28758(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28758  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.07  

Bogotá  D.C.,  veintitrés (23) de enero de  dos mil ocho (2008).   

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  el  procesado HERMÁN CRISTÓBAL GORCIRA CONTRERAS,  contra  el  auto proferido en audiencia  preparatoria  el  31  de octubre de 2007, por cuyo medio el Tribunal Superior de  Cúcuta  desestimó  por  extemporánea  la  solicitud  de  nulidad  elevada por  aquél,  al  tiempo  que  negó  la  anulación  por  violación al principio de  investigación  integral  y  la  práctica  de algunas pruebas deprecadas por su  defensor.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

La  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal  Superior de Cúcuta adelantó investigación (Radicación 001-2003) contra HERMÁN CRISTOBAL GORCIRA  CONTRERAS  debido  a  que  cuando  se  desempeñó  como  Fiscal  Seccional  del  Municipio  de Los Patios  (N.  de S.), autorizó el pago del  título  judicial Nº 0005726139 por valor de $780.300, el cual hacía parte del  proceso  seguido  a  John  Albeiro  Arévalo  y  otros, en favor de Víctor Hugo  Lindarte  Pedraza,  sin  ser  éste  sujeto procesal ni hallarse autorizado para  ello,  además  que el mencionado depósito fue constituido como caución por la  libertad  provisional  otorgada  en  instrucción,  y para cuando el funcionario  autorizó  su  cancelación,  el 23 de octubre de 2000, el proceso se hallaba en  la  etapa  de  juicio,  sin  que el juez de conocimiento hubiese adoptado alguna  decisión en ese sentido respecto de la cautela.   

La Dirección Nacional de Fiscalías, en aras  de  la  independencia  e imparcialidad de la administración de justicia, varió  la  asignación  y  la  radicó  en un fiscal de la Unidad de Fiscalía Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bucaramanga, funcionario que no accedió a reponer  la  decisión  de  clausura  de  la investigación, y el 28 de noviembre de 2002  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación  contra  GORCIRA  CONTRERAS  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación y  falsedad  ideológica en documento público, y respecto de Víctor Hugo Lindarte  Pedraza  como  cómplice  en  relación  con la primera de las citadas conductas  punibles.   

En firme la acusación, tras su confirmación  el  21  de  febrero  de  2003  por la Unidad de Fiscalía Delegada ante la Corte  Suprema  de  Justicia,  la fase del juicio le correspondió al Tribunal Superior  de  Cúcuta,  Corporación  que  avocó  el  diligenciamiento el 1° de abril de  2003.   

En  el  término del traslado previsto en el  artículo  400  de  la  Ley  600  de  2000,  los  defensores  de  los procesados  solicitaron  la  nulidad a partir del cierre de la investigación por violación  al  principio  de  investigación  integral,  al  considerar  que  no  se había  verificado  la  cita  hecha  por Víctor Hugo Lindarte Pedraza acerca de que una  persona  en  la  Fiscalía Seccional de Los  Patios le pidió  el   favor  de  cobrar  el  título  de  depósito  judicial  y,  paralelamente,  propusieron la práctica de varias pruebas.   

Luego  de  aceptar  la  manifestación  de  impedimento  expresada por el doctor Juan Carlos Conde Serrano, integrante de la  Sala  de Decisión, por haber actuado en la fase instructiva, y de designarse su  reemplazo,  mediante  auto  de 28 de mayo de 2003 se fijó la celebración de la  audiencia preparatoria para el 17 de junio siguiente.   

Debido  a  las  múltiples  peticiones  de  aplazamiento  de  esta  diligencia  promovidas  por  los  defensores, se ordenó  compulsar  copias  para la correspondiente investigación disciplinaria, y el 21  de  noviembre  de  2006  se declaró formalmente abierta la misma, sesión en la  que   el   Tribunal  negó  la  nulidad  que  por  violación  al  principio  de  investigación  solicitó  el  defensor  de  Víctor  Hugo  Lindarte  Pedraza al  estimar  que  quien había ordenado el pago era el Fiscal GORCIRA CONTRERAS y la  descripción  imprecisa de la tercera persona referenciada como la que le pidió  el   favor   de   cobrar   el   título  judicial  no  ofrecía  datos  para  su  individualización.   

El  desarrollo  de la audiencia preparatoria  nuevamente  tuvo  que  ser  suspendido  por  solicitud  del  defensor de GORCIRA  CONTRERAS,  quien  alegó quebrantos de salud y de hecho no asistió en la fecha  últimamente  citada, como tampoco su representado, y en las ocasiones que luego  se   fijaron   para   reanudarla,   no   fue  posible  hacerlo  por  las  mismas  razones.   

Como  en otra causa ventilada en el Tribunal  Superior  de  Cúcuta  contra  HERMÁN  CRISTÓBAL  GORCIRA CONTRERAS por hechos  similares    a    los    que   son   objeto   de   la   presente   (Radicación  002-2003), el citado recusó a  los  integrantes  de  la  Sala  de  Decisión  Penal  por  el  hecho  de que esa  Corporación,  con  base  en  el  conocimiento  de  los procesos en curso contra  aquél,  se  abstuvo de nombrarlo en el cargo de Juez Tercero Penal del Circuito  de  esa ciudad pese a ocupar el primer puesto de la lista de elegibles, y porque  los  denunció  penalmente  por  posibles irregularidades en el curso de aquella  actuación,  el  22  de  junio  de  2007,  fecha  en  que  debía continuarse la  audiencia  preparatoria  en esta causa, al coincidir como integrantes de la Sala  de  decisión  los  Magistrados  José  Rafael  Labrador Buitrago y Edgar Manuel  Caicedo   Barrera,   se   dispuso   trasladar   el  respectivo  escrito  a  este  diligenciamiento  y  mediante  auto  del  29  de  junio de 2007 no se aceptó la  recusación   y  se  ordenó  remitir  el  expediente  a  la  Corte  Suprema  de  Justicia.   

La Sala de Casación mediante proveído del 8  de  agosto  de  2007  se  abstuvo  de  conocer  la  recusación  y  devolvió la  actuación  por  cuanto  correspondía,  bien  a  los  restantes  Magistrados  o  mediante  Sala  de  Conjueces  decidir  lo  pertinente.  En la misma providencia  se   conminó  al  Tribunal  para  que ante el tiempo transcurrido desde la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación (en ese  entonces   4   años   y   5   meses)   adoptara  las  determinaciones  necesarias  a  fin  de  prevenir  dilaciones  que  se  tornaran  injustificadas  y  que  podrían  incidir  en  la  prescripción  de  la acción  penal.   

Por lo anterior, el 4 de octubre de 2007, una  Sala  de  Conjueces  declaró  improcedente  la  recusación  y  suspendió  los  términos  surtidos con ocasión de su trámite para efectos de la prescripción  de la acción penal.   

Se  procedió  entonces  a  fijar  el  31 de  octubre  de  2007, como fecha para continuar con la audiencia preparatoria, y el  día  anterior  a  aquella  el procesado GORCIRA CONTRERAS allegó escrito en el  que  solicitó  la  nulidad  a  partir  del  auto  que dispuso dar trámite a la  recusación,  aduciendo  que  ésta se formuló en una causa diferente y que por  lo  tanto  no  debió tramitarse como tal ni mucho menos suspenderse el término  para  efectos  de  la  prescripción de la acción penal, sino que lo pertinente  era  interrumpir  el  desarrollo  de  esta  actuación  mientras  se decidía la  recusación  en  la  otra,  agregando  que  con  el procedimiento cumplido se le  vulneró el derecho a obtener la prescripción de la acción penal.   

Reanudada  la  audiencia  preparatoria,  el  Tribunal   negó  la  petición  de  nulidad  por  violación  al  principio  de  investigación  integral  elevada  por  el  defensor  de  GORCIRA  CONTRERAS,  y  respecto  de  la  otra  solicitud  de  invalidación  por  el trámite dado a la  recusación, la desestimó por considerarla extemporánea.   

En  la  misma  decisión  el  a-quo negó la  práctica   de   las   siguientes   pruebas  solicitadas  por  el  defensor:  la  realización   de  una  inspección  judicial  a  los  libros  de  los  títulos  judiciales   y   el   archivo   de   la   Fiscalía  Seccional  de  Los              Patios,  la ampliación de declaración de  Sarah  Inés  Navas  y  Sergio  Maldonado por ya haber sido practicadas; allegar  copias  de  decisiones  disciplinarias adoptadas en contra de Armando Pérez; la  declaración  de  Cándida Rojas y Erasmo Contreras por ser hechos sin relación  con   lo   investigado;  establecer  el  patrimonio  de  GORCIRA  CONTRERAS;  la  inspección  judicial para establecer la congestión que presentaba para mayo de  2003  el  despacho a cargo del acusado; la declaración del abogado defensor del  otro procesado.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

Contra  la  anterior  decisión,  que  fue  notificada  en  estrados,  el  procesado  HERMÁN  CRISTÓBAL GORCIRA CONTRERAS,  coadyuvado  por  su  defensor,  interpuso  recurso  de  apelación que sustentó  aduciendo  que  no  es  extemporánea  la solicitud de nulidad formulada un día  antes  a la celebración de la audiencia preparatoria, toda vez que el artículo  308  de  la  Ley  600  de  2000  señala  que las nulidades podrán invocarse en  cualquier  estado  del  proceso  y como la irregularidad se originó en la etapa  del  juicio  debe  ser aceptada, por cuanto la Sala no fue recusada directamente  sino    que    se   originó   en   el   otro   diligenciamiento   (radicado  2003-2002) que se adelanta en su  contra,  de  la  cual  oficiosamente  trasladaron  el escrito para este proceso;  considera  que  lo que debió hacer la Sala fue suspender la actuación mientras  se  resolvía  aquella,  pues  al  darle  también el trámite de recusación se  lesionó el derecho a obtener la prescripción.   

De la misma manera se opuso a la negativa de  la  nulidad por violación del principio de investigación integral, insistiendo  en  que  debió  verificarse  la cita hecha por el otro procesado contra Armando  Pérez,  con  lo  cual se cerró la instrucción sin existir la prueba necesaria  para  calificar,  así  como  también  reiteró  la  práctica  de  las pruebas  negadas, por estimarlas pertinentes y necesarias.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  De conformidad  con   lo   dispuesto  en  el  numeral  3º  del  artículo  75  del  Código  de  Procedimiento  Penal, dado que la acción penal es ejercida contra una ex Fiscal  Seccional,  la  Sala  es  competente  para  resolver  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  el  procesado  y  su defensor contra el auto por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta decidió desestimar por extemporáneo el escrito  presentado  por  el  primero,  así  como  negar  la  petición  de  nulidad por  violación  al  principio  de  investigación  integral  y  de pruebas que en su  oportunidad hizo el segundo.   

2.  La  Sala  ha  insistido  en que el recurso de apelación es un medio otorgado por la ley a los  sujetos  procesales  para  que  el  superior  funcional  de  quien  profirió la  decisión  atacada  realice  un  nuevo examen de ella a partir de los argumentos  expuestos  en  la sustentación, con el propósito de que la judicatura tenga la  oportunidad de corregir los errores en que se haya podido incurrir.   

Por  lo  tanto,  se  debe  examinar  si  la  impugnación  cumple  con la exigencia vinculada a una adecuada sustentación de  acuerdo  con  lo  dispuesto en el artículo 194 del estatuto procesal penal y si  los  argumentos  allí  contenidos resultan suficientes para revocar o modificar  la decisión objeto del recurso vertical.   

En   el   presente   pronunciamiento  debe  resolverse  el  acierto  o  no de la decisión atacada, en concreto, respecto de  los  siguientes  aspectos:  no  decretar  la  nulidad  a partir del cierre de la  investigación  deprecada  con  base  en  el  desconocimiento  del  principio de  investigación  integral,  pues  el  a-quo  no  halló  lesión  a esa garantía  procesal  en  el desarrollo de la investigación; el rechazo, por extemporánea,  de  la  solicitud de nulidad elevada por el procesado un día antes de continuar  la  audiencia  preparatoria,  relacionada con el trámite dado por el Tribunal a  un  escrito  de recusación que el acusado presentó en otra causa adelantada en  esa   corporación;   y   la   negativa  a  practicar  algunas  de  las  pruebas  oportunamente  reclamadas,  dado  que  el  a-quo  las  estimó inconducentes por  diversas razones.   

3.  Respecto de la  improsperidad  de  la  pretensión  relacionada  con  una  posible  nulidad  por  violación   del  principio  de  investigación  integral,  oportuno  se  ofrece  recordar  que  éste  se  instituyó  en  el  artículo  250 de la Constitución  Política      de     Colombia     —antes  de la reforma del Acto Legislativo Nº 03 de 2002—,  como  obligación  a  cargo  de los  funcionarios,  y  no  como  mera  facultad o discrecionalidad, además que en el  régimen   procesal   al   que   está   sometida   esta   causa   (Ley  600  de  2000,  artículo  20  y  24)  igualmente  fue  consagrado  como  norma  rectora  con  carácter  obligatorio y  prevalente,    y   como   fundamento   de   interpretación   del   ordenamiento  adjetivo.   

Dicha  garantía  constitucional y principio  rector  de  la  Ley  600  de  2000,  se  encuentra íntimamente ligado con el de  imparcialidad  del  funcionario  en  la  búsqueda  de  la  prueba  y  con el de  oficiosidad1,  de  acuerdo  con  los  cuales  el operador judicial (fiscal  o juez), en la determinación de la  verdad  real  (artículo 234),  está  compelido  a  ordenar  la incorporación de los medios de convicción que  tengan  la  capacidad  de  ofrecerle  el conocimiento cierto acerca de lo que es  objeto     de     debate     en     el    proceso2,  actividad en cuyo desarrollo  debe   dilucidar   con  igual  celo  tanto  los  aspectos  favorables  como  los  desfavorables a los intereses del procesado.   

En   cumplimiento   del   principio   de  investigación  integral y en el desarrollo de la actividad judicial orientada a  asegurar  el  valor  supremo  “justicia”  y  la  consecución  de  un  “orden  justo”,  el  operador jurídico está obligado a que  “…si  en  el  ejercicio válido de su fin (art. 2  Const.  Pol.),  encuentra  pruebas  que  favorezcan  la situación jurídica del  procesado,  debe  colocar  ese poder del Estado en su beneficio pues seguramente  en  un  trato amainado e inclusive en su absolución, encuentra materialización  concreta    aquél   valor   luminoso.”3.   

El  principio  de  investigación  integral  además  de  estar  vinculado  con el de oficiosidad en la práctica de pruebas,  también  lleva  implícito,  como  expresión  de  la  garantía de defensa, el  derecho  a  la  prueba, de rango constitucional, toda vez que quien es sindicado  de  una  conducta  punible, entre otras prerrogativas, le asiste la de presentar  pruebas   y  controvertir  las  que  se  alleguen  en  su  contra  (artículo    29),   derecho   igualmente  consagrado   en   la  Carta  Internacional  de  Derechos  Humanos  (artículo  11),  el Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y Políticos (artículo 14-3, b, c y  e),  en  la  Declaración  Americana de los Derechos y  Deberes   del   Hombre   (artículo  XXVI)   y   en   la   Convención  Americana  de  los  Derechos  Humanos  (artículo 8).   

Esas  son  las  razones  por  las  que  el  incumplimiento  del  principio  de investigación integral, desde la perspectiva  de  la   Constitución  y del sistema de investigación y enjuiciamiento de  la  Ley 600 de 2000, puede constituir irregularidad sustancial que atenta contra  el  debido proceso, por desacato de los servidores del referido mandato superior  (artículo  250  C.  P.) y de  las   normas   que,   haciendo   parte  del  Bloque  de  Constitucionalidad,  lo  desarrollan,  así  como  de lo señalado en los artículos 20 y 234 del Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000),  desobediencia  que causa también agravio al derecho de defensa,  cuando  la  inercia  o  la  denegación de pruebas conducentes y pertinentes por  parte del operador judicial dificulta el cabal ejercicio de éste.   

No   sobra  recalcar  que  aun  cuando  el  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral  puede afectar las  anunciadas  prerrogativas,  es  deber  de quien alega el vicio precisar cuál de  ellas  fue  la  que  en  el evento concreto resultó quebrantada, o si lo fueron  ambas,  toda  vez  que aun cuando el derecho de defensa es emanación del debido  proceso,  no  por  ello  puede  negarse que se trata de garantías ontológica y  jurídicamente  diversas,  previstas  cada  una en el ordenamiento adjetivo como  causal autónoma de nulidad.   

En  el  caso  examinado el libelista aludió  como  violentado  el derecho de defensa, debido a que, como igualmente lo alegó  el  defensor  del  coprocesado  Víctor  Hugo  Lindarte Pedraza, no se verificó  antes  del cierre de la investigación lo expresado por éste en cuanto a que un  “muchacho  moreno,  de  pelo ondulado hacia atrás,  estatura  como  de  1,68 a 1,70” fue quien lo abordó  en  el  Parque  Santander de  Cúcuta   para   que   le   hiciera   “el  favor  a  Armando”  de  cambiar en el Banco Agrario el título  judicial  de  marras,  a  lo  que  accedió sin reparos, ya que entendió que el  “Armando”  al  que  le  hacían  referencia  era  Armando Pérez, a quien conocía como secretario de la  Fiscalía a cargo del entonces fiscal GORCIRA CONTRERAS.   

Precisado el fundamento de la pretensión de  nulidad,  la  decisión  adoptada  por  el  a-quo  en  la  sesión  de audiencia  preparatoria  de  31 de octubre de 2007 fue acertada, al reiterar lo ya resuelto  acerca  de  ese  aspecto  en  la  anterior  (el  21 de  noviembre  de  2006),  pues  a  lo  que  aspiraban los  sujetos  que alegaban el vicio, era a que la administración de justicia hiciera  concurrir        “…un       sujeto       no  individualizado…”  de  quien  se  suministró  una  precaria  descripción  morfológica,  pretensión de imposible concreción como  justamente lo puntualizó el a-quo.   

Ha  de  recordarse  que  la existencia de un  derecho  constitucional  a  la  prueba —vinculado   al   principio  de  investigación  integral—, no se traduce en un derecho absoluto  y  automático,  dado que su ejercicio lo regula el legislador, sin que por ello  pierda  efectividad  tal  garantía,  la  cual  en  manera alguna implica que el  funcionario  judicial esté obligado a recaudar todas las probanzas imaginables,  pues  el  mismo  estatuto  adjetivo  (Ley 600 de 2000,  artículo  234)  ordena  practicar aquellas necesarias  para  acreditar la existencia de la conducta punible, las que agraven o atenúen  la  responsabilidad  del  imputado,  las que tiendan a demostrar su inocencia, y  con    base    en    esos    mismos    fines   está   facultado   (artículo  235  ídem)  para  rechazar las  legalmente   prohibidas   o   ineficaces,   las  que  versen  acerca  de  hechos  notoriamente impertinentes y las manifiestamente superfluas.   

En  aplicación  del  precepto  últimamente  aludido,  en  eventos como el analizado, no puede el operador jurídico poner en  marcha   el  aparato  judicial  en  procura  de  confirmar  manifestaciones  del  procesado,   que   por   su   vaguedad,   imprecisión  o  inexactitud  devienen  impertinentes  frente  a  lo  que  es objeto de investigación o debate, dada la  imposibilidad  de  su  comprobación.  El  derecho  a  la constatación de citas  hechas  en  injurada  por  un  procesado no puede menos que apreciarse de manera  sistemática,  pues el mismo está necesariamente relacionado con los principios  de  conducencia,  pertinencia y utilidad de la prueba, ya que una concepción al  margen  de  los  mismos  se  traduciría  en el absurdo de aceptar que cualquier  diligencia   propuesta   por   el   indagado,   así  sea  ilícita,  imposible,  impertinente,   etc.,   debe   llevarse   a  cabo,  lo  que  redundaría  en  el  desconocimiento  de  los  principios  de  economía,  celeridad y eficiencia que  informan el debido proceso.   

Al  respecto  se ofrece oportuno recordar el  criterio  jurisprudencial,  según  el  cual,  por  estar íntimamente ligado el  principio   de   investigación   integral   con   el  derecho  de  defensa,  la  trascendencia  y  pertinencia  de  la prueba resultan cruciales para destacar la  infracción  de  la  garantía  que  los  impugnantes  estiman  vulnerada,  pues  “en  materia de ordenación de pruebas el funcionario  judicial,  dentro  de sus facultades de director de la investigación penal y en  desarrollo  de  los  criterios  de  economía,  celeridad  y racionalidad, puede  disponer  de  oficio o a petición de los sujetos procesales la práctica de las  pruebas  que  considere  necesarias  para  acceder  a  la  verdad que se intenta  reconstruir  a  través  del  proceso.  Es por lo anterior que resulta razonable  afirmar   que   la   omisión  en  la  práctica  de  aquellas  diligencias  que  razonablemente  considere  inocuas,  superfluas o intrascendentes a los fines de  la  investigación,  o  de  las que a pesar de haber sido decretadas no pudieron  ser  realizadas  por circunstancias ajenas a los administradores de justicia, no  puede  originar  menoscabo de los derechos de quien ha solicitado su práctica o  persistido   en   ella”4.   

Finalmente,   en  aras  de  corroborar  la  incolumidad   del  principio  de  investigación  integral,  se  hace  necesario  destacar  que  el  a-quo con el fin de verificar lo expuesto en descargos por el  procesado  Lindarte  Pedraza,  al resolver acerca de las pruebas solicitadas por  su  defensor, en la sesión de 21 de noviembre de 2006, accedió a recibir en la  audiencia   pública   la  declaración  de  Alejandro  Apolon,  citado  por  la  asistencia  letrada  como  testigo  del  requerimiento  hecho a aquél cuando se  hallaba    en    el   Parque   Santander  de  Cúcuta,  y  así  mismo,  de  oficio,  en la sesión de 31 de  octubre  de  2007,  ordenó  escuchar  en  ampliación  de  testimonio al señor  Armando   Pérez,   a   efectos   de   dilucidar   lo   afirmado   por  Lindarte  Pedraza.   

Con fundamento en lo anterior se confirmará  la  decisión del Tribunal de Cúcuta de no decretar nulidad por desconocimiento  del principio de investigación integral.   

4. Otra suerte sufre  el  rechazo de la solicitud de nulidad elevada por el acusado GORCIRA CONTRERAS,  en  relación  con el trámite dado en desarrollo del juzgamiento propio de esta  causa  a  un  escrito  de  recusación  que  el  citado presentó dentro de otra  actuación  que  por  hechos  semejantes adelantaba paralelamente el Tribunal de  Cúcuta.   

Según  el  artículo  400  de la Ley 600 de  2000,   agotada   la   etapa  del  sumario  con  la  resolución  de  acusación  ejecutoriada,  se  inicia  la  del  juzgamiento con el traslado común de quince  días  a  los  sujetos  intervinientes  para  que soliciten las pruebas que sean  procedentes    y    para    plantear    las    nulidades    originadas   en   la  instrucción.   

De lo anterior se sigue que con fundamento en  los  artículos  307,  308,  309,  400  y 401 de la Ley 600 de 2000, los sujetos  procesales  pueden  instar  nulidades  por  motivos ocurridos en la instrucción  hasta  el traslado del aludido artículo 400 del Código Procesal Penal de 2000,  y  que  toda  petición  presentada  con  ese  propósito  después de la citada  oportunidad  legal, es extemporánea, excepto, cuando tenga relación con hechos  o  circunstancias  sobrevinientes  durante  el  juicio, con el fin de depurar la  actuación  de  irregularidades  y  permitir  el  curso del juzgamiento libre de  defectos  que  invaliden  ulteriormente  el trámite5.   

En este caso es claro que la irregularidad a  la  que  alude  el  procesado  ocurrió con posterioridad a aquella oportunidad,  específicamente,   ya  iniciada  la  audiencia  preparatoria,  al  presentarse,  durante  uno  de  los  períodos  en  los que se suspendió el desarrollo de esa  diligencia,  el  trámite dado por la Sala de decisión que conoce de esta causa  al  escrito  de  recusación  que presentó el acusado GORCIRA CONTRERAS en otra  seguida  en  la  misma  colegiatura,  actuación  que éste considera lesiva del  debido   proceso   y  de  su  derecho  “obtener  la  prescripción de la acción penal”.   

La  inconformidad que originó el recurso de  apelación  en  cuanto  al  señalado  aspecto,  la sustenta el impugnante en la  reiteración  de  los  mismos fundamentos con los que propuso el vicio, frente a  los  cuales  no puede la Corte entrar a adoptar decisión alguna sin pretermitir  el  principio  de  la doble instancia, ya que el a-quo no se ocupó de dilucidar  el  fondo  del  problema  planteado,  sino  que  simplemente  lo  desestimó por  extemporáneo,  en lo cual no le asiste razón, como acaba de advertirse, por lo  que  resulta  forzoso  revocar tal determinación para que el Tribunal proceda a  resolver    la    pretensión    de    nulidad    expuesta   por   el   referido  acusado.   

5. Resta por desatar  la  inconformidad en cuanto a la negación de algunas de las pruebas solicitadas  por el apoderado de GORCIRA CONTRERAS.   

Como  se  trata  de  evaluar la pertinencia,  procedencia  y utilidad de unos elementos de convicción pedidos en la etapa del  juicio,  negados  por  el  a-quo  al  carecer  de  esas  condiciones, forzoso es  recordar,  como  lo  ha  hecho  la Corte en anteriores oportunidades6,    que  habiéndose  delimitado  el  marco  fáctico y jurídico de la imputación en el  pliego  de  cargos,  con  base en él debe orientarse el debate probatorio en el  juzgamiento,  pues  el  mismo  constituye  el  objeto  respecto  del  cual  debe  enderezarse la defensa.   

En  esa medida, no puede desconocerse uno de  los  principios  generales  que  en  materia probatoria trae la Ley 600 de 2000,  cual   es  el  previsto  en  el  artículo  235,  según  el  cual  “se  inadmitirán  las  pruebas  que no  conduzcan  a establecer la verdad sobre los hechos materia del proceso o las que  hayan  sido  obtenidas  de  forma  ilegal.  El  funcionario  judicial rechazará  mediante  providencia interlocutoria la práctica de las legalmente prohibidas o  ineficaces,  las  que  versen  sobre  hechos  notoriamente  impertinentes  y las  manifiestamente superfluas”.   

Lo  anterior  tiene  su razón de ser en dos  situaciones  puntuales.  De  una  parte, el deber del funcionario, como director  del  proceso,  de  evitar  que se distraiga el objeto de debate a asuntos que no  guardan  relación con los temas acerca de los cuáles ha de versar la decisión  de  fondo.  Y de otra, con la finalidad de la investigación en relación con la  determinación  de la existencia del hecho punible, las circunstancias en que se  cometió y la responsabilidad del sindicado.   

En  esa  medida,  las  pruebas pedidas en la  etapa  del  juicio,  tal  como  lo  señala  el  artículo  400 del ordenamiento  procesal,  tienen  que  ser  procedentes,  es decir deben tener viabilidad en su  práctica,  y no solo eso, también contribuir al esclarecimiento de los hechos,  cumplir  un  propósito  claro en relación con los aspectos relevantes bien sea  de  la  imputación,  la  responsabilidad  del  procesado,  su  imputabilidad  o  inimputabilidad,  etc.,  según se hayan concretado en la acusación7.   

En  el  presente asunto la inconformidad del  apelante, respaldada por su defensor, se relaciona con:   

     

a. La  negativa  a  practicar  una inspección a los libros de títulos  judiciales  y  al  archivo  de oficios de la Fiscalía Seccional de Los  Patios (N. de S), pues insiste en que  esa  prueba  es  conducente para acreditar que es posible, y en ese despacho era  frecuente,  ordenar  el endoso de depósitos judiciales a personas distintas del  depositario  o  consignante,  con  base  en  solicitudes  de  otras fiscalías o  juzgados.     

     

a. No  acceder  a  que  se  aporten  las  estadísticas  laborales  del  despacho  que  estuvo bajo la dirección del acusado, en el período comprendido  entre  mayo  3  y  noviembre  25  de  2000,  ya  que  estima  que  con éstas se  demostraría  que esa oficina, en aquella época, contaba con una excesiva carga  de  trabajo  que  podía dar lugar a que “…como lo  dice  el  otro  procesado  el  señor  Armando  Pérez  se  aprovechara  de  esa  circunstancia        para        lograr        su        cometido…”.     

     

a. El   rechazo  del  dictamen  relacionado  con  su  patrimonio,  pues  considera  que  el  mismo  permitirá acreditar que en lugar de incrementarse su  patrimonio   a  consecuencia  del  peculado  por  apropiación  imputado  en  la  acusación,  el  mismo se encuentra menguado ya que perdió lo poco que tenía a  raíz de los procesos que le han iniciado.     

     

a. Negar  la  declaración  del abogado Carlos Osorio, quien funge como  defensor  de  Lindarte Pedraza, ya que con la misma aspira a demostrar que en el  Juzgado  Noveno  Civil de Cúcuta también ocurrió el cobro fraudulento de unos  títulos judiciales aprovechando la buena fe del juez, y     

     

a. “[R]especto de las demás probanzas que  hacen  relación  al  comportamiento  del  señor  Armando Pérez…”,  negadas  por  el  a-quo,  el  apelante considera pertinente su  recaudo    con    el    fin   de   establecer   si   era   una   “…persona  idónea  moralmente  hablando o por el contrario podía  existir  ánimo  criminal  que  hubiese permitido como lo dice el otro procesado  que  le  enviara  un  mensajero…” para que fuera a  cobrarle el título judicial.     

Visto  entonces  el fundamento con el que el  apelante  insiste  en  la  realización de los citados medios de prueba, no cabe  duda  del  acierto  del  juez  de primer grado al negar su práctica debido a la  manifiesta inconducencia de las mismas.   

En  relación  con  la  inspección judicial  (literal   a),  ningún  hecho  nuevo  y relevante aportaría al proceso constar  que  en  otros eventos en la Fiscalía Seccional de Los  Patios  se  accedió  al pago de títulos judiciales a  favor  de  personas  distintas al depositante, con base en la solicitud de otras  autoridades,  ya  que  lo que constituye el objeto de la acusación es que el ex  fiscal  procesado  fue  quien  endosó y libró un oficio de contenido mendaz, a  fin  de  que  una  persona  ajena,  conocida  por  él,  lo hiciera efectivo, en  momentos  en  que  el  proceso  al que pertenecía el depósito se hallaba en la  etapa   del  juicio,  sin  mediar  ninguna  solicitud  en  particular  ni  orden  proveniente   del   juzgado   cognoscente   que  respaldara  esa  operación  de  cancelación  del  instrumento, aspectos cabalmente establecidos, como lo indico  el  a-quo,  con el informe de auditoria a los títulos judiciales practicado por  la   Fiscalía   y   la   inspección   al  expediente  al  que  pertenecía  el  depósito8.   

Igual  falta  de  conducencia  se  observa  respecto   de   la   declaración   del  abogado  defensor  del  otro  procesado  (relacionada    en    el    literal    d),  pues  además  de  resultar la misma  improcedente  por  tratarse  de  un sujeto procesal que no puede comparecer como  órgano  de  prueba,  lo  que  pretende  acreditarse  con ese testimonio ninguna  relación  o  vínculo tiene con el supuesto fáctico en el que está sustentada  la acusación.   

Tampoco   se  advierte  la  procedencia  y  conducencia  de  practicar  un  dictamen  respecto  del patrimonio del procesado  GORCIRA     CONTRERAS     (literal     c),  debido,  de  una parte, a la ínfima  cuantía  de  lo  apropiado,  la  cual en distinto porcentaje pudo ser repartida  entre  los  partícipes  de  la  conducta  punible,  sin  dejar  evidencia de un  incremento  desmesurado  o relevante, y de otra, a que la mengua patrimonial que  alega  el  impugnante  se  debe, como él mismo lo advierte, a los gastos que ha  demandado   atender   los   procesos   que   por  hechos  similares  se  le  han  adelantado.   

Finalmente  en  cuanto  al  aporte  de  las  estadísticas   de   labores   de   la   Fiscalía   Seccional  de  Los        Patios       (literal   b)  y  demás     pruebas     “relacionadas    con    el  comportamiento”   de  un  empleado  de  la  aludida  oficina,  señor  Armando  Pérez (literal e),  no  se  advierte  cual  puede ser la  conducencia   de  las  mismas,  dado  que  aquellas  se  fundamentan  es  en  la  especulación   de   que   “al  parecer”    el    ex    fiscal    acusado    pudo   ser   “asaltado   en   su  buena  fe”  por  el  referido   empleado,   aprovechando   el  “excesivo  trabajo”  que debía atender, tomando como base para  ello  lo  anotado  por  el también acusado Lindarte Pedraza, al mostrarse ajeno  con  la  ilicitud  y  aducir  que él se limitó a concurrir al banco para hacer  efectivo  el  título,  conforme  así  se  lo  solicitó  un desconocido que lo  contactó   en   un   parque   para   que   le   hiciera   ese   “favor a Don Armando”.   

La  inconducencia  de  esos  elementos  de  convicción  aparece  al contrastar la hipótesis planteada por el apelante, con  lo  que  enseñan las pruebas recaudas hasta el momento, en el sentido de que el  acusado   GORCIRA   CONTRERAS   era  quien  ejercía,  para  la  época  de  los  acontecimientos,  un  control  y manejo directo en lo relativo a la cancelación  de  depósitos  judiciales, sumándose a ello la noticia acerca de los vínculos  de  estrecha  amistad existentes entre aquél y Lindarte Pedraza, además de que  el  procesado  no  ha  cuestionado  la  autenticidad de su firma estampada en el  endoso  del  título judicial como en el oficio con el que se confirmó la orden  al banco de pagarlo en favor del éste último.   

Desde  esa  perspectiva,  la  prueba  de  la  excesiva   carga   laboral   de   la   Fiscalía   Seccional   de   Los   Patios,  ni  las  relacionadas  con  posibles  antecedentes  disciplinarios  del  empleado Armando Pérez, o aquellas  para   demostrar   que   “al   parecer”    éste   pedía   dinero   por   actuaciones   “al  pacer dentro de la fiscalía”, o por  presuntas  violaciones  a  la reserva del sumario en otros procesos, constituyen  elementos  de  convicción  que  al  aportarse  durante  el  juicio permitan una  visión  ciertamente  distinta  de la situación fáctica y jurídica delimitada  en la acusación.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

REVOCAR la decisión  adoptada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  en  la  sesión de audiencia  preparatoria  de  31  de octubre de 2007, en cuanto desestimó por extemporánea  la  solicitud  de  nulidad formulada por el procesado HERMÁN CRISTÓBAL GORCIRA  CONTRERAS  el  30  del  señalado  mes, y en consecuencia se dispone devolver la  actuación para que el a-quo resuelva de fondo la pretensión.   

CONFIRMAR  en  los  demás    aspectos    que    fue    objeto    de    apelación    el    referido  pronunciamiento.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                                             MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUÍS QUINTERO MILANES   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

   

    

1  Sentencia de 24 de enero de 2007. Radicación Nº 22412.   

2  Sentencia de 14 de marzo de 2007. Radicación Nº 23780.   

3  Bastidas  de  Ramírez,  Raquel  y  Ramírez  Bastidas,  Yesid.  “PRINCIPALISTICA  PROCESAL  PENAL”, 2ª  Edición,    Ediciones    Doctrina    y    Ley,    Bogotá    Colombia,    2004.  Pág.262.   

4  Sentencia de 7 de febrero de 2007. Radicación Nº 22787.   

5 Auto  de única instancia de 9 de mayo de 2005. Radicación Nº 21200.   

6  Autos   del  5  de  mayo  y  7  de  junio  de  2000,  Radicaciones Nº 15.100 y 16955, respectivamente.   

7 Auto  de   segunda   instancia   de   23   de   febrero   de   2005.  Radicación  Nº  22862.   

8  Folios 17, 27 y 35 del cuaderno original Nº 1.     

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