32423(21-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     n.°  32423   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 331  

Bogotá  D.C.,  veintiuno (21) de octubre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de   casación   interpuesto   por   el  defensor  de  CARLOS  IVÁN VARGAS FRANCO  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida  por   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,         el         17     de  marzo  de  2009,     mediante    la    cual       revocó      parcialmente      la     dictada         por         el         Juzgado         Veintiséis   Penal  del  Circuito  con  funciones    de    conocimiento    de   la    misma    ciudad,   el             2     de  mayo    de   2008,  y      lo    condenó    a    la    pena    principal    de    150             meses   de  prisión    y   a   la  sanción   accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por   un   plazo   igual  a  la  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible  de  hurto calificado agravado.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El veinte (20) de junio de dos mil siete  (2007),  cuando  transitaba  por  la  carrera  30  con  calle 63 F, el vehículo  transportador  de  valores de placas CTV 174, adscrito a la empresa de Seguridad  del  Sur  Ltda.,  fueron  interceptados por un vehículo, tipo blaizer, luego de  colisionar,   se   bajaron  varios  sujetos  armados,  quienes  los  intimidaron  obligándolos  a  descender del rodante, llevándose el dinero que transportaban  en   cuantía   de   un   mil   cien   millones   de  pesos  ($1.100’000.000),  dejando  abandonada  en el  lugar  la  motocicleta  de  placas  MIQ  17, hallándose en la misma, una vez se  efectuaron  los  estudios  técnicos,  en  la  parrilla, una huella de la que se  estableció correspondía a CARLOS IVÁN VARGAS FRANCO”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por los anteriores hechos, la           Fiscalía,        el        5         de         diciembre     de     2007,   presentó  escrito  de  acusación  contra  Carlos Iván Vargas  Franco  por  los delitos de  hurto  calificado  agravado y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral  y  anunciado  el  sentido  del fallo, el Juzgado Veintiséis    Penal    del   Circuito  con    funciones   de   conocimiento   de  Bogotá, el  2     de   mayo  de  2008,  dictó  fallo  de  primera  instancia  en la que absolvió a Carlos   Iván  Vargas  Franco  por  los  delitos  de  hurto calificado agravado y fabricación, tráfico y porte de armas  de fuego o municiones.   

3.  Apelado  el  fallo,  entre  otros, por  la  fiscalía, el Tribunal  Superior  de  Bogotá, el  17   de   marzo   de   2009,   lo  revocó  parcialmente,  habida  cuenta que condenó a Carlos   Iván   Vargas   Franco   a    la    pena    principal    de    150   meses   de  prisión   y   a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  plazo  igual  a  la  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible    de   hurto  calificado agravado.   

Así  mismo,  confirmó   la  absolución  por  razón  del delito  de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

Contra  la anterior decisión, el defensor  del acusado interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA   DE   CASACIÓN   

La  defensa  técnica  de  Vargas Franco, al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, presenta dos cargos contra el  fallo   del   Tribunal,   cuyos   argumentos   se  sintetizan  de  la  siguiente  manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley sustancial derivada  de error de hecho por falso juicio  de  identidad,  yerro  que  condujo  a la aplicación indebida de los artículos  240,  inciso 2°, 241, numerales 2° y 10, 267, numeral 1°, del Código Penal y  381  del  Código de Procedimiento Penal. De la misma manera se dejó de aplicar  el artículo 7°, inciso 2°, del último de los estatutos citados.   

Manifiesta  que  el  juzgador  de  segunda  instancia   tergiversó   el   testimonio   de   Marlon  Enrique  Campo,  perito  lofoscópico  “a  través  del  cual  se  rinde  el  dictamen  pericial  relacionado con la huella dactilar hallada en la parrilla de  la  motocicleta  de  placas  MIQ  17,  huella que luego de los cotejos técnicos  correspondientes  correspondió  al  aquí  acusado CARLOS IVÁN VARGAS FRANCO y  que  a  la  postre  constituye  el  único  medio  de prueba que lo vincula a la  investigación  y  juzgamiento,  es  decir,  que sin él no habría sido posible  imputación alguna en su contra”.   

A continuación pasa a hacer un recuento del  dicho  del  perito  vertido  en  el  juicio, destacando que una vez analizada la  huella  y  confrontada  en  el  sistema  de  identificación  correspondía a su  defendido.   

Anota que ante el corto interrogatorio hecho  por  la  fiscalía,  el juez hizo una pregunta al testigo en torno al tiempo que  puede  durar  una  huella  impresa  en  la moto, contestando el deponente que la  durabilidad  dependía de la contaminación de la escena del crimen, la lluvia y  otros factores externos que la pueden degradar.   

No  obstante, advirtió que una huella puede  quedar  impresa en un elemento hasta por cincuenta años, tal como aconteció en  un caso que fue de su conocimiento.   

Aduce el libelista que la respuesta dada por  el  perito  no fue precisa y concreta, motivo por el cual el fallador de primera  instancia  absolvió  a  su defendido por razón de la duda, en la medida en que  si  bien  argumentó que una huella podría durar en un elemento hasta cincuenta  años,  también lo es que reconoció que esa evidencia no permite colegir en la  participación del procesado en los hechos.   

Considera  que  el  Tribunal  al apreciar el  citado  elemento  de juicio le dio una interpretación errada, habida cuenta que  concluyó  que  la  huella  sólo pudo adherirse a la motocicleta en el contexto  temporal  propio  de  la  acción  delictiva,  cuando en su personal criterio el  perito en ningún momento manifestó tal hipótesis.   

Agrega  que  cuando  el  perito  levantó la  huella  de  la  motocicleta habían transcurrido menos de cinco horas contadas a  partir  del  momento  en  que  ocurrió  el  hecho delictual, tiempo en el cual,  según el Tribunal, permaneció la huella adherida a la moto.   

Empero, acota que el perito no hizo mención  a  dicho  aspecto,  situación  que  pone  en  evidencia  la  distorsión  de la  prueba.   

Reitera  que la exposición del perito no se  refiere  a  dicho  caso  concreto,  esto  es,  que  la  huella  fue puesta en la  motocicleta  unas  horas  antes  de  su  descubrimiento y levantamiento. Todo lo  contrario,  complementa,  el experto responde de manera generalizada en cuanto a  que  la duración de la huella en la parrilla de la motocicleta dependía de las  condiciones  atmosféricas  y  que  tiene  datos  de  que algunas perduran hasta  cincuenta años.   

Dice  que  el error en la apreciación de la  prueba  es  trascendente,  pues  de no haberse incurrido en él, es decir, en lo  relativo  al término de duración o permanencia de la huella en la motocicleta,  el  juzgador  de  segunda instancia habría confirmado el fallo de primer grado,  máxime  cuando  el juicio de responsabilidad se fundó en el dicho del experto.   

Por lo expuesto, depreca a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   proferir   una   de   naturaleza  absolutoria.   

Segundo cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio,  yerro  que condujo a la aplicación indebida de los artículos 240,  inciso  2°,  241, numerales 2° y 10, 267, numeral 1°, del Código Penal y 381  del  Código  de  Procedimiento Penal. De la misma manera se dejó de aplicar el  artículo 7°, inciso 2°, del último de los estatutos citados.   

Vale  aclarar que la censura inicialmente se  sustenta  bajo los mismos argumentos anotados en el cargo primero, destacando el  casacionista  los  razonamientos  del  titular  del juzgado respecto a que no se  encuentra  demostrada  la  participación de Vargas Franco en los hechos por los  cuales fue condenado por el Tribunal.   

Sostiene  que el juzgador concluyó respecto  de  la  huella  de su representado hallada en la moto, que estuvo presente en el  lugar  de  los hechos y que, por esa razón, es responsable del delito de hurto,  situación  que  no  comparte,  habida cuenta que dicho argumento se queda en el  campo  de  las  probabilidades  y  no en el de la certeza, grado de conocimiento  requerido para emitir fallo de condena.   

Comenta  que el juzgador vulneró las reglas  de  la  lógica,  esto  es,  la  ley de la coherencia, puesto que en el presente  asunto  “no  se  encuentra  esa  conexión profunda  entre  las  premisas  o  hechos  indicadores  expuestos  por  el Tribunal con la  conclusión a la que llegó”.   

En  su  sentir  la conclusión del Tribunal,  según  la  cual,  su  defendido participó en los hechos no se deriva del dicho  del   perito.   De  ahí  que  no  comparta  la  aseveración  del  sentenciador  consistente  en  que  la  huella  sólo  pudo  haber  permanecido  adherida a la  motocicleta  por  un  corto  espacio, situación de la que se infiere que Vargas  Franco participó en la actividad delictiva.   

Luego de reiterar lo expuesto, agrega que el  vicio  es  trascendente,  habida  cuenta  que  realizado  un  juicio  lógico  y  coherente,  se habría concluido que la presunta presencia de su representado en  los  hechos  no  es  sino  una  simple  posibilidad, entre muchas. De manera que  concluye  que  en  este  asunto  no  se  podía inferir, en grado de certeza, la  responsabilidad de su defendido, en tanto aflora la duda.   

En  consecuencia,  pide  a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, absolver a su procurado del cargo por el  que fuera condenado en el fallo recurrido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia del vicio y, menos, los conectó con los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado en  la Ley 906 de 2004.   

En primer lugar, surge oportuno recordar que  el  recurso  de  casación  fue  estatuido para denunciar vicios de derecho o de  actividad  cometidos  en  la  construcción  de  la  sentencia  o en el trámite  judicial,  según  el  caso. De ahí que le compete al demandante que postule el  yerro  a  través de las causales contempladas para el efecto, demostrando cómo  el   mismo   logra   resquebrajar   el   fallo,   al  punto  que  se  impone  su  quebrantamiento,  con  el  objeto  de  cumplir  con  los  fines estatuidos en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

En   lo   que   atañe   al   primer  cargo que el demandante postula por  la  vía  de  la  causal  tercera  de  casación  por  una  presunta infracción  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de un error de hecho por falso juicio  de   identidad,   como   quedó   expuesto  en  precedencia,  no  demostró  que  efectivamente  el Tribunal tergiversó el testimonio rendido por el perito, toda  vez  que  la  labor de fundamentación de la censura la edifica en oponerse a la  conclusión  probatoria  que  el juzgador infirió luego de apreciar dicho medio  de prueba, de manera individual y mancomunada.   

Así,  el demandante en vez de demostrar  en  qué consistió la distorsión de la prueba, arremete contra el juzgador por  haber  concluido  que la huella encontrada en la parrilla de la moto, además de  ser  del  procesado,  fue  estampada  al  momento de cometerse el comportamiento  delictual,  situación  que  lleva  a  concluir  en  la participación de Vargas  Franco  en  el  delito  de  hurto calificado agravado, sin que de su discurso se  advierta la existencia del denunciado vicio.   

De  manera  que  ante  esa  discrepancia  de  criterios, se impone la inadmisión de la censura.   

En    lo    atinente   al   segundo  cargo  que el actor postula por la  vía  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  también  se  advierte que  desconoce  los  parámetros  de debida fundamentación para fundar este vicio en  sede de casación.   

Recuérdese que cuando la censura se presenta  bajo  la anterior nomenclatura, al libelista le compete que señale cuál fue la  regla  de  la  lógica,  el  principio  de  la  ciencia  y/o  la  máxima  de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  dispositiva de la sentencia.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala  si bien es cierto que el actor señaló la ley de la lógica presuntamente  vulnerada  en  el  acto  de  apreciación  probatoria,  esto  es,  la  ley de la  “coherencia”,  de todos  modos  en  la  fundamentación  de  la  censura  no cumplió con la finalidad de  demostrar  el  vicio  y,  menos,  evidenciar  cómo  esa circunstancia impone la  intervención  de  la Corte en procura de cumplir con los fines estatuidos en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.    

De esa pluralidad de argumentos el libelista  acepta  que  la  evidencia de haberse encontrado la huella de su representado en  la  moto  es correcta. Sin embargo, se aparta del juzgador en cuanto al grado de  conocimiento  que  generó  ese  hecho,  puesto  que  para  él  tal  situación  constituye  una duda respecto a la responsabilidad de Vargas Franco, en tanto se  trata de una simple posibilidad.    

Ante esa falta de claridad y precisión en la  formulación   del   segundo   cargo,   se   impone   la   inadmisión   de   la  demanda.   

De  otro  lado,  vale  destacar  que  en las  consideraciones  del  Tribunal  no  se  infiere  tergiversación  del  contenido  material  del testimonio del perito ni se vulneraron los postulados que informan  la  sana  crítica,  habida  cuenta  que  para  la Corporación fue claro que el  deponente  sostuvo  que  las  huellas  dactilares pueden durar en una superficie  hasta  cincuenta  años. No obstante, además de considerar que la citada huella  era  del  procesado,  advirtió  que  “la escena fue  protegida  una  vez  ocurrido  el latrocinio y que ninguna persona tuvo contacto  con  los  elementos materiales probatorios encontrados para que pudiera pensarse  que  se  implantó  la  huella  con  el objeto de perjudicarlo, pues respecto de  ninguno  de  los testimoniantes puede establecerse un conocimiento previo con el  acusado  que  los llevara a tener ánimo vindicativo o retaliatorio encaminado a  querer perjudicarlo.   

“Por  el  contrario,  la  prueba técnica  permite  inferir  que  CARLOS  IVÁN  VARGAS  FRANCO,  difiriendo con ello de la  posición  de  la defensa y de la decisión que se revisa, estuvo en el lugar de  los  hechos,  que  participó  en  el  latrocinio  y  que  se  desplazaba  en la  motocicleta  que  quedó  abandonada  ante  la  premura  de  los  asaltantes  de  abandonar  el  lugar  y, si bien, la testigo de descargo, esto es, la compañera  sentimental  del  acusado, Xiomara Murcia Peñalosa dijo que éste se encontraba  incapacitado  y  que  no era posible que se moviera y que su hijo menor para ese  entonces  se  encontraba hospitalizado, también lo es que señaló que éste le  llevó  ropa  y  comida  al  centro  asistencial,  además  no  les  fue posible  demostrar    que    efectivamente    fue    víctima    de    un    ‘atentado’    y    que    lo    intervinieron  quirúrgicamente,  de  igual  forma no pudo especificar el momento en que estuvo  en  la clínica, verificándose por la Sala que la intención de la deponente se  enmarcó  en  querer  favorecer al procesado atendiendo los lazos que los unen y  no  porque  efectivamente  los hechos se presentaran como los describió, cuando  la prueba de cargo es contundente.   

“Y si bien, el fundamento de la sentencia  para  sustentar  la duda a favor del procesado, es que la huella podía perdurar  por  cincuenta  (50)  años,  dejó  de lado que para que ello ocurriera debían  presentarse  situaciones  especiales,  que  lejos  estaban  de concurrir en este  caso,  cuando  lo  cierto y real es que su huella se encontró en la parrilla de  la   motocicleta,  lo  que  permite  inferir  que  bien  pudo  desplazarse  como  ‘pato’  y  no  como conductor de ésta como  quiso  hacerlo  ver la Defensa ante la Sede al intervenir en su condición de no  recurrente  y  señalar  que quienes conducían este tipo de aparatos utilizaban  guantes.   

“Ante  este hecho, pertinente es reiterar  lo  consignado  por la Sala al emitir el sentido del fallo, esto es, que lógico  resulta  deducir,  que  según  lo expuesto por el perito, la huella del acusado  sólo  pudo  adherirse  a  la  motocicleta, en el contexto temporal propio de la  acción  delictiva, por cuanto la conformación misma de la superficie en que se  encontró,  esto es, en sus contornos, tanto como el uso previo del rodante para  llegar  al  lugar,  hace que estuviera sometida al clima, la contaminación y el  ambiente,  cuando  no la manipulación y el roce de sus usuarios, por lo que una  impresión  dactilar,  en  esas  condiciones,  no  podía  estar  asida a ella e  inalterada,  como se encontró, sino que necesariamente, provino de este hecho y  no  de  tiempo atrás como lo consideró el Aquo para fincar la duda probatoria,  sacando  fuera  de  contexto lo expuesto por el testigo y un ejemplo explicativo  de  éste  lo  colocó  como  parte  fundamental,  fuera  de  contexto del hecho  investigado.   

“Consecuente  con  lo  anterior,  fácil  resulta  concluir  que  la  responsabilidad  de  Carlos  Iván Vargas Franco, se  encuentra  comprometida  en  este  asunto, máxime cuando a la Defensa no le fue  posible  resquebrajar  la  prueba de cargo que obraba en su contra, para tenerlo  como  coautor de la misma, verificándose que en la empresa criminal, se produjo  una  división de funciones, desplazándose en la motocicleta que fue abandonada  en el lugar al no haber prendido la misma”.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del   procesado   Carlos   Iván  Vargas  Franco,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Carlos  Iván  Franco  Vargas  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de    Carlos    Iván    Vargas   Franco,     por     las     razones    expuestas    en    la    anterior  motivación.   

De           conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                     JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *