32054(09-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32054  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 349.   

Bogotá, D. C., nueve (9) de noviembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  presentada  por el defensor de WILLIAM  HERNÁNDEZ  SCARPETA,  por  cuyo conducto sustentó el  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la sentencia del 21 de noviembre de  2008  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior de Bogotá, al revocar el fallo  absolutorio  adoptado  el  25  de enero del mismo año por el Juzgado Diecisiete  Penal  del  Circuito  de  la  misma sede, condenó al mencionado procesado, así  como  a  Jorge Enrique Urdaneta Valecillos   a  las  penas  principales  de  40  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a  $100.000,  como  coautores penalmente responsables del delito de  estafa agravada.   

HECHOS  

          Los  que  declaró  probados  el Tribunal se resumen de la siguiente  manera:   

          Entre   los  años  de  1998  y  1999  se  presentó  una  serie  de  irregularidades   en  la  empresa  Ofiescolares  S.A.,  filial  de  la  firma Venepal  S.A.C.A.,  casa  matriz  con  sede  en  el  Estado  de  Miranda,   República   de   Venezuela,   las   cuales   permitieron   despachar  fraudulentamente  a  la  empresa  Fibras Secundarias de  Colombia  Ltda.  mercancía  por un valor aproximado a  los  $3.929.402.972,  sin  contarse  con  los debidos controles y garantías que  facilitaran  el recaudo de la deuda y, antes bien, para habilitar la continuidad  de  los créditos concedidos a la firma última mencionada, a principios de 1999  se  aceptó  como garantía un CDAT por la suma de $3.167.725.922 emitido por la  cooperativa  Colombiacoop, que  resultó ser de “papel”.   

          Jorge   Enrique   Urdaneta   Valecillos  y  WILLIAM     HERNÁNDEZ    SCARPETA,    representante   legal  y  gerente  financiero,  respectivamente,  de  Ofiescolares   S.A.,   son  señalados  de  haber obrado mancomunadamente a fin de permitir la defraudación  perpetrada   contra   la   empresa   para   la   cual  prestaban  sus  servicios  laborales.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Correspondió   el  trámite  de  las  diligencias  a  la  Fiscalía 99 Seccional de esta ciudad, despacho judicial que  dispuso,  en resolución del 21 de febrero de 2000, la apertura de la respectiva  instrucción  penal, en cuyo desarrollo escuchó en declaración de indagatoria,  entre   otros,   a   WILLIAM   HERNÁNDEZ   SCARPETA.  Además,  por  decisión  del  10  de  agosto de 2001,  declaró  persona  ausente  a  Jorge  Enrique Urdaneta  Valecillos.   

2.  Mediante  proveído  del  10 de marzo de  2003,  el  fiscal  clausuró la investigación y, cumplido el traslado de rigor,  calificó  el  mérito  del  sumario el 26 de mayo de 2003 con preclusión de la  instrucción.  Con  ocasión de la apelación interpuesta por el apoderado de la  parte  civil, la Fiscalía Delegada de segunda instancia revocó parcialmente la  providencia   calificatoria  para  proferir  resolución  de  acusación  contra  WILLIAM HERNÁNDEZ SCARPETA y  Jorge   Enrique   Urdaneta   Valecillos  por  el  delito  de estafa agravada, pronunciamiento emitido el 9 de  agosto de 2005.   

4.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Diecisiete Penal del Circuito de esta ciudad, cuyo titular realizó las  audiencias  preparatoria  y  pública  de juzgamiento, tras lo cual profirió la  sentencia  de  primera  instancia, en la cual absolvió a los acusados, por cuya  razón  el  apoderado  de  la  parte  civil  interpuso el recurso de apelación,  resuelto  por  el  Tribunal Superior de Bogotá a través del fallo condenatorio  objeto  después  del recurso extraordinario de casación por parte del defensor  de        HERNÁNDEZ        SCARPETA.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante formula tres cargos contra la sentencia del Tribunal,  uno  con  apoyo  en  la  causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000 y los  otros   dos  bajo  el  auspicio   de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo  ibídem.   

          Primer cargo:   

          Señala  que  la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad  como    consecuencia    de    violarse    el    principio    de   investigación  integral.   

          Para  sustentar  el reproche dice que el fallo no tuvo en cuenta las  serias  deficiencias  probatorias  obrantes  en  la  actuación, dedicándose el  juzgador  a  analizar  las pruebas perjudiciales para el procesado, sin tener en  cuenta  la investigación integral. En ese sentido, sostiene que el ad  quem  no verificó si el patrimonio del  aludido  se  incrementó  desproporcionadamente durante el tiempo que laboró al  servicio  de  la sociedad Ofiescolares S.A.,  prueba  no  practicada  ni  valorada,  pese  a  su  utilidad para  demostrar  la  “sucesión causal entre el artificio o  engaño y el error, y el incremento patrimonial injustificado”.   

          Según  el  actor,  “la prueba que se le  trae  a  colación  son los diferentes acuerdos de pago que realizo (sic)  la  sociedad jurídica Ofiescolares  S.A.   con   uno   de  sus  grandes  deudores,  en  este  caso  lo  (sic)  compañía  fibras  secundarias  de  Colombia,  y  de  este  acuerdo de pago le aporto (sic)  en  garantía un CDT por valor de $3.167.725.922 de la  cooperativa    multiactiva    colombiacoop    (sic),  según  convenio  realizado con el representante legal  de Ofiescolares S.A. EDGAR CABAL”.   

          Considera  que  no  se  practicaron  pruebas  materiales  sobre  los  referidos   hechos,  como  la  declaración  de  Guido  Arruntegui,   representante   legal  de  Fibras  de  Colombia,  quien  realizó  el  acuerdo   de   pago   con   Edgar   Cabal,  testimonio  que  hubiera  podido  aclarar  la  participación  de  HERNÁNDEZ  SCARPETA  en  el  acuerdo  de  prebendas  entre Ofiescolares y    Fibras    de   Colombia.   

          También  echa de menos la declaración de los directivos de la casa  matriz   “Venepal   para   que  certificaran  quien  (sic)  autorizo (sic)   la  conciliación  con  fibras  de  Colombia,   igualmente   para   que   manifestaran   si  mi  representado  tenia  (sic)  dentro  del  esquema  organizacional   de  Ofiescolares  S.A.  poder  de  decisión  que  (sic)  ocupaba en el esquema de la mentada  empresa,  cuál  era su manejo, cuáles eran sus responsabilidades y si podía o  estaba   facultado   para   realizar  acuerdos  de  pago  o  descuento  con  los  clientes”.   

          Se  duele,  igualmente,  por  la no recepción de los testimonios de  los  directivos  de  la empresa deudora, así como de uno de sus propietarios de  nombre  Pablo Carboneri, y se  pregunta  por  qué  “no  se extractaron los estados  financieros     de    fibras    secundarias”    ni  “se    realizaron    sus    diferentes    cuentas  bancarias”.   

          Censura  a  los funcionarios judiciales por no tratar de recibir por  todos  los medios la versión de Jorge Enrique Urdaneta  Valecillos  y dice, finalmente, que debió oficiarse a  la  Superintendencia Financiera “para que explique si  actualmente  la  cooperativa  multiactiva  colombo  americana para el desarrollo  colombiacoop   (sic)  está  funcionando,  en qué lugar, quienes (sic) son  sus  socios,  que  (sic) capital  poseen,  quien  (sic) es   su   presentante   legal,  sus  directivos,  que  (sic)  capacidad tiene para emitir títulos  valores etc (sic)”.   

          En  criterio  del  demandante,  de haberse practicado las reseñadas  pruebas   se   habría   demostrado   la   inocencia  del  acusado  HERNÁNDEZ  SCARPETA, pues quedaría claro  que  no  participó  en  el  andamiaje  económico  de  la sociedad Ofiescolares  S.A.,  ni tuvo participación  alguna  en  el  convenio  del  mes  de  abril  de 1999.  Por tal razón, solicitó casar la sentencia impugnada  y   decretar  la  nulidad  de  la  actuación  a  partir  del  fallo  de  primer  grado.   

          Segundo   cargo:                 

          Acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso juicio de  identidad,  al  tergiversar  el  contenido  material  de  algunas  pruebas.  Tal  situación,  en  su concepto, ocurrió cuando el juzgador atribuyó al procesado  descargar  de  la  cuenta  de  Fibras  secundarias  de  Colombia  la suma de $1.500.000.000, comprometiéndose  a  entregar  el  soporte  del ingreso sin hacerlo. Sobre el particular el censor  considera  que esa operación bursátil ya había sido aprobada por “Venepal  y  se  encontraba  en  firme  en  el banco de nueva york  (sic)   requiriéndose  la  monetización  y  legalización  de  la  estrategia  financiera  trazada por las  directivas  de la casa matriz”. Otra cosa, añade, es  que  dicha  casa matriz no aceptó esa transacción y ordenó su reversión; por  eso    es   de   la   opinión   que   el   juzgador   distorsionó   el   medio  probatorio.   

          En  su  concepto,  el  ad quem tergiversó  también  la  auditoría  realizada  a la empresa, así  como  el dictamen contable, pruebas acorde con las cuales las irregularidades se  presentaron  en  contabilidad,  en  cartera  y  en inventarios exclusivamente en  relación   con   el  cliente  Fibras  Secundarias  de  Colombia  Ltda., de manera que fue esa firma la única  beneficiada,  mas  no  el  procesado, quien se limitó a procurar el pago de las  obligaciones         de        los        clientes        de        Ofiescolares para luego acudir a sus jefes  inmediatos,  Jorge Urdaneta y  Daniel Cabal, “quienes     le     manifestaban    que    negociaran    (sic)  los  mentados títulos con el banco  mercantil”.   

          Considera  que  el sentenciador distorsionó, igualmente, el acuerdo  de   pago   realizado   entre   los   representantes   legales  de  Ofiescolares    S.A.    y   Fibras  Secundarias  de  Colombia, pues con  base  en  esa  prueba dio por demostrado que HERNÁNDEZ  SCARPETA  hacía  descuentos  a su voluntad y recibía  títulos  valores  de manera personal de la segunda de esas empresas, lo cual no  es  cierto,  pues quien estaba encargado de tal recepción y además de entregar  la    mercancía    era    Daniel   Cruz,  sin  que  el  procesado hubiera intervenido en la decisión de la  conciliación.   

          Atribuye,  finalmente,  deformar  el  contenido  de  la  prueba para  concluir  que  el  acusado  era conocedor de los estados contables y financieros  por    fungir    como   gerente   financiero   de   la   sociedad   Ofiescolares  S.A. y así responsabilizarlo  del  detrimento  patrimonial  de  esa  empresa,  pese  a que aquél no avaló ni  elaboró  los  mencionados  estados  y, más aún, nunca actuó en contra de los  intereses  patrimoniales  de  la misma, al punto de que al hacer dejación de su  cargo  entregó  los listados de la cartera nacional y de las garantías para la  iniciación de las labores de cobranza de rigor.   

          Estimando  que  las distorsiones denunciadas llevaron a declarar una  verdad  distinta a la revelada por el proceso, solicitó casar la sentencia para  absolver al acusado.   

          Tercer cargo:   

          Predica  la  presencia de un error de hecho derivado de falso juicio  de  existencia  por  la  falta  de  apreciación de algunos medios de prueba. Al  efecto  sostiene  que  el  Tribunal dejó de valorar cinco cheques recibidos por  Daniel  Cruz  y su asistente  contable.  Considera  que  de ponderarse esa prueba se llegaría a la certeza de  que  HERNÁNDEZ  SCARPETA  no  era   el   único   encargado   de  la  cuenta  Fibras  Secundarias  de  Colombia,  sino  también  los  antes  aludidos,   así   como   Edgar   Cabal  y  Jorge Urdaneta.   

          Le  atribuye  también  no  apreciar  el  testimonio de Carlos   Julio   Arias  Puente,  asistente  contable,  quien  dijo  no  tener conocimiento de los descuentos autorizados por  WILIAM  HERNÁNDEZ  por valor  de  $496.741.593 y $37.000.000  a   Fibras   Secundarias  e  igualmente  manifestó  que las fallas en los registros contables y técnicos se  debían  a estrategias de los señores Róbinson Durán  y       Edilberto  Garzón,  quienes  impedían el buen funcionamiento de  Ofiescolares  S.A. Según el  libelista,     dicho     declarante     observó     además     “algunas  anomalías en torno a la mala utilización de la tarjeta de  crédito   por   parte   del   señor   Edilberto  Garzón  y  uno  (sic)  comprobantes  dejados de digitar el  (sic)   periodo  correspondiente  por  la  señora  María  Victoria  Murcia”.   

          En  su  criterio, las referidas pruebas incidieron en el fallo, pues  allí  se  dedujo  un  indebido  manejo  por  parte  del  acusado a los títulos  valores,  pese  a  estar  demostrado que existían otras personas interesadas en  torpedear   el   buen  funcionamiento  de  la  parte  contable  de  Ofiescolares.   

          Por  último,  estima  que  también  se dejó de apreciar la prueba  pericial  contable  de los estados financieros correspondiente a los años 1997,  1998    y    1999,    con    los    cuales   se   demuestra   que   HERNÁNDEZ  SCARPETA  no  los  elaboró  y  menos  los  firmó,  de donde se deduce la imposibilidad de su manipulación por  parte del aludido.   

          Solicitó  de  esa  forma  casar  la  sentencia  y  proferir  la  de  reemplazo de carácter absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          En  razón  del carácter extraordinario del recurso de casación y,  consecuentemente,   para   diferenciarlo   de  los  alegatos  de  instancia,  el  legislador  en  el  numeral  3º  del artículo 212 del Código de Procedimiento  Penal,  impone  al demandante el cumplimiento de unos presupuestos de adecuada y  lógica   sustentación,  sin  los  cuales  el  libelo  estará  llamado  a  ser  irremediablemente   inadmitido,   conforme   lo   establece   el  artículo  213  ibídem.   

          Tales  requisitos  se  relacionan con la acertada enunciación de la  causal  y  con la adecuada formulación del cargo, para lo cual se deben indicar  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos,  así  como  las  normas  que se  consideran  infringidas.  A  esos  presupuestos,  los  cuales  operan  de manera  general  para  todas  las  causales,  es  necesario  añadir  las  pautas que la  jurisprudencia  de la Corte, a efectos de la cabal comprensión de los reproches  denunciados,  ha  establecido  en  forma  particular respecto de cada uno de los  motivos de casación.   

          Procede,  entonces,  la  Sala a examinar si los reproches contenidos  en   la   demanda   instaurada   por  el  defensor  del  procesado  WILLIAM   HERNÁNDEZ  SCARPETA  satisfacen  tales requisitos.   

          Primer cargo. Nulidad:   

          Sostiene  el  impugnante  que  el  Tribunal vulneró el principio de  investigación  integral  porque  no  tuvo  en  cuenta  las  serias deficiencias  probatorias  obrantes  en  la  actuación,  dedicándose  a analizar las pruebas  perjudiciales  para  el procesado, sin practicar algunas que hubieran demostrado  la inocencia del procesado.   

          Lo  primero  que  se  advierte  en  este  reproche  es  la  falta de  precisión  en  su presentación, pues el actor inicialmente censura al fallador  por  analizar  parcialmente  el  acervo probatorio, en cuanto apreció solamente  las  pruebas  perjudiciales al acusado, pero posteriormente enfoca el ataque por  el  sendero  de  la inactividad investigativa ante el no recaudo de elementos de  convicción trascendentes.   

          Es  evidente  que se trata de postulaciones con naturaleza y alcance  diverso,  pues  la  valoración  parcial  del acervo probatorio comportaría una  deficiente  motivación que conduciría a la invalidación únicamente del fallo  de   segunda  instancia,  mientras  la  omisión  en  la  práctica  de  pruebas  implicaría  la  eventual vulneración del principio de investigación integral,  cuya  corrección  obligaría retrotraer la actuación a una etapa en la cual se  abra la posibilidad de practicar las pruebas omitidas.   

Por  tanto,  debieron  ser  fundamentadas de  manera  separada,  ofreciendo  en cada una de esas postulaciones las razones que  sustentan  las  anomalías  sugeridas,  lo  cual no hizo el demandante, quien se  ocupó  solamente  de  la  segunda  de  ellas,  aun cuando sin explicar por qué  considera  que  para  subsanar el vicio basta con decretarse la nulidad desde el  fallo  de  primera  instancia, como lo solicita, si es claro que de esa forma no  se lograría el cometido perseguido.   

Ahora bien, cuando se argumenta vulneración  del    principio    de    investigación    integral   no   basta   –ha  insistido  la  Sala  en  ello- con  relacionar  los elementos de prueba no practicados en el curso de la actuación,  sino  que  es  necesario  explicar  razonadamente que esos medios de convicción  eran  procedentes,  por  estar  admitidos  en  la  legislación  procesal penal;  conducentes,  por relacionarse directamente con el objeto de la investigación o  del  juzgamiento;  y  factibles  de  practicar,  puesto  que los funcionarios no  están  obligados  a  intentar  la realización de lo que no es posible lógica,  física ni jurídicamente.   

Además,  en  la  medida  de  lo posible, se  requiere  efectuar  una  aproximación  al  contenido  material  de  las pruebas  supuestamente  omitidas,  para brindar a la Sala la oportunidad de confrontar el  aporte  de  aquellos  elementos  de convicción con las motivaciones del fallo y  así   poder   concluir   si   en  realidad  se  han  vulnerado  las  garantías  fundamentales del procesado.   

La  presentación  en  sede  casación de un  cargo  por  violación del principio de investigación integral obliga al censor  a  discernir,  igualmente, sobre la manera como las pruebas dejadas de practicar  tenían  capacidad  de  incidir  favorablemente  en la situación del procesado,  bien  sea  en cuanto al grado de responsabilidad que le fue deducido, o frente a  la  sanción  punitiva  que  le  fue  impuesta  o simplemente porque el conjunto  probatorio  que se echa de menos podría desvirtuar razonablemente la existencia  del   hecho  punible  o  acreditar  circunstancias  de  beneficio  frente  a  la  imputación           que           soporta1.   

          En  el  caso  objeto  de  análisis, se observa que el demandante se  limitó  a extrañar la práctica de varias pruebas tales como las declaraciones  de  algunas  personas,  mencionando entre estas últimas la versión injurada de  Jorge    Enrique   Urdaneta   Valecillos.  Sin  embargo,  omitió fundamentar la factibilidad de su recaudo,  obligación  que  surgía  de indiscutible necesidad sobre todo en el caso de la  mencionada  versión, pues durante el curso del proceso no fue posible lograr su  comparecencia   ni  siquiera  mediante  la  orden  de  captura  ordenada  en  su  contra2.   

          El  libelista  tampoco  realizó esfuerzo alguno para aproximarse al  contenido  material  de  las  pruebas echadas de menos, pues se circunscribió a  señalar  de  manera  genérica que las mismas podían aclarar la participación  del  acusado  en  los  hechos, estableciendo sus responsabilidades en la empresa  Ofiescolares S. A., así como  su  poder de decisión en ella y, finalmente, determinar el funcionamiento de la  cooperativa   Colombiacoop,  incluida su capacidad para emitir título valores.   

Pero  su  discurso,  se  insiste, en momento  alguno  se  encaminó  a  procurar referir el sentido concreto de tales pruebas,  privando  a  la Sala de los elementos de juicio necesarios para determinar si en  realidad  esos  medios  de  convicción  revisten  capacidad para desvirtuar los  fundamentos probatorios del fallo.     

          Consecuente  con  lo  anterior, omitió explicar la trascendencia de  la  irregularidad  denunciada,  pues  no  realizó la valoración probatoria del  caso,  confrontando  las  pruebas  con las cuales se soportó la condena con las  dejadas  de  practicar,  en orden a demostrar que de haberse recaudado éstas la  decisión  hubiese sido diametralmente opuesta a la adoptada por el Tribunal, de  modo  que  el  remedio extremo de la nulidad se erige como única solución para  restablecer  las  garantías  fundamentales  vulneradas.  A  este  respecto,  el  libelista  se  conformó  con predicar que la apreciación conjunta de la prueba  hubiera  demostrado  la  inocencia  del  procesado, sin acometer la consiguiente  tarea   de  valoración  suasoria,  como  lo  exige  el  rigor  técnico  de  la  casación.   

          Las  falencias  advertidas  impiden  a  la  Sala  admitir  el primer  reproche.   

          Segundo    cargo.    Falso   juicio   de  identidad:   

          Como   lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  esta  modalidad  del  error  de  hecho  se presenta cuando el fallador, al apreciar la  prueba,  distorsiona  su  contenido  fáctico  para hacerle decir lo que ella no  expresa,  en  cuanto  la  cercena,  adiciona  o  translitera.  Su  demostración  requiere  que  el  actor  identifique el medio sobre el cual recayó el dislate,  realice  un  cotejo  entre  su  contenido  y  aquel que le atribuye el fallador,  precisando  los  apartes  donde  se  presenta la distorsión y luego acredite la  trascendencia del yerro.   

          En  el  presente  caso,  el censor no cumple a cabalidad dicha carga  argumentativa.  En efecto, en el desarrollo del reproche menciona cuatro eventos  en  los cuales, según aduce, el Tribunal tergiversó la prueba. Sin embargo, en  el  primero  no  identifica  el  elemento  probatorio pasible del yerro y en los  restantes,  si bien lo hace, omite realizar el exigido cotejo entre el contenido  del   medio   y   el  sentido  atribuido  por  el  juzgador  de  segundo  grado,  absteniéndose  consecuencialmente  de  precisar  el  aparte  del fallo donde se  efectuó la distorsión aducida.   

          En  realidad,  a  lo largo del reproche se dedica a controvertir las  conclusiones   del   fallador   mediante   su  propia  apreciación  probatoria,  señalando,   por  ejemplo,  que  la  operación  bursátil  de  “descargue”  de  los  $1.500.000.000  fue  aprobada  por  la  casa matriz, que HERNÁNDEZ SCARPETA  no se benefició de las irregularidades presentadas en  la  empresa  y, en fin, no intervino en la recepción de los títulos valores ni  en  la  decisión de la conciliación, sin acometer la tarea de demostrarle a la  Corte  la  incursión  en  un  falso  raciocinio  por  la  vulneración  de  los  principios  de  la  sana  crítica  en  el  ejercicio  valorativo de las pruebas  realizado  por  el  ad  quem,  única  posibilidad  de  que  en  sede  de  casación  tenga  la  virtualidad de  prosperar  un  ataque  de  la  naturaleza  aludida, dada la doble presunción de  acierto    y    legalidad    que   acompaña   a   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

          Por    lo    expuesto,    también    el    segundo    reproche   se  inadmitirá.   

          Tercer cargo. Falso juicio de existencia:   

          Denuncia  la  presencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia,  dada  la  no  apreciación  de  cinco  cheques,  del  testimonio de  Carlos  Julio  Arias Puente y  de  la prueba pericial contable de los estados financieros correspondiente a los  años 1997, 1998 y 1999.   

          El  falso  juicio  de  existencia  se  estructura cuando el juzgador  omite  apreciar  una  o  varias  pruebas  legalmente  recaudas  en la actuación  (existencia  por  omisión) o  sustenta   su   decisión  con  medios  probatorios  no  allegados  a  la  misma  (existencia     por    invención).    Para  su demostración, el censor debe identificar la prueba omitida  o  imaginada,  señalar  los hechos dejados de demostrar o los que se declararon  probados  indebidamente,  según  el caso y acreditar la incidencia del yerro en  el sentido de la sentencia.   

          En  el  evento examinado, si bien el casacionista cumple la carga de  identificar  los  elementos de convicción y mencionada, en términos generales,  su  contenido,  lo cierto es que se abstiene de fundamentar la trascendencia del  error,  pues  no  aborda el examen del restante caudal persuasivo con fundamento  en  el  cual  el  Tribunal sustentó el fallo condenatorio, en orden a demostrar  que  con  el  acervo  subsistente  no resultaba viable soportar dicha decisión.   

Así, pasó por alto rebatir pruebas como los  testimonios  de Lucy Sánchez Cervera, Carlos Francisco  Ramírez  Camargo,  Luz Clemencia Medina Giraldo, Marisol Buitrago Vargas, José  Daniel  Cruz González y Julio  César  Rubio  Silva, así como la auditoría realizada  entre  julio  y  noviembre de 1999 por la empresa Astaf  Ltda.  y  el  arqueo  efectuado al gerente financiero,  cuyo  examen  conjunto  llevó  al  a quem a declarar la responsabilidad penal de los procesados.   

          En  consecuencia,  como  tampoco  el  tercer reproche se fundamentó  adecuadamente,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda instaurada por el defensor de  WILLIAM  HERNÁNDEZ SCARPETA.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  WILLIAM HERNÁNDEZ SCARPETA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE         SOCHA          SALAMANCA   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

Permiso  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS                

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                   

                                     

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                          JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

      TERESA RUIZ NÚÑEZ   

        Secretaria   

    

1 Auto  del 5 de diciembre de 2007, radicación 28613.   

2 Cfr.  Folios 214 y siguientes cuaderno # 2.     

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