30296(05-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 30296  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                Magistrado Ponente:   

                                      JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

                                     Aprobado   Acta   No.   251   

Bogotá,  D.C.,  cinco (05) de agosto de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de JORGE DAVID GAONA VANEGAS en contra del fallo de  segunda  instancia  proferido  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,   que   confirmó  la  pena  de  dieciséis  años   y  seis meses de prisión y dos mil cien  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa  que por la conducta  punible  de  tráfico  de estupefacientes agravado le impuso el Juzgado Séptimo  Penal del Circuito Especializado de la misma ciudad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Los  primeros fueron sintetizados por el  ad quem, así:   

“El  18  de  septiembre  de  2004,  ANDRES  ALEXANDER  ARANZAZU OCAMPO fue aprehendido cuando pretendía salir del país con  destino  a los Estados Unidos de América, llevando camuflados en el interior de  su maleta de viaje 3.595.4 gramos de heroína.   

“El  capturado  señaló  que  había sido  engañado  por  su amigo y compañero de universidad, JORGE DAVID GAONA VANEGAS,  quien  a  cambio  del  pago  de  los  tiquetes aéreos y algún dinero extra, le  pidió llevar algunos encargos al país Norteamericano”.   

2.  La  Fiscalía  General  de  la Nación, tras abrir investigación y  recibir  indagatoria a Aranzazu Ocampo, le resolvió la situación jurídica con  detención  preventiva  por el delito de tráfico de estupefacientes descrito en  los artículos 376 y 384 numeral 3º del Código Penal.   

Luego de practicadas algunas pruebas llevó a  cabo  con  el  citado diligencia de aceptación de cargos con fines de sentencia  anticipada,  continuando  el trámite ordinario con GAONA VANEGAS, a quien se le  declaró  persona  ausente  y  se  clausuró la instrucción el 10 de octubre de  2005.   

El  2  de  enero  de  2006,  la Fiscalía 28  Seccional   de  la  Unidad  Nacional  de Antinarcóticos y de Interdicción  Marítima  profirió resolución de acusación, como presunto coautor del delito  de  tráfico  de  estupefacientes  que  tratan los artículos arriba citados, la  cual quedó ejecutoriada el 24 de marzo siguiente.   

3.  La  etapa del juicio fue adelantada por el Juzgado Séptimo Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  despacho  que avocó el conocimiento  mediante  auto  de  19  de  abril  de  2006  y  luego de realizar las audiencias  preparatoria  y  pública,  el 23 de octubre del mismo año, profirió sentencia  de  primera  instancia,  a través de la cual condenó por el delito de tráfico  de  estupefacientes  agravado a JORGE DAVID GAONA VANEGAS a la pena principal de  dieciséis  años  y  seis  meses  de  prisión,  multa de dos mil cien salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por un tiempo igual al de la sanción privativa  de la libertad.   

4.  Apelada  la  sentencia,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá el 19 de diciembre de 2007 la confirmó en  su integridad.   

5.  Contra  el  fallo  de  segundo  grado,  interpuso el defensor recurso extraordinario de casación.   

             LA DEMANDA   

El  defensor  del  acusado,  con  base en la  causal  primera de casación, según las previsiones del artículo 207 de la Ley  600  de  2000, presenta tres cargos contra la sentencia por violación indirecta  de la ley sustancial, de la siguiente manera:   

Primer        Cargo:   “Falso  juicio de Existencia Por Omisión”.   

Denuncia  que  el  Tribunal  no  tuvo en cuenta el testimonio del agente  de  la  Policía  Nacional  Luis  Fernando  Castañeda  Arévalo,  quien  es  el  representante  de  la  autoridad  que  hizo la incautación del estupefaciente y  capturó en flagrancia a Andrés Alexander Aranzazu Ocampo.   

Indica  el  censor  que  si la prueba citada  hubiera  sido  ponderada  probablemente  se había reflejado en la sentencia, ya  que   esta   desmiente  a  Aranzazu  Ocampo,  pues  de  acuerdo  “a  las  reglas  de  la  sana crítica aplicadas al mismo, tenía la  virtud  de  por  lo menos hacerle variar al sentenciador el juicio de raciocinio  que aplicó a la totalidad del arsenal probatorio”.   

(…)  

“Atendiendo las  reglas  que  gobiernan  la  sana crítica,     y     para    el    evento    bajo    examen,    específicamente   los   de   la   lógica   y  las  reglas  de  la  experiencia,  es  preciso  concluir que el testimonio  del  patrullero  se  presenta  como  veraz, claro, sencillo y coherente”   (destaca la Sala)   

Reitera  que  si  se  hubiera  procedido  de  acuerdo  a  las  reglas señaladas no se habría llegado a ese falso criterio de  convicción  que  invocó el  Tribunal  para  condenar a GAONA VANEGAS toda vez que,  su  dicho contribuiría relevantemente a desmentir la falaz presentación que de  los  hechos  hiciera  el  único  testigo  de  cargo, pues al confrontarlas este  último  sería desprestigiado e inverosímil y falto de mérito persuasivo para  lograr la certeza acerca de la responsabilidad de su protegido.   

Cargo  Segundo:  “Falso  juicio  de  identidad  por tergiversación,  cercenamiento  y  adición  en  medios de pruebas legal, regular y/o oportunidad  aducido al proceso”.   

Manifiesta  que el sentenciador tergiversó  los   medios   en  que  soportó  la  decisión  dándole la entidad totalmente alejada de la realidad a  los  testimonios  de  los  hermanos Sandra Milena y Juan Gabriel García Camelo,  pues  mientras estos indican que JORGE DAVID GAONA VANEGAS había estado todo el  día  de  los  hechos  en  su  apartamento  contrario  sensu  el  Tribunal estima que según lo narrado por  ellos   el   acusado,   una   vez  capturado  Aranzazu,  asume  la  conducta  de  huir.   

Según   el   libelista   igual   aspecto  acontece  con  la  declaración  de  Juan  Gabriel  García,  quien  nunca  narró de la huida de GAONA VANEGAS, porque jamás se le  preguntó  y  entonces  el  Tribunal  consideró acreditada la desaparición del  acusado  con el dicho de un testigo que en manera alguna a esta circunstancia se  refirió.   

También critica el cercenamiento efectuado  por   el   ad  quem  al  testimonio  de  Julie  Andrea  Zapata,  así como de  adición  en  un  aspecto  nuclear  y  relevante  pues  no  obstante  su extensa  declaración    el   juzgador   de   segunda   instancia    “mutiló  la  declaración  de JULIE ANDREA en un 99%, al ignorar y  dejar  de  apreciar  en  su totalidad su versión limitándose a expresar que la  testigo  tuvo  conocimiento  del  viaje de ARANZAZU OCAMPO, por información que  éste le suministró”.   

Concluye  su inconformidad alegando que con  la  indiscutible  ignorancia  fáctica  realizada  por la instancia cuestionada,  esta  le  impidió decir a la prueba lo que realmente aporta, contraviniendo las  disposiciones   del  artículo  238  del  C.  P.  P.  cuales  son  el  ejercicio  dialéctico de ponderación de la totalidad del caudal probatorio.   

Cargo     Tercero:     “Falso        juicio        de  Raciocinio”   

El defensor radica el error en el testimonio  de  ANDRÉS  ALEXANDER  ARANZAZU  OCAMPO a    quien    el    Tribunal   le   otorgó   total   credibilidad  desconociendo las reglas  de  la  sana  crítica pues esta debe obtenerse con razonamientos acordes con la  lógica,   las   máximas   de   la   experiencia   y   de   los   conocimientos  científicos.   

Insiste  en  que los argumentos de Aranzazu  Ocampo   adolecen   de   certeza,   pues  de  una  parte  tiene  interés en las resultas del proceso y de  otra  su  delación  sometida  a las reglas de la experiencia no resiste el más  mínimo examen de sinceridad.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  el  fallo  y  en su lugar emitir el mismo de carácter absolutorio a favor de su  asistido.   

CONSIDERACIONES      DE LA CORTE   

La  Sala de tiempo atrás, ha sostenido que  la  casación  es  un recurso de ámbito restringido en el que la pretensión de  examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad  del fallo que se imputa no puede  limitarse  a  un  escrito  de  libre  formulación, sino que debe apoyarse en un  contenido  mínimo  de claridad y coherencia que permita entender el vicio o los  vicios    que    se   denuncian,   así   como   la   identificación   de   sus  consecuencias.   

De  ahí que la demanda de casación jamás  podrá  equipararse  a  un  alegato  de instancia, pues tal como se deriva de lo  señalado  en  los  artículos  212  y  213  de  la  Ley 600 de 2000, Código de  Procedimiento  Penal,  requiere  de  una presentación lógica y adecuada a cada  una  de  las  causales legalmente establecidas en el artículo 207 ibídem, así  como  el  respectivo  desarrollo  de  los cargos que por los vicios in  procedendo  (de  mero  trámite  o  actividad)    o    in    iudicando    (de   juicio)   plantee  el  recurrente,  con  la  correspondiente  demostración    de    su   trascendencia   para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala,  el  demandante  incurrió  en  yerros  de  claridad,  coherencia y debida  argumentación  que  imposibilitan  la  admisión  de su escrito por parte de la  Corporación. Veamos:   

Cuando en casación se plantea la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  proveniente  de  un  error  de  hecho  en la  valoración  de la prueba, como lo hace el defensor en los cargos formulados, la  Sala  ha  dicho  que  al  recurrente  le asiste la carga procesal de precisar la  clase  de  yerro  que  invoca,  así como la de demostrar en el caso concreto su  ocurrencia, que puede obedecer a tres tipos.   

El     primero,    el    falso   juicio   de   existencia,  se  presenta  cuando  al  proferir  el  fallo impugnado el juzgador omite valorar el  contenido  material de un medio de prueba que hace parte de la actuación (y que  por  lo  tanto  fue  debidamente incorporado a la actuación), o bien le concede  valor  probatorio  a  uno que jamás fue recaudado y, por consiguiente supone su  existencia.   

En     segundo,    el    falso  juicio de identidad, consiste en  que   el   juez   o   cuerpo  colegiado,  al  emitir  la  sentencia  objeto  del  extraordinario  recurso  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo que en realidad no dice,  bien  sea porque realiza  una  lectura  equivocada  de  su  texto, o le agrega aspectos que no contiene, u  omite tener en cuenta partes importantes del mismo.   

Por    último,    el    falso  raciocinio,  ocurre  cuando  el  Tribunal  en  la  sentencia  se  aleja  al  momento  de valorar la prueba de los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir  de  las  leyes científicas, los  principios de la lógica o las máximas de la experiencia.   

Frente al primer  cargo,  cual es el de falso juicio de existencia por  omisión   relacionado   con  la  falta  de  apreciación  del   testimonio del agente Luis Fernando Castañeda Arévalo se tiene  que  su  inconformidad  está  alejada  de la realidad, pues a este se le dio la  connotación  debida  por  parte de los juzgadores de instancia, en la medida en  que  el  primero  apreció en conjunto con el informe policivo y la declaración  vertida  por  el testigo, y el segundo acogió lo planteamientos del primero con  miras   a   determinar   la  materialidad  dentro  del  presente  asunto,  así:   

        “…  Sobre el particular se cuenta,  en  primer  lugar, con el informe del 18 de septiembre de 2004, mediante el cual  la  Policía  Aeroportuaria  da  cuenta  de  la  captura en flagrancia de ANDRES  ALEXANDER  ARANZAZU  OCAMPO en el aeropuerto Internacional el Dorado de Bogotá,  cuando  se disponía viajar a Miami (Estados Unidos) en posesión de la heroína  incautada,  la  cual  llevaba  en  el  interior  de  su maleta, camuflada en dos  álbumes  fotográficos, un frasco de crema humectante, un tarro de desodorante,  un  frasco  de champú, en un contenedor de gel y en un par de zapatos (fl.1-1);  versión  corroborada  posteriormente  en  la  audiencia  pública  por quien lo  suscribe,  el  policial LUIS FERNANDO CASTAÑEDA, quien confirmó lo referente a  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que fue capturado ARANZAZU  OCAMPO,  y  la  forma  como  encontró  el  alcaloide  en  el  interior  de unos  utensilios  de  aseo  y zapatos que éste llevaba en su maleta de viaje, la cual  tenía doble fondo.”   

En  consecuencia,  el alegato del libelista  pasa  por  alto una verdad incontrovertible, suficiente para inadmitir el cargo,  el  Tribunal  si  tuvo  en cuenta ese testimonio del agente de policía por vía  indirecta.   

Por consiguiente, para desarrollar la tesis  planteada  era  de  necesaria  trascendencia  abordar  la  totalidad  del acervo  probatorio  recogido, para efectos de demostrar que una vez ingresada esa prueba  echada  de  menos, efectivamente cambia diametralmente la vinculación penal del  acusado,  al  extremo,  como  se  pide,  de advertirlo inocente, o, cuando menos  generar la duda necesaria para absolver.   

Seguidamente el casacionista se dedica  a  confrontar  los  criterios  de valoración demostrativa  plasmados  en  el  fallo con los suyos propios, para insistir que el Tribunal no  podía  imponer  fallo  de  condena  porque  no  existe  el  grado  de  certeza,  argumentaciones   que  resultan  inaceptables  en  grado  de  casación  por  no  evidenciar error alguno de tal naturaleza.   

Segundo Cargo, en  lo  que  a  falso  juicio  de identidad concierne, lo que hizo el demandante, en  últimas,  fue  cuestionar  la  credibilidad  que  el  Tribunal le otorgó a los  declarantes  Sandra  Milena García Camelo, Juan Gabriel García Camelo, y Julie  Andrea  Zapata,  desviando  el  camino  lógico  de  impugnación  que  surge al  plantearlo,  pues  en  lugar  de  determinar  la desarmonía objetiva que existe  entre  lo  dicho  por  la prueba y lo leído por el fallador, busca demostrar  que  con  esos elementos de  juicio  no  puede  llegarse  a  la  responsabilidad  penal  de  su  asistido, en  fundamento típico del error de hecho por falso raciocinio.   

En efecto, acerca de la forma de desarrollar  la  violación  indirecta surgida en atención al falso juicio de identidad y su  diferencia con el error de raciocinio, esto ha dicho la Sala.   

“Y  la  diferencia entre ambos errores o  violaciones  es  sustancial, pues, en el primer caso, falso juicio de identidad,  lo  que  se  controvierte  es  la lectura objetiva que sobre lo expresado por el  medio  de  prueba  hizo  el funcionario judicial, a la manera de entender que se  cercenó  lo  que  el  medio  dice,  se le agregó un apartado inexistente en el  mismo,  o se tergiversó su contenido, todas formas diferentes de violación que  deben   necesariamente  demostrarse  a  través  del  expediente  si  se  quiere  elemental  de  transcribir  textualmente  lo que el testigo dice, para el asunto  examinado,  y  después  referenciar  también  de forma textual  lo que el  Tribunal  leyó,  en  el  entendido  que  la  simple  comparación  permite, por  tratarse   de   una   verificación  objetiva,  que  no  valorativa,  determinar  ostensible    e    incontrastable   el   yerro”1.   

Sostiene  el casacionista que de la prueba  recaudada  no  se  concluye  que  su  patrocinado hubiese huido del lugar de los  acontecimientos,  pues  en  verdad  lo que cuestiona es que el sentenciador haya  puesto  a  decir  a la prueba algo que de manera objetiva ella no dice, sino las  inferencias  realizadas por el juzgador a partir del análisis efectuado de todo  el  acervo probatorio que integra la actuación acorde con las reglas de la sana  crítica.   

En  este  orden  de  ideas,  las anteriores  preceptivas  procesales  no  fueron  cumplidas  por  el casacionista, que con su  particular  e  interesada  perspectiva  constituyó  su  petición  en pretender  controvertir  la  valoración  que  de  los  medios de convicción se hizo en el  fallo  de  segunda instancia, aspecto que como tantas  veces  ha  insistido  la  Sala,  de  ninguna  manera  es  recurrible  en sede de  casación  (debido  a  que  en  nuestro  ordenamiento  rige  el sistema de libre  valoración  de  la prueba), a menos que bajo la modalidad de error de hecho por  falso  raciocinio  el  demandante  demuestre  la  concreta  vulneración  de los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir, de un principio lógico, una ley  científica o una regla de la experiencia.   

Finalmente      al     tercer  cargo, al falso raciocinio como  error  atribuible al juzgador, por cuanto le dio la connotación de certeza a la  declaración  de  Andrés  Alexander  Aranzazu Ocampo, olvida el casacionista en  que  frente a este tópico este efectuó la correspondiente sustentación en los  demás   elementos   materiales  probatorios  aportados,  también  soportó  su  análisis  en  que  por el solo hecho de ser este cómplice de GAONA VANEGAS, su  dicho  no  pueda  ser  desechado,  máxime  cuando  de su declaración aquél no  obtuvo  rebajas ni consideraciones a su favor, y, además su versión se mantuvo  incólume no obstante haber sido condenado.   

El  único  argumento  que  en este sentido  trajo  a  colación  el  recurrente  fue  el  de  cuestionar, en su discurso, el  mérito  probatorio  de  lo  declarado por el único testigo de cargo, aduciendo  que  se trataba del testimonio de una persona de los llamados “mulas”, joven  estudiante  que  obnubilado  con  la cultura del dinero fácil era recluta ideal  para el transporte de la droga.   

Además,  olvidó  el  censor que cuando se  aspira  quebrar  la presunción doble de legalidad  y acierto que ampara la  sentencia   de   segunda   instancia   por  aparentes  errores  de  apreciación  probatoria,  es  perentorio  citar  en  conjunto todo el material probatorio que  sustenta  el  fallo,  no  de  cualquier manera, sino con sujeción a los errores  propios  de  la  vía de ataque seleccionada, a la que no se avienen expresiones  como  las  empleadas  por  el  libelista  para descalificar el relato de Andrés  Alexander  Aranzazu  Ocampo,  quien  según  lo destacan los juzgadores en ambas  instancias  este  señala  de manera clara, precisa y sin ambigüedades al aquí  procesado  GAONA VANEGAS como coautor dada su capacidad de ejecutor a través de  otro de un hecho suyo.   

Con  fundamento  en  lo examinado, la Corte  concluye  que  el  defensor  del  procesado  se  alejó  de los principios de la  sustentación  suficiente,  crítica vinculante, coherencia y no contradicción,  que  no solo encuentra arraigo en el carácter dispositivo del recurso, sino que  además  implican  que  la  argumentación  debe  bastarse  por  si  misma  para  propiciar, por lo menos teóricamente, el derrumbamiento del fallo.   

Por último, es oportuno resaltar que no se  observa  en  el diligenciamiento o en el fallo impugnado, violación de derechos  o  garantías  al  procesado  JORGE  DAVID  GAONA VANEGAS, que haga necesario el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le asiste a la Corte a fin de  asegurar su protección.   

Por  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Primero:  NO  ADMITIR la demanda de  casación presentada por el defensor de JORGE DAVID GAONA VANEGAS   

Segundo:  ADVERTIR a que contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

                               Cópiese, notifíquese y cúmplase   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSE  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE      LUIS      QUINTERO      MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Auto de 29 de julio de 2009, Radicado No.31813     

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