25544(11-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25544  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°    074   

Bogotá,  D.  C.,  once  (11)  de  marzo  de dos mil nueve  (2009).   

VISTOS  

La Corte resuelve el recurso extraordinario de  casación    interpuesto    por   el   defensor   del   procesado   ROY  NELSON  FORBES contra la sentencia del  10  de  noviembre  de  2005,  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  del  Departamento  Archipiélago  de  San Andrés, Providencia y Santa  Catalina,  a  través  de la cual confirmó  el  fallo del 15 de julio del mismo año, proferido por el Juzgado  Penal  del  Circuito  del  mismo  distrito judicial, que lo condenó a las penas  principales  de  15  años  de  prisión, multa de 350 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso que la pena privativa de la libertad,  como  autor    responsable    de    las    conductas    punibles    de    peculado   por  apropiación   e   interés  ilícito  en  la  celebración de contratos (artículos  145  y 133, inciso 3º, del Código Penal de 1980, modificados por la Ley 190 de  1995),  al  tiempo que lo condenó al pago de los perjuicios civiles ocasionados  con   las  conductas  punibles  y  le  negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

Por otra parte, el juzgado condenó igualmente  a  THOMAS  ARCHIBOLD  POSADA  a la pena principal de 5 años de prisión y a las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término igual al de la pena privativa de la libertad, multa por  cuantía  de  20 salarios mínimos legales mensuales vigentes, como autor de las  mismas  conductas  punibles, al tiempo que lo condenó al pago de los perjuicios  ocasionados  y  le  concedió  el  subrogado  de  suspensión  condicional de la  ejecución de la pena.        

HECHOS  

La  Sala,  al  estudiar  los  presupuestos de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación, los sintetizó de  la siguiente manera:   

“Los   hechos  tuvieron  ocurrencia  entre  los años de 1998 y 1999, época durante la cual el  abogado   ROY   NELSON  FORBES  se  desempeñó  como  Alcalde  de  la  Isla  de  Providencia.   Durante  dicho  periodo,  en  su condición de ordenador del  gasto,   suscribió   múltiples   contratos   y  realizó  varias  ‘órdenes    de    pedido’, actos administrativos que, por estar  rodeados  de  serias  irregularidades,  fueron  puestos  en  conocimiento  de la  Procuraduría  General  de la Nación (por el Comité Cívico por la Paz, aclara  la   Corporación),   entidad   que,   luego  de  adelantar  la  correspondiente  averiguación  disciplinaria,  dentro  de  la  cual  constató  la existencia de  sobrecostos   o   ‘gastos  injustificados’   y  la  ausencia  de  los  requisitos legales contemplados en la Ley 80 de 1993, dispuso  la  expedición de copias para que la jurisdicción penal asumiera la respectiva  investigación”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.    Con  fundamento  en la expedición de copias por parte de la Procuraduría General de  la  Nación,  la Fiscalía 44 Seccional de San Andrés, a través de resolución  del  18  de  noviembre  de  1999  (fl.  48, cuaderno original No. 7), ordenó la  apertura   de  instrucción    y    vinculó   mediante  indagatoria  a   HUMBERTO LUIS ARENAS ROBINSON el 21  de  diciembre  siguiente  (fl.  60-68, c.o. 7).  El 29 de enero de 2001 fue  vinculado  de  igual manera  THOMAS ARCHIBOLD POSADA (fl. 195-201, c.o. 8),  el  22  de febrero siguiente lo fue HUMBERTO LUIS ARENAS ROBINSON (fl. 1-6, c.o.  9),  el  12  de  marzo del mismo año JANET ANTONIA ARCHIBOLD HOWARD (fl. 85-90,  c.o.  9),  el  14 del mismo mes BENJAMÍN GASPAR NEWBALL ARCHIBOLD (fl. 113-117,  c.o.  9)  y  el 4 de abril de 2001 el hoy procesado ROY  NELSON FORBES (fl. 161-183, c.o. 9).   

El  17 de abril de 2001 (fl. 189-215, c.o. 9)  ARENAS   ROBINSON,   ARCHIBOLD  POSADA  y  ROY  NELSON  FORBES    fueron    afectados    con    medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como  presuntos  autores   de   las  conductas   punibles   de   interés   ilícito   en  la celebración de  contratos,  en concurso con peculado por apropiación a favor de terceros.   La  fiscalía  profirió  la  misma medida de aseguramiento en contra de NEWBALL  ARCHIBOLD  como  cómplice  de la conducta punible de  interés ilícito en  la  celebración  de contratos. A su turno, el instructor se abstuvo de proferir  medida de aseguramiento contra JANET ARCHIBOLD HOWARD.   

La    investigación    fue   clausurada   parcialmente   el  29  de  mayo  de  2001 (fl. 42,  cuaderno  de copias No. 10, acusación) respecto de ROY  NELSON  FORBES,  ARCHIBOLD  POSADA,  ARENAS  ROBINSON,  NEWBALL ARCHIBOLD Y ARCHIBOLD HOWARD.    

Una  vez en firme la resolución de cierre de  investigación,  la  Fiscalía  1ª  Seccional  de la Unidad Nacional de Delitos  contra  la  Administración  Pública  de  Bogotá,  a través de resolución de  acusación  del  1º  de  agosto  de  2001  (fl.  210-262,  c. de copias No. 10,  acusación),         profirió         resolución        de        acusación     contra     ROY  NELSON  FORBES, TOMAS ARCHIBOLD POSADA  y  HUMBERTO  LUIS  ARENAS  ROBINSON  como  presuntos  autores  de  las conductas  punibles  de  interés  ilícito  en la celebración de contratos y peculado por  apropiación,   en   concurso   real,   simultáneo,   sucesivo,   homogéneo  y  heterogéneo.   

La defensa de ARCHIBOLD POSADA  apeló la  decisión  acusatoria,  pero omitió la sustentación del recurso (fl. 66, c. de  copias   No.   11),   por  lo  tanto,  aquella  cobró  ejecutoria el 10 de septiembre de 2001.   

Mediante  auto del 6 de noviembre de 2001, el  Juez      Penal     del     Circuito     de     San     Andrés     avocó   el  conocimiento  de  la  causa,  corrió  el  traslado previsto en el artículo 400 de la Ley 600 de 2000 y fijó  fecha    para    la   práctica   de   la   audiencia  preparatoria,  la  cual  tuvo  lugar  el   11  de  febrero  de  2002; en ella, el juez, tras verificar que el procesado careció de  defensa  técnica,  dispuso  la nulidad de lo actuado a partir del traslado para  la  preparación  de  la  audiencia  pública,  motivo  por  el  cual  ésta  se  desarrolló   nuevamente   el  2  de  mayo  de  2002.   

A  través  de auto del 11 de febrero de 2003  (fl.  22,  c.  de  la  causa),  el  juzgado  de conocimiento fijó fecha para la  celebración    de    la    audiencia   pública   de  juzgamiento,  la  cual  se  desarrolló  a la largo de  sendas  sesiones  del  1º  de  julio, 3 de septiembre y 31 de octubre del mismo  año,  24  de  febrero, 19 de marzo, 30 de abril, 7 y 26 de junio, 23 de agosto,  29 de noviembre de 2004 y 12 de abril de 2005.   

La   sentencia  condenatoria   de   primer  grado,  en  los  términos  detallados  al  inicio de esta decisión, fue proferida por el Juzgado Penal del  Circuito  del  Archipiélago  de San Andrés, Providencia y Santa Catalina el 15  de  julio  de 2005 (fl. 158-189, c. de la causa); los defensores de ROY   NELSON  FORBES  y  THOMAS  ARCHIBOLD  POSADA     apelaron     dicha    decisión,    la    cual    fue    confirmada  por  el  Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  del Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y  Santa  Catalina,  en fallo de segundo grado  del  10  de  noviembre  de 2005 (fl. 3-15, c. del Tribunal).    

Contra la decisión de condena, el defensor de  ROY  NELSON  FORBES interpuso  oportunamente   el  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual,  una  vez  concedido  por  el  Tribunal,  a  través  de  auto del 31 de enero de 2006, fue  sustentado  mediante  la correspondiente demanda.  La Corte, en auto del 19  de  julio  de  2006,  resolvió  inadmitir  los cargos  primero   y   segundo  formulados  en  la  demanda,  y  admitir  el  tercero, motivo  por  el  cual  corrió  traslado  a la Procuraduría para la presentación de su  concepto.   

LA   DEMANDA  DE   CASACIÓN   

El  defensor  de ROY  NELSON    FORBES    estima    equivocado  el  ejercicio  de dosificación punitiva  aplicado por el sentenciador de primer grado.    

En  desarrollo  del  único  cargo  admitido,  califica   de   “desmán   inaceptable”  la aplicación, por el fallador, del artículo 31 de la Ley 599  de  2000,  pues dicha norma no se encontraba vigente al momento de la ocurrencia  de  los  hechos  y,  además,  era  desfavorable  a los intereses del procesado,  motivo  por  el  cual no debió aplicarse.  En particular, asegura que para  la   época  de  los  hechos,  el  concurso  homogéneo  y  sucesivo  no  estaba  expresamente   previsto   como   punible   en   la  ley  penal  (pág.  11,  13,  demanda).   

Critica la tasación de la pena, efectuada por  el   juzgador,   con   fundamento   en  el  aludido  artículo  31,  por  cuanto  “es  desbordante  y  desmedida  y  pretende agravar  doblemente  a  las conductas punibles con un mismo artículo.  Por un lado,  tasa  la  pena  individual  de  cada  conducta  y la agrava bajo la figura de un  concurso  homogéneo,  sucesivo  y  simultáneo,  y  luego  bajo  la  figura del  concurso  heterogéneo, sucesivo y simultáneo, adopta el parámetro máximo que  la  ley  le  permite,  el cual es la suma aritmética de los delitos tipificados  (pág. 11, demanda).”   

Enseguida, aduce que el sentenciador erró al  tasar  la  pena fijada para el delito de interés ilícito en la celebración de  contratos,  pues  utilizó el artículo 57 de la Ley 80 de 1993, norma declarada  inexequible,  motivo  por  el  cual  debió aplicar el artículo 145 del Código  Penal de 1980.    

Respecto  de  la conducta punible de peculado  por  apropiación,  pregona  que  el sentenciador se equivocó al incrementar la  pena  por  razón  de  la  cuantía,  según lo previsto en el artículo 133 del  Código  Penal de de 1980, pues el valor apropiado ($32.230.993,oo), es inferior  a 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Por último, aduce que el fallador erró al no  contemplar  como  una  circunstancia genérica de menor punibilidad la modalidad  de  peculado,  la cual corresponde a la de “peculado  por      sobrecostos      inducidos”.   Según  el  casacionista,   esta  modalidad  de  peculado  se  dio  “como  resultado  de la valoración de costos entre  diferentes  fuentes  de  consulta,  y  a  favor  de  terceros, y no en beneficio  propio”   (pág.   12,   demanda).    Agrega,  además,    que  el  monto  de  los  sobrecostos  equivale  al  0,41%   del    presupuesto   municipal,   lo   cual   si   bien  es  cierto  denota  “una     falta     a     las   obligaciones   inherentes   a   la   labor   delegada   como   funcionario   del  Estado”, también  lo  es  que,   según   asegura, tal cifra “entra  dentro  de  la  naturaleza  falible  que  todo  ser  humano tiene, máxime si como se ha  aclarado,   la   conducta  calificada  no  es  en  beneficio  propio” (pág. 13, demanda).   

Además  de  lo  anterior, el fallador debió  ubicar  la  pena  dentro  del primer cuarto de punibilidad, pues el procesado no  cuenta    con    antecedentes,   “sumado   a   las  circunstancias    de    menor    punibilidad   de   los   argumentos”.    

Sostiene,  en  conclusión,  que  el juzgador  debió  asignar  una  pena  de  6  meses de prisión para la conducta punible de  interés  indebido en la celebración de contrato y 6 años para la de peculado,  por  lo  tanto, la pena de prisión debió dosificarse entre los 6 años y los 6  años y 6 meses de prisión (pág. 14, demanda).   

Por  último,  el  recurrente  reprocha  la  tasación  de  los perjuicios civiles fijados por el sentenciador, toda vez que,  en  su  sentir,  “la  tasación  de  los perjuicios  civiles,  no  soporta  las  pruebas  que  conllevan el análisis del valor de la  indemnización           calculada           en          $60.000.000”.   

CONCEPTO    DEL   PROCURADOR   SEGUNDO   

DELEGADO  PARA  LA  CASACIÓN   PENAL   

Señala  el  Delegado  en  su concepto que el  artículo  57  de  la Ley 80 de 1993, modificatorio del 145 del Código Penal de  de  1980,  fue declarado exequible por la Corte Constitucional, según sentencia  No.  006 de 17 de enero de 2001, motivo por el cual no fue ilegal su aplicación  al presente caso.   

El  Procurador estima ajustado a la legalidad  la  aplicación  del artículo 31 del Código Penal de 2000, pues para este caso  en  particular, el sistema de cuartos punitivos es más favorable que el método  previsto  en  el  Código  Penal  de de 1980, por cuanto el primero restringe la  facultad  punitiva  del  juez.   Por  lo  anterior,  explica el Procurador,  “se  debe  aplicar  el  primer  cuarto de movilidad  punitiva  que  establece  el artículo 31 de la Ley 599 de 2000; situación bien  diferente  a  la  luz  del  Decreto  100  de 1980, por cuanto en el evento de un  agravante,   la   pena   superaría  el  mencionado  cuarto  mínimo”.   

Afirma   el  representante  del  Ministerio  Público  en  su concepto que el valor de lo apropiado en el peculado supera las  200  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, razón por la cual era legal  aumentar  en  la  mitad  el  límite  máximo  de  la  sanción, “según  lo  dispuesto  en  el  artículo  60,  numeral  2º  de  la  mencionada  Ley  599  de 2000, razón para aplicar el límite inferior al primer  cuarto  punitivo”.   Por otra parte, estima que  la  pena  prevista  por el fallador para la conducta punible de peculado es de 9  años   y   “una  vez  dosificadas  las  conductas  punibles”,  la  sanción  corresponde  a 15 años de  prisión  y  multa  de  350  salarios mínimos legales mensuales vigentes.    

Por  último, el Delegado solicita a la Corte  que  case la sentencia de manera oficiosa, con el fin de ajustar la pena  accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  a  10  años, término máximo  previsto  en  el  Código  Penal  de  de  1980,  estatuto aplicable por ser más  favorable en esta materia que el de 2000.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   En el caso  que  ocupa  la atención de la Corte, el libelista alega que la dosificación de  la  sanción  privativa  de  la  libertad fue equivocada, asunto que toca con la  garantía  constitucional  de  la  legalidad de las penas, motivo por el cual la  Sala entrará en su estudio.   

2.   En primer  término,  el  demandante  critica  que  el  fallador  hubiese  dosificado  la pena de prisión con fundamento en el artículo 31 de la  Ley  599  de  2000, norma inaplicable porque no estaba vigente para la época de  los hechos.   

El  reproche del impugnante carece de razón,  pues  si  bien es cierto la Ley 599 de 2000 no estaba vigente para el momento de  los   hechos1,  también  lo  es que su contenido corresponde, en lo esencial, al  del  artículo 26 del Decreto Ley 100 de 1980 vigente para aquel entonces.    

En  efecto,  el artículo 31 de la Ley 599 de  2000,  que el censor asegura no estaba vigente para la época de celebración de  los  contratos,  esto  es,  años  de  1998  y  1999, regula la institución del  concurso  de  conductas  punibles y fija la manera de dosificar la pena en tales  eventos.  La norma en cuestión es del siguiente tenor:   

“Ley  599  de  2000,   artículo   31.   Concurso  de  conductas  punibles.   El  que  con  una  sola  acción  u omisión o con varias acciones u  omisiones  infrinja varias disposiciones  de la ley penal o varias veces la  misma  disposición,  quedará  sometido  a la que establezca la pena más grave  según  su  naturaleza,  aumentada hasta en otro tanto, sin que fuere superior a  la  suma  aritmética  de  las  que  correspondan a las  respectivas   conductas   punibles   debidamente   dosificadas   cada   una   de  ellas.”   

Por  su  parte,  el  artículo 26 del Código  Penal de de 1980, vigente para la época de los hechos, reza así:   

“Decreto    Ley   100   de   1980,   art.   26.  —Concurso  de  hechos punibles.  El  que  con una sola acción u omisión o con  varias  acciones  u  omisiones  infrinja  varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena   más   grave,   aumentada   hasta   en   otro   tanto.”   

Visto  el contenido de las normas reseñadas,  surge  nítido que los códigos penales de 1980 y 2000 definen de manera similar  el  instituto  de  la  concurrencia  de  comportamientos punibles y consagran de  igual  manera  la  fórmula  de  la  dosificación  punitiva  aplicable en tales  eventos.  Por  lo  anterior,  no es posible afirmar, como lo hace el recurrente,  que  el  concurso homogéneo y sucesivo no era punible en el estatuto sustancial  de  1980,  ni  que  la  regla  para  individualizar  la  pena  en tales casos no  estuviera prevista en el  Código Penal de 1980.     

Lo primero, porque cuando el artículo 26 del  Código  Penal  de  de  1980,  vigente  para  el momento de los hechos, menciona  “varias    acciones    u    omisiones”,  así  como  la  infracción “de la  misma   disposición”,  no  hace  cosa  distinta  a  contemplar  las modalidades de concurso que la doctrina ha denominado homogéneo  y  sucesivo.   Y  lo  segundo,  por cuanto ambos códigos establecen que en  aquellos  eventos, el agente “quedará sometido a la  que  establezca  la  pena  más grave, aumentada hasta en otro tanto”.   

Más  aún, si de favorabilidad se trata, tal  como  lo  pregona  el  impugnante,  es  más  favorable la fórmula punitiva del  artículo  31  del Código Penal de 2000 si se le compara con el 26 del Estatuto  de  1980,  pues  el  primero  establece una restricción al monto de la sanción  privativa  de  la  libertad que no contempla el primero, pues prohíbe que éste  supere  “la suma aritmética de las que correspondan  a  las  respectivas  conductas  punibles  debidamente  dosificadas  cada  una de  ellas”.   

En           conclusión,   para  la  Corporación  no  existe  el  vicio  que  alega  el  recurrente,  según  el  cual fue indebida la  aplicación   del   artículo  31  de  la  Ley  599  de  2000  al  ejercicio  de  dosificación de la pena.      

El Procurador Delegado, en su concepto, llega  a  la misma inferencia.  No obstante, parte de una premisa normativa falsa,  pues  sostiene,  de manera desatinada, que el artículo 31 de la Ley 599 de 2000  regula  lo  relativo  al sistema de los cuartos punitivos, con lo cual desconoce  que  dicho  instituto  en  realidad aparece consagrado en el artículo 61.   Debido  al  yerro  anterior,  el  Delegado afirmó lo siguiente: “se  debe  aplicar  el  primer  cuarto  de  movilidad  punitiva  que  establece  el artículo 31 de la Ley 599 de 2000; situación bien diferente a la  luz  del  Decreto  100 de 1980, por cuanto en el evento de un agravante, la pena  superaría         el        mencionado        cuarto        mínimo”.   

3.   Por  otra  parte,   respecto  de  la  censura  del  casacionista  fundada  en  haber  aplicado indebidamente el sentenciador el artículo 57 de la  Ley 80 de 19932   

, la Corte encuentra que ninguna irregularidad  existe  en  ello, pues, al contrario de la afirmación sin sustento contenida en  la    demanda,    no    existe    declaración    de   inexequibilidad   de   su  contenido3.   Por  lo  tanto, el artículo 145 del Código Penal de 1980,  junto  con  las  modificaciones introducidas por el artículo 57 de la Ley 80 de  1993,  se  encontraba vigente para el momento de los hechos, los cuales tuvieron  lugar entre los años de 1998 y 1999.   

4.  Ahora bien,  el  recurrente, dentro del tercer cargo, formula otros  reparos  relativos  al  procedimiento  seguido  por el  fallador  con  ocasión  del  ejercicio  de  individualización  de  la  pena de  prisión, así:    

(i)  De  manera  indebida,  el  sentenciador  dedujo  dos veces el incremento punitivo por razón  del     concurso     de     comportamientos     punibles;      (ii) al fijar la pena para la conducta de  peculado  por  apropiación, no debió aplicar el incremento punitivo por razón  de  la cuantía previsto en el inciso 3º del artículo 133 del Código Penal de  de  1980; (iii) debió ubicar  la  pena en el primer cuarto de movilidad punitiva, por razón de la ausencia de  antecedentes  del  procesado,  así  como  por  “las  circunstancias    de    menor    punibilidad   de   los   argumentos” (sic).   

La   Sala   responde   de   la   siguiente  manera:   

(i)  En cuanto a la  primera   de  las  críticas  reseñadas,  esto  es,  la  doble  deducción  del  incremento  por razón del concurso de hechos punibles, la Sala encuentra que al  recurrente  le  asiste  razón  y,  aunque  no  avanza  hacia  la  demostración  fehaciente  de  la incidencia del desatino en la sentencia, el perjuicio resulta  evidente,  comoquiera que el yerro pregonado se tradujo en una mayor punibilidad  para el sentenciado.   

Con  el  fin  de identificar la equivocación  denunciada,  la Corte entra a verificar de qué manera procedió el a-quo   a   elaborar   el  ejercicio  de  individualización  de  la  pena  y,  más concretamente, cómo aplicó la regla  prevista  en  el  artículo 31 del Código Penal para los eventos de concurso de  conductas  punibles  (pág.  29-30,  fallo de primera instancia).  Sobre el  anterior aspecto, el fallador argumentó así:   

En  primer  lugar,  determinó  la  pena  de  prisión   correspondiente   para  el  comportamiento  punible  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos.   De  esta  manera,  afirmó que sus límites oscilaban entre  los  4  y  12  años,  según  el  artículo 145 del Código Penal de 1980;  enseguida,  fijó la duración y límites inferiores y superiores de cada uno de  los  cuartos  de  movilidad  punitiva, y ubicó la pena dentro del primer cuarto  (cuya  duración  abarca  desde  los  48  a  los 72 meses), pues “en    el    expediente   no   militan   antecedentes   penales   ni  contravencionales    de    los   procesados”.    

Por  último, el juzgado argumentó que, por  cuanto  se  trataba  de  un  concurso  homogéneo  de conductas constitutivas de  interés  ilícito  en  la celebración de contratos4,   aplicó   la   regla  del  artículo  31  del  Código  Penal de 2000.  En tal virtud, el a-quo  individualizó  la  pena  para el  delito  en mención en 6 años (equivalentes a 72 meses) y multa de 150 salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

En  cuanto  al  comportamiento  punible  de  peculado  por  apropiación,  el  fallador  de  primer  grado  estableció  que,  según  el artículo 133 del  Código  Penal  de de 1980, la duración de la pena de prisión oscila entre los  6  y  15  años.  Enseguida, declaró: “como el  valor  de  lo  apropiado  supera  los  200  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  se  aplicará  un aumento equivalente a la mitad, al máximo de dicha  sanción,   en   virtud   de   lo   dispuesto   en   el  artículo  60,  numeral  2º”.  Fue así como el juzgado obtuvo un nuevo  ámbito  punitivo  de  movilidad:  72 meses (o 6 años) en el límite inferior y  270  meses  (equivalentes  a  22  años y 6 meses) en el superior, al tiempo que  calculó  la  extensión del primer cuarto punitivo entre los 72 y los 121 meses  (6 años a 10 años y 45 días).   

Luego   de   lo  anterior,  el  funcionario  judicial   partió  del  límite  mínimo  del  primer cuarto (6 años o 72  meses)     y     procedió    a    “hacer  la  operación  relativa  al concurso de delitos de peculado  por   apropiación…  derivado  de  las  31  operaciones  ilícitas”;  en consecuencia, fijó la pena para  el  comportamiento  punible  de peculado en 9 años (equivalentes a 108 meses) y  multa       de       200      salarios      mínimos      legales      mensuales  vigentes.       

Por       último      –y  allí está el yerro que pregona el  libelista  y  la  Corte  encuentra  demostrado-,  el  sentenciador tomó la pena  fijada  individualmente  para cada uno de los delitos (por una parte, 6 años de  prisión  y  multa  de  150 salarios mínimos legales mensuales vigentes para la  conducta  punible de interés ilícito en la celebración de contratos y, por la  otra,  9  años  y  200  salarios para el peculado por apropiación) y procedió  así:   “volveremos  a  aplicar  las  normas  relativas  al  concurso  de delitos, esta vez de carácter  homogéneo,   simultáneo  y  sucesivo”,  motivo  por  el cual dosificó la pena de manera definitiva en 15  años  de prisión y 350 salarios mínimos legales mensuales vigentes, guarismos  éstos  equivalentes  a  la  suma  aritmética  de  las  penas  determinadas por  separado, para cada uno de los comportamientos punibles.   

El  razonamiento  del  juez  fue  desatinado,  porque    desconoció    el    principio    constitucional    del   non  bis in idem, una de cuyas expresiones  es  la  prohibición  de la doble deducción de un agravante de punibilidad, tal  como ocurrió en el caso que ocupa la atención de la Sala.   

Respecto  del  principio  del  non  bis  in idem, la Sala tiene dicho que  comprende varias hipótesis:   

“Una. Nadie puede  ser  investigado  o perseguido dos o más veces por el mismo hecho, por un mismo  o  por  diferentes  funcionarios. Se le suele decir principio de prohibición de  doble o múltiple incriminación.”   

“Dos. De una misma  circunstancia  no  se  pueden  extractar  dos o más consecuencias en contra del  procesado  o  condenado.  Se le conoce como prohibición de la doble o múltiple  valoración.”    (subraya    la   Sala   en   esta  oportunidad).   

“Tres.  Ejecutoriada  una  sentencia dictada respecto de una persona, ésta no puede ser  juzgada  de nuevo por el mismo hecho que dio lugar al primer fallo.  Es, en  estricto     sentido,     el     principio    de    cosa    juzgada.”   

“Cuatro. Impuesta  a  una  persona  la sanción que le corresponda por la comisión de una conducta  delictiva,   después   no   se   le   puede   someter  a  pena  por  ese  mismo  comportamiento.   Es  el  principio  de  prohibición  de doble o múltiple  punición”.   

“Cinco.  Nadie  puede  ser  perseguido  investigado  o  juzgado ni sancionado pluralmente por un  hecho  que  en  estricto  sentido  es  único.  Se  le  denomina non bis in idem  material.”5   

Sobre   la   violación   a   la  garantía  constitucional  de  la  legalidad  de  las  penas, por vía de la violación del  principio  rector  del  non  bis  in idem, la Corte precisó en el mismo precedente que:   

“el principio del  non  bis  in  idem (no dos veces por lo mismo), propio del derecho penal de acto  que  nos  rige,  está  consagrado en el artículo 29 de la Carta Política como  integrante  del  derecho  fundamental  del  debido  proceso,  e  inmerso  en  la  garantía  constitucional  de la legalidad de los delitos y de las penas, ya que  su  efectividad  depende de la preexistencia de tipos penales que determinen con  certeza  las conductas punibles, prohibiendo que el comportamiento que actualice  totalmente  el  supuesto  de  hecho  de  determinado  tipo  penal, sea imputado,  investigado,      juzgado     y     sancionado     doble    vez”.   

La   conclusión  de  la   Sala,   según   la   cual   la   manera  de   dosificación    de   la   pena   por   el   juez   desconoció    el   principio  del  non  bis  in  idem,  encuentra respaldo en el texto del artículo 31  de la Ley 599 de 2000, cuyo texto reza:   

“Artículo 31.  Concurso  de  conductas  punibles.  El que con una  sola  acción  u  omisión  o  con  varias  acciones u omisiones infrinja varias  disposiciones   de  la  ley  penal  o  varias  veces la misma disposición,  quedará  sometido  a la que establezca la pena más grave según su naturaleza,  aumentada  hasta  en otro tanto, sin que fuere superior a la suma aritmética de  las   que   correspondan   a  las  respectivas  conductas  punibles  debidamente  dosificadas cada una de ellas.”   

La norma transcrita, al ser confrontada con el  contenido  de  los  artículos  60  y  61  del  mismo Estatuto, y con la postura  jurisprudencial  de  la  Sala en lo que tiene que ver con la dosificación de la  pena  de  prisión,  tanto  para  delitos  individuales,  como en los eventos de  concurrencia   de   comportamientos   punibles,  permite  ver  que  el  incremento  punitivo  previsto  para  los  casos de concurso de  comportamientos   punibles,   sin   distinción   de  su  modalidad,  es  decir,  independientemente  de  las  formas  de  concurso  que  la ley, la doctrina y la  jurisprudencia   han  distinguido  y  desarrollado  (entre  ellas,  el  concurso  homogéneo,  heterogéneo,  simultáneo y sucesivo) se actualiza después de que  se  ha fijado la pena correspondiente a cada delito individualmente considerado,  y  se  ha  definido  cuál  de ellos contempla la pena más gravosa.    

Solamente, después de proceder de esa manera,  es  cuando el sentenciador puede incrementar la pena, según los límites que le  fija  el  aludido  artículo  31,  y  tomar  así  en  consideración  todas las  modalidades de concurso que se presenten.   

Por  el contrario, la manera como el fallador  de  primer  grado  individualizó  la  pena  de  prisión,  permite  inferir que  predicó    –valga   la  redundancia-     un     extraño    ‘concurso   de   concursos’,  es decir, uno heterogéneo, respecto de comportamientos punibles,  los cuales, a su vez, se integran por uno homogéneo.    

Ahora  bien,  naturalmente nada impide que el  agente,  como  en  el  caso  presente,  a  través de comportamientos separados,  infrinja  varias  veces  la misma norma y normas distintas, pues así lo permite  el  artículo  31  de  la Ley 599 de 2000.  Pero, en tales casos, de manera  independiente  a  la  naturaleza del concurso que se presente, el incremento del  artículo  31  opera en una sola oportunidad y no cada  vez  que se configure una de las tantas modalidades de concurrencia de conductas  punibles.    

Es  así que, como consecuencia de razonar de  manera    contraria,    el    sentenciador    de   primer   grado   desconoció   la   prohibición   de   doble   punición,  pues dedujo dos veces el incremento del artículo 31: la primera,  al  fijar  la  pena  del  concurso  homogéneo  y  la  segunda  al  tasar la del  heterogéneo.   El  razonamiento  judicial  configura entonces un yerro que  debe  corregirse  en  esta  sede,  motivo  por el cual la sentencia será casada  parcialmente,   a   efecto   de  redosificar  la  pena,  conforme  lo  dicho  en  precedencia.   

En consecuencia, la Corte encuentra demostrada  la irregularidad denunciada por el demandante.   

(ii)  En  segundo  término,  el  censor  señala  que no debió aplicarse a la conducta punible de  peculado  por  apropiación  el  incremento  punitivo  por razón de la cuantía  (inciso  3º del artículo 133 del Código Penal de de 1980),  pues, según  asegura,  el  valor de lo apropiado no superó los 200 salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

El  demandante deja la censura así planteada  en  el  mero  enunciado,  toda vez que no enseña a la Corte la materialidad del  yerro,  es  decir,  cómo la cuantía de lo apropiado en realidad no superó los  200  salarios mínimos legales mensuales vigentes, ni la trascendencia del error  en  la  parte  dispositiva  de  la  decisión,  menos  aún el perjuicio para la  situación del procesado.    

Significa  lo  anterior  que  la crítica que  formula   el   casacionista  carece  de  desarrollo  y  demostración,  lo  cual  constituye  un  desconocimiento  a  los  principios de  claridad,  precisión  y debida argumentación que debe  observar  el  razonamiento  contenido  en la demanda si pretende tener éxito en  demostrar  la  ilegalidad  del fallo, el cual llega a esta sede amparado bajo la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.  Por  otra  parte,  en virtud del  principio  de  limitación, a  la  Corte  no  le está permitido entrar a suplantar el razonamiento del censor,  ni  asumir  la  carga  que a éste le corresponde de demostrar la existencia del  yerro enunciado y su trascendencia.   

Por   lo   anterior,   el   reproche   no  prospera.   

(iii)   Por  último,  según  el  demandante, la pena debió ubicarse en el primer cuarto de  movilidad.    

Sobre  la aludida inconformidad, una vez más  la   Sala  advierte  la  omisión  del  libelista  del  deber  de  acreditar  la  materialidad  del  yerro, su injerencia en la parte resolutiva del fallo atacado  y  el  perjuicio que le genera al procesado.  Por lo tanto, el razonamiento  ofrecido   por   el  censor  no  pasa  de  constituir  su  propio  ejercicio  de  dosificación  punitiva,  el  cual  por  sí  mismo no demuestra el yerro en que  incurrió el fallador.   

Ahora  bien,  a  riesgo  de  desconocer  el  principio  de  limitación,  pero  con  el  objeto  de darle algún sentido a la  deficiente  argumentación  del  recurrente, así como para detectar una posible  vulneración  al  principio  de legalidad de las penas, la Corporación advierte  que,  no  obstante  el ejercicio de dosificación punitiva realizado por el juez  fue  equivocado,  por  las razones reseñadas con anterioridad, en todo caso, el  funcionario       judicial,       antes       de       aplicar      –de  manera  errada-  la regla punitiva  para  los eventos de concurso de comportamientos punibles, ubicó la pena de los  dos delitos dentro del primer cuarto punitivo.   

Lo anterior aparece explícito en el fallo, el  cual,  respecto  de  la  pena  correspondiente a la conducta punible de interés  ilícito   en   la   celebración   de   contratos,   expresó:  “En    el    expediente   no   militan   antecedentes   penales   ni  contravencionales  de  los  procesados,  lo  que constituye una circunstancia de  menor  punibilidad,  por  lo  que  es dable ubicar el  ámbito    punitivo    de    movilidad    en    el   primer   cuarto”.   De  similar  manera  argumentó frente al comportamiento  punible   de   peculado  por  apropiación:  “aquí  también  se  tomará  el límite inferior del primer  cuarto” (subraya la Sala).    

Es  así  como,  para  la Corporación, surge  nítido  que el yerro pregonado por el demandante, relacionado con la selección  del cuarto punitivo, no existe.   

5.  Por último,  el  recurrente  critica  la  tasación  de los perjuicios civiles fijados por el  sentenciador,  pues,  según  dice, “la tasación de  los  perjuicios  civiles,  no soporta las pruebas que conllevan el análisis del  valor    de    la    indemnización    calculada    en   $60.000.000”.   

Así formulado el reparo, la Sala advierte que  en  su  fundamento existe una inconformidad con la apreciación de la prueba que  condujo  a  la  fijación  del  monto del perjuicio.   No obstante, el  censor   omite  del  todo  cualquier  desarrollo  argumentativo  de  la  censura  enunciada,  la  cual,  de  haber sido correctamente orientada, correspondería a  una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  en los términos en que lo  consagra  el  numeral  1º,  cuerpo  segundo, del artículo 207 de la Ley 600 de  2000   y   lo  ha  desarrollado  la  jurisprudencia  de  esta  Sala.     

En lugar enfocar su raciocinio con observancia  de  los  presupuestos  que la Corporación ha decantado de tiempo atrás, cuando  de   atacar  el  fallo  impugnado  por  la  causal  de  casación  antedicha  se  trata,   el  recurrente  se dedica  a formular su propia dosificación  del  monto  de  los  perjuicios,  sin  demostrar  cómo  el fallador erró en su  determinación  como  consecuencia  de la apreciación probatoria, menos aún su  incidencia   en   la   parte   dispositiva  de  la  sentencia,  o  el  perjuicio  ocasionado.   

Por lo tanto, el ostensible desconocimiento a  los  principios de precisión, claridad y debida argumentación en el desarrollo  de   la   inconformidad   planteada,   releva  a  la  Corte  de  avanzar  en  su  estudio.   

   

CASACIÓN OFICIOSA  

La  Sala  estima  pertinente  reiterar que la  Constitución  Política  y  la  Ley le imponen la obligación de efectivizar el  derecho   material,   tal   como   en   igual   sentido   lo   ha  precisado  su  jurisprudencia.   Así  mismo,  advierte  que  del  estudio  del proceso se  vislumbran   varias   circunstancias   que,   en   cumplimiento  de  la  aludida  obligación, ameritan corrección, en los siguientes términos:   

1.  Incongruencia entre la acusación y  el fallo.   

El  sentenciador  de  primer grado dedujo, en  perjuicio  del  procesado ROY NELSON FORBES,  la  causal  específica  de agravación por razón de la cuantía  prevista   en   el   inciso   3º   del  artículo  133  del  Código  Penal  de  19806,   determinación   que   argumentó   de   la   siguiente  manera:  “como  el  valor  de  lo  apropiado  supera los 200  salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes,  se  aplicará  un  aumento  equivalente  a la mitad, al máxima de dicha sanción, en virtud de lo dispuesto  en  el  artículo  60  ibidem,  numeral  2º”.    

No  obstante  lo anterior, la Corte encuentra  que  en  la  resolución  de  acusación  no  existe una clara imputación de la  agravación  punitiva  específica por motivo de la cuantía de lo apropiado, en  los  términos  en  que  lo consagra el inciso 3º del artículo 133 del Decreto  Ley 100 de 1980.    

Y  aunque  en  la  referida pieza procesal se  menciona  en  varias  oportunidades,  y de manera parcial, el sobrecosto de cada  uno  de  los  contratos  objeto  de  investigación,  lo cierto es que por parte  alguna  aparece  que el fiscal acusador, aparte de citar los montos parciales de  la  defraudación,  le hubiere puesto de presente al entonces investigado que la  aludida  cuantía,  en  caso  de  sentencia  condenatoria, le representaría una  mayor  punibilidad,  como  tampoco  que  la  aludida  cuantía  configuraba  una  imputación  adicional  a  la  señalada  en  el  tipo básico, frente a la cual  podría   ejercer   el   derecho  de  defensa  en  la  etapa  del  juicio.    

En   otras   palabras,  la  resolución  de  acusación  permite ver una imputación fáctica de la cuantía de lo apropiado,  más  no  la jurídica.  Y, como de antaño lo tiene dicho la Corporación,  para  que el sentenciador pueda deducir un incremento punitivo con fundamento en  las  circunstancias  genéricas  o  específicas de agravación punitiva, éstas  deben  aparecen claramente señaladas en el pliego de cargos, a tal punto que no  albergue  duda su imputación.  Dicha tesis la ha reiterado de la siguiente  manera:    

“En efecto, como  lo  tiene  establecido  la  Sala,  las circunstancias de mayor punibilidad sólo  pueden  ser  consideradas  por el juez en la sentencia como factor de aumento de  la  sanción cuando ellas han integrado la imputación, bien sea la estructurada  en  la  resolución  de acusación, frente al procedimiento normal, o en el acta  de  formulación  de  cargos,  cuando  la  actuación se encauza por el trámite  abreviado  de  la  sentencia anticipada. Al respecto señaló recientemente esta  célula judicial:   

“b)  Si bien tradicionalmente para la Sala  bastaba  con  el  planteamiento  fáctico  de  la  investidura  para  deducir la  agravante,  en  decisión  del  23  de septiembre del año en curso (radicación  número  16.320)  amplió  su criterio y a partir de allí comenzó a exigir que  en  la  resolución acusatoria tanto la imputación del delito o de los delitos,  como   toda  causal  de  agravación  –genérica  y específica- debía ser determinada diáfanamente desde  el  punto  de  vista fáctico y desde el punto de vista jurídico” (Septiembre  29  de  2003.  Rad. Única inst. 19734).”7   

La  imprecisión  y  falta  de claridad de la  resolución  de  acusación,  en  lo   que  se  refiere  a  la  imputación  normativa  del  agravante específico de la cuantía para la conducta punible de  peculado  por  apropiación,  surge  evidente  cuando,  al  precisar  los cargos  imputados  señaló  (sin  siquiera  mencionar  que  la cuantía de lo apropiado  superaba   los   200   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes):   “el  instructivo  reúne los elementos de juicio…  para   proferir  resolución  acusatoria  contra  ROY  NELSON   FORBES,  THOMAS   ARCHIBOLD  POSADA  y  HUMBERTO  LUIS  ARENAS  ROBINSON, en la medida de que en contra de ellos existen  testimonios,  dictámenes periciales y documentos… que invitan a considerarlos  presuntivamente  y más allá de duda razonable, responsables de los punibles de  interés  ilícito  en  la celebración de contratos en concurso real, sucesivo,  simultáneo   y   homogéneo   entre   sí,  con  el  punible  de  peculado  por  apropiación,     en    las    cuantías    atrás  reseñadas” (subraya la Sala).   

Ahora  bien,  la  parte  resolutiva  de  la  acusación  se  expresa  en  términos similares a los detallados, motivo por el  cual   puede   admitirse  que  aquella  en  verdad  señaló  el  monto  de  las  defraudaciones  atribuidas,  pero  no  lo  contempló con la suficiente claridad  como  para  edificar  una  imputación, razón por la cual no podía el fallador  deducir el incremento punitivo en comento.   

El  perjuicio  ocasionado  al  procesado  fue  evidente,  por  cuanto  le  significó  una  pena  de  prisión  superior  a  la  legalmente  permitida. La anterior conclusión surge sin dificultad a partir del  análisis  precedente  de  la  Sala sobre la manera como el juzgado dosificó la  sanción  privativa  de la libertad.  Allí quedó claro que el funcionario  judicial  aplicó  al  peculado  la  agravante  por  razón de la cuantía y, en  consecuencia,  la  extensión de cada uno de los cuartos de punibilidad para ese  delito  aumentó  de  manera  considerable.   Fue  de  esta  manera como el  perjuicio  se  concretó cuando el fallador impuso una pena de 9 años, mientras  la  máxima  imponible  para  el primer cuarto de punibilidad era de 8 años y 4  meses.    

En las condiciones anteriores, si la duración  de  la  pena de prisión para el delito de peculado, fijada por el sentenciador,  excedió  el  término  legalmente  permitido,  entonces  al deducir de allí el  incremento  punitivo  por  razón  del  concurso de conductas punibles, la cifra  final   obtenida   será   también  superior  a  la  fijada  en  la  ley.    

En           conclusión,  la inconsonancia que la Sala  ha  detectado,  impone  la  necesidad  de  ajustar  la  sentencia a los precisos  términos  de  la  resolución  de  acusación,  motivo  por  el  cual habrá de  redosificar    la    pena,    en    los   términos   que   más   adelante   se  detallan.   

2.   Ilegalidad  de  la  pena de multa.   

El  sentenciador  dosificó  la  pena  privativa de la libertad en relación  con  el  peculado  y  el  interés  ilícito en la celebración de contratos, de  conformidad  con los límites señalados en los artículos 133 y 145 del Código  Penal de 1980, vigentes para el momento de los hechos.    

En contraste, al fijar el monto de la pena de  multa   para  la  conducta  punible  de  celebración indebida de contratos, empleó los límites fijados en  el Código Penal de 2000, con evidente perjuicio para el procesado.   

En  apoyo a la anterior conclusión, la Corte  observa  que  el  artículo 145 del Código Penal de 1980, norma vigente para el  momento  de  los  hechos,  establecía para el delito de interés ilícito en la  celebración  de  contratos  una  pena  de  multa que oscilaba entre los 10 y 50  salarios  mínimos legales mensuales vigentes; en cambio, el estatuto de 2000 le  fija  a  la  misma pena un monto mínimo de 50 salarios y uno máximo de 200, lo  cual  la hace ostensiblemente desfavorable, si se le compara con los parámetros  fijados  en  el mismo Estatuto Penal.  El perjuicio se concretó cuando, al  determinar  el  sentenciador  una pena de multa de 150 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  el  delito  de  celebración  indebida  de contratos,  excedió    el   límite   máximo   –más  favorable  para  el  procesado- señalado por la norma vigente  para el momento de los hechos.   

El yerro habrá de corregirse a través de una  nueva   dosificación   de   la   pena   de   multa,  como  se  detallará  más  adelante.   

3.   Ilegalidad  de la pena principal de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas.   

La Corte accederá al pedimento del Procurador  Delegado,  en  el  sentido  de  decretar la casación oficiosa para ajustar a la  legalidad  la  pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas.    

Lo  anterior, por cuanto los hechos tuvieron  ocurrencia  entre  los  años  de  1998  y 1999, cuando se encontraba vigente el  Código  Penal  de  1980, el cual, en su artículo 44, fijó el término máximo  de  la  aludida  pena  en  10 años.  No   obstante,  el  fallador  de  primer  grado,  al  determinar  la  duración  de la pena en 15 años (pág. 30, decisión de primer grado), aplicó  los  límites  previstos en la Ley 599 de 2000 que, en su artículo 51, autoriza  un límite superior de 20 años.   

Por  lo  tanto,  el  yerro  atinente  a  la  legalidad   de   la   pena,  por  vía  del  desconocimiento  del  principio  de  favorabilidad,   habrá  de  ser  corregido  en  esta  sede  extraordinaria,  al  redosificar  la  sanción  en los términos que enseguida se expresan, aclarando  que  la  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  es  de  naturaleza principal y  no  accesoria, tal como lo establece el Código Penal de 1980, en sus artículos  145 y 133.   

4.     Redosificación    de    la  pena.   

La  Corte procede enseguida a redosificar la  pena,  para  lo  cual  habrá  de  tener  en cuenta la necesidad de corregir los  yerros      que     se     han     detectado,     es     decir,     (i)  la incongruencia entre la acusación  y  el  fallo, por falta de imputación de la agravante por cuantía de que trata  el  inciso  3º  del  artículo  133  del  Decreto Ley 100 de 1980, (ii)  los  límites  de  la pena de multa  para  el  delito  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos, y  (iii)  la  duración  de la  pena  principal  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

En  primer  término,  como  estamos ante un  concurso  de  conductas punibles, la Corte dosifica la pena para cada uno de los  delitos involucrados, así:   

De entrada, puede afirmarse que la pena más  gravosa  es  la  prevista  para  el  delito  de  peculado por apropiación, cuyo  mínimo,  según  el artículo 133, inciso 1º, del Código Penal de 1980, es de  6   años   y  su  máximo  de  15.   Al  aplicar  el  sistema  de  cuartos  punitivos    (favorable   al   procesado,   en  la  medida  que  limita  la  discrecionalidad  del  sentenciador,  más  aún  cuando,  como en este caso, el  cuarto  pertinente  habrá  de  ser  el  mínimo) se tiene que cada uno de ellos  tiene  una  extensión  de  2  años  y  4 meses.  Ahora bien, toda como la  acusación  no  imputó  circunstancias genéricas de  agravación  punitiva  (o de  mayor  punibilidad),   lo pertinente será ubicar  la  pena  dentro  del primer cuarto, cuya duración abarca 6 años a 8 años y 4  meses.    

Por  último, en cumplimiento de lo previsto  en  el  inciso  3º  del  artículo  61 de la Ley 599 de 2000, la Sala acoge los  criterios  de  gravedad  de  la  conducta  y  naturaleza  del  daño  producido,  señalados  por el a-quo para  la  determinación  final  de  la  pena privativa de la  libertad  dentro del primer cuarto punitivo.  Por  tal motivo, la Corporación la fijará en 8 años.   

En  lo  que  tiene  que  ver  con la pena de  multa para la misma conducta  punible,  la  Corporación  respetará  los  criterios  y el monto fijado por el  sentenciador  de  primera  instancia, por encontrarlos ajustados a la legalidad.   

Respecto de la pena  de   prisión   para  el  comportamiento  punible  de  interés    ilícito    en    la   celebración   de  contratos,  la  Sala  mantendrá  los  criterios  y la  duración  dosificada  por  el fallador (6 años), por encontrarlos razonables y  acordes  a  la  legalidad.   En  lo  relativo  a  la  pena  de multa,  como ya se advirtió, ésta habrá  de  ubicarse dentro de los precisos límites del artículo 145 del Código Penal  de  1980,  es  decir,  entre los 10 y los 50 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   Aplicado el sistema de cuartos al rango anterior, se obtiene un  ámbito  de movilidad de 40 salarios, motivo por el cual cada uno de los cuartos  abarca  10  salarios,  de  manera  que  el inferior oscila entre los 10 y los 20  salarios   mínimos.   Conforme  estos  parámetros,  la  Corporación,  en  atención  a  la  gravedad de la conducta y el perjuicio generado a la comunidad  isleña,   determina   la   pena   de   multa  en  20  salarios      mínimos      legales      mensuales  vigentes.     

Así   dosificadas   las  penas  para  los  comportamientos  punibles  de peculado e interés indebido en la celebración de  contratos,  y  como  la  sanción  más gravosa es la señalada para el primero,  será  sobre  la  pena  fijada  para  ese  delito que se aplicará el incremento  punitivo  -con  sus  limitaciones-  previsto en el artículo 31 de la Ley 599 de  2000.   En las condiciones antedichas, la Corporación incrementará en dos  años  la  duración de la pena de prisión fijada para el peculado, con lo cual  se   obtiene   un   total   de  10  años.     En   lo   referente   a   la  pena  de  multa,   la  Corte  aplicará  de  manera  análoga  el  incremento previsto en el artículo 31 del Código Penal de 2000 y  la  determinará finalmente en 210 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

PRIMERO: CASAR   PARCIALMENTE    la   sentencia   impugnada,  conforme el cargo tercero propuesto por el defensor  de       ROY       NELSON      FORBES.   

SEGUNDO:    CASAR   PARCIALMENTE   Y   DE  OFICIO  el  fallo  recurrido, como consecuencia de las  irregularidades  relativas a la legalidad de las penas y la congruencia entre la  acusación y la sentencia.   

TERCERO:   Como  consecuencia   de   lo  anterior,  condena    al    procesado     ROY   NELSON  FORBES   a  las  penas  principales  de  10   años   de  prisión  y  multa     de     210    salarios    mínimos    legales    mensuales  vigentes.   

TERCERO: Aclarar   que  la  pena  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas    es    de    naturaleza    principal.   

CUARTO: Declarar que,  en   lo  demás,  la  sentencia  impugnada  permanece  incólume.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

          COMISIÓN  DE SERVICIO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  El  Código  Penal de de 2000 entró a regir el 25 de  julio  de 2001 (Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de  12 de diciembre de 2002, radicación No. 18893.   

2  Art  57.  “DE  LA  INFRACCIÓN  DE  LAS  NORMAS  DE  CONTRATACIÓN.  El servidor público que realice  alguna  de  las  conductas  tipificadas  en  los  artículos  144, 145 y 146 del  Código  Penal,  incurrirá  en  prisión  de  cuatro (4) a doce (12) años y en  multa  de  veinte  (20)  a  ciento  cincuenta  (150)  salarios  mínimos legales  mensuales”.   Por su parte, el artículo 32 de  la  Ley  190 de 1995.  Por su parte, el artículo 32 de la Ley 190 de 1995,  modificó  la pena de multa, así: “Para los delitos  contra  la Administración Pública no contemplados en esta ley que tengan penas  de  multa, ésta será siempre entre 10 a 50 salarios mínimos legales mensuales  vigentes,   de  acuerdo  con  la  dosificación  que  haga  el  juez”.   

3  En efecto, la Sentencia C-006 de 2001, en realidad no  se  pronuncia  sobre  la constitucionalidad del contenido del artículo 57 de la  Ley  80  de 1993.  La aludida decisión declara que no existe violación al  principio    de    unidad   de   materia  por  el  hecho  de  que  el legislador, a través del Estatuto de  Contratación  de  la  Administración  Pública, hubiese incrementado las penas  previstas  en  los  artículos  144,  145 y 146 del Código Penal de 1980. Por o  anterior,   la   Corte   Constitucional   se   refiere   a  una  “cosa  juzgada  relativa”, toda vez que  su  estudio no abarcó el contenido de la norma demandada, sino su relación con  la materia que regulaba.   

4  “comoquiera –explicó   el   fallador-   que   el  sentenciado   suscribió  21  contratos  y  10  órdenes  de  pedido”  y  así  “se infringe varias veces  la misma disposición”.   

5  Sentencia  de  casación  de  26  de  marzo  de 2007,  radicado: 25629   

6  “Si  lo apropiado supera  un  valor  de  200  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, dicha pena se  aumentará hasta en la mitad”.   

7  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  sentencia   de  16  de  octubre  de  2003,  radicación  No.  19743.     

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