32787(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32787   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 353.  

Bogotá,  D.C.,  once de noviembre de dos mil  nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado ORLANDO  VESGA  GARCÍA,  contra el fallo de segunda instancia que profiriera el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga, fechado el 27 de mayo de 2009,  mediante el cual  confirmó  integralmente  la  sentencia emitida por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  esa  ciudad, condenando a su representado legal a  la pena de  veinticuatro  meses  de prisión y multa en cuantía de veinte salarios mínimos  legales  mensuales,  en  calidad  de  autor  del  delito  de defraudación a los  derechos  patrimoniales  de  autor.  Además,  se  impuso  la  pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  por lapso igual a la pena  privativa  de  la  libertad, no se determinó el pago de perjuicios materiales y  se  otorgó  al  procesado  el  subrogado  de  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de primera  instancia, del siguiente tenor:   

“El  2  de febrero de 2005, unidades de la  Policía  Nacional  capturaron  a  ORLANDO  VESGA  GARCÍA  en  desarrollo de un  operativo  en el área metropolitana, ingresando al local ubicado en la calle 56  N°  34 – 45, razón social  ADULTOS  XXX.COM,  en  donde luego de proceder a realizar un registro voluntario  del  inmueble  se  encontraron  24  películas VCD          y 700 películas  VHS,  observando  que  el  dueño del negocio, VESGA GARCÍA, no estaba autorizado por  el titular legítimo del derecho para distribución.”   

DECURSO PROCESAL  

Capturado en flagrancia el procesado, el día  3   de febrero de 2005 la Fiscalía Tercera Local de Bucaramanga dispuso la  apertura  formal de instrucción, ordenando recepcionar en indagatoria a ORLANDO  VESGA GARCÍA.   

La  diligencia  de  injurada  se realizó el  mismo  día  y  en  el  cuerpo  de  la  misma dispuso el funcionario judicial la  libertad del aprehendido.   

El  14 de marzo de 2005, se declaró cerrada  la investigación.   

La   calificación   del   mérito  de  la  investigación  operó  el  11  de  abril de 2005, en providencia que determinó  formular  acusación  en  contra de ORLANDO VESGA GARCÍA, como autor del delito  de defraudación a los derechos patrimoniales de autor.   

Como  quiera  que  se  presentó  recurso de  apelación,  por parte de la defensa, pero obvió sustentarse oportunamente, fue  declarado desierto en auto del 28 de abril de 2005   

Ejecutoriada  la  resolución acusatoria, el  proceso  le  fue repartido al Juzgado Primero Penal del Circuito de Bucaramanga,  el 27 de mayo de 2005.   

El  23  de mayo de 2007, se llevó a cabo la  audiencia preparatoria.   

El  8  de  junio  de  2007,  se  celebró la  audiencia de juzgamiento.   

El  24  de  noviembre de 2008, se emitió el  fallo    de    primer    grado    al    inicio   reseñado   en   su   contenido  decisorio.   

La   decisión   fue   apelada   por   el  defensor.   

Finalmente, el 27 de mayo de 2009, se emitió  la  providencia  de segundo grado objeto del recurso extraordinario que ahora se  analiza  en  su fundamentación, presentado por el defensor del procesado.    

LA DEMANDA  

Previo a relacionar los cargos propuestos por  el  demandante,  es  necesario  significar  que  a  pesar  de  condenarse  a  su  representado  legal  por el delito de defraudación a los derechos patrimoniales  de  autor, que consagra el artículo 271 de la Ley 599 de 2000, con una sanción  oscilante  entre 2 y 5 años de prisión, el recurrente nada argumentó en punto  de  la  casación  excepcional,  a  pesar  de  evidenciarse  que  no se cubre el  requisito  objetivo  de  pena  que  faculta  acudir  al  mecanismo  ordinario de  casación,  de  conformidad  con lo consignado en el artículo 205 de la ley 600  de 2000.   

Cargo único  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  consagrada  en  el  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el impugnante  acusa  a  la  sentencia  de  incurrir en un error de derecho por falso juicio de  legalidad.   

En  desarrollo  de  su  tesis, el impugnante  parte  por  advertir  cómo el proceso penal corresponde a una serie concatenada  de actos.   

A  renglón seguido, fija su atención en el  acta  de la pericia realizada sobre los elementos incautados, advirtiendo que el  funcionario  posesionó  a  un  perito  sin  verificar  su  idoneidad o siquiera  establecer   el   nombre   de  éste,  quien  por  lo  demás  firmó  de  forma  ilegible.   

Señala,  así  mismo,  que  esa  práctica  pericial  incumplió  con las normas legales que la regulan, particularmente los  artículos  249  a  258  de  la  Ley 600 de 2000. En concreto, destaca que no se  dejó  constancia  en  el  acta  de  que  fuese  o  no oficial el experto, ni se  definió  su  experiencia,  dudándose  incluso  de la efectiva auscultación de  todos  los  elementos  de prueba, pues, el perito no dejó expresa constancia de  ello.   

Añade  que  la  Fiscalía  no  verificó el  cumplimiento  de  esos  requisitos,  además  de cometer el “craso”  error  de no surtir traslado de  la  experticia,  vulnerando  el  derecho  de defensa de su protegido legal, pues  “él  hubiera podido a través de sí mismo o de su  abogado  en  ese  entonces,  pedir la aclaración, ampliación o adición, y por  qué no objetarlo con nuevas pruebas”.   

Afirma  el recurrente, igualmente, que no se  cumplió  con  el  sistema  de  cadena  de  custodia,  para  lo cual remite a la  constancia  dejada  en  le  expediente  por  un  empleado de la Fiscalía, donde  advierte que no verificó la cantidad de elementos recibidos.   

En  consecuencia,  asevera el demandante que  los  falladores  de  ambas instancias, al tener en cuenta la prueba en cuestión  incurrieron  en  el  error  de  derecho por falso juicio de legalidad que se les  atribuye,  en  tanto,  la  prueba  examinada  no  tiene  validez legal. Además,  agrega,  no  era  posible  contradecir adecuadamente  la prueba dado que el  mismo  día  en  que  se  realizó  el  examen por el perito, se destruyeron los  elementos incautados.   

Significa el impugnante, por último, que el  examen   pericial  “es la prueba reina en este  proceso    y   sobre   la   cual   gira   toda   la   investigación”, pero no hace ninguna solicitud en particular.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  entrada,  la  Corte  manifiesta  que se  inadmitirá  la  demanda,  en  tanto, no cumple esta con las mínimas exigencias  que  en  punto  de  la pena impuesta, facultan acudir al extraordinario recurso,  dentro   de  los  estrictos  límites  que  consagra  la  ley  para  el  efecto.   

En este sentido, el artículo 205 de la Ley  600    de    2000,    normatividad    que    reguló   el   trámite,  señala  que  el  recurso  extraordinario  procede  “…por los  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo      máximo      exceda     de     ocho     años”.   

Mirada la conducta por la cual se emitió la  sentencia  objeto  de  impugnación,  se ha de partir por significar que ella se  materializó      en      plena      vigencia  de  la  Ley  599  de 2000, y no  concurren  los incrementos  punitivos  de la Ley 890 de 2004, dado que el trámite  se rigió por la normatividad dispuesta en la Ley 600 de 2000.   

Significa   lo   anotado,   que  la  conducta  objeto  de  condena no  cubre la exigencia punitiva mínima establecida   para  acceder  al mecanismo  excepcional  invocado  por  el demandante.    

El procesado recibió sentencia de condena,  se   recuerda,   por   el   delito   de  fraude  procesal,  previsto en  el  artículo  271  de la Ley 599 de  2000,  en  lo  pertinente,  de la siguiente manera:   

“ART.   271.  Defraudación  a  los derechos patrimoniales de autor.  Incurrirá  en  prisión  de  dos (2) a cinco (5) años y multa de veinte (20) a  mil  (1.000)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  quien, salvo las  excepciones previstas en la ley:   

1. Por cualquier medio o procedimiento, sin  autorización  previa  y  expresa  del  titular,  reproduzca  obra  de carácter  literario,  científico,  artístico  o cinematográfico, fonograma, videograma,  soporte  lógico  o  programa  de  ordenador,  o transporte, almacene, conserve,  distribuya,  importe,  venda, ofrezca, adquiera para la venta o distribución, o  suministre a cualquier título dichas reproducciones” (…)   

Entonces, a la luz  de    la    exigencia    objetiva   que   consagra el artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  es  claro que la casación esta prevista para “…delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo     máximo     exceda     de    ocho            (8) años, aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una  medida de seguridad”.  De  suerte que la conducta  examinada  no  accede  al  extraordinario recurso.   

Debe  advertirse,  eso  sí, que tampoco, a  efectos   de   viabilizar   la   intervención   de   la   Corte,   puede   argumentarse  haber  acudido  el  impugnante  al  instituto de  la  casación  excepcional o discrecional,    simplemente,     porque   el  demandante  no  postuló  el  recurso de esta manera, siendo carga del libelista  –a  la luz del artículo  205  inciso  tercero  de  la  Ley  600  de  2000-  acreditar  la necesidad de la  intervención  de  la  Corte  en  favor  de  la  protección  de  las garantías  fundamentales y/o del desarrollo de la jurisprudencia.   

Ahora, a fin de determinar si, en efecto, se  hace  indispensable  que  la  Corte intervenga en aras de proteger de garantías  fundamentales,  es necesario puntualizar que del   cargo propuesto por  el   casacionista   y  el  desarrollo  del  mismo,  no  se  advierte  una  dicha  posibilidad,  pues,  lo  pretendido  es  que  se elimine el valor de un elemento  probatorio  recogido  en  la  fase instructiva, sin siquiera postular qué busca  como  pronunciamiento  de  la  Corte,  si  se  demostrase  que  esa prueba no es  legal.   

Junto con ello, es claro que para efectos de  definir  si  hubo  o  no  vulneración de garantías fundamentales, el paso más  elemental  exige  que,  cuando  menos, se señale cuál fue la trascendencia del  yerro,  vale decir, para lo que nos ocupa en el caso concreto, de qué manera la  validación  de  ese  medio  suasorio  como legal afectó el derecho de defensa,  debido  proceso  o  principio  de  contradicción,  para  citar  algunas  de las  garantías  más  relevantes,  del  procesado,  o  siquiera,  si  se  tratase de  verificar  el  mínimo cumplimiento de requisitos básicos de fundamentación en  sede  casacional,  la forma en que la eliminación del medio en cuestión incide  sobre  la prueba en general, al punto de obligar modificar el fallo condenatorio  controvertido.    

Esto último, debe precisar la Corte, porque  se  debe  tener  en  claro  que  la  sola  demostración de que efectivamente se  cumplen  los  presupuestos  para  acudir  a  la  vía  discrecional –desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  protección  de  garantías  fundamentales-, no releva al demandante de la carga  argumental  exigida  en  todos  los  casos,  precisando  la  causal que sirve de  soporte   a   la  impugnación,  desarrollándola  dentro  de  los  presupuestos  ampliamente  difundidos  por  la  Sala  en  su  jurisprudencia y determinando la  trascendencia   

Y  entonces,  si  en gracia de discusión se  advirtiese  cubierta  la  exigencia  de  discrecionalidad, evidente surge que la  sustentación  del  cargo  representa una típica postura de instancia, o cuando  menos  petición  de  principio, pues, el impugnante limita su discurso a tratar  de  definir  que  la  prueba pericial no cumplió con las exigencias legales que  regulan  la  práctica,  aducción y traslado de ese medio de conocimiento, pero  poco  hace  para  demostrar  cómo  incide  a  favor de su representado legal la  declaratoria de invalidez del medio.    

Vale  decir,  si  el  impugnante  reconoce  –incluso trae a colación  jurisprudencia  reciente  de  la  Corte  en  la  cual  se  delimitan los efectos  concretos  del  yerro-  que  el  vicio  predicado  no  afecta  la estructura del  proceso,  esto  es,  no  genera  nulidad  que imponga retrotraer la actuación a  fases  superadas,  la discusión debe plantearla en el plano estrictamente   probatorio,  para  lo  cual  es menester no sólo que demuestre adecuadamente la  imposibilidad  de asumir legal la pericia, sino el efecto suasorio de la misma y  su vinculación efectiva con lo decidido en contra del acusado.   

En  ese  cometido,  se  torna  indispensable  acudir  a  la  evaluación  probatoria  realizada por las instancias, en aras de  definir  cuál  fue  el  mérito  que  se  dio  a la experticia, individualmente  considerada,  cómo  se  encajó  ella  en  el  contexto  general  de pruebas y,  finalmente,  qué  efecto  trascendente  tiene  su  eliminación,  para lo cual,  huelga  resaltar, debe realizar un nuevo análisis valorativo de lo que queda en  pié,  definiendo  que  ya no es posible soportar la sentencia de condena con la  cual fue maculado el procesado.    

Lejos  de  lo  anotado, el casacionista, sin  siquiera  transcribir  lo  que  el  Tribunal  evaluó del elemento en cuestión,  afirmó  que  se erigió ello en “la prueba reina de  éste  proceso”,  pero  nada  hizo para sustentar un  aserto   que,   así   planteado,   impide  a  la  Corte  conocer  su  verdadera  connotación.   

Y  no es, el de trascendencia, un factor que  automático  surja de lo planteado,  no sólo porque en Colombia, imperante  el  principio  de  libertad probatoria, al conocimiento de un asunto interesante  para  el  proceso  se puede llegar por variadas vías probatorias, circunstancia  que   obliga   verificar   si  ese  hecho  pretendido  probar  con  el  elemento  supuestamente  inválido, ha sido ratificado por otro medio, sino en atención a  que,  efectivamente,  la  sentencia emitida por el Tribunal reseña expresamente  que  al  momento de su captura el procesado, tal cual afirman bajo juramento los  agentes  captores,  aceptó  que  los  videogramas  incautados eran reproducidos  directamente por él, de vídeos tomados en la Internet.   

Dentro  de  este  panorama, a la Corte no le  queda  opción  diferente  a  inadmitir la demanda, sea porque no existe mérito  para  acudir  al  camino  de la discrecionalidad; ya en atención a que el cargo  presentado  por  el demandante no cumple mínimos estándares de sustentación y  se  advierte  intrascendente su crítica; o por virtud de que no es necesaria la  intervención  oficiosa  de  la  Sala  para  proteger  garantías fundamentales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado ORLANDO VESGA GARCÍA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

         Licencia no remunerada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARIA  DEL  ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO   J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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