32365(21-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 32365  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 331   

Bogotá D. C., veintiuno (21) de octubre de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

En  esta  oportunidad,  la Sala califica el  aspecto  formal de la demanda de casación presentada por la defensora de MIHALY  ISTVAN  JURKO  VÁSQUEZ,  contra la sentencia de 20 de febrero de 2009 proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Medellín, por medio de la cual  revocó  la  absolutoria  dictada  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito  Especializado  de  esa  misma ciudad el 25 de enero de 2006, y en su lugar   lo      condenó      como      autor     del     delito     de     tortura.   

HECHOS  

Como consecuencia de las heridas producidas  con  arma  de fuego en circunstancias acaecidas en la carrera 91 con calle 77 de  Medellín,  el  14  de junio de 2000 sobre las 9:20 de la noche, se practicó el  levantamiento   del   cadáver   del  soldado  Henry  Edison  Restrepo  Acevedo,  perteneciente al Batallón Bomboná.   

Con ocasión a la investigación adelantada  fueron  capturados Juan de Jesús Meneses Díaz o Jaime Andrés Millán Murillo,  Dúmar  Alexander  Ríos   y  Jhon  Fredy  Giraldo  Rivera  quienes  fueron  llevados  a  las  instalaciones militares, siendo objeto de maltratos y torturas  por parte del entonces Subteniente MIHALY ISTVAN JURKO VÁSQUEZ.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  Mediante  resolución de 11 de julio de  20031,  la Fiscalía acusó MIHALY ISTVAN JURKO VÁSQUEZ, como autor del  delito  de tortura, descrito  en  el  artículo  279  del  Decreto Ley 100 de 19802.   

2. Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  3  de  febrero  de  2004  se llevó a cabo la audiencia  preparatoria3,  el  20  y  30  de  noviembre del mismo año la vista pública de  juzgamiento4,  al  cabo  de  la  cual,  el  25  de  enero  de  20065,  el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  absolvió a MIHALY  ISTVAN JURKO VÁSQUEZ.   

3. Apelada la sentencia por la procuraduría  y  la  Fiscalía, el Tribunal Superior de Medellín, el 20 de febrero de 2009 la  revocó  y  en  su  lugar  condenó  a  MIHALY ISTVAN JURKO VÁSQUEZ6,  a  la pena  principal  de  seis  (6)  años  y  tres  (3)  meses  de  prisión; la  pérdida del empleo o cargo público;  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  periodo; al pago de quinientos (500) gramos oro, como daños y perjuicios  morales  a  Jaime Andrés Millán Murillo; y le negó la suspensión condicional  de  la  ejecución  de  la pena y la prisión domiciliaria, como responsable del  delito  de tortura, descrito  en  el  artículo  279  del  Decreto Ley 100 de 19807.   

Del  mismo  modo  declaró la nulidad de lo  actuado  con relación a los punibles de tortura en perjuicio de Dumar Alexander  Ríos   y   Jhon   Fredy   Giraldo   Rivera   a  partir  de  la  resolución  de  acusación.   

4.   Inconforme   con  la  determinación  anterior,  la  apoderada  de  MIHALY  ISTVAN JURKO VÁSQUEZ interpuso el recurso  extraordinario          de         casación8,  aspecto  formal del libelo,  que ahora se estudia.   

LA  DEMANDA   

Postula tres cargos contra la sentencia del  Tribunal  Superior de Medellín, en su orden: (i) falso raciocinio, (ii) nulidad  y  (iii)  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación del  artículo    8°    de    la    Ley   599   de   2000,   bajo   los   siguientes  planteamientos:   

Primer cargo:  

En  el fallo de segundo grado se incurre en  “error  de  hecho  por  indebida  aplicación  del  artículo  279  del  decreto  (sic)  100  de  1980… y falta de aplicación del  artículo 7° del Código Penal.”   

El Tribunal incurrió en falso raciocinio al  dar  plena  credibilidad  a los testimonios de Dumar Alexander Ríos, Jhon Fredy  Giraldo  Rivera  y Jaime Andrés Millán, quienes mienten sobre sus antecedentes  penales y las circunstancias específicas de su captura.   

De ese modo se transgreden las reglas de la  experiencia  consistentes  en:  (i)  las  personas  que han ejercido una carrera  delincuencial  como  corresponde  a  la  de los testigos citados, con múltiples  antecedentes   penales,   buscan  la  manera  de  salir  absueltos  o  disminuir  “su   culpa”  de  una  acusación  grave como es la del homicidio de un soldado del Ejército Nacional,  teniendo   como   móvil   una  venganza;  y,  (ii)  Los  delincuentes  avezados  comúnmente  inventan  historias  con  el  fin de salir airosos de una actividad  ilícita,  al  punto  de  llegar  a recrear la causa de lesiones auto infligidas  para  señalar  como  autores de ellas a sus captores y por ese camino lograr su  exoneración o disminución de su responsabilidad.   

Realiza   una   confrontación   en   las  declaraciones  dadas  por  los  ya  referidos,  para  reiterar,  mienten  en sus  atestaciones  y reprocha que el juez de segundo grado haya soportado el fallo de  condena  sobre  las circunstancias de haber estado Jurko Vásquez al mando y ser  el  encargado  de adelantar las diligencias de allanamiento y registro, además,  el  haber  firmado  las  actas  de  derechos del capturado y entrega a la SIJIN,  circunstancias  que  no  son  prueba  de  la  ocurrencia  de los hechos ni de su  participación,  pues  sólo cumplía con el deber de acompañamiento del fiscal  a  cargo del diligenciamiento, funcionario quien estuvo presente durante todo el  desarrollo  de  la  actividad  policial,  “luego el  Tribunal  en su análisis  erró al desconocer un testigo de excepción que  fue  el  Fiscal  que dirigía el tan mentado allanamiento y quien manifestó que  estuvo  presente  durante  todo  el tiempo y hasta compartió el almuerzo con el  subteniente condenado injustamente.”   

Expresa  como  otra  regla  de experiencia:  “quien está en una posición de mando generalmente  tiene  muchas  otras  obligaciones que atender y cumplir y le es imposible hacer  una  vigilancia  estricta  en  muchos  de los casos por estar cumpliendo con sus  funciones.”,  donde  es de conocimiento general que  esta  situación  impide  estar  frente  a  todas las actuaciones realizadas por  subalternos  y  demás  funcionarios  dentro de un batallón y no obstante haber  “aceptado”   en   su  injurada  haberlos vigilado en su oficina, “pero él  de  un  lado no estaba al mando de la compañía o pelotón PAU que efectuó ese  allanamiento  y  capturó  a las personas, quien estaba al mando era el teniente  Eric  Barrera  Alvarado”,  motivo  por  el  cual la  deducción  de  autoría  es errada, pues no se puede llegar a ella con el sólo  hecho  de  firmar algunas actas. De esta manera, es equivocado y se está frente  a  una  situación de responsabilidad objetiva, el declararlo autor de un delito  el cual no cometió.   

Como  trascendencia  del cargo dice que, al  estar  soportada  la  decisión  del  juez de segundo grado en las declaraciones  mentirosas  de  los  tres  testigos  de cargo y específicamente respecto de las  circunstancias  reveladoras  de  las  lesiones  personales  sufridas por quienes  fueron  señalados  como  autores  del  homicidio  del  soldado  Henry  Restrepo  Acevedo,  uno  de  ellos condenado por ese hecho, se vulneró el principio de la  sana  crítica  consistente en la valoración en conjunto de todos los medios de  prueba  “debiéndose verificar si los señores Jaime  Andrés  Millán  Murillo,  Dumar  Alexander  Ríos y Jhon Fredy Giraldo Rivera,  sufrieron  las  lesiones  como  naturalmente estas  no se pueden desconocer  pero  en  una  (sic) condiciones diferentes, es errado aceptar las versiones, en  las  condiciones  de  tortura  que  se  describieron, ni con la finalidad que se  dedujo,  pues  es  claro  que  en  eso,  como  en  los demás asuntos durante la  investigación también mintieron.”   

Las  demás declaraciones columna del fallo  son  de  oídas,  como  la  del  enfermero de la SIJIN Meval, quien no percibió  cuando,  según  se  dice,  las  presuntas  víctimas  fueron  golpeadas por los  soldados   del   batallón,   dichos  soportados,  en  las  mismas  atestaciones  mentirosas de los tres testigos.   

En un correcto raciocinio el Tribunal debió  apreciar  todas  las  pruebas allegadas, entre ellas, la de los fiscales a cargo  del  allanamiento y registro y el recibo de las indagatoria, quienes en su orden  refieren,  el  primero  haber  estado  acompañado  durante  todo el trámite al  subteniente  JURKO  VÁSQUEZ,  el  segundo,  desconocer  en  la  injurada  sobre  lesiones en los tres capturados por homicidio.   

De  esta  manera  el  juez de segundo grado  razonó  desatinadamente  y  desconoció  el  valor probatorio de los siguientes  medios  de convicción: (i) los dictámenes médico legales, los cuales señalan  la  inexistencia  de  huellas  de  chuzones o punzones en los testículos de las  presuntas  víctimas;  (ii)  el testimonio del médico legista en igual sentido;  (iii)  la  declaración  de  Fran  Hermés  Benavides,  fiscal  a  cargo  de  la  diligencia  de  allanamiento  y quien ordenó la captura; (iv) la atestación de  Hugo  Hernán  Hernández  García,  fiscal  a  cargo  de  la  recepción de las  indagatorias  de  los  aprehendidos;  y  (v)  la  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico  por  parte  del  quejoso Jhon Fredy Giraldo Rivera, donde señaló  como  autor  del  hecho  a  otra persona diferente del subteniente MIHALY ISTVAN  JURKO VÁSQUEZ.   

Así,  se  dejó  de  apreciar  de  manera  integral  el  acervo  probatorio,  pues  de  hacerlo  se  llegaría  a  la misma  conclusión    de    absolución    decretada    por    el   juez   de   primera  instancia.   

Solicita  casar el fallo, el reconocimiento  de  la  duda  probatoria  a  favor del acusado, la aplicación del artículo 7°  (igualdad)  del  Código  Penal y se absuelva  de los cargos de tortura.   

Segundo  cargo:  Cuando  la  sentencia  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la  resolución de acusación.   

La   condena   del   Tribunal   perjudica  ilegalmente  al acusado, “en la medida que lo avocó  a   enfrentar   un   segundo   juicio   por   los  mismos  hechos  en  flagrante  desconocimiento  del  artículo  8°  del Código Penal, y de lo dispuesto en el  artículo  6°  sustancial,  6° procesal y 29 superior que consagran el proceso  debido  con  la  observancia  de  todas las formas propias, y el respeto por las  garantías fundamentales.”   

Expresa que la resolución de acusación se  profirió  por  el  delito  de  tortura descrito en el artículo 279 del Código  Penal  de  1980  y  por  hechos  ocurridos  el 15 de junio de 2000 en los cuales  fueron  víctimas  Jaime  Andrés  Millán  Murillo, Jhon Fredy Giraldo Rivera y  Dumar  Alexander  Ríos,  por  tanto,  la  sentencia debió atenerse a ella, sin  inmiscuirse  en  el pliego de cargos, pues como se conoce de autos, se imprimió  condena  por  ése  delito  en  la integridad de Jaime Andrés, pero decretó la  nulidad  de  la  resolución  de  acusación emitida con ocasión a Jhon Fredy y  Dumar  Alexander,  sin  detenerse  a  explicar  el por qué escogió a estas dos  víctimas.   

Evoca las partes dispositivas del pliego de  cargos  y  la  sentencia del Tribunal donde se argumenta sobre la omisión en la  deducción  del concurso homogéneo de hechos punibles por parte de la Fiscalía  como  motivo  de  invalidación  parcial  de  la resolución de acusación, para  decir,  se rompió de manera abrupta el curso lógico del proceso, al sostenerse  que  cada  uno  de  los  ciudadanos  sufrió  su  propia tortura y por ende cada  aflicción  corresponde  a  un  delito independiente y la necesidad de un juicio  para   cada   reato,  invalidando  fragmentadamente  la  actuación,  cuando  lo  correcto,  al  aceptarse  la  tesis  del  concurso,  ante  el error instrumental  advertido,  debió  ser  la  declaratoria  de  la  inutilidad  de  todo ese acto  procesal  y  disponer  rehacer  integralmente  la actuación, sin incurrir en la  arbitrariedad   declarada,   al   escoger   caprichosamente  la  validez  de  la  acusación,  sólo  respecto  de  una  de las víctimas, para propiciar un nuevo  trámite por los mismos hechos.   

La  inconsonancia  entre cargos y sentencia  fue,  tanto  fáctica,  como  jurídica, al excluir de la condena los hechos que  afectan  a  dos de las tres víctimas, cuando debía incluirlas en la sentencia,  pues  así estaba propuesta en el pliego de cargos, sin que sea viable emitir la  sentencia  sólo  respecto de una de ellas y anular la actuación con ocasión a  los  daños sufridos por las otras dos, como si se tratara de casos diferentes y  someter  al  acusado  a  un  nuevo  juicio en contra de la prohibición de doble  incriminación  y  cosa  juzgada,  en  desconocimiento  del  artículo  29 de la  Constitución Política.   

Solicita  se  corrija  el error, se case la  sentencia  y  la  Corte  emita  nuevo  fallo  donde  se  incluyan  las  torturas  realizadas a los tres ciudadanos.   

Tercer  cargo:  Violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación de los  artículos    8°    (prohibición   a   la   doble  incriminación),        6°        (legalidad)   del  Código  Penal,  6°  (legalidad)  del Código de  Procedimiento  Penal y 29 (debido proceso) de la Carta.   

Luego  de  transcribir  el contenido de los  anteriores  preceptos,  dice, fueron atropellados por la sentencia, cuando luego  de  dictarse  el  fallo contra el acusado por el delito imputado en el pliego de  cargos,  declaró  la  nulidad  parcial  de  la  resolución  de acusación para  disponer   se   le   investigue   y   sancione   nuevamente   por   “iguales hechos”.   

Confronta  segmentos de las partes motiva y  resolutiva  de la resolución de acusación con las de la decisión del Tribunal  y  hace  énfasis  respecto  de  este último, del apartado en que se dispone la  declaratoria  de  la nulidad de lo actuado a partir de la calificación sumarial  en  lo  relacionado  con  el  delito de tortura realizado a dos de las víctimas  para  afirmar,  es una falla sustancialmente negativa para el procesado, pues se  está  avocando  al  procesado  a  un  segundo  juicio  por los mismos hechos en  flagrante  desacato  de  lo  dispuesto  en  los artículos 8° y 6° del Código  Penal   y   29  de  la  Constitución  Política,  pues  los  hechos  ya  fueron  investigados y juzgados.   

El  Estado  acusó  en  todas  las  formas  procesales  requeridas  a  una  persona,  para  ahora  pretender ir contra ella,  “buscando  corregir  los  presuntos  errores de sus  autoridades a costa de conculcar el debido proceso”.   

Enuncia  jurisprudencia de la Corte Suprema  de  Justicia, pero transcribe un aparte de la que dice es la sentencia T-162 sin  fecha   de   la   Corte   Constitucional,   sobre   el   tema  del  non bis in idem.   

Solicita se case el fallo del Tribunal y se  declare  la  nulidad  del  aparte  donde se ordena invalidar lo actuado desde la  resolución  de la acusación, sólo en lo relacionado a las otras dos víctimas  del delito de tortura.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.  La demanda presentada por la apoderada  de   MIHALY   ISTVAN  JURKO  VÁSQUEZ,  no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000. Debido a ello, será  inadmitida9.   

Dado  que  el recurso de casación se rige  por  el  principio  dispositivo,  las  pretensiones  de  la demanda delimitan la  competencia  de  la  Sala  de  Casación Penal, excepto la nulidad que puede ser  decretada   oficiosamente   -si   a   ello   hubiere  lugar-  en  aras  de la protección de las garantías  fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  esta  sede  puede  postularse  un  debate  probatorio generalizado y sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, pues esta clase de  impugnación  fue concebida, no como un medio adicional para litigar libremente,  sino  como una excepcional manera de llevar al conocimiento del máximo tribunal  de   la   jurisdicción   ordinaria  el  fallo  proferido  por  el  ad  quem,  por  las  causales  taxativas  señaladas en la ley y, seleccionadas en la demanda.   

De  este  modo, el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal  extraordinario  en procura de remediar o  poner  fin  a  la  violación  de  la  Constitución  Política,  del  bloque de  constitucionalidad  en  lo  pertinente y de la ley, ocurridos en la sentencia de  segunda  instancia, por errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la  elaboración  de  un  razonamiento jurídico sobre ésta, siguiendo el derrotero  trazado  en  las causales invocadas, donde se espera del censor, su discurrir de  un  modo  claro  y  profundo,  hasta  demostrar  defectos  protuberantes  en  la  estructura  jurídica  del  fallo,  de tal suerte que no es factible mantener su  vigencia.   

2. La libelista propone tres cargos, en su  orden,  falso  raciocinio,  ausencia  de  consonancia  entre  la  resolución de  acusación  y la sentencia, y, violación directa de la ley sustancial por falta  de  aplicación del principio universal del non bis in  idem,   último   respecto  del  cual,  solicita  la  declaratoria de nulidad parcial de lo actuado.   

2.1.  La primera observación merecida, es  el  quebrantamiento  del principio de prioridad o precedencia de las causales de  casación,   el   cual   se  debe  examinar  desde  una  doble  perspectiva:  i)  La general, según la cual,  los  reproches  deben  presentarse  de acuerdo con la naturaleza de las causales  invocadas en la demanda y con las consecuencias del error alegado.   

En  otras  palabras,  cuando  se opugna la  sentencia     con     base     en     las    causales    primera    -violación  de  la  ley  sustancial-  y  tercera   -nulidad-   de  casación,  es  lógico  que  el cargo principal debe ser el de nulidad, pues de  prosperar,  por  regla  general,  haría inane el estudio de los demás reparos;  ii)  La  específica, tiene  ocasión  cuando  se  presentan  varias  censuras contra el fallo apoyadas en la  causal         tercera         –nulidad-, donde resulta lógico proponer  en  primer  orden, el que de prosperar, abarque una mayor extensión del proceso  anulado  y,  consecuentemente, su éxito haría innecesario, por sustracción de  materia, el estudio de los demás ataques.   

Con   ocasión   a  este  postulado,  la  jurisprudencia ha dicho:   

“El demandante  olvidó  que  en la técnica de casación rige el principio de prioridad, según  el  cual,  al  proponer varias causales debe seleccionar primero la que posee un  mayor  alcance,  y las restantes tendrá que plantearlas como subsidiarias; a su  vez,  no  le  es  viable  que  mezcle  simultáneamente y dentro del mismo cargo  varias  censuras  por  nulidad  en  igualdad de condiciones, pues allí también  tiene  la obligación de disponer un orden de preferencias al que debe sujetarse  la  Corte  cuando  realice  el  examen  de  fondo de la sentencia, de acuerdo al  principio     de     limitación     que    rige    este    trámite.   

En  el  asunto  estudiado,  el  defensor  planteó  dentro  del  mismo  cargo 2 nulidades cuyos efectos invalidatorios son  sustancialmente  diversos,  pues atacó el fallo por la conformación de la Sala  que  decidió  y  por  indebida  motivación  del  mismo;  por  lo tanto, si los  reproches   señalan   eventuales   efectos   invalidatorios   diferentes,   era  imprescindible  su  proposición  en  un  orden de preeminencia entre ellos para  señalar  como principal aquel cuya prosperidad entrañara un mayor retroceso de  la  actuación  para  repararlo,  y  no  de  manera  sincrónica  en igualdad de  condiciones.  Con  tal  formulación  se sustrajo al principio enunciado, lo que  conduce  a  que  la  Corte desestime el cargo porque le está vedado, de acuerdo  con  el  principio  de  limitación,  variar la propuesta del censor”.10   

Si  bien  la  censora  presenta  los  dos  últimos  cargos  por  las  causales segunda y primera descritas en el artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, correspondientes a la inconsonancia entre pliego de  cargos-sentencia  y  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta de  aplicación  del  artículo  8°  (prohibición  a la  doble  incriminación)  del Código Penal, los cuales  no  se  encuentran  dentro de la causal tercera de nulidad, dados sus efectos, y  la  pretensión  propuesta  de la invalidación de lo actuado a partir de alguna  etapa  procesal, lo correcto, conforme a la lógica argumentativa, habría sido,  presentarlos  como principales y de preferencia al de violación indirecta de la  ley  sustancial  en  la  forma  del  falso  raciocinio,  expresado  como  primer  cargo.   

2.2. La segunda glosa se relaciona, con el  ataque   por   falso   raciocinio.   De   manera  pacífica  ha  establecido  la  jurisprudencia  de la Sala, que esta clase de error tiene presencia cuando a una  prueba  existente  legalmente  en  el  proceso  y  valorada en su integridad, el  juzgador  le  asigna un mérito o fuerza de convicción con transgresión de los  postulados  de  la  sana  crítica,  es decir, los principios de la lógica, las  reglas de la experiencia o las leyes de la  ciencia.   

Por   tanto,  se  le  exige a la demandante indicar cuál postulado  científico,   principio   de  la  lógica  o  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido  o  aplicado  incorrectamente  por  el  juez;  además, demostrar  la trascendencia de ese yerro,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo  hubiera sido diferente; y concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte científico correcto, el raciocinio lógico o la  deducción  por  experiencia  adecuado  a  aplicarse  para  esclarecer el asunto  debatido.   

La  libelista  cuestiona  el  fallo  del  Tribunal  por  otorgarle  credibilidad  a  las  declaraciones de Dumar Alexander  Ríos,  Jhon  Fredy Giraldo Rivera y Jaime Andrés Millán, asignación suasoria  donde  alega  se  desconocieron  las máximas de la experiencia consistentes en:  (i)  las  personas que han ejercido una carrera delincuencial como corresponde a  la  de  los testigos mencionados, con múltiples antecedentes penales, buscan la  manera   de   salir   absueltos   o  disminuir  “su  culpa”  de  una  acusación  grave  como  es la del  homicidio  de  un  soldado  del  Ejército  Nacional,  teniendo  como móvil una  venganza;  y,  (ii)  tales  delincuentes avezados comúnmente inventan historias  con  el  fin  de  salir airosos de una actividad delictiva, al punto de llegar a  recrear  la  causa  de  lesiones  auto  infligidas para señalar como autores de  ellas  a  sus  captores y por ese camino lograr su absolución o disminución de  su responsabilidad.   

Tales  pautas,  por  así denominarlas, no  ostentan  la  connotación  de reglas de la experiencia, pues no dejan de ser el  reflejo  de  la personal percepción de la demandante respecto de unos medios de  prueba,   pues  son  discernimientos  carentes  del  carácter  de  generales  y  universales   propios  de  estas  clases  de  modelos  fenomenológicos,  razón  suficiente para inadmitir el reproche.   

Una  regla  de  la  experiencia,  como  lo  precisa   Fernando   de  la  Rua  en  su  obra  La  Casación  Penal11,  no  es  cualquier  manifestación  del  devenir  empírico  de  la  recurrente o simples  declaraciones  sobre acontecimientos individuales o juicios sobre una pluralidad  de  sucesos  obtenida mediante recuento, pues ellas parten de la característica  de  universalidad,  al  corresponder a predicados de experiencia social, sin que  puedan  enmarcarse  en  simples reflexiones supositivas al arbitrio de quien las  opone  con  relación  al  acontecer apreciativo y valorativo del acontecimiento  que  se  trate,  los cuales, como juicios generales y lógicos se constituyen en  explicativos  del  normal suceder de unos acaecimientos colectivos, presupuestos  ajenos en las expresadas por la recurrente.   

Otro  desacierto  en  la construcción del  ataque  lo  constituye  la  insipiencia  de  su  trascendencia, pues no obstante  dedicar  un  acápite  al  tema, los  esfuerzos los ocupa, en alegar que el  juez  de  segundo  grado omitió valorar otros medios de prueba, tales como: (i)  los   dictámenes   médico  legales  practicados  a  las  víctimas;  (ii)  los  testimonios  de:  el  médico legista, Fran Hermés Benavides, fiscal a cargo de  la  diligencia  de  allanamiento  y  quien  ordenó  la  captura,  Hugo  Hernán  Hernández  García,  fiscal a cargo de la recepción de las indagatorias de los  aprehendidos;  y  (iii)  la  diligencia  de reconocimiento fotográfico donde el  denunciante  Jhon  Fredy  Giraldo  Rivera,  señaló como autor del hecho a otra  persona  diferente  del  acusado,  pero prescindió analizar de fondo los demás  elementos  de convicción soporte de la condena, respecto de los cuales debería  enseñarle  a la Corte, que al suprimir el error propuesto, los sobrantes medios  de  persuasión  apreciados  por  el  juez  de  instancia,  no  soportarían  la  decisión atacada.   

Con  esa  manera  de argumentar, antes que  controvertir   y   demostrar   la   clase  de  dislate  presentado,  desvía  su  intelección  a  otra  clase  de  reproche, como podría ser, un falso juicio de  existencia   por  omisión  de  prueba,  el  cual  tampoco  desarrolla,  dejando  insustancial  la  censura,  con  desconocimiento  de los principios de claridad,  precisión,    razón    suficiente    y    autonomía    de   los   cargos   en  casación.   

2.3.  Con  relación  al  segundo  yerro  propuesto  también  como  principal,  fundado en la inexistencia de consonancia  entre  la  sentencia  y  los  cargos formulados en la resolución de acusación,  encuentra  la  Sala  oportuno  precisar,  que  la  congruencia  como garantía y  postulado  estructural  del  proceso,  implica  que  la  sentencia  debe guardar  armonía  con  la resolución de acusación o el acta de formulación de cargos,  en  los  aspectos  personal,  fáctico  y  jurídico.  En el primero, debe haber  identidad  entre  los  sujetos  acusados  y  los  indicados  en  el fallo; en el  segundo,  entre  los  hechos  y  circunstancias plasmadas en la acusación y los  fundamentos  de  la  sentencia;  y,  en  el  tercero,  correspondencia  entre la  calificación  jurídica  dada  a los hechos en la acusación y la consignada en  el fallo.   

La  consonancia  personal  y  fáctica  es  absoluta  y  la  jurídica  es  relativa  porque  el juez puede condenar por una  conducta  punible  diferente  a  la  imputada  en el pliego de cargos, siempre y  cuando  no  agrave  la  situación  del procesado con una pena mayor12.   

Nada de esto plantea la demandante, pues a  la  manera  del  mejor sofisma, pretende alegar como causal de incongruencia, la  circunstancia  de  haber  sido  acusado  su  poderdante  por la realización del  ilícito  de  tortura  a  tres  personas y en la sentencia ser condenado por ese  delito,  pero  sólo respecto de una de las víctimas, con lo cual torna confusa  e  incoherente  la  controversia y la deja carente de materia, al no estructurar  alguno  de  los  supuestos acrisolados por la doctrina de la Corte, como motivos  de acreditación de la causal invocada.   

Del   mismo   modo   deja  huérfana  de  demostración  la  trascendencia  del  error,  pues  objetivamente, respecto del  delito,  el  autor  y  la  pena,  inadvierte  enseñar  a la Sala la afectación  generada  en  la decisión de segundo grado, más allá de los efectos del cargo  que  por el punible de tortura en Jaime Andrés Millán Murillo fue residenciado  su poderdante en juicio criminal.   

Otro  desfase  que  le  resta  coherencia  lógica  al  reparo,  lo  constituye  la  entremezcla con otras clases de error,  cuando  pretende  desarrollar  el  reproche  con  otras  hipótesis  jurídicas,  susceptibles  de  ser  alegadas pero por motivos diferentes, como se advierte en  el  escrito  cuando  expone  que el fallo de segundo grado afecta al sentenciado  “en  la medida que lo avocó a enfrentar un segundo  juicio  por los mismos hechos en flagrante desconocimiento del artículo 8° del  Código  Penal, y de lo dispuesto en el artículo 6° sustancial, 6° procesal y  29  superior  que  consagran  el  proceso debido con la observancia de todas las  formas  propias,  y el respeto por las garantías fundamentales.”,   como  si  pretendiera  postular  una  violación    al    principio   del   non   bis   in  ídem,  el  cual, se debe abordar, como otra clase de  transgresión,  por  la  causal  primera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000  (Código    de   Procedimiento   Penal),  como  una  violación  directa  de  la  ley sustancial, o por la  tercera,  en  la  forma  de  un  motivo  de  nulidad,  labor que no emprende, en  desconocimiento    del    principio    de    autonomía   de   los   cargos   en  casación.   

2.4.  En  lo  referente  al tercer motivo,  alega  la  violación  directa  de la ley sustancial por falta de aplicación de  los   artículos   8°   (prohibición  a  la  doble  incriminación),        6°        (legalidad)   del  Código  Penal,  6°  (legalidad)  del Código de  Procedimiento  Penal y 29 (debido proceso)  de  la  Constitución  Política,  motivado  en  el  error  en la  sentencia  del  Ad quem por  la   declaración   parcial   de   nulidad  de  la  resolución  de  acusación,  concerniente  a  los presuntos delitos de tortura de los cuales fueron víctimas  Dumar   Alexander  Ríos  y  Jhon  Fredy  Giraldo  imputados  al  procesado,  al  considerar  se  le  está  sometiendo  a  ser  investigado, juzgado y sancionado  nuevamente   por   “iguales  hechos”.   

Advierte la Sala que el reproche formulado,  sufre  de  un  defecto lógico insalvable, consistente en la carencia de objeto,  pues  en  la  justa medida expuesta por la misma recurrente en el desarrollo del  ataque,  reconoce  la  inexistencia  de  fallo o decisión de fondo anterior que  haya  dado  por  terminado  el  asunto  y verse sobre los mismos hechos, pues se  carece de noticia de tal evento procesal ejecutoriado.   

En  efecto,  el  desconocimiento  de  la  garantía   del   non   bis   in   ídem,   como  de  antaño  lo  ha  expuesto  la  Jurisprudencia  de  la  Corte13,   presupone,  la  inmutabilidad  e  irrevocabilidad  de  la  cosa  juzgada,  donde en consecuencia, la recurrente debe acreditar, que las conductas  punibles  por  las  cuales  se  juzgó y condenó a su defendido ya habían sido  materia  de  definición  en  otra  actuación  judicial mediante providencia de  fondo  y en firme, presupuesto del cual adolece la demanda, por el contrario, el  libelista  se dedica es a pretender evidenciar vicios meramente procesales, como  si  la  censura se tratara de un error de actividad, propio de la causal tercera  de  nulidad, en franca incoherencia lógica, pues es oportuno recordarle, que en  cada   eventualidad,   el   desarrollo  y  la  demostración  del  reparo  deben  relacionarse   con   la   senda   seleccionada   para   su  denuncia14,  con  lo  cual  se  desconoce  nuevamente  el  postulado  de autonomía del cargo, pues la  impugnación  fue  trazada,  a  partir  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  contenida  en  la  causal  primera,  la  cual se debe centrar en un  debate de estricto rigor jurídico.   

3.  Como  en  la demanda se persiste en el  desconocimiento  del  principio  de  autonomía,  resulta  oportuno  precisar su  razón  de  ser,  la  cual  consiste en la prohibición al interior de una misma  censura,  para  entremezclar  ataques  propios  de causales diferentes, al tener  cada  una distintas características y parámetros lógicos de demostración con  diversas        consecuencias       jurídicas15.  Es  que  la  decisión  a  adoptar  por  la  Corte  en  caso  de  prosperidad del cargo formulado contra la  sentencia,    debe    compaginar   con   el   motivo   invocado   y   el   error  aducido16.   

4.  En  cumplimiento  del  principio  de  limitación  propio  del  recurso  de  casación,  no  le  es  dable  a  la  Corte,  suplir  las omisiones  argumentativas  del  escrito  de  sustentación.  Por  tanto, no puede corregir,  complementar  o  de  cualquier  otra  forma  suplantar  al  casacionista  en  la  construcción  de  la  demanda;  no  obstante,  cuando  atendiendo los fines del  extraordinario   recurso   y   en  procura  de  la  defensa  de  las  garantías  fundamentales   deba   hacerlo,   evento   que   -se  repite- aquí no acontece.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MIHALY  ISTVAN  JURKO VÁSQUEZ, conforme a lo  expuesto en la parte motiva.   

2.  Contra  la  presente  providencia  no  procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                 SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                                           JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                      JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Cuaderno No. 4, folio 224.   

2  El  Decreto  Ley  100  de  1980  en  su artículo 279  describe  y  sanciona  el  delito de tortura de la siguiente manera:  “Art. 279. – Torturas. El que someta  a  otra  persona  a  tortura física o síquica, incurrirá en prisión de cinco  (5)  a diez (10) años, siempre que el hecho no constituya delito sancionado con  pena mayor.”   

3  Cuaderno No. 4, folio 319.   

4  Cuaderno No. 5, folio 67.   

5  Cuaderno No. 5, folio 114.   

6  Cuaderno No. 5, folio 187.   

7  Cuaderno No. 5, folio 197.   

8  Cuaderno No. 5, folio 204   

9  “Artículo  213. Calificación de la demanda. Si el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de origen. En caso  contrario  se  surtirá  traslado  al  Procurador  delegado  en  lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto.”   

10  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, rad. 14078, sentencia del 8  de noviembre de 2000, M. P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.   

11 DE  LA  RUA,  FERNANDO,  La  casación  penal,  Depalma,  1994, Buenos Aires, pagina  50.   

12  Autos  de  Casación  de  30  de junio de 2004, radicación No. 20965 y de 20 de  febrero de 2008, radicación No. 28954.   

13  Auto   de   casación   de   10   de   noviembre   de   2004,   radicación  No.  22756.   

14  En  sentencia  de  casación  de  6  de mayo de 2009,  radicación  31306  al  respecto se expuso: “si bien  la  Corte  ha  señalado que la vía expedita para denunciar la vulneración del  principio  de  non  bis  in  ídem  es  la  tercera, igualmente ha señalado que  resulta viable hacerlo con fundamento en la primera.   

Conviene  agregar  sobre el particular que  como  la  garantía  anotada  tiene  carácter sustancial, la composición de un  ataque   en  procura  de  su  restablecimiento,  en  todo  caso,  debe  contener  predicados  propios  de  la  causal  primera  si  se  elige  la tercera, pues en  desarrollo  del  cargo  por  esta  vía  corresponde  determinar  la  naturaleza  jurídica  del aspecto frente al cual se hace la valoración inicial, para luego  identificar  aquel  en  donde  se  repite  la  misma  ponderación  con  efectos  negativos.”   

15  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

16  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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