31522(18-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 31522  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  360                                                                                Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá  D. C., dieciocho de noviembre de dos  mil nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  María    Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez   contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Santa Marta  el  11  de  julio  de  2008,  mediante  la  cual confirmó con modificaciones la  emitida  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma ciudad el 27 de  julio  de  2006,  que  condenó  a  la  procesada  por el delito de peculado culposo.   

Hechos.  

En  el  mes  de  febrero  del  2000, PATRICIA  HURTADO  TURBAY,  en  representación  del  Banco del Estado, presentó denuncia  penal   contra   María  Luz  del  Socorro  Bustamante  Sánchez,  quien  se  desempeñó  como  gerente de la  oficina  de Santa Marta entre el 2 de enero de 1995 y el 9 de diciembre de 1999,  por  haber  autorizado  la apertura de cuentas corrientes a personas naturales y  jurídicas,  a  quienes  les concedió sobregiros sin contar con la información  exigida  para  su  otorgamiento;  por haber autorizado  sobregiros, con los  cuales  se cancelaban créditos que ya se encontraban vencidos, convirtiéndolos  en  cartera ordinaria; por haber otorgado sobregiros que se cubrían con dineros  provenientes  de  otros  clientes, generándose nuevos sobregiros que terminaban  convirtiéndose      en     cartera     también     ordinaria     (práctica  comúnmente denominada jineteo  de  fondos);  por  el manejo  irregular  de  divisas;  y, por el otorgamiento de plazos no autorizados para el  pago  de  obligaciones  y  la  aplicación  insignificante de tasas de interés,  entre  otras  irregularidades,  que  terminaron  afectando  el  patrimonio de la  empresa estatal.    

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  María    Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez   y  el  9  de septiembre de 2003 calificó el mérito del sumario con  preclusión  de  investigación.  Apelada esta decisión por el representante de  la  parte civil, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, mediante providencia de  29 de diciembre del mismo año, adoptó las siguientes decisiones:   

a) Revocó la preclusión de investigación y  en   su   lugar   acusó   a   la   indagada   por  el  delito  de  peculado   por   apropiación   a   favor   de  terceros,  en  concurso  homogéneo  sucesivo, por los créditos otorgados a  GUILLERMO      DE      JESUS      BOTERO      LOPEZ      por     $11’800.000      y     $14’500.000,  INGELECTRIC DE LA COSTA LTDA  por  $8’300.000,  YOLANDA  RAQUEL   PARDO  DE  CASTILLO  por  $11’100.000,    LOURDES    MONSALVE    URUEÑA    por    $15’000.000 y LIDYS DE JESUS VEGA VELAIDEZ  por   $10’000.000.    

b) Decretó la nulidad parcial de la clausura  de  la  investigación  para que  continuara en relación con las restantes  créditos  y sobregiros otorgados por la implicada, que venían siendo objeto de  averiguación       en       el       proceso.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de  Santa  Marta, en sentencia de 27 de julio de 2006, condenó a  María   Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez  a  la  pena  principal  de  seis (6) meses de arresto,  multa  de  diez  (10)  salarios  mínimos  legales  mensuales e interdicción de  derechos  y  funciones  publicas  por  seis (6) meses, como autora del delito de  peculado    culposo,   le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y la condenó  a  pagar  $62’100.000 por  concepto      de      perjuicios     materiales.2   

3.  La representante de la parte civil apeló  esta  decisión  para  pedir  que  la  acusada  fuera condenada por el delito de  peculado   por  apropiación  a  favor  de  terceros,  como  había  quedado  plasmado en la acusación, y se  aumentara  el  monto  de  los  perjuicios.  El Tribunal, mediante fallo de 11 de  julio   de   2008,  accedió  a  ambas  pretensiones.  Condenó  a  María    Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez   por  el delito de peculado por apropiación  a   favor   de   terceros,  en  concurso  homogéneo sucesivo, a la pena principal  de  7  años de prisión, interdicción de derechos y funciones públicas por el  mismo   término   y  multa  por  un  valor  igual  al  monto  de  lo  apropiado  ($70’700.000). Y fijó en  dicho  valor  ($70’700.000)  la    condena    por    perjuicios    materiales.3  Contra  este fallo recurre en  casación la defensa.   

La         demanda.   

Presenta   un   cargo   principal   y  otro  subsidiario,  ambos  al  amparo  de  la  causal  prevista  en el numeral primero  apartado  segundo  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, por violación  indirecta   de  la  ley  sustancial,  debido  a  errores  de  hecho  por  falsos  raciocinios  y  por  falsos  juicios  de  identidad  en  la  apreciación de las  pruebas.   

Cargo principal.  

Recuerda,  a  manera de introducción, que el  juez  de  primera  instancia condenó a la acusada por el delito de peculado  culposo, descrito en el artículo  137   del  Código  Penal  de  1980,  mientras  que  el  tribunal  lo  hizo  por  peculado    por    apropiación    a    favor    de  terceros,    tipificado    en   el   artículo   133  ejusdem.   

Explica que mientras en el primero la conducta  consiste  en  que  el  sujeto  dé lugar a  que  los  bienes  cuya  administración  o  custodia  se le hayan  confiado  por  razón  de  sus funciones, se extravíen, pierdan o dañen; en el  segundo  consiste  en  que  el  servidor  público  se  apropie  en  provecho  suyo  o  de  un  tercero de los  referidos bienes.   

Precisa igualmente, que mientras para el juez  la  acusada  no observó el deber de cuidado en el otorgamiento de los créditos  y  los  sobregiros,  dando  lugar a que algunas de esas sumas no se recuperaran,  para  el  tribunal  la  implicada  generó  intencionalmente la apropiación del  dinero  por  parte  de  terceros, con la consecuente pérdida para las arcas del  Estado.   

Sostiene que los artículos 36 del Decreto 100  de  1980  y  el  22  de la Ley 599 de 2000 consideran como elementos del dolo el  conocimiento  y  la  voluntad,  estribando  la  diferencia  en  el contenido del  conocimiento,  dado que en el primer estatuto se trata de “hecho punible”, y  en  el  segundo,  de los “hechos constitutivos de la infracción penal”, los  cuales  también  están contenidos en el concepto de hecho punible, que es más  amplio.   

Independientemente  de  la concepción que se  acoja,  lo  cierto  es que el dolo exige que el sujeto agente tenga determinados  conocimientos  cuando realiza la conducta típica, por lo que una condena por un  delito  doloso  implica probar  que  el  procesado  ha  realizado  el  hecho  delictivo  con esos conocimientos.   

La  doctrina  ha  elaborado dos respuestas en  torno  a  la  acreditación  del  conocimiento  en que se fundamenta el dolo. La  concepción  sicológica,  que  postula  que  el  conocimiento  es  un fenómeno  sicológico  y  que  su  demostración implica averiguar qué había en la mente  del  sujeto  agente cuando estaba actuando. Y la normativa, que no cree que esta  constatación  pueda realizarse, razón por la cual propone establecer criterios  de  imputación  subjetiva,  que  de reunirse, permitan atribuir el conocimiento  del autor.   

Afirma que en el caso analizado el tribunal se  movió  dentro de la concepción sicológica, postura que torna importante tener  en  cuenta  que   la  doctrina  y  la  jurisprudencia  tanto  nacional como  extranjera  se  inclinan  por considerar que la prueba del conocimiento en estos  casos  se  logra  a  través  de  la  confesión  y  de  la  prueba  indiciaria,  particularmente  de  esta  última,  en  atención  a que la confesión no es la  regla general.   

Argumenta  que  el tribunal, en la sentencia,  afirmó  que  la  intención  de la acusada de lesionar el patrimonio del Estado  para  favorecer  a  terceros  con  la  apropiación de recursos, se infería del  hecho  de  haber  concedido  seis  créditos  por valor total de $70’000.000,  sin  atender  los requisitos  exigidos,  los  cuales,  dada  su  experiencia  en  el  cargo  y  lo dicho en su  indagatoria, conocía perfectamente.   

Dichas irregularidades, las hizo consistir en  “conceder  crédito  a  una sociedad sin tener en cuenta que uno de sus socios  estaba  reportado  como  deudor  moroso  de otro banco; otorgar dos créditos al  mismo  socio  (en  realidad  fue  uno  sólo);  conceder crédito a dos clientes  reportadas  con obligaciones pendientes con otros bancos; y, otorgar un crédito  de   diez   millones   de   pesos   sin   tener   en  cuenta  que  excedía  sus  facultades”.   

Asegura que en esta sustentación el tribunal  incurre  en un falso raciocinio, que se ubica en la inferencia que hace a partir  de  hechos que estima probados, puesto que del hecho de haber omitido algunos de  los  requisitos previstos por el banco, “no se infiere que lo que la sindicada  tenía  en  mente  era  la  intención  de apropiarse de esas sumas de dinero en  provecho de los terceros deudores”.   

   

Lo anterior, porque ello implica la existencia  de  una  premisa  mayor, del siguiente tenor: cuando el  gerente  de  un  banco  oficial otorga varios créditos a quienes no reúnen los  requisitos,  es  porque  conoce  el  hecho  punible  de  peculado  y  quiere  su  realización,  lo  cual,  como  es evidente, no es una  regla de experiencia segura e irrefutable.   

Esta  máxima, que el tribunal utiliza a modo  de  premisa  mayor,  no se deriva de una ley científica, sino que corresponde a  la  llamada  experiencia  cotidiana, esto es, la que surge de la observación de  determinados  aconteceres.  Y  aunque  la  doctrina  acepta  que  hay  reglas de  experiencia  cotidiana  que  son seguras, como cuando se dice de una persona que  no  puede  estar  al  mismo tiempo en dos lugares, en el caso analizado la regla  invocada no llega más allá de una remota probabilidad.   

El  erróneo  silogismo  del  tribunal, está  construido    así:    Premisa    mayor: Cuando un gerente de banco otorga varios  créditos  a  quienes  no  reúnen  los  requisitos,  es  porque conoce el hecho  punible  de  peculado  y  quiere  su  realización,  es  decir, actúa con dolo.  Premisa menor: La sindicada,  siendo  gerente  de un banco oficial, concedió seis créditos a clientes que no  reunían   los   requisitos.  Conclusión:  La  sindicada  conocía el hecho punible de peculado y quería su  realización,  esto  es,  actuó con dolo, lo cual es falso, porque parte de una  premisa   mayor  que  deja  abierta  distintas  posibilidades.    

En síntesis, el tribunal viola las reglas de  la  sana  crítica  al  construir la prueba del elemento cognoscitivo del dolo a  partir  de  una  regla  de  experiencia  que  no  contiene una realidad segura e  irrefutable,  lo  cual  se demuestra invocando realidades inocultables, como que  el  gerente  otorgue  créditos  a  un  usuario  que  tiene  otras deudas con la  convicción  de  que pagará unas y otras, o al que tiene créditos vencidos por  considerar  que  es  solvente,  o al incumplido porque su trayectoria indica que  finalmente  cancela  sus  créditos,  o porque la distensión en la exigencia de  los  requisitos  deriva  de  negligencia o del deseo de brindar un servicio más  eficiente a los clientes.   

El  tribunal,  con el objeto de probar que la  conducta  de  la  acusada  fue realizada con dolo, adujo un argumento adicional,  consistente  en  que  con  su  proceder  aumentó ostensiblemente los niveles de  riesgo  permitido  “dando lugar al detrimento patrimonial público haciéndose  irrecuperables  los  mismos  y  dando lugar (sic) a que los beneficiarios de los  créditos se apropiaran indebidamente de dichas sumas de dinero”.   

Sostiene que en esta consideración adicional  el  tribunal  mezcla  dos  temas  completamente diferentes, como son el elemento  cognoscitivo  del  dolo y los factores de imputación objetiva representados por  el  incremento  del  riesgo  y  la  concreción del riesgo en la producción del  resultado,  dentro  del marco de un discernimiento totalmente equivocado, porque  la  negligencia  no  se  excluye,  ni  el  dolo se prueba por el hecho de que la  conducta incremente el riesgo.   

Aquí el sentenciador incurre en la violación  de  la  lógica,  pues  a  diferencia  de  lo  que  ocurre  con  las máximas de  experiencia,  que  pueden  ser  lógicas  pero no aportar un conocimiento seguro  sino  probable,  cuando  una  conclusión  se hace derivar de una premisa con la  cual  no guarda  ninguna relación, la conclusión es ilógica, dando lugar  al  sofisma  conocido  como  “del  consecuente”, que consiste en afirmar que  entre  dos  proposiciones  hay  una  relación  lógica,  cuando  en realidad no  existe.   

   

Cargo      subsidiario.   

a)  Asegura  que  el tribunal incurrió en un  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad al afirmar que GUILLERMO BOTERO  LOPEZ,  no obstante estar reportado como deudor moroso del banco, fue favorecido  con   dos  créditos  más  por  “11’800.000      y      $14’500.000,  pues  lo  que  se  establece  del contenido del informe de  contraloría  interna del banco es que se trató de un sólo crédito, por valor  de  $14’000.000,  que  al  momento     del    informe    registraba    un    saldo    de    $11’800.000,   

“Obligación  97-166-2  otorgada  el 26 de  diciembre  de  1997 por $14.5 millones, vencida el 26 de julio de 1997 (sic) por  $11.8 millones”.   

La  tarjeta  de  control  de vencimientos que  aparece  en  el cuaderno de anexos 6 prueba la tergiversación del sentenciador,  pues  registra  de  manera  pormenorizada  el  valor del crédito otorgado y los  abonos  que  el deudor hizo, el último de los cuales fue el 18 de septiembre de  1998,   quedando   un   saldo  de  $11’798.266.   

b)   El  tribunal  contabiliza  como  valor  apropiado  por  la señora LIDYS DE JESUS VEGA la suma de diez millones de pesos  ($10’000.000), que fue el  valor  del  crédito  inicial,  sin  tener  en  cuenta  que el saldo es de cinco  millones quinientos mil pesos, según se consigna en el informe,   

“Obligación  97-01007  otorgada  el 13 de  agosto  de  1997 por $10 millones, vencida el 13 de octubre de 1998 y en abogado  desde el 19 de mayo de 199 por $5.5 millones”.   

Esta alteración del contenido del informe, la  corrobora  la  tarjeta  del  control  de vencimientos que aparece a folios 1 del  cuaderno  de  anexos  29,  donde no sólo se aprecia el valor del crédito, sino  todos  los  abonos  efectuados  hasta  el  7  de  diciembre  de  1998 y el saldo  pendiente         de         $5’487.239.   

c)  El  tribunal dice que la deuda en el caso  del   crédito  otorgado  a  LOURDES  MONSALVO  URUEÑA  es  de  $15’000.000,  desconociendo  el  contenido  del    informe    que    afirma    que    el   saldo   era   de   $9’5000.000:         “Obligación  98-047-3 otorgada el 19 de mayo de 1998, vencida el  19  de  febrero  de  1999  y en cobro jurídico desde el 21 de junio de 1999 por  $9.5 millones”.   

Agrega   que  los  abonos  hechos  aparecen  registrados  en  las tarjetas de control de vencimientos que aparece en el folio  101  del  anexo  6,  por  la suma de $5’500.000,  de  donde  se  sigue  que  el  saldo  es de $9’500.000   

d)  En  relación  con el crédito de YOLANDA  RAQUEL  PARDO  DE  CASTILLO,  el  tribunal  sostiene  que  se  dejó de pagar su  totalidad,  alterando  el  contenido  del  informe  que  dice que el saldo es de  $9’800.000:  “Obligación  98-051-3  otorgada  el 27 de mayo de 1998 por $11.1  millones,  vencida  el 27 de octubre de 1998 y en cobro jurídico desde el 20 de  abril de 1998 por $9.8 millones”.   

Afirma que el tribunal también desconoce los  pagos  parciales que fueron hechos por la deudora, los cuales están registrados  en  la  tarjeta  de  control  de  vencimientos  que  obra a folios 83 vuelto del  cuaderno  de anexos número 6, donde se indica que el saldo es de $9’778.513.   

e)  La sentencia agrega que la acusada tenía  amplia   experiencia   en   la  actividad  bancaria  y  conocía  sus  funciones  “tal   como   lo   indica   en  la  diligencia  de  indagatoria,   cuando   señala   que   conocía  plenamente  las  consecuencias  jurídicas  de  su  conducta  y  no  obstante  defraudó  la  confianza  en ella  depositada  como  servidor  público  y  de  manera  irregular,  al autorizar en  diversas  oportunidades  el  desembolso  de  sumas  de  dinero  que resultan ser  irrecuperables,   al   no   exigir  garantías  o  estas  ser  insuficientes”.   

Esta  afirmación  del  fallo, con la cual se  quiere  dar  a  entender  que la sindicada aceptó haber defraudado la confianza  depositada  en  ella,  no  obstante  conocer  las consecuencias jurídicas de su  conducta,  es  una  manifiesta  alteración  de  la indagatoria, donde no existe  ningún  pasaje  en  el cual MARIA LUZ BUSTAMANTE haya hecho las manifestaciones  que se le atribuyen.   

Sostiene  que  estos  errores de identidad le  permitieron  al  tribunal  ubicar  a la sindicada en el papel de una gerente que  sin  móvil  alguno  decidió autorizar irregularmente unos créditos con el fin  de  que  sus  beneficiarios se apropiaran de ellos con perjuicio económico para  la  entidad  oficial,  propósito  en  el  cual  radica la afirmación de que su  actuación fue dolosa y no culposa.   

Este  contexto fáctico cambia al demostrarse  que  las  cifras  que el tribunal da por perdidas no son ciertas, y que en todos  los  créditos  por cuyo otorgamiento se condenó a la funcionaria, los deudores  pagaron  las  cuotas  mensuales  durante  algún  tiempo,  antes  de  entrar  en  cesación  de  pagos:  YOLANDA PARDO pagó tres cuotas, LOURDES MONSALVO URUEÑA  pagó  el  equivalente  de  siete (7) cuotas, GUILLERMO BOTERO LOPEZ pagó cinco  (5) cuotas  y LIDYS VEGA VELAIDEZ pagó once (11) cuotas.   

Estos pagos permiten inferir que los créditos  se  asignaron  con  la creencia  de que serían cancelados y que de ninguna  manera  la  intención al concederlos fue lesionar el patrimonio del Banco, pues  adicionalmente  todos firmaron garantías que han sido utilizadas para adelantar  los  procesos  ejecutivos  de  cuya  existencia  el  mismo  informe da fe.    

Consecuente con estas consideraciones pide, en  ambos  cargos,  casar  la  sentencia  impugnada  y  en  su lugar proferir una de  reemplazo  por el delito de peculado culposo, en los términos del artículo 137  del Decreto 100 de 1980.   

SE        CONSIDERA:   

Los  errores  de  raciocinio  derivados de la  violación  de  una  regla  de  experiencia  en  la apreciación de las pruebas,  suelen  presentarse por dos motivos, (i) porque el juzgador omite considerar una  máxima  de  experiencia  aplicable  al  caso,  y  (ii)  porque invoca una regla  inaplicable,  por  resultar  impertinente  o  porque  no cumple los presupuestos  requeridos para ser considerada como tal.   

Cuando  se  plantea la primera hipótesis, es  deber  del  casacionista  señalar  con claridad la regla de experiencia que los  juzgadores  omitieron  aplicar, acreditar que cumple los presupuestos requeridos  para  su  formulación  con  pretensiones  de universalidad, probar que de haber  sido  tenida  en  cuenta  habrían  cambiado  las  conclusiones del razonamiento  inferencial  cuestionado  y  demostrar  que  la  equivocación  surtió  efectos  trascendentes en la decisión impugnada.     

Si la hipótesis que se formula es la segunda,  el  demandante  debe  identificar  la  regla  de  experiencia que los juzgadores  tuvieron  en  cuenta  siendo  inaplicable, indicar las razones por las cuales no  podía  ser invocada en el caso concreto, y demostrar que el error condujo a una  conclusión  inferencial  equivocada, que a su vez tuvo incidencia sustancial en  el   sentido   del   fallo   o   en   la   aplicación   de   sus  consecuencias  jurídicas.   

En  el caso que ocupa la atención de la Sala  el  casacionista  sostiene  que  el  tribunal incurrió en un error de hecho por  falso   raciocinio   en  el  análisis  que  hizo  de  la  prueba  del  elemento  cognoscitivo  del  dolo, porque la regla de experiencia que utilizó a manera de  premisa  mayor,  para  afirmar su existencia, consistente en que “cuando  un  gerente  de  un  banco oficial otorga varios créditos a  quienes  no  reúnen  los  requisitos,  es  porque  conoce  el  hecho punible de  peculado  y  quiere  su realización, es decir, actúa con dolo”, no contiene una realidad segura e irrefutable.   

Descalificar  a  priori  la  validez  de  una  máxima  de  experiencia  por el simple hecho de no contener una verdad segura e  irrefutable,  como  lo  hace  el demandante en la argumentación que le sirve de  punto  de  partida  al  ataque,  es  equivocado, porque los enunciados que ellas  encierran  son  por  lo  general  tesis  hipotéticas,  es  decir,  presunciones  lógicas,  o  generalizaciones,  que no contienen verdades seguras. De allí que  su   fórmula  lógico  estructural  haya  sido  condensada  en  los  siguientes  términos:  Siempre  o  casi  siempre   que   se  produce  A,  entonces  se  sucede  B.4   

La discusión que debe darse en estos casos no  debe  ser,  por  tanto,  si  la  máxima de experiencia contiene o no una verdad  incontrovertible,  porque  la  pretensión de que la albergue resultará siempre  incierta,  dada  su  condición  de  presunción lógica, sino, si la operación  inferencial  realizada  por los juzgadores ofrece una conclusión razonable, que  consulte  las   reglas  de  la  sana  crítica,  y  si  unida  a los demás  elementos  de  juicio  incorporados al informativo permite afirmar la existencia  del  hecho  que  los  fallos  concluyeron, debate con el cual el casacionista en  modo alguno se compromete.     

Al  margen  de estas glosas, de implicaciones  trascendentes  en  cuanto  se  relacionan  con  la  demostración  del  cargo en  concreto,  el  argumento  central  del  ataque,  consistente  en que el tribunal  dedujo  la existencia de dolo a partir de la construcción de un silogismo donde  la  premisa  mayor  estuvo  dada  por  la  regla  de  experiencia,  cuando  un  gerente  de  banco  otorga varios créditos a quienes no  reúnen  los  requisitos, es porque conoce el hecho punible de peculado y quiere  su   realización,  es  decir,  actúa  con  dolo,  no  corresponde  al  análisis  que  la  sentencia  impugnada  contiene.    

Un  silogismo  es  un  argumento deductivo   en  el  que  se  infiere  una  conclusión  a  partir  de  dos  premisas.  Una mayor que contiene la norma  o   enunciado  general  y  una  menor  que  contiene  el  hecho  concreto o  enunciado  particular.  Si es confrontada la sentencia del tribunal se establece  que  en  el estudio que allí se hace de la prueba del dolo, en ninguna parte se  incluyen  inferencias  de esta naturaleza, ni en forma explícita, ni dentro del  marco    de    argumentaciones    entimemáticas,5 ni mucho menos, que se le haya  dado al referido enunciado el carácter de máxima de experiencia.   

Los apartes de la sentencia, relacionados con  el  estudio  de  este concreto aspecto, cuya validez el demandante cuestiona con  el  argumento  de  que  la  regla de experiencia utilizada como premisa mayor no  conduce a la certeza de su existencia, son del siguiente tenor:   

“Del  contenido  probatorio se estableció  que  las  múltiples  actividades  ilícitas  que se le imputaron a la procesada  durante  los años 1997 y 1998, obedecen a haber concedido créditos sin atender  los  requisitos  mínimos  generando  su  consecuente  pérdida  para  las arcas  estatales  y  en  contrapartida,  apropiación  por  parte  de  terceros, que en  condiciones  normales,  no accederían a los mismos. De allí, que la intención  haya  sido  favorecer a los particulares con la única finalidad de sacarlos del  patrimonio estatal.   

“Y  es  que el comportamiento doloso de la  procesada,  se  vislumbra  fácilmente,  verbi gracia, en el crédito otorgado a  INGELECTRIC  DE  LA  COSTA,  al  que  se  le autorizó un sobregiro por valor de  $8’300.000, sin tener en  cuenta  que  el socio GUILLERMO BOTERO LOPEZ estaba reportado como deudor moroso  del  Banco  Superior,  lo que no impidió que a título personal se le otorgaran  dos    créditos    más    por   $11’800.000      y     $14’500.000.  Idéntica  situación  ocurre  con el crédito otorgado a  YOLANDA  PARDO  CASTILLO,  cliente  reportada  en  las  centrales de riesgo, con  calificaciones  oscilantes  entre  B  y  D  por obligaciones atrasadas con otras  entidades,  cuando  la  propia  encartada  señala  que  entre  sus funciones se  encontraba  tal  verificación.  A  ello  se  suma  que  las  garantías no eran  efectivas  porque  no  cubrían  el  monto  de  lo debido. En el caso de LOURDES  MONSALVE  URUEÑA,  también  aparecía  reportada  por  deudas  con  diferentes  entidades   crediticias   y   los  activos  que  garantizaban  la  acreencia  se  encontraban  hipotecados  a nombre de otras entidades financieras. Para LYDIS DE  JESUS  VEGA  VELAIDEZ  se  presentó  extralimitación de funciones al otorgarle  crédito por encima de los topes permitidos.   

“Ahora bien, resulta indudable, que MARYLUZ  (sic)  DEL  SOCORRO  BUSTAMANTE  DE  AGUILERA  con  su  accionar ilícito buscó  favorecer  los  intereses  patrimoniales  de  los  solicitantes  de  crédito  y  sobregiro  quienes  afectaron  ostensiblemente  el  patrimonio  público estatal  representado  por  el  Banco  del  Estado,  por lo que se le imputó la conducta  punible   de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  tipos penales. Y es que, en el caso bajo estudio se  tiene  que  a la procesada le era exigible actuar según la norma, ya que con su  conducta  no sólo se dejó de cumplir la finalidad trazada por la Constitución  y  la Ley que impone a sus funcionarios el deber funcional de moralidad que debe  regir  los  actos  de  los  servidores  públicos  en  el manejo de los caudales  oficiales,  resultando así debilitados los valores de credibilidad, prestigio y  rectitud  que  para  los  asociados representa la administración pública, sino  que  ocasionó  un  notable detrimento del patrimonio del banco del Estado, y de  contera,  sin  mediar causal de permisión alguna, afectó el bien jurídico que  por  medio del tipo realizado, la ley busca tutelar, como es, la administración  pública.   

“De  otra  parte,  como  ya  se  anotó en  precedencia,  el  peculado  sanciona  las  conductas  indicativas  de  una  mala  administración  de  los  bienes  confiados  al  servidor  público, o lo que en  razón  o con ocasión de sus funciones, incida en forma negativa en la correcta  administración  del Estado, protegiendo no sólo el patrimonio económico, sino  también,   la   lealtad,   probidad,   fidelidad   del   funcionario  hacia  la  administración  castigando la ruptura de la confianza que las autoridades dan a  los  funcionarios  públicos a fin de que estos velen por las cosas puestas a su  administración.   

“Pues bien, resulta que a diferencia de lo  que  sostiene  el  juez  a quo, definitivamente el actuar de la procesada no fue  negligente,  por  el  contrario,  estima  la colegiatura que actuó con la plena  conciencia  de  las  posibles  consecuencias  de  su  actuar  en  la aprobación  irregular  de  las solicitudes de créditos ampliamente referidas en el proceso,  no  siendo  de  recibo  la  tesis  formulada por el juez de instancia acerca del  principio  de  confianza  en la actividad bancaria, ya que, su proceder aumentó  ostensiblemente  ese  nivel  de  riesgo  permitido,  dando  lugar  al detrimento  patrimonial  público  haciéndose irrecuperables los mismos y dando lugar a que  los  beneficiarios  de los créditos se apropiaran indebidamente de dichas sumas  de  dinero”.6         

Como  puede  verse,  el  tribunal no razona a  partir  del  silogismo  que el demandante construye para sustentar el ataque, ni  le  otorga  al  enunciado que utiliza como premisa mayor el carácter de máxima  de  experiencia,  ni  realiza  procesos inferenciales de naturaleza similar. Sus  conclusiones  sobre  la  existencia  del  dolo  se fundan en el análisis de las  particularidades  y  especificidades  de  los  hechos investigados, es decir, en  juicios  fácticos  de  naturaleza  inductiva, realizados a partir de los hechos  del caso, para el caso,  sin pretensiones de universalidad.   

Se  trata  de  un  procedimiento  inferencial  sencillo,  donde  a  partir  de  unos hechos concretos que se declaran probados,  relacionados  con  el  conocimiento  que  la  acusada  tenía de las condiciones  irregulares  en  que  se  estaban otorgando los distintos créditos, el juzgador  concluye  que  al  autorizar  los  desembolsos  lo  hizo  con  conciencia de las  consecuencias  que  se derivarían de su conducta laxa e irresponsable, o cuando  menos,  con  conciencia  de  la  alta  probabilidad de producción del resultado  lesivo,  y  que  su  accionar, en las referidas condiciones, no podía  ser  culposo sino doloso.   

Siendo estos los fundamentos de la decisión,  un  ataque  orientado  a  derruirlo  imponía  demostrar,  o  que los hechos que  servían  de  sustrato  a  la  conclusión  no  se  hallaban  probados, o que la  inferencia  obtenida  era  absurda  o  irracional, o que la conclusión obtenida  carecía  de  la  suficiente solidez probatoria, acreditaciones de las cuales el  demandante  no  se ocupa, pues sus argumentaciones en este punto giran alrededor  de   la   afirmación  de  que  el  tribunal  efectuó  una  operación  lógico  inferencial  de  índole  deductiva (silogismo), con utilización de la referida  máxima  de  experiencia  como  premisa mayor, la cual, como viene de ser visto,  nunca realizó.   

Adicionalmente el actor cuestiona el argumento  complementario  que  el  tribunal  adujo  para reafirmar la existencia del dolo,  donde  sostiene  que  la acusada con su proceder aumentó los niveles de riesgo,  propiciando  el  resultado  imputado,  pues  asegura  que  refunde  el  elemento  cognoscitivo   del  dolo  con  los  factores  de  imputación  objetiva,  y  que  este   razonamiento resulta impertinente porque el incremento del riesgo no  excluye la conducta culposa ni prueba la conducta dolosa.   

Esta  glosa,  aunque  puede  tener  sustento  teórico,  carece  de  trascendencia,   porque la invocación del argumento  censurado  se  hizo  en  el  carácter  de simple plus argumental, con el fin de  reafirmar  las  conclusiones  sobre la existencia del dolo, de suerte que, si es  retirado   del  cuerpo  de  las  consideraciones  plasmadas  en  el  fallo,  las  conclusiones   del   tribunal   sobre   el   actuar  consciente  de  la  acusada  continuarían siendo materialmente las mismas.   

Con todo, no puede dejar de precisarse que si  lo  pretendido por el tribunal fue significar simplemente que a mayor elevación  del  riesgo  asumido  mayor  probabilidad  del  resultado,  y que la acusada era  consciente  de  esta  situación,  como  pareciera desprenderse del contexto del  razonamiento,  sus  argumentaciones serían perfectamente válidas, porque si el  sujeto  actúa con conciencia de la alta probabilidad del resultado, y lo asume,  su conducta es dolosa, no culposa.   

Situación  similar  se presenta en relación  con  el cargo planteado en el carácter de subsidiario, por errores de hecho por  falsos  juicios  de  identidad,  pues  las  imprecisiones que el casacionista le  atribuye  al tribunal en la determinación de número de créditos que le fueron  realmente  otorgados  a  los  terceros favorecidos y su valor, nada tuvieron que  ver  con  las  conclusiones  sobre  la  existencia  del dolo, como claramente lo  muestran  las  transcripciones  que  atrás  se  hicieron de los apartados de la  sentencia donde se analizó este aspecto.   

Los  únicos valores que el tribunal citó en  este   estudio   fueron   los  correspondientes  a  los  créditos  otorgados  a  INGELECTRIC  DE LA COSTA, para indicar que a su representante legal, además del  sobregiro,  le  autorizó  dos  créditos.  Pero  independientemente  de  si las  operaciones  realizadas  adicionalmente  fueron  dos  o una, lo cierto es que la  afirmación  que  allí  se  hace  en  el sentido de que uno de sus socios de la  referida   firma  tenía  reportes  por  morosidad  e  incumplimientos,  que  la  procesada  conocía,  no  cambia  ni  se  desvirtúa  por  el  hecho  de que los  desembolsos   irregularmente   autorizados  no  hubiesen  sido  tres  sino  dos.   

El otro error de identidad que el casacionista  denuncia,   consistente   en  que  el  tribunal  puso  en  boca  de  la  acusada  afirmaciones  que  no hizo en su indagatoria, realmente no existió, pues aunque  la  forma como quedó redactado el párrafo permite ambigüedades en su lectura,  del  contexto  de  la argumentación se establece que los reproches que allí se  le  hacen  a  la acusada de haber defraudado la confianza depositada en ella por  el  banco,  corresponden  a  conclusiones del tribunal, que deriva del análisis  conjunto que hace de la prueba.   

El  argumento  postrero  que  el casacionista  expone,  donde sostiene que los pagos parciales realizados por los beneficiarios  de  los  créditos  permiten  inferir que fueron otorgados con la convicción de  que  serían  cubiertos,  y  que  esto  elimina  el dolo en la conducta, resulta  deleznable,  porque los abonos efectuados fueron realmente mínimos, y porque lo  que  se  le  censura  a  la acusada es haber propiciado la apropiación de estos  dineros  en  forma  consciente,  lo cual no se descarta porque los beneficiarios  hubiesen decidido no apropiarse de la totalidad de los créditos.   

Adicionalmente  a  lo  que  se deja dicho, la  Corte  no  advierte  que  las  argumentaciones  plasmadas  por  el tribunal para  afirmar  la existencia del dolo contraríen las reglas de la sana crítica, pues  si  la  acusada,  como  lo  declararon  los fallos, incluido el de primer grado,  tenía  conocimiento  de  las  inconsistencias  de los soportes documentales que  sustentaban   las  operaciones  cuestionadas,  de  los  conceptos  desfavorables  emitidos  en  el  estudio  de  algunos de los créditos  otorgados y de los  reportes  por  deudas  e  incumplimientos de los beneficiarios, era obvio prever  que  estos  dineros  no  regresarían  a  las  arcas  del  banco, como en efecto  ocurrió,  y  que  esta  situación  era  también  conocida  por  la procesada.   

Dicientes   son,   paradójicamente,   los  argumentos  que  le  sirven  al  juez  de primera instancia para fundamentar sus  conclusiones  sobre  la  existencia  de  un proceder culposo, de cuyo contenido,  como  pasa  a verse, lejos de evidenciarse una accionar meramente negligente, lo  que  se  revela  es un comportamiento abiertamente doloso, si no directo, cuando  menos de carácter eventual,   

“Es  indudable  que  la  imputada  tenía  conocimiento  de  las inconsistencias documentales para conceder sobregiros y de  los  conceptos  desfavorables emitidos en el estudio de algunos créditos por el  abogado  externo  de  la  entidad  bancaria,  aspecto  que superaba el margen de  probabilidades  o  de riesgo normal de la actividad crediticia; como también la  posibilidad real de recuperar los dineros entregados”.    

En  síntesis,  la Corte no encuentra que los  cargos  presentados  por el casacionista contra la sentencia impugnada tengan la  consistencia  requerida  para  abrir  a  trámite  el  recurso  con  miras a una  eventual  casación.  Por  tanto,  se  inadmitirá  la  demanda  y  se ordenará  devolver  el  expediente a la oficina de origen, previo ejercicio de la facultad  de  intervención oficiosa consagrada en el artículo 216 de la Ley 600 de 2000,  con  el  fin  de salvaguardar los principios de legalidad de la pena y el debido  proceso, vulnerados por los juzgadores de instancia.   

Casación      oficiosa.   

El  artículo  133  del  Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  19  de  la Ley 190 de 1995, prevé como sanción para quien  actualice  su  descripción  típica,  prisión de seis (6) a quince (15) años,  multa equivalente al valor de lo apropiado,  e  interdicción  de derechos y funciones públicas dentro de los  mismos  lapsos de la pena privativa de la libertad. Esta pena se disminuye de la  mitad  (1/2)  a las tres cuartas (3/4) partes cuando el valor de lo apropiado no  supera los cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales.   

El   tribunal   condenó   a   María    Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez   a  las  penas  de  siete  (7)  años  de  prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  y  multa por valor  de   $70’700.000,   en   condición   de   autora  responsable  del  delito de peculado por apropiación a  favor  de  terceros,  cometido  en concurso homogéneo  sucesivo,  por  los  sobregiros y créditos otorgados a INGELECTRIC DE LA COSTA,  GUILLERMO  BOTERO  LOPEZ, YOLANDA PARDO DE CASTILLO, LOURDES MONSALVO URUEÑAS y  LIDYS VEGA VELAIDEZ, en las siguientes cuantías:   

INGELECTRIC DE LA COSTA: sobregiro por ……$  8’300.000.    

GUILLERMO    BOTERO    LOPEZ:    crédito  por………$11’800.000   

GUILLERMO   BOTERO   LOPEZ:   crédito  por  ……..$14’500.000   

YOLANDA  PARDO  DE  CASTILLO:  crédito  por  …$11’100.000   

LOURDES   MONSALVO   URUEÑAS:   crédito  por…$15’000.000   

LIDYS     VEGA    VELAIDEZ:    crédito  por……………        $10’000.000   

TOTAL………………………………………………$70’700.000   

Este monto comprende cifras equivocadas, pues  en  unos  casos,  como  lo  anota  el casacionista en la demanda, se imputan dos  créditos  siendo  solo  uno,  y en otros los valores que se reportan como sumas  apropiadas  corresponden  al  valor  de  los  créditos otorgados y no al de los  dineros  realmente  impagados,  que  son  los  que  deben tenerse en cuenta para  determinar  la cuantía de los ilícitos, los cuales aparecen registradas en los  estados  de  cuenta  y  en  las tarjetas de control de vencimientos allegados al  proceso7, así:    

INGELECTRIC DE LA COSTA: ………….$   8’320.792.64    

GUILLERMO   BOTERO   LOPEZ:……………  $11’798.266.00   

YOLANDA  PARDO DE CASTILLO: …..    $                 9’778.513.00   

LOURDES   MONSALVO   URUEÑAS:……$   9’500.000.00   

LIDYS        VEGA       VELAIDEZ:  ……………….$        5’487.239.00   

TOTAL……………………………………$44’884.810.64   

Este sería, en principio, el valor en el cual  debió  haberse  tasado  la  multa.  Pero como se trata de un concurso de hechos  punibles,  en donde algunos  no superan la cuantía de 50 salarios mínimos  legales  mensuales,  debe  aplicarse  en  relación con ellos el descuento de la  mitad  (1/2)  a  las tres cuartas (3/4) partes previsto en el inciso segundo del  artículo  133  del  Decreto  100  de 1980, conforme lo ha dejado establecido la  jurisprudencia en decisiones recientes,   

“Ahora bien, en  lo  que  concierne  a  la  sanción  pecuniaria  por  el  delito de peculado  por  apropiación,  la Sala, a  partir  de  la  sentencia  de  30  de  enero de 20088,  precisó  que  la  pena  de  multa  que  figura  en el artículo 133 del anterior Código Penal no siempre es  de  naturaleza  invariable  ni  equivale  en  todos  los  casos  al  valor de lo  apropiado,  como  se  había  sostenido  en una línea jurisprudencial anterior,  pues  el  descuento  de  que  trata  el  inciso 2º ibídem (es decir, cuando la  cuantía  de  lo  apropiado  sea  inferior a los cincuenta salarios mínimos) es  procedente  tanto  para  la  sanción  privativa  de  la  libertad  como para la  pecuniaria,  de  manera  que  en  este  último  evento  las  proporciones allí  indicadas  (de la mitad a las tres cuartas partes) deberán reconocerse respecto  del    monto    de    lo    apropiado”.9   

Los  hechos  que  se  le imputan a la señora  María   Luz   del   Socorro   Bustamante   Sánchez  ocurrieron  en  los  años  1997  y  1998.  En 1997 el  salario   mínimo   ascendía  a  $172.005  y  en  1998  a  $203.82610.    Por  consiguiente,   cincuenta   (50)   salarios   mínimos   para  1997  equivalían  $8’600.250  y para 1998 a  $10’191.300. Confrontadas  estas  sumas  con las cuantías de los hechos sucedidos en 1997 y 1998, a fin de  establecer cuáles de ellos superan estos límites, se tiene:   

   

1997                CINCUENTA     SALARIOS:      $8’600.250   

LIDYS  VEGA  VELAIDEZ…………………$  5’487.239                  

GUILLERMO           BOTERO  LOPEZ…………..$11’798.266   

1998                  CINCUENTA       SALARIOS:      $10’191.300   

INGELECTRIC        DE       LA  COSTA……………$8’320.792.64   

YOLANDA         PRADO        DE  CASTILLO……….$9’778.513.00   

LOURDES     MONSALVO    URUEÑAS…….  ..$9’500.000.00   

Lo  anterior  muestra  que con excepción del  hecho  relacionado con el crédito otorgado a GUILLERMO BOTERO LOPEZ, que supera  los  cincuenta  (50) salarios mínimos legales mensuales vigentes, los restantes  se  hacen  acreedores  a  la  rebaja  de la mitad (1/2) a las tres cuartas (3/4)  partes   prevista en el inciso segundo del artículo 133 del Decreto 100 de  1980,   la   cual,   aplicada   en  su  máximo,  atendiendo  los  criterios  de  dosificación  tenidos  en  cuenta  por  los juzgadores de instancia, arroja los  siguientes resultados:   

INGELECTRIC  DE  LA  COSTA:  ………….$  2’080.198.16    

YOLANDA PARDO DE CASTILLO: …..   $  2’444.628.25   

LOURDES   MONSALVO   URUEÑAS:……$   2’375.000.00   

LIDYS        VEGA       VELAIDEZ:  ……………….$        1’371.809.75   

Sumados  estos  montos  con el de los valores  apropiados  en  el  caso  de  GUILLERMO  BOTERO  LOPEZ,  que como ya se indicó,  corresponde  a $11’798.266,  se    obtiene    un    total    de    $20’069.902.16,  que  viene a constituir la pena de multa que debió aplicarse a la procesada, de  acuerdo  con  las  directrices  trazadas  por  la  jurisprudencia reciente y las  previsiones  contenidas  en  los artículos 39 numeral 4° y 61 de la Ley 600 de  2000.   

Con  el  fin,  entonces,  de  salvaguardar el  principio  de  legalidad  de  la  pena,  la  Corte,  en ejercicio de la facultad  oficiosa  prevista  en  el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, fijará el valor  de    la    pena    de   multa   en   $20’069.902.16.        También  modificará  la  condena al pago de perjuicios materiales,  para  fijarlos  en  el  monto  de los valores realmente apropiados, es decir, en  $44’884.810.64.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de María Luz del Socorro  Bustamante Sánchez.    

2. Casar parcialmente, de oficio, la sentencia  impugnada,    para    fijar    la    pena    de    multa    en   $20’069.902.16   y  la  condena  por  daños    y    perjuicios    en   $44’884.810.64.   

En   lo   demás,   el  fallo  se  mantiene  inmodificable.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.    

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

Comisión    de    servicio                                                                                           Permiso   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                             

                                    

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  49-58  y  174-183  del  cuaderno  1,  108-121  del  cuaderno 2, 4-30 del  cuaderno de la Delegada.   

2  Folios 105-118 ibídem.   

3  Folios 12-44 del cuaderno del tribunal.   

4 Esta  caracterización  es  destacada  por  la doctrina. Friedrich Stein en su obra El  Conocimiento  Privado  del  Juez,  por  ejemplo, sostiene: “las máximas de la  experiencia  carecen  también,  como todas las proposiciones obtenidas mediante  el  audaz  salto  de  la inducción, de aquella certeza lógica. No son más que  valores  aproximativos  respecto  de  la  verdad,  y  como  tales,  sólo tienen  vigencia  en  la  medida  en  que  nuevos  casos  observados  no muestren que la  formulación  de  la  regla  empleada  hasta  entonces  es falsa”. También la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  resaltado esta particularidad: La regla de la  experiencia      entendida     como     “juicios  hipotéticos  de  carácter general, que formulados a  partir  del  acontecer  humano, le permiten al juez determinar los alcances y la  eficacia  de  las  pruebas  allegadas  al  proceso”. (Casación 19565 de 29 de  octubre  de  2003.  En  sentido similar, casación 17712 de 21 de julio de 2004,  entre otras).    

5 Los  silogismos  entimemáticos son aquellos en los cuales parte de sus contenidos no  son enunciados con explicitud, pero se dan por entendidos.   

6  Páginas 21 y 22 del fallo.   

7  Folios  65-65,  83  vuelto, 101, 104, 175 del anexo No.6. Pertinente es precisar  que  los  mismos datos, pero en cifras aproximadas al múltiplo de cien mil más  cercano,  aparecen  consignados  en  el informe  de la contraloría interna  del Banco que sirvió de fundamento a la denuncia.   

8  Radicación 25818.   

9  C.S.J., Segunda Instancia 32053, sentencia de 12 de agosto de 2009.   

10  Decretos 2334/96 y 3106/97, respectivamente.     

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