26882(19-08-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26882  

CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.260   

Bogotá,  D. C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil nueve (2009).   

VISTOS  

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el defensor de HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI en contra  del  fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  la  Sala  Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Buga, que revocó la sentencia absolutoria  emitida  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Buenaventura y, en su  lugar,  condenó  a esta persona a la pena principal de doce meses de prisión y  mil   pesos   de  multa  como  autor  responsable  de  la  conducta  punible  de  estafa.   

SITUACIÓN    FÁCTICA    Y    ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Desde 1997, HANS  ALFRED    BERRÍO   LIPSKI,   propietario   del   establecimiento   Distri  Fríos,  mantenía una relación  comercial  con  la  empresa  Pedro Domecq Colombia S.  A.,  en  la  que el primero le adquiría licores a la  segunda  para  su  posterior  distribución en el puerto de Buenaventura y otras  poblaciones de Valle del Cauca.   

En  el  mes  de  mayo  de  2001, HANS ALFRED  BERRÍO  LIPSKI  le  solicitó a Pedro Domecq Colombia  S.  A.  un crédito para la compra de 43.200 botellas  de  brandy  durante  el  último  trimestre  de  ese  año, en virtud de lo cual  presentó  la  copia  de su cédula de ciudadanía, un certificado de la Cámara  de  Comercio  y  un  balance  general de Distri Fríos  a 31 de diciembre de 2000, en el que se advertía que  poseía     activos     equivalentes     al     valor     de    $920’492.000  y  pasivos  por  la  suma de  $842’762.000.   

Una  vez aprobado el crédito y entregada la  mercancía,  HANS  ALFRED  BERRÍO  LIPSKI  giró  doce  cheques con cargo a una  cuenta  de  Bancolombia  con  sede  en  Buenaventura,  que  sumaban  un total de  $356’284.480   y   que  debían   ser   cobrados   en  los  meses  de  diciembre  de  2001  y  enero  de  2002.   

Dichos  cheques,  sin  embargo,  no  fueron  cambiados   por   la  institución  bancaria,  debido  a  la  causal  de  fondos  insuficientes.   

2.   Presentada  denuncia  por  parte  de  Pedro  Domecq  Colombia  S.  A.,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  Unidad  Seccional  de  Buenaventura,  ordenó  la  apertura formal del proceso, vinculó  mediante  indagatoria  a  HANS  ALFRED BERRÍO LIPSKI, le definió la situación  jurídica  y,  en  resolución  que  calificó  el  mérito  del sumario, dictó  preclusión de la investigación a su favor.   

3.  Apelada dicha  providencia  por  el  representante  de la parte civil en cabeza de Pedro   Domecq   Colombia   S.   A.,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Buga, mediante decisión de  fecha  17  de  septiembre  de  2004,  la revocó y, en su lugar, lo acusó de la  conducta  punible de estafa,  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 246 de la ley 599 de 2000,  actual Código Penal.   

4. Correspondieron  las  diligencias  para  su conocimiento en la etapa siguiente al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Buenaventura,  despacho que  absolvió   al   procesado   de   los   cargos   imputados   por   el  organismo  instructor.   

Según  el a quo, HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI  no   desplegó  artificio  engañoso  alguno  para  conseguir  que  Pedro  Domecq  Colombia S. A. le aprobara  el  crédito  y  le entregara la mercancía que a la postre no canceló, pues le  correspondía  a  esta  última  evaluar  que,  para el 31 de diciembre de 2000,  Distri   Fríos   tenía  pasivos   por   la   suma   de   $842’762.000,   así   como   un   patrimonio   líquido   positivo   de  $77’730.000  (circunstancias  que  en ningún momento ocultó el procesado), y, por lo tanto,  la  empresa  asumió de manera directa y responsable el riesgo de verse afectada  cuando  permitió  que  el  procesado  se  endeudara por una suma superior a los  $350’000.000.   

5.  Apelada  la  sentencia  por  la  parte  civil,  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Buga  la revocó y, en su lugar, condenó a HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI a la pena  principal  de  doce  meses  de  prisión  y  mil pesos de multa por el delito de  estafa  previsto  en  el  artículo  356  del  Código  Penal  anterior,  en  virtud  de los principios de  legalidad y de aplicación de la ley penal más favorable.   

Así  mismo,  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena privativa de la libertad durante un  periodo  de prueba de dos años y lo condenó al pago de la suma de $365.211.600  por concepto de indemnización de daños y perjuicios.   

De  acuerdo con el ad quem, el procesado sí  indujo   o  mantuvo  en  error  mediante  engaños  a  la  empresa  Pedro  Domecq  Colombia S. A., por cuanto  (I)  la  jurisprudencia ha  señalado  que  los  silencios  o  las  mentiras en la celebración de contratos  pueden  constituir  ardides  y  artificios  propios  del  delito de estafa;  (ii)  el   análisis  contable  efectuado  por  el  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la Fiscalía (en adelante, CTI) indica que los  activos     de     Distri    Fríos    para  el  31  de  diciembre  de  2000  eran superiores a su pasivo;  (iii)  cuando solicitó la  línea  de  crédito,  en  el  mes  de  mayo  de 2001, el procesado le ocultó a  Pedro Domecq Colombia S. A.  la  difícil  situación financiera en la que se hallaba, haciéndole creer a la  empresa  que  se mantenía  idéntica  a  la  del  año pasado; y (iv)  cuando  en los meses de septiembre y octubre de 2001 el procesado  recibió  la  mercancía, no  sólo  siguió  ocultando  tal  información,  sino  que además se apropió del  dinero  obtenido  con las ventas del licor, que de manera inaudita ofreció a un  precio inferior al costo de adquisición.   

6.   Contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  el  defensor  de  HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación y,  una   vez   que   la   demanda   se  declaró  ajustada  a  derecho,  la  Procuraduría  General  de  la  Nación  emitió  el concepto  respectivo.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal primera de casación,  propuso  el  recurrente  un  error  de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación  de  la  prueba, que condujo a la violación de los artículos 232,  238,  257,  277,  284  y  287  de  la  ley 600 de 2000, Código de Procedimiento  Penal.   

Manifestó  al  respecto  que  el  Tribunal  distorsionó  el contenido del informe contable realizado por el CTI, pues en el  mismo  ya  se  apreciaba  una  disminución  patrimonial,  suscitada en diversas  contingencias,  que  devino  en  la quiebra de Distri  Fríos.   

Agregó que el ad quem también tergiversó  el  testimonio  de la contadora Olga Lucía Solís Angulo, persona que cada tres  meses   informaba   a  los  proveedores,  incluida  a  la  empresa  Pedro   Domecq  Colombia  S.  A.,  del  estado de las finanzas del mencionado estableci-miento.   

Precisó,  así mismo, que no era insólito  que  HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI hubiera decidido vender la mercancía por debajo  del  costo  en  el  mercado, pues en el ámbito comercial esas acciones permiten  alcanzar estabilidad en el mercado.   

Sostuvo,  por  lo  tanto,  que el procesado  jamás     incurrió     en     la     conducta    punible    de    estafa,  ya  que no sólo fue víctima  de  circunstancias  constitutivas  de  caso  fortuito  y  fuerza mayor, sino que  además  obró  con transparencia al notificar a sus acreedores de la quiebra de  Distri  Fríos,  y,  por  consiguiente,  no  hubo  en  contra  de la empresa inducción o mantenimiento en  error por medio de artificios o engaños.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  el fallo objeto del recurso y dictar el absolutorio de reemplazo.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE  

El    apoderado    de    Pedro  Domecq  Colombia  S. A. señaló  que  el  engaño  por  parte de HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI consistió en hacerle  creer  a  la víctima que, para el mes de mayo de 2001, su situación económica  y  capacidad de endeudamiento eran idénticas a las que reflejaba el balance del  31  de  diciembre  de  2000,  a  pesar  de  la  información que suministraba la  contadora de Distri Fríos.   

Agregó  que  el  hecho de que el procesado  hubiera  vendido  con  pérdidas  la  mercancía  indica que jamás pasó por su  mente   pagarle   a   Pedro   Domecq   Colombia  S.  A.,  ya  que fue el único que se benefició con tal  proceder, tal como lo aceptó en la diligencia de indagatoria.   

Destacó  también  que  hay  que  tener en  cuenta  que  esta  persona transfirió todos sus bienes a nombre de terceros con  el fin de defraudar los legítimos intereses de sus acreedores.   

En  consecuencia,  solicitó  a  la  Corte  confirmar la sentencia proferida por el Tribunal.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El representante de la Procuraduría General  de  la  Nación  manifestó  que  el  expediente  revela que HANS ALFRED BERRÍO  LIPSKI  mantenía  una  relación comercial con Pedro  Domecq  Colombia  S.  A. de tiempo atrás y que, para  la  ampliación  de  la línea de crédito solicitada en el mes de mayo de 2001,  el  comprador  no  realizó  maniobra  engañosa  alguna  antes  de que le fuera  entregado  el  brandy,  sino  que  tan  solo  incumplió  con  la obligación de  pagarlo,  debido  a  una  situación  de insolvencia que lo llevó a acudir a la  figura  del  concordato  de  que  trata  la  ley  222 de 1995, en aquel entonces  vigente.   

Añadió   que   el  principal  argumento  sostenido  por el Tribunal para concluir que el procesado incurrió en el delito  de     estafa    es  insostenible,  pues  infirió de manera errónea, a partir del dictamen contable  del    CTI,    que   Distri   Fríos   tenía  una  situación financiera estable para el 31 de diciembre  de  2000,  cuando  lo  que  debió haber estimado era que esta persona no tenía  capacidad  de  endeudamiento,  debido  a los elevados pasivos que tenía, y que,  sin  embargo, Pedro Domecq Colombia S. A.,  empresa  de  reconocida  trayectoria en la comercialización de  licores,  le concedió el  crédito, a pesar de que conocía tal circunstancia.   

Así mismo, precisó que el ad quem cercenó  aspectos  relevantes  de  la  declaración  de  la  contadora Olga Lucía Solís  Angulo,   quien   afirmó   que   las  empresas  proveedoras  como  Pedro  Domecq  Colombia  S. A. eran las  que   analizaban   y  eventualmente  concedían  los  créditos  conforme  a  la  documentación que le solicitaban al procesado.   

Indicó  que  tampoco  era  posible inferir  responsabilidad  a  partir  del hecho de que HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI vendiera  el  licor  a un menor precio, ya que se trataba de una estrategia plausible para  menguar las deudas y poder reavivar la actividad mercantil.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y dictar una de reemplazo en la que se absuelva a HANS  ALFRED BERRÍO LIPSKI.   

CONSIDERACIONES  

1. Problema jurídico  

Dado  que  la  demanda  presentada  por  el  apoderado  de  HANS  ALFRED BERRÍO LIPSKI fue declarada desde el punto de vista  formal  ajustada  a  derecho,  la  Sala estima que no viene al caso pronunciarse  acerca   del   cumplimiento   o  no  de  los  requisitos  de  lógica  y  debida  argumentación  por  parte  del  recurrente,  pues  a  esta  altura el procesado  adquirió  el  derecho  a  que  se le analicen de fondo los problemas jurídicos  traídos  a  colación  en el escrito correspondiente, en armonía con los fines  de  la casación de garantizar la efectividad del derecho material, respetar las  garantías  mínimas de las personas que intervienen en la actuación, buscar la  reparación  de  los  agravios  inferidos a los sujetos procesales y unificar la  jurisprudencia,  tal  como  lo establece el artículo 206 de la ley 600 de 2000,  Código de Procedimiento Penal vigente para este asunto.   

En  este sentido, el único cargo formulado  por  el demandante apunta a establecer por la vía indirecta la imposibilidad de  atribuirle  el  tipo  objetivo  de estafa  al  procesado,  pues  éste de ninguna manera habría desplegado  ardid  o  artificio  alguno  susceptible  de  inducir  o  mantener  en  error  a  Pedro    Domecq    Colombia    S.   A.,  siendo esta empresa la que antes de aprobar el crédito por las  43.200  botellas  de  brandy  a  la  postre  debitadas,  dejó  de  activar  los  mecanismos  de  protección  que  le eran exigibles para no verse afectada en su  patrimonio económico.   

En  aras  de resolver tal planteamiento, la  Sala  abordará,  en  primer  lugar,  la  figura  de la acción a propio riesgo,  también  conocida como autopuesta en peligro dolosa, como criterio normativo de  la teoría de la imputación objetiva.   

En segundo lugar, se referirá a la postura  sostenida   por   la   jurisprudencia   de   esta   Corporación  acerca  de  la  configuración  del  ingrediente  del  engaño  o  artificio  en  tanto elemento  estructural del tipo objetivo de estafa.   

Por  último,  analizará  con  base en ese  marco  teórico  la  legalidad  del  fallo condenatorio proferido por la segunda  instancia.   

2.    De    las   acciones   a   propio  riesgo   

Sin  perjuicio  de  que toda imputación al  tipo  objetivo  presupone  la  creación  de  un  peligro por parte del autor no  cubierto     por     el     riesgo     permitido1,  la  exclusión de la misma  puede  presentarse,  sin  embargo,  en  aquellas  situaciones  en  las  que  hay  incitación  o  colaboración  respecto  de  las  conductas  realizadas por otra  persona,  ya  que  el ámbito de protección de la norma no puede comprender los  menoscabos   que   han   sido   suscitados   por  el  propio  titular  del  bien  jurídico.   

En razón de lo anterior, la Sala, a partir  de   la   sentencia   de   20   de  mayo  de  20032,  ha  establecido  que, para  que  la conducta del sujeto pasivo excluya o modifique la atribución del tipo a  quien  coopera  o  contribuye  de  manera  significativa  en su realización, es  necesario  que  aquél  conozca (o tenga la capacidad de conocer) el peligro que  afronta    con    su    acción    y   tenga  bajo  su  control  el  poder  de  asumir  el  riesgo que se  concreta  en  el  resultado,  siempre  y  cuando  al actor no le sea exigible la  obligación  jurídica  de  evitarlo, es decir, que no se encuentre en posición  de  garante  respecto  de la persona que de manera consciente y voluntaria se ha  puesto en peligro.   

La   valoración   de  las  primeras  dos  situaciones   deberá   efectuarla   el   juez   de   una   manera  ex   ante  o,  lo  que  es  lo  mismo,  teniendo  que  retrotraerse  al  momento  de  la  realización  de  la acción y  examinando  si  conforme  a las condiciones de un observador inteligente situado  en  la posición de la víctima (a las que habrá de sumárseles las calidades y  conocimientos  especiales  de ella), el comportamiento sería o no adecuado para  excluir a favor del agente la atribución del resultado típico.   

En  cuanto  a  la  posición de garante, la  Corte  ya  tiene  una postura bien definida en lo que respecta a la realización  típica  de la conducta punible de estafa,   tal   como   lo   examinará   en  el  apartado  que  sigue  a  continuación.   

3.  Del  ardid o el engaño en el delito de  estafa   

La  Sala ha precisado que el tipo de estafa  consagrado  en  el  artículo  356 del Código Penal anterior y el artículo 246  del  actual  contiene los siguientes elementos de índole objetivo: (i)  el  empleo,  por parte del sujeto  activo  de  la conducta, de maniobras artificiosas tendientes a engañar o hacer  incurrir     en     error,    (ii)    la  inducción  o  mantenimiento en error del sujeto pasivo de tal  comportamiento,  (iii) el  perjuicio   en   el   patrimonio   económico  de  la  víctima  y  (iv)  la  obtención como resultado de  un   provecho   ilícito,   ya   sea   a   favor  del  sujeto  agente  o  de  un  tercero.   

Es  obvio que tales circunstancias deben ir  debidamente   concatenadas,   de   manera   que  la  inducción  en  error  siempre  precederá tanto al perjuicio económico como al  provecho   ilícito,   tal   como  lo  ha  precisado  la  Corte  en  pretéritas  providencias3.   En   otras  palabras,  el  resultado  típico  tiene  que  ser  susceptible  de  valorarse  como  el  ‘efecto’  de      una      determinada      ‘causa’,  consistente en el error provocado por el autor.   

Así mismo, la Sala ha sostenido el criterio  de  que  el  ocultamiento o la mentira en las negociaciones contractuales puede,  perfectamente,    constituir    un    medio    inequívoco    de   artificio   o  engaño:   

“[…]   el  negocio   jurídico   creador   de   obligaciones,  como  manifestación  de  la  declaración    de    voluntad    en    el   que   una   persona   (deudor)  se  compromete a realizar una  conducta   en   pro  de  otra  (acreedor)  a  cambio  de  una  contraprestación, puede ser utilizado como  instrumento  quimérico para estafar en aras de obtener un provecho ilícito con  la  creación  previa  de  circunstancias  especiales  inexistentes  que son las  motivadoras    de    la   disposición   onerosa   del   contratante”4.   

En lo que a la fijación de los presupuestos  a  partir  de los cuales resulta posible predicar para efectos de la imputación  del  tipo  objetivo  en  comento  la  idoneidad  de  la  argucia  o el artificio  empleado,   esta   Corporación,   mediante   sentencia   de   10  de  junio  de  20085,   precisó   que  la  configuración  típica  del  elemento  en  cuestión  depende  del  estudio de las circunstancias que rodean cada asunto en  particular  (y,  en  especial,  de  “aspectos tales  como  el  nivel  intelectual  del  sujeto  pasivo  de la conducta, su pericia en  asuntos  de la naturaleza de la cual se trata, sus experiencias, el medio social  en  donde  se  desenvuelve y las herramientas jurídicas brindadas por el Estado  para  su  protección”6),  así  como  indicó  que,  cuando  las  partes  en  un  contrato  se  hallan en igualdad de condiciones, es  viable  concluir  que  ninguna  está  en  posición  de  garante respecto de la  otra:   

“Hablando  en  términos  de  la  teoría de la imputación objetiva, implica que quien ostenta  un  nivel  de  preponderancia  sobre  alguien que, por su bajo grado académico,  cultural  o  social, carece de suficiente capacidad para entender cabalmente los  pormenores  de  un  negocio  jurídico,  asume  la  posición de garante para la  evitación  de  resultados  dañosos cuando con su comportamiento ha generado un  riesgo   jurídicamente  desaprobado,  siempre  que  conociese  las  condiciones  especiales  del  sujeto  pasivo  de  la conducta. Solamente en esos casos, si no  actúa  de conformidad con la posición de garante que el ordenamiento jurídico  le atribuye, le será imputable de manera objetiva el resultado.   

”En   esas  condiciones,  no asumirá la posición de garante y, por lo mismo, no tendrá la  obligación  de  impedir  el  resultado  dañoso  el  vendedor  que se encuentra  respecto  del  comprador en un plano de equilibrio frente al conocimiento de los  alcances,    vicisitudes    y    consecuencias    de    la    transacción   que  celebran”7.   

Esto último permite excluir la imputación  del    tipo   objetivo   de   estafa   por  autopuestas  en  peligro  o  acciones  a  propio riesgo en la  celebración  de  negocios  jurídicos,  en la medida en que concurran los otros  dos   requisitos  expuestos  en  precedencia  (supra  2).   

Por ejemplo, en la sentencia de 4 de febrero  de    20098,  la  Corte  estimó  irrelevante  analizar  si  el procesado era  garante  respecto  de la persona que incurrió en error al suscribir un contrato  con  una  persona  jurídica inexistente, pues esta última jamás tuvo el poder  de  asumir bajo su control el riesgo que se realizó en el resultado, ni tampoco  tuvo el conocimiento del mismo:   

“En  otras  palabras,  no  es posible entrar a analizar el comportamiento negligente o no de  la  persona  que incurrió en el error cuando se tiene que, debido a la conducta  artificiosa  desplegada  por el procesado, el primero jamás pudo actuar libre y  responsablemente  en  un  sentido  jurídico, sin haber tenido la oportunidad de  conocer  la  situación generadora del riesgo (como sí habría podido conocerla  ante   el   simple   silencio  o  ante  una  mentira  no  tan  elaborada  de  la  contraparte)”9.   

En  este  orden  de  ideas, sólo cuando se  reúnen  los  tres  requisitos de las acciones a propio riesgo (conocimiento del  peligro,  poder  de  control  sobre  su  asunción y  ausencia  de  posición de garante) podrá estudiarse  si     el     sujeto     pasivo     en     los     delitos    de    estafa   activó  los  mecanismos  de  protección  que  le  eran  exigibles,  o  en  qué  medida  contribuyó  con su  comportamiento  no  diligente o precavido a la obtención del resultado previsto  en la norma.   

4. Del caso en concreto  

4.1. En el asunto  que  concita la atención de la Sala, el principal motivo por el que el Tribunal  condenó  a  HANS  ALFRED  BERRÍO  LIPSKI como autor responsable de la conducta  punible       de       estafa      consistió  en afirmar que, para el mes de mayo de 2001 (época en  la  que  solicitó  el crédito por las 43.200 botellas de brandy), el procesado  le   ocultó   a   Pedro   Domecq  Colombia  S.  A.  información  trascendente  acerca  de  la  difícil  situación  por  la  que  atravesaba,  ya  que  tan  solo  le reveló el balance  comercial     de     Distri    Fríos para el 31 de diciembre de 2000.   

De  acuerdo  con  el  ad  quem,  en postura  respaldada    por    el   no   recurrente,   dicho  establecimiento  reflejaba  en  aquella  época “un  comportamiento   financiero   estable”10 y, por lo  tanto,    “el   acusado   no   tenía   problemas  económicos”11.   

En  otras  palabras, tanto para el Tribunal  como   para   la   parte   civil,   la   conducta  emprendida  por  Pedro        Domecq        Colombia        S.       A.,    al  autorizar  un  crédito  por más de trescientos cincuenta millones de pesos, de  ninguna  manera  excluyó  la  realización  del  tipo  objetivo de estafa   por  autopuesta  en  peligro  dolosa,  toda  vez  que  dicha  acción se presentó sin que el titular del bien  jurídico  tuviera  el  conocimiento  del  riesgo  de  no  recibir el pago de la  mercancía  entregada,  ni  tampoco  la  facultad  de  disponer  respecto  de la  asunción   del  mismo,  debido  a  la  maniobra  engañosa  emprendida  por  el  procesado.   

La  Sala,  sin embargo, encuentra que dicha  postura  violó  de manera indirecta la ley sustancial, por indebida aplicación  del  artículo  356  del  decreto  ley  100  de  1980, que consagraba el tipo de  estafa.   

En  efecto, uno de los dos medios de prueba  con  los  que el Tribunal sustentó tal afirmación12  fue  el dictamen contable  del   CTI   de   fecha   2   de   julio   de  200213, en el que se advierte que  Distri Fríos tenía para  el   31   de   diciembre  de  2000  activos  por  la  suma  de  $920’492.00014 y pasivos  que      ascendían     a     $842’762.00015,   para   un   patrimonio  líquido     positivo     de    $77’730.00016,   así  como  una  renta  líquida    negativa    para    ese   año   por   valor   de   $508’085.00017.   

Al   contrario   de  lo  que  sostuvo  el  representante  del  Ministerio Público (que hizo alusión a un falso raciocinio  por  vulneración  a  las  reglas de la experiencia), salta a la vista que el ad  quem  incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad en la  apreciación  del  referido dictamen, pues tergiversó el contenido material del  medio  probatorio al estimar que señalaba, para el 31 de diciembre de 2000, que  HANS  ALFRED  BERRÍO  LIPSKI  no  tenía  problemas  de  índole  económica  y  Distri  Fríos  mostraba  una situación financiera estable.   

Tal   conclusión   fáctica   no  podía  evidenciarse  en un establecimiento comercial como el  del  procesado,  que  según el CTI había sufrido enormes pérdidas  en  el  referido  año  y  cuyo  patrimonio líquido ni siquiera  alcanzaba a una cuarta parte de la suma adeudada.   

También es de destacar que en el expediente  no  hay  razón  alguna  que  permita concluir que el balance entregado por esta  persona  para  que  en  el mes de mayo de 2001 le fuera aprobado un crédito por  43.200  botellas  de  brandy  fuera  sustancialmente  distinto al referido en el  informe,  circunstancia que de manera implícita fue aceptada por el Tribunal en  el  fallo  impugnado,  así  como  por  el representante de la parte civil en la  intervención  como  no  recurrente, y que fue analizada por el juez a quo de la  siguiente manera:   

“No  existe  prueba  en el plenario que indique que el señor HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI haya  escondido  información  sobre  la  real situación de la empresa para lograr el  otorgamiento  del  crédito  génesis  de  la  presente acción, pues como queda  advertido  éste  presentó  a  solicitud  de  la  acreedora  un  balance  de su  actividad  comercial,  donde no solamente mostraba qué activos tenía, sino que  igualmente  ofrecía información de la totalidad de sus pasivos. Era de resorte  de   Pedro   Domecq  Colombia  S.  A.  concluir  si  de  cara  con un patrimonio neto inferior a los cien  millones  de  pesos  se podía entregar mercancías superiores a los trescientos  cincuenta  millones”18.   

En  este  orden  de  ideas,  termina siendo  irrelevante  que  la  situación  económica  del procesado durante mayo de 2001  fuera  incluso mucho más grave que la analizada en el dictamen del CTI, pues en  todo  caso  cabía  preguntarse  si  a  Pedro Domecq  Colombia  S.  A.  no le era exigible, a partir de la  información  con  la  que  disponía,  negar  el  crédito solicitado o, por lo  menos,   indagar   cómo  habían  evolucionado  las  finanzas  de  Distri   Fríos   durante  el  último  trimestre,  para  de esta manera averiguar la real capacidad de endeudamiento de  la otra parte   

4.2. El segundo y  último  elemento  de  convicción  con  el  que  el  ad  quem fundó el acto de  ocultamiento  proveniente  de  HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI fue la declaración de  Olga  Lucía  Solís  Angulo,  contadora  de  Distri  Fríos,  de  cuyo relato desprendió que, para el 31  de  diciembre  de  2000,  dicho establecimiento “no  arrojaba  pérdidas, […]  su     pasivo     no    era    superior    a    su    patrimonio    [y]    tenía   un   comporta-miento  financiero  estable”19.   

Lo  que afirmó la testigo en relación con  el  estado  financiero  de Distri Fríos en el año 2000 fue lo siguiente:   

“En  el año  2000,  al  emitirse  los  estados financieros, para términos generales el P y G  del  señor BERRÍO LIPSKI no arrojaba pérdidas, el patrimonio bruto que estaba  compuesto  por  las  cuentas  por  cobrar,  los  inventarios, el disponible, era  positivo,  es  decir,  que  el pasivo no era superior a su patrimonio, tenía un  comportamiento  financiero  estable, a pesar de que ya se hacían provisiones de  cuentas  por  cobrar de difícil cobro”20.   

De   conformidad   con  lo  analizado  en  precedencia,  tal  afirmación  es  intrascendente,  pues  el  hecho  de que los  activos  excediesen  a  los  pasivos  en  una  suma  que,  como se sostuvo en el  dictamen,    equivalía    a    $77’730.000   no   era   motivo   razonable   para   que  Pedro  Domecq  Colombia S. A., con base  en  tal guarismo, aprobara sin mayores requerimientos un crédito por la suma de  $356’284.480.   

Al  respecto,  el  a  quo sostuvo que de lo  narrado  por  esta  persona,  así  como de lo declarado por la otra testigo que  intervino  en  la actuación, no era posible derivar artificio o ardid alguno en  el procesado:   

“De la prueba  testimonial  recaudada  e integrada particularmente por las declaraciones de las  señoras  Olga Lucía Solís Angulo y Lorena Astrid López Giraldo, cabe indicar  que  informan  sobre  su  relación  laboral  con  el señor HANS ALFRED BERRÍO  LIPSKI  y  sobre  la  situación  de  la  empresa, empero, dichos testimonios no  tienen    ninguna    fuerza    probatoria   para   concluir   que   Pedro  Domecq  fue engañado y que por  tal   motivo   entregó   las  mercancías  a  BERRÍO  LIPSKI.  Tampoco  de  la  declaración  de  la  señora  Solís  Angulo  puede sostenerse, como lo hace el  apoderado  de la parte civil, que en él se advierta que no tenía la intención  de    cumplir   los   compromisos   comerciales   suscritos   con   Pedro  Domecq  Colombia  S.  A., porque  como  antes se dijo el cumplimiento de las obligaciones en general dependía del  giro  de los negocios”21.   

Adicionalmente,   el  Tribunal  dejó  de  apreciar   en  el  testimonio  de  Olga  Lucía  Solís  Angulo  otros  aspectos  relevantes,  atinentes  a  la relación comercial sostenida entre el procesado y  la empresa denunciante. Según la contadora:   

“[…]  ellos  empezaron  a  trabajar  en  el  año 1997, encontré facturas desde ese año, de  allí  me  di  cuenta que ellos tenían relaciones comerciales, ellos tenían un  manejo  comercial  del cual Pedro Domecq otorgaba    los    céditos    [sic]  al       señor       HANDS       [sic],  le  otorgaba  cupos y para las  temporadas  de finalización del año, desde septiembre hasta diciembre, siempre  llegaba  mercancía  que  Pedro  Domecq le      entregaba      al      señor      HANDS      [sic],  lo  que ellos denominaban plan  puente,  ellos  le  entregaban la mercancía, inmediatamente se debían entregar  unos  cheques posfechados que se debían cobrar en el mes de enero del siguiente  año,  se  hacían  exigibles  esos pagos, eso se mantuvo hasta el año de 2001,  porque    allí    empezó    el    problema    de   demanda   de   Domecq”22.   

Y,  en  relación  con  lo sucedido el año  siguiente, precisó:   

“En  el año  2001,  en  el  mes  de  mayo,  el  señor  BERRÍO  no presentaba una situación  económica  que  pudiera  demeritar  su  patrimonio  con  base  en  los  estados  financieros;  ahora,  él  se  encargaba de las relaciones comerciales con todos  los  proveedores  y  ellos  otorgaban  sus  créditos y las empresas hacían sus  análisis   de   crédito   precisamente   con  los  estados  financieros  y  la  documentación  que  le  exigían  al señor BERRÍO si la parte de cobranzas de  tales  proveedores los otorgaban, ya era decisión de ellos, y especialmente con  los     señores     Pedro     Domecq,     por     amistad     que     ya     se    tenían”23.   

En este orden de ideas, le asiste la razón  al  representante  del  Ministerio  Público  cuando  precisó  que  el Tribunal  incurrió  en  un  falso  juicio  de  identidad por cercenar tales aspectos, que  conducían  a  que  la  atención  se  centrara  en  la  conducta  de la empresa  vendedora,  en  la  medida en que indicaban que la relación comercial sostenida  con  el procesado venía desde 1997 (o, más precisamente, desde el 1º de junio  de  1997,  tal  como  aparece  confirmado  en  el  dictamen  del CTI24),  que  tanto  la  adquisición  de  la  mercancía  como  la  forma  de pago era la que  usualmente   tenían   acordada   y  que  la  aprobación  del  crédito  estuvo  condicionada   a  la  entrega  de  los  documentos  que  el  mismo  Pedro  Domecq  Colombia  S.  A.  había  contemplado.   

Y,  dicho  sea  de  paso,  el  yerro  en la  valoración  de este medio de prueba no radicó, como lo sugirió el demandante,  en  el hecho de que la testigo asegurara que cada tres meses les informaba a los  proveedores    acerca    de    la    situación   financiera   de   Distri  Fríos.  Lo  que  Olga  Lucía  Solís  Angulo  adujo  acerca del particular era que le presentaba a HANS ALFRED  BERRÍO   LIPSKI   un   reporte   trimestral  en  ese  sentido  (“yo    le    entregaba   a   él   el   informe   financiero   cada  trimestre”25)  y que los acreedores del  negocio  se vinieron a enterar de la quiebra justo antes de acogerse al trámite  del  concordato, o “acuerdo de recuperación de los  negocios  del deudor”, de que tratan los artículos  89   y  siguientes  de  la  ley  222  de  1995,  actualmente  derogados  por  la  ley  1116 de 2006 (“él  informó   a   los   proveedores   […]    que    se   iba   a   acoger   a   un   concordato”26).   

4.3.    La  importancia  de  los  referidos  errores  fácticos es incuestionable, ya que el  Tribunal  fundó la realidad del ardid desplegado por HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI  únicamente  en  el  dictamen del CTI y en la declaración de Olga Lucía Solís  Angulo,  a  los  cuales  reforzó  con  ciertas  alusiones al comportamiento del  procesado  que,  en  tanto  fueron posteriores a la aprobación del crédito por  parte  de  Pedro  Domecq  Colombia S. A.,    no  podían ser constitutivas de artificio o engaño alguno.   

En  efecto,  el  Tribunal,  en  el  fallo  impugnado,   destacó   que  “[e]n  los  meses  de  septiembre  y  de  octubre  de  2001,  el  acusado  recibió las mercancías que  mediante  engaño  logró que la empresa Pedro Domecq  Colombia   S.  A.  le  enviara  y  tampoco  en  esta  oportunidad    tuvo   a   bien   informarle   de   la   iliquidez   que   estaba  padeciendo”27.   

Igualmente, destacó que HANS ALFRED BERRÍO  LIPSKI  aceptó  en  diligencia  de  indagatoria  que,  en  aquella oportunidad,  “vendía  el  brandy  más  barato  que  la  otra  firma”28,  actitud  de la que el ad  quem  arguyó  que  “no es la de alguien que desea  recuperarse  económica-mente,  sino  la  de  una  persona  que pretende hacerse  rápidamente  a  un dinero para emplearlo en fines distintos a los de ponerse al  día     con     sus    proveedores”29.   

Dichas  circunstancias  de  ninguna  manera  podían  ser utilizadas como elementos de la inducción o mantenimiento en error  por  parte  del  procesado, ni tampoco como indicativas de la intención típica  de  esta  persona,  en  la medida en que la puesta en escena o el engaño tienen  que  ser  anteriores al perjuicio económico de la empresa denunciante, al igual  que  al  provecho  obtenido,  tal  como se analizó en precedencia (supra 3).   

Otro  tanto  ocurre  con el hecho traído a  colación  por  el  no  recurrente,  relativo  a  que HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI  entregó  sus  bienes  a terceros con el fin de insolventarse y, de esta manera,  burlar  a  sus  acreedores,  ya  que,  aun en el evento de que lo anterior fuera  cierto,  no  incidiría  en  la  configuración  típica del engaño.   

Al  respecto, no sobra añadir que, para la  Sala,  lo  que  revela  la actuación es que el procesado siempre pareció obrar  conforme  a  derecho,  pues, tal como se desprende del testimonio de Olga Lucía  Solís      Angulo      (supra      4.2),  él se acogió a la figura del concordato, cuyo fin, según  lo  establecía  el  artículo  94  de  la  ley 222 de 1995, era el de lograr la  “recuperación  y conservación de la empresa como  unidad  de  explotación  económica y fuente generadora de empleo, así como la  protección adecuada del crédito”.   

4.4. Establecido  como  está  que  el  Tribunal carecía de cualquier argumento para predicar que  Pedro   Domecq   Colombia   S.   A.   no  tenía  conocimiento  de la situación de riesgo que afrontó,  ni  que  carecía  de poder de disposición sobre la asunción de dicho peligro,  queda  entonces  por  examinar si el procesado se encontraba en una posición de  garante respecto de la evitación del resultado lesivo.   

La  respuesta,  a todas luces, es negativa,  pues  en el expediente no aparece elemento de convicción alguno que sugiera una  situación  de  desequilibrio  o  inequidad  en las partes contratantes, máxime  cuando  es  de público conocimiento que Pedro Domecq  Colombia  S.  A.  es una persona jurídica de amplia  trayectoria  en la venta de licores y que la relación comercial con HANS ALFRED  BERRÍO LIPSKI venía desde el 1º de junio de 1997.   

Por  lo tanto, le era exigible a la empresa  denunciante  la  activación  de los mecanismos de tutela tendientes a evitar el  perjuicio  económico  a  la  postre  sufrido (como, por ejemplo, los señalados  supra    4.1),    de  manera  que  el  menoscabo  tan  solo  se dio por la  efectiva   colaboración   del   titular  del  bien  jurídico.   

En consecuencia, como en el presente caso se  reúnen  los  elementos  de  la  acción a propio riesgo o autopuesta en peligro  dolosa  como  criterio  normativo excluyente de la imputación al tipo objetivo,  la  Sala  casará  la providencia impugnada y, en su lugar, confirmará el fallo  absolutorio dictado por el a quo.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA,    SALA    DE    CASACIÓN    PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE  

1. CASAR el fallo  proferido    por    la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   del        Distrito       Judicial       de       Buga.   

2.    Como  consecuencia  de  lo anterior, CONFIRMAR la  sentencia  absolutoria  proferida por el Juzgado Segundo Penal  del Circuito de Buenaventura a favor de HANS ALFRED BERRÍO LIPSKI.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO        MARÍA      DEL      ROSARIO     GONZÁLEZ     DE     LEMOS   

                                                                                     

                                                           

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN            JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                           JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Cf.   sentencia   de   8  de  noviembre  de  2007,  radicación  27388.   

2 Radicación 16636.   

3  Cf.,  entre otras, sentencias de 8 de junio de 2006, radicación  24729, y 28 de septiembre de 2006, radicación 22041.   

4   Sentencia   de   30   de   noviembre   de   2006,   radicación  21902.   

5  Radicación 28693.   

6  Sentencia de 10 de junio de 2008, radicación 28693.   

7 Ibídem.   

8  Radicación 26197.   

9   Sentencia   de   4  de  febrero  de  2009,  radicación  26197.   

10  Folio 674 del cuaderno II de la actuación principal.   

11 Ibídem.   

12  Folio 673 ibídem.   

13  Folios 167-177 del cuaderno I de la actuación principal.   

14  Folio 168 ibídem.   

15  Folio 175 ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Ibídem.   

18    Folio    626    del    cuaderno    II    de    la   actuación  principal.   

19  Folio 673 ibídem.   

20 Folio 573 ibídem.   

21  Folio 631 ibídem.   

22 Folio 571 ibídem.   

23  Folio 574 ibídem.   

24 Folio 177 del cuaderno I de la actuación principal.   

25  Folio 574 del cuaderno II de la actuación principal.   

26  Folio 575 ibídem.   

27 Folios 676-677 ibídem.   

28  Folio 30 del cuaderno I de la actuación principal.   

29  Folio 678 del cuaderno II de la actuación principal.     

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