31303(18-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 31303  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº   082  

Bogotá D.C., dieciocho (18) de marzo de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor      común     de     GLENIS     CÓRDOBA  ALVARADO   y  ÁLVARO  PAUL  CÓRDOBA ALVARADO.   

HECHOS  

El Tribunal ad-quem  los resumió así:   

“Según   la  denuncia  instaurada  el  3  de  agosto  de  1999,  por  el señor LUIS HERNANDO  RODRÍGUEZ  SOTO,  Delegado  de  la  Unidad de la Caja de Compensación Familiar  “Colsubsidio”,  el  29 de enero del mismo año la entidad canceló el sueldo  del  personal  a  su  servicio,  entre  quienes  figuraba ÁLVARO PAÚL CÓRDOBA  ALVARADO  a  quien  le fue girado el cheque No. 0252643 por valor de $76.374,oo,  el  cual  reportó  como extraviado el 9 de febrero de 1999, siendo que el mismo  fue  pagado  por  la suma de $4.374.000,oo, luego de presentar adulteraciones en  su contenido.   

Además  se puso en conocimiento que ÁLVARO  PAÚL   CÓRDOBA   ALVARADO,  fungiendo  como  propietario  de  la  microempresa  ‘Comercializadora Álvaro  Paúl   Córdoba’,  hizo  aparecer  a  su  hermana  GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO  como  afiliada,  para  que  obtuviera  cheques por concepto de subsidio familiar por el lapso de 2 años y 3  meses,  estableciéndose  que la relación laboral no era cierta, defraudando de  esta  manera  el  patrimonio  económico  de  la  Caja de Compensación Familiar  ‘Colsubsidio’,   quien   giraba   y   pagaba   los  auxilios” .   

ANTECEDENTES  

1.  Por los hechos  anteriores,  y  con  fundamento  en  la  denuncia  formulada  por  Luis Hernando  Rodríguez  Soto,  la Fiscalía 134 Seccional de Bogotá, dispuso la apertura de  investigación  previa  mediante  resolución  del  27  de agosto de 1999.   Evacuadas   algunas   diligencias  de  investigación  tanto  por  la  fiscalía  instructora  como  por  la policía judicial de la Policía Nacional, aquella, a  través  de  resolución  del  25  de  octubre de 1999 inició el trámite de la  instrucción   y  escuchó  en  indagatoria  a  GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO  y ÁLVARO  PAÚL  CÓRDOBA  ALVARADO el 22 de febrero y 3 de mayo  de 2000, respectivamente (fl. 50-59, 82-96, c.o. 1).   

La  fiscalía,  al  calificar el mérito del  sumario  a  través  de  resolución  del  15 de septiembre de 2003 (fl. 227 del  cuaderno   original   No.   1),  precluyó      la      investigación     a     favor     de     GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO   y  ÁLVARO  PAUL  CÓRDOBA  ALVARADO,  por  el  delito  de  falsedad  en  documento privado (artículo 221 del Código Penal de 1980).    

El  apoderado  de  la  parte civil apeló la  anterior   decisión  y,  en  resolución  de  segunda  instancia  del  18  de febrero de 2004, la Fiscalía 28  Delegada   ante   el   Tribunal  Superior  de  Bogotá  la   revocó   parcialmente  y,  en  consecuencia, acusó  a  ÁLVARO  PAÚL  CÓRDOBA  ALVARADO,    como    presunto    determinador    del  comportamiento  punible de falsedad en documento privado, en concurso homogéneo  con  el  de  estafa,  a  título de autor (artículos 289 y 246 de la Ley 599 de  2000),  al tiempo que acusó a  GLENIS CÓRDOBA ALVARADO como  autora  de  la  conducta  punible  de  estafa.  La  resolución  de  acusación  fue debidamente notificada  y cobró ejecutoria el 17 de abril de 2004.   

2.   La etapa  del  juicio  la tramitó el Juez 46 Penal del Circuito de Bogotá, el cual, tras  celebrar  la  audiencia  preparatoria  y  la  de  juicio, profirió sentencia de  primer  grado  el  30 de julio de 2007  (fl. 68-101, cuaderno de la causa),  mediante  la  cual  condenó a  ÁLVARO    PAUL    CÓRDOBA    ALVARADO  a  las  penas  principales  de  20  meses  de  prisión y multa de  $30.000,  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad,  como  autor  responsable  de  las  conductas  punibles  de  estafa,  en concurso  heterogéneo  con  falsedad  en  documento  privado  (artículos  356  y 221 del  Código   Penal   de   1980);   y  a  GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO  a  las  penas  principales  de  15  meses de  prisión  y  multa  de  $30.000,  como  coautora  del  comportamiento punible de  estafa,  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por término igual al de la pena privativa de la libertad,  al  paso  que  se  abstuvo  de  condenar  a los anteriores al pago de perjuicios  materiales y morales.     

El  defensor  de  los  procesados  apeló la  sentencia        condenatoria,        la       cual       fue       confirmada  en  segunda  instancia  por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  a través de decisión del 30 de mayo de 2008.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  apoderado de los procesados GLENIS   CÓRDOBA   ALVARADO   y   ÁLVARO  PAUL  CÓRDOBA  ALVARADO  presenta  demanda  de casación,  por medio de la  cual   postula   un   cargo   de  nulidad,    el    cual    desarrolla    a    través   de   “cuatro        aspectos”1.   

Cargo de nulidad.  

Al amparo de la causal de casación descrita  en  el  artículo  207-3  de  la  Ley 600 de 2000, el demandante sostiene que la  sentencia  es  nula,  por  razón  de  la  falta  de competencia del funcionario  judicial, conforme los numerales 1 y 2 de la Ley 600 de 2000.   

En  apoyo a su inconformidad, desarrolla los  siguientes               ‘aspectos’, los  cuales,  en  su sentir, condujeron al fallador a violar los artículos 2, 7, 11,  13, 20, 24 y 232 del Código de Procedimiento Penal:   

(i)  El recurrente  reprocha  que  la  fiscalía  hubiese  tramitado  la demanda de constitución de  parte  civil  formulada por el Banco de Bogotá, cuando dicha entidad no perdió  nada  puesto  que  pagó  el  cheque  con dinero de Colsubsidio y, por lo tanto,  “no  tendría  legitimación en la causa”.   Aduce  que  la aludida demanda no contenía los soportes  que  demostraran  el  monto  defraudado  y  que  la  misma  no  fue  debidamente  notificada.    Señala   que   Colsubsidio  “no  ratificó  que  el  fulano” denunciante, señor LUIS  HERNANDO  RODRÍGUEZ  SOTO,   en realidad tuviera la calidad de delegado de  seguridad.   

(ii)  Critica  que  después  de  la  declaración  de  LUIS HERNANDO RODRÍGEZ SOTO, se practicaron  pruebas    “secretas,    a    espaldas    de   los  sindicados”,  a  quienes  se  les  negó  el derecho  de    contradicción  pues  fueron  vinculados  por  medio  de  indagatoria  después  de  presentada la denuncia y su ampliación.  Agrega que  el  denunciante  ni  los  policías  de  la  SIJIN  fueron llamados posteriormente a  declarar,  lo  cual  les  impidió  a  los  procesados  ejercer  el  derecho  de  contradicción.   

Señala  que  GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO fue  acusada  y condenada por delito de estafa, conducta punible por la cual no se le  preguntó  en su indagatoria; así mismo, se violó la presunción de inocencia,  pues  la  conclusión  del  peritaje  caligráfico  no  permitía  sustentar  la  resolución de acusación.   

(iii)   Manifiesta  que  la  demora por parte de Colsubsidio para avisar el banco girado  “libera  de  responsabilidad  al tenedor del título  valor”, a quien Colsubsidio solamente le dio permiso  para  instaurar  la  denuncia  el  9  de febrero de 1999. Enseguida, se pregunta  cuántos  hijos  tendría  Germán  Alberto  Reina  Beltrán  si recibió cuatro  cheques  por  concepto  de  subsidio familiar por un valor de $32.000.000.   Además,  cuestiona  que  el  Banco  de  Bogotá  se  hubiese negado a pagar dos  cheques  por  valor  de  $15.000.000  por estimarlos aparentemente falsificados,  pero  en cambio hubiese pagado 22 títulos valores por $168.000.000 por concepto  de  subsidio  familiar,  suma que, según dice, no salió de las arcas del Banco  de   Bogotá,   todo   lo   cual   califica   de   sospechoso,   “porque  Colsubsidio  no  se  ha presentado en todo el proceso penal,  como   tampoco  su  representante  legal”.  Además,  lamenta   que   sobre   el   monto   del   perjuicio  -$168.000.000-  no  exista  certificación  de  contador  público  titulado,  sino  la  manifestación  del  apoderado de la parte civil.   

El  recurrente  aduce  una  violación  al  principio  de  investigación  integral,  pues  la  fiscalía no indagó por las  cuentas  contra  las  cuales  se  cobraron  los  cheques de subsidio; de haberlo  hecho,  afirma, hubiese encontrado a los titulares de las cuentas a partir de la  huella  dactilar  que  se plasma en el documento de apertura; agrega, en soporte  de  la  crítica  por  violación  al  principio de investigación integral, que  dentro    del    proceso    tampoco    se   verificaron   las   citas   de   los  sindicados.   

    

(iv) Por último, el  censor  indica  que  en el proceso existe un cuaderno de anexos con cerca de 270  folios,  en  algunos de los cuales se lee “Dirección  de  Policía Judicial, Área Delitos contra el Patrimonio Económico”.    De   dicho   documento,   afirma   que  “su  procedencia  y su creación no es por cuenta de la Fiscalía, no  se  sabe  cómo  llegó  a hacer parte del sumario” y  “ninguna  de  las personas que allí aparecen fueron  citadas  a la Fiscalía para ser interrogadas”.   Asegura   que   los   documentos   allí   contenidos   no  son  “plena   prueba”   en   contra   de  los  procesados  pues,  en “ningún caso los informes  de  policía judicial y las versiones suministradas por los informantes tendrán  valor  probatorio  en  el  proceso” y, según afirma,  “la  prueba  no es idónea porque carece de respaldo  probatorio”.   

Reprocha  que  la  fiscalía “no  tuvo  reparo  en  traer  a  colación  la  declaración  ante la  Policía  de  Alberto Salazar Figueredo”, y que en la  práctica  de  dicha  prueba  se violó el derecho a la contradicción, pues los  sindicados  aún  no  habían  sido  vinculados  al  proceso.   Según  afirma,  los  testimonios  rendidos  ante  la Policía por el mencionado Salazar  Figueredo  y  Sandra  Mora Fino fueron fruto de la coacción, motivo por el cual  se  afectó  el  debido proceso, “como la ausencia de  investigación  integral”.  Además, indica que  los  testimonios  relacionados  en  el  documento  proveniente  de  la  DIJIN no  pudieron  ser  controvertidos  por  la  defensa  de  los procesados.     

En  acápite  separado, el impugnante agrega  que,  como la cuantía de la defraudación fue de $4.374.000, el juez competente  era  el  Penal  Municipal, lo cual “fue palmariamente  trasgredido  por  el  Juez  Colegiado,  al  inobservar el imperativo categórico  allí sostenido”.   

Por  otra  parte,  critica  que  el juzgador  hubiese  señalado  que  tenía  todos  los  elementos  de juicio para condenar,  “cuando  ello  no es cierto, pues los existentes, no  son  suficientes, para llegar a la convicción jurídica a la cual llegaron como  lo  exige  el  art.  232  del  Código  de Procedimiento Penal, al inobservar el  imperativo  categórico  allí  contenido…  los  elementos  probatorios de que  dispuso  para  proveer  el  fallo  de  condena  carecen  por  completo de fuerza  probatoria  que conduzca al grado de certeza jurídica acerca de los extremos de  demandados por esta disposición”.   

Según   el   impugnante,   las  falencias  detalladas  en  el escrito de demanda condujeron al sentenciador a desconocer el  principio  de  la  presunción  de  inocencia, el de in  dubio  pro  reo y la valoración conjunta de los medios  probatorios.   

Como   consecuencia  de  lo  anterior,  el  demandante  solicita  a  la  Corte  que case el fallo y declare la nulidad de lo  actuado  desde  la  indagatoria  de los sindicados, incluyendo las sentencias de  primera y segunda instancia.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  El recurso  de  casación,  como  lo  tiene  dicho  la Sala, no es una tercera instancia del  proceso  penal  ni  un  escenario  encaminado  a  desaprobar  de cualquier   manera    la    apreciación    de    la   prueba   que    hace   el   juzgador,  como   tampoco  para  detectar  cualquier clase de vicio en el trámite procesal.   

El  mecanismo extraordinario de impugnación  está  limitado a los posibles errores ostensibles y trascendentes que se pueden  cometer  en  el  proceso,  y  ellos  se  encuentran  sintetizados en los motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el presente caso los previstos en el  artículo  207  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, estatuto al cual se  sujetó la demanda.   

El  casacionista no debe perder de vista que  la  lógica  del proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que los deberes de una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran  su razón de ser en que el  recurso  es  de  naturaleza rogada, razón por la cual es exigible al demandante  un  mínimo  de  claridad  y  de coherencia en la manera de la presentación del  caso  ante  la  Corporación.   Esta última, lejos de obedecer al capricho  del  legislador  o a la inflexibilidad de la jurisprudencia, encuentra razón de  ser  en  que, como ya se ha dicho, la sentencia llega a esta sede amparada en la  doble  presunción  de acierto y legalidad, por manera que solamente un discurso  apegado  a la lógica y a la debida fundamentación es el mecanismo idóneo para  derruir dicha presunción.    

Por esta razón, no es procedente el sustento  argumentativo  que  se  funda  en  vaguedades  o  que  se encamina a que la Sala  analice  las  pruebas como juez de instancia, sino que es necesario enunciar con  toda  claridad  qué  error trascendente cometió el juzgador y acompañar dicho  enunciado con los argumentos que persuadan sobre su ocurrencia.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

2.  En el caso que  ocupa  la  atención  de  la  Sala,  los argumentos con los cuales el recurrente  desarrolla  el  cargo  formulado no cumplen   los   presupuestos   que  permiten  su  admisión  en  esta  sede  extraordinaria,   toda   vez  que  desconocen  los  principios  de  debida  argumentación,  precisión,  claridad,   autonomía de  las        causales        y        trascendencia,  motivo  por el cual, desde  ya,    se    anuncia    su    inadmisión.   

3.    Las  falencias   reseñadas  surgen  nítidas,  pues  el  razonamiento  que  pretende  desarrollar  el  cargo  mezcla  y  confunde  de manera indiscriminada en un solo  cargo  la  mayoría  de  las  causales  y  modalidades  para acceder a esta sede  extraordinaria,   lo  cual  de  entrada  afecta  el  principio  de  autonomía  de  los  cargos  y  genera una  confusión  insuperable,  dado  que  la multiplicidad de reproches formulados no  permite  a  la  Corporación  entender  cuál  es  la  verdadera  intención del  recurrente,  como  tampoco  dar  respuesta  a  sus  inquietudes  a través de un  discurso respetuoso de la lógica y la debida fundamentación.   

En  efecto,  véase en primer lugar cómo el  impugnante  anuncia la postulación de tres cargos, cuando en realidad solamente  desarrolla  uno por la causal 3ª del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  de 2000, el cual enfoca a través de la violación al debido proceso y la  incompetencia  del  fallador,  motivos  éstos  que, por ser excluyentes, debió  proponer  en  cargos  separados.  Por no hacerlo así, omitió los principios de  jerarquía  de  las  causales,  según  el  cual los reproches por nulidad deben  formularse    en    orden    a    su    mayor    capacidad   de   invalidar   la  actuación.   

La  anterior inconsistencia por sí misma no  impediría  a  la  Corte  entrar  al  estudio  de la demanda, si no es porque la  argumentación  subsiguiente  genera  una confusión que socava los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación.    

En  efecto,  más  adelante  el  impugnante  pretende  desarrollar  la  crítica de nulidad, asegurando que el fallador erró  al  expresar  que  contaba  con  suficientes  elementos  de juicio para condenar  “cuando  ello  no es cierto, pues los existentes, no  son  suficientes, para llegar a la convicción jurídica a la cual llegaron como  lo   exige   el   art.   232  del  Código  de  Procedimiento  Penal”,  razonamiento  que  abandona el enfoque inicial de la censura y  se  aproxima  –aunque  de  manera   ostensiblemente  deficiente-  a  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  vía  de  alguna  de las modalidades del error de hecho.    

Adicionalmente,  el casacionista critica que  la  sentencia  se  hubiese  apoyado  en informes elaborados por servidores de la  Policía  Nacional con funciones de policía judicial, lo cual, una vez más, se  aparta  de  la  argumentación  encaminada a sustentar un motivo de nulidad para  incursionar,  una  vez  más, en un deficiente reproche fundado en la violación  indirecta   de   la   ley   sustancial,   esta   vez,  por  vía  del  error  de  derecho.   

Reproches como los dos últimos mencionados,  ha  debido  proponerlos  el recurrente de manera separada y subsidiaria al cargo  de  nulidad;  al  no  hacerlo  así,  desconoce la lógica de los efectos de las  causales  de  casación  –y  de   contera   los   principios   de   autonomía   y  jerarquía   de   las  causales  de  casación-  pues  mientras,  por  una  parte, la nulidad acarrea una invalidación total o parcial  de  lo  actuado,  por  la  otra,  los yerros de apreciación probatoria conducen  lógicamente  a  emitir  la  sentencia  de  reemplazo,  razones  de lógica para  afirmar  que no pueden proponerse dentro de un mismo cargo, como tampoco resulta  admisible  la sustentación de una crítica de nulidad con razonamientos propios  de la violación indirecta de la ley sustancial.   

Por  otra  parte,  el  discurso  casacional  transcurre  sobre  críticas  que  carecen  de desarrollo y, en consecuencia, se  quedan    en   la   mera   enunciación,   o   bien   resultan   manifiestamente  intrascendentes.   

Dentro de las primeras, es posible resaltar  aquellas  relacionadas  con  la  falta de acreditación de la calidad de jefe de  seguridad  de  Colsubsidio  del  testigo   RODRÍGUEZ  SOTO, la ausencia de  certificado  proferido  por  contador titulado sobre el monto de los perjuicios,  las  razones  por  las  cuales  el  Banco  de Bogotá pagó cheques por valor de  $168.000.000,  pero  se  abstuvo  de pagar cheques por valor de $32.000.000, las  irregularidades  en  la  notificación  de  la  demanda  de  parte  civil  o sus  deficiencias internas.    

Todos los anteriores reproches se quedan en  la  mera  enunciación,  pues el impugnante no enseña a la Corte de qué manera  aquéllos  tuvieron  una  incidencia relevante en el debido proceso y, de allí,  en  el  sentido  del  fallo.   Por el contrario, el escaso razonamiento que  pretende   soportarlas   no  es  más  que  una  apreciación  probatoria,  aún  difícilmente admisible como argumento de instancia.   

Aparte  de lo anterior, otros razonamientos  propuestos   en   la  demanda  carecen  de  fundamento  serio,  como  cuando  el  casacionista  denuncia  la incompetencia del juez penal del circuito para emitir  el  fallo  y  la hace recaer en el juez penal municipal, por razón del monto de  la  defraudación,  o bien cuando denuncia que a GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO se le violó el derecho de defensa,  porque  en  su  indagatoria  no  se  le  preguntó  de  forma  concreta  por  la  denominación jurídica de los comportamientos punibles imputados.   

El primero de los anteriores reproches, como  ya  se  advirtió,  no se materializa porque el recurrente olvida que en el caso  que  ocupa  la  atención  de  la  Sala, las conductas punibles que se imputaron  fueron   las  de  estafa  y  falsedad    en    documento    privado     a     título     de     concurso  homogéneo (fl. 35, 39, cuaderno de segunda instancia,  fiscalía),  y  el  juzgamiento  de  esta  última corresponde al juez penal del  circuito  según  el  artículo  77-1-b  de  la  Ley  600  de  2000.  Dicho  funcionario,   por   virtud  de  la  conexidad  de  hechos  punibles2,  asume  la  competencia   para   fallar  el  comportamiento  punible  contra  el  patrimonio  –independientemente de su  cuantía-,  aún  si,  en  gracia se discusión, se admitiera el cuestionamiento  del censor respecto del monto de la defraudación.   

El  segundo,  por su parte, deja de lado el  artículo  360  del  Decreto  2700  de  1991,  vigente para el momento en que se  llevaron  a  cabo  las  indagatorias de los procesados (febrero y mayo de 2000),  según  el  cual bastaba con indagar al imputado sobre los hechos, sin necesidad  de   ponerle   de   presente   la  denominación  jurídica  específica  de  su  comportamiento,  tal  como  en  su momento lo precisó la jurisprudencia de esta  Corporación3.   Al  respecto,  la norma en comento dispone: “Preguntas  en  relación con los hechos.  Una vez cumplidos los  requisitos  del  artículo  anterior,  el  funcionario  judicial interrogará al  imputado  en relación con los hechos que originaron su vinculación”.   En todo caso, el proceso deja ver con claridad que en la  resolución    de   acusación   se   formuló   la   imputación   fáctica   y  jurídica.    

4.    Para  terminar,  la  Corte,  en  indebido  auxilio  al  razonamiento  propuesto por el  casacionista  y  aún  a  riesgo de desconocer el principio de limitación, pero  con  el  objeto  de  darle  algún  sentido  al  alcance  del  cargo  de nulidad  formulado,  podría interpretar que los reproches en torno a los cuales gravitan  los  múltiples  cuestionamientos  plasmados en el escrito de demanda son los de  violación al debido proceso,  por  vía  del  desconocimiento  del  principio de investigación integral, así  como  la  violación al derecho de defensa por impedir la contradicción probatoria.   

La  censura  así entendida le permite a la  Corte  recordar  que  las  exigencias  de  debida fundamentación son igualmente  exigibles  al  razonamiento  que pretende denunciar un vicio de nulidad, como de  antaño lo ha fijado su jurisprudencia:   

“La  postulación   de   vicios  de  nulidad  en  sede  de  casación  no  escapa  al  cumplimiento  de  unas  exigencias  básicas  que permitan a la Corte abordar el  estudio  técnico  y  jurídico de un fallo o de una actuación, según el caso,  con  un  margen  de  movilidad relativo, de manera que la rigidez formal no haga  nugatoria  la  posibilidad de reajustar la estructura del proceso o la actividad  de  los  jueces a la legalidad sin que este medio extraordinario de impugnación  pierda     sus     características     esenciales     y    principalmente    su  finalidad.”   

“Dentro de ese  contexto,  la  proposición  de nulidades en esta sede no escapa al cumplimiento  de  los requisitos que orientan no sólo la impugnación extraordinaria, sino el  instituto  mismo, de modo que en relación con la causal tercera el casacionista  no  está  relevado de su observancia como quiera que este recurso no es en modo  alguno  de  libre  postulación  ni  permite  una amplitud como para que la Sala  entre  a  suplir  las deficiencias argumentativas o a corregir los desatinos del  libelo.”   

“Es así como  el  demandante  en  una  propuesta de nulidad debe identificar la actuación que  contiene  la  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  de  los  sujetos  procesales  o  aquella  que  transgreda  las  bases  de  la  instrucción  o  el  juzgamiento,  precisando  el  momento  a  partir  del  cual  se  hace  necesario  retrotraer  lo  actuado  para  que  sea  posible  restablecer  la  legalidad del  proceso.  Además,  le  corresponde determinar cuál es la trascendencia directa  que  el  yerro  de actividad refleja en el fallo y por qué, de no haber mediado  el  mismo  el desarrollo de la actuación sería otro y por consiguiente otra la  decisión  final,  pues  sólo  así  es factible demostrar que la irregularidad  denunciada    solo   puede   remediarse   por   el   remedio   extremo   de   la  nulidad.”4   

En  particular,  los  precedentes  de  la  Corporación  han  fijado  que  si el motivo de nulidad que afecta la actuación  consiste   en   la   violación   al   principio   de  investigación    integral,    al    libelista    le  corresponde   señalar  en forma concreta el elemento de persuasión dejado  de  allegar  a  la  investigación,  fijando  su  idoneidad legal y fáctica, es  decir,  su  particular relevancia dentro del proceso, supuesto que exige definir  cuál  es  su  conducencia  y  verdadera  utilidad, única manera de observar su  trascendencia  por  traer  al  expediente  un  conocimiento  más real sobre los  hechos.   

Así  mismo,  la  Corte ha precisado que lo  relevante  para  predicar la violación  del  principio  de   investigación    integral    no    es    la   omisión  probatoria     en     sí    misma,    sino    la   eventualidad   de   que,  aquello  que  la prueba   omitida  traiga al proceso, tenga la capacidad de modificar el estado probatorio  de  la  actuación,  y  de  allí  la  de  mutar  el sentido del fallo; en otras  palabras,  como  la  jurisprudencia  lo  ha  precisado,  la  trascendencia de la  omisión  “deviene de su oposición a la lógica del  fallo,  pues  sólo  si  lo desquicia imponiendo una orientación distinta de la  que    el    mismo    contiene,    el    cargo    puede    prosperar”5.   

Los anteriores derroteros permiten concluir  que  el  argumento con el cual el censor desarrolla el cargo es deficiente, pues  si  bien  es  cierto  atina parcialmente en relacionar los medios de convicción  que  estima  omitidos,  entre  ellos  la  prueba de la condición de delegado de  seguridad  de  Colsubsidio  del  denunciante  RODRÍGUEZ SOTO, un certificado de  contador  titulado  sobre  el  monto  de  la  defraudación, el análisis de las  huellas  dactilares  de  los  cuentahabientes  o  las  citas de los investigados  suministradas  en  sus  indagatorias, también lo es que no enseña a la Sala de  qué  manera  esos  medios  de  convicción,  de obrar en la actuación, harían  imperioso  mutar el sentido del fallo, o cuando menos darían lugar a una mejora  sustancial de su situación.   

Para ello, el demandante ha debido analizar  los  fundamentos  que  soportaron  la  decisión  de  condena y, a través de un  razonamiento  lógico  y  suficiente,  demostrar  cómo  la  decisión  que  hoy  cuestiona  no  podría  mantenerse  lógicamente  al lado de la prueba dejada de  practicar,  es  decir, de qué manera las pruebas omitidas, con un alto grado de  probabilidad  y  no  como  una  mera  hipótesis,  tendrían  la  virtualidad de  modificar la parte dispositiva de la decisión.    

Y  aún  cuando la Corte abordara de manera  oficiosa  la  búsqueda   de la violación de una garantía fundamental por  el  motivo alegado, en verdad no encuentra cómo de allegarse a la actuación la  acreditación   de  delegado  de  seguridad  del  empleado  de  Colsubsidio,  el  certificado  de  contador  sobre  el  verdadero  monto  de  la defraudación, la  inspección  a las huellas dactilares en los documentos de apertura de cuentas o  la  verificación  de  las  citas  indeterminadas  ofrecidas  por los indagados,  éstas  tendrían  la virtualidad cierta de socavar las bases de la decisión de  condena.     

Por otra parte, el recurrente denuncia que a  los  procesados  se les desconoció el derecho de controversia, en la medida que  su  defensor  no  pudo  intervenir  en  la  práctica  de  los  testimonios,  en  particular  los  de  Alberto  Salazar  Figueredo  y  Sandra  Mora Fino, quienes,  además,  habrían sido coaccionados al momento de declarar ante los funcionario  de policía judicial.   

La    Sala    encuentra   que     el    anterior    reproche    no    tiene   soporte   dentro de  la  actuación,  pues  salta   a   la vista que los aludidos testigos ofrecieron su declaración dentro de  la  audiencia  pública  del  juicio,  escenario  dentro  del  cual  su defensor  –hoy   demandante   en  casación- intervino activamente.    

Más  aún,  es  pertinente hacer notar que  dentro  del  término  de traslado del artículo 400 de la Ley 600 de 2000, como  también  en  la  audiencia  preparatoria  del  juicio,  el  defensor  común de  GLENIS  CÓRDOBA  ALVARADO y  ÁLVARO    PAUL    CÓRDOBA    ALVARADO   se   abstuvo  de  formular  solicitud  de  práctica  de  pruebas  –como  sí  lo  hizo  la  fiscalía-  y  apenas  se limitó a pedir “se ordenen  de   oficio   las   que   la   señora   juez   estime  convenientes”  (fl. 11, cuaderno de la causa).  Significa lo anterior que  el  sujeto  procesal  no  careció  en  absoluto  de  la  oportunidad  de elevar  petición  de  pruebas;  cosa  distinta  fue que la desaprovechó, motivo por el  cual  no puede fundar un reproche de violación al derecho de defensa fundado en  su propia inactividad probatoria.    

En  estas  condiciones,  el  vicio  que  el  demandante  pregona  no  existe  dentro   del  proceso, pues le asistió la  oportunidad   de   formular   solicitud   probatoria   y  de  intervenir  en  su  práctica.   

Por otra parte, la supuesta coacción de que  dijeron  haber  sido  víctimas  los  declarantes no encuentra un sustento serio  dentro  de  la  actuación,  ya  que aquellos se limitaron a señalar que fueron  citados  a  comparecer  ante  funcionarios  de  policía  judicial,  en completo  desconocimiento  de lo que se trataba, sin precisar de qué manera sufrieron una  coacción  que doblegara su voluntad y, por lo tanto, la existencia y validez de  sus  atestaciones,  las  cuales,  en  todo  caso,  fueron traídas al debate del  juicio oral.   

5.    En  conclusión, por los motivos  anteriores,  y  como  ya  lo  advirtiera  la  Sala, la demanda presentada por el  defensor    de   los   procesados   GLENIS   CÓRDOBA  ALVARADO   y  ÁLVARO  PAUL  CÓRDOBA    ALVARADO,   no  reúne  los  requisitos para ser admitidas a esta sede  extraordinaria,      razón      por      la     cual     será     inadmitida.   

6.   Para  terminar,  se advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a  la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor  de  los  procesados GLENIS CÓRDOBA ALVARADO y ÁLVARO  PAUL        CÓRDOBA        ALVARADO.      En     consecuencia,     se     declara     DESIERTO el recurso.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

                                                                                       EXCUSA JUSTIFICADA   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  El  casacionista  sostiene  al  inicio  de  su   escrito  que  postula  3  cargos,  no  obstante,  solamente  desarrolla  uno por  nulidad.   

2  Artículo  91,  Ley  600  de  2000:  “Cuando  deban  investigarse conductas punibles conexas conocerá de  ellas  el funcionario de mayor jerarquía de acuerdo a la competencia por razón  del     fuero     legal     o     la    naturaleza    del    asunto;”   

3  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   de   4   de   abril  de  2002,  radicación  No.  16324.   

4  Sentencia de 18 de noviembre de 2004, radicación No. 21850   

5  Sentencia   de   casación   de   8   de   noviembre   de   2002,   radicación:  14243     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *