32421(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 32421  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 353.   

          Bogotá, D. C., once de noviembre de dos mil nueve.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  ALEXÁNDER  CARDONA RAMÍREZ, contra la  sentencia  de segundo grado proferida el 17 de febrero de 2009 por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  que modificó la  dictada  el  3  de  diciembre  de  2007  por  el  Juzgado Decimoquinto Penal del  Circuito  de la misma ciudad, imponiéndole al procesado la pena principal de 36  meses  de  prisión  y  multa  de  50  salarios  mínimos legales mensuales y la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término;  al pago de los perjuicios tasados en el equivalente a  493   salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes;  y,  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, por haberlo declarado  autor   penalmente  responsable  de  falsedad  material  en  documento  público  agravada  por  el  uso,  en  concurso homogéneo, estafa y falsedad en documento  privado, en concurso heterogéneo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el  Tribunal Superior de Bogotá en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

   

“Se da inicio a la  investigación  por  hechos,  que  pone  en  conocimiento la Dra. Ingrid Maritza  Laspriella  Avila,  en  fecha  de  4  de febrero de 2005, según los cuales LUIS  ALEXÁNDER   CARDONA  RAMÍREZ,  participó  en  diversos  delitos  mediante  la  ejecución  de  modificaciones  o ajustes a las facturas de saldos de cuentas de  clientes   en   donde   se   hacía  (sic)  necesarias devoluciones a estos clientes por reclamaciones hechas.  Para  realizar  dichas  modificaciones o ajustes debió elaborar la solicitud de  devolución  de  los supuestos usuarios, a quienes supuestamente se les consigno  (sic)  el dinero del cual se  apropio   (sic)  el  Señor  Cardona,   en  cuantía  aproximada  de  cuarenta  y  cinco  millones  de  pesos  ($45’000.000)  dinero  que  CODENSA  consignaba  a  varias  cuentas  de  ahorro, según documentos y nombres  aportados  por  el  procesado,  para  tal  fin  creados por el mismo”    

Por  intermedio  de  la  Jefe  del  Área de  Investigaciones  Especiales, actuando como apoderada general, CODENSA S.A.   formuló  denuncia  penal  contra  LUIS  ALEXÁNDER CARDONA RAMÍREZ, a quien le  atribuyó  haberse  apoderado  de altas sumas de dinero propiedad de la empresa,  valiéndose  para ello de fingidas reclamaciones que originaban órdenes de pago  por  devolución  de valores facturados en exceso, que sustentaba con documentos  falsos.   

La investigación se inició el 9 de febrero  de  2005.  LUIS  ALEXÁNDER  CARDONA RAMÍREZ fue vinculado por la Fiscalía 105  Seccional  de Bogotá D.C. mediante diligencia de indagatoria practicada el día  15  de  los  mismos mes y año, oportunidad en la que negó su participación en  los hechos denunciados.   

CODENSA S.A. presentó demanda de parte civil  dentro  del  proceso  penal  el  16  de  febrero de 2005. El libelo fue admitido  mediante  auto  de  la  misma  fecha.  Empero,  con  posterioridad la demandante  modificó  la  pretensión  indemnizatoria  para  señalar  que  los  perjuicios  habían   ascendido  a  los  doscientos  cuarenta  y  cinco  millones  de  pesos  ($245’000.000).   

Contra  el  sindicado  se profirió orden de  captura  para  escucharlo  en  ampliación  de  indagatoria,  ante  la renuencia  injustificada  para  cumplir  las  citaciones.  CARDONA RAMÍREZ fue interrogado  nuevamente  el  15  de  junio  de  2005.  En  esa  oportunidad,  se le notificó  personalmente  la  demanda  de  parte  civil,  aceptó  los cargos e informó su  intención de acogerse a sentencia anticipada.   

El  21  de  julio  de 2005, la Fiscalía 105  Seccional   de   Bogotá   resolvió  la  situación  jurídica  del  sindicado,  absteniéndose  de imponerle medida de aseguramiento, razón para que dispusiera  su    libertad    inmediata,    previa    suscripción    de    diligencia    de  compromiso.   

Atendiendo una orden de trabajo impartida por  la  Fiscalía, el Grupo de Contaduría Forense del C.T.I. dictaminó que en este  caso  los  perjuicios  ocasionados  a  CODENSA  S.A.  ascendían  a  la  suma de  $221’695.937.   

La  Fiscalía  105 Seccional de Bogotá D.C.  declaró  cerrada  la  investigación  el  27 de marzo de 2007. No obstante, esa  decisión  fue  recurrida  en  reposición por el defensor del sindicado CARDONA  RAMÍREZ,  argumentando  que su asistido había manifestado acogerse a sentencia  anticipada.  Entonces,  el  día  27  de  junio  del  mismo  año  se revocó la  providencia  impugnada  y  el  siguiente  3 de agosto se le formularon cargos al  encartado  por  falsedad  material  en documento público agravada por el uso en  concurso  con  estafa  agravada  y  falsedad  en  documento  privado, los cuales  aceptó libre y voluntariamente.   

El proceso se asignó al Juzgado Decimoquinto  Penal  del Circuito de Bogotá, despacho que dictó sentencia anticipada el 3 de  diciembre  de  2007,  de  cuya  naturaleza  y  contenido  se  hizo mérito en el  acápite  inicial  de  esta  providencia,  la  cual fue modifica por el Tribunal  Superior  de  la misma ciudad, que conoció de la misma en segunda instancia por  apelación  que  interpusieron  el defensor, el apoderado de la parte civil y el  Procurador Judicial.   

LA  DEMANDA   

El  defensor  del  procesado LUIS ALEXÁNDER  CARDONA  RAMÍREZ  parte de advertir que la censura tiene por objeto únicamente  rebatir  la  condena al pago de los perjuicios en la cuantía fijada por la Sala  Penal  el  Tribunal Superior de Bogotá, y en tal propósito,  al amparo de  las  causales primera y tercera de casación, consagradas en el artículo 207 de  la  Ley  600 de 2000, acusa la sentencia de haberse dictado en un juicio viciado  de  nulidad;  de  incurrir en violación directa “por  aplicación   indebida   y   correlativa   falta  de  aplicación  de  la  norma  sustancial”;  y,  en error de hecho por falso juicio  de existencia.   

A   continuación   aclara   que  como  la  jurisprudencia   de   esta   Corporación   ha   enseñado  que  “cuando  se  alega al mismo tiempo causal tercera con causal primera,  se  incurre  en una dilogía (…), puesto que en ésta se supone que el proceso  es  válido  y  en  aquella, que el proceso es inválido, para no transgredir el  principio  de  no  contradicción, cual regla de oro de la casación”,   la   censura   la   formulará  por  la  vía  de  la  causal  tercera.   

En  desarrollo  del  cargo  que  finalmente  decidió    presentar    como    sustento    de    la    demanda    –nulidad–,    señala   que   “El  fallador  de  segunda  instancia, violo  (sic)   la   ley   sustancial   de  forma  indirecta,  incurriendo  en  error  de  hecho, consistente en un falso juicio de raciocinio,  por  desconocimiento  del principio de proporcionalidad en la valoración de los  prejuicios (sic).”    

Para el demandante la sentencia impugnada se  profirió  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por la comprobada existencia de  irregularidades  que afectan el debido proceso, específicamente el principio de  investigación   integral,   “por  la  omisión  de  práctica  de  determinados medios de prueba procedentes, conducentes, útiles y  pertinentes,  saliendo así gravemente perjudicada su estructura procesal (error  in  procedendo  de estructura), como que desconoce las bases fundamentales de la  instrucción y del juzgamiento…”   

Aclara  que  con  la  proposición jurídica  formulada,  pretende  preservar  la estructura del proceso, porque no es posible  liquidar  los  perjuicios  “como  lo  hizo  el a quo  (sic) al imponer al procesado  al (sic) pago del equivalente  a  493  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  pues  en  el  aspecto  probatorio  solo  se  demostraron  (sic)  la     suma     de    $45’000.000,oo M/cte.”   

Agrega   que   resulta   desproporcionado  “desconocer  que  los  perjuicios  causados  con  la  conducta  punible atribuidos a LUIS ALEXÁNDER CARDONA RAMÍREZ, No (sic) pueden  ser  valorados  por  encima  de  los $45’000.000,oo  M/cte.,  como  se  deduce  del  aspecto  probatorio.  Al  desconocer  esto  el  tribunal superior de Bogotá Sala de Decisión Penal, solo  se  basa  para  el  efecto  en un dictamen pericial, carente de toda realidad de  proporcionalidad  desfasada,  pues  si  solo  se  denuncian  en  el  año  2005;  (sic)    $45’000.000,oo  M/cte,  como  (sic)  se  puede  ir a liquidar al 2007 la  suma   de  $211’000.000,oo  M/cte,   o   el   equivalente   a   493   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes”.   

Considera  que  el  yerro  consiste  en  que  “la parte civil no se opuso en su debida oportunidad  a  la  valoración  de  los  perjuicios,  en  este caso en el allanamiento a los  cargos,  y  por  consiguiente  en  sentencia  de  primera  instancia”  y,  así  mismo,  en  la  profunda  diferencia que hay entre la  liquidación  de  los  perjuicios  por parte del Ad quem y la valoración de los  daños  que dedujo la primera instancia, “cayendo con  esta  dedición  en el hecho punible de usura.”    

Estima  el  casacionista que en este caso se  vulneraron  los  artículos  29  y  250  de  la  Carta Política “por  Omisión  de Práctica o Evacuación de las Pruebas Conducentes  y   Pertinentes”;   1,  7  y  249  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  porque  “La  omisión  de una  prueba   objetivamente   conducente  en  el  proceso  que  se  sigue  contra  el  peticionario,    constituye    una   violación   a   su   derecho   al   debido  proceso.”   

Agrega que con la omisión demandada se viola  igualmente  “el  principio  de  publicidad  que debe  inspirar  las  diferentes  actuaciones  procesales”.   

Por        último, invocando la causal “tercera”, acusa  la  sentencia  de  incurrir en un “ERROR DE HECHO POR  FALSO  JUICIO  DE  RACIOCINIO  (…)  por haber sido proferida por violación al  principio   lógico  de  proporcionalidad  en  la  liquidación  de  perjuicios,  originada   por   la   comprobada   existencia  de  ostensibles  irregularidades  sustanciales  nominada violación indirecta de la ley sustancial, consistente en  haber  modificado  el  fallo  de  primera  instancia  imponiendo unos perjuicios  completamente  difíciles  de  pagar  por  el procesado, todo esto sin perder de  vista  que  el  mismo  se  acogió a sentencia anticipada, teniendo como base el  pago      equivalente      a     $45’000.000,oo  M/cte,  que  en su momento nadie los objeto (sic).”   

Con fundamento en tales argumentos, solicita  de  la  Sala  de Casación Penal que case la sentencia impugnada y, en su lugar,  confirme  la indemnización de perjuicios en la cuantía deducida por el Juzgado  Penal  del  Circuito,  “con miras a corregir el fallo  de   segunda  instancia  que  violo  (sic)  la  ley  sustancial  de  forma  indirecta, incurriendo en error de  hecho  consistente  en  un  falso  juicio  de raciocinio por desconocimiento del  principio  de  proporcionalidad en la valoración de los perjuicios.”   

ALEGATOS DEL NO RECURRENTE  

El  apoderado de la parte civil –Codensa   S.A.  E.S.P.-,  dentro  del  término  legal,  solicita que se inadmita la anterior demanda de casación, por  las siguientes razones:   

La  demanda,  dice, no cumple las exigencias  formales  previstas  en  los  numerales  tercero  y cuarto del artículo 212 del  Código  de  Procedimiento  Penal.  En  primer  lugar,  porque a pesar de que el  casacionista  identifica  las  causales  en  las  que  apoya  los  cargos, omite  desarrollarlas  y  no  señala  las  normas  legales  que estima infringidas. En  segundo    término,    porque    no   sustentó   cada   cargo   en   capítulo  separado.   

Al tratar de desarrollar el cargo por nulidad  –añade–,  el  demandante  presenta una causal  diferente  a la propuesta, porque aduce que el quebranto obedece a la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  derivado de un falso  raciocinio.   

A lo anterior debe agregarse que el libelista  enunció   la  incursión  del  Ad  quem  en  falsos  juicios  de  existencia  e  inmediatamente  argumentó  que  el yerro consistía en un falso raciocinio, que  son, por su origen y alcance, dos proposiciones diferentes.   

Resalta  que de todas formas el casacionista  omitió    demostrar    los    cargos,    porque    no   precisó   –al   referirse  al  falso  juicio  de  existencia–  cuál  es la  pieza  procesal  ausente  sobre  la  que  el  funcionario  judicial  soportó la  decisión.   

Tampoco  se  preocupó el actor –continúa– por precisar, tratándose de un falso  raciocinio,  cómo  se  violentaron  las  reglas  de  la  sana  crítica en este  caso.   

Asegura el apoderado de la parte civil que el  recurrente  no presentó ninguna argumentación fáctica o jurídica tendiente a  demostrar   de  qué  forma  se  menoscabó  la  estructura  del  proceso  o  se  violentaron   las  garantías  fundamentales  por  la  supuesta  “omisión  de práctica de determinados medios de prueba procedentes,  conducentes, útiles y pertinentes.”   

Para la parte civil resulta desatinado que el  demandante  pretenda  sustentar  la nulidad que se invoca, aduciendo un error de  hecho por falso raciocinio.   

Por  lo demás considera que no hubo ninguna  irregularidad   en   el  trámite  del  proceso  penal  adelantado  contra  LUIS  ALEXÁNDER CARDONA RAMÍREZ.   

    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  primer lugar, se destaca que el defensor  de  CARDONA RAMÍREZ censura la sentencia, exclusivamente, en lo que concierne a  la  condena  al  pago  de  perjuicios  ocasionados  con las conductas delictivas  objeto  de  juzgamiento,  en  cuanto  considera que resultó desproporcionada la  suma fijada por el fallador de segunda instancia.   

Pues bien, de conformidad con la regulación  contenida  en  el  artículo 208 del Código de Procedimiento Penal –Ley    600    de    2000–, cuando la casación tenga por objeto  exclusivamente  lo  atinente  a la indemnización de perjuicios decretados en la  sentencia  condenatoria, como ocurre en este específico asunto, “deberá   tener   como   fundamento   las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en las normas que regulan la casación civil, sin consideración a  la     pena     señalada     para     el     delito    o    delitos”.   

En  el  presente  caso,  el  monto  de  los  perjuicios  deducidos  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá  ascendió  a los 493 salarios mínimos legales mensuales, cuantía que supera la  señalada  en  el  artículo  366 del Estatuto Procesal Civil, modificado por el  D.E.  2282/89,  art.  1º, num. 182, y, posteriormente por la Ley 592/2000, art.  1º,   en   el   sentido   de   que   el   recurso  de  casación  “procede  (…) cuando el valor actual de la resolución desfavorable  al  recurrente sea o exceda de cuatrocientos veinticinco (425) salarios mínimos  legales mensuales vigentes”.   

No  obstante, el demandante no cumple con la  obligación  de  acudir  a  las  causales señalas en el artículo 368 del C. de  P.C.,  falencia  que sería superable atendido el hecho de que la causal primera  en  las  dos  legislaciones  es  igual, en tanto refiere, en ambos eventos, a la  violación de la ley sustancial.   

Pero además, de entrada advierte la Sala el  desatino  en  que  incurre el libelista, pues tras invocar la causal tercera del  Código   de   Procedimiento   Penal  –artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000-, por trasgresión al debido  proceso,  lo que busca es la modificación de la sentencia impugnada en punto de  los  perjuicios  y  no  la  nulidad  de la actuación, cuando es esta última la  consecuencia lógica de la causal invocada.   

Realmente,  la  disertación  ofrecida en el  cargo  que se propuso desarrollar, permite deducir un manifiesto desconocimiento  de  los  parámetros  lógicos,  argumentativos y de postulación propios de los  motivos  de  casación  invocados,  además  de  que  las  razones esgrimidas no  persuaden   a  la  Corte  acerca  de  una  potencial  violación  de  garantías  fundamentales,  y  menos  de  la  necesidad de un fallo para el desarrollo de la  jurisprudencia  en  provecho  de  los  fines  a los que debe atender el presente  recurso.   

En efecto, para sustentar los cargos esbozó  el  libelista  una  serie  de  argumentos  confusos, desordenados, repetitivos e  impertinentes  que  no  permiten  comprender  las  razones de su reproche ni los  errores  en  los  que  supuestamente  incurrió  el  Ad quem. Basta advertir que  anunció  la formulación del ataque por las causales primera y tercera, empero,  al   exponer   los  fundamentos  de  la  violación,  agrupa  indebidamente  los  contenidos   de   unos   motivos  con  los  de  otros,  acudiendo  a  argumentos  discordantes, deshilvanados y contradictorios.   

La  causal  tercera  del  artículo 207 del  estatuto  procesal  penal  se refiere a la procedencia de la casación cuando la  sentencia ha sido dictada en un juicio viciado de nulidad.   

Entonces, para la adecuada sustentación es  preciso  que el censor identifique en forma diáfana cómo ocurrió el quebranto  del  debido proceso y cómo esa infracción afectó sustancialmente a una de las  partes,  en  este caso al procesado. En razón de ello, las simples afirmaciones  que  en  ese  sentido  se hagan, sin sustento fáctico ni jurídico, no podrían  admitirse.   

En  estos  casos  es  preciso  explicar  y  demostrar  de  qué manera se afectó la estructura del proceso, cuál garantía  resultó  afectada  y,  debido  a  que ese cuestionamiento conduciría por regla  general  a  la  declaratoria  de  nulidad, también resulta necesario señalar a  partir de qué instancia procesal se reclama tal declaración.   

De  manera  que si se alega la trasgresión  del  debido  proceso  es  necesario  demostrar que en realidad se configuró una  irregularidad  en  la  estructura básica del proceso, esto es, en alguna de las  actuaciones  concatenadas,  sucesivas  y  armónicas  que  lo componen, y que la  misma  es  trascendente,  de  modo  que  si  no  se  sanea  es imposible dejarlo  incólume.   

Empero,  en  este  caso  ninguna  de  esas  exigencias  se  cumplió, al punto que el demandante, a pesar de que se encamina  por  la  vía  de  la  nulidad,  sostiene,  en  unas  ocasiones, que el fallador  incurrió  en  falso  juicio  de existencia y en otras, en falso raciocinio, sin  contar  con  que  también  intentó  proponer  una violación directa de la ley  sustancial  “por  aplicación indebida y correlativa  falta  de  aplicación  de  la  norma sustancial”, lo  cual  atenta  contra  el principio de no contradicción, pues si lo que pretende  es  que  la  sentencia  se  dictó  en un juicio viciado de nulidad, no puede al  mismo   tiempo,  denunciar  errores  de  valoración  probatoria,  porque  estos  presuponen la validez de la actuación.   

Pero  además,  el  demandante  en  ningún  momento  aclara  o  especifica cuáles fueron los quebrantos cometidos, ya en la  tramitación  del  proceso  o ya en la valoración probatoria, es decir, de qué  manera  se  afectó  la  estructura  del  proceso,  o cuáles fueron las pruebas  dejadas  de  apreciar por el fallador de las que legalmente se habían allegado,  o  qué consecuencias valorativas infirieron a partir de un medio de convicción  que no forma parte del acervo.   

Simplemente  se  limitó  a aseverar que la  nulidad  obedeció  a  la  violación  directa  “por  aplicación   indebida   y   correlativa   falta  de  aplicación  de  la  norma  sustancial”;  y,  al error de hecho por falso juicio  de  existencia,  argumento  en  el  cual,  se  insiste, la confusión de motivos  casacionales es total.   

Y  aunque  en algunos apartes de su demanda  sostiene   que   se   vulneró   el   principio   de   investigación  integral,  “por la omisión de práctica de determinados medios  de  prueba  procedentes,  conducentes,  útiles  y  pertinentes,  saliendo  así  gravemente   perjudicada   su   estructura  procesal  (error  in  procedendo  de  estructura),  como  que  desconoce  las bases fundamentales de la instrucción y  del  juzgamiento”, nada concreta al respecto, pues no  señala,  como  era  su  deber,  cuáles  fueron  esas pruebas que se dejaron de  aducir,  y  qué  efectos  tenían  sobre  la decisión que llevó al Tribunal a  adecuar el monto de los perjuicios al valor probado en el proceso.   

También  de manera deshilvanada, aduce el  censor  que el fallador incurrió en un error de hecho por falso raciocinio, por  violación  del  principio lógico de proporcionalidad  en  la  liquidación de perjuicios, el cual no explica  en forma alguna.   

El       falso      raciocinio,  ha dicho la Sala, supone la  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  concretamente porque en la  valoración  del  elemento  de  convicción  examinado  el  Juez desconoció los  principios  de  la  lógica, las leyes de la ciencia o  las  máximas de la experiencia. Por lo tanto, para una debida argumentación de  este   error   en   casación,   es   necesario   que   el  censor  especifique   cuál  fue  el  medio  de  persuasión  indebidamente  apreciado   y  cuál  fue  la   inferencia   extraída   de  esa  prueba   en   la   sentencia   impugnada,  identificando  el  principio de la lógica, la ley de la ciencia o la máxima de  la      experiencia      violada      en      esa  valoración.   

Además, es necesario en tales eventos que  el    actor    acredite  la    trascendencia    del    error    puesto    de  manifiesto,     demostrando    que    la  enmienda  del  yerro  daría  lugar  a  un  fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses del procesado, sin que en ese desarrollo  esté   permitido   formular  posturas  personales,  pues  de  lo  contrario  se  desconocería     la     naturaleza     extraordinaria     del     recurso    de  casación.   

Por  lo  demás,  no  sobra señalar que la  modificación  de  los  perjuicios  en segunda instancia se dio con ocasión del  recurso  de apelación que en busca de esa pretensión interpuso el apoderado de  CODENSA  S.A.  ESP,  quien  puso  de  presente que la cuantía fijada en primera  instancia  desconocía  la  estimación  juramentada  contenida en la demanda de  parte  civil,  que  fue  aceptada  por  el  acusado  y refrendada en el dictamen  pericial  rendido  por  el  C.T.I.  de la Fiscalía, alegaciones que escuchó el  Tribunal,  considerando  que  con  ocasión  de  la  falsificación  del título  profesional  presentado  por  el acusado a la empresa en cuestión, se generaron  perjuicios   para  la  misma,  porque  se  reconocieron  incrementos  salariales  significativos  al  implicado,  según  se  especificó  en el dictamen pericial  rendido  por  el Grupo de Contaduría Forense del C.T.I., perjuicios que habían  sido  obviados  en  la sentencia de primera instancia, que se limitó a tasar el  detrimento  sufrido  con  ocasión  al atentado contra el patrimonio económico,  olvidando los ocasionados con el delito contra la fe pública.   

En  su  demanda,  el censor no enfrenta esa  argumentación,   razón   por   la   cual   ningún  error  acredita  frente  a  ella.   

Así las cosas,  ante   el   abandono   de  las  exigencias  mínimas  previstas   en  el  artículo  212-3  de  la Ley 600 de  2000,  en sus atributos de  claridad    y    precisión,    la   demanda   será  inadmitida.   

Por último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se  advirtió  la concurrencia de  alguna    de   las   hipótesis   que   le  permitirían  a  la  Corte  obrar de  conformidad    con    el    artículo   216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de LUIS  ALEXÁNDER    CARDONA  RAMÍREZ  por su defensor.   

Contra este auto  no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

           Licencia no  remunerada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARIA  DEL  ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                        JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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