31445(18-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 31445  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 82.  

Bogotá,  D.C., dieciocho de marzo de dos mil  nueve.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ ARANGO contra el fallo de segundo grado del 24 de julio  de  2008,  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, mediante el cual  confirmó  con  algunas  modificaciones  la  sentencia  proferida por el Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  y por virtud de la cual se  condenó  al procesado en cita a la pena principal de veinticuatro (24) meses de  prisión  y  multa por seis (6)  salarios mínimos legales mensuales y a la  accesoria  de   la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de los derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como  autor  responsable del delito de estafa. En la misma decisión se declaró  la  prescripción de la acción penal por los delitos de receptación y falsedad  marcaria.   

LOS HECHOS  

Se  consignaron  así  en  los  fallos  de  instancia:   

“El  24  de  diciembre  de  1998,  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ  ARANGO,  recibió  de  la  asociación  Fasecolda  a la que se  encontraba  afiliado,  la  relación mensual de vehículos siniestrados en venta  por  las compañías aseguradoras; por tal motivo ofreció la suma de $4.500.000  a  la  Compañía  de  Seguros  La Ganadera S.A., por el automotor de placas MQD  962,  marca  Mazda  323 HE, modelo 1997, color verde arrecife, motor E3-373089 y  serie  HE509297, quien el 8 de febrero de 1999, le adjudicó el vehículo e hizo  entrega  material del mismo antes del 23 de marzo de 1999, quedando pendiente la  legalización de los documentos a su nombre.   

“De  otro  lado,  el  9 de marzo de 1999,  hacia  las  21:30  horas,  le  fue hurtado el vehículo de placas BHZ-097, marca  Mazda  323HE,  modelo  1997,  color verde arrecife, motor No. E3-375169 y chasis  No.  09936,  al señor Nelson Darío Moreno Alfonso, cuando lo dejó estacionado  en  la  vía  pública,  frente al inmueble ubicado en la Avenida 19 No. 124-46,  barrio  La  Calleja  de  esta  ciudad,  mientras  ingresó  al  mismo  por  unos  documentos que requería.   

“El  23 de marzo de 1999, ARNOLD MAURICIO  GÓMEZ  ARANGO,  enajenó a WILLIAM JOE HUERTAS SÁNCHEZ, el vehículo que fuese  hurtado  al  señor  Moreno  Alfonso por la suma de $10.000.000 cancelados así:  $6.700.000  pagos  en tres contados y $3.300.000 que convinieron se tendría por  cancelados  por el comprador, con el préstamo de confianza que por tal cuantía  HUERTAS  SÁNCHEZ  había  hecho a GÓMEZ ARANGO en fecha anterior, pero con los  guarismos  de  identificación  falsificados,  pues  fueron reemplazados por los  correspondientes al vehículo siniestrado.   

“El 24 de mayo de 1999, La Ganadera S.A.,  firmó  el  traspaso del vehículo siniestrado a ARNOLD MAURICIO GÓMEZ ARANGO y  el  31  de  mayo  de 1999, la Secretaría de Tránsito y Transporte de Mosquera,  expidió   a   su  nombre  la  respectiva  tarjeta  de  propiedad,  sin  ninguna  restricción  o  anotación  que  evidenciara  que  se  trataba de un salvamento  vehicular,  de  lo  cual,  GÓMEZ  ARANGO, se valió para el 9 de junio de 1999,  firmar  traspaso  a  HUERTAS  SÁNCHEZ,  por  el vehículo hurtado que le había  vendido  en buenas condiciones mecánicas, como si se tratara el siniestro y ese  mismo  día, se ocupó de tramitar ante la Secretaría de Tránsito de Mosquera,  la tarjeta de propiedad a nombre de aquél.   

“El 30 de septiembre de 1999, WILLIAM JOE  HUERTAS  SÁNCHEZ,  enajenó el automotor, a CARLOS ORBE SÁNCHEZ por la suma de  $10.000.000  y  éste el 6 de octubre de 1999, lo vendió a la señora Mary Lang  Ying  Ducuara  Perales,  por  la  suma de $11.500.000, de los cuales, aquella le  canceló  $10.000.000  en  efectivo,  con  la  entrega  del  vehículo, quedando  pendiente  el  pago  del  saldo  de  $1.500.000, para el 9 de noviembre de 1999,  fecha  en  la  cual la señora Ducuara Perales determinó someter el automotor a  revisión    ante    la    SIJIN    –Grupo  de Automotores-, quien lo inmovilizó, al establecer que los  sistemas  de  identificación que presentaba, habían sido adulterados y que los  verdaderos  correspondían al automotor de placas BHZ 097, motor No. E3-375169 y  chasis  No.  09936,  denunciado  como  hurtado”.        

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

          Por  tales  hechos, fueron vinculados a la respectiva investigación  Carlos  Germán  Orbes  Sánchez, William Joe Huertas Sánchez y ARNOLD MAURICIO  GÓMEZ ARANGO.   

El  10  de  abril  de 2003, la Fiscalía 184  Seccional  de  Bogotá,  profirió  resolución  de  acusación  contra  los dos  primeros  mencionados  como  presuntos  coautores  de  los  delitos  de falsedad  marcaria,  receptación  y  estafa,  mientras  que  a  favor  de  GÓMEZ  ARANGO  precluyó  la  instrucción, decisión última que fue revocada por la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Cundinamarca, que en resolución del 28  de  abril  de  2004 formuló acusación contra el mencionado como coautor de los  delitos en mención.    

Luego  de desarrollarse la etapa del juicio,  el   Juzgado   Quinto   Penal   del  Circuito  de  Bogotá  profirió  sentencia  condenatoria   contra   ARNOLD   MAURICIO  GÓMEZ  ARANGO  por  los  delitos  de  receptación,  falsedad  marcaria y estafa; así mismo absolvió por esas mismas  conductas a los coprocesados Huertas Sánchez y Orbes Sánchez.   

La  condena fue impugnada por el defensor de  GÓMEZ  ARANGO,  dando  lugar al fallo de segunda instancia arriba referenciado.   

LA DEMANDA  

Dos  cargos al amparo de la causal primera y  uno  al  amparo  de  la  causal segunda del artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  presenta  el  defensor  contra la sentencia impugnada, cuya fundamentación bien  puede resumirse de la siguiente manera:   

Primer cargo  

          Acusa  la  sentencia  de ser violatoria por vía indirecta de la ley  sustancial,   por   “falsa   apreciación   de  la  prueba”,  al  dar  por  demostrado,  sin estado, los  siguientes hechos:      

     

a. Que  el  señor  ARNOLD MAURICIO GÓMEZ ARANGO vendió a William Joe  Huertas  Sánchez,  el  23  de  marzo  de  1999, el automotor que le había sido  hurtado a Nelson Darío Moreno Alfonso.   

b. Que  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ  ARANGO  indujo en error a William Joe  Huertas,  al hacerle creer que el carro tenia un origen diáfano “cuando  sabía  a  ciencia  cierta que el mismo era producto de una  actividad delictiva”.   

c. Que  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ ARANGO no fue ajeno a la adulteración  de los sistemas de seguridad del carro incautado.   

d. Que  la  SIJIN  en  la  primera  revisión  que  hizo  del vehículo  incautado    no    detectó    que    sus    sistemas   de   seguridad   estaban  adulterados.   

e. Que   ARNOLD   MAURICIO   GÓMEZ   ARANGO  presenta  “una   serie   de   anotaciones   en   que   registra  su  actividad  delictiva”.     

En orden a la demostración del cargo, esgrime  que  en  la  sentencia,  el  fallador no señaló ni relacionó los elementos de  juicio   en   que   sustenta   la   declaratoria   de   responsabilidad   de  su  defendido.   

A   contrario  sensu,  afirma,  obra  en  el proceso prueba de que la  compañía  de seguros La Ganadera le adjudicó al procesado, el 8 de febrero de  1999,  por  la  suma  de  $4.500.000,  el vehículo automotor de placas MQD-962,  siniestrado  pero  no inservible, y, en las mismas condiciones éste lo enajenó  a  William  Joe  Huertas  Sánchez  el  23  de  marzo  de  1999,  por la suma de  $6.700.000,  advirtiéndole  que  el  rodante  provenía  de  un siniestro y que  necesitaba de algunos arreglos para ponerlo en funcionamiento.   

Ello  es  tan  cierto,  agrega,  que  ante la  Oficina  de  Transito  de  Mosquera,  Cundinamarca,  GÓMEZ  ARANGO  le  hizo el  traspaso  a  Huertas  Sánchez,  sin  objeción  legal alguna, pues el automotor  accidentado  se encontraba con los elementos de identificación originales y sin  problemas legales de ninguna índole.   

Dice  que  en el proceso se encuentra probado  que  cuando  William  Joe  Huertas  enajenó a Carlos Orbe Sánchez el vehículo  comprado  a  GÓMEZ  ARANGO,  pero  ya arreglado, por la suma de $10.000.000, lo  llevaron  a  revisión  a  la  SIJIN  de  la  Policía,  sin  que  se  detectara  irregularidad  alguna  en  los  sistemas  de  identificación, lo cual es prueba  inequívoca  de que hasta ese momento el rodante no había sufrido adulteración  alguna,  y  no como lo afirma el Tribunal, equívocamente, de que en ese momento  la  entidad  oficial  “no pudo detectar” la adulteración.    

Agrega  que  las  anotaciones  delictivas que  reporta  su defendido sobre una condena por hurto calificado y agravado, emitida  por  el  Juzgado  1º Penal del Circuito de Bogotá, no tienen validez, toda vez  que  la  misma  se  encuentra  prescrita  porque la sentencia se dictó el 20 de  noviembre   de   2002,   error  que  configura  una  falsa  apreciación  de  la  prueba.   

Dentro  del  proceso, dice, no aparece prueba  demostrativa   que   señale  que  su  defendido  estaba  enterado  de  la  mala  procedencia  del  automotor  que  vendía,  cuando  antes,  por el contrario, le  demostró   a  su  comprador  la  legalidad  de  la  procedencia  del  vehículo  siniestrado.   

La norma sustancial indebidamente aplicada es  el  artículo  356  del  Código  Penal  vigente  para el momento de los hechos,  mientras  que  las normas instrumentales por medio de las cuales se llegó a ese  error son los artículos 232, 234 y 238 del C. de P.P.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  sentencia y se dicte una de reemplazo de carácter absolutorio.   

Segundo cargo  

También  al  amparo de la causal primera del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, acusa la sentencia de ser violatoria por  vía  indirecta  de  la  ley sustancial, por falta de apreciación de la prueba,  que  condujo  a desconocer los siguientes hechos a pesar de estar acreditados en  el proceso:   

     

a. Que  entre  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ  ARANGO  y  William Joe Huertas  Sánchez  se  realizó  contrato  de  compraventa  escrito  en  relación con el  vehículo  siniestrado  de placas MQD-962 que aquél había adquirido por oferta  de Seguros La Ganadera S.A.   

b. Que  posteriormente  a  esa  compra,  el  señor William Joe Huertas  Sánchez  vendió  el  30  de  septiembre de 1999 el automotor, ya arreglado, al  señor  Carlos  Orbe  Sánchez en la suma de $10.000.000, habiéndolo sometido a  revisión  técnica  por  parte  de la SIJIN, sin que se detectara adulteración  alguna en los sistemas de identificación.   

c. Que  el  señor  Carlos Orbe Sánchez utilizó estrategias ilícitas  para  comercializar el vehículo comprado  y poder negociarlo con Mary Lang  Yin Ducuara el 6 de octubre de 1999, por la suma de $11.500.000.     

En orden a la demostración del cargo refiere  que  a  pesar  de  que el Tribunal acepta que entre el procesado GÓMEZ ARANGO y  William  Joe  Huertas  Sánchez  existió  un  contrato de compra venta sobre el  vehículo  accidentado,  a  renglón seguido señala que el comprador manifestó  que  el  automotor  lo  había  recibido  en  buenas  condiciones y por un valor  distinto,  restándole  validez  a  la  prueba documental, cuando la misma no ha  sido  tachada  de falsa, ni existe prueba que respalde el dicho del comprador ni  descarte  la del vendedor. De haber apreciado el documento, la decisión habría  sido absolutoria.   

Insiste  en  que el Tribunal se apartó de la  prueba  demostrativa  de  que el vehículo vendido a Huertas Sánchez por GÓMEZ  ARANGO  fue  revisado  por el organismo de la Policía Nacional encargado de esa  función,  sin  detectar  irregularidad  alguna,  aduciendo  que “sólo  a  través de una profunda revisión del vehículo por parte  de  la  autoridad  competente se pudieron detectar las argucias de GÓMEZ ARANGO  al  injertar  en  el  vehículo  hurtado  las  plaquetas  de identificación del  siniestrado”,  incurrieron así en un error de hecho  por  falta  de apreciación de un documento legalmente válido, lo cual influyó  trascendentalmente  en  la  decisión  adoptada,  pues  de  hacerse  valorado se  habría absuelto a su defendido.   

Afirma  que  Carlos  Orbe  Sánchez fue quien  utilizó  argucias y engaños cuando vendió el automotor a la señora Lang Ying  Ducuara  Parales,  al  presentarse  como  un  prestigioso  médico cirujano, sin  serlo;  que  era  yerno  de  William  Joe Huertas Sánchez, sin serlo; llevar el  vehículo  a  su  taller  de  confianza para revisión mecánica y aducir que se  encontraba  de  afán  porque  tenía  una  cirugía  de  urgencia; adulterar el  sistema  de  la  medida  del  kilometraje;  negarse a hacer la revisión ante la  SIJIN  aduciendo  que  20  días  antes  William  Joe  había  cumplido  con esa  diligencia,  a todo lo cual se agrega que tenía una amplia experiencia en venta  de vehículos usados y nuevos.   

Señala    el    demandante   que   estas  “pruebas”  no  fueron  apreciadas  por  el  fallador,  pues de haberlo hecho así, la decisión habría  sido absolutoria a favor de su defendido.   

Pide,  en  consecuencia,  que  se  case  la  sentencia,   y   en   su   lugar   se   dicte  una  de  reemplazo  de  carácter  absolutorio.   

Tercer  cargo     

          Al  amparo  de  la causal segunda del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  acusa  la  sentencia  impugnada de no estar en consonancia con los cargos  formulados en la resolución de acusación.   

          Sostiene  que  la  violación se produjo porque en la resolución de  acusación  proferida por la Fiscalía Quinta Delegada ante el Tribunal Superior  de  Bogotá  el  28 de abril de 2004, se acusó a su defendido como “coautor”   de   los   delitos   de  receptación,  falsedad  marcaría  y  estafa,  pero  en la sentencia de primera  instancia  se  le  condenó  como “autor”  de  tales  punibles, modo de participación que se ratificó en  el  fallo  de  segunda  instancia  al  mantener  la  condena  por  el  delito de  estafa.   

          Afirma  que  ni  el Juzgado ni el Tribunal dieron razones de hecho o  de  derecho  para  variar  lo dicho en la resolución de acusación y de acuerdo  con  la jurisprudencia de esta Corte la concreción fáctico-jurídica contenida  en  la misma determina los límites del juzgamiento y por tanto de la sentencia,  razón  por  la  cual no puede el juez, sin sacrificar la consonancia del fallo,  modificar  “desfavorablemente  el grado o formas de  participación y de culpabilidad”.   

          Pide,  en  consecuencia,  que se case la sentencia demandada y en su  lugar se dicte fallo absolutorio de reemplazo.     

            

            

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1. Sobre los cargos por violación indirecta   

         Insistentemente    ha    dicho    la    Sala    que   dentro  de un sistema de libre apreciación racional como el que nos  rige,  para  los  fines  de  desarrollar y fundamentar un cargo en casación por  errores  en  la  valoración  de  la  prueba,  le  está  vedado  al  recurrente  conducirse  bajo  los parámetros de unas instancias ya superadas, por cuanto lo  que  se  trata en esta sede extraordinaria       es       de      desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad con la que  arriban   los   fallos   a   esta   sede,  propósito  que  sólo  se logra en la medida en que se demuestre  de  manera  coherente,  clara y puntual, los vicios en que incurrió el juzgador  de  turno,  así  como  su  influencia  nociva  en los resultados del respectivo  pronunciamiento  al  punto que, de no haberse presentado tales anomalías, otras  muy   distintas   hubiesen   sido   las   conclusiones   de   la  determinación  atacada.   

         

         Partiendo  de  ese  presupuesto,  resultan  evidentes  los  desatinos  de  orden argumental en el desarrollo de los cargos  por  errores en la valoración de la prueba, que impiden su estudio de fondo. De  una  parte,  por la falta de  concreción  de  los  errores atribuibles al fallador,  y  de  otra,  por  la  falta  de fundamentación de los mismos.   

         Según  reiterada  doctrina  de  la  Corte,  a los errores de hecho  corresponden       las       siguientes       manifestaciones:      a)  cuando el juzgador ignora una prueba  que  obra  materialmente  en el proceso, o supone una que no existe –falso    juicio   de   existencia-;  b)  cuando  distorsiona el  contenido  fáctico  de la prueba haciéndole decir lo que objetivamente no dice  –falso   juicio   de  identidad-;  y, c) cuando al  apreciar  el  mérito  de la prueba desconoce de manera manifiesta las reglas de  la  sana  crítica  –falso  raciocinio-.   

         Estas  especies de error, a pesar de pertenecer a un mismo género,  son  esencialmente  distintas,  en  cuanto que no es lo mismo que una prueba sea  ignorada   o   imaginada,   a  que  haya  sido  tergiversada,  o  apreciada  con  desconocimiento  de  los principios reconocidos por la lógica, la experiencia o  la  ciencia,  razón  por la cual, el censor, al plantear el cargo, debe indicar  con  claridad  en  cuál  de  tales  yerros  incurrió  el  juzgador,  no siendo  permitido  alegar  a  un mismo tiempo y respecto de la misma prueba, más de una  modalidad,    por    cuanto    el   planteamiento   resultaría   necesariamente  equívoco.   

         En  el  presente  evento, el demandante no especifica la naturaleza  del   error   de   hecho   que  atribuye  al  juzgador,  y  aunque   de  su  argumentación  se extracta que puede tratarse de un falso juicio de existencia,  por   suposición,   en  el  primer  cargo,  y  por  omisión,  en  el  segundo,  en  ningún caso cumple con  los parámetros mínimos para una adecuada fundamentación.   

         En     efecto,     en    el  error  de  hecho por falso juicio de  existencia,  en  cualquiera  de  sus  modalidades, es  imperativo  no  sólo  señalar el medio de convicción omitido o supuesto, sino  probar  la  influencia  de  la  irregularidad  en el sentido de la decisión que  impugna,  lo  cual  lógicamente  le  implica  al censor enfrentar los términos  sobre  los  cuales  la  misma  se  encuentra  construida.  Esto,  por  la sencilla razón de que siendo  eventualmente  cierta  la  omisión  o la suposición probatoria, el defecto por  sí  mismo  carece  de  la virtualidad de desquiciar la sentencia, pues para que  esto  suceda debe ser trascendente y ésta característica tiene que demostrarla  el  demandante,  nunca  naturalmente  al margen de la composición lógica de la  sentencia,    ya   que   son   precisamente   sus   términos   los   que   debe  degradar.   

         En  el  primer  cargo,  el  censor  afirmó que el Tribunal dio por  probados  hechos  sobre  los cuales no existía prueba en el expediente, pero en  la  fundamentación  deja  de  lado  las  reflexiones íntegras del juzgador  para llegar a las conclusiones    que   dice   supuestas,   tanto   en   el  fallo  de  primera como de  segunda  instancia, pues en punto de  la  responsabilidad  de  GÓMEZ ARANGO en el delito de  estafa,     ambos     conforman     una     unidad  inescindible   imposible  de  desconocer,  razón  por  la  cual  no podía limitarse el demandante a citar  apartes  aislados  del  fallo  del  Tribunal,  cuando  las   pruebas  que  sustentan  la  condena  aparecen  relacionadas  con  suficiencia  en  el  fallo de primera instancia, motivo  que  llevó  al  juzgador  de segunda instancia a avalar lo  allí  consignado,  dando  respuesta  a  los  cuestionamientos  aducidos  en  la  impugnación,  pero  obviando  repeticiones innecesarias en punto de las pruebas  acreditadas y analizadas en esa instancia.         

         De   esa   manera,   el   censor  omite  enfrentar  la  crítica  que  en  el fallo de primera  instancia  se  hace  a  la  versión  del  procesado  GÓMEZ ARANGO,  en  cuyo  análisis  se  involucran  las  pruebas  que llevaron a  descartar  su  credibilidad  (ver  folios  263  a  270  del  cuaderno  No. 1 del  juicio).       

         

        Lo  ofrecido  en  últimas  en  la demanda, no es la intencionalidad  concreta  de  mostrar que el fallo transgredió la ley, sino oponerse sin más a  su   fundamentación   mediante  una  exposición  particular  de  cómo  debió  decidirse  la  causa  frente  al  alcance  persuasivo  que poseen algunos medios  allegados durante el proceso.   

         Así,  por  ejemplo, cuando dice que el  juzgador   supuso  la  prueba  demostrativa  de  los  antecedentes  criminales  que  registra el procesado GÓMEZ ARANGO, a   renglón  seguido  acepta  que  al  expediente  se  incorporó constancia de una  condena por hurto calificado y agravado, emitida por el Juzgado  1º  Penal  del  Circuito  de Bogotá, cuya validez se pretende poner en tela de  juicio  porque  la  pena  estaría  prescrita,  alegación  que  sin  embargo no  acredita en forma alguna.   

    

        Tampoco   en   el   segundo   cargo,  cumplió  con  su  carga  de debida fundamentación,  pues   el  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  no quedaba  satisfecho con la mera enunciación  de    los          medios   de  prueba  que  se  aducen         excluidos  del análisis probatorio asumido  por    el    fallador,    ya    que   en  este evento se imponía  el  examen  global de todo el material probatorio que fue objeto  de  valoración,  a  fin de demostrar la trascendencia del yerro, esto es, cómo  la  estimación  conjunta  del  material  probatorio  omitido  con  el  restante  analizado  por  el juzgador, trastocaba las conclusiones del fallo atacado.   

Era  obligación  del  demandante, verificar  cómo   se  hallaban   insertos  en  la  foliatura  los  medios  de  prueba  ignorados,  registrar  su  contenido concreto, advertir, con la trascripción de  la  sentencia,  la  forma  en que fueron ignorados por el Tribunal y, finalmente  verificar  la  trascendencia  de tales elementos suasorios, introduciéndolos en  el  campo  general  de  pruebas  y  realizando un nuevo análisis de ellas en su  conjunto.   

Nada  de  ello desarrolló el impugnante y  tampoco  demostró  la  trascendencia  de  tales  fuentes  de convicción en las  estimaciones  fijadas  en la sentencia con base en las pruebas valoradas por los  juzgadores,  pues ello no podía acreditarse con las conclusiones propias que el  demandante  extracta  de  tales  elementos  de  juicio,  como  se  procede en la  demanda,  pues  lo  que  tenía  que  demostrar era la relación de causa-efecto  entre  la  prueba  que  echa  de menos por haber sido de tal necesariedad, y las  valoraciones  de la sentencia, que su falta de aducción implicó la alteración  del   sentido  de  la  decisión  por  la  que  optó  el  fallador.     

El  demandante,  como  ya  se  advirtió, ni  siquiera  cita  las  premisas  de la sentencia de primera instancia, que abordó  con  mucha  más  extensión la responsabilidad de GÓMEZ ARANGO en el delito de  estafa,  motivo  por  el  cual  no  demuestra  el  error  que  se le enrostra al  fallador.   

Así,  ante  los  insalvables  defectos  de  fundamentación,  que  la  Corte  no  puede enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna la casación se inadmitirán los cargos propuestos al  amparo   de   la   causal   primera   del   artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000.   

2.   Sobre   el  cargo  por  incongruencia   

Este cargo, formulado al amparo de la causal  segunda      de     casación     –artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000-,  lo  hace  consistir el  demandante  en  que  por  haber  sido  condenado  el procesado como “autor”  del  delito  de  estafa,  no  obstante   que   en   la   resolución  de  acusación  se  lo  consideró  como  “coautor” del mismo, se  rompió  la  congruencia  que de estos pronunciamientos judiciales exige la ley.   

Aquí,  desconoce el censor la reiterada y  unánime  jurisprudencia  que ha precisado que en tales supuestos no se presenta  un  evento típico de incongruencia, básicamente porque como en uno y otro caso  los  márgenes  de  punibilidad  que  delimitan  el trabajo dosimétrico son los  mismos,  no  se ocasiona ningún agravio que deba repararse por vía casacional.  Así  se  ha  sostenido, entre otras, en las sentencias de casación de marzo 11  de 1998 (Rad. 10159) y junio 15 de 2000 (Rad.12372).   

Además,  un  reclamo  por  este  aspecto  resulta  inocuo,  dado  que  con  una  modificación  como  la  señalada por el  demandante,  y aún en el sentido contrario (se condena como coautor a quien fue  acusado  como  autor),  el  delito  y el grado de participación referidos en la  acusación  siguen  siendo los mismos que sustentan el fallo de condena, pues el  coautor es autor.   

Finalmente,  no  se  observa  violación a  garantía  fundamental  alguna  que  en  virtud del artículo 216 del Código de  Procedimiento  Penal  conduzca a la Sala a actuar oficiosamente en relación con  este procesado.   

          En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          1.  INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor  del   procesado  ARNOLD  MAURICIO  GÓMEZ ARANGO por las razones esgrimidas en  la parte motiva de esta decisión.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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