28965(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28965  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  119   

Bogotá,  D. C., jueves, quince (15) de mayo  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil contra la  sentencia  proferida el 19 de julio de 2007 por el Tribunal Superior de Armenia,  por  medio  de  la cual confirmó la dictada por el Juzgado Diecinueve Penal del  Circuito  de  Bogotá,  decisiones  conforme  las  cuales Jorge Hernando Salazar  Arteaga  y  Geovanna  Teresita  Chávez Bustos fueron absueltos de la acusación  que  les  hiciera  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  por  el  punible del  estafa agravada.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  primeros  fueron  descritos en los siguientes términos por el ad  quem:   

Jorge  Hernando  Salazar adquirió la finca  “Chambú”  situada  en  la  vereda  San Roque jurisdicción del municipio de  Arbeláez  (Cundinamarca)  en vigencia de la sociedad conyugal conformada con la  señora  Geovanna  Teresita Chávez; posteriormente constituyó hipoteca abierta  sin  límite de cuantía sobre dicho bien a favor del Banco Popular, acto que se  protocolizó   mediante   escritura  pública  N°  1905  del  19  de  abril  de  1996.   

Los  señores  Luis  Gómez Sánchez y Rosa  Elba  Onzaga  de  Gómez,  el  9  de  septiembre de 1997, celebraron contrato de  permuta  con  el  señor  Salazar Arteaga, por medio del cual éste se obligó a  transferirles el dominio y posesión del citado inmueble.   

Manifestaron  los  denunciantes,  que  al  momento  en  que  les  fue entregado el certificado de libertad y tradición del  predio,  se  percataron  de  la  existencia  del  gravamen  hipotecario sobre el  inmueble.   

A finales de 1998 solicitaron un crédito al  Banco  Popular, el cual les fue negado bajo el argumento de que la hipoteca y la  obligación  de  Jorge  Hernando Salazar aún se hallaban vigentes. En el mes de  abril  de  2000,  fueron notificados de la iniciación del cobro judicial por el  incumplimiento  de  las  obligaciones  del  implicado,  las  mismas  que estaban  garantizadas  con  el  inmueble rural de su propiedad, decretándose el embargo,  secuestro   y   posterior   remate  del  predio  dentro  del  proceso  ejecutivo  hipotecario      adelantado      por     la     entidad     bancaria.   

          2.  Por lo hechos anteriormente reseñados  y  con  base  en  la  denuncia  presentada  por Luis Gómez Sánchez y Rosa Elba  Onzaga  de  Gómez  y  las diligencias preliminares practicadas, la Fiscalía 86  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de Bogotá, adscrita a la  Unidad  Primera  de Delitos contra la Fe Pública y el Patrimonio Económico, el  29  de  septiembre  de  1999  decretó  apertura  de  la  instrucción y dispuso  escuchar    en    diligencia   de   indagatoria   a   Jorge   Hernando   Salazar  Arteaga1.  Posteriormente  fue admitida la demanda de parte civil presentada  por    las    personas   legitimadas   para   ello2,  se  escuchó  en injurada al  citado  y  a  su  cónyuge,  y  el 25 de mayo de 2001 se resolvió la situación  jurídica  de  los  procesados  con  imposición de medida de aseguramiento como  posibles  responsables de la conducta punible de estafa  agravada3.   

3.  Cumplida  la  práctica  de  pruebas  fue  clausurada  la  investigación  y se procedió a la  calificación  del  mérito  sumarial  profiriéndose  el  19  de  julio de 2002  resolución  acusatoria  en  contra de Jorge Hernando Salazar Arteaga y Geovanna  Teresita  Chávez  Bustos  como posibles autor y cómplice, respectivamente, del  delito  de  estafa  agravada  (Código  Penal  de  1980, artículos 356 y 372-1), decisión que por haber sido  extemporáneamente   impugnada   por   los  defensores  ameritó  una  decisión  inhibitoria  el  7 de octubre de 2003 por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior de Bogotá.   

4.  El  Juzgado  Diecinueve  Penal  del  Circuito de Bogotá avocó el conocimiento de la causa y  luego  de  cumplir  el  trámite de las audiencias preparatoria y de juzgamiento  profirió  el 9 de septiembre de 2005 el fallo de primer grado, mediante el cual  absolvió de los cargos imputados a los acusados.   

5.  La  anterior  decisión  fue  apelada  por el apoderado de la parte civil buscando un fallo de  condena   en   contra   de   los   procesados   y   el   Tribunal   Superior  de  Armenia4   mediante   la   decisión   que   ha   sido  demandada  confirmó  íntegramente  la  decisión  de  la  a quo.   

6.  Concedido  el  recurso  en  proveído de 17 de septiembre de 2007 y presentado el libelo dentro  del  término  allí  dispuesto,  se ordenó el traslado por quince (15) días a  los  sujetos  procesales  no  recurrentes,  luego  de  lo  cual  se enviaron las  diligencias a esta Corporación para los fines consiguientes.   

LA DEMANDA:  

Con el fin de que se case el fallo de segunda  instancia  y  se  condene a los procesados, la recurrente presenta dos cargos en  contra  de  la  sentencia  demandada:  el  primero  por  violación directa y el  segundo por violación indirecta de la ley sustancial.   

Primer  cargo: Con  base  en  el  Decreto  528 de 1964 y la Ley 16 de 1969 acusa la sentencia de ser  violatoria  de  la ley sustancial por falta de aplicación del artículo 356 del  Código  Penal  de  1980 y el 238 del Código de Procedimiento Penal de 2000, al  entender   que  no  se  cumplió  con  las  reglas  que  imperan  y  regulan  la  apreciación de las pruebas.   

Hace  una  serie  de  citas  al  fallo  del  ad   quem  y  a  la  prueba  practicada  para  concluir  que  sí  existió  mentira  y engaño por parte del  procesado  Salazar  Arteaga,  por  lo  que se estructuró el delito de estafa agravada.   

Segundo  cargo: Con  fundamento  en la causal primera cuerpo segundo del “artículo 207 del Código  Penal  (Decreto  100  de  1980)”  (sic)  plantea  que  la  sentencia demandada  contiene  yerros  derivados  de  la  inobservancia  de  las  reglas  de  la sana  crítica.   

Transcribe  apartes  de  la  declaración de  Mauricio  Eduardo  Useche  García, de las consideraciones plasmadas en el fallo  de  segunda  instancia  y,  por  último, desarrolla su crítica probatoria para  concluir  que  el  procesado  Salazar  Arteaga  mediante  mentiras  y artimañas  mantuvo  a  las  víctimas  en  error,  de  donde infiere que la conducta dolosa  atribuible    al    mismo    es    la    de   estafa  agravada.   

CONSIDERACIONES:  

1.  Sea lo primero  advertir  que  en  consideración  a  la  fecha  de  ocurrencia  de  los  hechos  investigados  el  recurso  extraordinario  de casación en el presente asunto se  gobierna  por  las  normas  del  Decreto  2700  de  1991,  por lo que resulta un  verdadero  desacierto  del casacionista referirse a otros estatutos procesales o  sustantivos.   

         2.  Es bien sabido que la casación es un  medio  extraordinario de impugnación y, por tanto, no constituye sede adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido en las instancias ordinarias y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado,  por  el contrario, exige para la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento de específicos requisitos formales  orientados  a  demostrar  a  través  de  un juicio técnico jurídico que en la  declaración       de       justicia      allí      contenida      –la cual llega a esta sede amparada de  la      dual      presunción     de     acierto     y     legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

3.   Las  reglas  establecidas  en  el  artículo  225  del  Decreto 2700 de 1991, que rige a esta  actuación,  para  la  elaboración  del libelo son de ineludible cumplimiento y  cuando  se  soslayan  aquéllas relacionadas con la adecuada formulación de los  cargos  y se omite indicar con la claridad y precisión debidas sus fundamentos,  la    consecuencia    procesal    inmediata   no   puede   ser   otra   que   su  inadmisión5.   

4.   En   estos  términos  resulta necesario que la demanda que sustente el recurso de casación  se  caracterice  por  permitir  colegir  sin  temor a equivocaciones los errores  cometidos  en  las  instancias,  de  donde  se tiene que el cuestionamiento a la  sentencia  acusada  debe  ser  de objetiva comprensión, porque así lo exige la  naturaleza   y   alcance   de   las   normas   que   gobiernan  la  impugnación  extraordinaria.   

5.  Las causales de  casación  son las que dimensionan la forma como se debe estructurar la denuncia  sobre  la  inconstitucionalidad  e  ilegalidad  de  la  sentencia impugnada; por  consiguiente,  la  admisibilidad  al trámite y la prosperidad de la pretensión  queda  condicionada  al  cumplimiento de unos requisitos formales mínimos, pero  no  sólo  a  ellos,  sino  que  se  debe  demostrar  el interés del censor, la  correcta  selección  de  las  causales,  la  coherencia  de los cargos que a su  amparo  pretenda  aducir  y  la  debida  fundamentación fáctica y jurídica de  éstos,  además  de  la necesidad de acreditar de qué manera con su estudio se  cumplirán  uno o varios de los fines de la casación señalados en el artículo  219 ibídem.   

6. De lo expuesto se  sigue  que la Corte está facultada para inadmitir o no seleccionar las demandas  formalmente   correctas   cuando   advierta   que   su   pronunciamiento  no  es  imprescindible  para  los  fines  de  la  casación; y viceversa, también puede  ocurrir  que  la  Sala  vislumbre  la  necesidad  de  decidir de fondo el asunto  atendiendo  la preceptiva del artículo 218-3 del Código de Procedimiento Penal  de  1991  y  con  el propósito de mantener la intangibilidad de los fines de la  casación,  empece  de  estar  ante  una  demanda  que formalmente no reúne los  requisitos mínimos mencionados.   

7.   Este  marco  teórico  permite  afirmar  que  la  libelista  apenas  sí  acertó  en algunos  requisitos  formales  -como  identificar  los sujetos procesales, sintetizar los  hechos  juzgados,  resumir  la  actuación  procesal-,  porque  desatendió  los  principios  que  regulan  el  recurso  extraordinario  de casación orientados a  conjurar  confusiones  argumentativas  y  conceptuales  que puedan entorpecer el  entendimiento de la propuesta.   

8.  El  escrito  presentado  por  la  recurrente  para  expresar  su  inconformidad  no revela un  especial  esfuerzo  para  postular  y  desarrollar  los  cargos,  lo que lleva a  tenerlo  como  absolutamente  insuficiente e inidóneo como para que la Corte lo  pueda  considerar  ajustado.  La  demanda  omitió  cumplir  con  los requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un juicio técnico jurídico que  en    la    declaración    de    justicia    allí    contenida    –la  cual llega a esta sede amparada de  la      dual      presunción     de     acierto     y     legalidad–,  se  incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

9.   Si  lo  que  pretendía    la    casacionista    en    el    cargo  primero    era   atacar   la   sentencia    a   través   de   la   causal  primera, cuerpo primero (art. 220-1  del  Decreto  2700 de 1991), debió reunir los siguientes requisitos6:   

9.1.  Afirmar y  probar que el juzgador de segunda instancia ha incurrido en error   

(i)  Por  falta  de aplicación o exclusión  evidente,  que  se  presenta  cuando  el  funcionario  judicial  yerra  acerca  de  la existencia de la norma y por eso no la aplica al  caso  específico  que  la  reclama.  Ignora  o  desconoce  la ley que regula la  materia  y  por  eso  no la tiene en cuenta habiendo incurrido en error sobre su  existencia o validez en el tiempo o en el espacio;   

(ii)  Por  aplicación  indebida  que  se  origina  cuando  el juzgador por equivocarse al calificar  jurídicamente  los hechos o, cuando habiendo acertado en su adecuación, yerra,  sin  embargo,  al  elegir  la norma correspondiente a la calificación jurídica  impartida. Y,   

(iii)   Por   interpretación   errónea.  Que   ocurre   cuando   el  Juez  selecciona  bien  y  adecuadamente  la  norma  que  corresponde al caso sometido a su consideración,  pero  se  equivoca  al  interpretarla  y le atribuye un sentido jurídico que no  tiene o le asigna efectos contrarios a su real contenido.   

9.2. Abstenerse de  reprochar  la  prueba,  es decir, le compete aceptar la apreciación que de ella  ha  hecho  el  fallador  y conformarse de manera absoluta con la declaración de  los hechos vertida por éste.   

9.3.  Realizar  un  estudio puramente jurídico de la sentencia.   

9.4.   Si  como  consecuencia  de  la  errónea  interpretación  de  la  ley,  ésta  se deja de  aplicar,  o  se  aplica  indebidamente,  debe dirigir su acusación hacia una de  estas  dos hipótesis y no hacia la interpretación equivocada de la ley pues lo  importante,  en  últimas,  es  la  decisión  tomada por el Juez: no aplicar la  norma o aplicarla indebidamente.   

9.5.    Si  predica   aplicación  indebida  de  una norma, tiene que precisar la norma  inadecuadamente   utilizada    y   aquella   que   en  su  lugar  debe  ser  atribuida.   

9.6. Respecto de una  misma   disposición   legal   no   puede  predicar  simultáneamente  falta  de  aplicación y aplicación indebida.   

9.7.  Indicar  en  forma clara y precisa los fundamentos de la causal.   

9.8.  Citar  las  normas que se estiman infringidas.    

9.9.  Si por esta  vía  el  proponente  reprocha al Juzgador el tratamiento impartido al principio  de  duda,  tiene  que  demostrar  que  en la sentencia el fallador ha reconocido  formalmente  la  presencia de la incertidumbre y que, sin embargo, ha condenado,  con  lo  cual  ha incurrido en falta de aplicación del artículo 445 del CPP de  2.000.   

Un  examen  detallado de la demanda permite  constatar  que  no  se  determinó qué clase de error era el invocado (falta de  aplicación   o   exclusión  evidente,  aplicación  indebida,  interpretación  errónea)  y  que  todos  los  esfuerzos  de  la  libelista  fueron destinados a  controvertir  las  pruebas  y  las conclusiones que las instancias obtuvieron de  las mismas.   

10.  La libelista  formula  su  segundo  cargo a  partir  de  un  supuesto  error  de  hecho  sin  identificar la clase del mismo,  desconociendo  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  resaltado  que  en  la  violación  indirecta  de la  ley    sustancial    determinada   por   errores   de  hecho  se  discuten  yerros  en la apreciación de las  pruebas  determinados  por  tres  falsos  juicios  a  saber: (i) de existencia,   cuando  el  juzgador  omite  (falso  juicio  de existencia por omisión) o supone (falso juicio de existencia  por    suposición)    un    medio    de    prueba;    (ii)    de   identidad, cuando se tergiversa, cercena o  adiciona  el  contenido  material  de la prueba, al punto que se le pone a decir  algo   que   no   se   deriva   de   su   texto;   y,   (iii)   de  raciocinio,   cuando  en  la  valoración  individual  o  conjunta  de  la  prueba  se  transgreden  las  reglas de la sana  crítica  (principios  de  la  lógica,  reglas de experiencia, postulados de la  ciencia),  llevando  a  declarar  una  verdad  distinta  de  la  revelada  en el  proceso.   

Cuando  el  actor  invoca  un  error  de hecho por falso raciocinio, clase  de  error argumentado por la censora, le compete indicar (i) qué dice de manera  objetiva  el  medio  probatorio,  (ii)  qué  se infirió de él en la sentencia  atacada,  (iii)  cuál  fue  el  mérito persuasivo otorgado, (iv) determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica, o el supuesto de experiencia que  debió  considerarse,  (v)  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente, (vi)  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  correcta  inferencia  de la prueba, con la indeclinable obligación de acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar  a un fallo esencialmente diverso y  opuesto al ameritado.   

Si  lo  pretendido  por  la  libelista  era  cuestionar  el  proceso  de  valoración  de  la  prueba  al interior de la sana  crítica,  olvidó señalar de qué manera fueron ignorados los postulados de la  lógica,  la  experiencia  o  la ciencia, amén de desconocer que ésta clase de  error  no  es de derecho sino de hecho, y su demostración no debe hacerse sobre  el  criterio  de  haberse  violado la legalidad en el decreto y práctica de una  prueba,  sino  de  la  transgresión  manifiesta  de  los  principios de la sana  crítica.   

Tampoco  se  cumplió  con  el  deber  de  determinar  cómo la estimación conjunta de un medio probatorio con el resto de  elementos   que   integran  el  acervo  demostrativo  conduce  a  trastocar  las  conclusiones del fallo censurado.   

Es  necesario,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  que  el  actor identifique nítidamente el tipo de desacierto en  que  se  funda,  individualice el medio o medios de prueba sobre los que predica  el  yerro,  e indique de manera objetiva cuál es su contenido, cuál el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida o  indebidamente  aplicada  y cómo, de no haber ocurrido el desacierto, el sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que  se conoce como proposición jurídica del  cargo y la formulación completa de éste.   

Una revisión de las sentencias de primera y  segunda  instancia  permite establecer que los jueces examinaron con detalle las  pruebas   más  relevantes  del  proceso  y  que  las  apreciaron  con  riguroso  acatamiento  de los preceptos legales que la gobiernan. Lo anterior se desprende  de  los  argumentos  a  partir  de  los cuales se construyeron los fallos de las  instancias  en  los que se encuentra un examen racional de la prueba, cumpliendo  satisfactoriamente  las  normas  de la lógica, la experiencia, la psicología y  la sociología, con explicaciones y aclaraciones suficientes.   

Igualmente,  la  prueba  fue  reconocida en  forma  integral, entrelazada y en su conjunto. Muestra fehaciente de lo anterior  aparece  consignada en el fallo del ad quem,    quien    relacionó,    contrastó   y   criticó   el   acervo  probatorio.   

Como   la   Corte  no  puede  suplir  las  deficiencias  ni  corregir  las  imprecisiones  de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  de  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 226 del Decreto  2700 de 1991.   

11.  Finalmente es  oportuno  resaltar  que  la Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de derechos o garantías, como para que se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le asiste a  fin  de  asegurar su protección en los términos del artículo 218 ibídem.   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1°.  INADMITIR  la demanda presentada por  la apoderada de la parte civil.   

2°.  Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                                                  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                          AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1 Folio  91 c.o. 1°.   

2 Folio  101 c.o. 1°.   

3 Folio  122 c.o. 2°.   

4  De  acuerdo  con  medidas de descongestión aprobadas por la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la Judicatura mediante Acuerdo N° 3430, de 26 de mayo de  2006.   

5 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

6 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencias de 2 de marzo de 2005,  radicación   19627  y  de  3  de  agosto  de  2005,  radicación  19643,  entre  otras.     

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