29648 (16-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29648  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  265  

Bogotá  D.C., dieciséis (16) de septiembre  de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  apoderado  de  la parte civil en contra de la decisión absolutoria del Tribunal  ad-quem.   

H E C H O S  

Así  los  resumió  el  juzgador de segundo  grado:   

“El sábado 8 de  octubre  de  2005,  como en otras ocasiones, CATHERINE  LOZANO  GARCÍA,  salió  con  su  entonces compañero  sentimental  y  padre  de  sus  hijos,  FABIO ENRIQUE  CHAPARRO  CRISTANCHO,  a departir bebidas embriagantes  en  distintos  establecimientos  públicos  nocturnos  de  la ciudad de Sogamoso  (Boyacá).   Pasada  la  media  noche,  junto  con  sus comunes amigos JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ  y  ORLANDO  GONZÁLEZ  a  quienes  convocaron  previamente, se  dirigieron  al  Club  Suamox de tal comprensión y allí continuaron la ingesta,  que  acompañaron  con música, hasta que hacia las 5:00 a.m. del siguiente día  ella  llamó  por  teléfono  al  celular  de  ELKIN JIMÉNEZ y le pidió que la  recogiera  porque  había disgustado con su acompañante.  Así ocurrió, y  con     ellos     se    fue    JUAN    CARLOS    mientras    que    FABIO  y  ORLANDO  permanecieron  en  el  sitio.  Cuatro  días  después,  CATHERINE  formuló denuncia penal (la número  1122)  y  ante  el  funcionario  receptor  contó  que  en  el último lugar que  visitaron       fue       accedida       carnalmente       por      FABIO,  quien  aprovechó  su  salida del  baño  para  arremeter  contra  ella  en  forma  tan  violenta  que le permitió  consumar     dicho    atentado    contra    la    libertad    sexual”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos, la Fiscalía Seccional 22 de Santa Rosa de Viterbo, Delegada  ante   el   Circuito  de  Sogamoso  (Boyacá),  a  través  de  resolución  del  6  de  marzo  de  2006  (fl.  95-100,  cuaderno  original  No. 1), acusó     a     FABIO    ENRIQUE    CHAPARRO  CRISTANCHO como autor de la conducta punible de acceso  carnal   violento   (artículo   205   de   la   ley   599  de  2000),   decisión  que  cobró  ejecutoria  el  21  de  marzo de 2006, tras  ser  declarado  desierto  el  recurso  de apelación elevado en su contra por el  defensor del acusado.   

2.   La etapa  del  juicio  la  tramitó  el  Juez  1º  Penal  del  Circuito  de Sogamoso que,  el  24  de  octubre  de 2006,  dictó  sentencia  (fl.  134-154)  por  medio de la cual condenó a FABIO  ENRIQUE  CHAPARRO  CRISTANCHO  a la  pena  principal  de  99  meses de prisión,      a  la   accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término que la pena privativa de  la  libertad,  así  como  al  pago de 5 salarios mínimos legales mensuales por  razón  de  los  perjuicios  morales  ocasionados,  como  autor  del  delito  de  acceso   carnal   violento  (artículos  205  del  Código  Penal),  al  tiempo  que le negó la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

3.  Apelada la  anterior    decisión    por    el    apoderado   del   procesado   FABIO         ENRIQUE         CHAPARRO        CRISTANCHO, fue revocada en  su  integridad  por  el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo que, mediante  decisión  de  segunda instancia del 13 de diciembre de  2007    (fl.    11-37,    c.o.    2),   absolvió al procesado.   

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

1.  El apoderado de  la  parte  civil, en representación de los derechos sucesorales de los hijos de  la   fallecida   ofendida,   ARLETH  CATHERINE  LOZANO  GARCÍA,  presentó  demanda  de  casación  en la que  postula  un  cargo  único  por  infracción  indirecta  de  la  ley sustancial.   

Cargo único: error de hecho por falso juicio  de identidad.   

2.   En  los  términos  de  la  causal  de casación descrita en el artículo 207-1 de la ley  600  de  2000,  el demandante censura que el Tribunal violó de manera indirecta  la  ley  sustancial,  como  consecuencia  de  incurrir  en  error de hecho en la  modalidad  de  falso  juicio  de identidad.   Aduce  que el yerro  acusado  condujo al fallador  a  violar  los  artículos  9  al  12,  22, 29 y 205 de la ley 599 de 2000, como  consecuencia  de la indebida aplicación del artículo 232 de la ley 600 de 2000  (fl. 105, c.o. 2).   

3.    Tras  repasar  el  fundamento de la decisión impugnada (fl. 106-111), el casacionista  afirma  que  la absolución fue el producto de la tergiversación probatoria, ya  que  los  medios  de  convicción demuestran algo que no corresponde a lo que el  Tribunal declaró.   

Los medios de convicción tergiversados y su  parte cercenada fueron los siguientes:   

a)  A  la denuncia  formulada     por     ARLETH    CATHERINE    LOZANO  GARCÍA,  el  sentenciador  le  recortó aquella parte  donde  afirma que el procesado la golpeó en todo el cuerpo y en el oído en dos  oportunidades,  así  como  la afirmación según la cual aquella le preguntó a  JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ  si  la  había  escuchado  gritar.  El fallador también  omitió  el  fragmento  de  la  denuncia  donde  LOZANO  GARCÍA  expresa que CHAPARRO  CRISTANCHO  no  la  dejó  salir  del establecimiento,  razón  por  la cual debió llamar a ELKIN JIMÉNEZ, así como la mención de la  ofendida,  según  la  cual  ZULMA  LILIANA  ÁVILA  y   MELBA MEJÍA   advirtieron su estado.   

Lo  propio  ocurrió  con  el  dicho  de  la  denunciante  en las partes en que afirmó que nunca había convivido como pareja  con  el procesado; que desde 8 meses atrás no sostenía relaciones sexuales con  él;  que  anteriormente  había  sido  sexualmente  abusada por el acusado; que  desde  9  años  atrás  el  procesado  la  sometía a violencia física; que en  oportunidad  anterior  éste  le  había roto el pantalón en otra agresión del  mismo  tipo  y  que,  para  el  momento  de  los  hechos,  aquél  se encontraba  “prendido,     pero     no    borracho”,  mientras  ella  había  ingerido  3  cervezas  (fl. 111-112).   

b) Del informe del  reconocimiento   sexológico   practicado   a   LOZANO  GARCÍA   por  Medicina  Legal,  el  sentenciador  no  advirtió  que  en  él  se  describen  13  lesiones  en total, una excoriación  ubicada  en  los  órganos  genitales  externos  y  se  registra  el hallazgo de  “ano  hipotónico grado uno, es decir que presentaba  un   trauma   consistente   en  pérdida  de  la  rigidez  propia  del  músculo  anal” (112-114).   

c) De la indagatoria  de  CHAPARRO  CRISTANCHO, el  fallador  cercenó su manifestación, según la cual 2 horas antes de empezar la  ingesta     de     licor,    habló    con    LOZANO  GARCÍA para que tuvieran relaciones sexuales; que los  hechos  tuvieron  lugar  en  el  baño  del  club  y  desde  allí  LOZANO   GARCÍA  llamó  a  JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ,  luego  de  lo  cual  aquella  se  dirigió  a éste para relatarle lo  ocurrido;  que  LOZANO GARCÍA  le  pidió  que  le abriera la puerta pero  él, al notarla “alterada  y tomada”, le manifestó que lo  haría     cuando    se    calmara;    que    LOZANO  GARCÍA  llamó a un muchacho que llegó a recogerla a  las     7     a.m.,     mientras     que    CHAPARRO  CRISTANCHO   permaneció  en  el  lugar  con  ORLANDO  SÁNCHEZ;  que  el procesado admitió que le quitó la ropa a su compañera, que  habían  forcejeado,  que  él  pudo causarle las lesiones y que “toda  la  culpa no la tengo yo”; que para  enero    de    2005,    la   relación   con   LOZANO  GARCÍA  se  mantenía; que la última vez que mantuvo  contacto  con  aquella  fue  8 días antes de los hechos, en casa de JUAN CARLOS  SÁNCHEZ (fl. 114-115).   

d)  Al analizar el  testimonio  de  JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ,  el  sentenciador no advirtió su relato  sobre  cómo  percibió  a  LOZANO GARCÍA  después  de  la  agresión,  ni que minutos después el procesado  dijo  no  saber  qué  le había pasado ni acordarse de lo ocurrido; tampoco que  LOZANO  GARCÍA estaba sobria  y   se   daba   cuenta  de  sus  actos,  que  CHAPARRO  CRISTANCHO  estaba  “bien  prendido”   y   que  los  dos  no  convivían  (fl.  115-116).        

e) De la ampliación  de  denuncia,  el fallador cercenó aquella parte donde la ofendida expresó que  el  procesado  estaba  muy agresivo el día de los hechos; que le pidió perdón  después  de  éstos;  que  el  ataque había incluido penetración anal; que no  acudió  de inmediato a denunciar el hecho porque desconocía el horario laboral  de   la   oficina   pública   correspondiente  y  estaba  muy  maltratada  (fl.  116).   

f)   De  la  ampliación  del  testimonio  de JUAN CARLOS SÁNCHEZ, el fallador cercenó todo  aquello  que denotara contradicción y solamente tomó aquella parte donde éste  afirmó  que  LOZANO  GARCÍA  estaba  borracha, que había  vomitado,   que  no  vio  rota  la  cremallera  de  su  pantalón,  que  ella  y  CHAPARRO   CRISTANCHO   se  habían  quedado en su casa y que la madre de aquella la había chantajeado para  que no manifestara la verdad de lo ocurrido.    

En  contraste,  agrega  el  demandante,  el  sentenciador  dejó  de  lado  las  siguientes contradicciones: que LOZANO   GARCÍA  no  estaba  sobria  sino  ebria;  que  la  pareja salía cada 8 días; que la ofendida no dijo que desde 8  meses  atrás  habían  terminado la relación; que el testigo SÁNCHEZ dijo que  LOZANO  GARCÍA  tenía unos  moretones  en  las  piernas  causados  por  una  caída,  fruto  de su estado de  embriaguez   y   no   por   el  maltrato  de  CHAPARRO  CRISTANCHO,   con   el  fin  de  apoyar  la  versión  exculpatoria de esta último (fl. 116-117).   

g)  El  fallador  descalificó,  por  considerarla  parcializada,  el  testimonio de ZULMA LILIANA  ÁVILA,   razón   por   la   cual   –asegura  el  censor-  cercenó  aquellas  partes  en  las  cuales la  deponente   dice   que   LOZANO   GARCÍA  llegó  a  su  casa  con  una  crisis  nerviosa  y  con el cabello  alborotado;   que   le   notó  “el  yin”   roto   en   la   parte   de  la  cremallera;  que  venía  con  “tufo”  mas no borracha;  que  aquella  no  hacia  sino  llorar;  que  la  ofendida  le relató los hechos  relativos  a  la  agresión  y  fue ella quien le sugirió acudir a la fiscalía  (fl. 117).   

Los    errores   aludidos   –asegura   el   demandante-   tuvieron  trascendencia   en   la  absolución  que  el  Tribunal  impartió  a  favor  de  CHAPARRO    CRISTANCHO,  toda  vez que le hicieron ver  al   ad-quem,   de  manera  equivocada,  que  el  testimonio  de  CATHERINE LOZANO  GARCÍA, conformado por sus diferentes intervenciones,  era   la  única  prueba  de  cargo,  y  que  además  reñía  con  la  verdad,  “aunado  a  datos  de la personalidad de la víctima  que  ponían  en  tela  de  juicio  el ánimo de accionar jurisdiccionalmente en  procura de justicia”.   

Agrega  el  casacionista que el hecho de que  LOZANO GARCÍA hubiera puesto  la  denuncia  4  días  después de los hechos, que el dictamen médico legal no  relacionara  la lesión en el oído, que en su segunda intervención -y no en la  primera-  la  víctima  hubiera  expresado  que  el ataque incluyó penetración  anal,  que  JUAN  CARLOS SÁNCHEZ cambiara su versión inicial para decir que en  realidad  no había visto un daño en la cremallera del pantalón de la ofendida  y  que  reconoció  haber  mentido  cuando  antes  había dicho que CHAPARRO  CRISTANCHO estaba sobrio, no son  circunstancias  –asegura el  casacionista-   que,  como  lo  apreció  el  Tribunal,  en  verdad  constituyan  “afrentas  a  la  verdad”  (fl. 118).   

El  censor  agrega  que para el Tribunal las  pruebas  le llevaron el convencimiento de que el contacto sexual fue en realidad  un  juego  erótico “de que si, de que no”,   producto   de   los   efectos   del  alcohol  “que    desmantela    cualquier    voluntad   inhibitoria”,  y  critica  que  el  sentenciador  hubiera concluido en que no  existió    certeza    sobre    la    violencia    ejercida   por   CHAPARRO   CRISTANCHO,  para  efectos  de  cometer     el     acceso     carnal.     Dicha     conclusión     –afirma   el   casacionista-   fue  el  producto  de  las  tergiversaciones  probatorias  descritas,  y  su  corrección  conlleva la modificación del sentido del fallo (fl. 118-119).   

El libelista asegura que, de no haber mediado  los  yerros  acusados,  el  sentenciador  habría  visto   que  el dictamen  médico  legal  refiere  lesiones  en lugar cercano al oído; que era lógica la  razón  por  la  cual  la  ofendida no denunció el hecho inmediatamente; que la  mención  de  la  penetración  anal  “no surgió por  generación   espontánea”;   que  dicha  práctica  encontró  respaldo  en la prueba científica; que la rotura del pantalón de la  ofendida  fue  real, tal como lo declararon JUAN CARLOS SÁNCHEZ y ZULMA ÁVILA;  que  a  la retractación del primero no debió otorgársele credibilidad, puesto  que    fue    vertida    para   apoyar   las   exculpaciones   de   CHAPARRO  CRISTANCHO; que era inverosímil  la  versión  de  JUAN CARLOS SÁNCHEZ y ELKIN JIMÉNEZ, en el sentido de que la  madre  de  LOZANO  GARCÍA la  tenía  presionada  para  que  no  retirara la denuncia; que, aún cuando el hoy  procesado  había bebido, se encontraba consiente de sus actos al momento de sus  hechos.   

Así mismo, agrega el censor, si el juzgador  no   hubiera  incurrido  en  los  yerros  acusados,  no  hubiese  apreciado  que  CHAPARRO   CRISTANCHO   y  LOZANO GARCÍA se comportaron  como  pareja  la  noche  de  los hechos y, por lo tanto, de manera voluntaria se  dirigieron  al  baño, como tampoco habría admitido que la desavenencia surgió  cuando  el  segundo,  durante  el contacto sexual, mordió a ésta en sus partes  íntimas.   Afirma  el  censor  que  la última hipótesis del sentenciador  parte  de  dos  errores: que los dos involucrados se comportaron como pareja, lo  cual  resulta  ser equivocado porque tal cosa solamente la refiere el procesado,  y  que  el  hecho  de comportarse como pareja permite el acceso carnal de manera  violenta.   

De  otra  parte,  el  error  de apreciación  censurado,   impidió   al   juzgador  ver  que  la  agresión  de  CHAPARRO   CRISTANCHO  hacia  LOZANO  GARCÍA  encuentra apoyo, tanto en  la  denuncia  de la segunda como en la indagatoria del primero, como también le  impidió  apreciar que la ampliación de indagatoria fue preparada para revestir  de  lógica  la  exculpación  de la defensa y que la versión de la víctima se  halla  corroborada  por el dictamen médico legal y las reglas de la experiencia  (fl. 119-122).   

El casacionista concluye que el sentenciador  no  podía  declarar  la  duda probatoria, porque en realidad había certeza del  hecho  punible  y  de la responsabilidad del procesado (fl. 122-125), razón por  la  cual  solicita  a  la  Sala  que case el fallo impugnado y, en consecuencia,  profiera sentencia de reemplazo condenatoria (fl. 125).   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Como de antaño  lo  tiene dicho la Sala, el recurso de casación no es una tercera instancia del  proceso  penal  ni  un  escenario encaminado a desaprobar de cualquier manera la  apreciación  de  la  prueba  que  hace  el juzgador, como tampoco para detectar  cualquier clase de vicio en el trámite procesal.   

El  casacionista no debe perder de vista que  la  lógica  del proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinario,  y  que los deberes de una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran  su razón de ser en que el  recurso  es  de  naturaleza  rogada,  por  lo que exige una fundamentación que,  lejos  de  mostrar una discrepancia con la tesis judicial, acredite una evidente  y  trascendente  ilegalidad  en  ella,  razón  por  la cual no es procedente el  sustento  argumentativo  que  se  funda en vaguedades o que se encamina a buscar  que  la  Sala  analice las pruebas como juez de instancia, sino que es necesario  enunciar  con  toda  claridad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y  acompañar   dicho   enunciado   con  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  su postulación y desarrollo, tal como lo establece el numeral 3º del  artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

2. Ahora bien, vista  la    vía    de    ataque   que   ensaya   el   demandante    –violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  consistente en falso  juicio   de   identidad-  la  Corte  estima  necesario  recordar  que,  como  lo tiene dicho, dicho yerro se presenta cuando el juzgador  al  apreciar  la prueba, distorsiona su contenido fáctico por una cualquiera de  las   siguientes   razones:   “(1)  porque  le  hace  agregados  que no corresponden a su texto (distorsión por adición), (2) porque  omite  tener  en  cuenta  aspectos  importantes  de  la  misma  (distorsión por  cercenamiento),    y    (3)    porque   altera   su   texto   (distorsión   por  transmutación).”1  Este es un yerro de carácter  objetivo  contemplativo,  el cual recae sobre el contenido o expresión fáctica  de la prueba.   

En  tal  supuesto,  ha  dicho  la  Sala,  el  casacionista  debe  acreditar  mediante  la comparación de lo que dice el medio  probatorio  y  la  concreción  que  de  su  texto hiciera la sentencia, en qué  consistió   el  desacierto  de  los  juzgadores  de  instancia  y  cómo  éste  repercutió  en  el  sentido  del  fallo, es decir, deberá acreditar que sin la  existencia  del  yerro denunciado, la situación jurídica del procesado hubiese  sido sustancialmente opuesta.   

3.  En el caso  sometido  a  consideración  de  la  Sala,  se  observa que los argumentos de la  demanda  no  cumplen con los  requisitos  de  debida  fundamentación  que  permiten su admisión en esta sede  extraordinaria,  comoquiera  que  se  limitan  a mostrar una discrepancia con la  apreciación  judicial  y no atinan a demostrar que aquello que se dice omitido,  en  realidad  lo  fue.   Es por lo anterior, que desde ya, la Corte anuncia  que    inadmitirá    el  libelo.   

El  casacionista analiza la prueba aducida a  la  actuación  y  centra  el  argumento de sustentación del cargo en tratar de  enseñar  a  la  Corte  cuáles fragmentos de uno u otro medio de convicción el  sentenciador  no  contempló.   Pero,  al confrontar su razonamiento con el  fallo,  lo  que  se evidencia es que la mayoría de aquellos precisos hechos que  el  casacionista estima que el fallador cercenó de las pruebas, este último en  realidad  sí  los  tomó en cuenta, pero a la hora de otorgarles poder suasorio  se apartó de la interpretación de la defensa.   

En efecto, el sentenciador advirtió, de una  parte,  que  el  procesado  admitió que había sostenido un contacto sexual con  CATHERINE  LOZANO  GARCÍA en  el   baño  de  un  establecimiento  de  esparcimiento,  el  cual  terminó  con  agresiones  mutuas  cuando  el primero lastimó a la segunda.  Pero, por la  otra,  también  advirtió  que  la  pareja se dirigió voluntariamente al baño  donde  tuvo  lugar el encuentro íntimo, que éste estuvo antecedido de un juego  erótico,  el  cual  describió  como “de que sí, de  que  no”  y que, gracias a los efectos de la ingesta  de  bebidas  alcohólicas  que venía teniendo lugar por ambos desde cerca de 12  horas  atrás, terminó en una relación sexual en principio consentida, la cual  se  interrumpió cuando CHAPARRO CRISTANCHO  lastimó  a  LOZANO GARCÍA al morderla en su vagina.   

Por  lo  tanto, las bases del fallo permiten  ver  que  el  sentenciador no cercenó la prueba, sino que la apreció de manera  diferente a los intereses de la defensa.   

De manera concordante con lo anterior, véase  que  el  sentenciador  se  percató  que  el dictamen médico legal registró el  hallazgo   de   una   excoriación   en   el  órgano  genital  de  LOZANO  GARCÍA, así como la detección de  ano  hipotónico, pero dichas  evidencias  las  apreció  como  el  resultado  de  un  contacto  sexual  que en  principio  fue  consentido,  de allí que, según el juzgador, no concurriera la  violencia al momento del acceso carnal (fl. 33, 30, c.o. 2).    

De  manera  análoga,  la Sala advierte que,  aunque  es  verdad  que  el Tribunal no mencionó las equimosis que registró el  reconocimiento  médico  legal,  también  lo es que aquél sí apreció aquello  que  el censor pretende demostrar aquí con dicho medio de convicción, esto es,  que   CHAPARRO   CRISTANCHO  admitió  que  “en el forcejeo que se presentó pudo  haberle       ocasionado       lesiones      personales      a      CATHERINE,   tal   como   se  lo  contó  (CHAPARRO  CRISTANCHO) a ELKIN, días después que ella, por ser tan malgeniada,  reaccionó  bruscamente  contra él y le rompió un vaso en la nariz”  (fl.  35,  c.o.  2).   En consecuencia, surge nítido que,  como  ya se ha indicado, aquello que el casacionista estima omitido, en realidad  no  lo  fue,  sino que el juzgador lo apreció de manera diversa a los intereses  defensivos.   

Ahora  bien,  que el sentenciador no hubiera  otorgado  un  mejor  poder  suasorio a las declaraciones de ZULMA ÁVILA y MELBA  MEJÍA   por  las  inconsistencias  que  afectaban  sus  dichos,  o  que  de  la  declaración  de  JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ  el  fallador  solamente hubiera tomado  aquello   que   no  ofrecía  contradicción,  son  circunstancias  que  ninguna  irregularidad  demuestran,  toda  vez  que ambas corresponden al ejercicio de la  facultad  de  apreciación  razonada  que  le asiste al sentenciador, la cual en  este  caso no se observa desbordada, puesto que el Tribunal expresó las razones  por  las  cuales  descartó  la  veracidad de los dos primeros testimonios, así  como  los motivos por los cuales concedió un mejor mérito a las intervenciones  posteriores de JUAN CARLOS SÁNCHEZ.   

En apoyo de lo anterior, la Sala tiene dicho  que,  por  razón  de  la autonomía de apreciación probatoria que le asiste al  juzgador,  solamente  sujeta  a  las  máximas  de  la  sana  crítica, le está  permitido  descartar  del  medio  de  convicción  todo aquello que no le traiga  certeza; así se ha pronunciado:   

“De acuerdo con  el  sistema  de  valoración  probatoria  consagrado  en  la  ley,  el deber del  juzgador  de apreciar en su totalidad el conjunto probatorio no puede oponerse a  la  facultad  que  tiene  de desestimar todo aquello que no le dé certeza de lo  que  en  el proceso se pretende probar.  Por ello  es  completamente  viable  que  en  ese  ejercicio  tome  solo  una porción del  testimonio  y  deseche  lo  demás,  sin que se puedan elevar a la categoría de  errores  de  apreciación  probatoria  los juicios del sentenciador a través de  los   cuales   establece   el   mérito   de  los  elementos  que  sustentan  el  fallo,  salvo  que  se  pretenda  demostrar  que  las  conclusiones  a  las  que  llegó  no  son  acordes  a  la sana crítica, único  postulado  al que está sometido” (subraya fuera del  original)2.   

Significa  lo  anterior  que,  por  haber el  juzgador  descartado  lo  que  no  le  traía certeza sobre la ocurrencia de los  hechos  y, de manera correlativa, al haber tomado aquella parte de la prueba que  le  traía un determinado convencimiento, no tergiversó ni cercenó el medio de  convicción,  sino  que obró dentro de la facultad de apreciación razonada que  le asiste.   

Más  aún,  en  el  caso  que  concita  la  atención  de  la  Sala,  es  evidente  que el fallador en verdad contempló las  interpretaciones  probatorias  que  favorecían  los  intereses  de  la ofendida  –las   mismas  que,  en  general,  el casacionista trae en la demanda –  pero estimó que no eran de  recibo.   

Fue así como el sentenciador se percató que  en  un  principio  JUAN  CARLOS  SÁNCHEZ  expresó  que  había  visto  rota la  cremallera  del pantalón de LOZANO GARCÍA  (fl.  26,  c.o.  2),  pero  se  inclinó  por  creer  su  versión  posterior,  según  la cual en realidad no vio tal cosa, como también  que  CATHERINE  LOZANO  GARCÍA le  pidió  a  su  compañero  que  la  acompañara al baño porque tenía deseos de  vomitar,  y  que  aquella estaba siendo coaccionada para no relatar la verdad de  lo ocurrido.    

De   manera  que,  insiste  la  Corte,  el  casacionista  no hace más que oponer su propia apreciación probatoria a la del  sentenciador,  cuando  afirma  que el dicho posterior de JUAN CARLOS SÁNCHEZ no  merecía  credibilidad;  que aquello que para el fallador fueron “atentados  contra  la verdad” en realidad  no   tenían   esa   connotación;   que   las   explicaciones  de  LOZANO    GARCÍA   sobre   sus   propias  inconsistencias  debieron  admitirse  o,  en  fin,  al  decir  que  no  existió  violencia  por parte de CHAPARRO CRISTANCHO  para  consumar el contacto sexual con su compañera, sino que, por  el  contrario,   ésta  terminó  por  aceptarlo  gracias  al influjo de la  ingesta de bebidas alcohólicas.   

La  misma  falencia  cabe  predicar  de  la  crítica  que  el  casacionista  formula  a la conclusión del fallador sobre el  estado  anímico  de  CHAPARRO  CRISTANCHO    y    LOZANO   GARCÍA,   toda  vez  que  no  pasa  de  oponer su propia apreciación a la del  fallador,  el  cual argumentó que tras una ingesta de licor por espacio de casi  12  horas,  no  era  de  recibo  admitir  que  los  miembros  de la pareja no se  encontraran   en   estado   de   embriaguez,  circunstancia  que  determinó  la  aquiescencia para el contacto sexual.   

Con  el  planteamiento  así  formulado,  el  casacionista  olvida que, como lo ha decantado la Corte, tampoco la apreciación  mejor   sustentada   y   más  científica  que  pueda  elaborar  en  esta  sede  extraordinaria  el  sujeto  procesal,  tiene  la  capacidad, por sí misma, para  derribar  la  apreciación  judicial,  como  no  sea  que vaya de la mano con la  demostración  de  un  yerro  ostensible  y  trascendente  de  ésta.  Sobre  el  particular, la Sala ha expresado que:   

“en esta sede, y  por  ninguna  de  las  sendas  de  ataque  puede  ser  objeto  de  discusión la  disparidad  de  criterios  entre  el  fallador  y el impugnante acerca del   valor  probatorio  que merece un determinado medio de convicción, lo cual tiene  su  razón de ser en la aludida doble presunción habida cuenta que el análisis  probatorio  realizado por el juzgador se halla privilegiado sobre la valoración  que  realicen  los  sujetos procesales, de modo que aún éste se evidencie como  más  científico  o  mejor  razonado  no podrá primar sobre el del juzgador en  tanto  no  se  demuestre  que  el  del segundo fue obtenido por la incursión en  alguno  de  los  errores  trascendentes”3 .   

Por  último,  de  los  otros cercenamientos  acusados,   el   casacionista  no  enseña  a  la  Corte de qué manera fueron determinantes en el sentido del  fallo,  de  modo  que,  una  vez  corregidos,  la  decisión  absolutoria pierda  necesariamente su fundamento lógico.   

Es  así  como  el  censor  no acredita qué  relevancia  puede tener para  derribar  el  fundamento  del  fallo  el  hecho  de  que  el  hoy procesado y su  compañera  hubieran  tenido  un  contacto  sexual  8  días antes, que hubieran  convivido  como  pareja,  que la relación afectiva estuviera rota desde 8 meses  atrás,  que  el  procesado hubiera manifestado no acordarse de lo ocurrido, que  hubiese  pedido perdón a la ofendida, o bien, que lo relativo a la penetración  anal fue referido de manera dirigida o espontánea.   

4.    En  conclusión,  como  ya  lo  anticipó  la Sala, el cargo formulado en la demanda de casación presentada por  el  apoderado  de  la parte civil no cumple  los requisitos de lógica y debida fundamentación que permiten su  admisión  en  esta  sede  extraordinaria,  motivo  por  el cual el libelo será  inadmitido.   

5.    Para  terminar,  se advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a  la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de la parte civil.    En  consecuencia,  se  declara  DESIERTO      el  recurso.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1                      Auto de 27 de mayo de 2003, radicado 19.812.   

2  Sentencia  de  16  de noviembre de 2001, Radicación:  14361   

3  Sentencia  de  12  de  octubre  de 2006, radicación:  26090     

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