30584(31-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30584  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMAN  

Aprobado Acta No. 272  

Bogotá D.C., treinta y uno (31) de agosto de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Resuelve  la Corporación sobre la admisión  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por el defensor de los procesados  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,      HERNÁN     ALFONSO     GARCÍA  GALEANO, CUSTODIO DEL CRISTO  PANTOJA   HERNÁNDEZ,  JUAN  SEBASTIÁN  REAL CANO y JAIME  DE  JESÚS  URIBE MARTÍNEZ contra la sentencia dictada  el  11 de octubre de 2007 por la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Barranquilla1,  confirmatoria  de  la  proferida  el  10  de enero de 2006 por el  Juzgado    Penal    del    Circuito   Especializado   de   Cartagena2,  por  cuyo  medio  los  condenó  como  coautores de los delitos de tráfico, fabricación o  porte   de   estupefacientes   agravado   y   falsedad   material  en  documento  público.   

HECHOS  

Debido a que en horas de la mañana del día  13  de  junio  de  2003  los  radares  de  la  Fuerza  Aérea registraron en sus  monitores   la  presencia  de  tráfico  no  autorizado  en  el  territorio  del  departamento  de  Bolívar,  se  informó  de  lo  sucedido  a la Base Aérea de  Malambo  para  que  constatara  la  situación, de donde salió una aeronave que  observó  despegar  un avión del aeropuerto del municipio de Magangué, el cual  al   notar   que   era   perseguido   se   devolvió   a  la  pista  aterrizando  aparatosamente.   

Igualmente,   desde   la   aeronave   de  reconocimiento   se   observó   que   los  pilotos3   del  avión  abordaron  un  vehículo  que  tomó  hacia  el municipio de Buenavista (Sucre), por lo cual se  informó  a  la  policía  lográndose  la  inmovilización  de  la camioneta de  estacas,  marca  Toyota  que  iba  ocupada  por  tales  pilotos  y seis personas  más4,  incautándose  dos armas de fuego, varios teléfonos celulares y  $70.550.000 en efectivo.   

Al tiempo que ocurría lo anterior, agentes  del  orden  hicieron  presencia  en  el  aeropuerto  del  municipio de Magangue,  encontrando  en  el  interior  del  avión mil kilos de clorhidrato de cocaína,  varias  canecas  de  combustible,  un  teléfono satelital y un GPS; además, se  detectó  que  la  matrícula  de  la  aeronave  había  sido  cambiada,  siendo  capturadas  en  el  lugar  las personas encargadas de la operación y vigilancia  del  aeródromo5.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con      fundamento      en      la  información,   la  Unidad  Nacional   de   Fiscalías   Antinarcóticos   y   de   Interdicción  Marítima  —UNAIM—   dispuso   la   apertura   de   la  instrucción   y   la   vinculación,   mediante  indagatoria,  de  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,  HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO,    CUSTODIO    DEL   CRISTO   PANTOJA  HERNÁNDEZ,  JUAN SEBASTIÁN  REAL  CANO y JAIME DE JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ,  entre  otros,  a  quienes resolvió  situación  jurídica  provisional  con  medida  de  aseguramiento de detención  preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  por  los punibles de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  agravado  y  falsedad  material  en  documento   público,   mediante   providencia   fechada   el  27  de  junio  de  2003.   

Posteriormente,  fue  revocada  la  medida  cautelar   personal   concediéndose  la  libertad;  luego,  recaudadas  algunas  pruebas,  se  decretó el cierre parcial de la investigación y el 4 de junio de  2004  fue  calificado  el  sumario  con  resolución  de  acusación6  en contra de  los  citados  por  presunta  coautoría   en   los   delitos   que  inicialmente  sustentaron  la  medida  de  aseguramiento;  decisión  que  dispuso  la  detención  preventiva y ordenó su  captura.   

La   etapa   de  la  causa  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cartagena  y  agotada la audiencia  preparatoria  y  el  debate  oral,  se  remitió el expediente al Juzgado Único  Penal  del Circuito Especializado de Descongestión de la misma ciudad, donde el  10  de  enero de 2006 fueron condenados CARLOS ANDRÉS  ARCILA   MONTOYA,  HERNÁN  ALFONSO      GARCÍA      GALEANO,     CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ,  JUAN  SEBASTIÁN REAL CANO y  JAIME   DE   JESÚS   URIBE  MARTÍNEZ  a  la pena principal de 17 años de prisión y multa de mil salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes,   así   como   a   la   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo  de  la  sanción  privativa  de la  libertad,  al  hallarlos coautores responsables de los delitos por los cuales se  les   formuló   acusación;   igualmente,   la  determinación  se  abstuvo  de  condenarlos  en  perjuicios,  les negó la suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  reiteró  las  órdenes  de  captura.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor de los  procesados,  con  providencia   del   11   de  octubre   de   2007   la   Sala   de  Justicia  y  Paz   del    Tribunal     Superior     de   Barranquilla  —descongestión—, lo confirmó.   

Contra la determinación el nuevo defensor de  los  procesados  interpuso  oportunamente  recurso  de  casación y presentó en  tiempo los respectivos libelos.   

LAS DEMANDAS  

En  todas se formula un solo cargo al amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  en  virtud del cual se pide casar la  sentencia.   

A  su  vez, como en los libelos, presentados  por  el  mismo  defensor  en  representación  de  los  procesados  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,  HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO,    CUSTODIO    DEL   CRISTO   PANTOJA  HERNÁNDEZ,  JUAN SEBASTIÁN  REAL  CANO y JAIME DE JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ, se reproduce similar fundamentación  entonces,  para  evitar  repeticiones  innecesarias,  se  agruparán los reparos  comunes   a   todas   las   demandas  y,  posteriormente,  se  mencionarán  las  particularidades  de  cada  una,  a fin de examinar si cumplen los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación  exigidos  en  relación  con el recurso de  casación.   

1. Formulación del cargo y reparos comunes a  las   demandas   allegadas  en  representación  de  los  acusados  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,  HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO,    CUSTODIO    DEL   CRISTO   PANTOJA  HERNÁNDEZ,  JUAN SEBASTIÁN  REAL  CANO y JAIME DE JESÚS  URIBE MARTÍNEZ   

Cargó      Único      (violación  indirecta)   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  el  apoderado  judicial  de los inculpados acusa la sentencia de haber  incurrido  en  errores  de valoración probatoria que condujeron a la exclusión  evidente del inciso 2º del artículo 7º de la Ley 600 de 2000.   

En concreto señala los siguientes errores de  hecho en la estimación de la prueba:   

1.1. Falso juicio de identidad respecto de la  declaración     de     Hedin    Fernando    Vargas  Hernández   

Con  el propósito de evidenciar este yerro,  el  actor  inicialmente expresa que a él se llegó por cuanto se tergiversó su  contenido,  de  manera  que  para  demostrar  que  así  ocurrió,  recuerda  lo  manifestado  por  el  deponente  y luego pone en evidencia la distorsión de que  fue objeto.   

En   esa  medida,  expone  que  el  citado  deponente,  en  condición  de oficial de la Fuerza Aérea, dijo haber observado  salir  del  avión  “dos personas corriendo, quienes  se  dirigieron  hacia  las instalaciones del aeropuerto y casi simultáneamente,  de  unas casas… ubicadas a unos quinientos metros… salió un vehículo color  verde    de    estacas    con    carpa    negra,   marca   Toyota”,  al  cual  se  subieron  dichas personas, las cuales tomaron la carretera hacia el municipio de  Buenavista.   

El  testigo  también  manifestó  no  haber  podido  observar  cuántas  personas se transportaban en el vehículo por cuanto  “iba  con  carpa” y, en  relación  con  su  tonalidad,  la  cual  es  “gris  plutón”,  aseguró: “el  color  que  yo  observé desde el aire era un color oscuro, tirando como a verde  militar”.   

Igualmente,  en  la versión ofrecida por el  declarante  en  la  audiencia  pública,  expresó que el automotor donde fueron  recogidos  los  pilotos  “era  de  color  verde, de  estacas,  con carpa negra, marca Toyota”,  quien  en  esta  oportunidad  expresó,  frente  al  tono  del  vehículo  lo  siguiente: “no  estoy  seguro,  estoy  seguro  que era una camioneta Toyota de estacas con carpa  negra    y    color    oscuro,    aparentemente   verde   militar”.   

Señalado  lo anterior, el casacionista, con  el  propósito  de  mostrar  en qué consistió la tergiversación del dicho del  oficial  de  la  Fuerza  Aérea,  una  vez  recuerda que el Juez de primer grado  admitió  que  el  declarante no había acertado en el color del vehículo, pero  que  lo  importante  eran las demás características del rodante precisadas por  el  testigo,  el  actor  cuestiona  que  frente  al hecho de que la camioneta no  tuviera  carpa  para  cuando  fue  inmovilizada  en  el  fallo  del a  quo  se haya afirmado que en todo caso  no  se  podía concluir que “no se tratara del mismo  automotor,  porque  esta  [carpa]  es  muy  fácil  de quitar, lo cual (sic) por  estrategia    se    deshicieron    de   ella”   los  procesados.   

Luego  el  libelista expresa que el Tribunal  también  aceptó  la  falta de coincidencia en relación al color del vehículo  mencionado  por  el  deponente,  Juez  Colegiado  que  también  agregó  que la  percepción  de  los  colores  puede  cambiar  por  la altura y la velocidad del  rodante,  ya  que,  incluso, aunque el declarante reconoció que las franjas del  avión eran de tono café, luego se enteró de su color azul.   

También expone el censor que el ad   quem   puntualizó,   siguiendo  lo  referido  por  el  Ministerio  Público,  que  el  gris plutón es una tonalidad  “bastante  oscura”, tras  lo  cual  reiteró  que  lo importante eran las restantes características de la  camioneta mencionadas por el testigo.   

Sostenido  lo anterior, el defensor concluye  que    los    Juzgadores   de   primera   y   segunda   instancia   “desdibujaron”  el  contenido  de  lo  narrado  por  el  oficial de la Fuerza Aérea, pues si bien el demandante admite  que  el  citado  testigo  pudo confundir el color del vehículo, en todo caso se  demostró    que    el   automotor   visto   por   el   deponente   “tenía  una carpa negra”, mientras la  camioneta  donde se transportaban y fueron retenidos los procesados “no tenía carpa alguna”.   

Por  lo  tanto,  el  casacionista  considera  trascendente  el  error  advertido, “pues de haberse  analizado  la  prueba…  en  conjunto…  ello  hubiese  llevado  a  tomar  una  decisión diametralmente opuesta a la que finalmente se adoptó”.   

En  respaldo de esa conclusión, expresa que  José     Aníbal    Ramírez    Ríos,   Comandante   de  la  Estación  de  Policía  del  municipio  de  Buenavista,   quien   inmovilizó   el   vehículo,   manifestó  que  el  mismo  “«no     venía     carpado,     ni     tenía  carpa»,  a  su vez, Julián  Manuel  Romero  Jaraba afirmó que el automotor era de  “color  verde carpado” y  Luís    Alfredo    Díaz    Padilla   sostuvo   que   se   trataba   de  “una  camioneta verde carpada”.   

Adicionalmente, estos dos últimos en calidad  de  vigilantes  del  aeropuerto del municipio de Magangué aseguraron, junto con  Bladimir   Pastrana  Luna,  quien  cumplía  la  misma función, que el automotor decomisado no era el mismo  que  inicialmente  había  estado  allí  el  día  de los hechos; celadores que  incluso  no  reconocieron  a  las  personas  encontradas en el interior de dicho  rodante.   

Así  las cosas, en concepto del demandante,  el  error  anotado  es trascendente por cuanto condujo a colegir equivocadamente  que  el  vehículo  visto  por  el testigo era el mismo donde se desplazaban los  procesados.   

1.2. Falso juicio de existencia por omisión  en  cuanto  hace  a  la  declaración de José Aníbal  Ramírez Ríos   

Para el censor este yerro consiste en haberse  dejado  de  valorar  la  versión  del  citado  deponente, quien expresó que en  calidad  de  Comandante de la Estación de Policía del municipio de Buenavista,  fue  el  encargado  de instalar un puesto de control sobre la vía que conduce a  dicha  localidad  con el propósito de requisar los vehículos que iban pasando,  así  que  inmovilizó  la  camioneta  donde  se  transportaban los acusados por  cuanto  los notó nerviosos, a los que después trasladó hasta el aeropuerto de  Magangué en donde los vigilantes no los reconocieron.   

Expresa  el censor que el uniformado en cita  además  manifestó  “que  el vehículo retenido no  estaba  carpado  ni  tenía  carpa”, por lo cual, el  actor  manifiesta  que  tal  como  lo había expuesto al desarrollar el anterior  reparo,  es  clara  la diferencia entre el automotor observado por el oficial de  la  Fuerza  Aérea  y  el ocupado por los inculpados, pues el observado desde el  avión    tenía   carpa   y   el   inmovilizado   por   la   policía   no   la  poseía.   

Agrega   que   el   dicho  del  uniformado  José Aníbal Ramírez Ríos  “corrobora  lo  afirmado  por  los  celadores  del  aeropuerto  de  Magangué… señores Julián Manuel Romero Jaraba, Luis Alfredo  Díaz  Padilla  y Bladimir Pastrana Luna, en el sentido de que ellos nunca antes  habían  visto  a  los  ocupantes  del vehículo que llevó la policía hasta el  aeropuerto  el  día  de los hechos y, que ese rodante no era el mismo que ellos  vieron   ese   día,   pues   el  que  estuvo  allá  era  de  color  verde  con  carpa”.   

Por   tal  motivo,  el  impugnante  estima  equivocada  la  conclusión  del  Tribunal apoyada en el dicho del oficial de la  Fuerza     Aérea     Hedin     Fernando    Vargas  Hernández, según la cual no era posible confundir el  vehículo mencionado por éste.   

1.3. Falso juicio de existencia por omisión  en  punto  de  la  declaración  de Luis Miguel Valeta  Arias7   

Consiste  en  haberse ignorado el testimonio  del  citado  Valeta Arias, no  obstante  que  tal  deponente  dijo conocer a JAIME DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  desde  dos  años atrás con  ocasión  de  su  dedicación al comercio de ganado, del cual refirió un par de  transacciones  que  se  frustraron  debido  a  su captura; además, el deponente  también  informó  que  distinguía a JUAN SEBASTIÁN  REAL  CANO  y HERNÁN ALONSO  GARCÍA  GALEANO como cuñados del inicialmente citado,  señalando  que  respecto  de  todos  ellos  no  le constaba su relación con el  narcotráfico.   

1.4. Falso juicio de existencia por omisión  respecto  del dicho de Mario Araujo Ortega8   

Se  funda  en  la  omisión  del  testimonio  de  Mario  Araujo  Ortega  a  pesar  de  que  éste  deponente  sostuvo conocer a  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ  desde tres años atrás como comerciante de ganado, con quien tuvo  negocios  de  venta  de  automotores e, incluso, se comunicó la víspera de los  hechos  para  comentarle  la  compra  de  unas reses en la región de Magangué;  además,    no    le    consta    que    el   citado   se   dedicara   a   otras  actividades.   

Entonces,  con fundamento en el contenido de  este  testimonio  el  censor  señala  que  el  Tribunal  erró  al  afirmar que  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ  ha  debido  promover  la versión de personas con quien acordó la  compra  de ganado, ya que con la citada declaración se demostraba la existencia  de  negociaciones  de esa naturaleza y a su vez se justificaba su presencia y la  de   HERNÁN   ALONSO   GARCÍA  GALEANO  en  la  región donde ocurrieron los hechos, pues no debe perderse  de vista que éste era su conductor.   

1.5. Falso juicio de existencia por omisión  de     los    “Indicios    favorables    a    los  procesados”   

1.5.1. Una primer indicio omitido consiste,  en  concepto  del  censor,  en  que  el policial Jorge  Aníbal   Ramírez   Ríos  corroboró  el  dicho  de  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ  en  punto de haber entregado voluntariamente el dinero en efectivo  sin  ofrecerlo  al  uniformado  en  cita, por lo tanto, en opinión del actor de  allí  se  sigue  que  los  acusados  no participaron en los hechos, pues, de lo  contrario,  la  experiencia  enseña  que  habrían intentado dárselo al agente  para impedir su retención.   

El  censor  agrega  que incluso el policial  también  sostuvo  “que a la persona que notó más  nerviosa  de  los que transitaban en la camioneta era a un señor que manifestó  ser   piloto”   de   quien  afirma  el  demandante,  “por  simple  casualidad…  gentilmente  se le dio  transporte”.   

1.5.2.  Expresa el libelista que un segundo  indicio  consiste  en  que  si  bien  HERNÁN ALFONSO  GARCÍA  GALEANO  y  los  demás  procesados aceptaron  haber  recogido  a los pilotos en el aeropuerto del municipio de Magangué, esto  solamente      fue      “una      desafortunada  coincidencia”,  por  cuanto  a  pesar  de afirmar el  oficial  de  la  Fuerza  Aérea  que “vio cuando dos  personas  descendieron  de  la  avioneta [y] se subieron a una camioneta Toyota,  color  verde  militar,  que  tenía  carpa  negra  y salieron del aeropuerto con  dirección  al  municipio  de Buenavista”, vistas las  pruebas  en  conjunto  se  infiere  que ese automotor no era el mismo en el cual  luego fueron retenidos los tripulantes de la aeronave.   

Agrega      que      “nada,  absolutamente  nada”, permite  concluir  que  los  pilotos  se  conocían  previamente  con  los  ocupantes del  vehículo,  pues  la  comunicación que permitió afirmar lo contrario fue fruto  de una valoración equivocada.   

Además,  “nada  de  extraño  puede  resultar el que los pilotos hubiesen sido recogidos por los  ocupantes  del  rodante,  pues, véase que lo mismo ocurrió con el señor Marco  Elías  Ortiz  Jurado,  quien  también  iba  en  la camioneta… [el cual] como  demostró  su  ajenidad en los hechos, se le benefició con la preclusión de la  investigación”.   

En  cuanto a la trascendencia de los yerros  advertidos,  expresa  que  de  haberse  apreciado los testimonios y los indicios  “en   conjunto”,  los  Juzgadores   habrían   llegado  a  “una  decisión  abiertamente    contraria    a    la   que   finalmente   consignaron   en   sus  fallos”,  pues  “cuanto  menos,     surgen     serias     y     fundadas     dudas     acerca    de    la  participación”   de   los   procesados   en   los  hechos.   

1.6.   Errores   de   hecho   por   falso  raciocinio   

1.6.1.  Un  primer falso raciocinio lo hace  consistir  el  demandante en haber concluido el Juez a  quo,  con  el  aval  del  Tribunal,  en que si bien al  momento  de  la  captura de los procesados el vehículo no tenía carpa, ello no  significaba  que  se  tratara  de  un automotor distinto al visto desde el aire,  pues  aquélla  era  muy fácil de quitar, de la cual de paso se deshicieron por  estrategia.   

Frente  a lo anterior el censor expresa que  la  conclusión  a  la que se arriba “es contraria a  la   experiencia”,   por   cuanto,  de  una  parte,  “quitarle la carpa a un vehículo no es una acción  tan  simple  que  se  pueda  desarrollar  en  pocos  minutos,  dado… que está  asegurada…  por  gran  cantidad  de  correas” y, de  otro   lado,   “es   poco  probable”    que    unas    personas    que   están   huyendo   “se   detengan   por   un   lapso   considerable   a  quitar  una  carpa”, la cual no habrían dejado abandonada debido  a  su  valor,  además,  no  fue hallada por la policía, tal como se deduce del  dicho   del   uniformado   José   Aníbal  Ramírez  Ríos, quien nada dijo al respecto.   

1.6.2.  Un segundo falso raciocinio resulta  para  el  casacionista  de que en el fallo se concluyera que no era “creíble  la  afirmación  de  los  celadores  del aeropuerto de  Magangué  [realizada  inicialmente,]  en el sentido de que las personas que les  hicieron  reconocer  el  día de autos… no las habían visto nunca y que en el  carro  en  el  que  llevó  la policía a esas personas tampoco era el mismo que  ellos  vieron horas antes en ese terminal aéreo; porque muy seguramente estaban  atemorizados,      amenazados      o      fueron      manipulados”.   

Tal  afirmación,  en  concepto  del actor,  “no     pasa    de    ser    otra    suposición  infundada”,  pues  si  bien  los vigilantes después  decidieron  cambiar  su versión para aceptar que habían recibido dinero con el  propósito  de  dejar  aterrizar  el  avión  para  cometer el ilícito, en esta  oportunidad  al  igual  que  en  la  primera,  ofrecieron  su  versión de forma  espontánea.   

Igualmente,  critica  haber dado crédito a  las  palabras  de los vigilantes cuando confesaron recibir dinero, pero a su vez  se  le reste en lo relacionado con la afirmación de no reconocer a las personas  capturadas  y  que  el  vehículo  retenido  era  distinto  al  observado  en el  aeropuerto  recogiendo  a  los  pilotos  tras  el  acoso del avión de la Fuerza  Aérea.   

1.6.3.  El  tercer falso raciocinio, surge,  según    el    actor,   cuando   el   Juez   Colegiado   incurre   “en  una  valoración  equivocada  de  los  hechos”  con  fundamento  en  la propiedad y el registro de las llamadas de  los celulares incautados a los procesados.   

En  este  sentido  al  exponer  lo que a su  juicio  son  errores  de  apreciación  probatoria,  inicia señalando que no se  demostró  de  cuál  de  los  acusados  era el teléfono celular No. 3106403913  desde  donde  se  dice  en  la sentencia hubo comunicación entre los inculpados  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA  (ocupante del vehículo) y Fabio Enrique  Gracia Montes (piloto de la aeronave).   

Agrega  sobre  el  particular  que,  en  el  informe  de  policía donde se dejan a disposición los elementos incautados, no  se  precisa  tal  aspecto y tampoco ello puede deducirse del informe de la Dijin  del  3  de  septiembre  de  2003,  por  cuanto  la  dirección allí citada como  perteneciente  al  usuario  de  la  referida  línea,  no  es  la  del encausado  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,   lo   cual  surge  de  comparar  la  indicada  por  éste  en  su  indagatoria.   

Además,  no  se  comprobó que el inmueble  donde  se  recibieron  algunas  llamadas  registradas  en la línea en cuestión  fuera  del  padre  del  citado,  incluso, como su progenitor fue asesinado años  atrás,  según  lo sostuvo en la injurada, no podía sostenerse en el fallo que  “mantenía     comunicación”     con él.   

Por consiguiente no era posible afirmar, con  fundamento  en  los registros de las llamadas telefónicas, la existencia de una  relación  previa  entre  los ocupantes del vehículo y uno de los pilotos de la  aeronave incautada.   

De otra parte, cuestiona que en la sentencia  de  primera  instancia  se  afirme,  en  relación con el inculpado CARLOS  ANDRÉS  ARCILA MONTOYA y a partir  de  los  registros  de  las llamadas, que días antes de los hechos estaba en la  ciudad  de  Medellín, cuando según lo indicó en su indagatoria, se encontraba  en  el  municipio de Caucasia donde dialogó con JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  sobre la negociación de  unas cabezas de ganado en la región de Magangué.   

Así  mismo, asegura que si no se demostró  que   CARLOS   ANDRÉS   ARCILA  MONTOYA   fuera  el  propietario  del  teléfono  celular  No.  3106403913,  entonces  en  la sentencia no se podía concluir que éste conoció antes de los  hechos    a    CUSTODIO    DEL    CRISTO    PANTOJA  HERNÁNDEZ      por      establecerse    trece       contactos      con      la    línea    de    éste  (No.  3102727985) días previos a los  hechos.   

También expresa que si en el informe de la  Dijin  del  3  de  septiembre de 2003 obra una llamada del teléfono celular No.  3106403913   al   No.   3108131860   (de   propiedad   del  piloto  Fabio  Enrique Gracia Montes), entonces no  entiende  cuál  la  razón  para  que  no  aparezca  en  el  mismo documento la  operación  inversa, como tampoco en el “cuaderno de  anexos   No.   3”   (sic)   donde  se  recogen  las  comunicaciones salientes del primero de los teléfonos anotados.   

Del  mismo modo pone de presente que si esa  llamada  se  recibió  el día de los hechos, es decir, el 13 de junio de 2003 a  las  12:43  p.m.,  para ese momento los teléfonos celulares ya estaban en poder  de  la  policía, pues la experiencia enseña que los elementos portados por las  personas  retenidas  es  lo  primero  que se incauta; además, si los procesados  estaban   ya   capturados,   no   era   necesario   utilizar   dicho   medio  de  comunicación.   

Igualmente, expresa que carece de fundamento  la    afirmación   del   Juez   a   quo  según  la  cual  del celular de HERNÁN  ALFONSO  GARCÍA  GALEANO tanto éste como JAIME   DE   JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  se  comunicaban   con   CUSTODIO   DEL   CRISTO  PANTOJA  HERNÁNDEZ   y  por  ello  no  resultaba  cierto  que  “no  se  veían  hacía  tres  años”,  pues  el  actor aclara que un asunto es hablar vía telefónica y  otro es frecuentarse personalmente.   

El actor también cuestiona al Tribunal por  concluir     que     HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA  GALEANO   mintió   al   decir   que  no  conocía  a  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ  a  pesar  de  aparecer  llamadas cruzadas entre los dos, cuando en  realidad  el  primero  afirmó  en  su  indagatoria que sí lo distinguía, pues  hasta mencionó su ocupación de tractorista.   

De  otra parte, el actor, con el propósito  de  desvirtuar algunas contradicciones manifestadas por el Tribunal, expresa que  nada    de   extraño   resultó   que   la   habitación   donde   JAIME   DE   JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  se  hospedó  en  la ciudad de Sincelejo no apareciera a su nombre, pues simplemente  fue anotado el nombre de la mujer con quien pasó la noche.   

Así  mismo,  el  impugnante  señala  que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  Juez Colegiado, tampoco fue inusual que los  acusados  recogieran  algunos  pasajeros  por  el  camino  a pesar de llevar una  fuerte  suma  de  dinero,  pues el ad quem  ignoró  la  regla  de  la  experiencia  según la cual era común  prestar  este  tipo  de servicio en la región donde ocurrieron los hechos y, en  cuanto  el  dinero, expresó que no estaba a la vista, no todos los que viajaban  en  el  automotor  sabían de su existencia y quien tenía el efectivo, esto es,  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ, viajaba en la cabina del rodante y estaba armado.   

Para  terminar,  señala  que el indicio de  contumacia  no  puede  deducirse en contra de los procesados, por cuanto con las  mismas  pruebas  que  se  sustentó  inicialmente  la  medida  de  aseguramiento  impuesta  a  éstos,  la  cual se revocó después, se respaldó la acusación y  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  generándose  por  tal  motivo  “desconfianza”  en  los  inculpados.   

En  consecuencia, estima que los errores de  apreciación  probatoria  denunciados son trascendentes y, por lo tanto, se debe  casar    la    sentencia    absolviendo    a    los   procesados,   “por  lo  menos  en  aplicación  del  principio universal del in  dubio pro reo”.   

2.    Reparos   particulares   de   las  demandas   

Siguiendo   el  derrotero  anunciado,  en  adelante  se  precisarán  los  reparos  que  son formulados de forma individual  respecto  de  cada  uno de los libelos, para lo cual se tiene en cuenta el orden  de su presentación.   

2.1.   Demanda   allegada   a  nombre  de  HERNÁN ALONSO GARCÍA GALEANO   

2.1.1.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  frente al testimonio de Julio César García  Galeano   

Señala el censor haberse dejado de valorar  esta   declaración,   no   obstante   expresarse   en   ella  que  HERNÁN  ALONSO  GARCÍA  GALEANO visitó  dos  días  antes  de  los hechos al referido deponente y le comentó su viaje a  Sincelejo  y  Magangué  con  JAIME  DE  JESÚS URIBE  MARTÍNEZ,    del    que   era   su   conductor   de  confianza.   

Por  lo  tanto,  el  actor  sostiene que de  haberse  tenido  en  cuenta  el  testimonio  de  Julio  César   García   Galeano,  se  habría  corroborado  lo afirmado por GARCÍA  GALEANO en cuanto a su empleo con  URIBE MARTÍNEZ.   

2.2.  Libelo aportado en representación de  JAIME DE JESÚS URIBE MARTÍNEZ   

2.2.1. Falso juicio de identidad respecto de  las  versiones de los procesados JAIME DE JESÚS URIBE  MARTÍNEZ  y  CARLOS ANDRÉS  ARCILA MONTOYA   

Asegura el libelista que este yerro consiste  en  no  haber  tenido  en  cuenta  el  Tribunal  apartes  de  las  injuradas  de  URIBE    MARTÍNEZ    y  ARCILA  MONTOYA en donde se  expresaron  que  el  propósito  más  importante  del  viaje del primero era la  compra  de  ganado  y  de  paso  aprovechar  para ver unos caballos, mas no para  negociar   exclusivamente   unos   equinos,   por  lo  tanto,  en  criterio  del  casacionista   no   fue   anormal   que  JAIME   DE   JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  se  hubiera  desplazado  hasta  Magangué  sin  haber  concertado  una  cita  con el  propietario de los caballos.   

2.2.2.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  respecto  del  testimonio  de  Julio César  García Galeano   

Igualmente,  el  censor  señala  dejar  de  valorarse  esta  declaración a pesar de dar cuenta de la actividad a la cual se  dedicaba  HERNÁN  ALONSO GARCÍA GALEANO,  quien  visitó  al  deponente  dos días antes de la captura para  comentarle   de   su   viaje   a   Sincelejo   y   Magangué   con  JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ con el  propósito de comprar ganado.   

Por tal motivo, expresa el actor, de haberse  tenido  en cuenta esa prueba se habría corroborado lo afirmado por el procesado  en su indagatoria.   

2.2.3. Falso raciocinio en relación con el  testimonio de Jaime Amado Real Delgado   

El actor hace consistir este error en que a  pesar  de  afirmar  este  deponente  que  su hijo JUAN  SEBASTIÁN  REAL  CANO,  otro  de  los  procesados, se  encontraba   adelantando   la   compra  de  ganado  con  el  acusado  JAIME DE JESÚS URIBE MARTÍNEZ, a quien  le   entregó   $38.000.000,   el  Tribunal  terminó  restándole  “credibilidad” a este dicho porque no  aclaró   en   la   injurada   que   esa   parte  del  dinero  incautado  no  le  pertenecía.   

Expresa   entonces   el  impugnante  que,  contrario   a   lo  concluido  por  el  Juez  Plural,  el  inculpado   JAIME   DE   JESÚS   URIBE  MARTÍNEZ  manifestó  en  la  indagatoria  que Jaime Amado Real  Delgado  “era  una  de  las personas que le entregaba dinero para negociar con  ganado”  y,  por  ello,  no  era  necesario  aclarar  aquella  circunstancia,  más aún si se tiene en cuenta que en dicha diligencia  se  aportó  una  certificación  expedida  por  Subasta  Ganadera  de  Caucasia  —Subagauca     S.  A.—,   en  la  cual  se  menciona  que  Real Delgado “le había vendido a la  misma     ganado    por    valor    superior    a    $400.000.000”.   

Así  las  cosas,  estima  el libelista que  “al  estar  plenamente  demostrado  el dicho… del  señor  URIBE  MARTÍNEZ,  debió  dársele credibilidad, en lugar de recurrir a  una  serie  conjeturas…  para  tratar  de ponerlo en entredicho”,  además,  con  los testimonios de Mario  Araujo  Ortega y Luis Miguel  Valeta  Arias igualmente se comprobó que el procesado  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ  se  dedicaba  a  la  comercialización de ganado, en consecuencia,  “no  era  una  fachada para ocultar la actividad de  narcotráfico”.   

2.3.   Demanda   allegada   a  nombre  de  CUSTODIO DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ   

2.3.1.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  respecto de la declaración de Jaime Alberto  Loaiza García   

Esta  irregularidad  el  impugnante la hace  consistir   en   haberse   dejado   de   valorar  la  versión  de  Jaime  Alberto Loaiza García, no obstante  que  afirmó  conocer  al  procesado  ocho  años  antes de los hechos, quien se  dedicaba  al  oficio  de  tractorista, indicando incluso un par de lugares donde  ejerció  esa  labor;  por  lo  tanto,  esta  declaración,  según  el  censor,  corrobora lo manifestado por el inculpado en su injurada.   

2.3.2.  De  otra parte, expresa que el Juez  a   quo   incurrió   en  “manifiesto  error  de apreciación” al  concluir,  con  fundamento  en el contenido de la indagatoria de  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,   que   CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA  HERNÁNDEZ “iba a entrar a  trabajar  en  una  finca  con JAIME URIBE”, cuando lo  que  ARCILA  MONTOYA sostuvo  es  que  “supuestamente iba a empezar a trabajar en  una  finca  con el señor JAIME URIBE”. Por lo tanto,  para  el  censor  se trató de una “suposición, que  no  una  afirmación,  de  lo  que creyó entender [ARCILA MONTOYA] acerca de la  presencia  del  señor  CUSTODIO  DEL  CRISTO” en el  municipio de Magangué.   

Además,  el  demandante  expone  que si se  observa  el  contenido  de  la  injurada  de JAIME DE  JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ,  es  claro  que  éste  no  mencionó  su  interés  por  darle trabajo a CUSTODIO  DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ.   

En  otro  sentido,  el  actor agrega que el  encuentro   entre   CUSTODIO   DEL   CRISTO  PANTOJA  HERNÁNDEZ y JAIME DE JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ  tampoco  resulta  injustificado, por  cuanto  el  primero  se  trasladó  hasta  la localidad de Magangué en busca de  trabajo   con   una   persona   de   nombre  “José  María”,  con  quien  no  logró  conversar porque a  pesar  de  esperarlo  no  llegó  y  cuando  iba  de  regreso  a Cienaga de Oro,  “coincidencialmente” se  encontró     con    URIBE    MARTÍNEZ,   a   quien   conocía   de  tiempo  atrás,  pidiéndole  que  lo  transportara.   

Expresa el libelista que si bien el Tribunal  cuestiona  al  inculpado  CUSTODIO DEL CRISTO PANTOJA  HERNÁNDEZ  por no haber esperado a quien le iba a dar  trabajo  a  pesar  de  desplazarse  a  tan  larga distancia, el actor indica que  “ello  es  algo  que  cae  en el libre albedrío de  CUSTODIO DEL CRISTO”.   

2.4. Demanda radicada en representación de  JUAN SEBASTIÁN REAL CANO   

2.4.1. Falso raciocinio en relación con el  testimonio de Jaime Amado Real Delgado   

El casacionista fundamenta este yerro en que  si  Jaime Amado Real Delgado  afirmó   que   su   hijo   JUAN   SEBASTIÁN   REAL  CANO   se   encontraba   comprando   ganado   con  el  acusado  JAIME  DE JESÚS URIBE MARTÍNEZ  y  por  eso le entregó a este último $38.000.000, el Tribunal no  ha   debido  restarle  “credibilidad”  al dicho de URIBE MARTÍNEZ por  no  aclarar  en la injurada que ese dinero no era suyo, pues de  paso    se    afectó    la   situación   de   REAL  CANO en cuanto a justificar su presencia en la región  donde ocurrieron los hechos.   

Asevera  entonces el impugnante que en todo  caso,   contrario   a   lo   deducido   por   el   ad  quem,  el  inculpado  URIBE  MARTÍNEZ manifestó en la indagatoria que  Jaime  Amado  Real  Delgado  “era  una  de  las personas que le  entregaba  dinero  para  negociar  con ganado” y, por  ende,  no se hacía indispensable aclarar la entrega del dinero, más aún si se  tiene  en  cuenta  que  en esa diligencia se aportó una certificación expedida  por  Subasta  Ganadera  de  Caucasia  —Subagauca     S.     A.—,  en la cual se menciona que Real Delgado  “le    había   vendido   a   la   misma   ganado   por   valor   superior   a  $400.000.000”.   

Así  las  cosas,  estima  el libelista que  “al  estar  plenamente  demostrado  el dicho de los  señores  URIBE  MARTÍNEZ  y REAL CANO, debió dárseles credibilidad, en lugar  de   recurrir   a   una   serie   conjeturas…   para  tratar  de  ponerlos  en  entredicho”;   además,   con  los  testimonios  de  Mario   Araujo   Ortega  y  Luis  Miguel  Valeta  Arias  igualmente  se  comprobó  que  el  procesado JAIME DE  JESÚS    URIBE    MARTÍNEZ   se   dedicaba   a   la  comercialización  de  ganado,  en consecuencia, “no  era  una  fachada  para  ocultar  la  actividad  de narcotráfico”.   

2.5.   Demanda   presentada   a   nombre  de  CARLOS  ANDRÉS ARCILA  MONTOYA   

2.5.1.   Falso  juicio  de  identidad  en  relación  con  las versiones de los acusados JAIME DE  JESÚS     URIBE     MARTÍNEZ    y    CARLOS ANDRÉS ARCILA MONTOYA   

En  concepto  del  casacionista  este error  estriba  en  no  haber  tenido en cuenta el Juez Colegiado algunas partes de las  injuradas  de URIBE MARTÍNEZ  y  ARCILA  MONTOYA en donde  expresaron  que  el  propósito  más  importante  del  viaje del primero era la  compra  de ganado y de paso aprovechar para ver unos ejemplares, mas no negociar  solamente  con  estos  animales,  por  lo  tanto,  en criterio del impugnante no  resultó  anormal  que JAIME  DE  JESÚS  URIBE MARTÍNEZ se hubiera desplazado hasta  Magangué   sin   haber   concertado  una  cita  con  el  propietario  de  tales  caballos.   

2.5.2. Falso  juicio  de existencia por omisión respecto del testimonio de  Rómulo Hoyos Miranda   

En  segundo  lugar,  se  alega  dejar  de  apreciarse  el  dicho  de este declarante a pesar de haber afirmado que conocía  al     procesado     CARLOS     ANDRÉS     ARCILA  MONTOYA hacía doce años, de quien dijo se dedicaba a  ser  comisionista  en  la  negociación  de  ganado, además, refirió un par de  sitios  en  donde  laboraron  juntos;  por  lo  tanto,  el  actor estima haberse  corroborado lo manifestado por el inculpado en su injurada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Conforme  quedó señalado inicialmente, se  procede  a  examinar  los reparos comunes al cargo único propuesto en todas las  demandas,  a  fin  de  establecer  si  cumplen  los  requisitos  inherentes a la  naturaleza  extraordinaria del recurso de casación, para posteriormente, con el  mismo   propósito,   realizar   el  examen  de  las  particularidades  de  cada  una.   

Previo  a  desarrollar  esa  labor, resulta  oportuno  realizar  algunas  precisiones  en torno del recurso de casación y la  causal  seleccionada  por el defensor de los procesados, para después constatar  si se satisfacen las exigencias del referido medio de impugnación.   

En esa medida, impera mencionar que la Sala  de  forma  constante  ha  expresado,  respecto  del  recurso  en  cuestión,  la  necesidad   de   cumplir   un  mínimo  de  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  a  efectos  de  no  desdibujar su carácter extraordinario, los  cuales  están  contenidos  en  la normativa a través de la cual se gobierna el  instituto,  así como en el conjunto de principios pacíficamente decantados por  la Corporación.   

Así  mimso,  es indispensable señalar que  como  la  causal seleccionada por el demandante es la violación indirecta de la  ley  sustancial, atendiendo a que la sentencia llega a esta sede amparada por la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  es perentorio que el actor omita  adoptar  posturas  defensivas  apoyadas  en  el  desconocimiento  de la realidad  probatoria,  en  el  interés  por  dar  crédito a unos medios de convicción y  negárselo  a  otros  en  contravía  de  lo demarcado en el fallo, o en ensayar  conclusiones cimentadas en el simple fuero interno.   

Ahora, como en este caso el libelista alega  errores  de hecho en las modalidades de falso juicio de existencia por omisión,  falso  juicio  de  identidad y falso raciocinio, conviene consignar los defectos  en  que  no  debe  incurrir  el  demandante en desarrollo de una censura con tal  alcance.   

Así, cuando el reproche envuelve predicados  encaminados  a  denunciar  haberse  cometido  error  de hecho en la modalidad de  falso  juicio de existencia por omisión, no solo se exige la individualización  de  la  prueba  ignorada por el juzgador, sino que también se debe acreditar la  incidencia  del  vicio de apreciación pregonado, valga decir, se ha de expresar  de  manera  argumentada  y  con  toda objetividad, porqué la no valoración del  elemento  de  persuasión  influyó  de  modo  esencial  en  la  declaración de  justicia  contenida  en  el fallo, una vez confrontado el resto de los medios de  conocimiento  en  los  que éste se sustentó, tras lo cual es menester ofrecer,  con  claridad  y precisión, las razones orientadas a explicar cómo en concreto  se quebrantó la norma de carácter sustancial.   

Cuanto  la pretensión se dirige a poner de  presente  la  verificación  de  un  yerro  de  hecho bajo la modalidad de falso  juicio  de  identidad,  conviene señalar que no es suficiente con mencionar que  al  ser valorado el medio de persuasión se dejó de lado su contenido material,  lo  cual  puede  suceder porque éste se adicione, mutile o tergiverse, sino que  posteriormente  se  debe  expresar la incidencia del defecto pregonado, conforme  se   viene   de   precisar   frente   al   falso   juicio   de   existencia  por  omisión.   

Es  decir,  se  debe  exponer  de  manera  argumentada  y  con  toda  objetividad,  cómo  el  recorte,  el  agregado  o la  tergiversación  del  medio  de  persuasión  influyó  de  modo esencial en las  conclusiones del fallo.   

A  su  vez,  cuando  se  denuncia  haberse  incurrido  en  falso  raciocinio,  no basta con mencionar que se han violado las  reglas  de  la  sana  crítica  al  valorar determinado medio de convicción, en  punto  de  los  principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las máximas  de  la  experiencia,  sino  que  además  se  debe  identificar  qué  demuestra  objetivamente  y  en  concreto  el  medio  de  persuasión,  cuál la inferencia  extraída  de él en la sentencia impugnada e, igualmente, el mérito probatorio  asignado  y,  correlativamente,  ha  de  expresarse  con nitidez la apreciación  correcta,  para  luego  mostrar  su  incidencia  conforme  se  indicó  al hacer  referencia al falso juicio de existencia por omisión.   

Realizadas  las  anteriores precisiones, se  procede a estudiar los reproches formulados por el demandante.   

1. Reparos comunes al cargo único contenido  en  las  demandas  allegadas  en  representación  de  los acusados CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,  HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO,    CUSTODIO    DEL   CRISTO   PANTOJA  HERNÁNDEZ,  JUAN SEBASTIÁN  REAL  CANO y JAIME DE JESÚS  URIBE MARTÍNEZ   

1.1.  Falso juicio de identidad respecto de  la    declaración    de   Hedin   Fernando   Vargas  Hernández   

Como el censor asegura que a esta modalidad  de  error  de hecho se llegó porque en el fallo se tergiversó el contenido del  testimonio       Hedin      Fernando      Vargas  Hernández,  le  correspondía demostrar que en efecto  del  texto  de  esta prueba no era posible extraer la afirmación según la cual  el  vehículo  que dicho deponente observó en el aeropuerto de Magangué era el  mismo  retenido  por  la  policía en la carretera que conducía al municipio de  Buenavista  (Sucre), en cuyo interior fueron hallados los acusados en compañía  de   los  dos  pilotos  de  la  aeronave  donde  se  encontraron  mil  kilos  de  cocaína.   

No  obstante,  lo que hace el impugnante es  limitarse  a  mostrar  su  particular  valoración de la prueba en cuestión, en  contra  del alcance otorgado a ella por el Tribunal, desconociendo de esta forma  la  naturaleza  del recurso de casación, el cual no busca prolongar discusiones  en  torno  de  la  apreciación  de los elementos de persuasión, sino denunciar  verdaderos y trascendentes yerros de estimación probatoria.   

Tan  cierto  es  lo  anterior,  que  con el  propósito  de  respaldar  la  presunta  tergiversación  de la declaración del  oficial  de  la  Fuerza  Aérea,  el  actor  realiza un conjunto de afirmaciones  respecto  de las declaraciones de los vigilantes del aeropuerto del municipio de  Magangué9,  a  las cuales brinda absoluta credibilidad, en contraposición de  lo concluido razonadamente por el Juez Colegiado.   

Entonces,  si  el  centro  de la discusión  planteada  por  el  casacionista  es  que de la versión del testigo  Hedin  Fernando Vargas Hernández no era  posible  afirmar que el vehículo que recogió a los pilotos en el aeropuerto de  Magangué  era  el  mismo retenido por la policía, por cuanto el primero tenía  carpa  y el segundo no y, a su vez, no hubo coincidencia entre el color referido  por  el  citado  deponente y el presentado por el automotor, es preciso señalar  que  en  el fallo se expresaron los motivos por los cuales, con fundamento en la  prueba   cuestionada,   se  resolvía  el  asunto  del  color  y  la  carpa  del  vehículo.   

Además,  se ofrecieron las razones por las  cuales  se desechaba el dicho de los vigilantes del aeropuerto, incluso, no debe  perderse  de  vista que si bien José Aníbal Ramírez  Ríos,  Comandante  de  la  Estación  de Policía del  municipio  de  Buenavista, mencionó que el vehículo retenido por él no tenía  carpa,  tal  situación,  como  se desprende del texto del fallo, fue aceptada y  explicada,  por  consiguiente,  carece de fundamento la presunta tergiversación  pregonada por el impugnante.   

No   sobra   mencionar  que  el  Tribunal  puntualizó,  en  relación con la inconsistencia de la tonalidad del vehículo,  que  “poco  o  nada  importa  que  se  diga  que la  camioneta   era   de  uno  u  otro  color,  en  la  medida  en  que  las  demás  características  del  automotor  encajan  a  la  perfección  con  el vehículo  incautado”.   

Así las cosas, el libelista en realidad no  logra   enseñar   a   la  Sala  el  presunto  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación  de  la  declaración  Hedin Fernando  Vargas  Hernández,  sino  más  bien  el interés por  imponer  su  criterio  personal  y,  en  tal  virtud,  no  consigue demostrar la  trascendencia de la queja pregonada.   

1.2. Falso juicio de existencia por omisión  en  cuanto  hace  a  la  declaración de José Aníbal  Ramírez Ríos   

La denuncia de este error de hecho envuelve  el  desconocimiento  del principio de no contradicción, por cuanto en el reparo  anterior  se  asume  que  el  medio  de  convicción en cita fue valorado y, sin  embargo, ahora se asegura que no se tuvo en cuenta.   

Tal  contrariedad  de entrada supone que la  queja  desconoce  los  postulados  de  la  lógica  y la adecuada argumentación  exigidos de cara al recurso de casación.   

A ello se suma otra inconsistencia lógica,  nuevamente  con  desconocimiento  del principio de no contradicción, por cuanto  en  desarrollo  de  la  queja  bajo estudio se afirma que el testigo sostuvo, en  relación  con  las características del vehículo en donde fueron retenidos los  procesados,  que  el  mismo  “no  estaba carpado ni  tenía  carpa”,  de  manera que si tal circunstancia  fue  valorada  en el fallo, conforme se precisó al examinar el reparo anterior,  de  allí  se  sigue  que definitivamente resultó equivocado denunciar un falso  juicio  de  existencia  por  omisión  en  torno  del  testimonio del uniformado  José Aníbal Ramírez Ríos.   

Es  que  no  debe  perderse de vista que la  modalidad  de  error  de  hecho  en cita supone que el contenido del elemento de  persuasión  ha sido omitido en su totalidad y de allí que resulte infundado el  reparo formulado por el libelista.   

De otra parte, como también se observa que  al  igual  que ocurrió en la glosa anterior, en este caso el demandante acude a  las  versiones  de los vigilantes del aeropuerto del municipio de Magangué para  respaldar  sus  conclusiones,  a las cuales el Tribunal les restó credibilidad,  es  claro  que  por  esta  vía el censor desconoce la naturaleza del recurso de  casación,  por  cuanto  éste no es el escenario para que el impugnante imponga  su  criterio  al  estilo  de  las instancias, sino, por el contrario, el espacio  propicio   para   descubrir  yerros  objetivamente  capaces  de  desvirtuar  los  fundamentos probatorios del fallo.   

No  obstante  lo anotado, no sobra reiterar  que,  distinto  a  lo  afirmado por el censor, en la sentencia se ofrecieron las  razones  por  las  cuales  no  había  duda  acerca  de la coincidencia entre el  vehículo  que  se  hizo  presente  en  las  instalaciones  del  aeropuerto  del  municipio  de  Magangué  y  aquél  retenido  en  la  carretera  que conduce al  municipio  de  Buenavista,  conforme  quedó  evidenciado  al estudiar el reparo  anterior.   

1.3. Falso juicio de existencia por omisión  en  punto  de  las declaraciones de Luis Miguel Valeta  Arias    y    Mario   Araujo   Ortega   10   

En esta oportunidad el casacionista también  incurre  en  defectos  insalvables  de  lógica  y  adecuada argumentación, por  cuanto  al  denunciar  haberse  omitido  valorar  los testimonios de  Luis  Miguel  Valeta  Arias  y  Mario  Araujo  Ortega,  a  partir  de  las  cuales  estima  demostrado que los procesados  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ  y  JUAN SEBASTIÁN REAL CANO  eran  ganaderos,  olvidó  que  tal  circunstancia  fue reconocida  expresamente por el Tribunal, pues al respecto puntualizó:   

“No  niega la Sala, que tanto JAIME como  JUAN  SEBASTIÁN….  Se  dediquen  al  comercio  de  ganado,  pues  esa  es una  actividad  perfectamente  compatible  con la de traficar con estupefacientes; es  más,  es  conocida  la  afición  de  este  tipo  de personas por esta clase de  actividades  que  les  permite  posar  ante la sociedad de prósperos y honestos  negociantes”.   

Adicionalmente,  se  avizora  que  en  este  reparo  el  censor  tergiversa  el  contenido  del  fallo  para  deducir  de él  contradicciones  que  no  contiene,  pues en modo alguno el Tribunal desconoció  que    el    procesado   JAIME   DE   JESÚS   URIBE  MARTÍNEZ  iba  a  negociar  unos  semovientes  en  la  región  de Magangué conforme lo sostuvo Mario Araujo  Ortega, sino que reclamó de aquél la declaración de  las personas que en concreto harían las respectivas ventas.   

Dicho  en  otros términos, el ad  quem  no exigió demostrar los planes  que    en    general   tenía   el   acusado   URIBE  MARTÍNEZ  con el viaje, sino concretar las personas y  los   detalles  de  las  negociaciones  que  se  frustraron  por  razón  de  su  captura.   

1.4. Falso juicio de existencia por omisión  de     los    “Indicios    favorables    a    los  procesados”   

De entrada se advierte que en este reparo el  defensor  nuevamente  falta  a  la lógica, pues si la prueba indiciaria no obra  materialmente  en  la  actuación,  por  cuanto  es  el  resultado  de una labor  intelectual,  no  era  posible  denunciar  un  falso  juicio  de  existencia por  omisión respecto de ella.   

No  obstante,  lo que en realidad revela el  reparo  es  que el libelista, acudiendo a su criterio personal, lanzó un par de  juicios  en  torno  de  la prueba, utilizando para el efecto el estilo propio de  las instancias.   

En este sentido se tiene que, con fundamento  en   el   testimonio  del  uniformado  Jorge  Aníbal  Ramírez  Ríos,  quiso  hacer  ver  que  el procesado  JAIME    DE   JESUS   URIBE   MARTÍNEZ  había  entregado  voluntariamente a las autoridades el dinero que  llevaba  consigo  al  momento de producirse la retención del vehículo donde se  transportaba,   cuando  de  la  declaración  del  citado  agente  se  desprende  pacíficamente  que  el  efectivo  estaba  oculto  en  la cabina del vehículo y  únicamente  al  realizarse  la  requisa exhaustiva del mismo en la estación de  policía  de  Magangué  en presencia del propio URIBE  MARTÍNEZ,  éste  decidió  entregarlo, circunstancia  que  una  vez más pone de presente la pretensión del demandante por imponer su  visión particular.   

La misma situación se presenta frente a la  afirmación  del  censor según la cual, si bien los procesados recogieron a los  dos  pilotos,  ello solamente fue “una desafortunada  coincidencia”,  pues  conforme  se dejó expuesto al  examinar  el  reparo  en  relación  con  el testimonio del oficial de la Fuerza  Aérea,  Hedin Fernando Vargas Hernández,  es  claro  que  una vez la aeronave aterrizó aparatosamente, los  inculpados  inmediatamente  se  acercaron a las instalaciones del aeropuerto del  municipio  de  Magangué,  detuvieron  la marcha y se llevaron a los tripulantes  del referido avión.   

Ahora,  si bien los acusados recogieron una  persona11  en  la  carretera,  no  debe  perderse  de  vista que ésta logró  demostrar  en la etapa de la investigación que su presencia en el automotor era  ocasional y, por ende, se precluyó la instrucción en su favor.   

1.5.   Errores   de   hecho   por   falso  raciocinio   

En  este  sector  del  cargo  el demandante  mantiene  invariable  la postura exhibida en los anteriores reproches, es decir,  nuevamente  expone  su criterio en torno de la valoración de las pruebas con el  fin  de  deducir  haberse  violado las reglas de la sana crítica, razón por la  cual  en  realidad  se  abstiene  de  desarrollar  la censura conforme se expuso  inicialmente    al    hacer    referencia    a    la    modalidad    de    falso  raciocinio.   

En efecto, en el primer reparo que denuncia  con  fundamento  en  esta  modalidad, escasamente indica haberse desconocido una  máxima  de  la  experiencia,  en concreto porque contrario a lo afirmado por el  Juez  a  quo (manifestación  que  también  es  aceptada por el Tribunal), no era fácil quitarle la carpa al  vehículo  en  donde  se  trasportaban  los  procesados,  por  cuanto (i) estaba  provista      de      “gran     cantidad     de  correas”, (ii) era “poco  probable”  que  aquellos  se  detuvieran  “por  un  lapso  considerable  a quitar la carpa”,  (iii)  no estaban dispuestos a abandonarla por razón de su valor  e,  incluso,  como  la  misma  no  fue  hallada  por  el uniformado José  Aníbal  Ramírez  Ríos, el actor  terminó por poner en duda su existencia.   

En  estas condiciones, como puede verse, el  censor  parte  de  un  conjunto de supuestos, todos ellos asumidos como ciertos,  sin  embargo,  en  modo  alguno  fueron  demostrados,  pero además, finalmente,  incurre  en  una contradicción, pues inicialmente da por hecho la existencia de  la carpa, pero después termina negando su presencia.   

Así las cosas, la presunta violación de la  regla  de  la  experiencia denunciada por el casacionista es el resultado de sus  expresiones personales.   

El  segundo falso raciocinio alegado por el  defensor  se funda en no habérsele dado crédito al dicho de los vigilantes del  aeropuerto  del  municipio de Magangué, los cuales en su indagatoria expresaron  que  el  vehículo  trasladado  por  la  policía  hasta  allí  no era el mismo  inicialmente  visto  por  ellos,  quienes además no reconocieron a las personas  trasportadas  en  él;  reparo frente al cual es preciso indicar que se reduce a  una  simple  afirmación,  pues  ni  siquiera  identifica cuál regla de la sana  crítica fue desconocida.   

Con  todo, lo cierto es que en el falló se  ofrecen  razones  totalmente  ajustadas  a  las  reglas de la sana crítica para  restarle  credibilidad  al  dicho  de  los  tales  vigilantes, como incluso a la  postre  lo reconoce el propio actor, pues, básicamente, como aquellos aceptaron  haber  recibido  dinero para dejar aterrizar y cargar el avión con la cocaína,  no delataron a los procesados.   

De  otra  parte,  la  crítica del defensor  consistente  en  habérsele  dado  crédito  a las palabras de los vigilantes en  punto  de que aceptaron dinero pero no en lo demás, tampoco envuelve defecto de  apreciación  alguna,  pues, como acaba de señalarse, en el fallo se le otorgó  valor  a  un  sector  de  la  prueba  y  se  le  negó a otro ofreciendo motivos  ajustados por entero a las reglas de la sana crítica.   

El tercer falso raciocinio pregonado por el  demandante  está  cimentado en un conjunto de críticas que no se ajustan a los  mínimos  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación exigidos en sede de  casación,  por  cuanto  en  modo  alguno  se  desarrollan  siguiendo las pautas  señaladas  inicialmente,  pues,  sencillamente,  se trata de afirmaciones sobre  presuntas  inconsistencias  amparadas  en  el  desconocimiento  de  la  realidad  procesal.   

En  este  sentido  conviene  precisar  que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  libelista,  no  es  cierto  que  no se haya  demostrado   quién   era   el   propietario  del   teléfono  celular No. 3106403913, pues, como lo señaló el Juez Unipersonal, a  partir  del  informe  del  3  de  septiembre  de  2003  de  la Dijin12,  se  pudo  comprobar  que era del procesado CARLOS ANDRÉS ARCILA  MONTOYA, toda vez que la dirección registrada por él  en             la             indagatoria13    coincidió    con    la  localización  de  la  línea  34-2521745  instalada  en  el inmueble que era de  propiedad de su padre, a la cual llamó desde aquel celular.   

Ahora, si bien le asiste razón al defensor  al  criticar  que  en  el  fallo  de  primer  grado  se afirmó que el procesado  utilizaba  el  referido  teléfono  celular  para comunicarse con su padre, pues  había  sido  asesinado años atrás, como tal argumento no fue reiterado por el  Tribunal,  se  entiende que la sentencia en definitiva no lo contiene, ya que no  debe  ignorarse  el  alcance  del  principio  de  unidad jurídica inescindible,  según  el  cual si bien las sentencias de primera y segunda instancia forman un  solo  cuerpo, prevalece lo consignado en la última en todo aquello que esté en  contradicción   con   la   del   a  quo.   

De  otra  parte, el libelista se empeña en  ubicar    al   inculpado   CARLOS   ANDRÉS   ARCILA  MONTOYA en el municipio de Caucasia días antes de los  hechos,  a  pesar  de  que  en  el  fallo  se  concluyó,  con fundamento en los  registros  de  las  llamadas  entrantes  al  celular  de  su  propiedad,  que se  encontraba  en  Medellín,  esfuerzo  que  incluso  resulta  intrascendente, por  cuanto  tal  precisión  solamente se realizó por el Juzgador con el propósito  de  poner  de  presente  que  aquel  era  el  titular  del  referido  aparato al  frecuentar tal ciudad.   

En  otro  sentido,  si  como  lo  anotó el  Tribunal,  el  teléfono  celular No. 3106403913 era del enjuiciado ARCILA  MONTOYA  y  desde él se hizo una  llamada  el día de los hechos al piloto Fabio Enrique  Gracia  Montes, es claro que había una relación entre  los ocupantes del vehículo y los tripulantes de la aeronave.   

Ahora,  con  el propósito de empañar esta  conclusión,  el  actor  señala  que si bien en el informe de la Dijin del 3 de  septiembre  de 2003 se registró una llamada del teléfono celular del procesado  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA  al  del  acusado  Fabio  Enrique Gracia  Montes, no entiende por qué en tal informe no aparece  la  operación  inversa,  respecto  de  lo  cual basta mencionar que mientras el  reporte  de llamadas realizadas desde el último de estos aparatos abarcó hasta  el      11      de      agosto      de      200314,  el del primero únicamente  cubrió    hasta   el   7   de   junio   de   200315.   

Igualmente,  distinto  a lo afirmado por el  casacionista,  en  el cuaderno de anexos No. 1, que no en el No. 3 como lo cita,  aparecen  registradas  las  llamadas  realizadas  desde  teléfono  celular  No.  3106403913         y        su        destino16,  por  lo  tanto,  su  queja  según  la cual en este caso faltó señalar la operación inversa nuevamente es  el  fruto  de  su  particular  percepción  y no de la demostración de un yerro  trascendente      en     la     valoración     de     la     prueba.   

Manteniendo tal postura personal, el actor,  con  el  propósito  de desvirtuar la relación anterior entre los procesados, a  pesar  de  reconocer  que desde el teléfono celular No. 3106403913 de propiedad  de   CARLOS   ANDRÉS   ARCILA   MONTOYA  se  realizaron trece llamadas a CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA  HERNÁNDEZ,  contradictoriamente  concluye que los citados no se conocían.   

La  particular  forma abordar el recurso de  casación  por el demandante lo conduce repetidamente a plantear inconsistencias  absolutamente   intrascendentes,   como   aquella   referida   a   que   contrario   a   lo   sostenido  por  el Juez  a   quo,   el   inculpado  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ   no   se   veía   desde   tres   años  atrás  con  JAIME  DE  JESÚS URIBE MARTÍNEZ, pues si  bien  se  comunicaban  vía  telefónica,  por  aquel  espacio  de  tiempo no se  frecuentaban  personalmente,  ignorando el actor de esta forma que la referencia  al  trato  entre  éstos  se  hizo  para  significar  que  todos  se conocían y  mantenían contacto frecuente, sin importar el medio utilizado.   

Ahora,  como  del  contenido  del  fallo se  desprende  no  ser  cierto  que  el  Tribunal  haya  afirmado  que el enjuiciado  HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO   faltó  a  la  verdad  porque  dijo  no  conocer  a  CUSTODIO  DEL CRISTO PANTOJA HERNANDEZ, de  plano  se  sigue que tal afirmación se suma al conjunto de expresiones, no solo  ajenas  a  la  realidad  procesal,  sino  carentes  de  efecto alguno de cara al  recurso de casación.   

El  desconocimiento del impugnante frente a  los  más  elementales  requisitos  de  lógica  y  adecuada  argumentación  se  proyecta  hasta el final, por cuanto sin ningún rigor, abiertamente se dedica a  desvirtuar  las contradicciones identificadas por el Tribunal en cuanto al dicho  de   JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ,    esfuerzo   absolutamente   desfasado   de   cara   al   recurso  extraordinario,  por  cuanto  como  se  dejó  planteado desde el comienzo, este  medio  de  impugnación no está instituido para prologar o promover discusiones  probatorias.   

Nótese   incluso  que  la  regla  de  la  experiencia  fundada en que en la región por la cual transitaban los procesados  es  usual  recoger  personas  a  la vera del camino carece de respaldo; además,  como  en  el  caso  particular  todos  los que se encontraban en el interior del  camión   se   conocían,   entonces  es  claro  que  no  se  aplicó  costumbre  alguna.   

Finalmente,  la  referencia a la contumacia  que  se  hace por el Tribunal en las postrimerías del fallo, simplemente fue un  comentario,  el  cual  es  magnificado  por  el  censor  para  derivar de él un  presunto error de apreciación probatoria.   

Tan  cierto  es lo que se viene de afirmar,  que  en la sentencia ya se había realizado el análisis de la prueba y a su vez  concluido  que  los  procesados  eran responsables de los delitos por los cuales  fueron acusados.   

De otra parte, como al concluir el cargo el  demandante  sostiene  que se debe casar la sentencia y absolver a los procesados  “por lo menos” por duda,  un  enunciado  de  ese  talante  obliga  a  señalar  que se dejaron de lado los  postulados  del  recurso  de  casación,  en particular los principios de razón  suficiente  y  limitación,  pues,  en primer término, ningún esfuerzo se hace  para   respaldar   la   tesis   del   in  dubio  pro  reo  y,  en segundo lugar, en el fondo se plantea a la  Corte   la   disyuntiva  de  elegir  absolver  a  los  procesados,  bien  porque  definitivamente  son  inocentes  o,  alternativamente,  acudiendo  al  beneficio  anotado,  ignorando  que  el recurso de casación es rogado y, por ello, la Sala  no  puede  entrar  a  escoger  alguna  de  las  posibilidades  pregonadas por el  defensor.   

2.    Reparos   particulares   de   las  demandas   

2.1.   Libelo   allegado   a   nombre  de  HERNÁN ALONSO GARCÍA GALEANO   

2.1.1.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  frente al testimonio de Julio César García  Galeano   

Como con la declaración de este deponene se  quiso  demostrar  que  el  procesado  HERNÁN  ALONSO  GARCÍA    GALEANO    trabajaba    como    conductor  para  JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ,  circunstancia  que  en  concepto  del impugnante no fue tenida en  cuenta  en  el  fallo,  es claro que se ignoró el principio de unidad jurídica  inescindible,  pues  de  no  haber ocurrido así, pronto se habría advertido la  falta  de  fundamento  del  reparo,  ya  que el Juez Unipersonal expresamente se  refirió a tal aspecto.   

Por  tal  motivo, como este reparo sumado a  los  demás  que se formularon en común no satisfacen los requisitos de lógica  y  adecuada  argumentación,  se  concluye  que  la  demanda presentada a nombre  de  HERNÁN ALONSO GARCÍA  GALEANO debe ser inadmitida.   

2.2. Demanda aportada en representación de  JAIME DE JESÚS URIBE MARTÍNEZ   

2.2.1. Falso juicio de identidad respecto de  las  versiones de los procesados JAIME DE JESÚS URIBE  MARTÍNEZ  y  CARLOS ANDRÉS  ARCILA MONTOYA   

El  error de hecho en la modalidad de falso  juicio  de  identidad  formulado  frente  al  contenido  de  las indagatorias de  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ   y   CARLOS   ANDRÉS  ARCILA  MONTOYA  simplemente  se  deja planteado, razón por la cual se  omite  desarrollar  la  actividad puntualizada al iniciar las consideraciones de  esta  providencia para responder a las precisas exigencias de lógica y adecuada  argumentación del recurso de casación.   

En  efecto,  nótese  que  tras advertir el  demandante,  con  fundamento  en las injuradas de los citados procesados, que la  presencia  de URIBE MARTÍNEZ  en  el  municipio de Magangué no solo se reducía a comprar unos caballos, como  lo  entendió  el  ad  quem,  sino  que también pretendía adquirir algunas cabezas de ganado, posteriormente  en  modo  alguno  se  ofrecen  las  razones para demostrar la incidencia de este  presunto yerro de apreciación probatoria.   

Al  margen  de la precariedad argumentativa  del  reparo,  del contenido de la indagatoria de JAIME  DE  JESÚS  URIBE MARTÍNEZ se desprende, distinto a lo  sostenido  por  el  censor,  que  la  presencia  de  este procesado en Magangué  únicamente  encontró  excusa  en el interés por adquirir unos caballos y, por  ello,  el  Tribunal  cuestionó  su traslado hasta esa localidad sin previamente  asegurar    una   cita   con   quien   le   iba   a   ofrecer   los   ejemplares  equinos.   

En tal virtud, es evidente que el reparo no  se  desarrolló siguiendo los postulados del recurso de casación, pero además,  tampoco se fundó en la realidad procesal.   

2.2.2.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  respecto  del  testimonio  de  Julio César  García Galeano   

Como  con  este  error de hecho se pretende  señalar   haberse   dejado   de   valorar   la   declaración  de  Julio  César  García  Galeano, quien en  esencia  indicó  la  dedicación del procesado a la ganadería, es claro que se  ignoró   lo   afirmado   de   forma   expresa   por   el   Tribunal  sobre  tal  circunstancia.   

Ahora, con tal postura no solo se desconoce  la  realidad  procesal,  sino  que  en  modo alguno se enseña la incidencia del  presunto  yerro  conforme  quedó  indicado  al inicio de las consideraciones de  esta  determinación,  lo  cual  de  suyo lleva a concluir, una vez más, que se  desconocieron los postulados razón suficiente y trascendencia.   

2.2.3. Falso raciocinio en relación con el  testimonio de Jaime Amado Real Delgado   

La  presentación  de  este  reparo  es  un  eslabón  adicional  de  la  cadena  de  inconsistencias  de carácter lógico y  argumentativo  que  hasta  ahora  se  han  venido evidenciando, pues se reduce a  demandar  que se le dé “credibilidad”  a  lo afirmado por el procesado JAIME DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ, en cuanto que es una persona  honesta dedicada a la ganadería.   

Adicionalmente,  una  observación detenida  del  reproche  permite afirmar que el actor ni siquiera revela a la Sala de qué  naturaleza  habría  sido  la  violación  de las reglas de la sana crítica, es  decir,  si  el  yerro  estuvo  en  el  desconocimiento  de  las  máximas  de la  experiencia,   en   las   reglas   de   la   lógica   o  en  las  leyes  de  la  ciencia.   

Dejando  de  lado los aspectos formales del  reproche,  es  claro  que  el  demandante  se  limita,  a  partir  de su visión  personal,    a    insistir    en    que    ha   debido   dársele   “credibilidad” a las afirmaciones del  procesado  JAIME DE JESÚS URIBE MARTÍNEZ,  pues  no  debía  aclarar, como lo exigió el Tribunal, que parte  del  dinero  que  portaba no le pertenecía, ya que si en la indagatoria afirmó  que  Jaime Amado Real Delgado  le  daba  fondos  para  comprar  ganado,  debió  interpretarse  que el efectivo  incautado era parte de éste.   

En suma, como los reparos denunciados por el  libelista  están  desprovistos  de  una  presentación  acorde con los mínimos  postulados  del  recurso  de  casación,  pero  además,  los mismos únicamente  reflejan  la  percepción  individual  del  censor,  por la cual, incluso, no se  tiene  en cuenta la realidad procesal, se impone inadmitir la demanda presentada  a    nombre    de    JAIME    DE    JESÚS    URIBE  MARTÍNEZ.   

2.3. Libelo presentado en representación de  CUSTODIO DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ   

2.3.1.  Falso  juicio  de  existencia  por  omisión  respecto de la declaración de Jaime Alberto  Loaiza García   

En  la  formulación de un reproche como el  que  ahora  se  examina,  no  basta,  como  parece  entenderlo  el defensor, con  sostener  que  la  prueba  dejó  de valorarse, pues ese solo hecho es apenas el  punto  de  partida  para  desarrollar  otra  labor  no menos importante, como es  entrar  a  demostrar cuál es su incidencia frente a la declaración de justicia  contenida en el fallo.   

Este segundo paso en modo alguno se constata  en  el  libelo,  por  cuanto  una  vez  el  censor  recuerda  el contenido de la  declaración     de     Jaime    Alberto    Loaiza  García,  sin  más  predicados afirma que respalda el  dicho  del  procesado  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA  HERNÁNDEZ, esfuerzo insuficiente frente al recurso de  casación,  ya que no se trata de identificar si una versión encuentra respaldo  en  otra  obrante  en  la  actuación,  sino  si por habérsela omitido, como se  denuncia  en  este  caso,  el  fallo  debe  modificarse a favor de los intereses  representados  por  el  impugnante, pues es la sentencia la que se ataca en esta  sede extraordinaria y no la concordancia entre dos versiones.   

2.3.2. Sin precisar  a  qué  modalidad  de  error  de  hecho  hace referencia, lo cual es muestra de  tratarse  de  una  crítica personal y no de un verdadero y trascendente defecto  de   apreciación   probatoria,   el  impugnante  alega  del  Juez  a  quo haber tergiversado el contenido de  la  indagatoria  del  procesado  CARLOS ANDRÉS ARCILA  MONTOYA   y,   en  consecuencia,  haber  “supuesto”    que   el   enjuiciado  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ  eventualmente  comenzaría a trabajar en una finca de JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MARTÍNEZ mas no  que en efecto lo haría.   

Al margen de que en modo alguno se adelanta  un  desarrollo  casacional  adecuado,  como  este  reparo  se  predica  del Juez  a  quo  y  el  mismo no fue  reproducido  por  el  Tribunal, en aplicación del principio de unidad jurídica  inescindible,  según  el  cual  si  bien  las  sentencia  de  primera y segunda  instancia  forman  un  solo  cuerpo,  en todo caso prevalece la del ad   quem,  en  esa  medida  pierde  toda  incidencia el reproche puesto de manifiesto por demandante.   

De  otra  parte, con el afán de abarcar la  totalidad  del  análisis  probatorio  realizado por el Tribunal, pero no de una  forma  acorde  con  el recurso de casación sino asumiendo una postura propia de  las    instancias,    el    defensor    intenta    mostrar    que   CUSTODIO  DEL  CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ y  JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ               se              encontraron              “coincidencialmente”  en el municipio  de  Magangué,  como  también  que  si  bien  el  primero  no  esperó  a quien  eventualmente  le  daría  trabajo  en  esa localidad, ello era expresión de su  “libre   albedrío”,  enfoque  totalmente  alejado  del  recurso  extraordinario, motivo por el que la  Corte queda relevada de hacer comentarios adicionales.   

Entonces,  como  los  reparos  puestos  de  manifiesto  de  forma  conjunta  y los que se formularon de manera particular no  satisfacen  los  requisitos  mínimos  de  lógica y adecuada argumentación, no  queda  otra  alternativa que inadmitir la demanda allegada en representación de  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ .   

2.4.   Demanda   aportada   a  nombre  de  JUAN SEBASTIÁN REAL CANO   

2.4.1. Falso raciocinio en relación con el  testimonio de Jaime Amado Real Delgado   

Como este reparo fue postulado en los mismos  términos  que  el  incluido  en  el  punto 2.2.3. de las particularidades de la  demanda  presentada  a nombre de JAIME DE JESÚS URIBE  MANTÍNEZ,  del que esta Sala se ocupó en la presente  decisión   en   el   punto   2.2.3.  contenido  en  el  capítulo  “Consideraciones  de  la  Corte”,  es  preciso  mencionar  que  si bien los comentarios allí expuestos en torno de los  defectos  de  lógica  y  adecuada  argumentación deben entenderse que aquí se  reiteran,  no  ocurre  lo  propio  respecto  de  las  demás  observaciones  que  despertó  en  la  Sala el resto del reparo, pues el mismo ahora se refiere a un  procesado distinto.   

En efecto, de entrada se observa que como el  reproche  originalmente  fue  redactado  para  que  hiciera  parte de la demanda  presentada   a   nombre  de  JAIME  DE  JESÚS  URIBE  MANTÍNEZ,   salvo   uno   de  los  argumentos  allí  contenidos los demás ahora resultan abiertamente impertinentes.   

En esa medida, el único argumento que hace  referencia   al   procesado   JUAN  SEBASTIÁN  REAL  CANO  señala  que  éste  tenía  por  profesión  la  ganadería,  respecto  de lo cual no se agrega nada más, por lo tanto, como esa  circunstancia  fue  admitida por el Tribunal, es claro que ninguna incidencia se  desprende de tal reparo.   

Entonces, si los reproches propuestos tanto  en  conjunto  como  particularmente  por  el defensor no cumplieron los mínimos  requisitos  de  lógica y adecuada argumentación, razón por la cual los mismos  reflejaron  permanentemente  el  interés  del libelista por imponer su criterio  personal,  resulta inevitable proceder a inadmitir la demanda presentada a favor  de    JUAN    SEBASTIÁN    REAL   CANO.   

2.5.   Demanda   allegada   a  nombre  de  CARLOS ANDRÉS ARCILA MONTOYA   

2.5.1.   Falso  juicio  de  identidad  en  relación  con  las versiones de los acusados JAIME DE  JESÚS     URIBE     MARTÍNEZ    y    CARLOS ANDRÉS ARCILA MONTOYA   

Debido  a  que este reproche se formuló en  los  mismos términos que el previsto en el punto 2.2.1. de las particularidades  de    la    demanda    presentada   a   nombre   del   enjuiciado   JAIME  DE JESÚS URIBE MANTÍNEZ, respecto  del  cual  esta  Sala  se ocupó en la presente decisión en el punto 2.2.1. del  capítulo    de   las   “Consideraciones   de   la  Corte”,  es  necesario indicar que las observaciones  allí  plasmadas  sobre las inconsistencias de lógica y adecuada argumentación  se debe entender que aquí se reiteran.   

Además,  como  tal  reparo  se  edificó  originalmente  para hacer parte de la demanda de URIBE  MANTÍNEZ,  visto  su contenido se establece que no se  relaciona   directamente   con   la   situación   del   procesado  CARLOS  ANDRÉS  ARCILA  MONTOYA, lo cual  constituye  un  desacierto  adicional  de  lógica y adecuada argumentación del  libelista  al  pretender fusionar sin mayor rigor una queja perteneciente a otro  libelo.   

2.5.2. Falso  juicio  de existencia por omisión respecto del testimonio de  Rómulo Hoyos Miranda   

Como  en  síntesis  con  fundamento  en la  declaración  de  Rómulo  Hoyos  Miranda   el   actor  pretende  demostrar  que  el  inculpado  CARLOS  ANDRÉS ARCILA MONTOYA se dedicaba  a  la  ganadería,  hecho  que  en  sentir  del  libelista no fue valorado en la  sentencia,  es  claro  que  una  vez  más  ignoró que el Juez Plural de manera  expresa  le  reconoció  dicha condición personal, por lo tanto, en realidad el  impugnante no atina a revelar la incidencia del yerro denunciado.   

Entonces, teniendo en cuenta que la demanda  presentada  a  nombre  CARLOS  ANDRÉS ARCILA MONTOYA  no se desarrolló siguiendo los postulados del recurso  de  casación,  pero  además,  tampoco se ajustó a la realidad procesal, será  inadmitida.   

Cuestión Final  

Observa  la  Sala  que  en  la sentencia de  primer  grado,  al  momento de realizarse el proceso de individualización de la  sanción,  se  desconoció  el  principio  de  legalidad  respecto  de  la  pena  principal de multa, sobre lo cual guardó silencio el Tribunal.   

En  efecto,  como  al ilícito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  se  le  dedujo  la circunstancia de  agravación  contenida  en  el  numeral  3º  del artículo 384 de la Ley 599 de  2000,  por  razón  de  la  cantidad de cocaína incautada, en virtud de ello el  mínimo  de  la  pena  se  duplica, por consiguiente, si la multa para el delito  anotado  tiene  un  extremo  inferior de mil salarios mínimos legales mensuales  vigentes,  de  allí se sigue que ésta, por lo menos, debió fijarse en dos mil  salarios  mínimos,  más  no ocurrió aquí, pues se resolvió que fuera de mil  salarios mínimos.   

No obstante, ahora es improcedente entrar a  corregir  el  error  identificado,  en  virtud  del principio de no reformatio in pejus.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   las  demandas  de  casación presentadas por el defensor de  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA   MONTOYA,   HERNÁN    ALFONSO    GARCÍA   GALEANO,  CUSTODIO  DEL  CRISTO  PANTOJA HERNÁNDEZ,  JUAN  SEBASTIÁN REAL CANO    y    JAIME    DE    JESÚS    URIBE  MARTÍNEZ,  por  las  razones  expuestas  en  la parte  motiva de esta decisión.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                           Salvo parcialmente el voto   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                                   Salvo parcialmente el voto   

AUGUSTO      JOSÉ      IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE   LUÍS   QUINTERO  MILANÉS   

                                                                           Salvo parcialmente el voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTÍZ   

Salvo parcialmente el voto  

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Respetuosamente discrepo de la decisión de  mayoría  que  a  pesar de reconocer que los jueces de instancia aplicaron a los  procesados  la  pena  de  multa  prevista por la ley para la conducta punible de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes agravada por la circunstancia  establecida  en  el  numeral  3°  del  artículo  384 de la ley 599 de 2000 por  debajo  del  límite  mínimo  -dos  mil  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes-,  esa  irregularidad  no se puede corregir en virtud de la limitación  impuesta   por  el  principio  de  no  reformatio  in  pejus.  Al  respecto digo:   

1. La categoría  de  fundamental  de  un  derecho  se otorga por su consagración constitucional,  norma  que  a  la  vez se erige en fuente jurídica de sus limitaciones. Ella es  una  unidad,  un  sistema  armónico y coherente, en el que todas sus normas son  útiles   para   determinar   los  límites  de  los  derechos  y  sus  posibles  restricciones  porque  no  pueden anular otros derechos de similar estirpe ni la  salvaguardia  de  éstos  debe  contradecir  o  agotar  el contenido de aquellas  prerrogativas  pues  la  interpretación  correcta  es la que lleve a la máxima  efectividad     de    toda    la    Constitución17,  porque  como  con  razón  apunta Habermas   

Las normas concernientes a principios, que  ahora  embeben  todo el orden jurídico, exigen una interpretación constructiva  del  caso  particular, referida al sistema de reglas en conjunto, y muy sensible  al  contexto18.   

2.  Un  llano  test   de   ponderación  señala     que     se     deben     ponderar    las    garantías   a   la  no   reforma   peyorativa  establecida  en  el  inciso 2 del artículo 31 constitucional: “El superior no  podrá   agravar  la  pena  impuesta  (la  situación  jurídica) cuando el  condenado  sea  apelante  único”, y la de legalidad  previamente  fijada en los artículos 6 y 29 inciso 2  de la Constitución Política:   

Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a  las  leyes preexistentes al  acto  que  se  imputa,  ante  el  juez  o  tribunal  competente   y  con la  observancia  de  la plenitud de las formas propias de cada juicio”.   

3.  Para establecer cuál garantía esencial debe primar por ostentar  el  núcleo  más  fuerte,  hay que decir que cuando los derechos humanos apenas  hacían  parte  del  catálogo  de aspiraciones que los Iluministas reclamaban a  favor  de  los  asociados,  a  partir  de posturas ius  naturalistas  se  les  confirió  un valor absoluto e  inherente  a  la  persona,  pero,   una   vez   fueron  positivados,  se  empezó  a  ver  la  necesidad  de  relativizarlos, limitarlos o delimitarlos, pues   

el  hecho  de  vivir  en  sociedad permite  atisbar  la existencia de conflictos entre diferentes titulares de derechos, por  lo  que  resulta  necesario conjugarlos armónicamente y por lo tanto limitarlos  externamente19.   

3.1.   La  jurisprudencia  del Tribunal Constitucional indica que como quiera que no existe  una  jerarquía  normativa  entre  los  diferentes  derechos  fundamentales  que  consagra   la   Carta   Política   y   los   mismos   deben   ser  garantizados   en   la   mayor   medida  posible20,   surge  un  problema  hermenéutico  cuando  estos  concurren  o  coexisten  o entran en conflicto o se enfrentan a postulados que constituyen los  pilares  que fundamentan nuestro Estado social democrático de Derecho, de donde  surge    la    necesidad   de   su   armonización21.   

3.2.   Y  la  doctrina dice que   

“Como  lo muestra la problemática   de  la  colisión  de  los  derechos  fundamentales,  el  contenido  del derecho  fundamental  está  condicionado porque los derechos fundamentales pueden entrar  en  la  práctica   en  colisión   con otros derechos fundamentales y  porque  necesariamente   deben ponerse en concordancia con otras normas del  sistema  jurídico  (entendido  como  sistema  coherente).  Por  eso,  todos los  derechos  fundamentales,  respecto  de su estructura, son derechos fundamentales  condicionados.  La  razón  de ello es que pueden ser limitados según  las  circunstancias.  La  ponderación   entre  argumentos  para  normas de  derechos   fundamentales   en   colisión   es  indispensable  en  el  caso  concreto”22.   

4.    El  principio  de  legalidad23 se traduce en materia penal  en   la   necesidad  imperiosa  e  insoslayable  de  que  el  legislador  defina  previamente  el  delito  y  la  pena, el juez competente y las formas propias de  cada  juicio24,   con   lo   que   se  delimita  el  ejercicio  del  ius  puniendi  y  se ata al legislador a  los contenidos supremos, pues éste debe responder   

a la realización de los fines sociales del  Estado,  entre  ellos,  los  de  garantizar  la  efectividad  de los principios,  derechos  y deberes consagrados en la Constitución y de asegurar la vigencia de  un              orden              justo25.   

Y,   más   adelante,   el  debido      proceso     público  aparece consagrado en el texto  constitucional  de manera conglobante pues inmersos en él pueden observarse los  principios  de  legalidad  y  favorabilidad,  la  presunción  de  inocencia, el  derecho  a  la  defensa  material  y  técnica,  el  debido  proceso  en sentido  estricto,    el   non   bis   in   ídem  y la no reformatio in pejus.   

La   supremacía  de  la  estricta   legalidad  dice  desde  luego  relación  a  los principios formales del Derecho  penal  –que  limitan  la  competencia  de  los  órganos  estatales  en materia de persecuciones penales-.  Desde  el punto de vista material es indudable que la prioridad corresponde a la  dignidad  humana  y,  por  tanto,  no  hay  ley que valga contra ésta, tal como  acertadamente  lo  destaca  el  artículo 1° del nuevo Código Penal Colombiano  (Ley  599  de  2000),  en armonía con el artículo 1° de la Constitución  Política  de  1991  que  reconoce a este principio el  carácter de primer  fundamento    de    todas    las    instituciones26.   

5.  Cuando  un  proceso  penal llega al conocimiento de una autoridad  superior  en  virtud de un recurso propuesto exclusivamente por el procesado, se  impone  la  aplicación  respetuosa  del  precepto  superior  consagrado  en  el  artículo  31 de la Carta y desarrollado por los artículos 204 de la Ley 600 de  2000  y  20  de la Ley 906 de 2004. Tal principio tiene cobertura absoluta en la  medida  en  que  la  pena impuesta por las instancias haya sido respetuosa de la  legalidad  y  de  los límites punitivos impuestos por el legislador27.   

Lo  antes dicho significa que en todos los  casos  en  que las decisiones judiciales se mantengan dentro de los límites que  establecen  los  preceptos  y la consecuencia jurídica que contienen las normas  penales,  al  apelante  único  no se le puede hacer más gravosa su situación,  vr.  gr.,  si  una  persona  fue  condenada  a  la  pena  de 13 años como autor  responsable  de  un  delito de homicidio agravado (art. 106 del CP), a quien por  razones  funcionales  le  corresponda  resolver la impugnación que interpuso el  acusado,  por  expreso  mandato de la prohibición consagrada en el artículo 31  de  la  Carta,  le está negado agravar su situación porque está dentro de los  límites legales.   

6. Pero  ya  se  vio  que  en el Estado Social de Derecho, la garantía esencial que prohíbe  la  reforma  peyorativa  tanto  para  victimario  como  para víctima cuando son  recurrentes   (tanto   en   reposición   como   en  apelación)  únicos,   no     es    absoluta  y, en caso de concurrencia  o    conflicto   con   otros   derechos,  se  debe  proceder  a dar una solución al asunto por vía de las  reglas  de  ponderación,  armonizando  los  límites  del  principio de legalidad de la pena con los de la  prohibición de la reforma peyorativa:   

La  Ley  Fundamental,  como el conjunto de  principios  básicos  que adoptan y describen el modelo de sociedad dentro de un  marco  conceptual  general,  no  es  una  codificación  cerrada  ni  un  modelo  descriptivo  completo  y  exhaustivo,  sino  que  sus  previsiones establecen el  contenido  esencial  o  los  esquemas  que engloban los valores esenciales de la  comunidad,  la  forma  de  Estado,  los  límites  de los poderes públicos, sus  funciones  y  responsabilidades, la forma de organización política, económica  y  social;  pero al lado de esa concepción estructural del modelo de Estado, se  levanta  como  razón  y  esencia  misma del  Pacto  Constitucional  el reconocimiento del valor superior de  la   persona  humana,  la  supremacía de los derechos  humanos  como  metas  y  fines esenciales del Estado28.   

Las  penas establecidas en la legislación  penal  han  superado los exámenes de constitucionalidad y por lo tanto resultan  ajustadas         al        principio        de  proporcionalidad  para  sancionar  al  amparo  de sus  extremos  punitivos  los  ataques  que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde  se tiene que la imposición de una sanción que desborde  el  tope  máximo, se tace  por  debajo  del  límite  mínimo o por vía de alguna de las instituciones del  derecho  premial  conlleve  una  rebaja  de  pena  más  allá  de la autorizada  legalmente,    debe    ser    corregida,  sin importar que el condenado sea apelante único, pues desde la  Constitución  se  reclama imperativamente que los poderes públicos en general,  y  la rama judicial en particular, desplieguen su actividad de manera encaminada  a  conseguir “la efectividad de los valores superiores de la justicia material  y      de      la     seguridad     jurídica”29.   

En  la  vida  en  comunidad y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de este el de seguridad     jurídica…   Así   es   como   el   derecho  a  la  seguridad viene a cobrar  especial  relevancia  en  el  orden a la protección de la dignidad, la vida, la  libertad  y  la  igualdad.  Sin  seguridad material y  jurídica  de nada sirve la formulación abstracta de  derechos,  el  establecimiento  de  un  Estado  de  Derecho se tornaría inane e  insignificante,  pues  la  incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad de las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida social y  la  justicia  en un subjetivismo peligroso que propiciaría la inconformidad, la  violencia y la guerra civil.   

7.  La pena que legalmente se consagra como  consecuencia  de  un  comportamiento  punible  está  ajustada  dentro  de  unos  límites   que   le  permiten  caracterizarla  como  necesaria,  proporcional  y  razonable  (CP, art. 3°) y  en  tal  medida  con  ella  se  busca obtener como fines la prevención general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado    (CP,   art.  4°).   

8. Algunos de los  valores  constitucionales  que  pueden colisionar con el principio que proscribe  la  reforma en peor, además  de  la  legalidad  (desarrollo  y aplicación del valor y principio dignidad  humana),  son  los derechos de  las     víctimas      (también     titulares     de    la    dignidad   humana   y  del  derecho  de  defensa  de  sus garantías  fundamentales)    y  el  deber  correlativo  del  Estado  de  investigar  y  sancionar  los  delitos  con  el  fin  de realizar la justicia y lograr un orden  justo,  amén  de la igualdad, de donde se tiene que tales derechos autorizan, e  inclusive  exigen, una limitación de esa garantía constitucional establecida a  favor            del            condenado30.   

El    principio    de    legalidad      del     delito     y     de     la     pena, es en el  campo  penal,  un desarrollo  y  aplicación del principio  esencial   de   dignidad  humana,   pues  en  este  ámbito  sólo mediante él se garantiza al individuo ser tratado como persona e  innato  titular  de derechos y garantías. Es así, visto como corolario lógico  del   principio   de   dignidad   humana,   que  el  principio  de  legalidad    penal    cobra   especial  jerarquía     y     prevalencia     en    el    ámbito    de    los    valores  constitucionales.   

Es   que   una   manifestación   de  la  administración  de  justicia  resolviendo  un  asunto con desconocimiento de la  legalidad  vigente  no  puede generar derechos; permitir tal dislate, ni más ni  menos,  constituye  un  asentimiento  para  que  el  infractor de la ley obtenga  beneficios  por  cuenta  del  delito o del error judicial, incurriéndose en una  insostenible  política  de  tolerancia  que arremete contra los derechos de las  víctimas  y  deja  a  la sociedad burlada: a las primeras porque no se les hace  justicia y a la segunda por la impunidad que se deriva del hecho.   

La  equivocada  jurisprudencia que concede  prevalencia  absoluta al principio de no reformatio in  pejus  sobre  el  derecho  a la legalidad de la pena,  deja  el  camino  abierto para que los más graves atentados contra los derechos  humanos  y  el  derecho  internacional humanitario puedan quedar en la impunidad  total,  pues bastará que por medio del delito o el error, o que bajo el influjo  de  los  diferentes  poderes  fácticos que inciden en la sociedad, y que pueden  llegar  a  sofocar  la  libertad  e  independencia  de  los  administradores  de  justicia,  se  profiera  una  decisión  en  la  que  se deje de imponer la pena  privativa  de la libertad que aparejan tales ataques a los más preciados bienes  jurídicos,  para  que  las  víctimas  queden  inermes,  sin justicia, verdad y  reparación,  la  sociedad  deplore la impunidad (a la  que   también   se   llega   con   la   concesión  de  aminorantes  o  rebajas  improcedentes)  y la comunidad internacional nos  considere como paraíso del delito necesitado de intervención.   

9.          Adicionalmente,  tal  criterio  contraría el derecho fundamental a  la  igualdad,  que  también es valor superior y principio fundamental, pues por  medio  del delito, el error o la fuerza se obtiene un trato desigual beneficioso  para  un sujeto que no lo merece y respecto de quien la Constitución no reclama  trato preferente.   

10.  Del  mismo  modo,  si  la  pena en los  términos  del Código Penal cumple unos fines, no se puede aceptar como lícito  que  los mismos se verifican cuando la pena efectivamente impuesta no alcanza el  extremo  punitivo  mínimo  previsto  en la ley, pues el respeto del mismo (así  como  del  tope  máximo)  está  vinculado  a la capacidad que tiene la pena de  responder  ante  la  gravedad  de  los  delitos  como  estrategia de prevención  general,   retribución  justa,  prevención  especial,  reinserción  social  y  protección al condenado.   

11. En este caso  no  cabe  duda que el asunto ha sido resuelto de manera insatisfactoria porque a  pesar  de  que  la intervención penal tiene un fin legítimo, siendo además el  medio  idóneo  y necesario para alcanzarlo, bienes jurídicos lesionados con el  proceder  antijurídico de los procesados no obtienen respuesta estatal en busca  de  su  protección  mediante  la  consecuencia  punible  adecuada,  necesaria y  proporcional.   

12.  Un alcance  equivocado  del derecho fundamental que prohíbe la reforma peyorativa conduce a  generar  nuevos  derechos  fundamentales  contrarios  a los valores y principios  inspiradores  de  nuestro  Contrato  Social,  pues  ante  la legitimación de la  ilegalidad  no faltará ni quien reclame un trato igual ni el juez que considere  la   necesidad   de   proteger   en  esas  condiciones  un  derecho  fundamental  inexistente,  con  lo  que  finalmente  se  obtiene  la  perversión  del  orden  normativo,  se  desconoce  la  seguridad  jurídica  y se atacan las condiciones  básicas de convivencia social.   

Las anteriores hipótesis permiten falsear  la  teoría  que  da  fuerza  prevalente al principio que prohíbe la reforma en  peor  frente  al  de  legalidad,  pues  resulta  inadmisible que en una sociedad  democrática  encaminada a la consecución de un orden justo la ilegalidad pueda  cobrar  legitimidad  aún por encima de los derechos de las víctimas y la lucha  global contra la impunidad. Ha de recordarse que   

La  intervención  de  las víctimas en el  proceso  penal  y su interés porque la justicia resuelva un asunto, pasó de la  mera  expectativa  por  la obtención de una reparación económica –como  simple  derecho  subjetivo  que  permitía  que  el  delito como fuente de obligaciones tuviera una vía judicial  para     el     ejercicio     de    la    pretensión    patrimonial–    a    convertirse   en   derecho  constitucional   fundamental   que   además   de  garantizar  (i)  la  efectiva  reparación por el agravio  sufrido,  asegura  (ii)  la  obligación  estatal  de  buscar  que se conozca la  verdad sobre lo ocurrido, y  (iii)  un  acceso  expedito  a la justicia,  pues  así  se  prevé por la propia Constitución Política, la  ley  penal  vigente y los tratados internacionales que hacen parte del bloque de  constitucionalidad31.   

De donde se hace imperativo considerar, en  defensa  de  la independencia y autonomía de la administración de justicia, el  respeto  de  los  compromisos  internacionales del Estado en materia de derechos  humanos  y  la efectividad de los derechos fundamentales, en defensa de los más  caros  bienes  jurídicos  y  de  la  humanidad en general, que en el proceso de  ponderación  que  se  debe  hacer  entre  el  principio que prohíbe la reforma  peyorativa  y  el  de legalidad, el primero tiene que ceder ante el segundo para  permitir   que   el   orden   justo   –Estado    de    justicia– permanezca como un anhelo realizable.   

13.   En  un  supuesto  como  el  que aquí nos ocupa, los principios de legalidad, igualdad y  los  derechos  de  las  víctimas preceden     al     otro     pues     tienen    un    mayor    peso  que  obliga  a que el conflicto se  resuelva  a  su  favor,  porque  al  Estado le compete el irrenunciable deber de  investigar  con  seriedad  y  eficiencia  los  hechos  punibles  e  imponer  las  sanciones  autorizadas por el legislador, obligación que para la jurisprudencia  es  más  intensa  cuanto  más  daño  social  ha  ocasionado el comportamiento  delictivo32.   

En    estos    términos   se   cumple  satisfactoriamente  el  test  que      antecede      al      proceso     de     ponderación:     (i)        es        adecuado  sacrificar  el  principio  que  prohíbe  la  reforma  peyorativa  porque  su  oblación  permite  preservar  la  legalidad  y  con  ello  el derecho de las víctimas y la sociedad a que se haga  justicia;    (ii)   es  necesario  tal  sacrificio  porque  no existe otro medio menos lesivo disponible para preservar la legalidad  penal   y   la  igualdad  reclamada  desde  la  Constitución;  y,  (iii)  se  afecta  el  derecho  de la no  reformatio  in  pejus en el  menor  grado  posible  compatible  con la mayor satisfacción en el ejercicio de  los  derechos  fundamentales de legalidad e igualdad en la aplicación de la ley  (proporcionalidad   propiamente   dicha)33.   

Lo  dicho  permite  conseguir no sólo dar  cumplimiento   a   la  exigencia  lógica,  referida  a  la  coherencia  del ordenamiento jurídico, sino al  acuciante      imperativo      político      del  presente  de  dar respuesta adecuada a la protección  estatal de los derechos fundamentales.   

En        resumen:   

      1.  Partidario  soy  de  la  no  reforma  peyorativa  siempre y cuando se haya respetado por la jurisdicción el principio  y  derecho  fundamental  del debido proceso (art. 29 Const. Pol.) en la variante  de la aplicación de la legalidad.   

      2.  Quiere  decir  lo  anterior  que  al  recurrente  único  no  se le puede desmejorar la situación siempre y cuando la  condena  se  ajuste  a  lo  que  disponen  las reglas que gobiernan el Estado de  Derecho.   

      3.  El  olvido,  el  error  o  el delito  judicial  no  pueden  servir para crear derechos, como tampoco la negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  pretexto  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la ley  válida,  razón para que se haya creado legislativamente, y en concordancia con  el  bloque de constitucionalidad (artículos 93 y 94 Const. Pol.), una causal de  revisión  (artículos.  21  y  192-4  cpp- 2004), desfalco al Estado de Derecho  que,  si  desde el comienzo o en el trámite procesal surge evidente, el juez no  puede  convalidar,  además  que  se  lo impone la función nomofiláctica de la  casación.   

4.     En     ocasión     pasada    por    unanimidad    la    Sala  sentenció:   

“El principio  de  legalidad  de  la pena es una garantía para el procesado y también para la  sociedad,  en el sentido de que el Estado impondrá las que haya sido estatuidas  previamente  a  la  realización  de la conducta punible, dentro de los límites  cuantitativos  y  cualitativos consagrados en el ordenamiento jurídico, sin que  se  pueda  imponer  penas  por arbitrio o imaginación del juez, que no respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de  la  igualdad  y  de la seguridad  jurídica”34.   

        Cordialmente,   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha:   ut  supra.   

    

1  La  cual  actuó  por descongestión en cumplimiento del Acuerdo No. PSAA07-4031 del  3  de  mayo  de  2007  de  la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la  Judicatura,   cuya   vigencia  se  prorrogó  mediante  Acuerdos  PSAA07-4118  y  PSAA07-4163    del    1º    de   agosto   y   26   de   septiembre   de   2007,  respectivamente.   

2 Que  también actuó como juzgado de descongestión.   

3  Fabio  Enrique Gracia Montes y Juan Manuel Rodríguez  Giraldo.   

4  CARLOS    ANDRÉS    ARCILA    MONTOYA,     HERNÁN     ALFONSO     GARCÍA  GALEANO,   CUSTODIO  DEL  CRISTO     PANTOJA     HERNÁNDEZ,    JUAN  SEBASTIÁN  REAL CANO, JAIME   DE   JESÚS   URIBE   MARTÍNEZ   y   Marco   Elías  Ortiz  Jurado.   

5  Luis Alfredo Díaz Padilla,  Bladimir  Pastrana  Luna,  Ismael     Antonio    Pérez    Donado     y     Julián    Manuel    Romero  Jaraba.   

6  La  cual  cobró  ejecutoria el 5 de noviembre de 2004 (f. 285 c. o. No. 4) luego de  ser aclarada mediante proveído del 12 de octubre del mismo año.   

7 Este  reparo  no  se  alega  respecto del procesado CUSTODIO  DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ.   

8 Este  reparo  no  se  alega  respecto del procesado CUSTODIO  DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ.   

9  Luis   Alfredo   Díaz   Padilla,  Bladimir  Pastrna  Luna   y  Julián  Manuel  Romero Jaraba.   

10 Este  reparo  no  se  alega  respecto del procesado CUSTODIO  DEL CRISTO PANTOJA HERNÁNDEZ.   

11  Marco     Elías     Ortiz     Jurado.   

12 F.  86 C. O. No. 2.   

13 F.  86 C. O. No. 1.   

14 F.  74 C. O.  No. 3.   

15 F.  82 y 85 C. O. No. 2.   

16 F.  75 C. Anexos No. 3.   

17  «La  justeza  lógica  de esta proposición está determinada por el ya aludido  carácter  no  absoluto  ni  aislado  de  los  derechos  fundamentales  y por su  pertenencia   a   un   sistema   de   valores,  principios,  derechos  y  bienes  constitucionales  de  igual  importancia en términos materiales y axiológicos;  lo  anterior,  no  es  óbice  para examinar los distintos modos como las normas  constitucionales  participan  en  la  configuración  de  los  derechos  y en la  determinación  de  sus  limitaciones».  Magdalena  Correa  Henao, La    limitación   de   los   derechos   fundamentales, Bogotá, Uni-Ext., 2003, p. 40.   

18  Jürgen  Habermas,  Facticidad  y validez, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 319.   

19  Jesús  González Amuchástegui, «Los límites de los derechos fundamentales»,  en  Constitución y derechos fundamentales,  Madrid,  Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2004,  p. 442.   

20  Corte  Constitucional,  sentencia  C-475/97,  aunque «no podemos suponer que la  Constitución  sea  siempre  lo  que el Tribunal (Constitucional) dice que es».  Rónald  Dworkin,  Los  derechos en serio, Barcelona. Editorial Ariel, 1984, p. 311.   

21 La  Corte  Constitucional  frecuentemente  utiliza el criterio de la armonización o  ponderación  de  derechos,  principios  y valores para resolver problemas entre  derechos  fundamentales.  Véase  las  sentencias  T-575/95, T-332/96, C-475/97,  C-507/04,   T-701/04,   T-962/04,   C-818/05,   T-013/06,   T-023/06,  T-171/06,  T-1027/06, entre otras.   

22  Arango     Rodolfo,     El  concepto  de  derechos  sociales  fundamentales, Bogotá,  Editorial Legis, 2005, p. 135.   

23  «El  principio de legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado,  y también para la   sociedad,  en  el  sentido  de  que  el  Estado  impondrá  las  que  hayan sido  estatuidas  previamente  a la realización de la conducta punible, dentro de los  límites  cuantitativos y cualitativos consagrados en el ordenamiento jurídico,  sin  que se puedan imponer penas por arbitrio o imaginación  del juez, que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de la igualdad y de la  seguridad  jurídica». Cfr. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,  casación  de  7  de  marzo  de  2007, radicación 25.385, M. P., Dr. Álvaro O.  Pérez  Pinzón.  Agréguese que el olvido,  el  error o  el   delito  judicial  no  pueden      crear      derechos,      como      tampoco      la     negligencia de  la  Fiscalía  o  de  la  Procuraduría para recurrir, que a menudo se trae como  criterio  de  convalidación  de  esos  fraudes  a  la  Constitución y a la Ley  válida.   

24  Corte     Constitucional,     sentencia SU-1722/00.   

25  Corte     Constitucional,     sentencia C-070/96.   

26  Juan    Fernández    Carrasquilla,    Derecho  Penal  liberal  de hoy, Bogotá,  Edit.     Ibáñez,    2002,    p.123.    “Solo   la   ley   –con  el  carácter  de  ley estricta-  puede  crear  o agravar penas o medidas de seguridad (nulla poena, nulla mensura  sine  lege),  y por cierto no ha de contentarse con un señalamiento genérico y  abstracto  del  tipo  de  reacción punitiva, sino que ha de  determinar la  naturaleza   de   la   pena   correspondiente   y   el   marco   para   su   individualización  judicial  en  cada  caso,  proveyendo a la vez los criterios  fundamentales  para  que  el  juez  se  mueva  dentro de los límites mínimos y  máximos   de   este   marco”.   Juan  Fernández  Carrasquilla,  Principios   y   normas   rectoras  del  derecho  penal,  Bogotá,  Edit.  Léyer,  1998, p. 147.              

27 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.  Cfr.  Adrew  von  Hirsch,  Censurar y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la   misma  manera  que  sólo   puede  imponérsele  la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata  del  apotegma universalmente conocido como  “nullum  crimen,  nulla poena sine lege”. El principio de legalidad opera en  un  doble  sentido, (i) como límite al ejercicio del poder punitivo del Estado,  en   la   medida  en  que  le  impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas   de   delitos   y  cuál  la  sanción  a  aplicar  por  su   realización;  y  (ii)  como  garantía  para el procesado y la  comunidad,  atendida  la  certidumbre que genera el saber de antemano que sólo será objeto  de  sanción penal la conducta erigida en delito por la ley y que únicamente se  impondrá  la pena dentro de  los  límites  cuantitativos  y cualitativos establecidos por la misma”. Corte  Suprema  De  Justicia,  Cas.  Rad.28.059  ,  M.  P.,  Dra.  María  del  Rosario  González  de  Lemos.  “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los   funcionarios   judiciales”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Cas.  Rad.  24.030,  M.  P.,  Dr.  Julio  Enrique Socha Salamanca.   

28  “El  reconociendo constitucional del valor superior  de  la  persona  humana,  nos  ubica  en el entorno de un modelo de Estado  antropocéntrico, esto es, de una  forma  de  organización  política y jurídica que tiene como su valor central,  como  el  objeto  de  toda  su  actividad,  como  responsabilidad  de  todas las  autoridades,  el  compromiso  indeclinable de garantizar las condiciones para la  dignificación del hombre y  para   procurarle   el   desenvolvimiento  de  sus  potencialidades,  así  como  establecer  condiciones  individuales  y sociales de vida que posibiliten que su  existencia   discurra   de   la  manera  más  feliz  posible.  El  hombre  se  destaca  no  solo  sobre  la  naturaleza  como un ser superior dotado de facultades para transformar el mundo,  sino   que   también   es   reconocido  por  la  organización  política  como  “el  ser  en  sí  en  esencia  valioso”,  para  el  cual  y  alrededor del cual se crean la estructuras  estatales,  las  construcciones  jurídicas, políticas, económicas y sociales,  hasta  llegar a la ideal del Estado de servicio, y a la indeclinable conclusión  de   que  todo  debe  servir  al  fin  central  de  dignificar  al  hombre.  Estado,  leyes,  órganos  del  poder,  vida  económica, vida política, justicia, actividad estatal, todo debe  funcionar  y  girar  alrededor  del hombre,  como  instrumentos y medios para el fin superior de facilitar el  desenvolvimiento  de  los destinos humanos. A diferencia de las cosas que tienen  su   fin   fuera   de   sí,   el  hombre   se   concibe   como  el  fin  en  sí  mismo,  posee  innatamente  el  derecho  y la misión  inherente  de  concebirse y realizarse tal como él se piensa y se sueña, y por  eso   se  le  garantiza  el  libre  ejercicio  de  su  voluntad;  no es una simple existencia biológica, un  dato  más  en la realidad de las interacciones sociales, sino que la existencia  siendo  enteramente  suya28,  es  además  libre para darse los rumbos que su razón le dicte, para imprimir a  su  días  y  a sus años de tránsito en la tierra las formas de vida que mejor  lo  realicen  y  le  permitan  un superior desarrollo de sus potencialidades”.  Yesid    Ramírez    Bastidas,    Aclaración    de  voto a Cas. 22.027. Así mismo, Jesús Orlando Gómez  López,     Teoría     del     Delito,     Bogotá,    Ediciones   Doctrina   y   Ley,   2003,   p.  17.   

29  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de los Estados. Se trata “de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

30 Se  sigue  lo  dicho  por  la  Corte Constitucional (sentencias C-004/03 y C-871/03)  cuando  resolvió  la  tensión  entre  el  non bis in  ídem  y  los  derechos  de  las  víctimas. La Corte  Suprema    de   Justicia   al   ponderar   en el Estado Social  y Democrático de Derecho vigente  en  Colombia  (art.  1  Const. Pol.) los derechos a la favorabilidad y al debido  proceso  público  –en su  vertiente    de   procedimentalismo-,   estimó    como   de   núcleo  más  fuerte  el derecho de las  víctimas  a  la  verdad,  la justicia y la  reparación. Cfr. Provs.  de  Segunda  Instancia  de 11 de  julio  de  2007  y  23  de  agosto  de  2007,  Mags. Ptes., Dres. Yesid Ramírez  Bastidas  y  María  del  Rosario  González  de  Lemos,  respectivamente.    

31  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945.  El  derecho a la justicia   proscribe   la  impunidad   así   sea   parcial.   El  Tratado  de Roma, que fuera  ratificado   por  la  Ley  742  de 2002 y declarado exequible por sentencia  C-578  del  mismo año, tuvo como bloque de constitucionalidad amplio reflejo en  la   legislación   interna   en   el   nuevo   contexto   del   “derecho  penal  de las víctimas” (art.  75).  En  el  Acto  Legislativo 3 de 2002 y la Ley 906 de 2004,que impusieron el  sistema     acusatorio     colombiano,  se  hacen  3  y  89  referencias estelares a los derechos de las  víctimas. Y recordemos que  las  sentencias  de la CPI  serán  ius  cogens, fuente  de  la  jurisprudencia   nacional  (art.  230  Const.  Pol.)  y hasta norma  supralegal (arts. 93 Const. Pol. y  3 cpp).   

32  Véase  Corte  Constitucional,  sentencia C-871/03.   

33  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

34  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent. Radicación 25.385.     

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