30797(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30797   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N°. 348.   

Bogotá  D.C.,  diciembre  dos (2) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del procesado JHON  JAMILTON  BERMÚDEZ LÓPEZ contra la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Ibagué  de  fecha  junio 4 del año en curso, confirmatoria de la  dictada  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  de la misma ciudad el 26 de  febrero  anterior,  mediante  la  cual  condenó  al mencionado por el delito de  hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  sentenciador  ad-quem, de la  siguiente forma:   

“Dio  origen a la presente investigación  la  denuncia formulada por el señor Edwin Leonardo Castellanos Gómez en la que  refiere  que a eso de la 1:45 de la mañana del 2 de julio de 2006, conducía el  vehículo  taxi  por  la  calle  36  con  carera 5ª de esta ciudad (Ibagué,  se  refiere),  cuando  el acá  procesado  le  hizo  el pare solicitando lo llevara hasta el barrio Ricaurte, de  camino   cambió   su  destino  pidiendo  ser  llevado  al  barrio  Cerro  Gordo  pretextando  ir a recoger a su novia, terminada la carrera fue encuellado por el  pasajero,  en  seguida  se  acercaron  dos  individuos más quienes con palabras  soeces  le  dijeron  que se trataba de un atraco, exigiéndoles les entregara el  producido,  mientras  que  JHON  JAMILTON  arrancaba  el  frontal   y se lo  entregaba  a  uno  de  sus  compinches;   después le exigieron saliera del  vehículo,  lo  requisaron  y  lo  despojaron  del  canguro en donde guardaba el  dinero  del  producido,  mientras tanto la víctima les imploraba no le hicieran  daño.   En  ese  preciso  instante  apareció  un  taxi,  por  lo  que los  delincuentes  emprendieron la huída, excepto BERMÚDEZ LÓPEZ quien no notó la  llegada   del   otro  taxi,  oportunidad  que  aprovechó  el  denunciante  para  propinarle  unos  planazos  y  seguidamente  proceder  a  su aprehensión.   Enseguida  llegaron  más  compañeros  suyos  y  una  patrulla  de  la Policía  Nacional   procediendo   a  dar  buena  cuenta  del  delincuente,  dejándolo  a  disposición        de        la       autoridad       competente”.       

El acontecer fáctico relatado en precedencia  determinó  el  inicio de la correspondiente investigación penal, en cuyo marco  se  vinculó mediante diligencia de indagatoria a JHON  JAMILTON  BERMÚDEZ  LÓPEZ,  a  quien se le resolvió  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva, con  beneficio de libertad provisional.     

    

Clausurado el ciclo instructivo, la Fiscalía  Primera  de  la  Unidad Delegada ante los Jueces Penales Municipales de Ibagué,  mediante  proveído  del  23  de octubre de 2006,  calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación  en  contra del procesado como posible  autor  del delito de hurto calificado “con violencia  sobre  las  personas”  (art. 240 C.P.) agravado (num.  10, art. 241 ib.).   

Ejecutoriado  el  calificatorio, la fase del  juicio  la  asumió  el  Juzgado  Cuarto  Penal Municipal de la misma ciudad, en  donde  se  surtieron  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  a cuyo  término  profirió sentencia de primer grado el 26 de febrero de 2008 a través  de   la  cual  condenó  a  JHON  JAMILTON  BERMÚDEZ  LÓPEZ por el mismo delito que sustentó la acusación  a  la  pena  principal  de  cuarenta  y  tres  (43) meses y quince (15) días de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso. Así mismo, se abstuvo de condenarlo al  pago  de  perjuicios,  le negó el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena y le concedió el sustituto de la prisión domiciliaria.   

Contra  la  decisión  anterior,  la defensa  interpuso  recurso  de  apelación,  el cual fue resuelto por el Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito  de  Ibagué  el  4  de  junio  ulterior,  impartiéndole  confirmación.   

Esta  última determinación es ahora objeto  de  impugnación  extraordinaria nuevamente por la defensa, a través de demanda  sobre cuyos presupuestos exigidos para admitirla se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Tras  elaborar  una  reseña  de los sujetos  procesales,  de  la sentencia impugnada y de los hechos, se inserta un capítulo  intitulado  “El recurso extraordinario de casación  se  realiza  por  vía excepcional”, en donde señala  que  promueve la impugnación contra un fallo de segundo grado por un delito que  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  y  en  el  término  establecido en el  artículo   210   del   estatuto   procesal  penal,  por  lo  cual  “poseo   la   legitimación   para   interponer  el  mismo  y  la  sustentación   la   realizare   (sic)   en  forma  debida  como  a  continuación  se  realiza (sic)”.   

Acto  seguido,  en  acápite  independiente,  invoca   la  causal  primera  del  artículo  207  del  mismo  ordenamiento  por  violación   directa  de  la  ley  sustancial  “por  interpretación   errónea   del   artículo   232   de  la  Ley  600  de  2000,  C.P.P.”   

Con  el  objeto  de  sustentar  la prédica,  comienza  por evocar los fundamentos probatorios de las decisiones de instancia,  apreciación  que,  a su juicio, merece reproche por tratarse de un “acervo  probatorio contradictorio y con el que muy difícilmente  se  podría  deducir  más  allá  de  toda  duda  razonable que mi defendido es  responsable  de  la  conducta  de  hurto  calificado  y  agravado”.   

Lo  expuesto,  prosigue,  porque el fallo de  responsabilidad  se  edificó  de  manera  exclusiva  en la denuncia y posterior  ampliación  de Edwin Leonardo Castellanos,  la  cual  evidencia  contradicciones tales como si en realidad su  representado  lo  tomó  por el cuello o solamente le propinó una palmada en el  rostro,  si  ello  ocurrió  antes  de  que aparecieran los otros individuos, si  verdaderamente  fue  intimidado  con  un arma o en punto de la ubicación exacta  del   agresor,  “situaciones  que  aunque  parezcan  superfluas,  demuestran  una  contradicción  evidente  entre ellas, restándole  credibilidad   al  testimonio  del  declarante,  que  aunque  el  ente  juzgador  manifieste  que  no  son  de talla, ni esencia como para negar la ocurrencia del  hecho,    para    la    defensa    sí   son   de   tal   talante”.                

Sostiene  que  no comparte los argumentos de  los   jueces  de  instancia  cuando  pretenden  justificar  las  inconsistencias  reseñadas  al  amparo  del  estado de terror, tensión y zozobra de la supuesta  víctima,  pues  se  trata  de dos exposiciones muy cortas.  Ahora, ante el  interrogante  del por qué habría de denunciarlo lo atribuye a que su defendido  se  encontraba  en  estado  alcohólico y sin recursos para pagar el servicio lo  cual  ocasionó  la  reacción  violenta   del  taxista,  quien  al  ver al  pasajero en mal estado se inventó lo del atraco.   

A  lo  anterior se suma que en el proceso no  aparece  acreditada  la  preexistencia  de  los elementos hurtados, esto es, del  frontal       del       vehículo      y      del      dinero,      “aprovechándose  de  la  situación  del pobre inculpado quien a  pesar  de  haber  sido  golpeado, encarcelado, tendría que indemnizarlo por los  supuestos   elementos   que   le  fueron  hurtados”.   

En el caso presente, añade, se le dio mayor  credibilidad  al  dicho  del  ofendido “por revestir  presuntamente  de  esa  calidad,  sin  dársele  la  posibilidad  al  desdichado  sindicado,  por ser simplemente eso, el sindicado de una conducta que mal le fue  injustamente      endilgada      (sic),  sin  entrar  en condiciones de igualdad, de igualdad de armas, a  analizar   las   condiciones   sociales,   familiares  y  de  todo  tipo  de  mi  defendido”.   

Tampoco   le   merecen   credibilidad  los  testimonios  de  los  agentes  del  orden  por  ser  testigos  de  oídas,  cuya  percepción  fue  posterior a los hechos y sin que exista explicación razonable  para  que  no hubiera comparecido a rendir su declaración el otro taxista, cuya  presencia intimidó a los supuestos delincuentes.   

A  su  parecer,  la  forma  de  apreciar las  pruebas  aplicada  por  los  juzgadores  desconoció  el  principio de unidad de  prueba   consagrado   en  el  artículo  238  del  estatuto  procesal  penal  y,  consecuentemente,     la     presunción    de    inocencia    a    favor    del  procesado.   

A  continuación,  señala  que “además,  si  se edifica una sentencia con base en los elementos  probatorios  recadados, se estaría violentando el debido proceso y el derecho a  la  defensa, como garantía basilar de la organización de una sociedad, pues es  expresión      del      poder      punitivo      del      Estado”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  la  sentencia  recurrida  y dictar, en su lugar, fallo absolutorio a favor de su  prohijado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

          Como  quedó  consignado  en  el  aparte de los antecedentes de esta  decisión,  los  hechos  por  los cuales se procede tuvieron ocurrencia el 12 de  julio  de  2006  en  la  ciudad  de  Ibagué,  en  donde para aquella época, de  conformidad  con  lo  previsto  en el inciso segundo del artículo 530 de la Ley  906  de  2004,  aún  no  había  entrado  a  regir el sistema penal acusatorio.   

     

          Como  consecuencia  de  lo anterior, la normativa aplicable en punto  del  recurso  de  casación  es  la  Ley 600 de 2000, en cuyo inciso primero del  artículo   205   se   establece  que  este  medio  de  impugnación  es  viable  “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y  por  el  Tribunal  Penal  Militar,  en los procesos que se hubieran  adelantado  por  los  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo  máximo  exceda  de ocho años” (subrayas fuera  de texto).   

De  conformidad  con el inciso tercero de la  misma  preceptiva,  cuando  el  fallo  de  segundo grado no es proferido por los  mencionados  Tribunales,  o  si  el  delito  por  el  cual se procede tiene pena  máxima  privativa  de la libertad inferior al quantum  señalado  en precedencia o sanción no restrictiva de  la  libertad, se faculta a esta Sala para admitir discrecionalmente las demandas  de  casación  presentadas,  “cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

          Al  amparo  de  lo  estatuido  en  esta  preceptiva  de orden legal,  deviene  diáfano  que  el  presente  asunto  sometido  a análisis en punto del  cumplimiento   de   los  presupuestos  previstos  para  su  admisibilidad  sólo  permitía   el   acceso  al  medio  extraordinario  de  casación  por  la  vía  excepcional o discrecional.   

          A  tal  conclusión  se  arriba  porque  si  bien  se  cumple con el  presupuesto  referido  a  la  punibilidad exigida para acceder al recurso por la  vía  normal,  no así con el de la autoridad judicial que profiere la decisión  de segunda instancia contra la cual se dirige la impugnación.   

          En cuanto a lo primero, dado que la pena  máxima  contemplada  para  la  modalidad delictiva por la cual se procede, esto  es,  para  el  delito  de hurto calificado agravado sancionado en los artículos  240  y  241,  numeral  10°  de  la  Ley 599 de 2000, es de quince (15) años de  prisión,  muy  superior  a  la  exigida  legalmente  para  acudir al recurso de  casación  por  la  vía  normal.   Todavía  más,  vale  decir,  con  los  incrementos previstos en la Ley 1142 de 2007.   

Respecto  de lo segundo, porque la sentencia  de  segunda  instancia  impugnada  fue  proferida  por  un  funcionario judicial  distinto  de  aquellos que permiten acudir a la casación tradicional de acuerdo  con  el  precepto  legal  aludido,  en este caso específicamente por el Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Ibagué.   

          En  consecuencia, como ya se dijo, la demandante sólo podía acudir  al  recurso  extraordinario de casación conforme a la posibilidad dispuesta por  la   denominada   casación   discrecional   o   excepcional,  viable  única  y  exclusivamente  a  condición  de  que  la  Sala “lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales”.   

Para ello, se ha dicho reiteradamente por la  Sala,  compete  al  demandante  expresar con   claridad   y  precisión  los  motivos  por  los  cuales  debe  intervenir  la  Corte, ya sea (i) para dictar un pronunciamiento con criterio de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial  o para unificar posturas  conceptuales,   en   tanto   resulta   necesario  abordar  un  tópico  aún  no  desarrollado  o  respecto  del cual existen posturas antagónicas o, (ii) con el  fin  de  asegurar la garantía de derechos fundamentales, en cuyo caso el censor  tiene   la   obligación  de  demostrar  la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que protegen el derecho invocado, así como su desconocimiento  en el fallo recurrido.    

También  ha  señalado  la Sala que, en ese  objetivo,  no  se  precisan  formulas  especiales  o  sacramentales ni acápites  particulares   o  independientes  en  el  libelo,  bastando  con  su  referencia  descriptiva.    

          Sin   embargo,   ocurre   aquí   que   la  demandante  se  sustrajo  absolutamente  a  tales  exigencias  no  obstante haber señalado en un párrafo  insular  de  la  demanda  la  procedencia  del medio de impugnación por la vía  excepcional.         

Además,  porque  ello  tampoco  emana de la  sustentación  del  único  reproche  del libelo formulado con base en  la  causal  primera de casación prevista en el artículo 207 de  la  Ley  600  de  2000 por violación directa de la ley sustancial, no empece lo  cual,  contrariando la naturaleza de este yerro, en toda su extensión cuestiona  la  apreciación  de  los  medios  de  prueba,  pero  que  de cualquier forma no  relaciona  con  los  motivos  vistos  que  dan  lugar  a  acceder a la casación  excepcional  ante  la eventual vulneración de garantías fundamentales o por la  necesidad     de     abordar     la     temática     para     el     desarrollo  jurisprudencial.   

En   ese   cometido,   además,  se  torna  absolutamente  inane  su  comentario  final  y  aislado  en el sentido de que se  vulneraron  el debido proceso y el derecho de defensa, en tanto inconexos con el  planteamiento  desarrollado  en  el reparo en derredor de supuestos yerros en la  valoración probatoria.   

Por  consiguiente, surge inevitable concluir  que  la demanda presentada por la impugnante se ofrece inepta y hace inviable el  recurso  extraordinario;  lo  cual impide a la Sala entrar a revisar si el cargo  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado reúne los presupuestos de  lógica  y  de  adecuada argumentación exigidos para su admisión en esta sede.   

          En  virtud  de  lo expuesto, de acuerdo con la consecuencia procesal  señalada  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, la Sala inadmitirá la  demanda.   Adicionalmente,  por  no advertir dentro del presente trámite o  en  la  sentencia vulneración de garantías fundamentales remediables a través  del instituto de la casación oficiosa.   

         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  la  defensora del procesado  JHON  JAMILTON BERMÚDEZ LÓPEZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión    de  servicio   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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