30084(29-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30084  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.247   

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de agosto de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada    por    el  apoderado  de CÉSAR   AUGUSTO  SOTO  MON-CADA  en  contra de la sentencia de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que confirmó la condena de treinta y seis  meses  de  prisión  y cincuenta mil pesos de multa que le impuso a esta persona  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Descongestión de Bogotá como autor  responsable   de   la   conducta  punible  de  estafa  agravada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La situación  fáctica   que   dio  origen  a  la  presente  actuación  fue  descrita  por  las instancias de la siguiente  manera:   

“Se sabe de autos  que,  en  el  año  1989,  Bertha  Cifuentes  González  y  Ángel María Torres  procrearon    a    la    menor   D.   M.   T.   C.1,   quien   fue   debidamente  reconocida y registrada por su padre.   

”Años  más  tarde,  el 3 de diciembre de  1993,  Ángel María Torres falleció. Así que sus otros hijos, Gladys Ángela,  María  Esther  y  José Darío Torres Pataquiva, otorgaron poder y aceptaron la  herencia   que  les  correspondía  en  calidad  de  herederos  del  mismo,  por  sustitución, en la sucesión de su abuelo Rafael Torres Velasco.   

”Empero,  a pesar de conocer la existencia  de  su  hermana  D. M. T. C., bajo juramento afirmaron  no  conocer  otros  herederos  ante  la Notaría Cuarta del Círculo de Bogotá,  donde  por  medio  de  escritura  número  2347  de  24  de  junio  de  1997  se  protocolizó  el  trabajo de partición respectivo, logrando así que los bienes  les fueran adjudicados solamente a ellos, excluyendo a D. M. T. C.   

Ante  tal  eventualidad,  Bertha  Cifuentes  junto  con  su  esposo  Adelmo  Cruz  empezaron  a  realizar  los trámites para  reclamar  la  herencia  que  le correspondía a la menor. Así las cosas, CÉSAR  AUGUSTO  SOTO  MONCADA, propietario de la fábrica de muebles en la que laboraba  Adelmo  Cruz,  anunciando  su  calidad  de  abogado,  se ofreció para llevar el  proceso  de  sucesión,  obteniendo  que  el  30 de noviembre de 1999 la señora  Cifuentes   suscribiera   con   él   contrato   de   prestación  de  servicios  profesionales,  con miras a que iniciara y llevara hasta su culminación proceso  en  contra  de  la  familia  Torres  Pataquiva  por  el  punible de fraude  procesal,  estableciéndose como  honorarios   el   30%   de   la   suma   que   se   lograra   obtener   con   la  gestión.   

”En  el  mismo  mes,  CÉSAR AUGUSTO SOTO  MONCADA  se  reunió  con  los  miembros  de  la  familia Torres Pataquiva, ante  quienes  se  presentó  como abogado de Bertha Cifuentes, manifestando que en el  proceso   sucesorio  tramitado  por  ellos  habían  incurrido  en  fraude    procesal    y   falsedad,  además  de otros delitos, al  omitir  mencionar  como  heredera  a  su  hermana D. M. T. C., y les exigió que  llegaran  a  un  arreglo  respecto de la suma por entregar a la menor como cuota  parte  de  la  sucesión,  advirtiéndoles  que  de  no  atender  a su solicitud  procedería  a  interponer  la respectiva denuncia penal, con la consecuencia de  llevarlos a la cárcel.   

”Ante tal situación, los Torres Pataquiva  decidieron  entregar  a  CÉSAR  AUGUSTO  SOTO  MONCADA  como  cuota parte de la  herencia  de  la  menor  la  suma  de treinta millones de pesos ($30’000.000),   representados   en   un  apartamento  ubicado  en la calle 158-A # 15-44, barrio Alta Blanca, avaluado en  la  suma de veinticuatro millones de pesos               ($24’000.000),  y  una  letra  de  cambio por  valor  de  seis  millones  de pesos ($6’000.000),  pagadera a la orden de CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA el 20  de  enero  de  2000,  dinero  que  efectivamente  fue  consignado  en  su cuenta  corriente  del  Banco  Coopdesarrollo.  De  igual  manera,  CÉSAR  AUGUSTO SOTO  MONCADA  exigió  por concepto de honorarios la suma de cuatro millones de pesos  ($4’000.000), dinero que  también fue consignado en su cuenta personal.   

”La  entrega  material del apartamento se  llevó  a  cabo  el  20  de  diciembre de 1999, fecha en que CÉSAR AUGUSTO SOTO  MONCADA  recibió  las  llaves  del  inmueble  sin  que pudiera elevar escritura  pública,  pues  el  edificio  no  había  sido desengoblado y no contaba con el  régimen  de  propiedad  horizontal,  trámite que el señor CÉSAR AUGUSTO SOTO  MONCADA   se   ofreció  a  realizar,  exigiendo  para  tal  fin  la  suma de un millón doscientos mil pesos  ($1’200.000), dinero que  igualmente le fue entregado por la familia Torres Pataquiva.   

”CÉSAR  AUGUSTO SOTO MONCADA dio aviso a  Bertha  Cifuentes  de  la  entrega  del inmueble, informando que, si lo deseaba,  podía  pasarse  a  vivir  allí,  donde habitaba la familia del causante, cuyos  miembros  estaban disgustados con ella al punto de no querer verla, ante lo cual  ella  se negó a ocupar el apartamento, encargando a CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA  la  venta  del  mismo y posterior compra de otro, trámite que nunca se llevó a  término,  pues  el apoderado salió de viaje y hasta diciembre de 2000 retornó  y  observó  que  el  mencionado  apartamento  era  habitado por personas que lo  habían tomado en arriendo a la familia Torres Pataquiva.   

”El  dinero  que  recibió CÉSAR AUGUSTO  SOTO  MONCADA  como  complemento  de  la  herencia de D. M. T. C., esto es, seis  millones      de      pesos     ($6’000.000),  nunca  le fue traspasado a Bertha Cifuentes y tampoco se  llevó     a     cabo     la     escrituración     del    apartamento    cedido  inicialmente.   

”El  8 de julio de 2001, Bertha Cifuentes  firmó  acta  de acuerdo con la familia Torres Pataquiva, en desarrollo del cual  le  cedieron  los  derechos  sobre  otro apartamento ubicado en la calle 158-A #  15-44,   barrio   Alta   Blanca,   cuarto  piso,  conveniéndose  mantenerlo  en  arrendamiento  hasta diciembre, tiempo durante el cual  los   cánones   de  renta  le  fueron  cancelados  a  aquélla.  Las  partes acordaron recuperar los doce millones entregados a CÉSAR  AUGUSTO SOTO MONCADA para repartirlos en porcentajes iguales.   

”En virtud del convenio, Bertha Cifuentes  interpuso   denuncia   penal   en   contra   de  CÉSAR  AUGUSTO  SOTO  MONCADA,  dándose  inicio al proceso respectivo, en cuya etapa  de  instrucción  se logró establecer que CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA no estaba  inscrito  como  abogado  y que la tarjeta profesional número 9008 de la cual se  anunciaba  titular  había  sido  expedida  el  1º  de julio de 1971 a Bernardo  Rodríguez  Charry,  reportado como fallecido por la Registraduría Nacional del  Estado Civil”.   

2.   A   raíz  de   lo   anterior,   la  Fiscalía  General  de  la Nación calificó el mérito del sumario en contra de  CÉSAR  AUGUSTO  SOTO  MONCA-DA como presunto autor responsable de las conductas  punibles   de   constreñimiento  ilegal,    abuso   de   confianza    y   falsedad   personal,  de  acuerdo  con lo establecido en los artículos 182, 249 y 296  de la ley 599 de 2000, actual Código Penal.   

3. Ejecutoriada la  acusación   el   19   de   septiembre   de   2002,  correspondieron  las  diligencias  para su conocimiento en la etapa siguiente al  Juzgado    Veintiséis   Penal   del   Circuito   de   Bogotá,   despacho   que  adelantó    la    audiencia   pública  de  juzgamiento,  en  la  que  se  dio  aplicación  al  mecanismo  de la variación de la calificación jurídica     de    que    trata    el  artículo  404  de  la  ley  600 de 2000  en  relación  con el delito de abuso  de   confianza,   que   fue  modificado   por   la   conducta   punible   de  estafa     agravada  prevista  en  los artículos 356 y 372 numeral 1 del  decreto ley 100 de 1980, anterior Código Penal.   

4.  Debido a una  medida  adoptada  por  el Consejo Superior de la Judicatura, el fallo en primera  instancia   fue   adoptado   por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá,  despacho  que  absolvió  a CÉSAR AUGUSTO  SOTO  MONCADA  de  los cargos por  constreñimiento ilegal y  falsedad  personal y, por  otra  parte,  lo  condenó  como  autor  responsable  de  la conducta punible de  estafa agravada a la pena  principal  de  treinta  y seis meses de prisión y cincuenta mil pesos de multa,  así   como   a   la   pena   accesoria   de   ley   y   al  pago  de  daños  y  perjuicios.  Así  mismo, no le reconoció mecanismo  alguno de sustitución de la pena privativa de la libertad.   

5. Apelada dicha  providencia  por  la  defensa  del procesado, el Tribunal Superior de Bogotá la  confirmó  en  su  integridad  mediante  decisión  de  fecha 26 de noviembre de  2007.   

5. Contra   el   fallo  de  segundo  grado,  interpuso  el  apoderado  de  CÉSAR  AUGUSTO SOTO  MONCADA   el   recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El  recurrente,  una  vez  reseñó los hechos materia de decisión, y  después  de identificar  tanto  a  la  sentencia  impugnada como a    los    sujetos   procesales,   se  refirió   dentro   de   un   acápite   intitulado  “Actuación          procesal”   a  una     serie    de  irregularidades  que, en su criterio, vulneraron el debido proceso y,   en   particular,  el  derecho  de  asistencia técnica del procesado.   

A   continuación,  en  un  apartado  que  denominó      “De     las     causales     de  casación”, afirmó que  en  el  presente caso concurrían todos los numerales  del   artículo   207   de   la  ley  600  de  2000,  por  cuanto  el Tribunal  incurrió  en  errores  de derecho [sic] (i)    porque    no   se  amplió  el  testimonio de los hermanos Torres Pataquiva, con lo  que   se   hubiera   podido   variar   la   calificación   que   solicitó   la  Fiscalía, y (ii)      se      equivocó     al  determinar  el  monto del objeto de apropiación del  ilícito,  pues  éste  no  podía  superar  los  cien salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  el  año 1999 de que trata el numeral 1 del artículo  267   del   actual  Código  Penal.  Por  lo  tanto,  concluyó  que  “se  violó la norma al aplicar la  estafa  agravada  por  falta  de  observancia  de  la  norma  por  parte  de los  funcionarios  o porque se le dio aplicación improcedente y ello genera un error  de hecho o de derecho”.   

Posteriormente, en un acápite que intituló  “De   la  nulidad”,  adujo  que  al  darse  trámite a la figura de la variación de la calificación  jurídica  se  suspendieron  los traslados y la práctica de las diligencias, en  detrimento  del  debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa,  con  lo cual se  configuró      una      nulidad     de     carácter     supralegal.   

Luego,   en  un  apartado  que  denominó  “Error  de  hecho”,  adujo  que  la  segunda instancia no analizó la versión rendida en indagatoria  por  parte  de  CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA y se dejó llevar por lo que de esta  persona  se  afirmó  en  el fallo de primera. Así mismo, consideró que con la  variación  de  la  calificación  jurídica  no  se  le  dio  la oportunidad al  procesado de defenderse.   

Más     adelante,     dentro   de   una  sección  designada  “Error      de  derecho”,  sostuvo  que el Tribunal, al no aceptar las nulidades propuestas  por  la  defensa, no debatió los argumentos del recurso de apelación y, por lo  tanto, incurrió en un error de hecho y de derecho.   

Finalmente,  bajo  el  nombre  de “Un fallo de la Corte Suprema de  Justicia”,  citó  una  sentencia  de  fecha 17 de abril de 1994, sin número  de  radicación,  en la que sostiene que hay un error  subsanable  cuando dentro de la demanda de casación el recurrente no precisa si  la violación a la ley sustancial es directa o indirecta.   

En   consecuencia,   solicitó   a   la  Corte  casar  la sentencia recurrida y, en su lugar,  dictar       sentencia       de       carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

1. De la demanda  

1.1.  La  Sala,  de  tiempo  atrás,  ha  insistido  en  que  la  casación  es un recurso de ámbito  restringido   en   el   que   la   pretensión   de   examinar  la  legalidad  y  constitucionalidad  del  fallo  no  puede  estar incluida en un escrito de libre  formulación,  porque  debe  tener un contenido mínimo de claridad y coherencia  que  permita  entender el vicio que se denuncia, así como la identificación de  sus consecuencias.   

Por lo tanto, la  demanda  de casación difiere de manera ostensible de  un    alegato    de   instancia,   pues  requiere de una presentación lógica adecuada a cada una de las  causales   legalmente  establecidas  para  su  procedencia,  con  el  respectivo  desarrollo  de  los  cargos  que por los vicios   in  procedendo  o      in     iudicando  se  denuncien, al igual que la demostración de su trascendencia  en la parte dispositiva del fallo impugnado.   

1.2.   En   el   asunto   que  centra la atención de la Corte, el  defensor   de   CÉSAR  AUGUSTO      SOTO      MONCADA      dejó   de   cumplir   con   los  más  elementales  requisitos  que  en  materia de lógica  y     de    debida  argumentación   le   eran   exigibles  para  efectos  de  la  admisión  de  la  demanda.   

En   efecto,  el   demandante   desatendió   por   completo  los  requisitos  contemplados  en los numerales 3 y 4 del artículo 212 de la ley 600  de  2000,  que  establece  que  toda  demanda  de  casación deberá contener la  enunciación  de  la  causal  y la formulación del cargo, con la indicación en  forma  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos,  así  como de las normas que se  estimen  vulneradas,  de  tal  forma  que,  si  fueren varios los cargos, éstos  deberán  sustentarse  en  capítulos separados, o si  los   mismos   fueren   excluyentes,   también  podrán  plantearse  de  manera  subsidiaria.   

El recurrente, por el contrario, se limitó  a  señalar  que  en  el  presente asunto concurrían  todos  los  numerales  previstos en el artículo 207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y,  en lugar  de formular y desarrollar  los  cargos  frente a cada una de tales causales de procedencia, lo que hizo fue  incluir  dentro  de apartados que denominó      de     distintas     formas  (“Actuación          procesal”,    “De    las   causales   de  casación”,  “De  la  nulidad”,  “Error de  hecho”  y  “Error de  derecho”)    una  variedad  de alegatos que  al  parecer no guardan ninguna relación temática o  secuencial o de cualquier otro orden lógico entre sí.   

Incluso haciendo abstracción de semejantes  inconsistencias,  tampoco  resulta  posible  dilucidar  de manera razonable qué  pretendía  el  demandante  con  la  interposición del recurso. Al principio   del   escrito,   parecía  dirigir  la  atención hacia la garantía judicial de la asistencia técnica del  procesado   debido  a  la  múltiple  sucesión  de  defensores,   tanto   de   confianza   como   de   oficio,   que   representaron  profesionalmente  a  CÉSAR  AUGUSTO  SOTO  MONCADA  a lo largo de la actuación  procesal.   

A     continuación,     quiso  cuestionar  la variación de la  calificación    jurídica    otorgada    en   audiencia   pública,   pero   sin   especificar  si  se  trataba  de  un  vicio   de   actividad  (error    in   procedendo)  o  de  juicio  (error  in    iudicando),   pues    en    un   comienzo   se   quejó  porque  no  se  recibieron  testimonios tendientes a  desvirtuar  la  adecuación  típica  por  la  conducta  punible de estafa       agravada,  y  al  final  sostuvo que, a pesar de  que  sí  se  trataba de una defraudación contra el  patrimonio  económico  en ese sentido, no concurría  en  su criterio la agravante específica señalada en  el   numeral   1   del   artículo   267 del actual Código Penal.   

Enseguida,        sugirió que el juicio debía  ser  invalidado, pero no por la falta de defensa técnica del  procesado,  sino  por  el  trámite  posterior  que se le dio a la figura de la  variación   de   la   calificación   jurídica   de   la  conducta,  y  para  ello  profundizó  en el  hecho  de que todo obedecía a una nulidad de índole  “supralegal”,  olvidando  que en la actualidad, como lo ha señalado  la  Corte,  la  distinción  entre  nulidades    legales   y   de   carácter   constitucional    carece    de    sentido    desde  que,  años  atrás,  se  pasó  a  una  regulación  genérica de las mismas y se acogió el principio de  taxatividad2.   

Luego,   se  lamentó  porque  la  segunda instancia acogió idéntica postura a la del a quo  al  valorar la versión de los hechos rendida por CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA en  la  diligencia  de  indagatoria y, como si ello tuviere directa relación con lo  enunciado,  volvió  a  quejarse de que con la variación de la calificación se  le vulneró a su protegido el derecho de defensa.   

Y,    por    último,    reclamó  que  el  Tribunal no debatió los argumentos del recurso  de   apelación   y   no  decretó  ninguna  de  las  nulidades  en  su  momento  solicitadas.   

Como  si lo anterior fuese poco, ninguno de  los  reproches  que  en  las  distintas  secciones  de  su  escrito presentó el  demandante   fue   sustentado   más  allá  de  las  simples  aseveraciones  de  inconformidad    o    de    manifestaciones    que  implican   de   antemano   el   conocimiento   del  contradictorio,   sin  que  de  ninguna  manera  se  evidencie  en forma clara una verdadera confrontación entre la postura adoptada  por  las  instancias y el problema jurídico que en su momento se haya traído a  colación.  Pareciera,  en  últimas, como si el demandante invitara a la Sala a  estudiar  oficiosamente  y  de  fondo  el  expediente en relación con una serie  desordenada  de  diversos  temas cuya procedencia para los fines de la casación  jamás fue sustentada dentro del escrito.   

Finalmente,  el  defensor  citó  en  un  apartado  que denominó  “Un   fallo    de    la    Corte    Suprema    de   Justicia”,  una  decisión jurisprudencial en  la  que  se  consideró subsanable el hecho de que un demandante en casación no  haya  precisado  si  la  violación  a la ley sustancial que planteó fue por la  vía directa o la indirecta.   

Lo   anterior   no   guarda   relación  alguna  con  la  absoluta  falta  de cumplimiento de  requisitos  que  con  su  escrito propone el demandante, pues una cosa es que se  formule    y    desarrolle    correcta-mente  un  cargo  al  amparo  de  la  causal primera de casación,  aunque  por  una  inocua  omisión  no se precise si se trata de una violación  directa  o  indirecta  de  la ley sustancial, y otra  cosa  muy distinta es lo que sucede en este caso, en  el  que  ni  siquiera  se  conoce  qué  clases  de  reproches quiso plantear el  defensor,   ni  bajo  qué  concretas  circunstancias  de  procedencia    se    propuso    impugnar    la    decisión    proferida  por  el  ad  quem, pues con un tal proceder        es        imposible  enmarcar  la  admisión  del extraordinario recurso, así  como   propiciar   la  eventual  caída  de  la  doble  presunción  de acierto y legalidad que a dicha  providencia le asiste.   

1.3. En    este   orden   de   ideas,   el  defensor   de   CÉSAR  AUGUSTO   SOTO   MONCADA  se  alejó  de  los principios de sustentación suficiente, crítica vinculante,  coherencia  y  no  contradicción, principios que no sólo encuentran arraigo en  el  carácter  dispositivo  del  recurso,  sino  que  además   implican   que   la   argumentación  debe  bastarse  por  sí misma  para  propiciar el derrumbamiento del fallo, en la medida en que los    desarrollos   críticos   de   la  demanda   deben  estar  fundados  en  las  causales  taxativamente  previstas  en  la  ley,  así  como  estar  sometidos  a precisos  requisitos  de  forma y contenido conforme a la causal o causales invocadas, con  identidad   temática   y   ajustados   a   las   exigencias   básicas   de  la  lógica,  tanto general como jurídica, y sin que la  Corte pueda entrar a suplir vacíos ni a corregir deficiencias.   

En consecuencia,  la  Sala  no admitirá la  demanda  de  casación presentada en contra de la sentencia de segunda instancia  proferida    por    el    Tribunal    Superior   de  Bogotá.   

2. Cuestiones finales  

Teniendo  en  cuenta  que  la  resolución de  acusación   cobró   firmeza   el   19   de   septiembre   de  20023 (fecha en la  que   quedó   ejecutoriada  la  decisión  que  declaró  desierto  el  recurso  interpuesto  contra  la  calificación del mérito del sumario), sería del caso  pronunciarse  acerca  de  la prescripción de la acción penal por las conductas  punibles    de    falsedad    personal  y  constreñimiento ilegal  que fueron objeto de fallo absolutorio por las instancias, si no  fuera   porque   la   Sala   tiene   dicho   al   respecto  que  “ante  el  doble camino de absolver o decretar la prescripción, el  juez  debe  optar  por  la  solución  que  de manera más acabada restituya los  derechos  conculcados, o cuando menos limitados o puestos en tela de juicio, del  acusado,   y  ella,  no  cabe  duda,  es  el  mecanismo  absolutorio”4  y,  por  lo tanto, la Corte  hará  prevalecer  la  decisión  absolutoria  a  favor  de  CÉSAR AUGUSTO SOTO  MONCADA.   

Por  último,  es  menester  aclarar que la  acción  penal  por  la  conducta  punible  de estafa  agravada    no    ha    prescrito.    Lo  anterior, porque si bien es cierto  que  el  delito  objeto  de  acusación  fue  en  principio  el  de abuso    de    confianza,  cuya  pena  máxima en esta y la anterior legislación no supera  los  cinco  años,  también  lo  es que,    al   operar   el   mecanismo  de  la  variación  de la calificación jurídica de la  conducta,  el  término  que  se  debe  tener  en  cuenta  para  efectos  de  la  prescripción  es  el  de  la conducta por la cual se  condenó. Así lo ha sostenido la Sala en una línea  jurisprudencial        ratificada a partir del auto de 14 de febrero de 2002:   

“En  cuanto al momento a partir del cual  se  interrumpe  el  lapso de prescripción de la acción penal, cuando se varía  la  calificación,  ninguna  reforma  hay  en  la nueva legislación, por lo que  sigue  siendo  la  ejecutoria  de  la resolución de acusación, no sólo porque  así,  de  manera perentoria, lo establece la ley (artículo 86 de la ley 599 de  2000),  sino  porque  lo  que determina esa interrupción es la finalización de  una  etapa  del  proceso y el comienzo de otra y, así haya modificaciones en la  calificación, ese instante no sufre alteraciones.   

”Tampoco   cambia   el   término   de  prescripción  de  la acción, el cual sigue fijado por el delito por el cual se  profirió  la  resolución  de acusación, ya que la variación efectuada por el  fiscal  o  la  propuesta  por  el  juez  como objeto de debate y no admitida por  aquél,  no  son,  como  se  dijo, sino posiciones jurídicas que, en guarda del  derecho  de  defensa,  de  la  lealtad  procesal  y de la estructura lógica del  proceso,  se  les ponen oportunamente de presente a los sujetos procesales, para  que  las  debatan  y  así  poder  fijar  un nuevo marco de congruencia entre el  pliego de cargos y el fallo.   

”Sólo  si  se  condena,  el  lapso  de  prescripción  de  la  acción  penal  se  alterará,  pues pasará a ser el del  delito    por    el    cual    se    condenó”5.   

En    este  asunto,  como quiera que las instancias condenaron a  CÉSAR   AUGUSTO   SOTO   MONCADA   por  la  conducta  punible  de  estafa   agravada  por  la  cuantía,  comportamiento  que  fue  objeto  de la figura de que trata el artículo 404 del  Código   de   Procedimiento  Penal,  salta  a  la  vista  que  el  término  de  prescripción  de  la  acción  penal  contado  a  partir de la ejecutoria de la  resolución  de  acusación  (19  de  septiembre de 2002) es, en aplicación del  principio  de  la  ley  penal más favorable, de seis  años,  debido  a que la pena máxima contemplada en  los  artículos 246 y 267  numeral   1   de   la   ley  599  de  2000,  actual  Código  Penal,   es   de   doce  años,  y,  por  lo  tanto,  la  acción  penal  por el delito en comento  aún no ha prescrito.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO ADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CÉSAR AUGUSTO SOTO MONCADA en  contra  de  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior  del Distrito Judicial de Bogotá.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese, cúmplase  y devuélvase al lugar de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                 ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                                                                             

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                         YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                           JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

Comisión    de   servicio                                                     Comisión de servicio   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  Sala  se  abstiene de dar el nombre completo de esta persona,  como  quiera  que  para la época en que se presentaron los hechos se trataba de  una  menor  de  edad,  de  conformidad  con  lo que se  desprende   del  numeral 8 del artículo 47 de la ley  1098 de 2006, Código de la Infancia y la Adolescencia.   

2   Cf.   sentencia   de   28   de   febrero  de  2002,  radicación  15024.   

3   Reverso   del   folio  171  del  cuaderno  I  de  la  actuación  principal   

4 Sentencia de 16 de mayo de 2007, radicación 24374.   

5  Auto  de  14  de  febrero de 2002, radicación 18457. En el mismo  sentido,  autos  de 24 de septiembre de 2002, radicación 12951, y 25 de febrero  de 2004, radicación 18641, entre otros.     

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