29892(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29892  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 248  

Bogotá, D.C., dos (2) de septiembre de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Corporación  resuelve  la petición de  pruebas  presentada  oportunamente  por  el  defensor  del  señor  CARLOS  ARTURO SÁNCHEZ CORONADO quien es  requerido en extradición.   

ANTECEDENTES   

Mediante Nota Diplomática No. 119 del 10 de  abril  de  2008  la  Embajada Británica solicitó la extradición del ciudadano  colombiano       CARLOS      ARTURO      SÁNCHEZ  CORONADO,   por  cuanto en su contra se dictó el mandamiento de detención No.  2660  el  29  de  enero  del mismo año en el Juzgado de Primera Instancia de la  ciudad  de  Westminster,  petición  a  la  cual se acompañó la documentación  respectiva debidamente traducida.   

El  mismo  10  de  abril  el  Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  con  Oficio  No. OAJ.E. 0704, remitió a la Cartera del  Interior   y   de  Justicia  esas  diligencias,  conceptuando  que  “En  atención  a lo establecido en nuestra legislación procesal  penal  interna…  el  Convenio  aplicable  al  presente  caso  es el Tratado de  Extradición  vigente entre los dos países, firmado en Bogotá el 27 de octubre  de 1888, aprobado por Ley 148 de 1888”.   

Posteriormente,  por Oficio No. OAJ.E. 0812  del  30  de  abril de 2008, el Ministerio de Relaciones Exteriores a través del  Jefe  de  la Oficina Asesora Jurídica manifestó a la Cartera del Interior y de  Justicia:   

“Debe tenerse en cuenta la Convención de  las  Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias  Sicotrópicas  firmada  en Viena el 20 de diciembre de 1988, que en su artículo  6º  y  en  especial  en el numeral 2º dispone: «Cada uno de los delitos a los  que  se  aplica el presente artículo se considerará incluido entre los delitos  que  den  lugar a extradición en todo tratado de extradición vigente entre las  partes…».   

Igualmente, me permito informar que frente a  la  Convención  de Viena de 1988 se realizaron las reservas y declaraciones que  se  adjuntan  y  que  mediante  nota  diplomática  OJ.AT.DM.  064829  del 22 de  diciembre  de  1997,  se  retiró  la reserva que Colombia formuló respecto del  artículo     3º     párrafo    (sic)  6º  y  9º  y  el artículo 6º de la Convención”.   

Con  fundamento  en  la  petición  de  la  Embajada  Británica  y de conformidad con lo previsto en el artículo 509 de la  Ley  906 de 2004, por Resolución del 12 de mayo de 2008 el Fiscal General de la  Nación  decretó  la  captura  del  señor  SÁNCHEZ  CORONADO,  la  cual  se  hizo  efectiva el día 15 de  igual  mes  y  año  por  miembros  del  Cuerpo Técnico de Investigación en la  ciudad de Cali.   

Por  su parte, el Viceministro de Justicia,  con  escrito  No.  OFI08-14262-DIJ-0100  del 22 de mayo de 2008, remitió a esta  Corporación  la  Nota  Diplomática No. 119 con la documentación recogida, por  lo  tanto, con auto del 4 de junio siguiente se requirió al señor SÁNCHEZ   CORONADO  para  que  nombrara  apoderado  judicial  y  así dar cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 510  del Código de Procedimiento Penal.   

Una vez el solicitado designó su defensor,  con  proveído  del  23 de junio de 2008 se le reconoció personería y a la par  se  ordenó  el  traslado  previsto en el inciso primero del artículo 500 de la  Ley  906  de  2004,  oportunidad  aprovechada por ese letrado para pedir algunas  pruebas.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Desde  ahora  es  conveniente  precisar que la práctica de pruebas  con  ocasión de la fase judicial del trámite de extradición está determinada  por  su  procedencia en punto del concepto que corresponde emitir a la Corte, el  cual,  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 502 de la Ley 906 de  2004      se      fundamenta,     “cuando  fuere  el  caso,  en  el cumplimiento de lo previsto en los  tratados             públicos”.   

         En     este     sentido,    como    lo  expresó     el     Ministerio    de    Relaciones  Exteriores  a  través del  Jefe   de   la   Oficina   Asesora  Jurídica,    el   asunto   que   ocupa   la  atención  se  rige por el  Tratado  de  Recíproca Extradición de Reos, firmado  en  Bogotá  el  27 de octubre de 1888 entre la Gran Bretaña y la República de  Colombia,  cuyo  contenido,  por  lo tanto, será el referente a tener en cuenta  para   constatar   la   procedencia   de   las   pruebas   solicitadas   por  la  defensa.   

         Igualmente,  es  preciso  poner  de  presente  que  en el artículo  139  de  la  Ley  906  de  2004  se  señala  a los jueces el deber de rechazar de plano los “actos  que  sean  manifiestamente  inconducentes,  impertinentes  o  superfluos”,  mientras  el  artículo 359 del mismo  estatuto     atribuye    a    tales    funcionarios  “la  exclusión,  rechazo  o inadmisibilidad de los  medios  de  prueba  que,  de  conformidad  con  las  reglas establecidas en este  código,   resulten   inadmisibles,   impertinentes,  inútiles,  repetitivos  o  encaminados  a  probar  hechos  notorios  o  que  por  otro  motivo no requieran  prueba”.  Finalmente,  el  artículo          375          ibídem  señala  las pautas para determinar la pertinencia de  las   pruebas,   al  subrayar  la  necesidad  de  que  las  mismas  se  refieran  “directa  o indirectamente a los hechos o circunstancias relativos a la  comisión     de     la    conducta”,     disposiciones     que     trasladadas    al    ámbito      del      trámite      de  extradición   también  servirán  de  parámetro  para  resolver  la  solicitud  del  apoderado judicial  del requerido.   

En    consecuencia,    sólo   se   decretarán   las    pruebas    pertinentes,   es   decir,  aquellas  orientadas  a  demostrar  los  supuestos  derivados    de    las   exigencias   previstas   en  el      tratado  mencionado.   Igualmente,  se  ordenarán     las     conducentes,  esto  es,  aquellas  autorizadas en la  ley  con capacidad para comprobar los precisos aspectos sobre los cuales compete  a   la  Corte  rendir  su  concepto.  Finalmente,  se  evacuarán          las          útiles, o sea  las   llamadas   a   acreditar   un  asunto  aún  no  corroborado   y   de   verdadero   interés  para  la  actuación.   

Fijadas las pautas  anteriores,      se      observa      que      el      defensor     reclama           “se  requiera  a la Embajada del Reino  Unido  para  [que]  allegue  a este trámite todos los  documentos  o  por  lo  menos  elementos  materiales probatorios suficientes que  respalden     su     solicitud”     de         extradición,  por  cuanto  en  ésta  se  hace una  relación  de  56  conductas presuntamente realizadas  por  su representado, de las cuales es necesario conocer algunos aspectos, tales  como      “saber  cuántos     inmuebles     adquirió  o  tuvo  en  posesión…,       cuántas      propiedades  transfirió,  cuál  la  cuantía de la  presunta  ganancia  originada  en el narcotráfico, a  qué   terceros   él  ayudó,   a  quién  le  transfirió  ganancias de la droga, qué       documentos       públicos  custodió…   y   qué  elementos hurtados manejó”.   

La observación  de   las  pruebas     pedidas    permiten  inferir    que    el    libelista   persigue   dos  propósitos   que   resultan   ajenos   a  la  fase  jurisdiccional       del       trámite      de  extradición.   

En  efecto,  en  primer  término,  pretende  se  requiera  a  la  Embajada Británica el  suministro  de  documentos y pruebas que respalden la  solicitud     de     extradición,    por  lo  tanto  en realidad intenta la  devolución  del  expediente  en los términos    del   artículo   497   del  Código   de   Procedimiento   Penal,  posibilidad  que  sólo  está  prevista  en la fase administrativa  inicial  del  trámite  en  cuestión, la cual únicamente compete al Ministerio  del  Interior  y  de Justicia, pues conforme a la norma aludida, si este órgano  gubernamental  observa  la  falta  de  piezas  sustanciales,  lo retornará a la  Cartera  de  Relaciones  Exteriores  con  la indicación detallada de los nuevos  elementos de juicio indispensables.   

No   obstante,  se  aprecia  que  en  la  comunicación    No.  OFI08-14262-DIJ-0100 del 22 de mayo de 2008, suscrita  por   el  Viceministro  de  Justicia,  se  expresó  que  era  remitida  a  esta  “Corporación  la  documentación presentada por la  Embajada  del  Reino Unido, teniendo en cuenta que se  encuentran   reunidos   los  documentos  que  exige  el  Convenio  aplicable  al  caso”  (subraya fuera de  texto).   

En  consecuencia,  al  agotarse  esa  fase  administrativa  inicial  y no encontrar el órgano competente falencia alguna en  la  documentación aportada por el país requirente, por cuanto está acorde con  las  exigencias  del convenio aplicable al caso particular y, a su vez, hallarse  la  actuación  en  la  Corte,  el  trámite  a  seguir  es  el dispuesto en los  artículos  500  y  501  de  la  Ley 906 de 2004, contrario a lo sugerido por la  defensa.   

El anterior es el entendimiento que la Corte  ha   dado   al   tema,   tal   como   se   desprende   de   la   siguiente  cita  jurisprudencial:   

“Por demás, como dispone el artículo 515  de  la Ley 600 de 2000 [hoy artículo 497], al Ministerio de Justicia es a quien  corresponde  examinar la documentación y devolverla al Ministerio de Relaciones  Exteriores,  si  encuentra  que faltan piezas sustanciales previo al envío a la  Corte,  lo  cual  no  ocurrió  porque la encontró perfeccionada, de manera que  así   observado  el  trámite,  la  Corporación  carece  de  competencia  para  cuestionarlo”1.   

Por lo tanto, la pretensión del defensor de  requerir  a la Embajada Británica para que aporte documentos y pruebas en orden  a  comprobar  las  56  conductas por las cuales se solicita en extradición a su  representado carece de fundamento.   

A  partir  del  mismo  requerimiento  el  apoderado    judicial  persigue  un segundo propósito, el cual se orienta a  que     las     pruebas    pretendidas   del   país   solicitante   demuestren   aspectos  relativos  a  la  existencia  de  las  conductas  por  las  cuales  es  reclamado  su  representado, ignorando con ello  cuatro situaciones de particular importancia.   

En      primer     término,  que  de  acuerdo  a  lo  dispuesto en el artículo  VIII  del  Tratado  de Recíproca  Extradición  de  Reos  suscrito  entre  la  Gran  Bretaña  y  la República de  Colombia,  “La  demanda  para la extradición de un  acusado  debe  ir  acompañada  de la orden de arresto expedida por la autoridad  competente  del Estado que exija la extradición y de  aquellas  pruebas  que,  conforme  a  las  leyes del lugar donde se encuentre el  acusado,  hubieran  de  justificar  su  aprehensión  si  el delito hubiese sido  cometido  allí” (subraya  fuera  de  texto),  en consecuencia, es claro que los medios de prueba aportados  deben  estar encaminados a demostrar la procedencia de tal actuación o, como lo  prevé  el  artículo  XI  del  mismo  convenio, fueren suficientes “para    justificar    el    sometimiento    del    procesado   a  juicio”2,  mas no como lo señala el defensor, quien reclama una intensidad  probatoria distinta.   

En segundo lugar, de acuerdo con lo previsto  en  el  artículo XII del tratado en cuestión, “las  autoridades  del  Estado  demandado  admitirán  como  pruebas las declaraciones  juradas  y las deposiciones de testigos tomadas en el otro Estado”,  de  tal  manera  que  por  este  motivo  carece de fundamento la  pretensión   de   la  defensa  en  aras  de  lograr  se  alleguen  “todos  los  documentos  o  por  lo  menos  elementos  materiales  probatorios   suficientes”   en   respaldo  de  la  solicitud de extradición.   

Igualmente,  en          tercer          término       desconoce     que     el     trámite     de  extradición en su fase jurisdiccional, de          conformidad  con los lineamientos establecidos  en  el  convenio suscrito entre la Gran Bretaña y la  República   de   Colombia,   no  está    concebido    como   un   proceso   y,   en   consecuencia,  no  hay  lugar a la práctica  de    pruebas    para    controvertir    las    allegadas    por    el    Estado  requirente.   

        Conviene  señalar  que  en  este  sentido  y  en aplicación del  Tratado  de Recíproca Extradición de Reos de 1888 la  Sala ha manifestado:   

“Con sobrada  razón  ha  expresado la  Corte  que  “En el incidente de extradición, dada la  naturaleza  y  las  finalidades  que  caracterizan  esta institución,  no  se discute, ante el Estado requerido, la responsabilidad o  inocencia  de  la  persona  solicitada,  ni,  por lo mismo, se adelanta       un       juicio      de  valoración   de   las  pruebas  que  sirvieron  de  fundamento   al   Estado   requirente   para   predicar   del   extraditado   la  comisión del hecho.   

Ese debate será  el  que  habrá  de adelantarse ante las autoridades  judiciales     del    estado    requirente,    con    toda    la    amplitud  que las normas procedimentales reconozcan y con el obvio  derecho  de  controvertir  los  elementos  de  juicio  existentes  y  de aportar  aquellos  que  sirven para comprobar que se es ajeno a la imputación”    (Providencia    de   30   de   abril   de   l985.    M.  P.    Dr.   Darío  Velásquez Gaviria).   

De manera que si las pruebas reclamadas se  dirigen   a    acreditar   ante   el   Estado  requerido,  la  inocencia  o  irresponsabilidad   de   la   persona   solicitada   en  extradición  y no su falta de identidad física o  el  incumplimiento  a  lo  previsto  en los tratados  públicos  que  rigen  la  materia,  como en el caso  sub      judice,  órbita  a  la  cual se circunscribe la defensa; las  pruebas  solicitadas con esa finalidad serán negadas  por      su      notoria      impertinencia”3   

.  

En cuarto lugar se debe tener en cuenta que  como  el  pronunciamiento acerca de la satisfacción de los requisitos previstos  en  los  artículos  VIII y XI del Tratado de Recíproca Extradición de Reos es  el  objeto  del  concepto  que  debe  emitir  la  Corte,  sólo  en  ese momento  corresponde entrar a resolver tal aspecto.   

Así las cosas, los argumentos expuestos con  antelación   resultan   suficientes  para  que  la  Corporación  determine  la  improcedencia  tanto  del  requerimiento  a  la  Embajada Británica como de las  pruebas  deprecadas  por el defensor del señor CARLOS  ARTURO SÁNCHEZ CORONADO.   

Finalmente,  como  la  Corte  no observa la  necesidad  de  practicar  pruebas  de oficio, de conformidad con lo dispuesto en  inciso  final  del  artículo  500  de la Ley 906 de 2004, se ordenará dejar el  expediente  en  Secretaría  de  la  Sala  por  el término de cinco (5) días a  disposición de los intervinientes en este trámite para alegar.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.   NEGAR  la  petición  de requerimiento a la Embajada Británica por las razones consignadas  en esta providencia.   

2.  DENEGAR  por  improcedentes  las  pruebas  solicitadas  por  el  defensor  del  solicitado  en  extradición      CARLOS      ARTURO     SÁNCHEZ  CORONADO.   

4.  CORRER  por  Secretaría  traslado  por  cinco  (5) días a los intervinientes dentro de este  trámite,  para  que  presenten  sus  alegatos  de  acuerdo a lo dispuesto en el  inciso  final  del  artículo  500  de la Ley 906 de 2004, una vez en firme esta  determinación.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÉS                                                YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Comisión de servicio  

JULIO ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                            JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Comisión de servicio  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Crf. Auto del 5 de julio de 2007, Radicado No. 26689.   

2 En  igual sentido, Concepto del 8 de mayo de 2003, Radicado No. 20385.   

3  Cfr.  Auto  del  28  de  julio  de  1995,  Radicado  No. 10412. En igual sentido  proveído  del  11 de  octubre    de    2001,   Radicado   No.18543.     

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