29048(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29048  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 070.  

Bogotá,  D. C., treinta y uno (31) de marzo  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación de la demanda de casación presentada por la defensora  de   HOSMAN   FABRICIO  OLARTE  MAHECHA  contra  la  sentencia  del 13 de agosto de 2007, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Bogotá al confirmar, con algunas modificaciones, el fallo  proferido  el  9  de  febrero de 2007 por el Juzgado 39 Penal del Circuito de la  misma    sede,    condenó    al   mencionado   procesado   y   a   Gloria  Isolina  Díaz  Vda.  de Pava, como  coautores  del  delito  de fraude procesal, imponiendo al primero un (1) año de  prisión  y  a  la  segunda  ocho (8) meses de prisión. A los dos, además, les  irrogó  la  pena  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  determinado  a  cada uno para la  sanción de prisión.   

HECHOS  

          Los sintetizó el Tribunal de la siguiente manera:   

          “A  mediados de 1997, GLORIA DÍAZ V. DE  PAVA  le  prestó  una  suma  de  dinero, de aproximadamente $2.5000.000, a MERY  DANELLY  RUBIANO NOVOA. En respaldo de la deuda, ésta giró un cheque por valor  de  $5.159.850  y,  como garantía adicional por la misma obligación, una letra  de  cambio  por la misma suma. Aparte del valor, los dos títulos quedaron   con  los  restantes espacios en blanco. Debido a un error en que se incurrió en  el  diligenciamiento  de  la  letra,  la deudora giró una nueva, corrigiendo el  equívoco y sin recibir la letra de cambio anterior.   

          Posteriormente  la acreedora endosó los títulos valores al abogado  HOSMAN  FABRICIO  OLARTE  MAHECHA,  quien  instauró en contra de la deudora dos  procesos  ejecutivos,  uno  ante  el  Juzgado  20 Civil Municipal con base en el  cheque  girado,  en el que hubo lugar al levantamiento de las medidas cautelares  dispuestas,  y,  luego de ello, otro ante el Juzgado 51 Civil Municipal con base  en las dos letras de cambio”.   

          Es  necesario  agregar al anterior resumen episódico que el segundo  proceso  ejecutivo  fue  promovido el 23 de marzo de 2001 por el profesional del  derecho        OLARTE        MAHECHA.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La  investigación  estuvo a cargo de la  Fiscalía   72   Seccional   de   Bogotá,  cuyo  titular  inicialmente,  según  resolución  del  26  de  octubre  de 2001, adelantó diligencias preliminares y  luego  dispuso  la  apertura  de  instrucción  penal,  decisión  contenida  en  resolución del 19 de junio de 2002.   

2.  En  el curso de la instrucción vinculó  mediante  indagatoria  a  Gloria Isolina Díaz Vda. de  Pava  y  a  HOSMAN  FABRICIO  OLARTE  MAHECHA,  respecto de quienes, posteriormente,  se  abstuvo  de  precluir  la  investigación, resolviendo en forma desfavorable  petición  en  ese  sentido  formulada  por la defensa, cuyo pronunciamiento fue  confirmado por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá.   

3.  Mediante  resolución del 16 de enero de  2004,  el  fiscal  decretó  el cierre de la instrucción y calificó el mérito  del  sumario  el  26  de  mayo  siguiente  con  resolución de acusación contra  Gloria   Isolina   Díaz   Vda.  de  Pava     y     HOSMAN    FABRICIO    OLARTE  MAHECHA,  a  quienes  atribuyó  el  delito  de fraude  procesal.  Esta  decisión  obtuvo  confirmación el 28 de noviembre de 2005, en  virtud    de    la   apelación   interpuesta   por   el   propio   OLARTE MAHECHA.   

4.  Inicialmente,  correspondió tramitar la  etapa  del  juicio  al  Juez  38  Penal del Circuito de Bogotá, funcionario que  llevó  a  cabo  la audiencia preparatoria, pero luego se declaró impedido para  seguir  conociendo del proceso, por cuya razón lo asumió su homólogo, el Juez  39.  Durante la actuación posterior el apoderado de la parte civil desistió de  la  acción civil, manifestación aceptada en auto del 28 de septiembre de 2006.  Además,  la  procesada  Gloria  Díaz  Vda.  de  Pava  presentó  escrito  en el cual se acogió al mecanismo  de  sentencia anticipada. Entre tanto, el juez de la causa celebró la audiencia  pública    en   relación   con   HOSMAN   FRABRICIO  OLARTE.    

5. Concluida la vista pública, en un único  acto  procesal  el funcionario profirió la sentencia anticipada deprecada, así  como  la  atinente  al procesado que no se acogió a ese mecanismo, condenando a  éste  a  las  penas principales de 48 meses de prisión y 200 salarios mínimos  legales  mensuales  de  multa,  mientras a Gloria Díaz  a  32  meses  de  prisión  y  133.4 salarios mínimos  legales mensuales de multa.   

6. En razón de la apelación interpuesta por  la    defensora    de    OLARTE   MAHECHA,  el Tribunal Superior de Bogotá confirmó el sentido condenatorio  de  la  decisión  de  primer  grado,  pero  como consecuencia punitiva fijó al  aludido  un (1) año de prisión. Al hacer extensible el efecto benéfico de esa  decisión,   determinó  para  Gloria  Díaz  Vda.  de  Pava 8 meses de prisión.   

7.  La  misma  representante  judicial  del  procesado  acudió  al  recurso  extraordinario  de  casación  y  es así como,  oportunamente, presentó el respectivo libelo.   

LA  DEMANDA   

          La  defensa  formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal, el  primero  con fundamento en la causal tercera de casación prevista en la Ley 600  de  2000  y el segundo bajo el auspicio de la causal primera, cuerpo segundo, de  la misma disposición legal.   

          En     el    primer    cargo  aduce  la concurrencia de causal de nulidad, por violación de los  derechos  de  defensa y debido proceso, por cuanto, a pesar de haber sustentado,  en  su  momento,  la  apelación  interpuesta  contra  la  sentencia  de primera  instancia  mediante  dos  escritos  presentados en diferente fecha, aunque ambos  dentro  del  término  legal  para  hacerlo, el ad quem  sólo   se  pronunció  frente  al  primero  de  esos  memoriales,  negándose  a  responder los planteamientos plasmados en el segundo  con el argumento de que se aportó extemporáneamente.   

          Para  la  actora,  el  proceder del Tribunal va en contravía de los  artículos  29  de  la Constitución Política y 194, 204 y 306.3 del Código de  Procedimiento  Penal,  por  cuya  razón  pidió  decretar  la  nulidad desde el  momento   en   que   dicha  Corporación  avocó  conocimiento  del  recurso  de  apelación.   

          En    el    segundo    cargo  denuncia  la  violación indirecta de la ley, derivada de error de  hecho,  como  consecuencia  de  incurrir  el  ad  quem  en  falso  juicio de existencia por omisión, al dejar  de   apreciar   el   contrato   de   transacción   denominado   “acuerdo    para    la    terminación    de   acciones   civiles   y  penales”,  con  sustento  en  el  cual se produjo el  desistimiento  tanto  del  proceso  civil  adelantado  en  el  Juzgado  51 Civil  Municipal  de Bogotá, como de la acción civil correspondiente al proceso penal  seguido en el Juzgado 39 Penal del Circuito de la misma ciudad.   

          Según  la  demandante,  la  prueba  omitida fue incorporada legal y  oportunamente  a  la  actuación  y  su  no  apreciación  impidió  al Tribunal  reconocer   la   inocencia   del   procesado   OLARTE  MAHECHA, porque al recaer la transacción sobre objeto  y  causa  lícitas,  como  lo  reconoció  el  apoderado  de  la  parte civil al  suscribir  el  respectivo  documento, lo cual, por lo demás, ocurrió de manera  libre  y  espontánea,  se desdibujó totalmente la conducta de fraude procesal,  convirtiéndose  la  misma  en  atípica, conforme lo comprueba el hecho de que,  como  consecuencia  del desistimiento, el Juzgado 51 Civil Municipal dictó auto  de  terminación del proceso con efecto de sentencia absolutoria, situación que  impide predicar la existencia de medio fraudulento.   

          Consideró  la  casacionista que, aun cuando la señora Vda.   de  Pava  aceptó  los  cargos,  la  legitimidad   de   los   títulos   en   cabeza   del   procesado   OLARTE  MAHECHA  se  deriva  del endoso en  propiedad  que  le hiciera aquélla, lo cual lo convierte en un tenedor de buena  fe,  como  quedó  evidenciado  en  la  propia  transacción,  cuando  la propia  Gloria  Díaz Vda. de Pava le  reconoció  una  suma  de  dinero  a  título  de compensación por la deuda que  había  contraído con el profesional acusado y cuyo pago pretendió hacerle con  el endoso en propiedad de los títulos valores.   

          Es  de  anotar  que la libelista incluye en el sustento del reproche  citas  normativas  y  conceptos  doctrinales  relacionados  con  la definición,  efectos  y  características  de  las figuras jurídicas de la transacción y el  desistimiento,  con  cuyo  apoyo  solicita casar la sentencia impugnada y, en su  lugar, proferir fallo de reemplazo de carácter absolutorio.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          De  acuerdo  con  la sentencia del Tribunal Superior de Bogotá, los  hechos  por  razón  de  los cuales se emitió la condena dicen relación con la  instauración   en  el  Juzgado  51  Civil  Municipal  de  Bogotá  del  proceso  ejecutivo,  a  través del cual se pretendió cobrar fraudulentamente las letras  de  cambio libradas por la señora Mery Danelly Rubiano  Novoa   a   favor   de   la   procesada  Gloria  Isolina  Díaz  Vda. de Pava.    

          Si,  según  la  inveterada  jurisprudencia  de esta Sala, el fraude  procesal  es  un  delito  de  mera  conducta, cuya consumación ocurre cuando el  sujeto  activo,  “así no  obtenga  el  resultado  perseguido,  proceda  con  el  propósito de alcanzar un  indebido  provecho  mediante  la inducción en error del funcionario”1,  es  indudable  que en el presente caso tal consumación ocurrió cuando se presentó  la  demanda  ejecutiva ante el Juzgado 51 Civil Municipal, sin que, desde luego,  ello  impida  afirmar  que su ejecución se extendió hasta cuando se mantuvo en  error  al funcionario judicial, pues, como también lo tiene precisado la Corte,  la   conducta   es,   igualmente,  de  carácter  permanente,  por  cuya  razón  “la  acción se prolonga durante el tiempo en que el  servidor  público  permanezca  bajo  influencia  del  error,  o  pueda  estarlo  potencialmente”2.   

          Conforme    consta   en   el   proceso3, la referida demanda ejecutiva  fue  presentada  el  23  de  marzo  de  2001,  luego  en esa fecha se inició la  consumación  del  fraude procesal, época en la cual era aplicable el artículo  182  del  Código Penal de 1980, que lo sancionaba con pena de prisión de (1) a  cinco (5) años.   

          Para  esa  fecha  se  encontraba,  además,  rigiendo  la Ley 553 de  20004,  cuyo  artículo  1º  estableció  que  la  casación ordinaria o  común  procedía respecto de sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales,  en procesos seguidos por delitos cuya pena máxima fuese superior a  ocho  (8)  años.  El  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000 reprodujo, en su  esencia,  la  norma  procesal  antes  citada,  de  manera  que  en este momento,  igualmente,  la casación ordinaria o común procede bajo las mismas condiciones  previstas  en  la  Ley  553  de  2000,  legislación sucedida por la Ley 600, en  esa  materia.   

          Significa  lo anterior que, ni aún acudiendo a la normativa vigente  para  cuando  se inició la comisión de los hechos, procede en el presente caso  la  casación  ordinaria  o  común. Por lo demás, así se tuviera en cuenta la  sanción  contemplada en el artículo 453 del estatuto punitivo de 2000, tampoco  sería   viable   la  impugnación  extraordinaria  por  esa  vía,  pues  dicha  disposición  tiene  señalada  prisión de cuatro (4) a ocho (8) años, límite  máximo  inferior al término establecido en los artículos 1º de la Ley 553 de  2000 y 205 de la Ley 600 de 2000.   

          En   esas   condiciones,   correspondía   al  actor  interponer  la  denominada   casación   excepcional   o  discrecional,  mecanismo  impugnatorio  regulado  en  el  inciso  final  del  artículo  205 precitado, debiendo para el  efecto  expresar con precisión el propósito del recurso, es decir, si se trata  de  buscar  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o de preservar las garantías  fundamentales,  cuya carga argumental le es necesario cumplir, conforme lo tiene  precisado   la   jurisprudencia   de   esta   Sala5.   

          El   demandante  no  advirtió  la  improcedencia  de  la  casación  ordinaria  o  común e interpuso la impugnación sin invocar, como era de rigor,  la  excepcional  o discrecional. Consecuencialmente, omitió explicar si acudía  al  recurso  para buscar el desarrollo de la jurisprudencia o para preservar las  garantías fundamentales.    

          Pero,  desde luego, no puede pasarse por alto la postura de la Sala,  conforme  a  la cual podría admitirse la impugnación si el demandante, a pesar  de  no  señalarlo expresamente, ofrece razones a través de las cuales se pueda  inferir  claramente  que  su intención es fundamentar alguno de los dos motivos  que    habilitan    la    casación    excepcional6.  En  ese  sentido, se observa  que,   en   cuanto   en  el  primer  cargo  la  actora  aduce  la  vulneración  del  derecho de defensa y del  debido  proceso,  resulta  factible  interpretar que su pretensión es propender  por la protección de las garantías fundamentales.   

          Siendo  así la situación, será necesario examinar si, conforme lo  establece  el inciso final del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, la libelista  cumple  las  demás  exigencias  legales indispensables para admitir la demanda,  entre  las  cuales  está  la  de  enunciar  la  causal y formular el cargo, con  expresión  clara  y  precisa  de sus fundamentos y de las normas que se estiman  infringidas,  según lo determina el numeral 3º del artículo 212 ibídem, para  cuya  satisfacción se requiere, además, seguir las pautas de sustentación que  la  Corte  ha  fijado  cuando  se  trata  de  elaborar una demanda de casación.   

          En  ese sentido, se tiene que, aun cuando en el tema de nulidades, a  cuya  consecuencia apunta el reproche analizado, la Sala ha sido flexible frente  a  la  valoración de su fundamentación, de todas maneras exige el cumplimiento  de  unos  presupuestos  mínimos,  que  tienen  como  propósito  posibilitar la  comprensión  del  reparo,  en aras de evitarle a la Corte entrar a desentrañar  confusas  postulaciones,  atentatorias del principio de limitación que gobierna  el recurso de casación.   

          Así,  la  Sala  tiene  dicho  que,  por  regla  general, no resulta  adecuado  aducir, simultáneamente, la vulneración del derecho de defensa y del  debido   proceso,  pues  se  trata  de  dos  motivos  de  nulidad  con  distinta  naturaleza,  en  cuanto  el  primero    es    un    vicio   de   ga­rantía       y      el      segundo      de      estruc­tura  “que  deben   ser   postu­lados,  desarrollados  y  demostrados  autónoma­mente    en    sede    de   casación,   indicando   y   comprobando  nítida­mente    las  irregularidades  que  son  propuestas  como  principal  y  secundarias, pues las  consecuencias   que   dimanan   de  la  eventual  existencia  de  una  de  ellas  pue­den  afectar de manera  diferente  y  desde  distinta oportunidad el trámite del proceso”7.   

         La  censora,  contrario  a  la  directriz  de  la  Sala, en la misma  censura  predica el desconocimiento del derecho de defensa y del debido proceso,  sin  explicar  por  qué  en  este caso sí procedía fusionar en el mismo cargo  esos dos motivos de nulidad.   

          La  jurisprudencia  reiterada  de  la  Corte  se encamina también a  exigir   del   demandante   la   fundamentación   de  la  trascendencia  de  la  irregularidad   denunciada,  requisito  que  se  corresponde  con  el  principio  orientador  de  las  nulidades  previsto en el numeral 2º del artículo 310 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  acorde con el cual “quien   alegue  la  nulidad  debe  demostrar  que  la  irregularidad  sustancial  afecta  garantías  de los sujetos procesales, o desconoce las bases  fundamentales de la instrucción y juzgamiento”.   

          La  demandante  tampoco  cumplió  esa  carga  argumental,  pues  se  limitó  a  registrar  que  el  Tribunal  se abstuvo de responder los argumentos  ofrecidos  en  el  segundo  memorial  sustentatorio  de la apelación, pese a su  presentación  oportuna, sin explicar de qué manera esa omisión causó agravio  a  los  intereses  defensivos. En esa medida, se sustrajo de demostrar a la Sala  que  en  la  sentencia de segunda instancia no se abordaron los temas planteados  en  ese  segundo  memorial, no obstante no hacerse alusión expresa al respecto,  pues  de  ser  así,  como  lo  ha  expuesto la Sala8,  la  irregularidad  surgiría  intrascendente.   

          Más  aún,  en la medida en que, según se aprecia, el contenido de  dicho  memorial giró en torno, principalmente, al desistimiento presentado como  consecuencia  de  la  transacción  o  “acuerdo para  terminación  de  acciones  civiles  y penales”, así  como  a  los  efectos  de  esa  figura  procesal frente a la estructuración del  delito  imputado  y,  tangencialmente,  a  la  facultad ostentada por el abogado  acusado,  derivada  de  la  autonomía de la acción cambiaria, de ejercer ésta  directamente  contra Nelly Danelly Rubiano y   no   contra   Gloria  Isolina  Díaz,  la  libelista omitió ilustrar a la Corte por qué los  apartes  de la sentencia de segunda instancia que a continuación se transcriben  no  pueden  entenderse  como  una  respuesta  implícita a esas argumentaciones:   

          En   efecto,  frente  al  tema  del  desistimiento  el  ad quem señaló:   

          “…El Tribunal hace una aclaración que  es  muy  valiosa  como  punto  de  partida:  La determinación de la inocencia o  responsabilidad  del  acusado  OLARTE  MAHECHA  debe  hacerse  con  base  en los  elementos  de  juicio que dan cuenta de su obrar al momento del despliegue de la  conducta  imputada  y  no  con  base  en  la  actuación  por él adelantada con  posterioridad  a  ese  hecho  o  con base en los actos promovidos después de la  promoción de este proceso por parte de la señora RUBIANO NOVOA.   

          La  razón  para fijar este punto de partida es obvia: existiendo ya  un  proceso  penal  y  habiendo  sido  vinculado  a  él, es comprensible que el  acusado  desplegara actos orientados a evidenciar su ajenidad al fraude procesal  investigado.  De allí que resulte inútil el esfuerzo  de   la  defensa  orientado  a  que  el  Tribunal  fundamente  su  decisión  en  situaciones  como  el  desistimiento  a que hubo lugar  tanto  en  el proceso civil ejecutivo como en este proceso penal, en lo atinente  a  la  acción  civil,  o como las decisiones tomadas por los jueces con base en  tal    desistimiento”    (subraya    la   Corte)9.   

          Y  en lo relacionado con la aducida deuda a favor del procesado, que  lo  autorizaba  para elegir la persona contra quien dirigiría la ejecución, en  virtud    de    la   autonomía   de   la   acción   cambiaria,   el   Tribunal  expresó:   

          “…  No  es  cierto que la procesada le  haya   endosado   en   propiedad   las   letras   de   cambio   a   OLARTE   MAHECHA  por concepto de una  deuda  relacionada con honorarios profesionales que aquella tenía pendiente con  éste.  Lo  que evidencia el proceso es que hubo lugar a ese endoso pero no para  cubrir  deuda  alguna  de esa índole, sino, en lugar de ello, para facilitar la  ejecución        de       la       deudora”10.   

          Como  se  observa,  si  bien  en  el  primer  reproche insinúa como  propósito  la  preservación  de  garantías  fundamentales,  la  actora  no lo  fundamenta   de   manera  lógica  y  adecuada,  desacierto  que  conduce  a  su  inadmisión.            

          Igual  suerte  habrá  de correr el segundo  cargo,   pues  en  su  desarrollo  la  demandante  se  circunscribe  a  plantear un error de apreciación de la prueba, sin vincular el  ataque,  ni siquiera de manera tácita, a alguno de los motivos que habilitan la  casación excepcional.   

          Por  lo  demás,  la censura adolece también de la explicación del  por  qué  se  denuncia  la presencia de un falso juicio de existencia por la no  apreciación  de  la  transacción  que  condujo al desistimiento de la acciones  civiles  relacionadas con los procesos adelantados, entre otros, en los Juzgados  51  Civil  Municipal  y  39  Penal  del  Circuito de Bogotá, no obstante que el  Tribunal  expresamente  consideró,  según quedó visto en uno de los segmentos  de  su  sentencia  reproducidos  en precedencia, que actos como esos, realizados  con  posterioridad  a  la  materialización  de la conducta ilícita, resultaban  inanes   para  desnaturalizar  el  compromiso  penal  del  acusado  OLARTE  MAHECHA  en  el  delito  de fraude  procesal,  postura que la mencionada Corporación ratificó más adelante cuando  concluyó:    

         “Que  luego se haya suscrito un memorial de desistimiento dirigido  al  juez civil que tramitaba el pago forzado de una obligación inexistente y al  juez   penal   que  conocía  de  este  proceso,  es  indiferente,  como  ya  se  indicó”11   

          En  suma,  en  el  segundo cargo la libelista no sólo no indicó el  cometido  de  la  casación  discrecional  sino  que,  en la estructuración del  reproche,  dejó  de  confrontar  el  contenido  del  fallo  de  segundo  grado,  incurriendo en serias falencias de sustentación.   

          Las  precedentes  consideraciones llevan a la Sala a inadmitir, como  lo  hará,  la  demanda de casación presentada por la defensora de HOSMAN FABRICIO OLARTE MAHECHA.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la Corte no avizora la vulneración de  garantías  fundamentales,  que le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación interpuesta por la defensora de  HOSMAN    FABRICIO    OLARTE    MAHECHA.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                   MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                                 JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

       JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

                  TERESA RUIZ NÚÑEZ   

              Secretaria   

    

1   Entre  otros,  auto  del  24  de  junio  de  2003,  rad.  20935.   

2 Entre  otros,    auto   del   4   de   octubre   del   año   2000,   radicación   11210.   

3 Fl. 6  cd. anexo.   

4 Su vigencia operó a partir del 13 de enero de 2000.   

5  Cfr.  Auto  del  18  de  abril  de 2007, radicación 26916, entre  otros.   

6 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

7  Sentencia del 23 de julio de 2001, radicación 13439.   

8 Cfr.  Sentencia del 27 de junio de 2007, radicación 26792.   

9 Pág.  8 del fallo del Tribunal.   

10  Pág. 13 del fallo del Tribunal.   

11  Pág. 13 ídem.     

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