31889(14-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31889  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 287  

Bogotá D. C., catorce (14) de septiembre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación presentada por la apoderada de la parte civil   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el 25 de noviembre de 2008, mediante la cual  confirmó  parcialmente  la  proferida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  el  3  de  junio  de ese año, en la cual  condenó  a  José  Emiliano  Piza  Reyes,  Bermín de  Jesús  Patiño  Holguín,  Arley  de  Jesús Durango y  Luis    Carlos   Álvarez  Jiménez  a la pena principal  de  7  años,  1  mes y 15 días de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  privativa  de la libertad, como coautores de las conductas punibles de concierto  para  delinquir  y falsedad material de servidor público en documento público.   

Así mismo, les cesó procedimiento respecto  del delito de violación ilícita de comunicaciones.   

H E C H O S  

Fueron  resumidos  por  el  Tribunal  de  la  siguiente manera:   

“…En desarrollo de investigaciones que  adelantaban    la   Unidad   de   Derechos    Humanos    de    la  Fiscalía   y  la  Procuraduría  General de la Nación, por  la   desaparición   de  los  señores   Ángel   Quintero  y  Claudia  Monsalve,  miembros  de  la  ONG  – ASFADDES, se  pudo  establecer que  entre   el   7   de   septiembre   y   5  de  octubre  del  2000   se   interceptó     ilícitamente    el   abonado   telefónico   No.   2163675  correspondiente  a  esa organización, efecto para el cual se utilizó una   orden   falsa   en   la   que  se imitó la firma de la  Dra.   ANA   HELENA   GUTIÉRREZ   GÓMEZ,   Fiscal  Delegada  ante  los  Jueces  Especializados  de  Medellín,  destacada  ante  el  Gaula. Así mismo se logró  establecer  que  desde  finales  del año 1997 y hasta comienzos del 2001, en el  Gaula  Urbano  de  Medellín  se  interceptaron  líneas  telefónicas de manera  ilegal.  Para  dicho  cometido se falsificaron oficios de los fiscales delegados  ante  esa  institución,  en  los  que  se  ordenaba  el enlace de los usuarios,  ascendiendo  a  un  total  de  1.270  documentos  falsos,  al tiempo que se iban  destruyendo  y  ocultando  las  respuestas  emitidas  por  Empresas Públicas de  Medellín,  E.  P.  M.  Por los hechos antes relacionados fueron vinculados a la  investigación  los  jefes  del  Gaula  e  integrantes de su Sala Técnica JOSÉ  EMILIANO  PIZA  REYES,  BERMÍIN  DE  JESÚS  PATIÑO  HOLGUÍN, ARLEY DE JESÚS  DURANGO y LUIS CARLOS ÁLVAREZ JIMÉNEZ”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía  Novena  Especializada  de Medellín, el 29 agosto de 2003, profirió resolución  de   acusación  contra  José  Emiliano  Piza  Reyes,  Bermín  de  Jesús  Patiño  Holguín,  Arley  de  Jesús  Durango y    Luis   Carlos   Álvarez  Jiménez   por   los   delitos   de   concierto  para  delinquir,  violación  ilícita  de  comunicaciones  y  falsedad material de servidor público en documento público,  decisión  que  al  ser  recurrida  fue  confirmada  el  20  de  enero  de 2005.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Medellín que, luego de celebrar la  audiencia  de  juzgamiento,  dictó sentencia, el 3 de junio de 2008, en la cual  condenó  a  José  Emiliano  Piza  Reyes,  Bermín de  Jesús    Patiño    Holguín,    Arley    de    Jesús   Durango   y   Luis   Carlos   Álvarez  Jiménez  a la  pena  principal de 11 años de prisión y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  privativa  de la libertad, como coautores de las conductas punibles de concierto  para  delinquir,  violación  ilícita  de comunicaciones y falsedad material de  servidor público en documento público.   

3.   Contra   la  anterior  decisión  los  defensores   interpusieron  recurso  de  apelación  que  al  ser  desatado  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el   25  de noviembre de 2008, lo confirmó parcialmente, en la  medida  en que por el delito de violación ilícita de comunicaciones cesó todo  procedimiento  a favor de los sentenciados, por ausencia de querella, motivo por  el  cual  condenó a José Emiliano Piza Reyes, Bermín  de   Jesús   Patiño   Holguín,   Arley   de   Jesús   Durango   y   Luis   Carlos   Álvarez  Jiménez  a la  pena  principal  de  7  años,  1 mes y 15 días de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  privativa  de la libertad, como coautores de las conductas  punibles  de  concierto  para delinquir y falsedad material de servidor público  en documento público.   

Contra la anterior decisión, la apoderada de  la parte civil interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA    DE  CASACIÓN   

La apoderada de la parte civil, basada en la  causal  primera  de  casación,  postula un único cargo contra la sentencia del  Tribunal de la siguiente manera:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa,     la    ley  sustancial,    en  la  medida  en  que  aplicó  indebidamente  las  normas  referidas  a  la  exigibilidad  de  la  querella   de  parte para iniciar o  proseguir  la  acción  por  la  conducta  punible  de  violación  ilícita  de  comunicaciones.   

Argumenta  que  el  error  del  sentenciador  consistió  en la selección equivocada de las normas, puesto que las aplicadas,  en     su     criterio,     vulneran    preceptos    sustanciales    de    rango  constitucional.   

Luego de citar los artículos 33 del Decreto  2700  de  1991, 35 y 39 de la Ley 600 de 2000, asevera que el juzgador advirtió  que  la  conducta  punible  de  violación  ilícita de comunicaciones requería  querella   de  parte,  según   los  Códigos  de  Procedimiento  Penal  en  precedencia reseñados.   

Insiste  en  que  con  la aplicación de las  normas,  el  juzgador  vulneró  los  artículos  2°  y  15 de la Constitución  Política,  puesto  que  le corresponde a los servidores públicos proteger a la  comunidad  en  su derecho a la intimidad, situación que aquí no aconteció, en  tanto    los    procesados    pertenecían    al   Gaula   de   la   ciudad   de  Medellín.   

Argumenta  que la querella como requisito de  procedibilidad  no  es  una garantía del derecho de defensa sino que sirve para  preservar  los  derechos  de  la  víctima  en cuanto a la disposición sobre la  acción   penal  en  casos  en  que  se  vea  comprometida  su  intimidad  o  su  honra.   

Luego  de  conceptualizar sobre la querella,  acota  que  la  investigación  y  el  juicio  del  presente diligenciamiento se  cumplieron  dentro  del  debido  proceso,  donde  se  les garantizó a  los  acusados sus derechos.   

Reconoce  que  la  investigación  por  las  interceptaciones  irregulares  se  iniciaron  de  oficio como consecuencia de la  desaparición  forzada  de  dos  defensores  de derechos humanos de la ciudad de  Medellín.  De  ahí  que concluya que el Estado no podía relevarse de su deber  de   investigar,  exigiendo  la  querella  de  parte  para  la  citada  conducta  punible.   

De manera que considera que los juzgadores al  aplicar  las  normas  contentivas  de  la querella de parte pasaron por alto los  artículos 4°, 93 y 228 de la Constitución Política.   

En   cuanto   al   llamado   bloque   de  constitucionalidad,  la  apoderada  de la parte civil también hace referencia a  la   Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  en  especial  el  artículo  25,   y  procede  a  realizar una breve remembranza de las obligaciones que  adquirió  el  Estado  colombiano  al  incorporar  a  su  legislación el citado  instrumento internacional.   

Y,  por  último, manifiesta que el yerro es  trascendente,  habida  cuenta  que  no  comparte  que  en  el presente asunto se  hubiese  exigido  el  requisito  de  procedibilidad  para la investigación y el  juzgamiento  de  la conducta punible aludida, máxime cuando es deber del Estado  garantizar  los derechos a los ciudadanos, situación que se vio reflejada en el  marco  punitivo  impuesto  a  los  procesados,  inaplicación de la norma que en  determinados   eventos   podría  ocasionar  la  repetición  de  este  tipo  de  reprochables comportamientos.   

Advierte que los juzgadores reconocieron que  las  conductas  desplegadas  por los agentes del Estado son de naturaleza graves  respecto  al  daño sufrido en la intimidad de las personas, aspecto que lleva a  la  reflexión  sobre  la  necesidad  de  la  pena,  referidos  a la prevención  especial  por  razón  de  las  calidades  de  los  individuos y la forma en que  actuaron.   

Por  lo  expuesto,  pide  a  la  Corte casar  parcialmente  la  sentencia impugnada y, en consecuencia, dejar la pena impuesta  a  los  procesados  por  el juzgado de primera instancia en donde se incluyó el  delito de violación ilícita de comunicaciones.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. La demanda de casación, como se sabe, no  es  un  escrito  de  libre formulación en el que puedan plantearse todo tipo de  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  el  actor  o  le  suscite el fallo de segunda instancia, sino que debe  cumplir     con    las     exigencias     de     logicidad,   coherencia    y    demostración    necesarias    a  fin  de  desvirtuar   la   doble   presunción   de  acierto  y  legalidad  con  que  las  sentencias   acusadas   arriban   a   esta   sede   extraordinaria,   razón   por   la  cual  la  ley  establece los  requisitos que forzosamente debe cumplir el libelista.   

De  ahí  que  no  basta  con  postular  la  existencia  de  un  vicio de derecho y/o de actividad, sino que también se hace  necesario  que  el casacionista argumente cómo el vició avasalló sus derechos  o  garantías  y,  cómo  de  no  haberse  incurrido  en él, sin duda, el fallo  habría sido favorable.   

Por lo tanto, se debe desarrollar un discurso  tendiente  a  demostrar  la  existencia  del  error  con base en las causales de  casación  y  a  través  de  un  análisis  lógico evidenciar su trascendencia  frente  a  las  decisiones  adoptadas en el fallo, en tanto no puede perderse de  vista  que  la  Corte, en virtud del principio de limitación, no puede entrar a  complementar al casacionista.   

En  otras  palabras, el recurso de casación  constituye  el  medio  por el cual la Corte revisa la legalidad de la sentencia.  De  ahí  que  el  libelista en el escrito de demanda deba cumplir con todas las  formalidades  estatuidas por el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, en tanto le  compete  que  señale, de manera clara y precisa, la causal con la cual pretende  la  infirmación  del  fallo  y  argumentando  cómo  el  vicio  de derecho o de  actividad condujo a resquebrajar la sentencia.   

Ahora bien, recuérdese que la causal primera  de  casación,  según la sistemática contemplada en la Ley 600 de 2000, regula  lo  referente  a  la  infracción  de  la  ley  sustancial, esto es, por la vía  directa  o  indirecta,  según  el  caso.  La  primera  de  las  hipótesis hace  referencia  al yerro en que incurre el juzgador al momento de elaborar el juicio  de  derecho,  derivado  de  falencias  cometidas  en  el proceso de selección o  interpretación del precepto.   

En  tales  condiciones, cuando la censura se  postula  bajo  ese  epígrafe,  al  casacionista  le compete que indique en qué  consistió  el vicio del juzgador, es decir, si seleccionó una norma que no era  la  llamada  a  gobernar el asunto, excluyó otra que sí resolvía los extremos  de  la relación jurídica procesal o, habiéndola escogido correctamente le dio  un alcance interpretativo que no se avizora de su contenido.   

2.   De  acuerdo  con  las  anteriores  precisiones  de  orden  lógico  y  de  debida  fundamentación,  resulta fácil  advertir  que  en el único cargo que presenta la demandante contra la sentencia  de  segunda  instancia  no  se  infiere  que el juzgador hubiese incurrido en la  infracción de la ley sustancial.   

En  efecto,  teniendo  en cuenta el discurso  argumentativo  que  presenta  la  casacionista, se advierte que la inconformidad  radica  en  la aplicación de las normas que regulan la querella de parte cuando  se  trata  del  delito de violación ilícita de comunicaciones, puesto que para  la  libelista  dichos  preceptos  resultan  contrarios  a algunos postulados que  contiene  la  Constitución  Política  en  procura  de proteger el derecho a la  intimidad.   

Mírese  cómo critica al fallador por haber  aplicado  para el delito de violación ilícita de comunicaciones lo preceptuado  en  los  artículos 33 del Decreto 2700 de 1991 y 35 de la Ley 600 de 2000, esto  es,  que  se  requería  de querella de parte para su investigación y posterior  juzgamiento,  toda vez que para la casacionista, dada la entidad de los hechos y  la  confrontación  con  los  artículos 2° y 15 de la Constitución Política,  así  como  también  algunos  instrumentos  internacionales de los que Colombia  hace  parte,   el Estado debe garantizar y proteger el bien jurídico de la  intimidad por encima de cualquier otra connotación jurídica.   

Así  las  cosas, del discurso que exhibe la  libelista  no se advierte que efectivamente el sentenciador de segunda instancia  haya  infringido, de manera directa, la ley sustancial por aplicación indebida,  en  la  medida  en  que  como  ella  misma  lo  reconoce  las mentadas normas se  encuentran  vigentes  al  no  haber  sido  declaradas  inexequibles por la Corte  Constitucional,  razón  por  la cual su desconocimiento sí habría afectado el  debido  proceso,  en  abierta  contradicción  con  las  garantías  de  los hoy  condenados.   

Sin duda que los hechos por los cuales fueron  condenados  los acusados son de naturaleza grave; sin embargo, de tal situación  no  se  concluye  que  los  administradores  de  justicia  deban  necesariamente  desconocer  el  orden  jurídico,  habida  cuenta  que  ello  sería soslayar el  concepto  de  justicia  en que se sustenta nuestro Estado de derecho que repugna  por una de carácter selectiva.   

En  tales  condiciones,  como quiera que del  discurso  que  exhibe la demandante  no  se advierte la existencia del  error  invocado como sustento del  único  cargo, la inadmisión de la  demanda es la decisión a adoptar.   

Por último, no se advierte violación alguna  de   los   derechos   fundamentales  o  garantías  de  los  intervinientes,  que determine el ejercicio de la  facultad  oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a la Sala en punto  de asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   las  demandas    de   casación   presentada   por   la   apoderada   de   la   parte  civil.    En    consecuencia    se    DECLARA  DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Comuníquese  y  devuélvase  al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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