29732(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29732  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 189.  

Bogotá, D. C., catorce (14) de julio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La Sala procede a examinar las bases lógicas  y  de  adecuada  sustentación  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor   de  CARLOS  ALFREDO  FERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ  contra  la  sentencia  del  9  de  noviembre  de  2007  mediante  la cual el Tribunal Superior Militar confirmó el fallo proferido el 6  de  marzo  del  mismo  año por el Juzgado 141 de Primera Instancia, adscrito al  Departamento  de Policía de Bogotá, que condenó al procesado en mención a la  pena  principal  de  dos  (2)  meses  de prisión, así como a las accesorias de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término y  separación   absoluta   del   cargo  ocupado  en  la  Policía  Nacional,  como  responsable del delito de ataque al inferior.   

HECHOS  

          El  26  de  febrero  de  2003,  aproximadamente a las 7:20 horas, al  terminar  turno  de vigilancia en el Capitolio Nacional, el Sargento Viceprimero  CARLOS  ALFREDO  FERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ  agredió  físicamente  al  agente  Miguel  Ángel  Silva Sánchez por mostrar inconformidad frente  a  una  orden  impartida para la prestación de servicio de disponibilidad en la  Estación  del  Congreso  de  la  República,  que comprendería desde las 14:00  horas   y   hasta  la  culminación  de  las  sesiones  extraordinarias  que  se  realizarían  ese  día. La agresión causó lesiones en la nariz del agente que  le    produjeron    incapacidad    definitiva    de   nueve   (9)   días,   sin  secuelas.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La investigación la adelantó el Juzgado  185  de  Instrucción  Penal  Militar,  cuyo titular la inició el 7 de abril de  2003.  En  desarrollo  de la misma escuchó en indagatoria al implicado y luego,  el  30  de  junio  de  2004,  le resolvió la situación jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención preventiva por los delitos de ataque al inferior y  lesiones personales.   

2. Agotada la fase investigativa, el juez de  instrucción  remitió el proceso al despacho de la Fiscalía 149 Penal Militar,  funcionario  que,  finalmente,  decretó  su  clausura  en resolución del 10 de  noviembre del precitado año.   

3.  El  29  de  junio  de  2005 calificó el  mérito  del  sumario,  profiriendo resolución de acusación únicamente por el  punible  de  lesiones  personales, porque en relación con el ataque al inferior  decretó  la  cesación  de  procedimiento,  disímil  decisión  que produjo la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  siguiéndose  el juzgamiento por el atentado  contra  la  integridad  personal  por  cuerda separada, aun cuando, al final, el  proceso se archivó por desistimiento del afectado.   

4.  Al  desatar  la  consulta  ordenada  por  disposición  legal  respecto  de  la  cesación  de procedimiento, la Fiscalía  Cuarta   Penal   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  Militar  revocó  esa  determinación  y,  en  su  lugar,  profirió  resolución  de acusación contra  CARLOS   ALFREDO  FERNÁNDEZ  HERÁNDEZ  por  el  delito  de  ataque  al inferior, según decisión del 19 de  abril de 2006.   

5. Correspondió tramitar la fase del juicio  al  Juez 141 de Primera Instancia con sede en Bogotá, quien una vez celebró la  audiencia  de Corte Marcial, profirió el fallo posteriormente confirmado por el  Tribunal  Superior  Militar,  mismo  contra  el  cual  el defensor del procesado  interpuso  el  recurso extraordinario de casación, cuya demanda examina la Sala  desde el punto de vista de su adecuada y lógica fundamentación.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  formula  dos  cargos contra la sentencia del Tribunal, el  primero  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000 y el  segundo   con   apoyo  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  de  la  misma  disposición legal.   

          En    el    primer   cargo   sostiene  que  la  sentencia  de  segunda instancia está viciada de  nulidad  por  violación  al debido proceso al proferirse con desconocimiento de  los  artículos  29  y  221 de la Constitución Política y 16 y 236 del Código  Penal  Militar,  normas  que  definen la garantía del juez natural encargado de  juzgar  a  los miembros de la fuerza pública, en cuanto determinan que sólo se  haga  por  jueces y tribunales establecidos en dicha codificación y con arreglo  a  las  prescripciones  previstas  en esa normativa, entre las cuales aparece la  disposición  del  citado  artículo  236, a cuyo amparo las salas de decisiones  del  Tribunal  Superior  Militar  deben  estar  integradas por tres magistrados,  presididas por el ponente respectivo.   

          Tales  exigencias,  en criterio del censor, no se cumplieron en este  caso,  por  cuanto  la  decisión  de  segundo  grado  fue adoptada por solo dos  magistrados,  como  lo  confirma  la  constancia  secretarial  dejada  a reglón  seguido  de  sus firmas, en donde se expresa que el tercer magistrado integrante  de  la  Sala  no participó por haber sido retirado del servicio activo mediante  resolución  del  19  de diciembre de 2005 expedida por el Ministerio de Defensa  Nacional, sin que para entonces se hubiese provisto su reemplazo.   

          Considera  trascendente el yerro porque de esa forma “se  evitó  que  la  discusión  del  proyecto  se llevara a cabo de  manera  legal,  y que la sentencia suscrita por un número par de magistrados no  está  acorde con las leyes vigentes, quebrantando por lo tanto el orden legal y  constitucional”.  En  tal virtud, solicitó decretar  la  nulidad  a  partir  del  momento de producirse la irregularidad a efectos de  procederse a su corrección.   

          En   el   segundo   cargo,   postulado     de    modo    subsidiario,  predica  la  violación indirecta de la ley sustancial  por error de hecho proveniente de falsos juicios de existencia.   

          Sustenta  el  yerro  señalando  que  el ad  quem dio por probado que los hechos ocurrieron durante  actos   relacionados   con  el  servicio,  lo  cual  no  es  cierto  porque  las  declaraciones  del  denunciante,  así  como la de los testigos Dg. Casimiro   Antonio   Delgado  Estupiñán,  Subintendente   Mauro  Hernández  Acosta,    Agente    Noé   Casilimas   Sánchez  y Mayor Marco Aurelio Puentes  Valbuena demuestran que la agresión física propinada  por   el   procesado   al   agente   Ávila  Sánchez  ocurrió   cuando   había   terminado  el  turno  de  vigilancia,  es  decir,  por  fuera de las horas del servicio.    

          El  censor,  luego de evocar jurisprudencia constitucional, concluye  “que  para  que  un  ACTO  HUMANO  cometido  por una  persona  que  ostenta  la  calidad  de  miembro  de  la Fuerza Pública se pueda  catalogar  como  ACTO  DEL  SERVICIO, este debe efectuarse dentro de un ambiente  propio   del   SERVICIO   POLICIAL   –en este caso-”.   

          En  su  criterio,  de  haberse  aceptado  por  los falladores que la  agresión  física  se  cometió  en actos realizados por fuera del servicio, el  delito  de  ataque  al  subalterno  no  se  hubiera  podido configurar, errónea  conclusión  que  derivó  en  la  violación  indirecta  del  artículo 119 del  Código  Penal  Militar, por cuya razón pidió casar la sentencia impugnada con  el    fin   de   emitir   la   de   reemplazo,   necesariamente   de   carácter  absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Encuentra  la  Sala  que  la  demanda presentada por el defensor del  procesado   CARLOS   ALFREDO   FERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ  no  satisface  los  requisitos  lógicos y de adecuada  sustentación  previstos  en  el  numeral  3º  del artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000 y desarrollados por la jurisprudencia de la Corte  Suprema de Justicia, en su Sala de Casación Penal.   

            En   efecto,   en   el   primer   cargo  el  actor  olvida  que  la  pretensión  orientada  a  obtener  la  nulidad  de  la  actuación  requiere el  cumplimiento  de  unos presupuestos mínimos de fundamentación, compatibles con  el  carácter  extraordinario  del  recurso de casación, cuya naturaleza repele  las     argumentaciones     de     libre    postulación    propias    de    las  instancias.   

          Por  lo  anterior,  la adecuada presentación de una censura con tal  alcance  debe  contener  la  identificación  de la irregularidad, la expresión  clara  de  sus  fundamentos,  el  señalamiento  de  si  se trata de un vicio de  estructura  o  garantía,  la  indicación  de  la  norma  o normas violadas, la  mención  del  momento  procesal  en  donde  se  presentó la anomalía y de las  actuaciones   afectadas   con   la   misma,  así  como  la  motivación  de  su  trascendencia.   

          En  el  caso sometido a estudio, si bien el demandante identifica la  irregularidad  aducida,  no la motiva adecuadamente pues se limita a afirmar que  el  proferimiento  en  Sala  Dual de decisiones asignadas a la competencia de un  Tribunal  desconoce  el  principio del juez natural, sin abordar el examen de lo  dispuesto   en   el   inciso   primero  del  artículo  54  de  la  Ley  270  de  19961,  conforme al cual “Todas las decisiones  que  las Corporaciones judiciales en pleno o cualquiera de sus salas o secciones  deban  tomar,  requerirán para su deliberación y decisión, de la asistencia y  voto  de  la  mayoría  de  los miembros de la Corporación, sala o sección”.   

Como    se    observa,   la   mencionada  disposición2     permite    a    las   corporaciones   judiciales   adoptar  determinaciones  con  la  asistencia  y decisión de la mayoría de sus miembros  cuando  se  presenten  eventualidades  como permisos, enfermedades o situaciones  análogos,  sin  que  el demandante, se repite, hubiese explicado por qué en el  caso  de la Sala de Decisión a cargo, en sede de segunda instancia, del proceso  seguido  contra  el aquí procesado, no resultaba viable la aplicación de dicha  autorización legal.   

          Ahora   bien,   el   actor   tampoco   fundamentó   debidamente  la  trascendencia  del  yerro  denunciado,  pues  aun  cuando  sostiene que  la  decisión  del proyecto que posteriormente se convirtió en fallo no se llevó a  cabo  de  manera legal, no ofrece argumento alguno orientado a demostrar que con  la  participación  de  un tercer Magistrado en las deliberaciones suscitadas en  torno  al  proyecto, el sentido de la decisión finalmente adoptada hubiese sido  radicalmente distinta.    

         

         En    relación    con    el    segundo  cargo,   pasa  por  alto  el   casacionista   que   cuando   se   aduce   un   error   de   hecho  por  falso  juicio  de  existencia  corresponde  señalar si el  yerro   se  configuró  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una  prueba  (existencia  por omisión)  o  porque el sentenciador inventó una que no obra en  el  proceso (existencia por  invención),  precisando  cuál es el contenido de la  prueba  omitida  o  cuál  el  mérito asignado por el  juzgador    al   medio   supuesto   y,   en   ambos  casos,   indicando   la  trascendencia del error.   

         El    libelista    no    satisfizo    a    cabalidad   tales   exigencias,  pues  se   limitó   a   indicar  que  los  testimonios  de  Casimiro  Antonio  Delgado  Estupiñán,  Mauro  Hernández  Acosta,  Noé          Casilimas          Sánchez   y  Marco   Aurelio   Puentes  Valbuena   demuestran   que   la  agresión  física  propinada  por  el procesado al agente Ávila Sánchez  ocurrió  por  fuera  de  las horas del servicio, sin  precisar    si    el    sentenciador   omitió  la  apreciación  de  esas  pruebas  o inventó otras para  arribar a conclusión contraria.   

         De  igual  manera,  omitió efectuar una  apreciación  integral  del  conjunto  probatorio  en  orden  a  demostrarle  a  la  Corte que de no incurrir  en      el      yerro      denunciado,     el  fallador   no   habría  arribado  a  la  conclusión consistente en que si bien los hechos acaecieron al  terminar  el  turno  de vigilancia, la discusión desencadenante de la agresión  se  generó  por  una actividad relacionada próxima y  directamente       con      el      servicio,  como  lo  fue  la  inconformidad  exteriorizada  por  el  agredido  acerca  de la hora en que debían presentarse ese mismo día a prestar  nuevamente  seguridad en el Congreso de la República.   

         En  vez  de  realizar  la  labor de fundamentación en mención, el  censor  prefirió  presentar  su  particular  postura  acerca  del  mérito  probatorio  arrojado  por los testimonios que menciona, la  cual  opone  al criterio del fallador, pretendiendo que la Sala prefiera la suya  y  rechace la del Tribunal,  proceder  inadmisible en sede de casación atendida la  doble   presunción   de   acierto   y  legalidad  que  acompaña  la  sentencia  impugnada.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          Es  de  anotar que cuando se elaboraba la ponencia correspondiente a  la  presente  providencia el procesado allegó a la Corte memorial a través del  cual    aportó    escrito    de    desistimiento    de    las   “acciones   penales,   disciplinarias   y   civiles”   suscrito  por  el  afectado  Miguel Ángel  Ávila  Sánchez.  Sea esta, por tanto, la oportunidad  para   emitir  el  respectivo  pronunciamiento,  aunque  la  Sala  solamente  se  referirá  a  lo  relacionado  con  la  acción  penal  porque, de una parte, la  acción  disciplinaria es ajena a la presente  actuación y, de la otra, el  acusado  no obtuvo condena de carácter civil en los fallos de primera y segunda  instancia.   

          El  desistimiento  propuesto es a todas luces improcedente, tal como  lo  puso  de  presente  el Tribunal Superior Militar en su sentencia. De acuerdo  con  el  artículo 227 del Código Penal Militar, dicha figura procede solamente  respecto  de  delitos para cuya investigación y juzgamiento requieren querella,  situación  no  acontecida  con el ilícito de ataque al inferior, pues el mismo  es  perseguible  de oficio, conforme lo reiteró el artículo 1º, inciso 2º de  la  Ley  1058  de  2006,  modificatorio  del  artículo  578 de la codificación  precitada.   

         

          Baste  la  potísima  razón antes señalada para que la Corte, como  lo    hará,    deniegue    el    desistimiento   de   la   acción   penal   en  mención.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL de la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta   por   el   defensor  de  CARLOS  ALFREDO  FERNÁNDEZ HERNÁNDEZ.   

          2.-  NEGAR  el desistimiento de la acción  penal  presentado  por el afectado Miguel Ángel Ávila  Sánchez.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto  en  los  artículos  187  y 356  del  Código de  Procedimiento  Penal  de  2000  y  del  Código   Penal   Militar,   respectivamente,  contra  las          anteriores         decisiones   no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria   

    

1  Estatutaria de la Administración de justicia.   

2  Norma aplicable también a la justicia penal militar,  según  se  desprende de lo previsto en el artículo 12 de la Ley Estatutaria de  la Administración de Justicia.     

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