31486(16-09-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31486  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.     JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  295           

Bogotá,  D.C.,  dieciséis de septiembre de  dos mil nueve   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal   de   la   demanda   de   revisión   presentada  por  el  defensor  del  sentenciado   AUGUSTO  DE  JESÚS  MIRA  VÁSQUEZ,  contra el fallo de   segunda   instancia   proferido  el  29   de   julio    de   2004   por   una  Sala  de decisión del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de   Medellín,   mediante   el   cual  se  condenó  al    accionante  a  36     meses  de  prisión como consecuencia de  hallarlo     penalmente     responsable     del     delito    de    peculado por apropiación.   

HECHOS  

La  cuestión  fáctica  fue  declarada  por  el  ad  quem  de la manera  siguiente:   

“Se desprende de  los  presentes  infolios  que  a raíz de la denuncia penal formulada por el Dr.  Adolfo  León  Palacios  Sánchez,  Secretario  de Servicios Administrativos del  Municipio  de  Medellín  ante  la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía  General  de la Nación, Seccional Medellín se puso en  conocimiento  de  las autoridades las graves irregularidades y anomalías que se  venían  presentando en la ejecución del contrato de suministros suscrito entre  la  Secretaría  de Obras Públicas y la Empresa Internacional de Llantas y como  el  ingeniero  Augusto Mira Vásquez había reclamado sin autorización al menos  veinticinco  (25) llantas,  las  cuales  habían  sido transportadas en un carro particular hasta una bodega  privada  en  el  vecino municipio de Copacabana y no habían sido remarcadas con  los  códigos del Municipio como es costumbre; así mismo se pudo establecer que  días  antes  la  persona  en  cuestión  había  reclamado  igualmente ocho (8)  llantas,  esta  vez,  en  un  vehículo  del Municipio, cuyo conductor el señor  José  Aldemar  Aguirre Marín manifestó al ser interrogado por las autoridades  municipales  que  las  había  llevado  hasta  la  residencia del ingeniero Mira  Vásquez,  en  el  barrio Belén Malibú; posteriormente y al enterarse de   las  indagaciones  que  se  adelantaban  para  dar  con  el  paradero  de dichos  elementos,  el  ingeniero Mira Vásquez se presentó con las llantas a la bodega  del  Bosque en donde intentó infructuosamente almacenarlas dado que carecía de  autorización  para ello, pues normalmente debían ser guardadas en la bodega de  Iguana  en donde reposaban  las restantes que hacían parte del contrato”.   

          La demanda.   

Con  apoyo en la causal tercera, el defensor  del    sentenciado    AUGUSTO    DE   JESÚS   MIRA  VÁSQUEZ  solicita  la  revisión  de  la  sentencia  proferida por el Tribunal.   

Pretende    fundamentar    su  petición  en  sostener que “cuando  por  razón  del  cargo  el  empleado  oficial  maneja  bienes  muebles o fondos  públicos,    Nacionales,    Departamentales   o   Municipales,   es   requisito  indispensable  el  arqueo de dichos bienes o fondos para deducir cualquier clase  de  irregularidad.  Esta  premisa fundamental, es una presunción de derecho que  no admite prueba en contrario”.   

En el caso de su asistido, dice, respecto del  contrato  924  de 2002 para el suministro de llantas, neumáticos y protectores,  hubo  total  ausencia  de  prueba  documental,  al  punto  que  no  se practicó  diligencia  de  arqueo,  no  se  hizo un inventario,  ni se allegaron documentos sobre la existencia física  de  tales  bienes,  pues  el fiscal instructor se limitó a recibir una denuncia  por  peculado,  así como 52  declaraciones,     entre     ellas    la   rendida   por   Héctor   Muñoz   Giraldo,  con  la   cual,   según  el  libelista,  se  “demuestra   que  jamás  hubo apropiación de  llantas,  con  el  animus de beneficio personal y con detrimento patrimonial con  el   Municipio   de  Medellín.  Siempre  se  deduce  que  estaban  guardadas  y  custodiadas  mientras se llevaban a la bodega oficial, sin desconocer jamás que  el     propietario     era     el    Municipio    de    Medellín”.   

Anota  que con base en la prueba testimonial  recaudada  la  Fiscalía  profirió  resolución  de  acusación,  sin  allegar  prueba documental de la que se pudiera estructurar el  delito   de   peculado,   pues,   en   opinión  del  demandante,   dicha   conducta   jamás   puede  ser  tipificada    con    base    en    prueba    testimonial,   menos   cuando es de oídas.   

En  tal  sentido  insiste  en  sostener  que  “el delito de peculado por apropiación para que se  configure,   se   requiere   como  condictio   sine   qua   non,   el   elemento  estructural,  real  palpable  y  físico,  que  no  deje  la  menor  duda  de la  diligencia  de  arqueo  de  bienes-inventario  de bienes y documentos-existencia  física-  al  contrato  924  de 2002, celebrado entre el Municipio de Medellín,  Secretaría  de  Obras  Públicas y el contratista Internacional de Llantas S.A.  para   el   suministro  de  llantas,  neumáticos  y  protectores”.   

En este caso, “ni  la  Fiscalía  52  Delegada  ante los Jueces Penales del Circuito, ni el Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito,  ni  mucho  menos  el  Tribunal, tuvieron la prueba  legal,   regular y oportunamente allegada a la actuación de los documentos  de     arqueo     de     bienes     –inventario  de  bienes  y  documentos  y  existencia  física-, que  condujera  a  la  certeza  de  la  conducta  punible y de la responsabilidad del  procesado,  de  apropiación  de  llantas,  neumáticos y protectores objeto del  contrato”,  tampoco ordenaron peritación para este  efecto, y denegaron la práctica de inspección judicial.   

“No     hay    duda    –dice-  que si se hubiera conocido y  tenido  en  cuenta  esta  prueba  documental  de arqueo de bienes, inventario de  bienes  y  documentos  y  existencia física, otro hubiera sido el resultado del  proceso”,     pues,    según    sostiene,  “nunca    faltaron    llantas,   neumáticos   y  protectores,      en     el     contrato     924     del     2002”,  toda vez  que se trató de un contrato de tracto sucesivo.   

         

Adjunta   el   poder  en  cuyo  ejercicio  actúa, fotocopia de los  fallos  de primera y segunda instancia y, además, de  algunos                 documentos     y     comunicaciones  relacionadas  con  el  contrato  924  de  2002,  entre  los  que  se destacan el  oficio     del     interventor    Augusto    Mira  Vásquez  con fecha 14 de  noviembre    de    2002    dirigido   al    señor   Conrado   Torres   encargado   del   depósito   El  Bosque  Unidad  de Maquinaria y Equipo, con  el  cual  le hace entrega de  14     llantas;    y  el   oficio  del  interventor al señor Héctor  Muñoz    Giraldo-    administrador    talleres   M  y M de fecha noviembre   9   de   2002  haciéndole  entrega de 20 llantas para que las guardara   mientras   coordinaba  la  consecución  de  una  bodega    oficial    para    llevarlas.   

                        SE  CONSIDERA:   

Como  quiera  que  la  acción de revisión  ostenta  el  carácter  de  instrumento  extraordinario  a  través  del cual se  pretende  remover  los  efectos de la cosa juzgada judicial, resulta consecuente  con  tal finalidad la exigencia de que la demanda a través de la cual se ejerce  reúna  estrictamente  los  presupuestos  de  admisibilidad  establecidos por el  artículo  222 del Código de Procedimiento Penal de 2000, por el que se rige el  presente  asunto.  De no cumplirse esta carga por el accionante, inexorablemente  conduce a la inadmisión del libelo.     

En    este    sentido    la     jurisprudencia     ha    establecido    que    el   actor   no   solamente   tiene   el   deber   de  seleccionar  cuidadosamente  el  motivo que pretenda invocar en apoyo de su pretensión y las  pruebas  en  que  se  funde,  sino que, además, dado el carácter eminentemente  técnico  y  rogado  que  la revisión ostenta, es su obligación indicarle a la  Corte,  mediante la presentación de una exposición lógica y racional, de qué  manera  se  demuestra  la  configuración  de  la  causal  escogida, y cómo los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos que presenta, dan lugar a derruir el fallo  cuya remoción persigue.   

Si el ejercicio de la acción se apoya en el  motivo   tercero   de  los  previstos  por  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal, esto es, por aparecer hechos o pruebas sobre las cuales el  fallador  no tuvo oportunidad de pronunciarse por no haberlas conocido y que, de  haberlo  hecho, habrían conducido definitivamente a la absolución o a declarar  el  estado  de inimputabilidad del procesado en el hecho por el que en su contra  se  dictó condena, compete al demandante no sólo relacionar las pruebas en las  que  funda  su  pretensión,  sino  acompañarlas  a  la demanda, y demostrar al  tiempo  que  de  haber  sido  oportunamente conocidas en el curso de los debates  ordinarios  del  proceso, por su contundencia demostrativa la solución del caso  habría  sido  la absolución del sentenciado o la declaración de haber actuado  en estado de inimputabilidad.    

De  este modo, resulta pertinente reafirmar  la       postura       de       la       Corte1  en  cuanto ha señalado que  el   ejercicio  de  la  acción  con  fundamento  en  la  causal  tercera del artículo 220 del estatuto  procesal  penal, exige acreditar el cumplimiento de los siguientes presupuestos:  a)  surgimiento  de  hechos  nuevos  o  de pruebas no conocidas al tiempo de los  debates  en las instancias ordinarias del trámite; b) que el acontecer fáctico  esté  ligado  a  la conducta punible materia de investigación y juzgamiento; y  c)  que  las  pruebas aducidas sean aptas para establecer en grado de certeza la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  o  de  tornar  cuando  menos  discutible   la   verdad   declarada   en   el  fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente mantenerse.   

También ha dicho que la situación ex novo  debe  consistir  en  un  hecho  nuevo,  o una prueba, siendo entendido por hecho  nuevo  todo acaecimiento o suceso fáctico vinculado al hecho punible materia de  investigación,  del cual no se tuvo conocimiento en ninguna de las etapas de la  actuación judicial, de manera que no pudo ser controvertido.   

Y,  por  prueba  nueva,  todo  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial o testimonial) no incorporado al proceso, que  da  cuenta  de  un  evento desconocido (se demuestra por ejemplo que fue otro el  autor  del  hecho),  o  de  una  variante sustancial de un hecho conocido en las  instancias,  cuyo  aporte  ex  novo  tiene  la  virtualidad de derruir el juicio  positivo  de  responsabilidad  (o  de  imputabilidad)  que  se  concretó  en la  decisión            de           condena2.   

Acorde,   entonces,  con  los  derroteros  trazados   por   la   jurisprudencia,  no  se  trata  de  aducir cualquier clase de medio de convicción,  sino  solamente  aquellos  que apunten a establecer la inocencia del procesado o  su  inimputabilidad,   pues  la  revisión,  en  cuanto  a  esta  causal se  refiere,  no tiene por finalidad la continuación del juicio que terminó con la  ejecutoria      de      la      decisión     judicial     que     hizo   tránsito  a  cosa  juzgada,  o  revivir  el  debate jurídico-probatorio llevado a efecto en el aludido proceso,  sino  la de permitir un cuestionamiento serio y respaldado probatoriamente, a la  declaración  de  justicia  con  que se culminó definitivamente la controversia  procesal.   

Por  esta  razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  revisión, cuando de la causal  tercera  se  trata,  resulta  indispensable  que las pruebas aportadas tengan la  virtualidad  de  modificar el sentido del fallo, es decir cumplir los requisitos  de  novedad y trascendencia. De no cumplirse esta carga por el accionante, ha de  entenderse  que  lo  pretendido  no  es  nada  distinto  que continuar un debate  estéril  e  impertinente  sobre  hechos, pruebas y argumentos ya considerados y  definidos   procesalmente,   imponiéndose   el   rechazo   in   límine  de  la  demanda3.   

En  el  presente  evento,  con  apoyo en la  causal   tercera   de  revisión,  el  defensor  del  sentenciado  AUGUSTO   DE   JESÚS   MIRA   VÁSQUEZ  pretende  la  remoción  del  carácter  definitivo  e inmutable de la sentencia  proferida  en  contra  de  su  asistido, a partir de considerar que de la prueba  recaudada durante el trámite ordinario del proceso,  se establece que su asistido no es responsable de la  conducta  por  cuya  realización  fue  condenado, y  que,  por  el contrario,  con  el  testimonio  rendido  por  Héctor  Muñoz Giraldo  se “demuestra   que  jamás  hubo apropiación de llantas, con  el  animus  de  beneficio personal y con detrimento patrimonial con el Municipio  de  Medellín. Siempre se deduce que estaban guardadas y custodiadas mientras se  llevaban  a  la  bodega oficial, sin desconocer jamás que el propietario era el  Municipio      de      Medellín”,  lo  cual,  por  supuesto,  escapa  a  los  fines del instrumento  extraordinario  a que en esta ocasión se acude, toda  vez  que la argumentación  así     propuesta     patentiza     el     inocultable     deseo   por   continuar   el   debate  probatorio surtido en las instancias.   

Es    tan    evidente    la    pretensión   del   accionante  por    revivir   sin  fundamento  un  debate  fenecido  en  el  momento  en  que  cobró ejecutoria el  fallo,   si  se tiene en cuenta que los    juzgadores    ponderaron   los  documentos  reseñados  como  pruebas  en el libelo,  los  cuales  dan  cuenta  sobre  la  intención del  sentenciado por devolver  los   bienes  ilícitamente  apropiados,  a  un  almacén o bodega distintos  de   aquel   sitio   oficial  en  donde  debían  reposar y, en tal medida,  no   constituyen   desde  ningún  punto  de  vista  novedosos    medios    de   convicción,  en  los  términos  que  han  sido  vistos,  sino un recurso de  último   momento   para   desconocer   la   sentencia,  lo  cual,  como   es   apenas   obvio,   resulta  inadmisible  si  son  tomados  en cuenta los presupuestos exigidos por la causal  invocada.   

Al   efecto   cabe  destacar  que  en  el  fallo  de  primera  instancia se indicó sobre dicho  particular:   

“En  cuanto  al  elemento  volitivo,  no  obstante  las  censuras que hacen tanto el togado como su representado judicial,  debe  precisarse  que  si bien MIRA VÁSQUEZ notició  al  municipio  de  Medellín sobre el lugar donde las llantas permanecían, debe  advertirse   que   ello   ocurrió   una  vez  tuvo  conocimiento  de  que  había  sido  descubierta su actuación y que esa acción  precisamente   fue   reconocida   en  su  favor  como  un  reintegro,  resultando  con  ello  claro  que  sí  ejerció sobre ellas un  clásico  derecho  de  dominio  perfeccionándose y agotándose así la conducta  descrita  en  el  tipo  penal,  sin  que para nada importe el tiempo que el bien  duró bajo el dominio y disposición indebida del agente.   

“Tal  fue  el  dominio  ejercido por MIRA  VÁSQUEZ  sobre las llantas que por su propia voluntad las retiró del almacén;  lo  hizo  en  día  no  laborable,  en  vehículo  particular  y sin  permitir  que fueran marcadas con el  código  de  Obras  Públicas  con  el  cual solían  marcarse  y  como  si  fuera  poco  las  transportó  en  vehículo  particular,  cubriendo  de  su  propio peculio el valor del flete, a su propia residencia y a  bodega  que ninguna relación tenía ni tiene con el ente municipal. Todas estas  circunstancias,  que desde luego rompían con el normal desenvolvimiento de MIRA  VÁSQUEZ  en  la  función  que  como  interventor  le  correspondía, llamó la  atención  del  empleado  de  Internacional  de  Llantas,  quien  informó a sus  superiores   sobre   lo   que   él   consideraba   una  anormalidad”4   (se  destaca).   

El Tribunal, por su parte, señaló en torno  al punto:   

“Sostiene  la  recurrente  que la defensa  aportó    ‘varias  comunicaciones  en las cuales se hacía referencia por parte del Ingeniero Mira,  a  las poco aptas condiciones que la bodega en la Planta de La Iguana presentaba  para  el  almacenaje  no  sólo  de las llantas sino también de otros insumos y  elementos     allí    resguardados’…  Si  ello  era  así, por qué no concertó con sus superiores  para  destinar  un sitio más adecuado técnicamente, pero no llevar las llantas  en  forma subrepticia, porque pidió que se guardara silencio, primero a su casa  y  luego  a  una  bodega  particular,  sin que Obras Públicas supieran de dicho  almacenamiento,  por  algo  ese despliegue de la Policía y la Contraloría para  encontrarlas;   ahora   sí  eran  poco  aptas  las  condiciones  en  la  bodega  de  La  Iguana,  por qué no las llevó a otra  bodega  oficial  como  la  del  Bosque  tal  como  lo  hizo presuroso cuando fue  descubierto,  sin  esperar respuesta de sus superiores, cuando él la solicitó,  ingresándolas   a   su   destino   oficial   en   la   ya   citada  Bodega  del  Bosque”5   (se  destaca).   

De modo que, por el lado que se observe, sea  desde  la  perspectiva  de  la  prueba  documental  que exhibe en respaldo de su  pretensión,  o  de  la que considera debió haberse practicado, se concluye que  la         hipótesis         planteada        por        el        demandante, en relación con que si se  llegase  a  efectuar  un  arqueo  de  los  bienes  a que se refirió el contrato  celebrado  entre  el  Municipio  de  Medellín  y  la  empresa  Internacional de  Llantas,   “otro  hubiera  sido  el  resultado  del  proceso”,  se  ofrece  inane frente al propósito  perseguido    con    la    presentación   de   la  demanda,     toda     vez     que    dicho    tema    fue    objeto    de  consideración  en  los  fallos  de instancia, sólo que de manera adversa a los  intereses del actor.   

Se tiene en síntesis, que la prueba que se  anuncia  para  demostrar  los  fundamentos  básicos  de  la  acción no ofrece en estricto rigor técnico  aporte  ex  novo,  como  quiera  que  no  revela  hechos  desconocidos  para los  juzgadores,  ni  informa  sobre variantes sustanciales de un hecho conocido, con  capacidad  para  derruir  la  declaración  de verdad que la sentencia contiene,  únicos  eventos  en  los cuales resulta dable acceder en revisión al amparo de  la causal tercera, según se dejó visto.    

Entonces, ante el evidente incumplimiento de  los  presupuestos  de admisibilidad legalmente establecidos, la decisión que se  impone no puede ser otra que la de inadmitir la demanda.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el defensor del sentenciado     AUGUSTO    DE    JESÚS    MIRA  VÁSQUEZ.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ            LEONIDAS           BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              MARÍA    DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                         JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cfr. Revisión de diciembre 12 de 2002. Rad. 16382   

2En  providencia  de 15 de octubre de 2008, dentro del trámite de revisión radicado  con  el  número  29626,  la  Corte  precisó  que  frente  al  nuevo  modelo de  enjuiciamiento  penal  de  que  trata la Ley 906 de 2004, estos conceptos, en su  sustancialidad  básica,  se  mantienen,  pero  en  atención  a la facultad que  tienen  las  partes  que intervienen en el adelantamiento del proceso instancial  de  descubrir selectivamente los medios probatorios que pretenden hacer valer en  el  juicio  oral,  surge  un  requerimiento  adicional  a la exigencia de que la  prueba  no  haya  sido  debatida en el juicio: que el  accionante  no  haya tenido conocimiento de su existencia, o que teniéndola, no  haya       estado       en       condiciones       de      aportarla.      

Si la parte ha conocido la prueba, pero por  razones  estratégicas o de cualquier otro tipo decide voluntariamente renunciar  a  su  descubrimiento  y  debate  en la audiencia del juicio oral, no tendrá la  connotación  de  nueva,  porque  lo  nuevo para la estructuración de la causal  tercera  de  revisión  será  únicamente  aquello  de  lo cual no se ha tenido  conocimiento  que  existe,  o  que  se  sabe  que existe pero que no fue posible  aducir al proceso.   

Esta  exigencia,  además  de consultar la  dinámica   del   nuevo  modelo  de  enjuiciamiento  penal,  que  otorga  a  los  protagonistas  del  proceso  autonomía  en  el manejo de la prueba, reafirma el  carácter  de  acción  de  la revisión, cuya caracterización impide tener los  juicios  rescindente y rescisorio como una prolongación del proceso instancial,  donde    sea    válido   reabrir   espacios   de   discusión   probatoria   ya  superados.   

3  Cfr. entre otros, auto de oct. 31 de 2000. rad. 17522.   

4 Fl.  76 cno Corte   

5  Fls. 97-98 cno. Corte     

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