31620(21-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31620  

CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIASALA DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado      PonenteJORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

Aprobado acta N° 146  

Bogotá, D. C., veintiuno (21) de mayo de dos  mil nueve (2009).   

V I S T O S  

La  Sala  resuelve   el  incidente  de  definición   de  competencia  para  conocer  del  recurso  de  apelación   promovido  dentro  del  proceso  de  justicia  y  paz  adelantado  respecto  del  postulado  Edgar  Ignacio  Fierro  Flórez, alias “Don Antonio”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  El  señor Edgar Ignacio Fierro  Flórez,  desmovilizado  del Bloque Norte de las Autodefensas, fue postulado por  el  Gobierno  Nacional  para  ser  sujeto  de los beneficios de pena alternativa  contemplados   en  la  Ley  975  de  2005,  por  lo  que  la  Fiscalía,  según  información  inserta  en  el  disco  que  contiene  la  documentación  para la  “formulación de cargos”,  empezó la actuación de justicia y paz correspondiente.   

2. La Fiscal Tercera de Justicia y Paz, quien  adelanta   el   trámite,  el  16  de  febrero  del  año  en  curso,  solicitó  audiencia   preliminar  para  formulación de cargos del artículo 18 de la  Ley  975  de  2005,  por  las  conductas  punibles  de concierto para delinquir,  homicidio   en   persona   protegida,  desaparición  forzada  y  desplazamiento  forzado.   

3.  El  30  de  marzo  del presente año, el  Magistrado  de  Control  de  Garantías de Justicia y Paz de Barranquilla,   dio  inicio   a  la  audiencia  de formulación, donde, en primer término,  ilustró a los intervinientes sobre los fines de la misma.   

Después        textualmente  anunció:   

“En virtud de lo  anterior,  debería  dar traslado a las partes y al Ministerio Público para que  se  pronuncien  sobre  las  observaciones  que  tengan  que  hacer al escrito de  formulación  de  los  cargos,  si  no  reúne los requisitos establecidos en el  artículo  337  del  estatuto  procesal,  para  que la señora Fiscal lo aclare,  adicione  o  corrija  de  inmediato.  Sin  embargo, el traslado a los mismos del  escrito  de  formulación de cargos será para los fines inicialmente indicados,  esto  es,  para  la  presentación  de  causales  de recusación, nulidades o de  impugnación        de        competencia        que       adviertan”.   

Concedido el uso de la palabra la defensa del  imputado     consideró     que     en    lo    atinente    a    “recusaciones,  impedimento  o  solicitudes  de nulidades… no tiene  ninguna  manifestación que hacer”.   

Por  su  parte,  la  apoderada de una de las  víctimas  formuló  impugnación  de  competencia  del Magistrado de Control de  Garantías  para  recibir  la  formulación  de cargos  al imputado por las  siguientes razones:   

a) La audiencia de formulación de cargos es  una  verdadera  audiencia  de “acusación”, según los lineamientos de la Ley 906 de 2004.   

b) De conformidad con el artículo 250 de la  Constitución  Política  corresponde  a  la  Fiscalía  General  de  la Nación  presentar  el escrito de acusación ante el juez de conocimiento. De ahí que le  parezca  un  absurdo  sostener  que  en  “justicia y  Paz”      no      hay      audiencia     de  acusación.   

C)  Que hay una inconsistencia en la Ley 975  cuando  estipula  que la formulación de cargos se hará ante el juez de control  de  garantías,  situación  que  la  lleva  a  colegir que viola los postulados  contenidos  en  la  Constitución Política. De manera que pide que se inaplique  los  apartes  pertinentes  de los artículos “13, 18,  19  y  22  de  la  Ley  975  como  quiera que radica la formulación de cargos o  acusación     en    el    juez    de    control    de    garantías”.   

El representante de otra víctima, intervino  aludiendo  que  el  Magistrado  de  Control  de  garantías es competente, en la  medida   en   que  la  Corte  Constitucional  declaró  exequible,  entre  otros  artículos,  el  19 de la Ley 975 de 2005. De ahí que no resulte acertado pedir  la  inaplicación  de  las  normas  citadas  por  su  antecesora  por la vía de  excepción de inconstitucionalidad.   

Y,  por  su  parte,  el  representante  del  Ministerio   Público  considera  impertinente  la  petición  de  incompetencia  deprecada   al   Juez   de   Control   de   Garantías,   puesto  que  la  Corte  Constitucional   ya  se pronunció al respecto al declarar la exequibilidad  de los artículos 18 y 19 de la citada Ley 975.   

Así  mismo,  estima  que  la  Sala ya se ha  pronunciado  sobre  ese  aspecto,  para  lo  cual procede a realizar un recuento  atinado de las diferentes decisiones.   

4.   El  Magistrado de Control  de  Garantías   en   un   juicioso  estudio,  apoyado  en  jurisprudencia  de  esta  Corporación  y  de la Corte Constitucional, no se declaró incompetente, motivo  por  el cual  dispuso darle a tal solicitud el trámite incidental previsto  para  la  definición  de  competencia  en  la Ley 906 de 2004,  por lo que  remitió  las  diligencias  a  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia, para los respectivos fines.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  Es  competente  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  para  resolver el incidente de definición de competencia promovido en  este  asunto  por  los  representantes  de  las víctimas, teniendo en cuenta su  condición  de superior funcional de la Salas Especializadas de Justicia y Paz a  las  cuales  legalmente  les  corresponde  asumir  las  determinaciones  en  los  procesos que se adelantan bajo la Ley 975 de 2005.   

2.  La  apoderada  que  en  este caso representa los intereses de una de  las  víctimas,  fundamentados  en  el  control  difuso  de  constitucionalidad,  solicita  al Magistrado con función de Control Garantías de Justicia y Paz que  se  declarara incompetente para adelantar la audiencia de formulación de cargos  al  postulado,  en  cuanto  considera  que  la  misma, en el proceso de justicia  transicional,  es  análoga  al escrito de acusación que gobierna la Ley 906 de  2004,  por  lo  que, de acuerdo con lo dispuesto en el numeral 4º del artículo  250  de  la  Constitución Política, debe efectuarse ante la Sala de Justicia y  Paz  del Tribunal respectivo, por ser el juez de conocimiento, de tal manera que  debe inaplicarse el artículo 19 de la Ley 975 de 2005.   

3.  En  orden  a resolver lo pertinente, necesariamente hay que tener en  cuenta  la  naturaleza  y  los  fines  del proceso de justicia transicional, con  fundamento  en  los  cuales  el  legislador,  haciendo  uso  de  su  libertad de  configuración  legislativa, reguló un procedimiento especial y diferente a los  de  la Ley 600 de 2000 y Ley 906 de 2004, el cual contiene las reglas del debido  proceso  que  debe surtirse en dicho trámite, aunque, para todo lo no dispuesto  en  la  Ley  975  se  aplique  la  Ley  782  de  2002  o  en su defecto aquellas  codificaciones.   

Frente  al   punto  en  discusión  la  jurisprudencia    de   la   Sala   ha   considerado1:   

“Los procesos de paz, sea de diálogo o de  desmovilización,  incluyen  formas de reincorporación a la vida civil, para lo  cual  las  leyes  782  de  2002 y/o 975 de 2005, prevén instrumentos judiciales  específicos  tendientes a reconocer beneficios jurídicos relacionados con esas  situaciones.  Se  trata  de  mecanismos  excepcionales,  propios  de  modelos de  justicia  de  transición que reconocen “una tensión entre el objetivo social  de  lograr un tránsito efectivo hacia la paz o la democracia, y los derechos de  las  víctimas  a que las violaciones de derechos sean investigadas, enjuiciadas  y    castigadas   por   el   Estado,   y   a   que   se   logre   una   efectiva  reparación2.   

“Por  esas razones, tales disposiciones no  pueden  analizarse  mediante una hermenéutica convencional, sino con principios  políticos    normativizados   en   la   Constitución   y   en   los   tratados  internacionales, que ponen de manifiesto   

«una  nueva  noción  de  justicia  en  el  contexto  de  la comunidad internacional, que atiende a la necesidad de alcanzar  la  efectividad  del  derecho  a  la paz en aquellas sociedades en situación de  conflicto,  pero  que a la vez pretende responder, aún en estas circunstancias,  al  imperativo  de  enjuiciar  y  reparar  las graves violaciones a los derechos  humanos  y  del derecho internacional humanitario y lograr el esclarecimiento de  la  verdad  al  respecto,  nuevo  concepto  de  justicia  que  opera  dentro del  tránsito  de  un  periodo  de violencia a otro de consolidación de la paz y de  vigencia  del  Estado  de  Derecho,  o  de  autoritarismo  a  otro de respeto al  pluralismo               democrático»3.   

“O  como  en  reiteradas  oportunidades ha  tenido  ocasión  de  decirlo  la Sala, con ocasión de la interpretación de la  Ley 975 de 2005,   

«el valor justicia  y  los  principios  de  igualdad  y  proporcionalidad,  en  orden  a  juzgar  la  constitucionalidad  de  una  norma  (y  otros principios y otras normas se dirá  ahora),  no  pueden estudiarse tal como si se tratara de una ley ordinaria, sino  tomando  en  cuenta  las singularidades de la que ahora se analiza, expedida con  la  finalidad de resolver la tensión que en este caso surge entre los conceptos  de  paz  y  justicia, que son también fundamentos del  Estado,   y   de   los  compromisos  internacionales  adquiridos  por  Colombia.   

«Por  lo  mismo,  la  vinculación  entre  política  y  derecho  alcanza un nivel mayor al que de ordinario se presenta en  la  legislación  común,  en  la  cual,  por ejemplo, la proporcionalidad de la  respuesta  estatal y la simetría con la agresión a bienes jurídicos, responde  a  la gravedad del injusto y grado de culpabilidad, mientras que, tratándose de  una  ley  especial,  como  aquí  sucede,  se sujetan a otros valores, según se  indicó»4.   

“Desde  ese margen se puede establecer que  los  procesos  de  negociación  o  de  desmovilización  dirigidos  a lograr la  reincorporación  de  grupos al margen de la ley, y a los cuales se refieren las  leyes  782  de  2002 y 975 de 2005, regulan distintas posibilidades relacionadas  con  esas temáticas, dependiendo de los objetivos que con ellas se buscan. Así  por ejemplo, la Ley 975 de 2005,   

«no  contiene  […]  una  disposición que  exonere  al delincuente del cumplimiento de la sanción penal. Si bien es verdad  que  se  le  hace objeto de un tratamiento jurídico penal menos riguroso que el  existente   en   el   Código  Penal  –si  se  cumplen  por  el  infractor  unos requisitos determinados en  relación  con  las  víctimas  y por la colaboración con la administración de  justicia-,  lo  cierto es que, aún así, no desaparece la pena. Esta se impone,  pero    el    procesado    puede    –con  estricta  sujeción  a  los  requisitos  y  condiciones  que el  legislador  señaló-  hacerse  acreedor a un beneficio que podría reducirle la  privación  de la libertad por un tiempo sin que éste desparezca, beneficio que  será     objeto     de    análisis    detenido    posteriormente    en    esta  providencia»5.   

“Por fuerza de esa argumentación se impone  una  primera conclusión: la Ley 975 de 2005, de justicia y de paz, define  un  proceso  sui  generis en donde  los  derechos  a  la  verdad,  justicia  y  reparación, encuentran efectividad,  siempre,   en   la   asignación  de  una  pena  que  simbólicamente  busca  la  realización  de  esos principios y la transición hacia una paz consensuada. No  por   otra  razón  al  definirse  el  ámbito  de  la  ley,  interpretación  y  aplicación  normativa,  en  el  aparte  inicial  del  artículo  2° se dijo lo  siguiente:   

«La presente ley regula lo concerniente a la  investigación,  procesamiento, sanción y beneficios judiciales de las personas  vinculadas  a  grupos  armados  organizados  al margen de la ley, como autores o  partícipes  de  hechos  delictivos  cometidos  durante  y  con  ocasión  de la  pertenencia  a  esos  grupos,  que hubieren decidido desmovilizarse y contribuir  decisivamente a la reconciliación nacional.»   

“Una  segunda conclusión que se deriva de  la  filosofía  de  la  Ley 975 de 2005, es la de que la amnistía, el indulto y  otros  beneficios  establecidos en la Ley 782 de 2002, se rigen por lo dispuesto  en  esta  última  legislación,  como lo reafirma el aparte final del artículo  2° de la ley primeramente mencionada en los siguientes términos:   

“La  reinserción  a  la vida civil de las  personas  que  puedan  ser  favorecidas  con amnistía, indulto o cualquier otro  beneficio  establecido  en  la  Ley  782 de 2002, se regirá por lo dispuesto en  dicha ley”.   

“Lo  anterior,  porque  la Ley 975 de 2005  regula  un  proceso  específico  dentro  del  modelo  propio   de  una  justicia  de  transición  que  debe  concluir  ordinariamente  con una sanción, a diferencia de lo que ocurre con la  782  de  2002 que define procedimientos destinados a la realización del indulto  (por  parte  del  Gobierno), la amnistía, la inhibición de la investigación o  la  preclusión de la investigación o la cesación de procedimiento, según sea  el   caso,   con   intervención  de  las  autoridades  judiciales  (fiscales  o  jueces).” (Subrayas ajenas al original).   

4.  De manera que insistir en una pretendida  inconstitucionalidad  del artículo 19 de la Ley 975 de 2004, en cuanto atribuye  competencia  al  Magistrado  de  Justicia  y  Paz  con  función  de  Control de  Garantías  para  conocer de la diligencia de aceptación de cargos, es faltar a  la  naturaleza  y fines de dicha actuación. Al respecto la Corte Constitucional  ha dicho:   

“Para  la  Corte  reviste   particular   importancia  este  control  que  se  asigna  al  juez  de  conocimiento,  el  cual debe entenderse como control material de legalidad de la  imputación  penal  que  surge  a  partir  de  la  aceptación de los cargos. Lo  anterior  implica  que el juez de conocimiento debe controlar la legalidad de la  aceptación  de  cargos  en  lo  relativo  a  la  calificación jurídica de los  hechos,  en  el sentido que aquella debe efectivamente corresponder a los hechos  que  obran  en  el expediente. Esta interpretación es  la  única  que se ajusta a la garantía de  efectividad de los derechos de  las  víctimas  a la justicia y a la verdad. No podría  argumentarse   que   el   objetivo  de  ese  control  es  la  verificación  del  cumplimiento  de  las  garantías  de  libertad,  espontaneidad, voluntariedad y  defensa  que  indiscutiblemente debe rodear el acto de aceptación de cargos por  parte  del  procesado.  No  es  así por cuanto para ese específico objetivo el  mismo  juez  de  conocimiento  ya ha efectuado una audiencia previa, tal como lo  señala    la    propia   disposición   (Inciso   3º   art.19).   Adicionalmente  este  es un aspecto que se encuentra rodeado de las  debidas  garantías  en  cuanto  la  audiencia de aceptación de cargos se surte  ante  un  juez  de control de garantías. De manera que  el  único contenido posible atribuible a la expresión «de hallarse conforme a  derecho»  es   el control material sobre la calificación jurídica de los  hechos…” (Subraya la Sala).   

5.   Y, por  último,  la Sala,  en asunto similar6,  de  manera  coherente  con  los  precedentes jurisprudenciales a los que se hace referencia,  estableció  diferencias entre el sistema de procesamiento penal acusatorio y la  ley de justicia y paz, así:   

“… [l]a Ley de  Justicia  y  paz  no regula un proceso de partes […] sino un proceso especial,  particular  y  transicional;  si  se  repara en sus características al rompe se  advierte  que  no sigue los mismos derroteros del sistema implantado por el Acto  Legislativo  03  de  2002,  a  pesar  de  que  la  Ley  975 de 2005 y el Decreto  Reglamentario 4760/05 hayan consagrado normas de integración.   

“En  efecto,  Ley  906  de  2004 regula un  procedimiento  dispositivo  regido por el principio adversarial donde el fiscal,  titular  de  la acción penal, investiga, acusa y demanda una condena, la prueba  se  practica  en  presencia  del  juez  de  conocimiento  y  con  desarrollo del  contradictorio,  al  paso  que en el proceso consagrado en la Ley 975 de 2005 la  actuación  tiene  lugar  a  iniciativa  del  integrante del grupo armado ilegal  desmovilizado  y  previa  postulación  del  Gobierno  Nacional,  acudiendo a la  audiencia  de  versión  libre  de  manera  voluntaria  para  confesar de manera  completa  y  veraz todos los hechos delictivos en los  que  participó  o  de  los  que  tenga  conocimiento,  ocurridos  durante y con  ocasión  de  su  pertenencia  al  grupo  armado  organizado  al  margen  de  la  ley,  activando  en  la  fiscalía  el  mecanismo  de  verificación de la certeza de lo confesado.   

“En  este  procedimiento  especial  no hay  inmediación   de  la  prueba  por  parte  del  juez  de  conocimiento  y  menos  controversia  de  la  misma, o debate en torno a teorías antagónicas sobre los  hechos  develados  porque  invariablemente  los  intervinientes van por el mismo  sendero   en   busca  de  los  componentes  de  verdad,   justicia  y   reparación,  que junto a la contribución para la obtención de la paz nacional  y  la garantía de no repetición, constituyen el fundamento de concesión de la  pena alternativa.   

“En  el  proceso  previsto  en  la  Ley de  Justicia  y  Paz  se  impone  una pena alternativa sustancialmente reducida, que  funge  como contraprestación por la colaboración del desmovilizado al logro de  la  paz,  al  conocimiento  de la verdad de lo sucedido, a la reparación de las  víctimas y al compromiso de no repetición.    

“Tampoco   se  puede  desconocer  que  a  diferencia  del procedimiento ordinario, el objetivo específico que persigue el  proceso de Justicia y Paz es:   

«… facilitar los  procesos  de paz y la reincorporación individual o colectiva a la vida civil de  miembros  de  grupos  armados  al margen de la ley, garantizando los derechos de  las   víctimas   a   la  verdad,  la  justicia  y  la  reparación.»   

“Desde esa óptica indudablemente se trata  de  un  proceso  de características sustancialmente distintas el previsto en la  Ley  de  Justicia y Paz y, en consecuencia, no es posible equipararlo al sistema  acusatorio  implantado  con  el  Acto  Legislativo  03  de 2002 reformatorio del  artículo 250 de la Constitución Política…   

“De  otra parte, si en cuenta se tiene que  el  legislador  -en  virtud del amplio poder de configuración que le asiste- es  quien  debe  diseñar  los  procedimientos  (y aquí lo está haciendo), ninguna  duda  surge  al  estimar  como válido, legal y con fundamento constitucional el  señalamiento  -con  respecto  de  la formulación de cargos- de dos audiencias,  con  la  intervención  de  distintas autoridades judiciales, vale recordar, una  preliminar    ante   el  Magistrado  de  Garantías  en  la  cual  se formulan los cargos, sirviendo este  funcionario  de  garante  a  la manifestación de aceptación, y otra posterior,  pública, a cargo de la Sala  de  conocimiento  en  cuyo  desarrollo  examinará  la libertad, voluntariedad y  espontaneidad  que debieron guiar la aceptación de los cargos, características  que   una   vez   verificadas   darán  paso  a  la  audiencia  de  sentencia  e  individualización de pena.   

Así  pues,  la  doble  audiencia,  exigida  normativamente  respecto de los cargos en su doble manifestación de aceptación  y  verificación de presupuestos de legalidad, encuentra justificación no sólo  en  que  es  expresión  autónoma  del  legislador  sino en el realce que éste  quiere darle a lo que será el fundamento de la sentencia.”   

En  consecuencia,  la  Sala  procederá  a  declarar  que  el  Magistrado  de  Justicia  y  Paz  con  función de Control de  Garantías  es  el  funcionario  competente  para  conocer  de  la  audiencia de  formulación  de  cargos  reglada en el artículo 19 de la Ley 975 de 2005, como  él  mismo  lo  consideró en el auto por medio del cual negó la aplicación de  la excepción de inconstitucionalidad de dicha disposición.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1º DECLARAR que en  este  asunto  el  Magistrado  de  Justicia  y  Paz  con  función  de Control de  Garantías   es  el  funcionario  competente  para  adelantar  la  audiencia  de  formulación   de  cargos  prevista  en  el  artículo  19  de  la  Ley  975  de  2005.   

2º      DEVOLVER      inmediatamente  las  diligencias  a  su  lugar de origen para que se  continúe con el trámite correspondiente.   

Comuníquese y cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

      Comisión de  servicio   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

      Comisión de  servciio   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

Comisión    de   servicio                                                                                                                                         

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto de 28 de septiembre de 2006,  radicación 25830   

2 Corte  Constitucional, sentencia C-370 de 06.   

3  Idem.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto de 7 de diciembre de 2005,  radicado 24549, entre otras.   

5 Corte  Constitucional, sentencia citada.   

6 Auto  de 31 de Marzo de 2009, radicación 31491     

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