30192(24-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30192   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 274  

Bogotá,  D.C., veinticuatro de septiembre de  dos mil ocho.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de los procesados  MISAEL  ANTONIO  ALSINA  ANGULO,  RIDEL  DAVID  SALCEDO  PALLARES, WILLIAM HENRY  SENIOR  ALBAN,  ARTURO CESAR ALSINA ANGULO, PEDRO TORRES MORENO, RICARDO ALBERTO  YAÑEZ  SUÁREZ  y  LINET ROCIO VARGAS SALCEDO, contra el fallo de segundo grado  del  1º  de  junio de 2007, proferido por el Tribunal Superior de Barranquilla,  confirmando  el dictado anticipadamente por el Juzgado Único Penal del Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  mediante  el  cual  se condenó a los dos  primeros  mencionados  como  responsables del delito de concierto para delinquir  agravado  con  fines  de narcotráfico; A los cuatro restantes como coautores de  tráfico  de  estupefacientes  y  concierto  para  delinquir  agravado;  y, a la  última   de   las   citadas   como   autora   de  tráfico  de  estupefacientes  agravado.    

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

          Los    primeros    fueron    reseñados    así    en    el    fallo  impugnado:   

“De  conformidad  con el informe policivo  No.  578  de  31  de  agosto  de  2004, el Capitán William Amaya Cristancho, da  cuenta   de   la  existencia  de  una  organización  dedicada  al  tráfico  de  estupefacientes  a  nivel  nacional  e internacional, la cual enviaba HEROÍNA y  COCAÍNA  a  diferentes  destinos, cubriendo las rutas Barranquilla –   Curazao,  Cartagena  –   Ámsterdam,   Cartagena  -Estados  Unidos  y  República  Dominicana,  mediante  la  utilización  de embarcaciones  pesqueras  y  empresas  de mensajería, por lo que se solicitó autorización al  Dr.  Iván  Enrique  Ariza Sanabria, Fiscal Delegado UNAIM D-17 para realizar la  interceptación   de   determinados  números  telefónicos,  tanto  fijos  como  celulares,  toda  vez  que  existían  indicios  de  que los titulares de dichas  líneas  hacían  parte de la mentada organización, diligencia ésta con la que  se   aclaró  quiénes  pertenecían  a  la  organización  delicuencial  y  las  funciones  que  desempeñaban  cada  uno de los miembros que hacían parte de la  misma,  lo  que  generó  posteriormente  la  realización  de  las  respectivas  capturas”.    

Por  tales  hechos,  la  Fiscalía  12  de  la Unidad Nacional de Narcotráfico e Interdicción Marítima  UNAIM  declaró abierta la instrucción el 7 de septiembre de 2005, ordenando la  práctica  de pruebas y las indagatorias de Alejandro Córdoba, Adán Hernández  León,  Rogelio  Alfonso  Monsalve  Cadavid,  Luz  Marina  Salgado Tovar, MISAEL  ANTONIO  ALSINA  ANGULO,  RIDEL  DAVID  SALCEDO  PALLARES,  WILLIAM HENRY SENIOR  ALBAN,  ARTURO  CESAR ALSINA ANGULO, PEDRO TORRES MORENO, RICARDO ALBERTO YAÑEZ  SUÁREZ  y  LINET  ROCIO  VARGAS  SALCEDO, a quienes se les resolvió situación  jurídica   con   medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva  sin  excarcelación,  según  resoluciones  dictadas el 27 de septiembre de 2005 y 16  de  junio  de  2006,  esta última en relación con el procesado Rogelio Alfonso  Monsalve Cadavid.   

Antes  del  cierre de la  investigación,  los  procesados  MISAEL  ANTONIO  ALSINA  ANGULO,  RIDEL  DAVID  SALCEDO  PALLARES, WILLIAM HENRY SENIOR ALBAN, ARTURO CESAR ALSINA ANGULO, PEDRO  TORRES  MORENO,  RICARDO  ALBERTO  YAÑEZ  SUÁREZ y LINET ROCIO VARGAS SALCEDO,  Alejandro  Córdoba,  Adán Hernández León, Rogelio Alfonso Monsalve Cadavid y  Luz  Marina  Salgado  Tovar, manifestaron su voluntad de acogerse al trámite de  sentencia   anticipada,   previsto   en  el  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000.   

En consecuencia, los días  16  y  30 de junio y 7 y 19 de julio de 2006, se llevaron a cabo las diligencias  de formulación de cargos bajo las siguientes imputaciones:   

    

* A  RIDEL  DAVID  SALCEDO PALLARES, MISAEL ANTONIO ALSINA ANGULO, Alejandro Córdoba  y  Adán  Hernández  León, por el delito de concierto para delinquir con fines  de narcotráfico.      

* A  PEDRO  TORRES MORENO, ARTURO CESAR ALSINA ANGULO y Luz Marina Tovar Salcedo, por  los  delitos  de  tráfico de estupefacientes agravado, en concurso homogéneo y  sucesivo, y concierto para delinquir con fines de narcotráfico.   

* A  LINET  ROCIO  VARGAS  SALCEDO  por  el  delito  de  tráfico  de estupefacientes  agravado y concierto para delinquir con fines de narcotráfico.       

* A  WILLIAM  HENRY  SENIOR  ALBAN, por tráfico de  estupefacientes  en  concurso  homogéneo y sucesivo y concurso heterogéneo con  el     delito     de     concierto     para     delinquir     con    fines    de  narcotráfico.   

* A  Luz  Marina  Salgado  Tovar,  por  tráfico de  estupefacientes  agravado, en concurso heterogéneo con concierto para delinquir  con fines de narcotráfico.   

* A  RICARDO  ALBERTO  YAÑEZ  SUÁREZ  y Rogelio  Alfonso  Monsalve  Cadavid,  por  los  delitos de tráfico de estupefacientes en  concurso  heterogéneo  con  el  delito de concierto para delinquir con fines de  narcotráfico.     

La sentencia de primera instancia fue dictada  por  el Juzgado Único Penal del Circuito de Barranquilla luego de verificar que  la  admisión  de  cargos por cada uno de los procesados fue libre, voluntaria e  informada,   y   que  obraba  la  prueba  para  declarar  probados  los  delitos  imputados.   

Al  dosificar  la  pena, el Juzgado negó la  aplicación  de  la rebaja establecida en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004  para  los  casos  de  allanamiento  a  la  imputación,  acogiendo  la posición  jurisprudencial  que  hasta  ese  momento regía en esta Corte. En consecuencia,  después  de  calcular  el  monto  de  la  pena  a  imponer  a  cada  uno de los  procesados,  la rebajó en la proporción señalada en el artículo 40 de la Ley  600  de  2000  para  los  eventos  de sentencia anticipada, esto es, en una  tercera parte.   

       

La sentencia fue impugnada por los defensores  de  los  procesados  MISAEL ANTONIO ALSINA ANGULO, RIDEL DAVID SALCEDO PALLARES,  WILLIAM  HENRY  SENIOR  ALBAN,  ARTURO CESAR ALSINA ANGULO, PEDRO TORRES MORENO,  RICARDO  ALBERTO  YAÑEZ  SUÁREZ y LINET ROCIO VARGAS SALCEDO, Adán Hernández  León  y Luz Marina Salgado Tovar, siendo confirmada por el Tribunal Superior de  Barranquilla,  salvo  lo  que  se  relaciona  con  el  quantum  de  la  pena  de  prisión,  que fue modificado por dos razones principales:   

En  primer  lugar,  se consideró que por la  ausencia  de  imputación  de circunstancias genéricas de mayor punibilidad, la  pena  para  todos los procesados debía fijarse dentro de los parámetros de los  cuartos  mínimos  deducidos  a  cada  uno de acuerdo con los delitos admitidos,  situación  que llevó a corregir las penas deducidas por el juzgador de primera  instancia, que no había respetado ese principio de congruencia.   

También  escuchó el Tribunal el reclamo de  la  defensa  frente a la aplicación favorable de la rebaja de pena señalada en  el  artículo  351  de  la  Ley  906 de 2004 para los casos de allanamiento a la  imputación,   pero  advirtió  que,  en  este  caso,  la  misma  no  podía  ir  “hasta la mitad”, porque  debía  considerarse el momento procesal en que los implicados se acogieron a la  terminación  anticipada  del  proceso,  que  no  lo  fue  desde la indagatoria,  generando  ello  un  mayor  desgaste  para la administración de justicia.               

          De   esa   manera,   después   de  hacer  los  ajustes  pertinentes  considerando  la  situación  de  cada  uno  de  los  procesados, se les impuso,  anticipadamente, las siguientes penas:   

    

* A  MISAEL  ANTONIO  ALSINA ANGULO, RIDEL DAVID SALCEDO PALLARES, Alejandro Córdoba  y  Adán  Hernández  León,  47  meses  y  10 días de prisión, multa de 1.334  s.m.l.m.,  e  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de la pena principal.    

* A  RICARDO  ALBERTO  YAÑEZ SUÁREZ y Rogelio Alfonso Monsalve Cadavid, 82 meses de  prisión,  multa  de  2.000  s.m.l.m.  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas por el mismo lapso de la pena principal.   

* A  LINET   ROCIO  VARGAS,  128  meses  de  prisión,  multa  de  2.500  s.m.l.m.  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  principal.   

* A  PEDRO  TORRES MORENO, ARTURO CESAR ALSINA ANGULO y Luz Marina Tovar Salcedo, 154  meses  de  prisión,  multa  de  3.500  s.m.l.m.  e  interdicción de derechos y  funciones públicas por el mismo lapso de la pena principal.   

* A  WILLIAM  HENRY  SENIOR  ALBAN,  96  meses de prisión, multa de 2.500 s.m.l.m. e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  principal.     

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          El  defensor  de  los procesados MISAEL ANTONIO ALSINA ANGULO, RIDEL  DAVID  SALCEDO PALLARES, WILLIAM HENRY SENIOR ALBAN, ARTURO CESAR ALSINA ANGULO,  PEDRO  TORRES  MORENO,  RICARDO  ALBERTO  YAÑEZ  SUÁREZ  y  LINET ROCIO VARGAS  SALCEDO,  presenta una demanda de casación común en la cual formula dos cargos  al  amparo  de las causales primera y tercera del artículo 207 de la Ley 600 de  2000, cuya fundamentación puede resumirse de la siguiente manera:   

          Primer cargo.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera del artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  que  rige el caso, acusa al Tribunal de haber incurrido en  un  error  de  hecho que conllevó a la violación del artículo 376 del Código  Penal que tipifica el delito de tráfico de estupefacientes.   

          Después  de  algunas  disquisiciones  generales sobre los fines del  proceso  penal  y  el  principio  del  in  dubio  pro  reo,  aduce que en el presente caso no existe claridad  sobre  la  responsabilidad  de los procesados, pues a pesar de que aceptaron los  cargos  imputados por la Fiscalía, estos son irregulares, porque incluyeron una  cantidad  de  droga  superior  a  la  existente,  según lo que certificaron los  funcionarios  competentes  de  Medicina Legal, dictamen que no podía desconocer  el  Fiscal porque no es perito ni técnico. Además, el dictamen no fue puesto a  disposición  de  los  sujetos  procesales  para  su controversia, a pesar de su  importancia para establecer el quantum punitivo.   

          En  este  último  aspecto,  señala, debieron tenerse en cuenta las  condiciones  económicas  y físicas que vivían los procesados y su ausencia de  antecedentes penales, todo lo cual debió incidir como atenuante.   

          Alega   que   sus  clientes  no  son  responsables  de  los  delitos  imputados,  pues  no  existe  un solo testimonio en su contra que ofrezca serios  motivos  de  credibilidad. Además, los informes de policía no son prueba, sino  meros  criterios  orientadores  de la investigación, y ello abarca las llamadas  interceptadas,  que  son  informes de inteligencia. De otro lado, los policiales  en  sus  ratificaciones  se  contradicen  y  no  involucran de manera concreta a  ninguno  de  los  procesados,  al  punto  que  aquellos  que  no se acogieron al  trámite de la sentencia anticipada, fueron absueltos.   

          Tampoco  existe  prueba  de las incautaciones en el extranjero y con  estas no existe relación de causalidad.   

          Dice  que  el  delito  de  concierto  para  delinquir requiere de la  permanencia  en  la  unidad  delictiva,  la  continuidad en la ejecución de los  punibles  y  el  acuerdo  de las partes para realizar actividades delictivas, de  tal  forma  que  si  una persona busca a otras para realizar un determinado acto  delictivo,  no  incurre  en  el  concierto para delinquir, inclusive si después  busca  a  esas  mismas personas para realizar una nueva actividad delictiva, por  cuanto    este    “acompañamiento”  es  ocasional y la lógica indica “que  cada  vez  que  alguna persona va a realizar una determinada actividad, diversa,  busca  a  quienes han realizado bien su trabajo”, sin  que  ello  configure  el  concierto, porque aquí no existe una empresa criminal  como  tal,  “no  existe  una  subordinación  o una  relación contractual”.   

               Además,    los    tipos    de    concierto   “según  su  género,  son  excluyentes,  es  decir  no puede ser  homogéneo  y  heterogéneo  a la vez”, de tal manera  que  resulta  inadecuado  pretender  imponer dos clases de concierto por un solo  hecho  o  por dos hechos, cuando es un solo delito, un concierto, a menos que el  sujeto  se  concierte con otras personas; pero en una sola unidad dialéctica de  compromiso,    no    pueden   endilgarse   dos   figuras   que   “se  encuentran definidas, por la circunstancias (sic) en que ocurra  el  concierto  y la posterior ejecución del delito”,  porque   éste   se   subsume   en   la   conducta   de   mayor   entidad   como  agravante.   

          Advierte  que de acuerdo con los artículos 232 y 233 del Código de  Procedimiento  Penal,  toda  decisión  judicial  debe  fundamentarse en pruebas  legal,  regular  y oportunamente allegadas al proceso, lo que no se consolida en  este caso. Además, la duda debe resolverse a favor del sindicado.   

          Sostiene  que  la pena debe ser proporcional al daño, de tal manera  que  no  es  lógico  omitir  el  examen de la actuación para graduar la pena y  menos  que  se  valore lo favorable y desfavorable al reo, ni las circunstancias  agravantes  y  atenuantes.  También  incide en la determinación de la pena, el  grado  de comprometimiento o participación, lo cual implica un análisis de las  etapas del desarrollo criminal.    

            Insiste  en que la aceptación de los cargos debe estar respaldada  en  pruebas  legal,  oportuna  y  debidamente  allegadas  al proceso, pues puede  ocurrir   que   se  admita  responsabilidad  sólo  para  ocultar  al  verdadero  responsable  o  como  sucede  en  este  caso,  “por  cansancio”,  en el que, además, los cargos aducidos  por  el Fiscal no se corresponden con el acervo probatorio existente, por lo que  no podían ser admitidos.   

          Dice  que  a  los  implicados  debió  imponérseles  el mínimo del  quantum  punitivo  que  correspondía  por  la cantidad de alcaloide confiscado,  según  lo  certificó  el  perito  de  Medicina  Legal,  esto es, ocho años de  prisión,  y  sobre  esa base, reconocer la máxima rebaja establecida en la ley  favorable por la aceptación de cargos, a saber, un 50%.   

          Como  el  dictamen  pericial  fue desconocido, sus defendidos fueron  condenados  a  una pena mayor de la que les correspondía, situación que genera  “un   falso   juicio   de   identidad”.   

          Cuestiona  que  en la ciudad de Barranquilla, los jueces no apliquen  por  favorabilidad  e igualdad la rebaja de pena señalada en la Ley 906 de 2004  para  los casos de allanamiento a la imputación, lo cual, dice, no sólo genera  “resentimientos”     contra     el     “poder  central”,  sino  que  desconoce  que Colombia es una  república  unitaria  y  por  tanto  todos sus ciudadanos deben ser tratados con  igualdad ante la ley.   

          Culmina  el cargo solicitando que se revoque la sentencia de segunda  instancia  y  se  dicte  una  de  reemplazo que conceda una rebaja del 50% de la  pena,  partiendo  del  mínimo  de 8 años, en atención a que sus defendidos no  registran  antecedentes,  no  se  les  probó adecuadamente su responsabilidad y  menos el grado de participación en los hechos.    

             

           Segundo cargo   

             Al amparo de la causal tercera del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2000, alega que la sentencia fue dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad  por  inobservancia del principio de inocencia, del  derecho  de  defensa  y  del  debido  proceso “en la  valoración   de  las  pruebas,  las  cuales  son  inexistentes,  por  falta  de  requisitos  sustanciales,  a  voces  de  lo  señalado  en  el  inciso final del  artículo   301   del   C.   de   P.P.   y   la  inadecuada  obtención  de  las  pruebas”.   

          En  ese  orden, acudiendo a un antecedente del Juez Especializado de  Barranquilla,   sostiene   que   las   transcripciones   de  las  conversaciones  telefónicas  interceptadas  en  esta investigación, no fueron certificadas por  funcionario  alguno,  cuando  el fiscal investigador estaba obligado a dar fe de  que  las  mismas  correspondían  realmente  al contenido de las grabaciones, lo  cual  viola  el  inciso  final  del  artículo  301  del  C.  de  P.P.  En tales  circunstancias,  la  prueba  en  cuestión es ilegal y por tanto carece de valor  probatorio.   

          Además,  las  transcripciones  no  fueron puestas a disposición de  los  sujetos  procesales  para  su  controversia,  lo  cual genera violación al  derecho de defensa.   

          Según  el  defensor,  la  ilegalidad  de  las  pruebas  en  que  se  fundamentó  la  condena  autoriza  alegar  la  nulidad  en  cualquier etapa del  proceso,  pues  las  decisiones  judiciales  deben  estar  ajustadas  a la ley y  fundarse en pruebas legalmente aportadas.   

          A  continuación  se  refiere  de manera específica a la situación  probatoria  de  cada  uno  de sus representados, descalificando las imputaciones  efectuadas  por  la  Fiscalía,  cuya  aceptación  por  los mismos, insiste, no  debió  ser  admitida  por  los  falladores  ante  la  evidente falta de defensa  técnica.   

          Nuevamente  vuelve  con  las  argumentaciones  traídas en el primer  cargo  para  desvirtuar  la  existencia  del delito de concierto para delinquir,  reiterando  que  no  podía  pregonarse al mismo tiempo un concurso homogéneo y  heterogéneo de delitos.   

            En conclusión, dice, la violación del debido proceso se concreta  en  la  inobservancia  de  las  formas  indicadas  para la práctica de pruebas,  específicamente  de  las  grabaciones  magnetofónicas  y su trascripción y la  actuación   de   un   defensor  negligente  que  terminó  perjudicando  a  sus  defendidos,  pues  nunca  se  opuso  a  los  cargos imputados, a pesar de que no  había  prueba  que  los  sustentara,  y  resultaban  exagerados  cuando se hizo  concursar   “dos   formas  de  conductas  punibles  diferentes,  como  son  los  concursos  homogéneos  y heterogéneos”,  influyendo  ello  de  manera  radical  en la graduación de la  pena.   

          Culmina  el  cargo  solicitando  que  se  anule  el proceso a partir  inclusive  de  la  medida  de  aseguramiento,  para  que  en  su lugar se ordene  “la  preclusión  de  la investigación” a favor de sus defendidos.   

             

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De tiempo atrás, pacífica y reiteradamente,  ha  señalado  la  Corte el carácter irretractable que acompaña la aceptación  de  cargos  por vía de la sentencia anticipada, cuyo efecto procesal inmediato,  como  se  postula en el numeral 10° del artículo 40 de la Ley 600 de 2000, que  rige  este  caso,  es  precisamente  la limitación respecto de los aspectos que  pueden   ser   controvertidos  a  través  del  recurso  de  apelación,  ajenos  completamente  a  cualquier  discusión que tenga relación con la naturaleza de  los  delitos  aceptados  y la responsabilidad que en ellos cabe a quien de forma  voluntaria,  plenamente informado y consciente de las consecuencias, aceptó los  cargos presentados por la Fiscalía.     

        Y  esa  limitación,   como   también   lo   ha   dejado  sentado  la  Sala1,  opera  de  igual    forma    para   la   eventualidad   del   recurso   extraordinario   de  Casación:   

“En la temática atrás propuesta, sea lo  primero  advertir,  que  frente  a  los  fallos  proferidos en desarrollo de las  formas  de  terminación  anticipada  del proceso otrora previstas en el Decreto  2700  de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993, al igual que acontece frente al  instituto  contemplado  en  el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 actualmente en  vigencia,  la  legitimidad  para  atacarlos  a través de la alzada se encuentra  restringida  para  el procesado o su defensor, a quienes les está vedado apelar  aquellos  aspectos  que  integran la aceptación de la responsabilidad penal que  abre  compuerta  a  la  conclusión  del trámite sin agotar la totalidad de sus  fases;  reserva  que encuentra sustento en la imposibilidad de retractarse de lo  admitido  en  virtud  de  los  principios  de eventualidad o preclusión y de la  seguridad jurídica.   

“En  efecto, al tenor del numeral 4º del  artículo  37B  del  estatuto  procesal penal, subrogado por la Ley 365 de 1997,  bajo   cuya   existencia   jurídica  se  adelantó  la  presente  actuación  –  coincidente  en  esencia  con  el  inciso 10º del artículo 40 de la Ley 600 de  2000  -,   mediante  el  cual  se  desarrollaba  normativamente  la aludida  comprensión   de  tales  institutos,  el  interés  jurídico  para  apelar  la  sentencia   anticipada,   tratándose   del   sindicado   o   su   defensor,  se  circunscribía  a  los  tópicos establecidos en dichos preceptos, esto es, a la  dosificación  de  la pena, al subrogado de la condena de ejecución condicional  y  a  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes,  dentro  de los cuales cabía  predicar  también la temática de la condena al pago de perjuicios con ocasión  de  la declaratoria de inexequibilidad del numeral 5º ibídem, subrogado por el  artículo  12  de  la  Ley  365  de  1997,  que  sustraía  la definición de la  responsabilidad   civil   en  los  fallos  de  carácter  anticipado  (sentencia  C–277 de junio 3 de 1998,  M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

“Ahora   bien,   estas   restricciones  establecidas  en forma explícita para la alzada se pregonan también en sede de  casación,  como  ha  precisado  de  antaño  la  Sala y recuerda la Procuradora  Delegada,  pues  un  criterio distinto “conllevaría al desconocimiento de las  finalidades   del  proceso  especial  –fundadas  en razones de una política criminal enderezada a brindar  el  doble  beneficio  de disminuir costos con la administración de una justicia  pronta  y  eficaz,  que  comporte  al tiempo un resultado punitivo menos gravoso  para  el  procesado-  mediante la introducción a destiempo de la posibilidad de  arrepentirse  de  la manifestación de conformidad con los cargos y la prueba de  ellos,  expresada  en  la  diligencia previa a la sentencia (autos de julio 3 de  1997 y marzo 4 de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll, entre otros).”.   

         De  acuerdo  con  ello,  no  es posible,  entonces,   buscar   una   evidente   retractación   de  los  cargos  aceptados  válidamente,  pretextando  la  supuesta  violación  de  derechos  o garantías  fundamentales,   que   se   soporta  únicamente  en  la  muy particular interpretación que de las pruebas  hace  el  recurrente,  desechando  la  validez  que el  fallador   le  dio  a  las  mismas  y  discutiendo  la  tipicidad  de  las  conductas  que  fueron  objeto de  investigación.   

       

         Sobre  esa  base,  no observa la Sala que  de  verdad  se  materialice  algún  tipo  de  vulneración  del  tenor  de  la  propuesta por el demandante,  máxime  cuando  no  se ha  controvertido   que   la   diligencia   de   elevación   de   cargos  discurrió  adecuadamente,  o que los procesados no tenían    un    conocimiento    claro  acerca  de  los  delitos  atribuidos  y  sus  efectos  punitivos,    o   que   no   sabían   de   las   consecuencias   de   la   renuncia   a   controvertir      lo      presentado      por     la     Fiscalía.   

                    Por  lo  tanto,  la propuesta casacional, por ocasión del tema  de     discusión     planteado,    carece    de    legitimidad,    porque   en   general   se  dirige  a  replicar,  sin  ningún orden  ni  sindéresis,  que  no  existe  la prueba para condenar, o que no se configuran los elementos que  estructuran  el  delito  de  concierto  para  delinquir,  o  que  la cantidad de  estupefacientes  cuyo  tráfico  se  imputa  no  se corresponde con la  dictaminada  por  el  peritos de Medicina Legal, o que no puede  darse  simultáneamente  un  concurso homogéneo y heterogéneo de delitos, todo  lo  cual  resulta  impertinente cuando está claro que  al  acogerse  al  instituto  de la sentencia anticipada, el procesado renuncia a  controvertir  la  validez  o  capacidad  suasoria  de  los  elementos  de juicio  recogidos en disfavor suyo.   

         Ahora  bien,  en  la confusa  argumentación  que trae el  escrito  impugnatorio,  el  censor aborda otros temas diferentes al de la prueba  habilitada  para  condenar,  algunos de ellos, particularmente los que remiten a  la  tasación de la pena y a  la   falta   de   una   adecuada  defensa  técnica,  que    en    principio  le  otorgan  interés para  acudir     al    mecanismo    excepcional,    no    empece    la    naturaleza  anticipada  del  fallo,  adolecen,  sin embargo, de una  argumentación  clara,  al  punto  que  la  propuesta  ni    siquiera    puede    estimarse   como       un       alegato      de  instancia.   

                Es claro, y  no  necesita  reiterarse  la amplia y pacífica jurisprudencia emitida sobre ese  tema  por  la  Corte, que la casación comporta un carácter excepcional, a cuyo  amparo  los fallos de instancia, que arriban a esta sede prevalidos de una doble  condición  de  acierto  y  legalidad, sólo pueden ser derrumbados a través de  una  argumentación  suficiente  que  se  encamine  a  desvirtuar su legalidad y  justeza  por el camino de demostrar cabalmente una ostensible violación, dentro  de  las  específicas causales que sobre el particular estatuye el artículo 207  de la Ley 600 de 2000.   

                           En  lo  que  se  refiere a la tasación de la pena, el alegato   del   defensor   ni  siquiera  precisa  cuál  es  el  error  que  se atribuye a los  sentenciadores  o  cómo  opera  el  yerro,  confundiéndose,  sin  ningún     desarrollo    argumental,  los   errores  de  hecho  y  de  derecho    y   la  violación  directa  con  la  indirecta,  sin  que la  confusa  argumentación  permita  a la Corte apreciar  cuál  en  concreto  puede  ser  la  violación  y de qué forma se materializó  ella.   

         Además,  no  encuentra  justificación el reclamo que se hace por  la  falta  de  aplicación  de la rebaja contenida en el artículo 351 de la Ley  906   de   2004,   cuando   precisamente   por   la  réplica  del  defensor  técnico en la impugnación  que  presentó  contra  el  fallo  de  primera instancia, el Tribunal aceptó la  aplicación     favorable    del    precepto    en  cuestión,   lo   que  le  generó  a  los  procesados  una  mayor  rebaja  punitiva  por razón de la aceptación de cargos para la sentencia anticipada. Y  si    bien    no   se   llegó   al   extremo   de   una   rebaja   “hasta     la    mitad”,  las  razones  que se dieron para  ello  no son discutidas por el demandante, motivo por  el   cual   no  evidencia  la  Sala  error  alguno  en  este  punto.     

         Ahora,  el  quebranto del derecho a la  defensa  técnica  no  se  puede  poner  de  manifiesto  a partir de los simples  desacuerdos  que  se  tengan  con  la  forma  como  ejercieron  la  gestión los  profesionales  que en determinada etapa asistieron a los justiciables. Por ello,  que   el   demandante  no  comparta  los  actos  que  desplegó   su   antecesor,   ello   por   si  solo  no   se  erige  en  una  falta  de  defensa  técnica,  puesto  que no existe  disposición  que  predetermine  cuáles  deben ser las actuaciones obligatorias  del  apoderado  dentro  de  un  proceso  penal.  Lo  mínimo  que  se  exige, de  conformidad  con  lo  previsto  en el artículo 29 de la Carta Política, es que  permanezca  vigilante  del  desarrollo  de  la  actuación  para  proteger  a su  representado   y   ello,   en  este  caso,  no  lo  pone  en  duda  el demandante.   

        Ahora  bien,  la  Corte  examinó   el trámite procesal y lo  consignado  por  las  instancias  en los fallos, sin que advierta en ello algún  tipo  de  violación  a  garantías fundamentales, motivo por el cual tampoco se  hace   necesario  un  pronunciamiento  de  oficio.        

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,    

RESUELVE  

          1º.              INADMITIR         la  demanda de casación presentada por el defensor de              los             procesados  MISAEL  ANTONIO  ALSINA  ANGULO,  RIDEL  DAVID SALCEDO  PALLARES,  WILLIAM  HENRY SENIOR ALBAN, ARTURO CESAR ALSINA ANGULO, PEDRO TORRES  MORENO,    RICARDO    ALBERTO    YAÑEZ    SUÁREZ    y   LINET   ROCIO   VARGAS  SALCEDO,  por las razones  plasmadas     en     el     cuerpo     de    este  proveído.     

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ    

            

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ           ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO       

MARIA    DEL    ROSARIOGONZÁLEZ    DE  LEMOS                  AUGUSTO                J.               IBAÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO      ENRIQUE     SOCHA  SALAMANCA          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                                                        Secretaria   

    

1  Sentencia del 21 de febrero de 2002, radicado 14330     

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