31439(12-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31439   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA No. 250  

Bogotá, D.C., doce (12) de agosto de dos mil  nueve (2009).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala examina los presupuestos jurídicos,  lógicos   y   argumentativos   expuestos   por   el  defensor  de  José  Edgar Alonso Arévalo, con el fin de  resolver  sobre  la  admisión  de  la  demanda de casación promovida contra la  sentencia   dictada   por   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  de  fecha 20 de noviembre de 2008, que confirmó la proferida por  el   Juzgado   Penal   del   Circuito   de    Ubaté   con   funciones   de  conocimiento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Marlén Marroquín Ostos, madre del menor  de          5         años         A.F.R.M.1    compareció    ante   las  autoridades  judiciales a poner en conocimiento el hecho sucedido el 30 de abril  de  2007,  según  el cual, por conducto de la propia víctima se enteró que en  las  horas  de  la  mañana, cuando ella había salido a trabajar, su compañero  José    Edgar    Alonso    Arèvalo    le    había  introducido  vía  anal  su  miembro  viril; situación que si bien en principio  advirtió  dado  que  el  niño  se quejaba de dolor, aquél adujo que se había  maltratado  con  un  palo.   Al  serle  practicada valoración por Medicina  Legal  “el menor presentaba trauma a nivel perineal,  presentando  desgarro  de  piel  y  tejido celular subcutáneo, con pérdida del  tono             del            esfínter2”.   

    

1. Ante el Juez de la Unidad Judicial  de  Simijaca  y  Susa (Cundinamarca) con función de control de garantías -4 de  abril   de   2008-   se   formuló   imputación   en   contra  de  José   Edgar   Alonso   Arévalo  por  la  conducta  punible de acceso carnal violento agravado, los que fueron debidamente  aceptados.    Se   le   impuso   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva.     

    

1. El día 18 de  abril de 2008 se  presentó  escrito  de  acusación  ante  el Juzgado Penal del Circuito de   Ubaté  con  funciones  de conocimiento, consistente en la aceptación por parte  del  acusado del cargo de autor material de la conducta punible de acceso carnal  violento   agravado,  descrito  en  la  Ley  599  de  2000,  artículo  205,  en  concordancia  con  el 211 numerales 2 y 4 y con la modificación de que trata el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004.     

4. El 22 de  mayo de 2008 en audiencia de  verificación  de cargos e individualización de la pena y sentencia se improbó  por  el  juez  de  la  causa  el  allanamiento,  decisión  que al ser objeto de  apelación  ante  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca con fecha  18  de junio de 2008 se revocó al considerarse que el allanamiento cumplía las  exigencias legales, lo que conllevó su aprobación.   

5. El 4 de septiembre del mismo año  se  profirió   fallo   de   naturaleza   condenatoria   en   contra  de   José  Edgar  Alonso  Arèvalo  al  ser  declarado  responsable  del  delito  de  acceso carnal violento agravado y se le  impuso  una pena principal de catorce (14) años y dos (2) meses de prisión. Le  fue  negada la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria.   

6.  Apelada  la decisión por la defensa, fue  confirmada  íntegramente  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  el  20  de                 noviembre3.   

LA DEMANDA  

En forma debidamente ordenada,  previo a  la  presentación  y  argumentación de las causales, invocó el censor como fin  del  recurso  extraordinario  que  se  acceda a sus pretensiones, aún cuando al  final  de  su  formulación  peticionó el respeto de las garantías del acusado  instituidas  en el artículo 29 y 13 de la Carta Política, las que en su sentir  fueron conculcadas en las sentencias de primer y segundo grado.   

Al  amparo de la causal primera del artículo  181  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, violación directa de la ley  sustancial,  el casacionista presentó  tres cargos, exhibiendo al unísono  como  normas  quebrantadas: artículos 4 y 13 de la Constitución Política, 199  de  la Ley 1098 de 2006, 351 y 352 del Código de Procedimiento Penal y 14 de la  Ley 890 de 2004.  Así, los formuló:   

Primero:  falta de aplicación.   

Las sentencias proferidas en primera y segunda  instancia  han  debido dar estricta aplicación al artículo 4 superior para por  esa  vía,  inaplicar  el  artículo 14  de la Ley 890 de 2004, esto es, no  imponer  el  aumento  punitivo  allí establecido por cuanto la forma en que fue  aplicado  se  ofrece  desigual.  En aras de soportar su tesis, ejemplificó  el  mismo  caso,  en dos distritos judiciales distintos para con ello significar  la abierta diferencia entre las dos penas impuestas.   

Destacó  el  censor  que el aumento punitivo  sólo  se  ofrece  viable  cuando en todo el territorio nacional haya entrado el  sistema acusatorio.   

Concluyó que se debe aplicar la excepción de  inconstitucionalidad del artículo 4 de la Constitución Política.   

Segundo: interpretación errónea.  

El yerro lo hizo consistir en el significado o  hermenéutica  ofrecido  por  los falladores al numeral 7 del artículo 199  de  la  Ley  1098  de  2006,  destacando  que  si  bien el legislador mantuvo la  prohibición    a  la  rebaja  de  pena  con  base  en  los  preacuerdos  y  negociaciones  prevista en los artículos 348 a 351 del Código de Procedimiento  Penal,  no  sucedió  lo propio con la figura del allanamiento, la que se ofrece  abiertamente distante.   

Tercero: falta de aplicación.  

El error de los juzgadores  se concretó  –atendiendo  lo dicho  en  el  cargo  segundo- en no haber aplicado la rebaja de pena del artículo 351  del  Código  de  Procedimiento  Penal por motivo de la indebida interpretación  del  numeral  7  del  artículo  199 de la Ley de Infancia y Adolescencia.   Insistió  en  la  tesis  ya  expuesta:  preacuerdo,  acuerdo y negociación son  instituciones  sinónimas  que  conllevan una única finalidad, discusión entre  imputado y fiscalía.   

Para soportar su disenso citó jurisprudencia  de la Corte Constitucional sobre el punto debatido.   

CONSIDERACIONES  

1. La inadmisión de la demanda  

Conforme  a  las previsiones de la Ley 906 de  2004,  el recurso de casación propende por la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes y la reparación de los  agravios  inferidos  a  estos,  de  donde  se colige que es indispensable que el  censor  demuestre  la  necesidad  de  intervención  de la Corte a través de un  discurso   lógico   jurídico,   con  suficiente  claridad  y  precisión.   

Como  fácilmente  se  advierte,  la  demanda  promovida  en  esta  ocasión  no reúne los requisitos mínimos exigidos por el  artículo  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2004, por cuanto no se  precisan,  aspiración  al  cumplimiento  de las finalidades del recurso, razón  por  la  cual  se inadmitirá,  entendidas estas, a términos del artículo  180 del Código de Procedimiento Penal:   

“Finalidad.   El recurso pretende la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia…”.   

De entrada se evidencia el dislate del censor  por  cuanto  si invocó como finalidad del mismo el respeto a las garantías del  acusado   conforme  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, la  técnica  casacional  manda que el ataque extraordinario  bajo la égida de  la  Ley  906  de  2004  ha debido rituarlo por la senda de la casual segunda del  artículo  181  del  Código de Procedimiento Penal.4.   

La   contradicción   es   patente,   pues  simultáneamente  se  reclamó  fallo  de  reemplazo  (esa es la consecuencia de  invocar  la violación indirecta) cuando lo propio sería retrotraer el trámite  (solución  a  las  faltas  al  debido  proceso),  posturas que por repelerse no  pueden    ser    presentadas    en    el    mismo   cargo,   sino   separada   y  subsidiariamente.   

Esa  irregularidad por sí sola  daría  lugar  a  la  inadmisión  de  la demanda, no obstante, como la Sala  tiene  dicho,  que  las  causales  de  casación  no  son un fin en sí mismas, sino un  instrumento  a  través  del  cual  se  protege  las  garantías de los derechos  fundamentales  vulnerados,  es  que  la  Corte  se  ocupa de analizar los cargos  invocados.  Atendidos  estos criterios, ha señalado5:   

“De  allí  que bajo la óptica del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional  motivo  de  nulidad por errores in iudicando, por cuanto permite el  ataque  si  se  desconoce  el  debido  proceso  por afectación sustancial de su  estructura  (yerro  de  estructura) o de la garantía debida a cualquiera de las  partes (yerro de garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas6.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia7.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción8,     mientras    que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.”   

Primer cargo.  

Encuentra  la  Sala  que si bien el cargo es  presentado  de  manera  adecuada  y  siguiendo las reglas técnicas que exige la  formulación  de  un  reparo  bajo  la  égida de la causal primera de casación  dispuesta  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, orientado inequívocamente  a  cuestionar  una temática exclusivamente jurídica en punto de la aplicación  del  artículo  14 de la Ley 890 de 2004, en cuanto señala el supuesto yerro de  los  juzgadores  sobre  la normatividad e indica que se aplicó indebidamente el  citado  precepto,  aceptando  la  realidad fáctica definida en las instancias e  inmodificable  dentro  del  proceso,  sin  dificultad  se  observa  que  dada la  temática  propuesta por el defensor, no se necesita del fallo de casación para  dilucidar  sus planteamientos en la medida en que la Sala lo ha desarrollado con  suficiencia.   

Y,  es  que no basta, para  alcanzar la  admisión  del  libelo  que el recurrente postule y desarrolle técnicamente los  cargos,  sino  que  es  menester  que  demuestre la necesidad de la sentencia de  casación  en  punto  de  cumplir  alguno  de  los  fines  de  tal  impugnación  extraordinaria.   

La gradualidad del aumento  punitivo de la Ley 890 de 2004.   

La postura la adoptó la Sala en principio, a  través   del   fallo   de   tutela   del   7  de  febrero  de  20069, reiterado en  auto    del    23    de    febrero    de   2006   10  y  en  sentencia  del  21 de  marzo  de 200711,  estudio  que  ha  comportado  los  antecedentes  legislativos del  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004, concluyéndose que la teleología que  orientó  la  normatividad en cita no fue distinta a habilitar los mecanismos de  allanamientos  y  acuerdos  que  surgen  de la implementación del sistema penal  acusatorio  de la Ley 906 de 2004, aplicación que queda expresamente supeditada  a     la     vigencia     gradual     de    éste12,  posición  que  se  ofrece  abiertamente distante de la aducida por el censor.   

Finalmente, respecto del derecho a la igualdad  que  plantea la defensa ha dicho la Sala que como principio y regla de carácter  constitucional  comporta  un  derecho  y  una  garantía.  En virtud del primero  “habilita  a  los  individuos dentro del sistema la  facultad  de  formular  oposición  frente a normas o actos violatorios de aquel  principio  en  términos  generales  o  francamente  discriminatorios  desde  lo  específico,  estatus negativo, o de exigir algún comportamiento determinado de  los   poderes  públicos,  estatus  positivo”,  para  concluir:   

“La desigualdad  se  evidencia con claridad, pues un procesado condenado por idénticas razones a  las  que  lo  fue el aquí accionante, pero cuya conducta hubiese ocurrido en un  lugar  donde  se  aplique  el  sistema  acusatorio,  tendría  la posibilidad de  acceder  a una mayor rebaja de pena en caso de un allanamiento a la imputación,  en   los  términos  del  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004”.   

“Pero la Sala no  duda  en señalar que la desigualdad evidenciada sólo se deriva de una errónea  aplicación  del  aumento  general de penas que se adoptó en el artículo 14 de  la  Ley  890 de 2004, a un evento que no se rige por el sistema acusatorio, pues  de  acuerdo  con  los  antecedentes históricos de la  aludida  ley,  su  propósito no fue otro que permitir la puesta en marcha de un  sistema  procesal basado en una significativa negociación de penas, que exigía  por  tanto  el  aumento general de las mismas para mantener una proporcionalidad  sancionatoria  razonable que respondiese a las múltiples formas de negociación  y      rebajas     previstas     (…)”.   

“Por  lo  tanto, se ve obligada la Sala a  aceptar  que  al  igual  que  la Ley 906 de 2004, la norma de aumento general de  penas,  vigente  desde  el  1º de enero de 2005, debe aplicarse gradualmente en  aquellos  Distritos Judiciales donde se vaya implantando el sistema acusatorio y  con  exclusividad  a  los  casos  que  se rigen por el mismo (…). Lo contrario  resulta  inconstitucional,  porque  lleva  a  aplicar  consecuencias distintas a  situaciones       fácticas       idénticas”13.   (subrayas   fuera   de  texto)14.   

Entonces,  si  como ya lo tiene precisado la  Sala  no  se  viola  el  derecho  a  la  igualdad de las personas ante la ley al  aplicar  a  quienes  son  procesados  bajo  la  égida de la Ley 906 de 2004 los  incrementos  de  pena  señalados  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, es  claro   que   la   queja   del  censor  encuentra  respuesta  en  las  referidas  providencias,  circunstancia demostrativa que en cuanto se refiere a este cargo,  no  es  necesario  el  fallo  de  casación  y,  en  consecuencia,  se impone su  inadmisión  de  conformidad  con  lo establecido en el inciso 2º del artículo  184 de la Ley 906 de 2004.   

Segundo y Tercer cargo.  

Ahora  bien,  en  aras  de  evitar  inútiles  repeticiones  y  toda vez que los cargos descansan bajo un único aspecto:   alcance  del  artículo  199  de  la  Ley  1098  de 2006, tópico que la Sala ya  abordó  a  ello se remitirá por cuanto ninguna razón adicional se ofrece para  mudarlo:   

“…ALCANCE   DE  LO  DISPUESTO  EN  EL  ARTÍCULO 199 DE LA LEY 1098 DE 2006   

             Con    la  expedición  de  la Ley de la Infancia y la adolescencia, a más de reproducirse  algunas  de  las  normas  consignadas  en  el   Código  del Menor derogado  –Decreto  2737 de 1989-,  se  instituyeron  varias  figuras  de  alcance  penal,  encaminadas a brindar un  ámbito  de  protección  mayor  y  más  efectivo  a  ese  grupo específico de  personas,  en  seguimiento  de puntuales normas constitucionales que demandan un  plus  de  atención  en  su  favor,  en  prevalencia  sobre  los derechos de los  demás.    

              Bajo     esta  preceptiva, el artículo 199 de la Ley 1098 en cita, consagra:   

            “Beneficios  y  mecanismos  sustitutivos. Cuando se  trate  de  los delitos de homicidio o lesiones personales bajo modalidad dolosa,  delitos  contra  la  libertad,  integridad  y  formación sexuales, o secuestro,  cometidos  contra  niños,  niñas  y adolescentes, se aplicarán las siguientes  reglas:   

    

1. Si hubiere  mérito  para  proferir medida de aseguramiento en los casos  del artículo  306  de  la  Ley  906  de  2004,  esta  consistirá  siempre  en  detención  en  establecimiento  de  reclusión.  No  serán  aplicables  en  estos  delitos las  medidas  no  privativas  de la libertad previstas en los artículos 307, literal  b), y 315 de la Ley 906 de 2004.   

2. No  se  otorgará   el   beneficio  de  sustitución  de  la  detención  preventiva  en  establecimiento   carcelario   por    la  de  detención  en  el  lugar  de  residencia,  previsto  en los numerales 1 y 2 del artículo 314 de la Ley 906 de  2004.   

3. No  procederá  la  extinción  de  la acción penal en aplicación del principio de  oportunidad  previsto en el artículo 324, numeral 8, de la ley 906 de 2004 para  los casos de reparación integral de perjuicios.   

4. No  procederá  el subrogado penal de Suspensión Condicional de la Ejecución de la  Pena, contemplado en el artículo 63 del Código Penal.   

5. No  procederá  el subrogado penal de Libertad Condicional, previsto en el artículo  64 del Código Penal.   

6. En ningún  caso  el  juez de ejecución de penas concederá el beneficio de sustitución de  la  ejecución  de  la  pena,  previsto  en  el  artículo  461 de la Ley 906 de  2004.   

7. No  procederán  las  rebajas de pena con base en los “preacuerdos y negociaciones  entre  la  fiscalía y el imputado o acusado”. Previstos en los artículos 348  a 351 de la Ley 906 de 2004.     

    

1. Tampoco  procederá  ningún  otro beneficio  o subrogado judicial o administrativo,  salvo   los   beneficios   por   colaboración  consagrados  en  el  Código  de  Procedimiento Penal, siempre que esta sea efectiva.     

              PARÁGRAFO  TRANSITORIO. En donde permanezca transitoriamente vigente la Ley 600  de  2000,  cuando  se trate de delitos a los que se refiere el inciso primero de  este  artículo  no  se  concederán  los  beneficios  de  libertad  provisional  garantizada  por  caución,  extinción de la acción penal por pago integral de  perjuicios,  suspensión  de la medida de aseguramiento por ser mayor de sesenta  y  cinco  (65)  años, rebajas de pena por sentencia anticipada y confesión; ni  se  concederán  los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad  de  condena de ejecución condicional o suspensión condicional de ejecución de  la  pena, y libertad condicional. Tampoco procederá respecto de los mencionados  delitos  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la prisión, ni habrá  lugar  a  ningún  otro  beneficio  subrogado  legal, judicial o administrativo,  salvo   los   beneficios   por   colaboración  consagrados  en  el  Código  de  Procedimiento Penal siempre que esta sea efectiva.”   

         Una  primera  apreciación  de  la  norma permite advertir cómo en  ella  el  legislador,  por política criminal, introduce una forma de limitar, o  mejor,  eliminar, beneficios legales, judiciales y administrativos, que no asoma  insular  o  extraña a nuestra tradición legislativa en materia penal, dado que  en  el pasado se ha recurrido a similar método, el cual, no huelga resaltar, ha  sido  avalado  por la Corte Constitucional, por entenderlo propio de la libertad  de    configuración    legislativa    que    atañe    al    Congreso   de   la  República.   

         Entonces,  no  es  posible  advertir  de  entrada,  por  la  sola imposición de  restricciones  draconianas  a  un  grupo  especial  de  delitos,  en  este  caso  hermanados   por   la   condición   particular   de  la  víctima  –infante  o  adolescente-,  que  ello  constituya,  per  se,  una  circunstancia  violatoria de derechos o registre de entrada su inconsonancia con  la  normatividad  constitucional,  para  efectos  de  abstenerse de aplicarla en  virtud del mecanismo de la excepción de inconstitucionalidad.   

           Ahora  bien,  en  el  tópico  específico  que  soporta  la  crítica consignada en la  demanda  de  casación,  vale  decir,  la  consagración  o  no  de prohibición  concreta  para  que  en  ese tipo de delitos contenidos en el inciso primero del  artículo  199  de la Ley 1098 de 2006,  se hagan rebajas punitivas propias  del  instituto  de  allanamiento a cargos, de entrada la Corte debe señalar que  una  lectura  correcta  no  solo  de lo que el numeral sétimo consagra, sino de  todo  el  contexto  del  artículo,  de  cara  a  la  teleología  que animó la  intención  del  legislador,  permite  concluir  por  fuera de toda duda en que,  efectivamente,  también  esa  aceptación  unilateral  de responsabilidad penal  consignada  en  el   allanamiento a cargos, soporta la carga prohibitiva en  mención.   

         En  primer  lugar,  respecto  de  lo  planteado  por la casacionista es menester  significar  que  la  definición  del  asunto  no  pasa  por  demostrar  que  el  allanamiento  a  cargos  no  es lo mismo que el preacuerdo o negociación, pues,  independientemente  de  ello, es claro que en el numeral séptimo en discusión,  se   incluyen   ambas   formas   de   terminación  extraordinaria  del  proceso  penal.   

         Nótese,  sobre  el  particular,  cómo  en  el  texto de la norma se cita entre  comillas,  para  establecer  el  marco de regulación de la prohibición, que no  procede    la    rebaja   de   pena   con   base    en   los   “Preacuerdos  o  negociaciones entre la fiscalía y el imputado o  acusado”,  citando  textualmente  el  epígrafe del  Título ll del Código de Procedimiento Penal.   

         Este  título,  es  necesario  resaltarlo,  consigna  no  solo, pese a lo que su  rótulo  señale o pueda dar lugar  a suponer, la modalidad de terminación  anticipada   por   acuerdo  o  preacuerdo,  sino  también  y  expresamente,  el  allanamiento   a  cargos,  a  manera  de  forma  unilateral  de  aceptación  de  responsabilidad penal.   

              No    en  balde,  el  artículo 351 establece expresamente “La  aceptación  de  los  cargos  determinados  en  la  audiencia de formulación de  imputación,  comporta  una  rebaja  hasta  de  la  mitad  de la pena imponible,  acuerdo que se consignará en el escrito de acusación”.   

               Dejando  de  lado  la  interpretación  que pueda darse a la segunda parte de lo  citado,  en tanto, algunos entienden que el allanamiento constituye alguna forma  de  acuerdo,  conforme  lo  dispuso así el legislador, es lo cierto que en este  artículo  se  delimita  expresamente  la posibilidad de aceptar unilateralmente  los  cargos  contenidos  en la formulación de imputación y su efecto concreto:  la disminución de pena de hasta el cincuenta por ciento.   

            Y  es  así,  porque  a  renglón seguido, en el inciso segundo, se plantea ya de forma  expresa  otra  de  las  modalidades de la aceptación de cargos por el procesado  (mírese  que  precisamente el artículo 351 se rotula “Modalidades”), no ya  unilateral,   sino   fruto   de   preacuerdo  o  negociación  respecto  de  los  “hechos        imputados        y        sus  consecuencias”.   

              Ninguna  otra  norma  de la ley 906 de 2004 se refiere al porcentaje concreto de  reducción  en  los  casos  en  los cuales el procesado, durante la audiencia de  formulación de imputación, se allana a los cargos.    

             Y  si  bien,  como  lo  destaca  la  recurrente, los artículos 288 y 356-5, del  Código  de  Procedimiento Penal, se refieren al allanamiento que opera en curso  de  las audiencias de formulación de imputación y preparatoria, en ambos casos  se  remite  expresamente  su  aplicación  a  lo  consignado en el artículo 351  ibídem.   

              Ello  permite  entender  que  la  figura  del  allanamiento  a  cargos  se halla  regulada,   en  cuanto  su  naturaleza,  como  una  de  las  modalidades  de  la  aceptación  de  responsabilidad  penal  por parte del imputado o acusado, en el  artículo  351  de  la Ley 906 de 2004, que hace parte el Título ll, denominado  “PREACUERDOS   Y   NEGOCIACIONES   ENTRE   LA   FISCALÍA   Y  EL  IMPUTADO  O  ACUSADO”.   

             Y  si  en  otras  normas  se  hace  relación  a  esta aceptación unilateral de  responsabilidad   penal,   tal   ocurre  porque,  precisamente,  en  el  ámbito  eminentemente  procesal  allí  se  regulan  los  momentos  específicos  en los  cuales    se   hace   factible   acudir  unilateralmente  a  esa  forma  de  terminación abreviada del proceso penal.      

             En  consecuencia,  cuando  el legislador, en el numeral 7° del artículo 199 de  la  Ley  1098  de  2006,  eliminó la posibilidad de obtener rebajas de pena con  base  en  los  “PREACUERDOS Y NEGOCIACIONES ENTRE LA FISCALÍA Y EL IMPUTADO O  ACUSADO”,  incluyó  expresamente allí el instituto de allanamiento a cargos.  Mucho  más,  si  a  renglón  seguido delimita su rango de acción “en   los   artículos   348   a   351   de   la   Ley   906   de  2004”,  determinado  como es que esta última norma  en  su  inciso  primero  regula  esa  aceptación  unilateral  de  cargos.    

              De  otra  parte,  si  se  dijera que se obvió incluir en el numeral séptimo en  cuestión,   la   figura   jurídica   del  allanamiento  a  cargos,  una  dicha  inadvertencia   es   suplida   a   continuación,  en  el  ordinal  8°,  cuando  tajantemente  se  anota: “tampoco procederá ningún  otro  beneficio  o subrogado judicial o administrativo, salvo los beneficios por  colaboración  consagrados  en  el  Código  de Procedimiento Penal, siempre que  esta sea efectiva”   

                En  su  interpretación  natural  y  obvia,  es  claro  que  el  precepto atrás  destacado  busca  cerrar  cualquier puerta que en la delimitación exhaustiva de  los  siete  numerales  anteriores  pueda quedar abierta, haciendo inequívoco el  interés  del  legislador  en que a la persona imputada, acusada o condenada por  esos  delitos  señalados  en el inciso primero del artículo 199 de la Ley 1098  de  2006,  que  arrojen  como  víctimas  a  infantes  y adolescentes, no se les  otorgue  ningún  tipo  de  beneficio,  rebaja  o  prebenda  legal,  judicial  o  administrativa,  con  la  sola  excepción, porque expresamente se dejó sentada  ella, de los beneficios por colaboración eficaz.   

             Y  basta  verificar  el  contenido  íntegro  del  artículo  199  en  cita,  en  particular  sus  8  numerales  y el parágrafo, para definir inconcuso el querer  del  legislador,  que se extiende al inicio mismo de la investigación penal, en  punto  de  las  medidas  de  aseguramiento  a  imponer  y  su  imposibilidad  de  sustitución;   el  desarrollo  de  la  misma,  con  limitaciones  respecto  del  principio  de  oportunidad  y las formas de terminación anticipada del proceso;  el  contenido  del fallo, restringiendo la posibilidad de conceder subrogados; y  la  fase  ejecutiva  de  la  pena,  impidiendo  la  libertad  condicional  o  la  sustitución de la sanción.   

           Mal  puede,  de esta forma, argumentarse que fue pretensión del legislador dejar por  fuera  de  tantas  y tan profundas prohibiciones, el fenómeno de la aceptación  unilateral  de  responsabilidad,  como  si  tuviese  la  figura  algún  tipo de  naturaleza  o efecto particular que razonada y argumentadamente pudiera conducir  a  una conclusión de ese tenor, no solo pasando por alto el contenido y efectos  del  numeral  7°  del artículo 199 tantas veces reseñado, sino el impedimento  genérico que consagra el numeral 8° siguiente.   

          Porque,  acerca   de   lo  discutido  por  la  impugnante,  si  se  dijera  que  cumplió  adecuadamente  con  la  carga de argumentar en pro de excluir del numeral 7° el  instituto  de  allanamiento  a cargos, aunque la auscultación que hace la Corte  sea  diferente,  es  claro que nada hizo para señalar por qué esa figura no se  incluye dentro de las prohibición general del numeral 8°.   

            Si se  tratase,  por último, de encontrar mayores argumentos para soportar la que para  la  Sala  aparece  evidente  y  expresa  intención  de  excluir  de  beneficios  atemperatorios   de  pena  todos  los  mecanismos  de  terminación  anticipada,  incluido  el  allanamiento  a cargos, véase cómo el legislador incluso previó  lo  referido a los procesos que dentro de los estipulado por la Ley 600 de 2000,  aún  se tramitan, en aras de evitar que allí también se reconozcan beneficios  excarcelatorios  o  de  atenuación  punitiva  para quienes ejecutan ese tipo de  conductas en contra de menores.   

           Al  efecto,  en  el  parágrafo  incluyó todas las figuras consustanciales a la Ley  600  de  2000,  que  permiten  acceder  a  similares  beneficios a los que ahora  contempla la Ley 906 de 2004.   

           Pero,  para  ser  más  precisos,  en  forma  expresa  advierte  el  parágrafo que no se conceden  “rebajas      de     pena     por     sentencia  anticipada”.   

          No  abordará  la  Corte,  porque  no  es  el  objeto  de  este  pronunciamiento, la  discusión  respecto a la consonancia entre la figura de la sentencia anticipada  y   el   hoy   vigente   instituto   de   allanamiento   a  cargos  –aunque   se   precisa  que  la  más  reciente  postura  de la Sala mayoritaria registra su cabal equiparación-, pero  no  puede  soslayarse  que  la  Ley  600 de 2000, a diferencia de normatividades  anteriores,  sólo consagró como forma de terminación abreviada del proceso la  sentencia  anticipada,  a  manera  de forma unilateral (por contraposición a la  audiencia  especial  consagrada  conjuntamente con la sentencia anticipada en el  Decreto  2700  de  1991,  aunque  no  reproducida  en  la  Ley  600  de 2000) de  aceptación  de  responsabilidad  penal  que  corre  exclusivamente de cargo del  procesado,  sin  requerir  la  voluntad  de  la  fiscalía,  ni  ningún tipo de  negociación o acuerdo con esta.    

           Si  ello es  así,  constituye  un absoluto contrasentido -que la Corte no puede prohijar, en  tanto,  le corresponde hacer una interpretación contextualizada que no conduzca  al  absurdo-, significar que el legislador pretendió eliminar la posibilidad de  rebaja  respecto  del  fenómeno de la sentencia anticipada propio de la Ley 600  de   2000   –aceptación  unilateral  de  responsabilidad  penal-, pero, sin ninguna razón válida que lo  justifique,  buscó  hacer  lo  contrario  en  lo que toca con el allanamiento a  cargos        –que también comporta esa aceptación  unilateral de responsabilidad penal-.    

              Una  adecuada  interpretación  semántica,  lógica,  jurídica,  teleológica,  contextualizada   y   razonable,  advierte,  para  terminar,  inconcuso  que  el  allanamiento  a  cargos fue incluido por el legislador dentro de las figuras que  no  admiten  rebaja  de pena a favor de quien cometa los delitos contemplados en  el  inciso  primero del artículo 199 de la Ley 1098 de 2006, cuando la víctima  se      registra      menor      de      edad…15”.   

En   esos   términos   quedan  debidamente  contestados  los  argumentos  de la demanda en donde como se dejó dicho ningún  yerro  comportó  la  decisión  de segunda instancia; distinto se ofrece que el  criterio  hermenéutico  aplicado  se  ofrezca  refractario  a los intereses del  acusado.   

Finalmente, de lo dicho se concluye que no es  procedente  admitir  la  demanda  con  mayor  razón si no se constatan causales  ostensibles    de    nulidad,    ni    flagrantes    violaciones   de   derechos  fundamentales.   

2. El mecanismo de la insistencia  

Al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos16:   

(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         

(iii)  La  solicitud  de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus delegados para la  casación  penal,  o  ante  alguno  de los Magistrados integrantes de la Sala de  Casación Penal, según lo decida el demandante.   

(iv)  La  solicitud respectiva puede tener  dos  finalidades:  la  de rebatir los argumentos con fundamento en los cuales la  Sala  decidió  no  seleccionar  la demanda, o para demostrar por qué no empece  las  incorrecciones  del libelo, es preciso que la Corte haga uso de su facultad  para superar sus defectos y decidir de fondo.   

(v) Es potestativo del Magistrado disidente  o  del  Delegado  del  Ministerio Público ante quien se formula la insistencia,  optar  por  someter  el asunto a consideración de la Sala o no presentarlo para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al peticionario. Así  mismo,  cualquiera  de  ellos  puede invocar la insistencia directamente ante la  Sala de manera oficiosa.   

(vi)  El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso, con la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la  prescripción  de la acción penal,  efectos  que  no se alteran con la petición de insistencia, ni con su trámite,  a no ser que ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se selecciona la demanda está contenida  en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente,  con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por  vía  del  procedimiento  señalado en el artículo 169, inciso 3, de la Ley 906  de  2004,  esto  es  “mediante  comunicación escrita  dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o  cualquier  otro medio idóneo que haya sido indicado por las partes”,  se establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud de insistencia supone un estudio ponderado de la solicitud, de  la  demanda,  del  auto  por  el  cual  no  se  seleccionó  y  de la actuación  respectiva,  se  otorgará  al Ministerio Público o al Magistrado respectivo un  término  de quince (15) días para el examen de la temática planteada, vencido  el  cual  podrán  someter  el  asunto  a  discusión  de  la Sala o informar al  peticionario    sobre    su    decisión    de    no    darle    curso    a   la  petición”.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   José Edgar Alonso Arévalo.   

Segundo. Conforme al  inciso  2º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004, y bajo  los  términos  expuestos en la parte considerativa de esta providencia, procede  la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

         

        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

            

SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ  

ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

            Aclaración de voto             

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS  

AUGUSTO    J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS  

YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS             

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Por  tratarse   de   un   menor  de  edad  la  Sala  se  abstiene  de  publicitar  su  nombre.   

2  En  esos  términos  los  presentó  el  Tribunal  Superior  en  el  fallo objeto de  repudio.   

3 Los  motivos  del  recurso  los  plasmó  el  Tribunal, así: no haberse realizado la  rebaja  de  pena  del  artículo  351  del  Código  de  Procedimiento Penal por  prohibición  del  artículo  199  del  Código  de la Infancia, argumentando el  censor  que  en  la  norma  en  cita  no  se  hace  alusión  al  allanamiento a  cargos.   

4 Art.  181.  Procedencia.  (…)  2. Desconocimiento del debido proceso por afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de  la  garantía  debida a cualquiera de las  partes.   

5 Auto  del 2 de noviembre de 2006, Radicado 26.089   

6 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

7 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

8 ib.  radicación 24.530   

9  Radicación 24021.   

10  24890.   

11  26065.   

12  Criterio   reiterado   entre   otras,   radicación   28871,   23  de  enero  de  2008.   

13  Sentencia de casación del 21 de marzo de 2007. Rad. 26065.   

14  Reiterado en la radicación 28871, 23 de enero de 2008.   

15  Sala   de   Casación   Penal,   radicación   30299,   17   de   septiembre  de  2008.   

16  Auto del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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