30176(01-07-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30176  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta No. 191  

Bogotá.  D.C.,  primero  (1)  de  julio  de dos mil nueve  (2009).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala  si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jorge  Alberto  Gómez  Escobar, contra la  sentencia  dictada  el  3  de  octubre  de  2007 proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Montería.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En la mañana del 25 de julio de 2000, el  procesado  Jorge  Alberto  Gómez Escobar se  dirigió  a  las  instalaciones  del  Comando  de  Policía  del  Municipio  de  Buenavista –  Córdoba,  para  poner  en conocimiento que la noche anterior habían causado la  muerte al señor José Madrigal Alzate.   

La  Unidad  Investigativa  de  la  Policía  Judicial  de  Planeta  Rica  (Córdoba)  después  de  escuchar  en declaración  juramentada  al  condenado  y  en  vista  que  sus argumentos no eran creíbles,  requisó    minuciosamente    al    señor    Gómez  Escobar,  encontrándole  entre sus genitales  un  revólver de propiedad del occiso.   

Sin  embargo,  la  versión  ofrecida  por el  condenado,  en  un contrasentido, refiere que el suceso se presentó  a  las  10  de la noche aproximadamente  cuando  se desplazaban a bordo de un montero dos puertas, el señor Alfonso  Gómez  Zuleta, el occiso y él,  hacia   la  finca  la  “Indiana”  a  15  kilómetros  del  corregimiento  de  Rusia  vía  El    Anclar.   Durante   el   recorrido  sobrepasaron   una   camioneta  Toyota  blanca  de  estacas  que  se  encontraba  estacionada  sobre la vía e inmediatamente fueron objeto de disparos los cuales  segaron   la  vida  del  conductor  y  propietario  del  vehículo  José  Madrigal  Alzate, circunstancia que  lo llevó a salir del vehículo y abandonar el lugar de los hechos.   

2. La Fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  a  Jorge Alberto Gómez  Escobar  al  proceso  mediante indagatoria,  y el 5 de diciembre de 2000 calificó el  mérito  probatorio  del  sumario con resolución de acusación por el delito de  homicidio1,   decisión   que   cobró   ejecutoria  el  28  de  diciembre  de  20002.   

3.  El  28  de  febrero  de  2007, el Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Planeta Rica (Córdoba) condenó al acusado a la pena  principal  privativa  de la libertad de 192 meses de prisión, a la accesoria de  inhabilidad  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo tiempo de la pena  principal3.   

4.  Apelado  el fallo por la defensa, la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Montería  lo  confirmó  el 3 de octubre de  20074.  Inconforme con esta decisión, el apoderado del condenado recurre  en casación.   

LA DEMANDA  

Con fundamento en el artículo 207 del Código  de  Procedimiento Penal de 2000, el defensor ataca la sentencia de segundo grado  por  ser violatoria de la ley sustancial en forma indirecta, debido a errores de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad,  porque  el  sentenciador  distorsionó  el sentido de la prueba y  además,  ignoró  otras  que  existen  en  el  proceso.  El  fallador, por esos  errores,  arribó  a  la conclusión de que el procesado era autor del delito de  homicidio  cuando  lo realmente demostrado sólo le permitía emitir un fallo de  carácter absolutorio.   

El  ad  quem  se equivoca al concluir que los  disparos  que  segaron  la  vida  de  José  Madrigal  Alzate    fueron   realizados  al  interior  del  vehículo  desde  de la parte de atrás, cuando la realidad probatoria demuestra  que los disparos fueron hechos desde la parte exterior del mismo.   

Para   la  defensa  habría  sido  de  gran  importancia  que  al  condenado se le hubiera practicado la prueba de absorción  atómica  que  es  elemental para este tipo de casos, pues no hay prueba directa  que  lo involucre en los hechos. Sin embargo, el Tribunal se limitó a reconocer  tal  omisión,  justificando  que  la  responsabilidad  del recurrente puede ser  acreditada por otros medios.   

Analizada  la  sentencia  del  Tribunal  se  concluye  erróneamente  que Gómez Escobar  es autor del homicidio porque estaba en el lugar de los hechos, es  decir,  se  toma  el  indicio  de  presencia en el lugar de los hechos cuando en  realidad  la  muerte fue producida por los ocupantes del vehículo Toyota blanco  de estacas que los esperaba sobre la vía.   

Asegura  el censor que si el Tribunal hubiese  valorado  individual  y  conjuntamente  los testimonios y la indagatoria la  sentencia   de   primera  instancia  habría  sido  revocada,  porque  realmente  demostraban  que  en  el  homicidio  actuaron  una o más personas diferentes al  enjuiciado.   

Solicita  que  se  case  el  fallo impugnado,  ordenando  en  su lugar la absolución de Jorge Alberto  Gómez    Escobar    por    el    delito     de  homicidio.   

CONSIDERACIONES  

La  Corte reitera que la demanda de casación  no  es  un  escrito de libre confección en el cual sea dable realizar cualquier  clase  de  cuestionamientos para continuar el debate fáctico y jurídico que se  surtió durante las instancias.   

Su  naturaleza  extraordinaria,  exige que el  libelo  contenga  una argumentación sólida, dialéctica y coherente en la que,  con  fundamento  en  los  motivos  expresamente señalados por el legislador, se  esbocen  en  forma  ordenada y clara los errores de juicio o de procedimiento en  que   pudo   incurrir   el   fallador   de   segundo   grado  y  se  resalte  su  trascendencia.   

Su  propósito  no  es  el  de  instituir una  instancia  adicional  a  las ordinarias para continuar con el debate probatorio,  sino  el  de  realizar un control jurídico sobre la sentencia que puso fin a la  actuación,  a  efectos  de  verificar  si  se ajusta o no al ordenamiento y, en  consecuencia,  hacer  efectivo el derecho material, el respeto de las garantías  de   los   intervinientes   y   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos.   

Atendiendo  los  criterios  que  se vienen de  avocar,  las  siguientes  son las falencias que ofrece la demanda presentada por  el   defensor   del  procesado  Jorge  Alberto  Gómez  Escobar:   

1. Observa la Sala que no obstante el acierto  del  actor en la formulación de la censura, su desarrollo se advierte impreciso  e  incompleto,  pues  aunque  señala  los  medios  que  en  su  opinión fueron  tergiversados,  no  dedica  argumentación tendiente a demostrar la existencia y  trascendencia del error enunciado.   

     

2.  Se  hace  necesario  recordar que el falso juicio de identidad tiene  lugar  cuando  el  juzgador  distorsiona  el  contenido  de la prueba, porque lo  cercena,  lo  adiciona  o lo muta. Y que su demostración impone al casacionista  señalar,  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo  asumido  en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido o añadido a la prueba, qué  efectos  se  produjeron  a  partir  de  ello  y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  del  yerro  en  la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva  de  la sentencia atacada, tópico que no puede ser demostrado con la  exposición   subjetiva  del  criterio  del  impugnante  acerca  del  valor  que  corresponde  al  medio  de prueba que estima tergiversado, pues menester resulta  que  materialmente  acredite  que el error condujo a la falta de aplicación o a  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial  en  el  fallo,  esto es, que  corregido  el  yerro,  la prueba debidamente valorada en conjunto con las demás  modifica  sustancialmente  el sentido de la decisión reprochada”.5   

3. Como bien puede apreciarse, el recurrente  no   acató   los  anteriores  derroteros  en  la  demostración  del  error  de  hecho   por falso juicio de identidad  que supuestamente se presentó en la valoración del testimonio de  Alfonso  Gómez  Zuleta6,     pues     omitió  efectuar el proceso de comparación entre lo expresado por  el  testigo  y  lo  que  el  juzgador  le hizo decir, como tampoco señaló qué  apartes   de   la   prueba   que   cuestiona   fue   cercenada,   adicionada   o  transliterada.   

4.  Resulta un contrasentido invocar un falso  juicio    de    identidad    para    aducir   que   el   Tribunal   “ignoró   pruebas   que  existen  en  el  proceso”,  pues  lo  adecuado era plantear un falso juicio de existencia por  omisión,  que como se sabe, se presenta cuando los juzgadores ignoran la prueba  que  obra  materialmente  en  el  proceso,  o  lo  que  es  igual,  cuando pasan  inadvertidos  frente  a  su existencia; aunado a esto, no refiere el censor qué  pruebas fueron omitidas, simplemente hace una mención genérica.   

5.  La  defensa  debió  plantear nulidad por  violación  al  principio  de  investigación  integral cuando refirió que hubo  error  en  la  instrucción  por no haberse practicado al condenado la prueba de  absorción  atómica,  ya  que  esta  figura  es  predicable  cuando la prueba o  pruebas  dejadas  de  practicar  por  la  negativa o negligencia del funcionario  judicial,  tengan  incidencia favorable en la situación del procesado, bien sea  en  cuanto  al  grado de responsabilidad que se le dedujo o frente a la sanción  punitiva  impuesta,  o  simplemente porque el conjunto probatorio que se echa de  menos  podría  desvirtuar  razonablemente  la  existencia  del  hecho punible o  acreditar   circunstancias   de   beneficio   frente   a   la   imputación  que  soporta.   

6.  El  censor,  en  lugar  de  ceñirse  al  cumplimiento  de las exigencias propias del recurso extraordinario de casación,  cuando  plantea  un  falso juicio de identidad, se duele de las conclusiones que  de  este  obtuvo  el  Tribunal,  y  del  hecho  de  haber  fundado  la sentencia  condenatoria en otros medios de prueba que obran en el proceso.   

7.  La  labor  demostrativa  del  reproche se  centra  en  una  valoración  personal  de  los  elementos  de  juicio,  y en la  conclusión  de que su defendido no es responsable de la conducta punible o, por  lo  menos,  que la duda es el instituto que, en su criterio, debió aplicarse en  este   asunto,    desconociendo   que   la     simple     disparidad    de     criterios    no   constituye   error   demandable   en   casación,   toda   vez   que   el   juzgador,   dentro   del  método  de  persuasión  racional,   goza      de    libertad     para     apreciar     los   elementos    de   juicio   válidamente   allegados   a  la    actuación  y  que  en  este  ejercicio  sólo  está  limitado   por   las   reglas   que   estructuran   la   sana  crítica,  cuya vulneración únicamente es posible demandar en casación por la  vía del error de raciocinio.   

8.  Olvida  el libelista que el fallo llega a  esta  sede  precedido  de la doble presunción de acierto y legalidad, es decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente apreciadas y el derecho  acertadamente  aplicado,  motivo  por  el  cual,  constituye  una  carga para el  demandante  entrar  a  evidenciar  el  error  in iudicando  o in procedendo  invocado,  según  el  caso,  y  demostrar  su  trascendencia frente a las   conclusiones adoptadas en la sentencia.   

         

9.  Como  quiera que el recurso de casación  está  regido,  entre  otros,  por el principio de limitación, las deficiencias  que  presenta  la  demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en tanto que no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente, para  complementar,  adicionar  o  corregir su escrito de impugnación, máxime cuando  es  antiquísimo  el  criterio  que el recurso extraordinario de casación es un  juicio   técnico-jurídico  que  tiene  una  regulación  legal  y  ampliamente  desarrollado  por la jurisprudencia, con el propósito de que no se convierta en  una tercera instancia.   

Además se observa que el recurrente en esta  sede  extraordinaria pretende hacer valer los mismos argumentos esgrimidos en su  escrito  de  apelación  los  cuales  fueron  considerados por el Tribunal en su  debida oportunidad.   

Se  concluye,  entonces,  que  el defensor de  Jorge  Alberto Gómez Escobar  dejó  de  atender  a  los  mínimos  requerimientos  de  claridad, precisión y  coherencia,   indispensables   para   evidenciar   la   ilegalidad   del   fallo  impugnado.   

Por las consideraciones antes señaladas, la  Sala inadmitirá la demanda.   

CASACIÓN  OFICIOSA   

Conforme  al  artículo 216 de la ley 600 de  2000  la  inadmisión  de  la  demanda  de  casación no impide la intervención  oficiosa  de la Corte, en aras del restablecimiento de garantías fundamentales,  sin que sea necesario disponer el traslado al Ministerio Público.   

Si la potestad de actuar de oficio compete a  la  Corte,  no tiene sentido que se la supedite a un trámite dilatorio, cuando,  finalmente,  el  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, impone el  deber  de  actuar  para  corregir  la  lesión  a  los  derechos  fundamentales,  inmediatamente  el  yerro  es  detectado,  esto  es,  no regula ningún trámite  previo.   

En  punto  del  tema  tratado,  la  Sala  ha  precisado7:   

“Ha venido considerando la jurisprudencia  mayoritaria  de  Sala  que  cuando  se  inadmite la demanda de casación pero se  advierte  la vulneración de una garantía fundamental que imponga su ineludible  corrección,  la Corte, previamente a pronunciarse al respecto, disponía correr  traslado   al   Ministerio   Público   para   que   emitiera   su  concepto  al  respecto.   

Sin  embargo, encuentra la Sala que en aras  de  los postulados de pronta y eficaz administración de justicia, lo lógico es  que  advertida la irregularidad que atente contra las garantías de los derechos  fundamentales,  sin  correr  traslado  al  Ministerio  Público,  se  subsane de  manera  inmediata,  con el  fin  de  reparar  el  agravio inferido, máxime cuando la Constitución y la ley  impone    a    la   Corte   Suprema   de   Justicia   efectivizar   el   derecho  material.   

Por    consiguiente,    recogiendo   la  jurisprudencia  sentada  al  respecto, la Sala procederá a pronunciarse en este  caso sobre la afectación de un derecho fundamental”.   

En  el  presente  caso,  surge  nítida  la  necesidad  de  acudir  a  la  facultad oficiosa que le  confiere  la  ley  a  la Corte ante la infracción del  principio  de  legalidad  de  la pena, en razón a que  los  hechos  acaecieron el 24 de julio de 2000, época  para  la  cual no regía la Ley 599 de 2000, y si bien esta legislación la tuvo  en  cuenta   el  juzgador  para  imponer  la  pena de prisión por resultar  favorable  respecto  de  la  anterior normativa (Ley 40 de 1993 que modificó el  artículo  323  del Decreto-Ley 100 de 1980), no sucede lo mismo con la sanción  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas fijada en el fallo que le  resultaba   perjudicial   frente   a  las  disposiciones  del  anterior  Código  Penal.   

De  acuerdo  con  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política, la preexistencia normativa respecto del delito y de la  pena  se  constituye  en  garantía  fundamental,  además  de  límite al poder  punitivo   estatal,  así  los  ciudadanos  deben  conocer  los  comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo,  elevados  por  el  legislador  a  la  categoría de delitos,   como la  correspondiente  sanción previamente establecida a fin de contar con la certeza  de  que  sólo podrán ser sancionados en razón de la comisión de una conducta  punible  dentro  de  los  límites  cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley,  sin  que  éstos  puedan  desbordarse a discreción o  capricho de los funcionarios judiciales.   

El  principio jurídico según el cual la ley  se  aplica  durante su vigencia tiene una excepción con fundamento en el citado  artículo  29  del  mandato  superior  en  cuanto  ordena  que las leyes penales  sustantivas  y  procesales  de  efectos  sustanciales  favorables al procesado o  condenado,   se   deben   aplicar   con   preferencia   a   las   que   le  sean  desfavorables.   

La  Sala  ha  puntualizado  acerca  de  la  sucesión  de  leyes  con ocasión de la expedición del Código Penal de 2000 y  el  cotejo  con  el  precedente  ordenamiento  (Decreto-Ley 100 de 1980), que no  existe  impedimento  para  acudir a la combinación de  preceptos  con  miras  a  integrar la norma favorable,  siempre  que  se  mantenga  a  salvo  la  autonomía de cada instituto o materia  objeto            de           regulación8.   

En  este orden, es posible aplicar la normas  retroactiva  o  ultraactivamente,  es  decir, para hechos acaecidos antes de que  entrara  a  regir,  o  cuando  ya  no  se encuentra vigente, respecto de sucesos  ocurridos  cuando  regía,  en  uno  y  otro  caso,  siempre que ello le reporte  tratamiento  benéfico  a  la  situación  del sujeto pasivo de la acción penal  judicial.   

A  partir  de  la  vigencia de la Ley 599 de  2000,  (Julio  25  de 2001) en sus artículos 51 y 52 se estableció que la pena  accesoria,  denominada  ahora  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  debe  acceder a la pena de prisión por un tiempo igual y  hasta  por  una  tercera  parte más, siempre que se respete el mínimo de cinco  (5)  años y el máximo de veinte (20) años salvo lo dispuesto en el inciso 5°  del  artículo  122 de la Constitución Política respecto de los delitos contra  el patrimonio del Estado.   

De  otro lado, conforme a lo dispuesto en el  artículo  44  del  Decreto-Ley 100 de 1980, norma vigente para la época de los  hechos,  la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas no  podía, en ningún caso, exceder de diez (10) años.   

Bajo este entendimiento, la Sala advierte el  error  esencial de los juzgadores, porque al determinar la pena accesoria en una  duración  igual  a  la  pena de prisión de 192 meses (16 años) incurrieron en  flagrante  violación  de  las  garantías  fundamentales  del  procesado  a  la  legalidad  de  la  pena  y  la favorabilidad, dejando de aplicar el tope máximo  establecido  en  la  antigua  regulación legal, norma que por hallarse en vigor  para la fecha de los hechos era plenamente aplicable.   

Por  lo  tanto,  corresponde a la Corte  restaurar  tal garantía y por ello dispondrá casar de oficio y parcialmente el  fallo  en  cuanto  atañe a la pena accesoria impuesta al procesado Jorge  Alberto  Gómez  Escobar, para en su  lugar   establecer   su   duración   en   diez  (10)  años.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado Jorge Alberto  Gómez Escobar.   

2. CASAR OFICIOSA Y  PARCIALMENTE  la sentencia en lo que tiene que ver con  la  pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas impuesta  al  procesado  Jorge Alberto Gómez Escobar    para    fijarla    en    diez   (10)  años.   

3.           PRECISAR   que  en  lo  demás  el  fallo  impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

                                     Notifíquese y Cúmplase   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO           MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS       

Permiso  

AUGUSTO      J.      IBÁÑEZ     GUZMÁN                        JORGE    LUIS    QUINTERO   MILANÉS              

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                                              JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Folios 179-186 Cuaderno Juzgado.   

2 Folio  194 reverso Idem.   

3  Folios 359-369 Idem.   

4  Folios 5-15 Cuaderno Tribunal.   

5 Ver,  entre otras, casación 28510 del 1de noviembre de 2007.   

6  el  otro acompañante que iba en el vehículo.   

7  Sentencia del 12 de septiembre de 2007, radicado 26.967.   

8  Casación 26905 del 8 de octubre de 2008.     

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