28998(03-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28998  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 078.  

Bogotá, D. C., tres (3) de abril de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Procede la Sala a emitir sentencia, en orden  a  determinar  si  en  este asunto se vulneraron las garantías fundamentales de  los  procesados,  conforme  se consideró al inadmitirse la demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor  de  JHON ALBEIRO ORTEGA  BOLÍVAR  contra  el  fallo  del  17 de julio de 2007,  mediante  el  cual  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Pacho (Cundinamarca) lo  condenó,    junto    a    Héctor   Fabio   Morales  Castañeda,  a  las  penas principales de 105 meses de  prisión  y  430 salarios mínimos legales mensuales de multa y a las accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término  fijado  para la sanción principal de prisión y privación del  derecho  a la tenencia y porte de armas por el lapso de 2 años, por los delitos  de  secuestro  simple,  hurto  calificado  y agravado y porte ilegal de armas de  fuego.   

HECHOS  

La  Sala ya tuvo ocasión de resumirlos y lo  hizo de la siguiente manera:   

          “El  8  de  junio  de  2007  tres individuos provistos de armas de  fuego  interceptaron  el  camión  de placas SNH 023 cuando se desplazaba por la  vía  que  va  de  la  población de Pacho a la ciudad de Bogotá, procediendo a  someter  a  su  conductor,  señor  Carlos  Eduardo  Mahecha  Alvarado,  a quien  desplazaron  del  volante,  siendo  luego  despojado  de dinero en efectivo y un  aparato  celular. Tras recorrer algunos metros, uno de los asaltantes obligó al  afectado  a  internarse  en  la  maleza,  donde  pasados varios minutos lo dejó  abandonado.  Gracias a la intervención oportuna de las autoridades se logró la  recuperación  del camión, así como la captura de JHON ALBEIRO ORTEGA BOLÍVAR  y  Héctor  Fabio  Morales Castañeda, a quienes la víctima reconoció como dos  de sus agresores”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. Noticiado el caso a la autoridad judicial,  el   Juzgado   Promiscuo  Municipal  de  Pacho,  con  funciones  de  control  de  garantías,  a  solicitud  de  la  fiscalía,  realizó  el  9  de junio de 2007  audiencias  preliminares,  en  cuyo  desarrollo  legalizó  las  capturas de los  procesados,   contra   quienes,  además,  el  funcionario  instructor  formuló  imputación  por  los delitos de secuestro simple, hurto calificado y agravado y  porte  ilegal de armas, por razón de los cuales el juez les profirió medida de  aseguramiento de detención preventiva.   

2. En desarrollo de las referidas audiencias,  los  entonces  imputados  se  allanaron  a los cargos respecto de los delitos de  hurto calificado y agravado y secuestro simple.   

3.  El  17 de julio del citado año, el ente  acusador  presentó  al  juzgado  acta  de preacuerdo, en la cual los procesados  admitieron   también   responsabilidad   en   el  delito  de  porte  ilegal  de  armas.    

3.   Con  base  en  dicha  acta  y  en  el  allanamiento  efectuado por los delitos de secuestro simple y hurto calificado y  agravado,  el Juzgado Promiscuo del Circuito de Pacho, el mismo día 17 de julio  de  2007,  celebró  audiencia  de  acusación  y  fallo.  De  esa  manera, tras  verificar  que  la  aceptación de responsabilidad fue voluntaria y espontánea,  condenó  a  ORTEGA BOLÍVAR y  Morales  Castañeda  a  las  penas  ya  reseñadas. En la  misma  decisión  les  negó  el  subrogado  de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena,  así  como la sustitución de la pena de prisión por  prisión domiciliaria.   

          4.  Contra  el  fallo  de  primer  grado interpusieron el recurso de  apelación tanto la fiscalía como el defensor de los acusados.   

          5.  Remitida  la actuación al Tribunal Superior de Cundinamarca, el  28  de  agosto  de  2007  se  realizó la respectiva audiencia de sustentación,  durante  la  cual  los recurrentes concretaron su inconformidad a lo relacionado  con  la decisión del juzgado, plasmada en la sentencia, de ordenar el comiso de  un  vehículo  automotor,  por  haber  sido  utilizado  en  la  comisión de los  punibles.   

6.   El  10  de  septiembre  siguiente  la  mencionada  Colegiatura  profirió  el  fallo de segunda instancia, limitando el  pronunciamiento  al  aspecto  objeto  de impugnación. Oportunamente, la defensa  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación,  dirigiéndolo  contra la  sentencia de primer grado.   

7.  Presentada  la demanda, la actuación se  remitió  a  sede  de la Corte Suprema de Justicia, donde se inadmitió mediante  auto  del  13  de  febrero del cursante año, por ausencia de interés jurídico  para  recurrir. Sin embargo, al observarse la posible vulneración de garantías  fundamentales,  se  ordenó  que,  una  vez cobrara ejecutoria esa decisión, el  proceso  retornara  al Despacho de la Magistrada ponente para emitir el fallo de  rigor.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

          Cuestión previa.   

Se  considera  necesario  recordar  que,  en  aplicación  del  nuevo  criterio  que  se  adoptó en torno al tema, la Sala no  ordenó  realizar  en  este  caso  la  audiencia de sustentación regulada en el  inciso  final del artículo 184 de la Ley 906 de 2004. Las razones que sustentan  esa  nueva  postura  quedaron  condensadas  en  el auto del 23 de agosto pasado,  proferido en la radicación 28059. Se dijo entonces:   

“Es de anotar que  no  se dispone la celebración de audiencia de sustentación, pues si de acuerdo  con  lo  establecido en el inciso final del artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  el  debate dialéctico que allí se concibe debe darse dentro de los “límites  de  la  demanda”, es de entender que la realización de dicha diligencia sólo  procede  cuando  se  produzca su admisión. En ese caso, dígase adicionalmente,  son  las  partes  las  que fijan los temas a tratar, lo cual no acontece cuando,  como  en  este  asunto,  se  inadmite  el libelo, sin que los sujetos procesales  hayan  advertido  la posible vulneración de garantías fundamentales, porque en  ese  último  evento  es  la  intervención  exclusiva de la Sala la que resulta  impulsando  el  trámite para su eventual corrección, en cuyo marco no cabe, se  repite, espacio para el debate entre las partes”.   

La     violación     de    garantías  fundamentales.   

Al  inadmitirse  la  demanda de casación la  Corte  advirtió  la omisión de los falladores de reconocer a los procesados la  atenuante  consagrada  en  el  artículo  171 del Código Penal, pese a aparecer  evidencia  de  su  concurrencia  en este caso. De igual manera, la Sala observó  que  el  juzgador  de  primer  grado, en decisión no corregida por el Tribunal,  efectuó  incremento  a  la  multa  con  el argumento de tratarse de concurso de  hechos  punibles, cuando esa sanción solamente está prevista para el delito de  secuestro  simple,  no  así para los ilícitos de hurto calificado y agravado y  porte  ilegal  de  armas,  por  razón  de  los  cuales también se profirió la  condena.   

Pues  bien,  en relación con la primera de  las  referidas  temáticas,  observa la Sala que, ciertamente, en el curso de la  investigación     se    recepcionó    denuncia    al    señor    Carlos    Eduardo   Mahecha   Alvarado,  víctima   de   los   delitos   en   cuestión,  quien  manifestó  que  tras  ser  obligado  a  bajar  del  automotor  en  el  cual se  desplazaba  cuando ocurrieron los hechos, uno de los asaltantes lo hizo internar  en  el  bosque  y  allí  lo maniató, aun cuando muy débilmente, de manera que  pudiera  soltarse fácilmente, según se lo manifestó el citado individuo, como  en    efecto    ocurrió,   pues   diez   minutos   después   de   abandonar    éste    el   lugar,   con  sus  dientes  se  desató  y  fue  en  busca  de  las  autoridades.   

Si,  como  lo  tiene dicho la Corte, en los  casos  de  terminación  anticipada  del  proceso  por  allanamiento  a cargos o  realización      de      preacuerdos,  la  respectiva  sentencia se dicta con fundamento en la evidencia  recogida  hasta  ese momento y en la aceptación de responsabilidad hecha por el  procesado1,   es   indudable   que   la  denuncia  formulada     por     el    señor    Mahecha  Alvarado  debió ser considerada  por  el  juzgador  para efectos de estructurar la condena proferida en contra de  los  procesados,  denuncia  claramente demostrativa de  que  el afectado fue dejado  voluntariamente  en  libertad  dentro  de  los  quince  (15) días siguientes al  secuestro  (el  cautiverio  no  alcanzó  a  extenderse  más allá de un día),  luego   en   el  presente  evento,  sin  lugar  a  discusión, hace presencia la  causal  de  atenuación prevista en el artículo 171 del Código Penal, conforme  a la cual:   

“Si  dentro de  los  quince  (15)  días  siguientes  al secuestro, se dejare voluntariamente en  libertad  a  la  víctima,  sin  que  se  hubiera  obtenido  alguno de los fines  previstos  para  el  secuestro  extorsivo,  la  pena  se disminuirá hasta en la  mitad.   

         “En   los  eventos  del secuestro simple habrá lugar a igual disminución de la pena si el  secuestrado,   dentro   del  mismo  término  fuere  dejado  voluntariamente  en  libertad”  (subraya la Sala).   

         De  antaño,  la  Corte tiene por sentado  que  el  respeto  de  las  garantías  fundamentales constituye presupuesto para  emitir  la  sentencia  anticipada,  por  cuya razón,  siendo  el  debido  proceso  una  garantía  de  esa  estirpe,  su  necesario acatamiento implica, entre otras obligaciones, verificar  que  los  cargos imputados se correspondan con el recaudo probatorio,   pues   de  ello  depende  la  legalidad  del  fallo.  En  ese  sentido, con arreglo a la ritualidad prevista en la Ley  600 de 2000, se señaló lo siguiente:    

“La  sentencia  proferida  de  manera  anticipada,  está  condicionada  a  la verificación del  respeto  por  las  garantías  fundamentales, independientemente de la etapa del  proceso  en  que  se  realice la formulación de los cargos, y  recae sobre  toda  la  actuación  cumplida  con  antelación a ese momento. La legalidad del  fallo  también  depende  de  que  el recaudo probatorio sea consecuente con los  cargos  imputados al procesado, que la adecuación de los hechos sea la correcta  y,   en   fin,   que   se   haya   respetado   el   debido   proceso”2   

.  

En las actuaciones tramitadas con fundamento  en     la     Ley    906    de    2004,  para  proferir  sentencia  de  manera  anticipada   se  requiere,  de  igual  manera,  el  no  quebrantamiento  de  las  garantías  fundamentales.  Así  deviene de lo dispuesto en los artículos 341,  inciso   cuarto   y   368.  La  primera  de  esas  disposiciones  establece  que  “los  preacuerdos  celebrados  entre  fiscalía  y  acusado  obligan  al  juez  de  conocimiento,  salvo  que  ellos  desconozcan  o  quebranten          las         garantías         fundamentales”.    

El artículo 368, por su parte, señala que  en  caso  de  advertir  el  juez desconocimiento o quebrantamiento de garantías  fundamentales  en  la manifestación de culpabilidad realizada por el acusado al  inicio      del      juicio,      “rechazará   la   alegación   de  culpabilidad  y  adelantará  el  procedimiento    como    si    hubiese    habido    una    alegación    de   no  culpabilidad”.   

Más  aún,  la  indispensable  preservación  de  las garantías fundamentales en el trámite de  la    actuación    que   culmina   anticipadamente  emerge     también     de     lo     señalado   en  el  inciso  tercero  del  artículo  327  del nuevo sistema penal acusatorio. De  acuerdo  con  ese  precepto  procesal,  la  aplicación  tanto  del principio de  oportunidad    como   de   los   preacuerdos   “no  podrán   comprometer  la  presunción  de inocencia y solo procederán si hay un  mínimo  de  prueba  que  permita  inferir  la  autoría  o participación en la  conducta y su tipicidad”.   

Como es sabido, la tipicidad de               la   conducta  punible   incluye   tanto   el   tipo  básico  como  las  circunstancias  que  lo modifican, razón por la  cual  en  relación  con ambos aspectos es necesario  que  exista  un mínimo de prueba para proferir la sentencia anticipada. De ahí  que  si  en la actuación obran suficientes elementos de juicio demostrativos de  un  fundamento  que  atenúa el tipo penal es deber del juzgador reconocerlo, so  pena de vulnerar las garantías fundamentales del procesado.   

En  armonía con lo anterior se pronunció  la   Corte   Constitucional   cuando   revisó   la  exequibilidad   del  numeral  1º  del  artículo  350  de  la Ley 906 de 2004,  ocasión   en   la   cual   prohijó   el  criterio  según  el cual ni aun en  los   casos   de   negociación   entre   la   fiscalía   y   el   acusado     le    resulta    válido  al       ente       acusador       seleccionar  libremente  el tipo penal  correspondiente  sino  que  debe  “obrar de acuerdo  con   los   hechos   del  proceso”.  El   siguiente   es  el  texto,  en  lo  pertinente,    de    dicha   decisión:    

“…se   le   permite   (al  fiscal)  definir si puede imputar  una  conducta  o  hacer  una imputación que resulte menos gravosa; pero de otro  lado,  en  esta  negociación el Fiscal no podrá seleccionar libremente el tipo  penal  correspondiente  sino  que  deberá  obrar de  acuerdo con los hechos del proceso.   

“…aquel (el  fiscal)  no  tiene  plena  libertad  para  hacer  la  adecuación   típica   de   la   conducta   (léase  imputar),   pues   se  encuentra  limitado  por  las circunstancias fácticas y jurídicas que resultan  del  caso.   Por  lo  que,  aún  mediando  una  negociación  entre  el  fiscal  y el imputado, en la  alegación  conclusiva  debe  presentarse  la adecuación típica de la conducta  según  los  hechos  que  correspondan  a  la  descripción  que  previamente ha  realizado      el     legislador     en     el     Código     penal”3       (destaca       la  Sala).   

El     remembrado    pronunciamiento  del    Tribunal    Constitucional,    le  permitió  a  la  Sala de Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia arribar  a  la siguiente conclusión en  reciente    sentencia   de   casación:   

        “Al  hilo  de las posturas en esta materia (preacuerdo sobre los  términos  de  la  imputación) la Sala Penal de la Corte es del criterio de que  el    presupuesto    del    preacuerdo  consiste  en  no soslayar el núcleo  fáctico  de  la imputación que determina una correcta adecuación típica, que  incluye   obviamente   todas   las   circunstancias  específicas,  de  mayor  y  menor  punibilidad, que  fundamentan  la  imputación  jurídica: Imputación  fáctica  y  jurídica circunstanciada”4.   

Desde   luego   que   si   en  los casos de preacuerdos es necesario preservar las garantías  fundamentales  en  las  condiciones vistas, con mayor razón cuando se trata del  mecanismo  de  allanamiento  a  cargos, en  donde  la intervención del procesado se limita prácticamente  a  admitir  la  imputación  formulada  por el fiscal, de modo que en ese evento  comporta,  igualmente,  deber  ineludible  del ente acusador atribuir los cargos  con  sujeción  a  los  hechos  acreditados  en  el  proceso.   

Conforme  a lo expuesto, resulta indudable  que  el desconocimiento de  una   circunstancia   específica  de  atenuación  demostrada  en  la  actuación  comporta  vulneración    de    la    garantía  fundamental   del   debido   proceso.  Como     anomalía     de  esa naturaleza ocurrió en el presente evento, pues a pesar de  aparecer  demostrada  la  diminuente contemplada en el artículo 171 del Código  Penal,    el   juzgador   la   pasó   desapercibida,   la   Sala   casará     la     sentencia     impugnada    para    subsanar    la   omisión advertida.   

En lo atinente  al    desacierto    relacionado    con    la   pena   pecuniaria,   encuentra    la   Sala   que   el   a  quo,    para  determinar  su monto,  tuvo  en cuenta el concurso de hechos punibles, sin advertir que  ni el hurto calificado y agravado ni el porte ilegal  de  armas,  punibles que concursaron con el secuestro simple, tienen establecida  esa sanción.   

Tal desaguisado  comporta,  sin  duda,  una  evidente  violación  al  principio  de  legalidad, según el cual nadie puede ser juzgado sino conforme a  las  leyes  preexistentes  al  acto que se le imputa, postulado consagrado en el  inciso  segundo del artículo 29 de la Constitución Política y cuyo fin es, de  una  parte,  limitar  el  ejercicio del poder punitivo del Estado, imponiéndole  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas  de  delitos y cuál la  sanción  a  aplicar  por  su  realización  y, de la otra, generar seguridad  jurídica  en la comunidad,  pues   a   partir   de   allí   habrá  certidumbre  de  que  solamente será objeto de sanción penal la  conducta  erigida  en  delito  por  la  ley  y  únicamente se impondrá la pena  dentro  de los límites cuantitativos y cualitativos  establecidos     por     la     misma.   

Evidenciada,  entonces, la vulneración de  garantías       fundamentales      de      los  procesados,   la   Sala   procede   a  redosificar  la  pena en los siguientes  términos:   

El  a  quo,  para  fijar  la pena privativa de la libertad, tomó  como  pena  básica  el  delito  de  secuestro simple, cuyos límites punitivos,  considerando  el incremento general de penas dispuesto por el artículo 14 de la  Ley  890  de 2004, van de 16 a 30 años. Se ubicó luego en el cuarto mínimo de  movilidad,         correspondiente  a  los  extremos  oscilantes entre 192 y 234 meses, seleccionando     el    primero de esos guarismos.   

        El  artículo  171  del  estatuto  punitivo  establece  que cuando  concurra  la  hipótesis  allí  regulada  la  pena debe disminuirse hasta en la  mitad.  Por  ende,  para  hacer  efectiva  dicha  atenuante, será necesario acudir al parámetro previsto  en  el  numeral  3º  del artículo 60 ibídem, conforme al cual “si  la  pena  se  disminuye  hasta  en  una  proporción, ésta se  aplicará  al  mínimo de  la  infracción  básica”. En esas condiciones, los  nuevos  extremos  punitivos  irán  de  96  a  234  meses, cuyo cuarto mínimo equivale a los límites que  van  de  96 meses a 130 meses y 15 días.   

        Como     el     juez    de    primera    instancia    aplicó  la  frontera  mínima  y a ese guarismo le sumó 18 meses  por   el  concurso  de  hechos  punibles,  la Sala, siguiendo el mismo criterio  dosimétrico,  fijará  a  los  acusados  la  pena de 114 meses, que resultan de  sumar  los  96  meses  correspondientes  al  extremo  inferior  del nuevo cuarto  mínimo,  a los aludidos  18 meses determinados por razón del concurso.   

En este punto, la Sala debe precisar que no  aplicó     el    parámetro    de    proporcionalidad5    frente    al  guarismo  último referido, pues la  disminución  efectuada  como  consecuencia  del  reconocimiento de la atenuante  prevista  en  el  artículo  171  del  estatuto  punitivo no tiene una relación  directa  con  el  incremento  efectuado  por el a quo  por   razón   del   concurso,   ni   el  monto  en el cual se determinó ese  aumento  surge  irrazonable  y  desproporcionado  frente  a  las  modalidades   de   los   punibles   concursantes  y  a  la  sanción  individualmente  establecida para cada uno de ellos6,    criterios  que la Corte fijó en la sentencia de casación del 23 de agosto  de    20077  como  condición de aplicabilidad del  aludido  parámetro  de proporcionalidad.     

        Siguiendo    con    el   trabajo   de  redosificación  emprendido  por  la Sala,  los  114  meses referidos  en precedencia habrán de  ser     disminuidos    en    un    50%,   porcentaje   aplicado   por   el  a  quo  por razón de la  terminación   anticipada   del   proceso,   para   un   total  de  57  meses,  cantidad  en  la  cual, en  definitiva,   quedará  la  pena  privativa  de  la  libertad  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones públicas impuestas a los procesados.   

        En  relación  con  la  multa,  se  tiene que el artículo 168 del  Código   Penal   fija   sus   extremos   punitivos  en  600 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales,  los  que  aumentados,  de  acuerdo  con  el  artículo 14 de la Ley 890 de 2004,  se  convierten  en  800 y  1.500,    aun    cuando   al   disminuirse  dichos  límites  por efecto     de    la    atenuante      prevista   en   el   artículo   171  del  estatuto  punitivo,     quedan     en     400 y 1.500  salarios  de  la misma especie, lo cual significa que el cuarto mínimo equivale  a    las    fronteras  oscilantes entre 400 y 675.   

        En  la  determinación  de la sanción  pecuniaria   el   a  quo  aumentó   el   extremo  inferior,   correspondiente  a  800  salarios  mínimos  legales  mensuales,  en  60  salarios  del  mismo  valor  nominal, tanto con  base  en  los  parámetros  contenidos  en  el  numeral 3º del artículo 39 del  Código  Penal,  como  con fundamento en el concurso de hechos punibles, lo cual  hace  suponer  que determinó 30 salarios por cada uno de esos factores. En esas  circunstancias,  la  Sala  marginará el incremento correspondiente al concurso,  por  efectuarse  con  violación  al  principio  de  legalidad.   

La  Corte  también  eliminará el aumento  realizado  con  sustento  en  el citado numeral 3º del artículo 39,  por  ausencia  de  fundamentación,  pues  el  juzgador  de  primera  instancia  se  limitó a mencionar la norma sin  indicar  cuál  de los parámetros allí condensados,  ni  mucho  menos  por  qué,  concurría  en  el  presente  caso,  desconociendo  flagrantemente   la   propia   disposición   invocada,   conforme   a  la  cual  “la cuantía de la multa será fijada en    forma    motivada    por    el  juez…”8 (subraya la Sala).   

En  consecuencia,   la   multa  queda  en  400  salarios  mensuales.  Ese  último guarismo habrá de ser, a su  vez,   reducido   en   un  50  %  por  la  aceptación  de  los  cargos,  para  un  total de 200  salarios mínimos legales mensuales.   

En  conclusión,  de oficio la Corte casará  parcialmente  la  sentencia,  para fijar en cincuenta y  siete  (57) meses la pena de prisión y la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas, y en 200  salarios mínimos legales mensuales la sanción pecuniaria.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          De    oficio,    CASAR    parcialmente      la      sentencia  impugnada,    para    fijar    en    cincuenta  y  siete  (57)  meses la pena de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  y  en 200 salarios mínimos legales mensuales la sanción  pecuniaria,       impuestas       a    JHON  ALBEIRO     ORTEGA     BOLÍVAR    y    HÉCTOR         FABIO         MORALES         CASTAÑEDA.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                  AUGUSTO          J.          IBÁÑEZ          GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                                              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

              TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                     Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia del 10 de mayo de 2006, radicación 25284.   

2  Sentencia del 29 de enero de 2004, radicación 14240.   

3  Sentencia C-1260 de 2005   

4  Sentencia del 12 de septiembre de 2007, radicación 27759.   

5 Este  parámetro  conduce  a  disminuir,  proporcionalmente, los guarismos fijados por  los  falladores  de  instancia  cuando  se  elimina  alguno  de los factores que  sirvió de fundamento para incrementar la sanción.   

6  Cuando  ocurrieron  los  hechos  (8  de  junio  de  2007), el hurto calificado y  agravado  estaba  sancionado  con prisión de 74 meses y 20 días a 22 años y 6  meses  (arts.  240  y  241 del Código Penal, sin la modificación efectuada por  los  artículos  37  y  51 de la Ley 1142 de 2007, cuya vigencia operó a partir  del  28 de junio de 2007) y el porte ilegal de armas de defensa personal, por su  parte,  con  pena de prisión que va de 16 meses a 6 años (art. 356 del Código  Penal,  sin  la  modificación  efectuada  por el artículo 38 de la Ley 1142 de  2007).   

7 Radicación 22356.   

8  En  similar  sentido  se  pronunció  la  Corte en sentencia del 1º de noviembre de  2007, radicación 23734.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *