31501(16-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 31501  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 295   

Bogotá  D.C., septiembre dieciséis (16) de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado   ARMANDO  SÁENZ  MOLINA.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Pasada la  una  de la tarde del 25 de marzo de 2003, frente al número 5-29 de la calle 9ª  de  Guamo  (Tolima),  la señora María de Jesús Quintero de Méndez, vendedora  ambulante  de chance con 55 años de edad, encontrándose sobre el separador fue  atropellada  por  el  campero  Trooper  de placas MDK 753, conducido por ARMANDO  SÁENZ  MOLINA. A causa del impacto, que le produjo un shock anémico secundario  a la ruptura de la vena cava inferior, falleció en el lugar.   

2.  Al proceso, que  se  inició  el  28  de marzo de 2003, fue vinculado a través de indagatoria el  mencionado,  a quien la Fiscalía acusó por la conducta de homicidio culposo el  4  de  mayo de 2004. En segunda instancia, al decidirse el recurso de apelación  interpuesto  por  la  defensa,  se  confirmó en su integridad dicha resolución  mediante providencia del 29 de junio de 2005.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  1º  de agosto de 2006 el Juzgado  Penal del Circuito de Guamo  lo  condenó  a  24  meses  de  prisión,  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término, multa equivalente a 20  salarios   mínimos   legales  mensuales  y  prohibición  en  el  ejercicio  de  conducción  de  vehículos automotores y motocicletas durante 3 años. También  a  pagarles  a  las  personas  reconocidas  como  parte  civil  en el proceso el  equivalente   a  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  en  razón  de  los  perjuicios  morales  causados  con  la  infracción  y 40 correspondientes a los  daños  materiales.  Finalmente, por 2 años fijados como período de prueba, se  determinó   suspenderle   la   ejecución   de   la   pena   privativa   de  la  libertad.   

4.  El  defensor  apeló  ese pronunciamiento y el Tribunal Superior de Ibagué, por intermedio de  la  sentencia  recurrida   en casación, expedida el 23 de octubre de 2008,  le impartió confirmación.   

LA DEMANDA:  

Para cumplir con las finalidades de unificar  la  jurisprudencia  nacional,  realizar  el  derecho  material y de proteger los  derechos    fundamentales,    plantea    el    casacionista    los    siguientes  reproches:   

Primero.  

1. La sentencia no  está  en consonancia con los cargos formulados en la resolución de acusación.  En  ninguno  de  los  apartes de ésta la Fiscalía precisó si el homicidio fue  por  impericia,  imprudencia,  negligencia  o  transgresión  de  las  normas de  tránsito.   

Confundió   allí  el  instructor  varias  modalidades  de  la  culpa.  Señaló  primero  que el accidente obedeció a una  causa  externa  del  automotor:  falta de revisión o mantenimiento, con lo cual  habría  afirmado  imprudencia.  A  renglón  seguido, no obstante, arguyó como  fuente  del  mismo  “la  falta de concentración del  conductor”, es decir, negligencia.   

Era fundamental para garantizar el derecho de  defensa  definir  la  clase  de  culpa  atribuida al sindicado. Así estaría su  procurador   judicial   en   posibilidad   de  orientar  el  caso  adecuadamente  “allegando    o    controvirtiendo    la    prueba  pertinente”.   

Era          “imprescindible”  que  el  Fiscal hiciera  referencia,  al  menos  somera,  “a  algunas  de las  principales  explicaciones teóricas sobre la culpa”,  a  la “previsibilidad” que  la    define,    a    “la   imprevisión   de   lo  previsible”   o  a  “la  previsión  con la confianza de evitar el resultado”;  igualmente  a  la  tesis  del  error “que entiende la  culpa  en  la  que nada se calcula” y, por último, a  “la violación del deber objetivo de cuidado, que no  logra  explicar  el  fenómeno  de  la  impericia,  en la que puede existir sumo  cuidado  pero  desvalor de la acción por virtud de la inexperiencia”.   

2.  Pese  a  esas  omisiones  en  el  pliego de cargos, conforme a lo expuesto por SÁENZ MOLINA en  la  indagatoria  se  concluye “que no nos encontramos  frente  a  la  culpa  sin  previsión”.  Con  tiempo  –según  dijo—  marchó  hacia su trabajo, iba como a  25    kilómetros    por    hora,    de    pronto   el   carro   “traqueo”,     lo     “tiró”  hacia  la  izquierda, perdió el  control, subió al separador y el vehículo se apagó.   

“Esta afirmación  es  importante  y  tiene  su  trascendencia  por  cuanto  elimina  de un tajo la  presunción  o  conjetura  que  hizo  el señor Fiscal al tratar de encuadrar el  deber  objetivo  de  cuidado en la resolución de acusación, es decir, eliminó  la      presunta      negligencia     enrostrada     al     procesado”.   

Acusación  y  sentencia, pues, no están en  consonancia.  Mientras  en  la primera no se determinó la modalidad culposa, en  la  segunda  se  advierte  acerca  de  la  existencia de elementos demostrativos  –no  relacionados—  de  que  el  suceso  fue  la  consecuencia de circunstancias distintas a las expuestas por el  inculpado.  Para  el  fallador,  al  perder  el  conductor  el  dominio sobre el  vehículo  “realizó  una  maniobra  equivocada y no  utilizó  en forma oportuna otros dispositivos para evitar el accidente, como el  uso  de  los  frenos”. No especificó el funcionario,  sin     embargo,     cuáles     fundamentos     probatorios     respaldan    su  conclusión.   

SÁENZ MOLINA, de acuerdo con su exposición  no  desmentida,  cuenta  con experiencia suficiente para manejar carros. Tomando  en  consideración  el  tiempo  del  campero  en  su  poder y con sustento en lo  asegurado  por  su  mecánico  de  confianza,  tenía  pericia  suficiente  para  operarlo  y  sortear  un imprevisto: “…sólo que en  esta  ocasión,  la  misma  fuerza  de  la máquina le imposibilitó ejecutar no  sólo  las  maniobras  echadas  de menos por el juzgador, sino otras, quizás de  mayor trascendencia”.   

La  afirmación  del  a  quo quedó en meras  especulaciones.  Sencillamente  porque  en  el  proceso no se decretó la prueba  técnica  pertinente “con el fin de determinar que el  sistema  de  frenos  no  sufrió  desperfecto  alguno  a  pesar que (sic)  la  dirección  resultó totalmente  averiada,  al  menos  el  señor  perito no hizo ninguna alusión respecto a los  desperfectos  que  hubiera tenido el sistema de frenado, ni mucho menos examinó  técnicamente ese mecanismo”.   

3.     Hay  incongruencia,  entonces,  porque  el  Fiscal  imputó  la conducta a título de  culpa,  aduciendo  como  causa  del  accidente  bloqueo  de  la  dirección  del  automotor,  generado  en  falta  de  mantenimiento; y el juez de primer grado lo  atribuyó  a  una  maniobra  equivocada del conductor, que no usó oportunamente  otros   dispositivos   para  evitarlo,  como  la  utilización  de  los  frenos.   

La  defensa,  por  su parte, ha vinculado el  suceso   a  caso  fortuito:  “se  desprende  que  el  procesado  ni  siquiera  tuvo  otra alternativa para escoger entre la vida de la  interfecta  y  la  de  él,  simplemente  el  vehículo conforme a la masa de su  desplazamiento  y  ante  la  falta de control del mismo por parte del conductor,  vino  a  estrellarse  contra  un  árbol,  con el infortunio de que junto a este  árbol  se encontraba fatalmente la occisa, persona a la que nunca pudo observar  el  procesado,  y  que  vino  a percatarse de la misma, una vez que se apeó del  automotor  y  pudo  avizorarla,  de  suerte  que  por  tal  conducta  no  podía  condenársele,  en  la  medida en que al derecho penal le está impedido esperar  actos heroicos de los hombres”.   

Ante casos así, enseña la experiencia, una  persona  competente  para el manejo de carros no tiene manera alterna de detener  el  vehículo.  Posiblemente  en  otros  eventos  el freno sirva para contenerlo  luego  de  perder  el  control.  En  otras  el manejo de la caja. Cada caso, por  tanto,  debe analizarse individualmente y no se puede caer en conjeturas como lo  hizo el fallador.   

“La falta de deber  de  cuidado  enunciado  de manera tangencial por el señor Fiscal, fue eliminada  por  el  a  quo,  ya  que  de  acuerdo con sus afirmaciones del fallo de primera  instancia,  indica  que  el  procesado se hizo responsable por negligencia, y el  fallo  del  que  se  solicita  la  correspondiente casación alude a la falta de  pericia del conductor”.   

Así las cosas, ante el desacuerdo entre una  providencia  y  otra,  debe  prosperar la censura “no  decretando   la   nulidad  de  la  actuación”  sino  reformulándose   “la  correspondiente  adecuación  típica,  dejando  en consonancia el fallo conforme a las consideraciones hechas  por    el    señor    Fiscal    en    la    respectiva   acusación”.   

Segundo.  

La  sentencia se dictó en un juicio viciado  de nulidad por violación del derecho de defensa.   

En  la  indagatoria  se omitió imputarle al  implicado  el delito de homicidio culposo, incumpliéndose así el artículo 338  de  la  Ley  600  de 2000, inciso 3º. El interrogatorio al cual se le sometió,  además,  se  orientó  a demostrar su responsabilidad penal, sin concretarse en  ningún   momento   cuál  fue  el  deber  objetivo  de  cuidado  que  dejó  de  observar.   

Esa falencia contribuyó a que el Fiscal y el  Juez   sustentaran   sus  decisiones  en  “criterios  personales”,  aventurando hipótesis no confrontadas  con  las  pruebas  y  “desechando  por  completo  el  análisis    del    caso    fortuito    alegado   por   la   defensa”.   

El  vicio  denunciado  afecta  el  acto  de  vinculación  procesal y con ello los derechos de defensa y contradicción. Y si  bien   es   cierto   que   la   investigación   siempre  giró  “en    torno    a    la   imputación   del   delito   de   homicidio  culposo”,  éste  no solamente tiene “unas  circunstancias de agravación” sino  que  resultaba  imprescindible  delimitar  el grado de culpa a fin de evitar las  controversias  ocurridas  en  la  actuación  alrededor  de  no  saberse  si  el  procesado respondería por imprudencia, negligencia o impericia.   

Casar  la  sentencia impugnada y declarar la  nulidad  de  toda  la actuación es, pues, la solicitud que el censor presenta a  la Sala.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. El inciso 1º del  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000, el cual rige el  presente  caso,  establece  como requisitos para acceder a la casación por vía  ordinaria  que  la  pena  máxima  fijada  para  la  conducta punible objeto del  proceso  sea  de  más de 8 años y que la sentencia la haya dictado un Tribunal  Superior de Distrito o el Tribunal Penal Militar.   

Si bien es cierto que en este caso el último  se  encuentra  concurrente  es  manifiesto que el primero no: el delito imputado  fue  el  de  homicidio culposo contemplado en el artículo 109 del Código Penal  de   2000,  sancionado  con  pena  de  prisión  de  2  a  6  años.     

Quedaba  la  posibilidad, no obstante, de la  casación  excepcional, pero en ningún momento la invocó la recurrente y mucho  menos  presentó –en escrito  separado   o   en   la  propia  demanda—  los argumentos orientados a persuadir a la Corte de que el caso es  necesario  para  el  desarrollo  de la jurisprudencia o para la garantía de los  derechos  fundamentales,  que  son  los  motivos  legales  de procedencia de esa  modalidad  de casación, en concordancia con el último inciso del artículo 205  citado.   

Del contenido del libelo, además, tampoco se  deriva la acreditación de alguna de esas circunstancias.   

2.   En  el  primer  cargo  el  impugnante  no  sólo  olvidó acreditar la lesión al debido  proceso  denunciada,  esto  es,  no  estar  la  sentencia en consonancia con los  cargos  formulados  en  la  resolución  de acusación, sino que dejó traslucir  como   real  inconformidad  su  descontento  con  el  análisis  probatorio  del  juzgador,  particularmente  por  descartar  la tesis defensiva del caso fortuito  como origen del hecho.   

Esa  causal  de  casación,  prevista  en el  numeral  2º  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, tiene que ver con la  estructura  conceptual y jurídica del proceso y se presenta, según ha dicho la  Sala,  cuando el juzgador al  dictar  la  sentencia desborda el marco fáctico fijado por el enjuiciamiento, o  condena  por  una especie delictiva distinta de la que fue objeto de acusación,  o  incluye  circunstancias  de  agravación  no deducidas en el calificatorio, o  desconoce  las  atenuantes que allí se reconocieron, o deja de considerar uno o  varios  delitos  sobre  los  que  debió  pronunciarse,  entre  otras hipótesis  susceptibles de ocurrir.   

Ajustar  el  fallo  a  la acusación es, por  tanto,  el  fin  que  se  persigue  al  postularla,  lo  cual  implica  para  el  casacionista  aceptar  válida  la imputación hecha en el pliego de cargos y la  responsabilidad del procesado respecto de ella.   

Bajo  dicha  lógica carecería de interés  para  recurrir  el  demandante  en  el  presente  asunto.  Simplemente porque su  aspiración  sería,  como de hecho lo terminó planteando, conseguir la condena  de  su  procurado  por  homicidio  culposo  derivado  de  negligencia  y  no  de  impericia, lo cual no le acarrearía ninguna ventaja o beneficio.   

Con  independencia de lo anterior, de todas  formas,  no  comprobó  ningún  tipo  de inconsonancia. No acreditó, en primer  lugar,  falta  de  correspondencia entre los hechos. En segundo, dejó claro que  la   calificación  jurídica  de  ellos  fue  homicidio  culposo  tanto  en  la  resolución de acusación como en la sentencia.   

Si el instructor, según lo expresado en el  libelo,  asoció  el  accidente  a  falta  de  mantenimiento  del vehículo y de  concentración  del  conductor,  la  consideración del a quo de que tras perder  éste   el  control  del  automotor  maniobró  equivocadamente  y  no  utilizó  oportunamente  otros  dispositivos  para evitar el resultado, como el uso de los  frenos,  es  una  conclusión  que en manera alguna desborda aquéllos términos  sino los comprende.   

La   proposición   en  lo  fáctico,  en  consecuencia,   no   proyecta   ninguna   perspectiva  de  lesión  del  derecho  fundamental  al  debido  proceso  derivado  de  condenar al acusado en razón de  circunstancias  no  imputadas en la resolución de acusación. Y en lo jurídico  tampoco  porque  al ceñirse el debate en las instancias a los mismos supuestos,  la  situación de haber el Juez de la causa optado por una modalidad de la culpa  y  el  ad  quem  por  otra,  surgidas  ambas  de hechos tenidos en cuenta por la  Fiscalía   en   la   acusación,   en   manera  alguna  traduce  un  evento  de  incongruencia.   

No consiste ella, en efecto, en la falta de  correspondencia  entre  los  fallos  de  instancia,  ni  se  presenta  cuando la  sentencia  se  apoya  en razones distintas a las de la acusación o se carece de  identidad   entre   las   apreciaciones   probatorias   del   instructor   y  el  juzgador1.   

La  censura,  entonces, aún dispensando la  ausencia  del  requisito  legal aludido en el punto 1 de esta determinación, no  satisface  el requisito de claridad y precisión en su presentación contemplado  en el artículo 212-3 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

Al   tiempo  que  el  impugnante  omitió  demostrar   la   violación   del  debido  proceso,  mezcló  indebidamente  sin  desarrollo  satisfactorio  otros  ataques  cuya  formulación tenía que hacerse  separada. Se refiere la Sala, en concreto, a tres:   

i)  Lesión  al  derecho  de defensa por no  definir  en  el  llamamiento a juicio la modalidad de la responsabilidad culposa  atribuida   al  sindicado,  lo  cual  impidió  una  orientación  adecuada  del  caso.    

Aparte  de  no  señalar  qué pruebas pudo  haber   allegado   o  qué  controversia  distinta  intentado,  ni  definir  las  dificultades   específicas   en   el   juicio  como  resultado  del  error  que  imposibilitaron  el  ejercicio  cabal  de  la  garantía, resulta sin sentido la  objeción  luego  de  evocar  unos  renglones  antes  la  confusión  en la cual  incurrió  el  Fiscal  al aludir tácitamente a la imprudencia y negligencia del  inculpado como causas del accidente.   

ii)  Descalificación  de  la  apreciación  probatoria del juzgador.   

La  realiza  sin  asociarla  a  un error de  juicio  trascendente, de hecho o de derecho. Es decir, contraponiendo su lectura  de   las  pruebas  a  la  realizada  en  el  fallo,  olvidando  que  el  recurso  extraordinario   de  casación  no  es  tercera  instancia  del  proceso  penal.  Y,   

iii)     Omisión     de    practicar  pruebas.   

Esa falta debía vincularla a la lesión del  principio  de investigación integral. Pero además de no hacerlo así, declinó  comprobar  el  letrado,  como  lo  imponía  la afirmación, por qué allegar el  dictamen  echado de menos habría significado una sentencia distinta y favorable  a su representado.   

3.  La nulidad por  violación  del  derecho  de  defensa  referida en el segundo cargo no cambia el  panorama.  Simple  y  llanamente  no  imputar  jurídicamente  unos hechos en la  indagatoria,  es  una  omisión  por  sí  misma  insuficiente para considerarla  irregularidad sustancial con efectos invalidantes del trámite.   

La  Sala  ha  considerado  que  el  mandato  contenido  en  el  inciso  3º del artículo 338 de la Ley 600 de 2000 tiene por  objeto  enterar  de  manera  clara  y  precisa al imputado de los cargos por los  cuales  se  le  vincula   a  la  investigación, para que pueda explicar su  conducta  y  encaminar  su  actividad  defensiva. Por ende, si pese al olvido de  obedecer  la  fórmula  legal el implicado estuvo al tanto de los hechos por los  cuales  se  le  acusa  y condena, y del conocimiento adquirido ausente cualquier  tipo  de  desfiguración,  la incidencia negativa en el ejercicio del derecho de  defensa es inexistente.   

Tal  es  la  razón para que una alegación  ligada  al  tema  en  casación incluya la obligación de demostrarle a la Corte  las  razones  por  las  cuales  la  omisión obstaculizó el uso de la garantía  fundamental  al  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal.  Y  es  la  carga aquí  desatendida  por  el  recurrente,  que se limitó a señalar la ocurrencia de la  omisión sin agregar las explicaciones aludidas.   

La  Sala,  de todas formas, ha examinado el  contenido  de la indagatoria y no encuentra, pese a ser cierta la no atribución  jurídica  de  la  conducta, que el derecho de defensa haya sido afectado por el  descuido,  como  para  dejar  de  lado  las deficiencias del cargo y proceder de  oficio al correctivo pertinente.   

Como  una  vez  revisado  lo restante de la  actuación   tampoco   se  evidencia  quebrantamiento  alguno  de  los  derechos  fundamentales  de  los  sujetos  procesales,  no  cabe  la  superación  de  las  falencias  advertidas  para  casar  el fallo en desarrollo de la facultad que la  ley  le  asigna  a  la  Corte en la parte final del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal de 2000.   

Así,    pues,    se   inadmitirá   la  demanda.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ARMANDO SÁENZ  MOLINA.   

        Contra  la  presente decisión, que queda ejecutoriada con su firma,  no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                      SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO         MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS         

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                                   JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  .  Cfr.  Sentencia  de  única  instancia del 3 de noviembre de 1999. Gaceta 2.502,  volumen III.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *