31714(03-06-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31714  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 161   

Bogotá,  D. C., tres (3) de junio de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos lógicos y de debida argumentación de  la  demanda de casación presentada por el defensor de  GERARDO  OVIEDO  QUEZADA  y  WILFREDO  ROBLEDO  ACEVEDO  en  contra del fallo de  segunda  instancia  proferido  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Ibagué,  que  confirmó  la  pena  de  ocho  años  y  seis meses de prisión y  ochocientos  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes de multa que por las  conductas    punibles    de   tortura   y      privación      ilegal     de  libertad  les  impuso  el  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito Especializado de Ibagué.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La situación  fáctica  que  dio origen al presente proceso fue descrita por el Tribunal de la  siguiente manera:   

“El 27 de junio  de  2001,  entre  las  10:30  y 11:00 de la mañana, estaba Luis Alexander Silva  Bocanegra  en  un establecimiento de comercio de la calle 23 con carrera 6ª [de  Ibagué],  cuando  fue  abordado  por  GERARDO OVIEDO QUEZADA y WILFREDO ROBLEDO  ACEVEDO,      miembros      de     la     Policía     Nacional     –Grupo  Antipiratería Terrestre de la  DIJIN–,   quienes   lo  subieron  a  una camioneta Nissan de doble cabina color verde, lo esposaron y lo  llevaron  hasta un inmueble ubicado en [la población de] Totumo, vía a Rovira,  donde  le  colocaron  una  bolsa  negra de basura, tapándole la cabeza hasta el  cuello  y  lo  sometieron a tortura tanto física como psicológica, para lograr  que  les  informara  dónde  se  ubicaba un vehículo turbo con carga que había  sido  hurtado días antes en la vía Ibagué-Calarcá, o que lo dejara en alguna  parte     y     le     daban     $2’000.000.   

”Al no obtener lo  perseguido,  luego de haberlo sometido a actos de violencia física, optaron por  quitarle  la  bolsa,  limpiarle  la  cara  y el cuello, subirlo a la camioneta y  luego,  por  los  lados  del  cementerio  del Totumo, le quitaron las esposas, y  entre  la  1:00  y 1:30 de la tarde lo dejaron en libertad cerca del almacén de  cadena  Éxito  (en ese entonces Óptimo), advirtiéndole que si los denunciaba,  lo   mataban   a   él   o   a   algún   miembro   de   su  familia”.   

2.   Presentada  denuncia  por parte de Luis Alexander Silva Bocanegra,  la  Fiscalía  General  de la Nación practicó varias  pruebas,   dispuso   la   apertura   formal   de   la  instrucción,  vinculó mediante indagatoria a GERARDO OVIEDO QUEZADA y WILFREDO  ROBLEDO  ACEVE-DO,  les  definió  la  situación  jurídica  y, en resolución  que  calificó el mérito del sumario, los acusó como  coautores    responsables   de   las   conductas    punibles    de    tortura  y  privación  ilegal  de  libertad, de conformidad con lo dispuesto   en   los   artículos   279   y  272  del  decreto  ley  100  de  1980.   

3. Recurrida dicha  providencia,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal, mediante decisión de  fecha  18  de  noviembre  de  2002,  la  confirmó  en  su  integridad,  con  la  aclaración  de  que el tipo básico por el que debía adelantarse la actuación  en   lo   que   al  delito  de  tortura  respecta  era  el  correspondiente  al artículo 6 de la ley 589 de  2000,  vigente  para la época de los hechos, que modificó el artículo 279 del  ordenamiento penal anterior.   

4.  Correspondieron  las  diligencias para su  conocimiento  en  la  etapa  siguiente  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito  Especializado   de   Ibagué,   despacho  que  por  los  delitos en comento condenó tanto a GERARDO OVIEDO  QUEZADA  como a WILFREDO ROBLEDO ACEVEDO a las penas principales de ocho años y  seis   meses  de  prisión,  ochocientos  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  tiempo  igual  al  de  la sanción privativa de la libertad.  Así  mismo, los condenó al pago solidario de daños  morales  y les negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena, al igual que la prisión domiciliaria.   

5.  Apelada  la  sentencia,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de Ibagué la confirmó en su integridad.   

6. Contra el fallo  de  segundo  grado,  interpuso  el  apoderado  de  ambos  procesados  el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1. Primer cargo  

Al amparo de la causal primera cuerpo segundo  de   casación,  propuso  el  recurrente  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  proveniente  de  un error de hecho por falso juicio de existencia en  la  valoración  de  la  prueba,  debido a que el Tribunal no tuvo en cuenta los  testimonios  de  Mauricio  Páramo  Cortázar, Raimundo Cruz Monte-negro, Sandra  Genny   Pineda   Manjarrez,   Álvaro   Ospina   Varón   e   Hildebrando   Uisa  León.   

Después  de transcribir extensos apartes de  las  declaraciones  de estas personas, sostuvo que mientras los tres primeros se  refirieron  a  la  ausencia de lesiones tanto físicas como sicológicas en Luis  Alexander  Silva  Bocanegra,  los  dos  últimos  aludieron  al hecho de que los  procesados  se encontraban en las inmediaciones de la Terminal de Transportes de  Ibagué  cuando  tenía  lugar la aludida tortura, de suerte que “si    se    hubiese    valorado    la   prueba   que   se   omitió  injustificadamente,    este    falso    juicio    de    identidad   [sic]  realizado  por  el  juzgador  de  primera   y   segunda  instancia  se  caería  por  su  propio  peso”.   

Por otro lado, destacó que el denunciante es  una  persona  poco  confiable,  ya  que  registra investigaciones y antecedentes  penales.   

2. Segundo cargo  

Formuló el demandante un error de hecho por  falso  juicio  de  identidad,  puesto  que  el  Tribunal  sustentó la sentencia  confirmatoria  en  el testimonio del ofendido y en el  reconocimiento  médico  efectuado  por  el Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal,  así  como  en las declaraciones de Aminta Prada  Arciniegas y Cecilia Restrepo de Guevara.   

Adujo   al   respecto   que   el  ad  quem  “creó  un  falso juicio de existencia [sic]”    al    otorgarles   “total  credibilidad  a  los  acontecimientos  narrados” por  dichas personas.   

3. Tercer cargo (subsidiario)  

Con fundamento en la causal tercera, propuso  que  la  sentencia  de  segunda  instancia  fue dictada en un proceso viciado de  nulidad,  ya que los operadores jurídicos se negaron a practicar la ampliación  de  los testimonios de Luis Alexander Silva Bocanegra y Aminta Prada Arciniegas,  así  como  las  declaraciones  de  Raimundo  Cruz  Monte-negro,  Álvaro Ospina  Varón, Hildebrando Uisa León y José Rodrigo Ortiz Candelo.   

En  consecuencia, solicitó a la Corte casar  la   sentencia  materia  de  impugnación  y  dictar  un  fallo  absolutorio  de  reemplazo.  Así  mismo,  y  de  manera  subsidiaria,  decretar la nulidad de lo  actuado.   

CONSIDERACIONES  

1.  La Sala, de  tiempo  atrás,  ha  sostenido  que  la  casación  es  un  recurso  de  ámbito  restringido   en   el   que   la   pretensión   de   examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad  del  fallo que se impugna no puede limitarse a un escrito de  libre  formulación,  sino que debe apoyarse en un contenido mínimo de claridad  y  coherencia  que permita entender el vicio o los vicios que se denuncian, así  como la identificación de sus consecuencias.   

De  ahí que la demanda de casación jamás  podrá  equipararse  a  un  alegato  de instancia, pues tal como se deriva de lo  señalado  en  los  artículos  212  y  213  de  la  ley 600 de 2000, Código de  Procedimiento  Penal,  requiere  de  una presentación lógica y adecuada a cada  una  de  las  causales legalmente establecidas en el artículo 207 ibídem, así  como  el  respectivo  desarrollo  de  los cargos que por los vicios in  procedendo  (de  mero  trámite  o  actividad)    o    in    iudicando    (de   juicio)   plantee  el  recurrente,  con  la  correspondiente  demostración    de    su   trascendencia   para   efectos   de   la   decisión  adoptada.   

2.  En el asunto  que  concita  la  atención  de  la  Sala,  el demandante incurrió en yerros de  claridad,  coherencia  y debida argumentación que imposibilitan la admisión de  su escrito por parte de la Sala. Veamos:   

2.1.  En primer  lugar,   el   profesional   del  derecho  desconoció  el  principio   de  prioridad  que  opera  no  sólo  en  el  planteamiento  de  nulidades,  sino  también para efectos del orden de todos los cargos propuestos  dentro  del  extraordinario  recurso,  ya  que  no  le  era válido trastocar  su  lógica  anteponiendo  lo  subsidiario, accesorio o  secundario  a  lo  prioritario  o  principal,  como formular en los dos primeros  cargos  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  (que  en  el caso de  prosperar  llevaría  a  dictar  una  sentencia  absolutoria)  y  proponer en el  último  la  nulidad  de  lo actuado, pues en el evento de que prosperara haría  inútil el estudio de las otras censuras.   

2.2.  En segundo  lugar,  cuando  en  casación  se  plantea  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial  proveniente  de  un  error  de hecho en la valoración de la prueba,  como  lo  hizo  el defensor con los cargos primero y segundo formulados, la Sala  ha  dicho  que al recurrente le asiste la carga procesal de precisar la clase de  yerro  que  invoca, así como la de demostrar en el caso concreto su ocurrencia,  que puede obedecer a tres tipos.   

El  primero, el falso juicio de existencia,  se  presenta  cuando al proferir el fallo impugnado el juzgador omite valorar el  contenido  material de un medio de prueba que hace parte de la actuación (y que  por  lo  tanto  fue  debidamente  incorporado  al expediente), o bien le concede  valor  probatorio  a uno que jamás fue recaudado y, por consiguiente, supone su  existencia.   

El  segundo,  el falso juicio de identidad,  que  consiste  en  que  el  juez  o  el cuerpo colegiado, al emitir la sentencia  objeto  del  extraordinario  recurso,  distorsiona  o  tergiversa  el  contenido  fáctico  de  determinado  medio de prueba, haciéndole decir lo que en realidad  no  dice,  bien  sea  porque  realiza una lectura equivocada de su texto, o bien  porque  le  agrega aspectos que no contiene, o bien porque omite tener en cuenta  partes importantes del mismo.   

Por último, el falso raciocinio, que ocurre  cuando  el  Tribunal en la sentencia se aleja al momento de valorar la prueba de  los  postulados  de  la  sana crítica, es decir, de las leyes científicas, los  principios de la lógica o las máximas de la experiencia.   

Aunado  a  lo  anterior,  el demandante, al  postular  cualquiera  de  los  yerros  fácticos  en  comento, tiene el deber de  demostrar  la trascendencia de los mismos, aspecto que implica tener que valorar  de  nuevo  el  conjunto  probatorio  que sirvió de fundamento a las instancias,  para  evidenciar  que  con la exclusión del referido yerro la decisión materia  de     impugnación    habría    sido    sustancialmente    distinta    a    la  adoptada.   

En  el  presente  asunto,  el  defensor  de  GERARDO  OVIEDO  QUEZADA y WILFREDO ROBLEDO ACEVEDO no sólo dejó de argumentar  en  los anteriores términos la trascendencia de cada uno de los reproches, sino  que  además  incurrió  en  incoherencias  insuperables  en  lo que a su debida  proposición  se  refiere,  pues  el  primer cargo, que en un principio formuló  como    un    falso    juicio    de    existencia1,  lo  trató como a un falso  juicio  de  identidad  en  el  desarrollo del mismo2,  mientras  que  el segundo,  que  intituló  como  un  falso juicio de identidad3,  lo  sustentó  como  si se  tratase   de   un   falso   juicio  de  existencia4.   

De    esta    manera,    el  recurrente vulneró el principio lógico de no contradicción,  que  no  sólo  rige  en  sede  de  valoración  probatoria  sino también en la  casación,  en la medida en que le era imposible afirmar, respecto de una única  situación,  que  algo era y no era al mismo tiempo5.   

2.3.  En lo que  específicamente  concierne  al  cargo  de  nulidad, la Sala, en armonía con lo  señalado  por  la  jurisprudencia  internacional  de los derechos humanos en la  materia,  ha  sostenido  que  el  procesado no ostenta un derecho ilimitado para  obtener  la  comparecencia  a juicio de cualquier testigo que solicite, sino que  tal  facultad  encuentra varios límites, como por ejemplo la convalidación por  parte   del   defensor   de  la  omisión  o  la  irrelevancia  de  las  pruebas  solicitadas6.   

En  el  presente  asunto,  el demandante no  sólo  dejó  de  referirse  a  la  actuación  que los distintos defensores que  asistieron  tanto  a  GERAR-DO  OVIEDO  QUEZADA  como a WILFREDO ROBLEDO ACEVEDO  tuvieron  respecto  de  las  distintas  solicitudes  probatorias  realizadas, ni  tampoco  se  preocupó  por  demostrar  la  trascendencia  de la mismas para los  efectos  de  la decisión adoptada por las instancias, ni mucho menos confrontó  su  criterio  con  el  del Tribunal, que ante idéntico reclamó concluyó en el  fallo  objeto  de  impugnación  que  de  ninguna  manera los defensores habían  demostrado          su          conducencia7.   

2.4.  En lo que  atañe  al  cargo  de  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, la Corte ha  señalado  reiteradamente  que  éste  no  se  configura  cuando el juez tuvo en  cuenta  dentro  de  su  apreciación  el contenido material de determinado medio  probatorio,   así  no  lo  haya  mencionado  en  forma  expresa  dentro  de  la  motivación,  ni  tampoco  cuando  lo  estimó  pero  dejó de lado determinados  aspectos  de  su  contenido, ni mucho menos cuando el elemento probatorio que se  extraña  fue  valorado en el fallo de primera instancia, en la medida en que la  decisión  de  segundo  grado  haya sido confirmatoria, pues se entiende que las  dos  providencias  quedaron integradas en una unidad  jurídica  imposible  de  escindir para los fines de  este recurso extraordinario.   

Tampoco  se  configura  el  falso juicio de  existencia  cuando  el  medio probatorio cuya apreciación se reclama no ha sido  valorado  debido  a  que no fue debidamente incorporado a la actuación, o a que  pesa  sobre el mismo una prohibición de valoración probatoria por vulneración  de  derechos  y  garantías fundamentales, pues en el caso de haberse presentado  un  yerro  trascendente  en  tal  sentido lo que se debería plantear en sede de  casación   no  es  un  error  de  hecho   en   la   apreciación  de  la  prueba,  sino  un  error  de  derecho por falso juicio de  legalidad  ante  el  desconocimiento  de  las reglas que rigen el debido proceso  probatorio.   

En el presente caso, de los testimonios cuya  valoración  reclama  el demandante, las instancias sí tuvieron en cuenta, y de  manera  tan  explícita  como  motivada,  los  testimonios  de  Mauricio Páramo  Cortá-zar8,     Hildebrando    Uisa    León9   y   Sandra  Genny  Pineda  Manjarrez10,  por  lo  que  de  ninguna  manera  le era posible al demandante  sustentar en tal sentido un falso juicio de existencia.   

Y  en  relación  con  las declaraciones de  Raimundo  Cruz  Montenegro y Álvaro Ospina Varón, es cierto que las instancias  rehusaron      apreciar      su      contenido11,  pero  no por capricho de  los   funcionarios,   sino  porque  no  fueron  debidamente  incorporados  a  la  actuación. En palabras del Tribunal:   

“[…] ninguna  consideración  hace  la  Sala  respecto  de  los  testimonios  de Raimundo Cruz  Montenegro  y  Álvaro  Ospina Varón, pues, como lo señala el a quo, no fueron  practicados  al interior del proceso, por el fiscal o el juez, y con el lleno de  los  requisitos  legales,  sino  en una investigación paralela realizada a motu  proprio  por  la  misma  SIJIN,  sin competencia para ello, habida cuenta que de  conformidad  con el artículo 316 de la ley 600 de 2000, una vez iniciada por la  Fiscalía  la  investigación,  lo  que aquí ocurrió el 18 de febrero de 2002,  ‘la  policía  sólo  actuará  por  orden  del  fiscal,  quien podrá comisionar a cualquier servidor  público  que  ejerza  funciones  de  policía  judicial  para  la  práctica de  pruebas’”12.   

2.5. Por último,  en  lo que al falso juicio de identidad concierne, lo que hizo el demandante, en  últimas,  fue  cuestionar  la  credibilidad  que  el Tribunal les otorgó a los  declarantes  Luis  Alexander  Silva Bocanegra, Aminta  Prada  Arciniegas  y Cecilia Restrepo de Guevara, aspecto que, como tantas veces  ha   insistido   la   Sala,  de  ninguna  manera  es  recurrible  en  sede  de casación (debido a que en nuestro ordenamiento rige el  sistema  de  libre  valoración  de la prueba), a menos que bajo la modalidad de  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  el  demandante  demuestre  la concreta  vulneración  de  uno  de  los  postulados  de la sana crítica, es decir, de un  principio    lógico,    una    ley    científica    o    una   regla   de   la  experiencia.   

El  único  argumento  que  en este sentido  trajo  a colación el recurrente fue el de cuestionar, en determinado momento de  su  discurso,  el  mérito  probatorio  de  lo  declarado  por  el ofendido Luis  Alexander  Silva  Bocanegra,  aduciendo  que  se  trataba  del  testimonio de un  delincuente,  circunstancia  para  la cual la Sala ha desarrollado una pacífica  línea  jurisprudencial  en  la que las solas condiciones o calidades personales  del   testigo   jamás  resultarán  suficientes  para  desestimar  lo  por  él  señalado.   

4. Con fundamento  en  lo  examinado, la Corte concluye que el defensor de los procesados se alejó  de  los  principios de sustentación suficiente, crítica vinculante, coherencia  y   no   contradicción,  que  no  sólo  encuentran  arraigo  en  el  carácter  dispositivo  del  recurso,  sino que además implican que la argumentación debe  bastarse   por  sí  misma  para  propiciar,  por  lo  menos  teóricamente,  el  derrumbamiento del fallo.   

Y,  por  lo  tanto,  como  la  Sala tampoco  encuentra  al  examinar  el  expediente  vulneración  alguna  a  las garantías  fundamentales   de   los  procesados,  no  admitirá  la  demanda  de  casación  interpuesta  en  contra  de  la  sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal Superior de Ibagué.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA      DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de GERARDO OVIEDO QUEZADA y  WILFREDO  ROBLEDO  ACE-VEDO  en  contra  de  la  sentencia  de segunda instancia  proferida    por    el    Tribunal    Superior    del   Distrito   Judicial   de  Ibagué.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO        MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE     LEMUS   

                                                                        

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                          Comisión de servicio   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Folio   208   del   cuaderno   del   Tribunal:  “Formulación     del     cargo     uno.     Falso     juicio    de  existencia”.   

2  Folio  213  ibídem:  “Si  se  hubiese valorado la  prueba  que  se  omitió  injustificada-mente,  este  falso  juicio de identidad  realizado  por  el  fallador  de  primera  y segunda instancia se caería por su  propio peso”.   

3  Ibídem:  “Formulación del cargo dos. Falso juicio  de identidad”.   

4  Folio  214  ibídem: “Si se observan estos endebles  mal  llamados  elementos probatorios, se puede concluir que el fallador creó un  falso juicio de existencia”.   

5   Cf.   sentencia   de   13   de  febrero  de  2008,  radicación  21844.   

6  Cf.,   entre   otras,   sentencia   de   28   de   mayo   de  2008,  radicación  22476.   

7  Folios 163-164 del cuaderno del Tribunal.   

8  Folio  53  del cuaderno IV de la actuación principal; folio 176  del cuaderno del Tribunal.   

9  Folios 51-52 ibídem.   

10  Folio 171 del cuaderno del Tribunal.   

11 Folio 54 del cuaderno IV.   

12  Folios 175-176 del cuaderno del Tribunal.     

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