 116 de 1928 y 37 de 1933 esto es los 20  años   de  servicios  y  50  de  edad”.   

Como se puede observar, el Consejo de Estado  en  ninguno de los apartes de la decisión, exige para reconocer la pensión  gracia,  que  los  docentes  no  hayan  laborado  exclusivamente  en instituciones territoriales, como lo afirmó  el  recurrente.  Lo  que  señala  esa  Corporación  es  que  los profesores de  secundaria  tienen  derecho  a  la  citada pensión al igual que los docentes de  primaria  y  a  renglón  seguido  indica  que los beneficiarios cumplan con los  requisitos de ley.   

Lo que se evidencia es que el procesado en su  decisión  hace  referencia  a  esa providencia pero el contenido de la misma es  totalmente  diferente  a  lo  señalado por el defensor, situación de más para  advertir el fracaso del argumento.   

          Las  razones  expuestas  bastan  para  deducir  que  el proceder del  doctor  HERNÁNDEZ SIERRA en  punto  de  condenar  a  CAJANAL  para  reconocer  a  40 docentes la pensión  gracia sí denota la ostensible  contrariedad de la legislación.   

          De   acuerdo  con  lo  anterior,  es  evidente  que  los  argumentos  expuestos  por  el  defensor  no  logran  persuadir  a la Sala para acceder a su  pretensión  absolutoria,  razón  por  la cual se impone confirmar la sentencia  impugnada respecto de los motivos de inconformidad.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR el fallo  de  primera  instancia  en  cuanto  fue  objeto de impugnación, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

Contra  esta  sentencia  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

              Cita medica   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Sentencias  de  segunda  instancia del 8 de octubre de 2008. Rad. 30278 y del 18  de marzo de 2009. Rad. 31052.   

2 Cfr.  Sentencia   de   segunda   instancia   del   23   de   febrero   de  2006.  Rad.  23901.   

3  Sentencia 13 de octubre de 2005. Radicado No. 199904951-01   

4  Sentencia del 15 de julio de 2009. Radicado No. 31780   

5  Roxin,     Claus,     Ob.     Cit.    §    21,    Pág.    861.    “Concurre  un  error  de  prohibición  cuando  el sujeto pese a conocer completamente la situación o supuesto de hecho  del   injusto,   no  sabe  que  su  actuación  no  está  permitida”.   

6  Sentencia del 27 de noviembre de 2002. Radicado D-4027.   

7  Sentencia del 12 de marzo de 2003. Radicado 20030086-01   

8  Sentencia del 29 de agosto de 1977. Radicado S-699.   

9  (folio 148 C. O. 1)     

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